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Adicción a los porros de marihuana

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adicción a los porros

¿Fumar porros crea adicción?

  1. La marihuana y el hachís contienen THC, una sustancia que sobreestimula el cerebro
  2. La sobreestimulación produce cambios en la percepción de la persona, por eso es una droga
  3. El consumo de forma continuada de porros puede producir adicción, es decir, dependencia hacia su consumo.
  4. Junto con el alcohol, es la droga más consumia por los jóvenes de forma recreativa
  5. Entre los efectos inmediatos por los que se consume están: deshinibición, relajación, alegría desmedida, somnolencia.
  6. Que sea natural no implica que sea una sustancia inofensiva: fumar porros de marihuana o hachís tiene consecuencias negativas en el organismo, a corto y largo plazo.
  7. Tiene más carcinógenos y mutágenos que el tabaco
  8. Puede tener consecuencias a largo plazo, como limitaciones musculares y de la movilidad; pérdida de memoria, dificultad para pensar y concentrarse.

La adicción a la marihuana es la dependencia que el organismo crea hacia el consumo de las hojas secas de cannabis sativa o cannabis indica, las cuales contiene tetrahidrocanabidol (THC), una sustancia que modifica el sentido de la percepción al afectar al funcionamiento cerebral. Esto la transforma en una droga.

consumo de marihuana en España

¿QUÉ ES LA MARIHUANA?

Como droga el puede ser consumido de tres maneras diferentes:

  • Fumando porros de marihuana o ingiriendo diluídas las hojas trituradas de la planta.
  • Fumando hachís, la resida de la flor del cannabis, mezclada con tabaco.
  • Diluyendo el aceite de hachís.

El THC constituye una sustancia química que produce alteraciones mentales cuando, a través de la sangre, llega al cerebro.

Para ello, quienes consumen marihuana pueden fumarla en forma de porros (entonces pasa de los pulmones a la sangre). O mezclada con comidas o ingiriéndola en infusiones (pasa del estómago a la sangre). En este caso, el organismo la absorbe más lentamente. 

La pérdida de autoestima, pérdida de memoria, ausencia de hambre y sueño, entre otras secuelas son las más comunes a medio y largo plazo.

Cuando llega al cerebro a través del torrente sanguíneo, el THC actúa sobre células receptoras específicas que están preparadas para reaccionar a sustancias similares que el propio organismo produce. La diferencia es que estos químicos naturales los produce el cerebro de una forma equilibrada, según requiera el organismo. Cuando consumimos marihuana estamos inoculando estas sustancias de forma exógena y desequilibrando el funcionamiento natural.

Así, el THC repercute sobre estas células provocando una  sobrestimulación de ciertas partes del cerebro y generando en la persona consumidora un efecto «placenteros» con indudables consecuencias.

CONSECUENCIAS DE LOS PORROS EN EL ORGANISMO

El cannabis se cumula en el cerebro y el organismo tarda más de una semana en eliminar el 0 por ciento de lo que se consume. Es decir, que es de difícil eliminación: si alguien consume cada fin de semana de forma recreativa, estará acumulando la sustancia progresivamente en su cerebro. Esa acumulación de cannabis produce efecto nocivos en la persona.

Entre las consecuencias a corto, medio y largo plazo, de fumar porros o consumir cannabis por otra vía, están:

  • Alteración de los sentidos, como el de la vista (podemos ver los colores más brillantes)
  • Sufrimos cambios en el estado de ánimo, como ponernos tristes o muy contentos
  • Limitaciones en los músculos y, por tanto, en la movilidad
  • Pérdida de memoria
  • Pensamos con dificultad
  • Perdemos la percepción del tiempo
  • Reaccionamos con lentitud
  • Podemos vivir alucinaciones
  • Sufrimos bajones de autoestima
  • Ausencia de hambre y sueño

Si lo hacen desde temprana edad, las personas pueden ver reducidas sus capacidades cognitivas, pues el THC afecta al desarrollo del cerebro. Y lo cierto es que fumaro porros es una de las formas más comunes de drogarse entre las personas adolescentes y jóvenes, junto con la ingesta de alcohol.

Depender del cannabis conlleva riesgos para la salud indudables. Se trata de una droga que repercute en el funcionamiento del organismo, a corto y largo plazo.

El consumo de cannabis se ha popularizado en todas las edades, pero sobre todo entre los jóvenes. Una de las creencias que han colaborado con esta popularización, además de constituir una droga más barata que otras, consiste en presentarla como una droga “blanda”.

Pero la diferenciación entre blandas y duras constituye un error, pues todas las drogas conllevan la posibilidad de generar adicción.

De hecho, más allá de cantidades y frecuencias de consumo dos factores que hay que tener en cuenta para decir si una persona es adicta), la sensación de depender de algo para «sentirnos bien» y poder «llevar nuestra vida», representa un elemento clave para el diagnóstico. Si consumimos poco de lo que sea porque no sabemos “estar” sin hacerlo en esos momentos determinados (de diversión, de estrés…), nos encontramos frente a una actitud adictiva.

A medida que el cerebro se va acostumbrando a recibir una dosis de THC, necesitará aumentarla para conseguir el mismo efecto sensorial.

Por otra parte, el consumo de cannabis está sujeto a la variable de tolerancia, como otras drogas. A medida que el cerebro se va acostumbrando a recibir una dosis de THC, necesitará aumentarla para conseguir el mismo efecto sensorial. Esto hace muy difícil controlar el consumo y conduce a la dependencia.

Depender del cannabis conlleva las resignaciones y pérdidas de cualquier adicción. Esta dependencia implica perder la libertad de elegir, actuar de forma hipersensible, dañar a nuestro cerebro, nuestro organismo y las relaciones familiares.

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