NEGACIÓN DE LA ADICCIÓN
Echar a un adicto de casa: ¿es recomendable?
Tres especialistas en adicciones ofrecen las claves para tomar una decisión radical.
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Con una nómina media, a Juan (32 años) no le alcanza para alquilar un piso. Y menos cuando se gasta gran parte de su sueldo en las apuestas deportivas. Cuando le falta dinero para alimentar los impulsos de la adicción, roba a sus padres o hermanos. Más de una vez ha llegado a casa a altas horas de la noche, con síntomas claros de haber bebido, y esa misma mañana ha faltado al trabajo. Su madre teme que lo despidan.
La adicción de Juan viene desarrollándose desde hace tiempo, y la familia entera está agotada. Mentiras, robos, manipulación y agresiones, por el momento, verbales. El caos se ha apoderado de todo su entorno, pues la adicción conlleva el desorden y toxicidad de todas las relaciones familiares, no sólo con la persona adicta: discusiones entre padre y madre, con sus hermanos… Cada día está plagado de malos rollos, miedo, sufrimiento, impotencia.
Hay muchas familias que, ante esta situación de negación y caos, se plantean, con mucho dolor y rabia, echar a la persona adicta de casa. ¿Es una opción recomendable?
Tres profesionales con amplia experiencia en la materia nos responden en esta entrevista con algunas de las claves para tomar esta radical decisión, tres profesionales con amplia experiencia en la materia. Carme Cunillera, Coordinadora y psicóloga clínica del Centro de Atención y Seguimiento de las Drogodependencias de La Garrotxa (CAS) en el Institut d’Assistència Sanitària; Lucía Calvo, terapeuta y {directora de un centro de rehabilitación en Valencia; y la directora de un centro de desintoxicación privado (quien prefiere reservar su nombre).
¿Conviene echarle de casa?– ¿Conviene echar de casa a una persona que niega constantemente su adicción?
Carme Cunillera: Esta respuesta no es nada fácil de contestar puesto que requiere tener en cuenta muchas variables. Echar de casa a una persona que constantemente niega su adicción puede ser una opción válida siempre y cuando antes se hayan intentado otras opciones terapéuticas para ayudarla a tomar conciencia de su dependencia.
Echar de casa a una persona con adicción es la última opción. Y es necesario que quien tome la decisión tenga la capacidad de sostenerla, a pesar de las múltiples presiones que puedan recibir por parte del propio consumidor o consumidora. Porque esta persona insistirá en volver, llamará a la puerta, intentará entrar en casa como sea, llamando por teléfono, yendo al trabajo de los miembros familiares…
Incluso vemos cómo la propia policía cuestiona a los familiares que han tomado esta decisión. Es decir, es una decisión difícil que hace falta ponderar, para identificar cuál es la mejor opción entre todas las posibles.
Lucía Calvo: Si la persona que está sufriendo una adicción vive con su familia, se debe valorar la situación de los familiares. Es decir: se debe valorar qué es lo mejor para la persona en cuestión, pero contemplando el bienestar familiar. Por tanto, se trata de proteger a la familia a la vez que se marcan pautas de tratamiento específicas para ayudar a la familia.
Si un equipo terapéutico que conoce el caso y establece un plan de tratamiento individualizado decide que lo más conveniente para dicha persona sea el abandono del domicilio familiar, la familia debe mantenerse firme y velar por que esto se cumpla, recibiendo ayuda y acompañamiento en este proceso, si fuera necesario.
Directora de centro: Todo depende del caso de adicción, porque cada individuo es único. Cuando una persona presenta síntomas de intentos autolíticos, tiene una edad avanzada u otra patología, no se recomienda. Tampoco se recomienda que la decisión se tome de un día para otro: es una decisión que deviene después de todo un proceso terapéutico en el que la persona sigue reincidiendo en su negación.
Esta decisión se puede tomar cuando, por ejemplo, la persona lleva años consumiendo y no muestra signos de querer cambiar. Y siempre que no se den los perfiles mencionados antes.
La familia, no obstante, juega un papel importante y tiene que ejercer el ‘amor duro’. Mientras el entorno sostenga y sobreproteja a la persona adicta, ésta no pensará que tiene que haber un cambio en su vida. Hay una frase que lo ilustra muy bien: ‘‘un/a adicto/a empieza a ser consciente del problema que tiene cuando su vida se desmorona”.
¿Qué otras alternativas hay?– ¿Qué alternativas tiene una familia antes de echar de casa a su familiar?
C.C.: Hay muchas opciones, sobre todo, ser conscientes que la persona está sosteniendo su dependencia en parte gracias a una familia que lo mantiene. La pregunta que deben hacerse los familiares es: ¿Qué puedo cambiar yo (cada uno de los miembros familiares) para conseguir que la persona consumidora deje de hacerlo? ¿En qué le estoy ayudando a mantener su consumo?
Desde un punto de vista sistémico, todas las personas estamos estrechamente interactuando y nos influenciamos unos a otros. Podemos hacer pequeños cambios del día a día que vayan indicando a la persona consumidora que aquello empezará a cambiar. Está claro que si no somos capaces de hacer pequeños cambios cotidianos, no podremos plantearnos grandes cambios, como sería echar de casa a alguien a quien queremos. Siempre el objetivo final es conseguir que la persona dependiente acepte pedir ayuda a personas expertas, profesionales, y lograr que cambie su funcionamiento hacia la recuperación.
L.C.: Primero, la persona ha de estar implicada. Se debe trabajar desde el consenso, haciendo un trabajo de red con los diferentes recursos de atención a las adicciones. Para ayudar a la persona adicta, ésta debe estar dispuesta a cambiar. Si no es el caso, se debe proceder a una reducción de daños.
Desde la perspectiva de la reducción de daños, deberían elaborarse unas pautas firmes, como podrían ser:
- No proporcionar dinero ni permitir que tenga acceso a cuentas
- Mancomunar las cuentas, siempre que sea posible
- Proponer un inicio de tratamiento (aunque no sea de forma residencial…), etc.
Si estas pautas no se respetan, puede procederse a la extinción, directamente: no hacer caso a sus demandas, cueste lo que cueste. Aunque sean mentiras manipulaciones, amenazas.
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D.C.: Poner todo tipo de límites. Hacer que salga de su zona de confort. Una persona adicta ha perdido todas las rutinas y normas de convivencia. Por tanto, antes de echarlo de casa, cualquier cambio que la familia pueda hacer en su vida hará que la persona perciba que “está pasando algo”.
Una conversación en la que estén todos los miembros de la familia puede ser una buena alternativa. Cabrá expresarle, en este marco, que no es culpable de lo que está viviendo, pero sí responsable de sus decisiones. Y que entre todo el entorno se tomarán medidas para el beneficio común.
Para que se dé esa conversación, antes tiene que haber una reunión familiar previa. El núcleo debe mostrarse unido y sin fisuras cuando se dé el encuentro con la persona adicta. Si ésta detecta a un miembro que muestra compasión, puede refugiarse en él, buscar su complicidad, su alianza. Cada paso que se dé, tiene que estar meditado.

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– ¿Puede ser una medida terapéutica echar a un adicto de casa?
C.C.: Sí, podría llegar a serlo, con todas las salvedades antes descritas, y siempre dando el mensaje a la persona consumidora de que la familia siempre estará disponible si toma la decisión de buscar soluciones y ponerse en tratamiento. Es decir, no se echa a alguien de casa porque sí, sino para movilizar el cambio.
L.C.: Sí, como una última opción, y siempre proporcionando alternativas, como iniciar un proceso terapéutico: el conocimiento de recursos, realización de entrevistas, consultas, seguimientos, etc.
Lo ideal es implantar la medida de “costo de respuesta” y no la de “tiempo fuera”. Costo de respuesta, sería, por ejemplo: “si quieres continuar conviviendo en el núcleo familiar, debes respetar las normas de dicho núcleo”. El tiempo fuera, en cambio, sería: “cuando no respetas las normas, abandonas el núcleo familiar.
D.C.: Sí, pero con matices. Siempre que se haya intentado todo, la persona lleve años consumiendo, no tenga intención de cambiar, no sea menor de edad, y no corra ningún peligro derivado de otra enfermedad o trastorno mental. En estos casos, y analizando cada circunstancia, sí que puede ser una medida terapéutica.
Consecuencias de echarle– ¿Qué consecuencias puede tener para la persona adicta prohibirle volver a su casa?
C.C.: Es evidente que tiene consecuencias serias, algunas negativas y algunas positivas. Las negativas son que carecerá de lo mínimo imprescindible para vivir y, por tanto, le obligará a buscar estos mínimos o bien por vías sociales disponibles o bien por vías ilegales, con el riesgo que esto conlleva. Seguro que le afectará en su consumo, porque no le será tan fácil de conseguir y, por tanto, tendrá que movilizarse para obtener dinero. Pero está claro que su situación le obligará a replantear qué quiere hacer, cómo puede continuar, qué ha perdido y plantearse cosas siempre es positivo.
L.C.: Puede tratarse de un ultimátum efectivo. Pero si la persona no está dispuesta a cambiar su situación actual puede derivar en episodios de agresividad, robos, etcétera. Puede darse el caso de que la persona se escape o intente conseguir dinero utilizando recursos como los microcréditos. Estos, a su vez, pueden devenir en grandes deudas.
D.C.: La adicción va de la mano de la prepotencia. Al principio la persona adicta va a creer que su familia le rechaza. Posiblemente se refugie en casa de un amigo o una amiga. Pero el tiempo le hará ver que no está haciendo lo correcto. La puerta de la adicción es muy ancha, pero bajita: si no te arrodillas tú, será ella quien haga que te arrodilles. Ahora bien, cada persona es un mundo y, por tanto, cada caso de adicción es único. Algunas se dan cuenta antes que otras. Lo importante es que capten el mensaje y sean conscientes de su situación.

– ¿Qué consecuencias puede tener para la persona adicta dejarla que continúe viviendo en casa?
C.C.: Quedarse en casa si no hay cambios por parte de nadie no sirve para nada, excepto para perpetuar el problema y continuar en el consumo. Sólo mantiene un equilibrio inestable que no avanza en positivo, ni permite la autonomía, ni el crecimiento de la persona.
L.C.: Estar encerrada en contra de su voluntad, puede hacer el efecto bomba de relojería al salir, tratándose de una contención contraproducente. Si la persona se muestra predispuesta a hacer el cambio, se volvería al plan de establecimiento de pautas de tratamiento, siguiendo el coste de respuesta.
D.C.: Que la persona con adicción continúe con su misma zona de confort, al sentir que su vida con consumo sigue “resguardada”, hará que no vea las consecuencias de que ésta/su vida se desmorona a causa de sus irresponsabilidades. De esta manera, fortalece la normalización de su conducta y hábitos y minimiza la problemática de la situación familiar. El deterioro progresivo de la enfermedad es lo habitual en estos casos. Al final, la persona, que no quería perder nada, termina perdiendo todos los círculos vitales: pareja, amistades, trabajo. Mientras la familia sigue hundiéndose con la persona, pues la adicción es una enfermedad familiar.
Consecuencias para la familia– ¿Qué consecuencias puede tener para la familia?
C.C.: Tiene una consecuencia “positiva” y es que no tiene que poner límites, ni cuadrarse, ni tomar decisiones que provocan conflictos. Estas cosas nunca gustan. Es más fácil hacer ver que no ves el problema, que resolverlo. Pero lo que es seguro es que se mantiene el sufrimiento de toda la familia. A veces aparecen patologías físicas o psiquiátricas en los miembros familiares, como dolores de cabeza, insomnio o tener que tomar medicación.
L.C.: Primero, se exponen al robo de la persona adicta para conseguir dinero. Para evitarlo, se deben extremar las medidas de contención del familiar adicto/a. Sobre todo, el acceso al dinero o pertenencias de valor.
Los enfrentamientos también pueden acabar generando culpa y remordimientos por parte de los familiares, al sentir que no son capaces de cambiar la situación.
La codependencia también puede aparecer en estos casos, porque las familias están muy sobrecargadas, y a la vez no se ven preparadas para desprenderse del rol de cuidadoras.
La propia sobrecarga de priorizar la vida de la persona adicta antes que la suya propia es un riesgo para cualquier familiar. Esto afecta directamente a la salud mental de la familia y favorece que estas personas entren en el círculo vicioso. Esto se traduce en estar mal y no poder ayudar a quien está mal, lo cual solo hace que todos estén peor.
D.C.: La preparación y el momento es clave. La decisión se puede tomar cuando la familia reúna fuerzas, o bien esperar cinco meses, cuando ya esté totalmente rota. Lo que está claro es que la familia que tome esta decisión debe estar preparada: si se hace sin preparación, con inseguridad, la familia va a recular a la mínima. Por consiguiente, dejará volver a la persona adicta a casa y se perderá el trabajo terapéutico que se estaba consiguiendo.
Muchas familias piensan que no están haciendo lo correcto y buscan la aprobación de terceros. En ese caso pueden pedir ayuda a profesionales, grupos, familias anónimas o asociaciones para mantener la decisión. Lo peor que puede hacer el entorno es echar a la persona adicta de casa y dejarla entrar a cenar, a ducharse, o darle dinero de vez en cuando por pena o culpa. La manipulación emocional que fomenta la adicción en la persona afectada es enorme y muy efectiva frente a los familiares, por lo que deberán estar preparados para no caer en ella.
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52 comentarios
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Mar 05 Oct • 23:31Hola. Mi marido está trabajando y bebe cuando vu3lve del trabajo, seguramente ya beba antes de llegar. Su cara se pone roja y llega con ella así yo diría que habitualmente. Bebe delante de todos y a escondidas. Ha habido días que se cae. Sus hijos uno adolescente y otro... Leer másHola. Mi marido está trabajando y bebe cuando vu3lve del trabajo, seguramente ya beba antes de llegar. Su cara se pone roja y llega con ella así yo diría que habitualmente. Bebe delante de todos y a escondidas. Ha habido días que se cae. Sus hijos uno adolescente y otro ya mayor que no beben no se dan cuenta. Cuando se cae les dice que es una pastilla que toma por prescripción médica que le da mareos. Mi hijo mayor viene con el en coche 30 km porque el trabajo y las clases de uno y otro están en otra localidad. Tengo miedo de q ya venga bebido conduciendo con mi hijo, aunque el antes nunca cogía el coche cuando bebia, no se ahora q pensar. Nuestra relación es mala y queremos separarnos. Tengo miedo de separarme, que esto le influya para mal, no quisiera una custodia compartida, dejarle con mis hijos mientras se emborracha y les engaña como que no pasa nada. Tampoco quiere decirles que su padre es un alcoholico. Tengo miedo de que pierda su trabajo. Mi trabajo es temporal y de corta duración, nos quedaríamos sin nada… No sé qué como afrontarlo. No sé puede hablar con él pq desde siempre contesta gritando e insultando. No nos hablamos hace ya mucho tiempo… es una situación subtealista, irracional y penosa. Leer menos
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Anna K. 21 Ago • 04:17Hola. Tengo un hijo de 22 años con problemas de adicción a marihuana y cocaína. En julio salió de un centro de rehabilitación donde estuvo un mes. La doctora que lo estuvo viendo en el centro se comprometió seguir ayudándole en casa. Nos ofreció una terapia a domicilio, pero llegó... Leer másHola. Tengo un hijo de 22 años con problemas de adicción a marihuana y cocaína. En julio salió de un centro de rehabilitación donde estuvo un mes. La doctora que lo estuvo viendo en el centro se comprometió seguir ayudándole en casa. Nos ofreció una terapia a domicilio, pero llegó solamente una vez y lamentablemente mi esposo le pagó por varias sesiones. La segunda vez no vino, y ni siquiera nos envió un mensaje para avisarnos que no iba a venir, aunque la estábamos esperando. Unos días después mi esposo la contactó y ella le dijo que estaba ocupada y enferma, pero mi hijo vió en sus perfiles de las redes sociales que ella publicaba fotos donde estaba en una fiesta, con un nuevo corte de cabello y no parecía para nada enferma… Después de este evento mi hijo adicto perdió confianza en los terapeutas y especialistas en adicciones. La doctora le habló muy bonito de la disciplina, rutina y límites, pero no lo demostró con su ejemplo. Mi hijo tuvo una recaída y ahora se niega recibir terapia o tratamiento. No sabemos cómo convencerlo. Leer menos
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Jaquellin 03 Feb • 11:37Hola.
Disculpen la hora de este mensaje.
Sinceramente una persona que lleva consumiendo drogas mariguana o cocaina x mucho tiempo o poco tiempo.
No se restaura a un corto plazo de un mes …
Sino de mas tiempo..
Un año es el minimo.
Conozco muchas personas que se han restaurado en un año hasta año y... Leer másHola.
Disculpen la hora de este mensaje.
Sinceramente una persona que lleva consumiendo drogas mariguana o cocaina x mucho tiempo o poco tiempo.
No se restaura a un corto plazo de un mes …
Sino de mas tiempo..
Un año es el minimo.
Conozco muchas personas que se han restaurado en un año hasta año y medio..
Yo en lo personal soy testimonio de una adicción el alcohol..
Y puedo asegurarlo. Yo hace 13 años soy libre de alcolismo
Y me resraure en 9 meses.
Jesucristo me libero del alcohol.Con todo respeto a los psicologos o psiquiatras o terapeutas que ayudan alas personas..
No tengo nada en contra de ellos.
Pero a mi no me ayudaron a salir del alcohol…
Yo fui a un lugar donde la palabra de Dios y el amor de Jesus me libero de este alcohol.
Ahora vivo una vida sin alcohol y vivo una vida llibre y sana y de paz. Leer menos
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Leila carvajal 16 Ago • 22:15Buenas tardes. Si mi hijo de 31 años a estado en centro de rehabilitación y en ninguno a permanecido estuvo en situación calle luego quiso volver q iba cambiar y no fui asi ahora roba en la casa esta, medicado por un siquiatra pero no se ven cambios ... Leer másBuenas tardes. Si mi hijo de 31 años a estado en centro de rehabilitación y en ninguno a permanecido estuvo en situación calle luego quiso volver q iba cambiar y no fui asi ahora roba en la casa esta, medicado por un siquiatra pero no se ven cambios es necesario dejarlo en la, calle Leer menos
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