RECUPERACIÓN
La historia de Manuel: de años de consumo a recuperar su vida gracias a un tratamiento integral
ASÍ LOGRÓ MANUEL SALIR DEL INFIERNO DE LA ADICCIÓN
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Equipo Adictalia
La situación se repite en miles de hogares en España: Rocío, de unos 58 años, tiene un hijo, Manuel, de 30, adicto a la cocaína, que le lleva también a emborracharse con frecuencia. Pero si bien el problema empezó a manifestarse cuando el muchacho rondaba los 20, la madre y el resto de la familia lo mantuvieron en secreto, por vergüenza. Más bien, hicieron como el avestruz, que esconde la cabeza, creyéndose para sí que el problema se ocultaba por completo.
La situación se tornó insostenible. Las mentiras, reacciones y manipulaciones de Manuel se traducían en miedo, culpa, impotencia y rabia en el resto de la familia. El problema es que seguían sintiendo vergüenza, porque no comprendían que su hijo estaba enfermo. Sentían, aunque no lo decían, que la familia era presa de un ‘castigo divino’ o de la ‘mala suerte’. Y, como consecuencia, desconocían que la enfermedad que sufría Manuel tenía tratamiento. En realidad,ignoraban todo sobre la adicción.
Un día, después de que la hermana descubriera que Manuel le había robado dinero, la familia se enzarzó en una fuerte discusión. Los vecinos llamaron a la policía y, por poco, no terminó el joven en la celda. Lo que sí se enteraron, gracias a una de las agentes que acudió al domicilio, fue de la existencia de Adictalia, la red nacional de soluciones y tratamientos para adicciones. Un servicio telefónico que podía ayudarles, informándoles gratuitamente sobre la enfermedad, las estrategias a seguir y, además, guiar al joven a un tratamiento adecuado.
A la mañana siguiente, Rocío llamó a Adictalia. Lo que sucedió después es muy similar a lo que vivieron miles de familias que en estos cinco años han llamado al 900 525 727 para buscar ayuda para un familiar con adicción y que se refleja en algunas de las casi 200 reseñas que Adictalia muestra en su web. Historias de personas que estaban buscando un faro de luz en el oscuro mar de las dependencias, y lo encontraron.
El primer paso, la llamada que cambió todo“Un familiar se encontraba en una situación de adicción totalmente destructiva e insostenible. Gracias a Adictalia, la situación ha cambiado totalmente”, escribe Sixto Sánchez.
El primer paso: la llamada que cambió todo
“Adictalia, buenos días. ¿En qué puedo ayudarle?”, se escucha del otro lado del teléfono la voz de María José, integrante del equipo terapéutico. Rocío rompe a llorar. La terapeuta, acostumbrada a esta reacción, la sostiene. Por fin, Rocío puede abrirse y ofrecerle una radiografía de la cruda situación familiar.
María José y el equipo de Adictalia acompañan a familias como la de Rocío en cada paso: desde la orientación inicial hasta la elección del centro de tratamiento más adecuado. Analizan la edad del paciente, el tipo de adicción, el tiempo de consumo, antecedentes médicos, personalidad y dinámica familiar, para ofrecer una solución personalizada que garantice el mejor inicio posible de la recuperación.
La llamada, completamente gratuita, permite a los familiares acceder a un estudio detallado del caso y a recomendaciones precisas sobre centros de desintoxicación, todos con permisos oficiales y profesionales acreditados. “No todos los centros funcionan igual ni todos están preparados para cada paciente”, aclara Pau, psicólogo del equipo, destacando la importancia de adaptar el tratamiento a la situación concreta de cada familia.
El acompañamiento de María José no termina con la elección del centro. Durante todo el ingreso de Manuel, el equipo mantiene comunicación constante con la familia, ofreciendo orientación, contención y seguimiento, asegurando que cada decisión esté respaldada por profesionales y que los familiares comprendan la enfermedad y su papel en la recuperación. Como recuerda Cristina, otra madre que acudió a Adictalia: “Me dieron todo lo que necesitaba, siempre con respeto y entendiendo nuestro dolor”.
Con toda esta información, el equipo de Adictalia encontró el centro que mejor se ajustaba al perfil de Manuel. María José, acompañante terapéutica especializada en familia y menores, forma parte del equipo terapéutico de Adictalia. En este vídeo puedes conocerla en persona, mientras explica cómo asesora y acompaña a quienes buscan ayuda para salir de la adicción, cómo llegó a formar parte del proyecto y qué es lo que más le satisface de su trabajo.
El segundo paso: asesoramiento y concienciación familiar
En esa primera llamada, Rocío y María José estuvieron hablando durante 45 minutos. La madre insistía en lo mismo: “Nosotros queremos que Manuel se trate, pero él está negado a recibir cualquier ayuda”. Esta situación, por desgracia, la viven cada día los profesionales de Adictalia. La negación es una condición típica de la adicción.
María José aconsejó a Rocío: “Ahora mismo tu hijo está en negación, pero no te preocupes, porque voy a ayudarte. Por suerte existen pautas para romper esa coraza que tiene tu hijo. Es un proceso largo y complejo, pero voy a acompañarte en todo momento”.
Con la ayuda de la terapeuta, después de 2 meses, Rocío y su familia consiguieron romper con la negación de Manuel. Hay que aclarar que éste fue un caso de éxito, sin embargo, muchas familias no consiguen penetrar la coraza de la persona adicta. Aun así, Adictalia los acompaña. Por eso, se enorgullece Esteban, nuevo director de Adictalia, quien confirma que gran parte de la labor de este servicio tiene un “carácter social” de contención de familias cuyo familiar nunca ingresará.
El ingreso de Manuel conllevó mucho más que largas llamadas de asesoramiento. Entre la primera comunicación y el inicio del tratamiento pueden pasar semanas, incluso meses. Es el caso de Emilia, una madre a quien Adictalia ayudó a encontrar el recurso más adecuado para tratar la adicción de su hijo: “Me llamaban cada cierto tiempo recordándome que tuviese paciencia y que lo iba a conseguir… ¡que lo iba a conseguir!”.
Más allá del tiempo que tarda la persona en iniciar el tratamiento, la máxima de Adictalia es ofrecer el mejor recurso posible para cada persona.
El tercer paso, el ingreso en un centro especializadoEl tercer paso: el ingreso en un centro especializado
De la mano de María José, Rocío convocó a toda la familia y, unida, cogió por sorpresa a Manuel en la cocina. Una reunión en la que cada integrante le transmitió al joven lo que sentía por sus actos y sus años de consumo. Y en la que le plantearon un ultimátum: “o el centro o la calle, pero ya no podemos más así”.
El “vale” de Manuel vino como agua de mayo a la familia. María José se lo dijo claramente a Rocío: “Hay que actuar rápido, sin perder ni un segundo”. Pero ¿Por qué actuar con tanta rapidez si el joven ya había accedido a tratarse?
María José explica que la adicción es la enfermedad del “autoengaño” y que “el tiempo corre en contra” de la predisposición de la persona a tratarse. Puede ser que hoy la tenga, y que mañana se levante y diga que no. “Son perfiles muy variables, ahora sí, pero quizás esta tarde o mañana piensen que pueden solos o que ésta será la última vez y harán ese esfuerzo por parar”, precisa la terapeuta.
Así que la madre incitó a Manuel a hacer las maletas, se subieron al coche y viajaron directos al centro de ingreso.
Antes de entrar, Manuel sintió miedo. “¿Qué me voy a encontrar?”, “¿Cómo me va a ver la gente una vez salga de aquí?”, “¿Encajaré con el resto de los compañeros?”… Sentimientos y pensamientos llenos de prejuicios muy parecidos experimentó Alejandro, un adicto en recuperación que inició su tratamiento gracias a la ayuda de Adictalia. Pero tanto él como Manuel descubrieron un ambiente totalmente diferente.
El cuarto paso, el tratamiento integral contra la adicciónEl cuarto paso: el tratamiento integral contra la adicción
Manuel empezó su tratamiento por donde lo hace todo el mundo: la desintoxicación. Esta fase comprende las primeras semanas del tratamiento integral y en ella la persona adicta elimina la sustancia de su cuerpo. Un periodo que Fidel, adicto en recuperación que inició su tratamiento guiado por Adictalia, califica como “las semanas más duras”. A Manuel le pasó lo mismo: estaba lejos de casa, de su gente, en un entorno totalmente nuevo y atravesando el síndrome de abstinencia: síntomas desagradables que se experimentan cuando el cuerpo no recibe la sustancia a la que estaba habituado para funcionar.
Casi al mismo tiempo, o de forma muy seguida, a la desintoxicación, transcurre la fase de deshabituación. En esta etapa Manuel aprendió a sentirse estable, sin los hábitos, las rutinas, propias de alguien que consume: caos donde todo gira alrededor del ritual de consumir. Para ello, empezó a adquirir nuevos hábitos saludables. Empezó a recorrer un viaje interior, a mirarse por dentro y a entender el porqué de todo. “En el centro entiendes qué te lleva a consumir, quién eres de verdad. Yo tenía un prototipo de persona con carencias afectivas y emocionales que no conocía”, reconoce Fidel.
Poco a poco, Manuel se iba sintiendo mejor: empezaba a comprender qué había detrás de su consumo; a entender las heridas que arrastraba de la infancia, y sobre todo, a interiorizar en cada momento herramientas y hábitos que lo alejaban del consumo: orden, alimentación saludable, deporte… Y como si esto fuera poco, aprendía estrategias para enfrentarse a estímulos que fuera del centro, en la calle, podían incitarle a recaer. Así transitaba Manuel la tercera fase del tratamiento: la rehabilitación.
En la última etapa del tratamiento, Manuel entró en un piso tutelado para iniciar la etapa de reinserción. Es decir: poner en práctica lo que aprendió dentro del centro en una vida menos controlada. En este piso convivió con otros compañeros que se encontraban en su mismo nivel, y puso en práctica lo aprendido durante los meses de ingreso. No fue fácil, pero lo logró. En los momentos difíciles, se aferró a las terapias de grupo y las charlas a las que seguía asistiendo, como parte del tratamiento, en el centro.
Tras su estancia en el piso, Manuel recibió el alta terapéutica y volvió a la vida social. Como dijo Emilia, la madre de Alejandro, “ser el hijo que era siempre, el de antes de la adicción”. Su familia estaba orgullosa. Y él también, si bien era muy consciente de que el trabajo no acababa al recibir el alta terapéutica en el centro de ingreso. Esta enfermedad es crónica y, para mantenerla a raya, debía seguir en contacto con un entorno terapéutico. Así que, aunque empezó a reconstruir su vida social, también comenzó a acudir a un centro de tratamiento ambulatorio cuatro días por semana para continuar con su recuperación.
Esteban explica que, dependiendo del caso de adicción, el proceso integral de recuperación se puede extender, como en el caso de Manuel, hasta “un mínimo de 2 o 3 años” entre todos los recursos y etapas. En el caso de este joven fueron tres años de trabajo, sacrificio y fuerza de voluntad. Manuel pasó por todas las fases, algo que el director de Adictaliaconsidera “vital” para hablar de una recuperación.

Conoce las 4 fases del proceso de recuperación de drogas
El seguimiento familiar y el apoyo continuo
El departamento de Seguimientos de Adictalia acompañó a la familia de Manuel durante todo el tratamiento, actuando como un nexo entre el centro y sus seres queridos. “El seguimiento familiar es vital, porque la adicción afecta a toda la familia”, explica Vero, psicóloga del equipo. Durante este tiempo, Rocío recibía actualizaciones sobre su hijo, consejos para comprender la enfermedad y apoyo emocional, recordando siempre la frase de Vero: “Al igual que el paciente debe dejarse ayudar, la familia también lo debe hacer”.
Añade también que el equipo ayuda a despejar miedos, dudas y creencias erróneas sobre la adicción. Cristina, hermana de otro paciente, resume la experiencia: “Desde Adictalia me dieron la información que necesitaba, con respeto y comprensión del dolor que sentimos”.
Además, el departamento supervisa que los centros cumplan con lo prometido, filtrando tratamientos efectivos y serios, y actuando ante cualquier queja o denuncia de las familias.

El quinto paso: sentirse acompañado después del alta
Hoy Manuel lleva más de 2 años en abstinencia desde el alta terapéutica. Y así como cuando Manuel pasó al piso tutelado, Vero siguió en comunicación constante con la madre, actualmente, cada tanto, la psicóloga la sigue llamando para saber cómo marchan las cosas en los días de sobriedad.
Lo mismo que en otros casos, como el de Carmen y su pareja David, quien inició su recuperación de la mano de Adictalia y hoy ya lleva 3 años desde el alta. Carmen reconoce la labor del departamento de Seguimientos: “Fue un gran apoyo durante el tratamiento y hoy también: hacen un seguimiento muy grande, preguntándonos constantemente cómo va la recuperación”.
Después del tratamiento integral de la enfermedad de la adicción, la vida “es maravillosa”, define David. Podría decirse que la persona adicta se ha liberado de las cadenas de la adicción y vuelve a ser ella misma.
Emilia, madre de Alejandro, reconoce que el tratamiento ha cambiado la amargura de su hijo por una sonrisa: “Se levanta, hace la habitación, barre la sala, escucha música, y ha empezado otra vez a pintar. Es mi hijo, el que fue siempre, cuando no tenía la adicción”, se emociona Emilia.
Por su parte, Fidel entendió en el proceso del tratamiento que las recompensas de la abstinencia son mejores que las del consumo: “No sabía que leer un libro, sentado, me produciría felicidad y tranquilidad”.
Como en el caso de Manuel, todas estas personas siguen recibiendo hoy el cuidado del equipo de Adictalia, con un único objetivo: fortalecer la recuperación y alejar cada vez más los persistentes fantasmas del consumo.
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Joaquina Martin de las Mulas 30 Oct • 10:15Así lo hicimos con Gonzalo, el problema es que se negó a hacer un seguimiento Terapéutico y se volvió de Alicante el día 1 de Octubre. Se colocó en el taxi, que era su trabajo anterior eso sí, ahora de día. Vino a casa y está aquí.... Leer másAsí lo hicimos con Gonzalo, el problema es que se negó a hacer un seguimiento Terapéutico y se volvió de Alicante el día 1 de Octubre. Se colocó en el taxi, que era su trabajo anterior eso sí, ahora de día. Vino a casa y está aquí. Al volver a la zona cero, y con su pareja de consumo observamos que ha cogido la treta de hacer lo mismo en los periodos de descanso. El cree que no nos damos cuenta, pero es lo que está haciendo. Sigue necesitando ayuda, pero esta otra vez en negación. Pienso que el tiene lo que le enseñaron el TECA , pero pone en práctica: la lectura, algo de deporte, buena alimentación, y no falta a su trabajo. Pero los fines de semana desaparece. U hándicap co mi codependencia, no le pregunto, usando vuelve, ni le digo nada, pero estoy volviendo a estar enferma de ansiedad y depresión como antes de ingresar ¿que puedo hacer? Gracias. Leer menos
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