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Compras compulsivas: «Tengo, luego existo»

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adicción a las compras

Cuando consumir se transforma en una obsesión irrefrenable

Cada vez más especialistas concuerdan en que las compras compulsivas constituyen una adicción de tipo comportamental o conductual. Es decir, una donde no intervienen sustancias tóxicas externas (alcohol, cocaína, marihuana…) pero que responde a los patrones que retratan cualquier adicción.

Las compras compulsivas se caracterizan por:

  • Comprar de forma compulsiva a partir de una obsesión por el acto de consumir
  • Perder el control sobre el impulso de comprar
  • Repetir la acción de comprar pese al daño evidente que nos provoca: deudas, problemas familiares, sociales, laborales…
  • Sentir irritabilidad y ansiedad (cambios de humor) cuando no se puede concretar el consumo o el acto de comprar

Entonces, ¿comprar puede convertirse en una adicción? Sí, si entendemos como tal una dependencia a una actitud o conducta que nos quita libertad. Esto es, que nos conduce a sufrir si no la podemos ejercer y la necesitamos compulsivamente para encontrarle sentido a nuestra vida, pese a que no constituye una necesidad básica.

En los países occidentales, esta adicción puede pasar desapercibida. El motivo es sencillo: vivimos en una sociedad y una economía que estimulan el consumo, para que la máquina de producción pueda sostener el ideal del lucro ilimitado.

En este modelo social, la adquisición de objetos materiales y virtuales representan una excusa perfecta e incuestionada para llenar el vacío interior que muchas personas experimentan. Comprar es un acto cotidiano que parece exento de toda perversidad y perjuicio. De hecho, representa un símbolo de éxito.

Pero además de tener múltiples consecuencias medioambientales y sociales, en el caso de las personas que sufren una tendencia irrefrenable a las compras compulsivas, este cuadro patológico representa una cárcel.

Cuando comprar está más allá de todo en la vida

La necesidad de adquirir y no ser capaz de supervisar el “impulso primario que nos arrastra” a comprar lo que sea, como si fuera una necesidad básica, manifiesta un cuadro patológico. La necesidad prima por sobre prioridades económicas, personales, de tiempo

En las compras compulsivas, la persona pierde la noción de lo que realmente precisa. Sencillamente por que el fin último de su comportamiento adictivo va más allá del objeto: la obsesión se ancla en el hecho mismo de comprar, en el ritual de la compra, como ocurre con todas las adicciones.

Carece de importancia si se adquiere tecnología, cosmética, comida. El acto mismo de comprar se convierte en su máxima necesidad.

Tras consumar la compra compulsiva, la persona que sufre este cuadro psicológico suele sentir vergüenza y culpa. Algo también propio en todas las adicciones.

Como en cualquier otra, también va desarrollando tolerancia al efecto de recompensa que experimenta al consumar el ritual. Por eso, necesitará comprar cada vez más, de ahí la falta de control.  Nunca será suficiente.


Tras consumar la compra compulsiva, la persona que sufre este cuadro psicológico suele sentir vergüenza y culpa. Algo también propio en todas las adicciones.


Las compras compulsivas encarnan una conducta perturbadora, constante, que termina por reportar consecuencias nefastas para la vida de quien las sufre:

  • Deudas
  • Mentiras y engaños
  • Separaciones y conflictos familiares
  • Robos y problemas judiciales

Las compras compulsivas se manifiestan más en mujeres que en hombres, y los y las pacientes acuden a terapia en torno a los 30 años. Se calcula que afecta a entre el uno por ciento y el cinco por ciento de la población. Existen indicios de que cada vez más personas jóvenes demuestran tendencias precupantes hacia la compras compulsivas.

Resulta complicado definir un perfil de personas más propensas a desarrollar tendencias de compras compulsivas, sobre todo en una sociedad de consumo. Pero existen patrones psicológicos comunes a quienes acuden a terapia por este problema.

Las personas que sufren desorden por compras compulsivas suelen revelar determinados patrones como:

  • Una autoestima baja
  • Dificultad para enfrentar problemas, desafíos o conflictos propios de la realidad
  • Incapacidad para pedir ayuda frente a conflictos o necesidades cotidianas
  • Escasa tolerancia a la frustración
  • Necesidad de experimentar sensaciones fuertes
  • Necesidad de experimentar gratificación inmediata
  • Fuerte impulsividad

Tener en lugar de ser. Adquirir, coleccionar, conquistar a cualquier precio se transforma en el modus operandi de vida de las personas adictas a las compras. Acumular o devolver son dos resultados incongruentes de esta enfermedad, que termina por desencadenar el caos personal y económico de quien la sufre.

Así, a golpe de tarjeta habitúan al cerebro a estimular en el cerebro el circuito de dopamina, neurotransmisor relacionado con el placer y el bienestar. La dopamina, a su vez, refuerza las vías neuronales que actúan durante el acto de compra compulsiva, de manera que determina cada vez más que éste deba ejecutarse para sentir placer.

Comorbilidad en las compras compulsivas

Diversos estudios han demostrado que la tendencia a las compras compulsivas suele manifestarse en personas que sufren también otras adicciones. Por ejemplo, adicción a la comida o desórdenes de tipo alimentario como bulimia y anorexia nerviosa. Pero también en personas que padecen alcoholismo y otras drogas psicoactivas, ludopatía o adicción al tabaco.

Para tratar las compras compulsivas el entorno familiar representa una pieza clave. El apoyo de la red cercana a la persona desempeña un papel crucial para incitarle a acudir a terapia y ponerse en tratamiento. El motivo es que las adicciones en general se caracterizan por quitar libertad y capacidad de elección. La negación y las resistencias a tratarse resultan habituales en las personas que sufren compras compulsivas, más allá de los efectos perjudiciales de sus actos.

El tratamiento de las compras compulsivas apunta a dos objetivos primordiales:

  • Cortar la tendencia al consumo, es decir, conseguir la abstinencia (para lo cual se necesitará la ayuda familiar para realizar compras controladas)
  • Abordar, analizar y elaborar los sentimientos, emociones y pensamientos que conducen a comprar de forma compulsiva

El problema con este tipo de compulsión consiste en que comprar constituye un acto cotidiano. Es decir, compramos diariamente para satisfacer nuestras necesidades básicas y superfluas. Por tanto, la medida del consumo “saludable” y de la “abstinencia” resultará más compleja de determinar en esta adicción que en otras. Y requerirá que el entorno de la persona que sufre de compras compulsivas actúe acompañando y controlando el acto de consumo cotidiano.


El problema con este tipo de compulsión consiste en que comprar constituye un acto cotidiano. Es decir, compramos diariamente para satisfacer nuestras necesidades básicas y superfluas.


Por otro lado, para tratar este desorden se trata de fondo aquellas situaciones que generan ansiedad y que conllevan el acto de consumo. Así, la terapia para las compras compulsivas aborda y busca revertir aspectos como:

  • La autoestima baja o frágil
  • El concepto de sí mismo o misma anclado en la idea de “tener para ser”
  • Los conflictos con otras personas
  • La carencia de estrategias y habilidades para abordar problemas

Hay ocasiones en que este tratamiento requiere el ingreso de la persona en un centro de desintoxicación. El objetivo apunta a aislarla de cualquier estímulo que la induzca a consumir, al mismo tiempo que rodearse de un entorno seguro. En otros casos, basta con una terapia de tipo ambulatorio, con una frecuencia de varias veces por semana, hasta distanciar las sesiones progresivamente.

Asimismo, puede suministrarse farmacología en casos críticos en que la abstinencia a comprar conlleve reacciones físicas y emocionales agudas. Los medicamentos que se suministran suelen ser ansiolíticos y antidepresivos.

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