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Mi hijo fuma porros todos los días: «O reconoce su “adicción” o no entra en casa»

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Madre de adicto: mi hicjo fuma porros todos los días

EL DESGARRADOR TESTIMONIO DE UNA MADRE DE UN JOVEN ADICTO AL CANNABIS

Foto de Teona Swift en Pexels

Cuando Manuel tenía 13 años, comenzó a fumar porros de marihuana con sus colegas. Algo cada vez más frecuente entre los adolescentes en España. Pero Carmen, su madre, no lo supo hasta que él cumplió los 22 años, cuando él se lo confesó. Algo que también ocurre a menudo en los hogares españoles.

El desencadenante para que Manuel pasara de consumir con los amigos a fumar solo en casa fue, según Carmen, romper con su novia cuando tenía 18 años. En ese entonces, había recibido una beca de 2.500 € porque estaba estudiando un grado medio. “Hasta que no se gastó todo el dinero, estuvo fumando día y noche. Hoy, mi hijo fuma porros todos los días, sin parar”, se lamenta Carmen.

QUÉ HACER CUANDO MI HIJO FUMA PORROS TODOS LOS DÍAS

La angustia cotidiana de la madre de un joven con adicción

¿Cómo es un día en la vida como madre de una persona que fuma cannabis a diario?

– Pues como cualquier persona. Me ocupo de mi otra hija, voy a trabajar con la sonrisa puesta. Todo parece normal. Pero hay unos pensamientos constantes, estés haciendo lo que estés haciendo, de preocupación, enfado, incertidumbre

Cuando vuelves a casa no sabes qué te vas a encontrar… Lo mínimo es la casa sucia; la pila llena de platos; cenizas por el suelo y la mesa; su habitación desordenada y él tumbado en el sofá, que ni te mira al entrar.

Cuando te enteraste de que tu hijo fumaba todos los días marihuana, ¿pensaste que se trataba de una “enfermedad”?

– No hay información suficiente sobre la adicción. No me daba cuenta del pozo al que se estaba precipitando.

La sociedad tiene totalmente aceptado que los adolescentes fuman porros en cuanto entran al instituto e, incluso, el que no los fuma pasa por “rarito”, “empollón”, etcétera. Así que, de entrada, todo adolescente que quiera forjarse una imagen “guay” fuma porros.


La sociedad tiene totalmente aceptado que los adolescentes fuman porros en cuanto entran al instituto e, incluso, el que no los fuma pasa por “rarito”, “empollón”, etcétera.

Carmen, madre. «Mi hijo fuma porros todos los días»

La diferencia está en cuando pasan unos años y van tomando sus propias decisiones y valorando. Se van centrado, eligen estudios, se dan cuenta de que fumar porros no les aporta nada. Otros, sin embargo, quedan atrapados. Dejan de estudiar, pierden los amigos, problemas familiares, insomnio, falta de cuidado físico, comienzan los maltratos en el ámbito familiar, etcétera…

Comienzas a buscar ayuda psicológica a nivel particular, pero no funciona. Ahí es cuando te das cuenta: sus amigos siguen evolucionando en la vida y tu hijo se ha quedado en una nube de irrealidad.

EMPEZAR CON LA MARIHUANA CON 14 AÑOS

Mi hijo fuma porros todos los días desde la adolescencia…

¿Qué motivos te daba Manuel para fumar?

– Su excusa era que lo relajaba y lo hacía evadirse de la realidad.

¿Y por qué crees tú que consume?

– Empezó con la tontería en el instituto y ahora es una adicción que lo tiene totalmente controlado.

¿Qué cambios has notado en él cuando está bajo los efectos de los porros?

– Cuando está bajo los efectos de la marihuana tiene la mirada perdida, está atontado, duerme todo el día, come a deshoras, no se ducha. Si le hablas te mira con la boca abierta y no entiende lo que le dices. Tuvo brotes psicóticos y estuvo ingresado una semana en la planta de psiquiatría. Pero siguió fumando.

Y cuando no tiene para consumir, ¿cómo actúa?

Cuando no tiene para consumir es un acoso y derribo para que le des dinero. Hace 5 años le daba dinero porque era insoportable. Pero yo estoy divorciada y mi hijo tiene una hermana mayor con necesidades especiales, que requiere atención, depende de mí. Así que tomé la decisión de no darle más dinero y de tirar la marihuana que encontrara en casa.

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¿Puedes contarnos alguna anécdota?

– Te podría contar muchas anécdotas. Hace cinco años, era el mes de agosto, yo iba y venía con mi hija al chalet de mi madre a pasar el día, porque estar en casa era insoportable y estaba de vacaciones. Esa mañana cuando me levante estaba la cocina como siempre: toda sucia, con el cenicero lleno de “chustas” de porros. Y la marihuana en la mesa. La cogí y la tiré. Luego nos fuimos mi hija y yo a pasar el día con mi madre.

Sobre las tres de la tarde se levantó Manuel y no vio la marihuana. Me llamo por teléfono amenazándome de que, o le daba la marihuana, o me iba a enterar. Le colgué el teléfono, siguió llamando. Como no se lo cogía llamó al de mi madre. Mi madre le dijo de todo y le colgó.


Cuando está bajo los efectos de la marihuana tiene la mirada perdida, está atontado, duerme todo el día, come a deshoras, no se ducha. Si le hablas te mira con la boca abierta y no entiende lo que le dices.

Carmen, madre. «Mi hijo fuma porros todos los días»

Cuando volvía a casa con mi hija, iba conduciendo y estaba realmente asustada. Me daba miedo volver a mi casa. Justo cuando entré, se puso como un loco: “dame mi puta marihuana”. Me quito la cartera y el móvil y me dijo que me iba a sacar todo el dinero y que, o le daba la marihuana o me tiraba el móvil por la terraza.

Cogí un utensilio de cocina y le dije que, o me devolvía el móvil y la cartera, o le golpeaba. Conté hasta tres: le golpeé en la pierna fuerte y le dije: “La próxima, en la cabeza”. Y empecé a contar: “Uno, dos y…”. Entonces soltó el móvil y la cartera, pero llamó a la policía nacional.

La conversación que tuvo con la policía fue: “Mi madre me ha pegado, está loca, es toxicómana…”.

Yo no entendía nada. A los cinco minutos, eran las seis de la tarde, en la plaza donde vivía, aparecen un furgón y un coche de policía. Se presentaron en mi casa seis nacionales.

Cuando vieron el panorama: cómo estaba la casa, los restos de pizza con colillas de porros apagadas, el estado de mi hijo… se sintieron fatal, pero “la ley de maltrato” obliga a detener a la persona que ha sido denunciada. Y no a la que realmente debería ser detenida por maltrato en el hogar.

¡Qué impotencia! ¿Cómo reaccionaste?

– Evidentemente, yo no podía dejar a mi hija sola. Los agentes se portaron muy bien dentro de sus posibilidades. Imagínate, una tarde, de un mes de agosto, encontrar a alguien que acudiera inmediatamente a mi casa para quedarse con mi hija. Lloraba desconsolada por todo lo que estaba ocurriendo, pero él ni se inmuto. Nadie me cogía el teléfono, ni su padre ni mis hermanas. Finalmente, mi cuñado me respondió. Vino inmediatamente a casa y yo me fui detenida.


Tarde cuatro años en convencerlo para que ingresara en un centro. Aproveché la pandemia para hacerle ver que era el momento, pues no podía salir a la calle. Estábamos encerrados en casa: ¿Qué podía perder?

Carmen, madre. «Mi hijo fuma porros todos los días»

Voy a contártelo rápidamente porque aún me produce mucho dolor recordarlo: Una vez en comisaria me encerraron en un calabozo varias horas. Luego me llevaron a la central donde me tomaron todas las huellas dactilares y revisaron si tenía tatuajes. Me llevaron al centro de salud, ya que tenía un moratón en el muslo de un rodillazo de mi hijo.

De vuelta a la comisaria oía cómo llamaban a mi hijo para que se personase, pues era la única manera de que yo pudiera salir y detenerlo a él por maltrato en el hogar. Pero no vino. Llamaron a su padre y la respuesta de éste fue que estaban cenando, que ya irían. Por supuesto, no vinieron.

¿Cómo afecta su consumo a las relaciones familiares?

– Pues, un desastre. Ha perdido contacto con sus primos, tíos, abuela, tanto por parte materna como paterna. Se tuvo que ir a vivir con su padre y estuvo cuatro años con él. A los dos años de eso, volví a tener contacto con él. Iba y venía a mi casa.

¿Cuánto tardó él en reconocer que sufre una enfermedad, si acaso lo ha hecho?

Tardé cuatro años en convencerlo para que ingresara en un centro. Aproveché la pandemia para hacerle ver que era el momento, pues no podía salir a la calle. Estábamos encerrados en casa: ¿Qué podía perder?

¿Cómo fue, qué resultados obtuvo?

– Finalmente, conseguí que ingresara, estuvo en vivienda terapéutica 5 meses. El cambio fue brutal. Pero cuando recibió la alta terapéutica nos insistieron en que si volvía con las amistades anteriores recaería. Y volvió.

Tenía una agenda organizada: estudiar (pues se había apuntado a un curso online), gimnasio y, por las tardes, terapias grupales. A la tercera semana se cansó de todo y abandono. No tardo nada en recaer.

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¿Qué crees que debe hacer una madre para ayudar a un hijo que recae o simplemente no quiere tratarse?

– Depende de la situación. En mi caso, a los dos meses volvieron los maltratos psicológicos. Aguanté un mes y, finalmente, una noche discutiendo le hice un arañazo y volvió a llamar a la policía.

Esta vez me pilló preparada y cuando se presentaron en mi casa les dije que no iba a ningún sitio, que no dejaba a mi hija sola, que era un arañazo insignificante y que prestaran atención a que mi hijo estaba con síndrome de abstinencia.


Recayó porque volvió con sus antiguas amistades. Esto es fundamental, que la persona no retorne a las relaciones de consumo, porque entonces está perdida.

Carmen, madre. «Mi hijo fuma porros todos los días»

No sé como conseguí quedarme en casa. Me dijeron que me llamaría un agente al día siguiente. Por supuesto, en ese momento, antes de marcharse los agentes, le pedí a Manuel las llaves de casa y le dije que se fuera.

Ya no lo dejé entrar, me asomaba al balcón sólo cuando venía. Porque un día entró en el patio, llamó a la puerta y, de un empujón, me metió dentro de casa. Se acabó, me dije: “O reconoce que tiene una enfermedad llamada “adicción” y se responsabiliza o no volverá a entrar en mi casa.

¿Por qué crees que recayó?

– Porque volvió con sus antiguas amistades. Es fundamental que la persona no retorne a las relaciones de consumo, porque entonces está perdida.

¿Cuánto tardó en recaer y qué hiciste?

– La tercera semana después del tratamiento ya había recaído. Pero la verdad es que nos tuvo engañados. Al mes y medios empezaron los insultos, lo pillé fumando en casa, volvió la dejadez y la desestructuración en su vida.

Cuando lo eché después de aquella vez que llamó a la policía, se fue a vivir con su padre, y empeoró.

Como mi hijo no recibía dinero, empezó a robar coches en el barrio, hasta cobre robaba. Incluso está amenazado de muerte. Y fuma marihuana sintética, que es más económica. A mí nunca me había robado ni un duro, pero viviendo con su padre ha tocado fondo.


Al final ingresó en psiquiatría. El problema es que se quería ir. Así que al día siguiente fui y le dije al psiquiatra: “por favor, que llamen a un juez y que se tramite un ingreso involuntario porque él se va a ir”.

Carmen, madre. «Mi hijo fuma porros todos los días»

Un día él mismo llamó al 112 y se lo llevaron al hospital, a psiquiatría. Pero, sin embargo, no quería ser ingresado; así que le dije, ahí te quedas. Y al final ingresó en psiquiatría. El problema es que se quería ir. Así que al día siguiente fui y le dije al psiquiatra: “por favor, que llamen a un juez y que se tramite un ingreso involuntario porque él se va a ir”.

Lo conseguimos: ahora está en planta de psiquiatría de forma involuntaria. Pero no por mucho tiempo. Yo estoy buscando papeles del centro donde ha estado tratándose para justificar su recaída y que lo sigan reteniendo. Porque el psiquiatra ya me ha dicho que lo puede retener como mucho dos semanas si no consigo documentación.

Cuando me den estos papeles, quiero tramitar el ingreso involuntario en un centro de desintoxicación. Porque él no quiere ingresar, se niega por completo.

CUANDO MI HIJO FUMA PORROS TODOS LOS DÍAS Y TOCA FONDO

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¿Qué significa para ti que una persona adicta toque fondo?

– Que se rinda completamente. El problema es dónde está el fondo de cada uno. Hay chicos que con una noche en la calle les basta para abrir los ojos. Pero también tenemos los cajeros de los bancos llenos de adictos que prefieren morir en la calle que recibir ayuda.

Hay quienes sugieren que se debe hasta echar de casa a un familiar cuando no reconoce la enfermedad, con el fin de que se vea solo y toque fondo. ¿Qué piensas sobre esto?

– Por supuesto, no queda otra. Mientras tenga un techo y comida, ¿por qué va a cambiar? Son enfermos, por ellos mismos no van a reaccionar. Qué madre no quiere a su hijo. Yo era la madre mas blandita y consentidora del mundo. Pero me equivoqué. Ahora no me queda más remedio, que aplicar el “amor duro” si quiero ayudarle.


Sobre todo, sugiero a las madres que no entren en victimismos. Desde ahí no ayudamos, sólo los hacemos sentir a ellos más culpables. Deben buscar asesoramiento, pero que sea especializado, no vale cualquier psicólogo generalista

Carmen, madre. «Mi hijo fuma porros todos los días»

Como familiar de una persona adicta, ¿necesitaste ayuda psicológica?

– Mucha. Y busqué una psicóloga que me ayudó mucho.

¿De qué crees que depende que una persona adicta se recupere?

– Pues de que haya tocado fondo.  De que estén cansadas de la vida que llevan. De que el sufrimiento sea tan grande que no compense la satisfacción momentánea de la sustancia… Pero claro, cada persona es un mundo.

¿Qué sugerencia le darías a la madre que descubre que su hijo fuma todos los días porros, o que sufre una adicción?

– Sobre todo, que no entre en victimismos. Desde ahí no ayudamos, sólo los hacemos sentir a ellos más culpables.

Que busque asesoramiento, sobre todo de expertos en adicciones. No sirve un terapeuta generalista. La adicción es una locura. No reconocemos a nuestros hijos, ya no son los niños cariñosos que eran, “son enfermos”.

Y recordar siempre que es una enfermedad: no tratar a la persona como a pobrecitos niños, sino que entiendan que son responsables de su recuperación.

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