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TESTIMONIOS DE ADICCIÓN

“Ayudar a personas adictas me ayuda a mantener mi propia recuperación”

Alfonso Santos, el fundador de Adictalia, cuenta su larga peregrinación por la adicción y cómo salió de ella.

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Testimonio de Alfonso, adicto en recuperación y fundador de Adictalia

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Equipo Adictalia

Comité Editorial | [email protected]

La enfermedad de la adicción afecta a todos por igual, independientemente del género, dónde vivas, el dinero que tengas, la familia de la que provengas… Pero también está comprobado que existen factores de riesgo que predisponen a una persona a tener más papeletas para desarrollar esta enfermedad: una supervisión parental, fuerte autoestima, aprender a afrontar situaciones difíciles, tener espacios seguros donde hablar de nuestros problemas…

En el caso de Alfonso Santos, fundador de Adictalia y adicto recuperado, probablemente se hayan juntado casi todos (por no decir todos) los factores de riesgo. “Provengo de una familia disfuncional: soy el tercer hijo de una familia de 6 hermanos, mi madre era analfabeta y mi padre alcohólico. Nunca he tenido amigos sanos y me he criado detrás de una puerta, mordiéndome los brazos mientras mi padre le daba palizas a mi madre”, recuerda con resignado dolor Alfonso. 

Aunque más que resignación, Alfonso respira aceptación a esta altura de su vida. Acepta su pasado y su presente, y se abre al futuro. 

Dice Alfonso que la adicción le atrapó antes de probar cualquier sustancia. “La hipersensibilidad que yo tenía y el dolor que arrastraba era insoportable. Lo único que me ofreció la vida fue una anestesia para taparme y no sentir”. asegura, haciendo referencia al consumo. 

Vivir para consumir

Vivir para consumir

El entorno familiar de Alfonso era ciertamente violento, desestructurado, lo que se dice disfuncional hoy en día. En esta realidad, él se inició muy temprano en el consumo de sustancias. Y un cerebro joven, tierno, combinado con otros factores, es más propenso a desarrollar la enfermedad de la adicción. “Empecé a consumir con 9 años alucinógenos, pegamentos y otras benzoinas que se usaban para los muebles”, cuenta el fundador de Adictalia. 

Y una cosa puede llevar a la otra: del deseo de consumir a la necesidad de consumir, y la urgencia de costearse el consumo. Claro que para eso hacen falta años. Alfonso tuvo tiempo, toda su adolescencia. Hasta que la adicción se configuró en él de forma inexpugnable. 

“Hasta los 23 años siempre gané más dinero con la droga que con el trabajo”, admite Alfonso. Su vida, en general, giraba en torno a la droga: “Todo lo que he hecho ha sido para conseguir más sustancia, nunca para comprarme una camiseta”. Y cuando dice “todo”, Alfonso se refiere a cosas que incluso lo llevaron frente a la Justicia. La desesperación es peligrosa.

La hipersensibilidad que yo tenía y el dolor que arrastraba era insoportable. Lo único que me ofreció la vida fue una anestesia para taparme y no sentir.

Lo que le motivaba a vivir estaba claro: “Primero vivía para consumir y luego consumía para vivir”, confiesa Alfonso. Esto determinaba su estilo de vida. “Estás inmerso en un mundo artificial de sensaciones que tú mismo no puedes generar. Buscas cada vez más esa sensación de pasión, de euforia y, entonces, vas cambiando la sustancia y aumentando el consumo”, describe. 

Muy joven, temeroso de caer más hondo, buscó la salida por medio del matrimonio . Pero la aventura “duró apenas un año: quería casarme para dejar el mundo de la droga, yo traficaba y ella era mi cliente, y acabó enganchada a la heroína como yo”. Además, vivió uno de los peores episodios de su vida: “El dolor que más he sufrido de toda la adicción ha sido al ser padre; tuvimos un hijo con problemas. Ahí fue cuando empezó todo mi periplo en centros de recuperación”, relata. 

Pasó Alfonso por todo tipo de recursos terapéuticos para tratar su enfermedad. “La primera vez que pedí ayuda se acercó un abogado al juzgado diciendo que había una asociación llamada Proyecto Hombre donde estaban acogiendo a gente que, de otro modo, iríaa a prisión y a cambio les ofrecían hacer tratamiento para su adicción”, recuerda. Allí consiguió alcanzar la abstinencia. Pero le duró un tiempo, no pudo mantenerla.

“Estuve en otras asociaciones donde te hacen leer la Biblia y en también en Salud Mental, de la mano de grandes facultativos que me inflaban de medicamentos como mis mejores camellos”. Con todo, Alfonso aclara: “admiro cualquier programa que exista, que salve una vida”. 

Alfonso hizo varios intentos para recuperarse, hasta que dió con el tratamiento adecuado.
Dejar de consumir por la persona equivocada

Dejar de consumir por la persona equivocada

Alfonso quería parar, pero le faltaba algo. “Tenía la conciencia ya, lo que pasa es que no solo con tener la conciencia de una enfermedad la puedes parar”. Le faltaba la voluntad o fortaleza para controlar el impulso.

“Conocía a la madre de mis actuales hijos y puede parar un tiempo”. Fue cuando estuvo “en un programa de alcoholismo, un año abstinente de todo”. Pero la vida tenía otros planes para Alfonso: “Una noche discutí con mi mujer. Entonces cogí la botella y dije: ‘¿sí?, mira, para que veas’”, explica el fundador de Adictalia mientras hace el gesto de beberla de un trago. 

Entonces aprendió Alfonso una valiosa lección: “Había dejado de consumir por ella”, recuerda. Cuando lo ideal es que la persona que decide recuperarse lo haga por ella, porque quiere salir, más allá de su entorno. Es el cuadro donde más dura la recuperación, porque más allá de las circunstancias, la persona continúa sobria por amor propio.  

Estuve en otras asociaciones donde te hacen leer la Biblia y en también en Salud Mental, de la mano de grandes facultativos que me inflaban de medicamentos como mis mejores camellos.

Tocar fondo

Tocar fondo

La vida puso una piedra más gorda en el camino de Alfonso cuando su hija tenía un año. “Tuve una recaída de cocaína en base y heroína esnifada. Todo a saco”. Este obstáculo fue clave: “Fue uno de los fondos más grandes que toqué. La miré en la cuna y me di cuenta del padre que tenía. Era ver a mi hija y las deudas de mi familia”, cuenta el fundador de Adictalia. 

La imposibilidad de gestionar los desafíos de la vida, el miedo que produce, es el fermento perfecto de toda actitud adicta. Las sustancias no hacen más que anestesiar, modular, las emociones que nos superan.

“Me fuí al monte, solo, dos semanas para meterme más”, rememora. Ese episodio dio paso a su redención. “Me llamaron los médicos y me dijeron que tenía dos semanas para ingresar. No tenía fuerzas. Me rendí. Fue como decir: ‘Myke Tyson, ya no subo más que me vas a pegar”, narra Alfonso. 

A partir de ahí empezó el cambio. “Pasaron más de 15 años sin consumir. Me puse a estudiar, a trabajar, a ayudar a los demás y empecé con mi recuperación”, recuerda. Una etapa de nutrición espiritual y crecimiento personal. “Fue cuando adquirí todos los conocimientos que tengo sobre esta maldita enfermedad”, explica. 

Conoce historias reales de personas que han superado la adicción

Reaprender a vivir

Reaprender a vivir

En ese momento empezó el camino de la recuperación de Alfonso, que aún continúa hasta el día de hoy. Porque para una persona adicta, el trabajo nunca llega a su fin, es un camino de vida. 

“El inicio del proceso de recuperación es difícil. Lo primero es evitar todo tipo de consumo y, después, ir aprendiendo”, reconoce Alfonso. Cortar el consumo es relativamente sencillo, lo difícil es mantener la abstinencia. Para ello es imprescindible reestructurar por completo los hábitos de vida; incorporar nuevas formas de estar y transitar por el mundo que te alejen de la necesidad de consumir. Esto no se logra de un día para el otro, ni es sencillo. Pero sí es posible y hay muchos casos, como el suyo, que lo demuestran.  

A Alfonso le ha tocado empezar de cero, como si volviese a la adolescencia. “Con 53 años estoy aprendiendo cosas que cualquier chiquillo con 17 ya sabe, por ejemplo, a no tener pareja y estar a gusto; yo no sabía lo que era decir ‘no’ a no sé qué…”. Los problemas emocionales, la incapacidad de gestionar las emociones están en la base de toda actitud adicta.

Pasaron más de 15 años sin consumir. Me puse a estudiar, a trabajar, a ayudar a los demás y empecé con mi recuperación.

Después de décadas de recuperación, él sabe que la clave de la recuperación es seguir trabajando, no cejar en la búsqueda. “Voy liberándome de mi mochila y siendo más feliz”, afirma. La enfermedad de la adicción no se cura. “En la tocada de fondo total no creo”, sentencia este hombre, y añade que “cualquier persona puede tocar fondo y a los 10 años tener una recaída”. Por eso Alfonso describe la adicción como “la enfermedad del olvido”. 

Esto significa que en cualquier momento puede aparecer una piedra en el camino de la recuperación. “Hay un craving: la persona no quiere consumir, pero, de repente, se le despiertan las ganas”, explica el fundador de Adictalia. Y avisa: “Ahí ha habido un cambio neuronal muy potente y puede volver el deseo frente a cualquier situación. Por ejemplo, ves pasar al camello y se te despierta el deseo”. Porque “no se trata de la sustancia, se trata de las emociones que vive la persona”, concluye. 

Una recuperación sólida implica reestructurar por completo la forma en que vive la persona adicta.
Una enfermedad crónica

Una enfermedad crónica

En cualquier momento de la vida esas emociones pueden aparecer. Por eso es  importante que una persona adicta recuperada nunca baje los brazos. Alfonso lo recuerda con un episodio que vivió no hace mucho. “Pasé una depresión tras dejarlo con una pareja y estuve a punto de perder otra vez. La depresión nadie la busca, cualquier detonante puede ser” un motivo para volver a consumir. 

“Los mecanismos neuronales y las memorias pasivas están ahí. El origen está en que nos apegamos a las cosas, no aceptamos lo que ocurre, hay dolor, y desde pequeño yo sé dónde aparece ese dolor, por eso necesito recordarlo todos los días”, reflexiona Alfonso. 

El inicio del proceso de recuperación es difícil. Lo primero es evitar todo tipo de consumo y, después, ir aprendiendo.

Para él, “es importante cuidar la enfermedad el resto de la vida”. Porque, tal y como dice la Organización Mundial de la Salud, “la adicción es crónica, no es una enfermedad donde pueda decir: ‘ya está y te pones una medalla’ de recuperado. No”. 

Esto se lo recuerda Alfonso cada día a sí mismo y a quien lo necesite. “Se lo digo a mis propios pacientes: Vosotros tenéis paciencia, pero la adicción tiene más. Os va a esperar y os va a entrar por donde menos os lo esperéis”. 

Cómo evitar recaídas

Cómo evitar recaídas

Muchos se preguntan cómo mantener la abstinencia, cómo llevar una vida de buenos hábitos para no recaer en el consumo. Alfonso lo tiene claro: “Yo voy a morir adicto. Si me descuido, todo me parece poco o cualquier chorrada me parece mucho”.  Por eso, insiste en mantenerse siempre alerta. Por “cualquier circunstancia que ocurra, por cualquier situación,  se te despierta, se te desconfigura el sistema neuronal, y puede pasar”. 

Para mantenerse a raya, Alfonso no se queda solo con “estar pendiente continuamente”, sino que trata de conocer la enfermedad y conocerse cada vez más a él mismo. “Trato de profundizar todos los aspectos que van saliendo a nivel de ciencia, por un lado, y si tengo que recurrir a algún amigo como yo o a algún grupo, lo hago, por otro. Estoy rodeado de esencia terapéutica: meditación, hablar, mar, campo, terapia y… no hacerme caso”. Porque la mente obsesiva de la persona adicta no descansa, y la obsesión es hija del miedo y del control.

Se lo digo a mis propios pacientes: Vosotros tenéis paciencia, pero la adicción tiene más. Os va a esperar y os va a entrar por donde menos os lo esperéis..

Ayudar a otros

Ayudar a otros

Con esa rutina saludable, constante, Alfonso logra mantenerse en equilibrio. Pero hay algo que le genera una satisfacción clave en el proceso de recuperación. “Una de las cosas que más me ayudan a encontrar ese estado de paz y felicidad es ayudar a los demás”. 

Él empezó por ‘amor al arte’. “Primero lo haces de una manera altruista, como 20 años ayudando a otras personas y a sus familias, y luego acabas haciéndolo de una manera más ‘profesional’, entre comillas”, describe. 

Yo voy a morir adicto. Si me descuido, todo me parece poco o cualquier chorrada me parece mucho.

De la necesidad de ayudar a los demás nació su primer proyecto. “Creé Inspirando Transformación, un programa de vida para personas que buscaban salir de la adicción pero también para quienes querían crecer personalmente”. Insiste en aclarar que creó IT lejos de “la necesidad de lucrarme, sino con la necesidad de seguir en recuperación, ayudando a los demás”. 

Aunque su finalidad nunca ha sido sacar rédito económico, defiende la necesidad de otras personas que cobrar por sus servicios de orientación terapéutica y psicológica: “Es totalmente moral que una persona viva de esto y tenga el problema, pero no es mi caso”, aclara Alfonso. 

Alfonso y sus proyectos ya han ayudado a cientos de familias a salir de la adicción.
El nacimiento de Adictalia

El nacimiento de Adictalia

Después de un tiempo con su primer proyecto, Alfonso se dio cuenta de algo. “Fueron pasando los años y vi como estaban habiendo abusos, malas praxis en el sector del tratamiento de adicciones en España; cómo se abusa, sistemáticamente, de personas y familias que no tenían información ni recursos”. De hecho, él mismo se sintió en varias ocasiones, a lo largo de su vida, víctima de engaños o falsas promesas.

En ese momento, la mente inquieta de Alfonso decidió dar vida a algo nuevo. “Me senté un día e ideé Adictalia”. Un “herramienta”, como él mismo la define, para “dar a la persona una respuesta real, no egoísta, donde a una persona se le hace un estudio patológico, social, económico y se le dice: ‘Esto es lo que te podemos ofrecer’” en cuanto a tratamiento de adicciones. 

Es decir, un proyecto que busca orientar a familias de una manera clara, honesta y efectiva. Un proyecto del que su fundador se siente “orgulloso”. El motivo es cristalino: “Tengo un proyecto empresarial que está unido al 50% a un proyecto social”, dice. Esto se explica porque la mayor parte de las llamadas se atienden y gestionan sabiendo que la persona no tiene recursos para ingresar en un centro privado. Aun así, se les asesora sobre la enfermedad y se les acompaña durante tiempo. De ahí que Alfonso se sienta “enamorado” de Adictalia. 

Mirando al pasado

Mirando al pasado

Echando la vista atrás, la historia de Alfonso es el ejemplo de cómo una persona puede pisar muchos pozos profundos y, al final, encontrar un camino más llano, estable. Hoy, mira todo aquello con aceptación: “Era necesario todo lo que he hecho para dejar de hacerlo y saber quién soy”, explica. 

Por eso se confiesa “orgulloso de poder estar aquí hoy, limpio”. Aunque no ha sido fácil: “Me ha costado y me cuesta día a día”, admite, pero aun así, asegura, “no me puedo arrepentir de nada”. Porque quiere creer que todo lo que ha vivido fue necesario para llegar a ser quien es. Ahora bien, lamenta profundamente el dolor que ha generado a personas queridas. 

Alfonso ha logrado dos hitos fundamentales en la vida de una persona adicta. Primero, tener la fuerza de voluntad para mantener a raya la enfermedad de la adicción. Segundo, aprender de su experiencia y enfocar sus energías a crear proyectos para ayudar a otras personas que pasan por lo que él ha pasado. Quizá la unión de ambas cosas sea la clave de una buena recuperación.

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.

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Comité Editorial | [email protected]

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3 comentarios

  1. LIDIA URIBE PINTOR 04 Feb • 20:46
    Que historia, como me gustaría que existiera aquí en la cdmx, lugares que ayuden y no exploten a las personas que estamos en este horror mi hijo tiene ya mas de 15 años en la adicción cae cada día más y más y yo con él porque no encuentras... Leer más
    Que historia, como me gustaría que existiera aquí en la cdmx, lugares que ayuden y no exploten a las personas que estamos en este horror mi hijo tiene ya mas de 15 años en la adicción cae cada día más y más y yo con él porque no encuentras la salida esto es espantoso , actualmente tiene 33 años y dos pequeñines una de 6 y otro de 2 años si pudieran orientarme, gracias por su historia… Alfonso. Leer menos
  2. Luz Marina Vega 20 Dic • 22:17
    Qué buen testimonio. Me alegra que lo sigas logrando, es fascinante escuchar que sí es posible salir de la a dicción a las drogas y a cualquier comportamiento. Felicidades Adictalia, soy colombiana y los leo. También soy psicóloga y las drogas le arrebataron la vida a un ser valioso en... Leer más
    Qué buen testimonio. Me alegra que lo sigas logrando, es fascinante escuchar que sí es posible salir de la a dicción a las drogas y a cualquier comportamiento. Felicidades Adictalia, soy colombiana y los leo. También soy psicóloga y las drogas le arrebataron la vida a un ser valioso en mi vida. Leer menos

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