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La familia del adicto: “Ni una madre ni un padre pueden sacarte de la adicción”

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entrevista sobre la familia de un adicto

Entrevista con la autora de «Yo, madre de un adicto»

Cuando Desirée Bujanda Misle decidió que sus anotaciones sobre su experiencia como madre de una persona afectada por adicción podrían convertirse en un libro, se propuso principalmente una cosa: ayudar a la familia de un adicto o una adicta a combatir el miedo y la incertidumbre que gobiernan sus vidas a raíz de la enfermedad. Sentimientos que, al final, terminan agravando aún más el difícil panorama familiar que determina toda adicción, y que a menudo se oculta por vergüenza.

De hecho, cuenta en esta entrevista con Adictalia la autora de Yo, madre de un adicto (Universo de Letras), que cuando comenzó a enviar el manuscrito a editoriales lo hizo bajo un seudónimo. ¿Miedo de reconocer que su hijo era adicto? No tardó en reflexionar y arrepentirse, iluminada por su otro propósito: combatir el estigma social que recae sobre las adicciones y que lleva a ocultar el problema debajo de un manto de vergüenza. Y tragar y tragar hasta explotar, en lugar de pedir ayuda.


La historia de Desirèe y su hijo demuestra que la adicción es una enfermedad que no entiende fronteras ni orígenes culturales. Una patología que dibuja escenarios personales y familiares atravesados por las mismas emociones en uno y otro lado del mundo.

Desirée Bujanda Misle habla del papel de la familia del adicto o adicta

Por otra parte, la historia de Desirèe y su hijo, quien hace años reside en España, demuestra que la adicción es una enfermedad que no entiende fronteras ni orígenes culturales. Una patología que dibuja escenarios personales y familiares atravesados por las mismas emociones en uno y otro lado del mundo: del lado de las personas que la sufren, la soledad, el vacío, el miedo ante las vicisitudes de la vida, entre otros, conducen a aliviar el sufrimiento con el consumo. Y del lado de la familia de un adicto o adicta, la impotencia, la incertidumbre, la culpa, la vergüenza ante la enfermedad.

Desde Venezuela, esta mamá –como sintetiza ella misma el curriculum que respalda su obra- conversa durante una hora con Adictalia sobre su intensa y enriquecedora experiencia personal. Y ofrece un buen puñado de conceptos que ayudan a comprender el lugar que conviene ocupar a la familia de un adicto o adicta para ayudar a la persona que manifiesta la enfermedad.   

Libro madre de un adicto
En su libro, Desirèe trata del lugar fundamental que cumple la familia del adicto o adicta en su recuperación y también para hacerle ver la enfermedad

CUANDO LA FAMILIA DEL ADICTO VIVE EN FUNCIÓN DE ESTE

Convertirte en policía de tu hijo o hija

¿Y cómo es un día en la vida de una madre, en una persona que sufre adicción?

El día es incierto, terrible, con muchísimo miedo, con muchísima angustia e incertidumbre. Realmente, no sabes qué va a suceder con ese familiar, en mi caso, con mi hijo. Uno genera una codependencia emocional increíble hacia la persona adicta. Te conviertes en policía, estás todo el día revisando, investigando dónde está, con quién está, qué está haciendo. O también resolviendo las consecuencias de ese consumo, los daños colaterales que genera el consumo.

En un momento dado, por la conducta del adicto, dejas de tener vida propia. Justamente de eso se trata la coadicción. Tú y tu familia empiezan a vivir en función del adicto, de la persona que está en consumo, generando caos, generando conflictos, generando vergüenza, acusación, culpabilidad. Realmente son muchas emociones juntas.

Muchas personas creen que están actuando de forma correcta para favorecer a sus familiares adictos, pero en realidad lo hacen por codependencia. ¿Qué cosas hacías tú por coadicción?

– En ese momento no sabes nada de esto que estoy nombrando ahora. Porque ni siquiera hablas de adicción. Tú sólo sabes que tu hijo o hija están consumiendo una sustancia, una droga ilegal, como en mi caso fue la marihuana. Pero también puede ser legal, como el alcohol, sobre el que no estamos conscientes de que es una droga, aunque lo sea, y cuyo consumo también ocasiona muchísimo daño y puede generar adicción.


 Te conviertes en policía, estás todo el día revisando, investigando dónde está, con quién está, qué está haciendo.

Desirée Bujanda Misle habla del papel de la familia del adicto o adicta

En mi caso particular fue la marihuana la que me encendió el alerta. Lo que tiendes a hacer primero es pensar que eso no está sucediendo. Porque la negación es un síntoma también de la enfermedad de las familias donde se vive adicción: minimizar el consumo, subestimarlo, pensar que tu hijo lo va a dejar por voluntad propia, que va a dejar de consumir porque nos quiere, por el amor a la familia. Pero esto es imposible, porque querer no es poder en el mundo de las adicciones. Sin embargo, tú te aferras a eso y piensas que esto va a pasar, que se va a solucionar solo.

Dessirèe reconoce que la familia del adicto puede llegar a transformar su vida en una obsesión por controlar a la persona enferma.

Y llega un momento en que dejas de tener vida propia y el consumo no para, no disminuye, sino que, por el contrario, a pesar de lo que hablamos, de lo que advertimos, de lo que perseguimos, de que sigamos a la persona, sigue y va a más. Y realmente tú revisas su móvil, revisas dónde está, si estás en el coche, revisas el cuarto… dejas de tener vida propia.

En la familia se genera un torbellino, porque nos va afectando a todos por igual. El problema del adicto es como tener un elefante en la sala: todo es un caos, nadie es funcional, pero nadie dice nada. Yo digo que una de las cosas que no se miden es la falta de productividad de los miembros de la familia de un adicto o adicta, porque no tienes la cabeza ni para trabajar ni para hacer vida social. Te ocultas por vergüenza, empieza la culpabilización entre los miembros de la familia y la culpa sobre ti misma con pensamientos como “qué hice mal” o “qué dejé de hacer” o “por qué no me di cuenta de esto”.

¿Cómo y cuándo descubriste que tu hijo sufría adicción? ¿Qué sensaciones tuviste?

– En mi caso particular fue por un teléfono móvil, porque nosotros somos una familia medianamente funcional. Realmente, no hubo grandes consecuencias del consumo de mi hijo que me hicieran alertarme de lo que estaba sucediendo, como lo cuento en mi libro. Un día se me dañó el móvil, y mi hijo inocentemente me prestó uno suyo que ya no utilizaba. Y como yo nunca había tenido un smartphone (de los que se digitan en la pantalla), estuve un buen rato tocándola para conseguir usarlo. Entonces, por error, se me abrió una conversación.

Unos de mis grandes, y terribles, compañeros en este proceso fueron la ingenuidad y la ignorancia, porque realmente yo no sabía nada de adicción, no sabía nada de las drogas. Siempre pensé que, como familia, íbamos a ser infalibles, que eso no nos iba a llegar, porque aunque no hay familia perfecta, la nuestra era una familia medianamente funcional. Y mi hijo, en cierta forma, logró hábilmente funcionar bajo el consumo de la sustancia.


Siempre pensé que, como familia, íbamos a ser infalibles, que eso no nos iba a llegar, porque aunque no hay familia perfecta, la nuestra era una familia medianamente funcional.

Desirée Bujanda Misle habla del papel de la familia del adicto o adicta

Me enteré por una conversación de Whatsapp que había tenido mi hijo, que ni siquiera lograba entender, porque lo que leía no lo entendía. Pero me quedé con esa conversación en la cabeza, pensando “qué quería decir eso”. La conversación decía: “cómprame un rolling en la gasolinera” de un lugar de la ciudad. Y yo me decía que es comprar un rolling… rolling es enrollar… ¿qué significará?”. No entendía, ¡llegué a la tontería de pensar que se trataba de un rollito de sushi! Y me decía: “pero en esa gasolinera no hay restaurantes…”.

Me quedé 24 horas con la frase y luego la busqué por Internet, a ver qué quería decir eso, y finalmente me atreví a leer otras conversaciones. Cuando me atreví a revisar el whastapp, porque yo soy muy respetuosa con la intimidad de mis hijos, ahí sí vinieron las palabras que yo conocía: marihuana y todo lo que puede escribir una persona bajo los efectos del consumo, que es terrible, porque desconocía al hijo que estaba leyendo allí.

Es un proceso muy doloroso. En mi caso fue muy sorpresivo, entonces quizás fue mucho más doloroso porque no lo esperaba.

LA NEGACIÓN COMO PRIMERA REACCIÓN DE LA FAMILIA DEL ADICTO O ADICTA

El desconocimiento de la adicción: un mal compañero de viaje

¿Y qué hiciste cuando te diste cuenta de eso?

– Lo primero fue pensar que no, que no era cierto. Y lo compartí con mi esposo, con mi otro hijo. La negación es una cosa terrible y yo veo hoy día a muchas madres que me escriben que siempre se quedan con la esperanza de que eso no es así, de que eso va a pasar, de que eso no es grave, de que “no es como yo lo estoy viendo”. Pero ellos nos engañan y nos manipulan. Y nos hacen creer que los locos somos nosotros y no ellos, y que todo lo que estamos viendo es mentira.

En mi caso, a pesar de la negación en mi cabeza, inmediatamente salí a buscar ayuda. Entonces empecé mi proceso de llamar a psiquiatras conocidos, psicólogos, conocidos y, en ese proceso, estuve prácticamente dos años sin lograr una verdadera solución. Hasta que mi hijo entró en un centro terapéutico y empezamos a ver la luz en el camino.

¿Pensabas cuando viste todo esto que se trataba de una enfermedad o lo percibiste como una elección viciosa de tu hijo?

– No sabía nada de esta enfermedad, no sabía nada de adicción. Todo eso lo aprendí durante mi tratamiento en el centro terapéutico, o sea, con la asistencia a las terapias familiares. Para mí, mi hijo era un vicioso, pensaba: cómo era posible que nos hiciera eso. Era una mala conducta y nosotros no nos merecíamos lo que nos hace; es un sinvergüenza… O sea, todo lo que tenemos creado por el estigma hacia las adicciones y por las creencias de la crianza que arrastramos de nuestra familia.

En mi familia hablar de drogas era una cosa inmanejable. Era imposible pensar en eso: no hables porque lo vas a atraer. Eran los mitos de los padres de mi generación. Entonces es mejor evitarlo. Obviamente que yo no sabía nada de esta enfermedad, nada de la adicción.

Es más, uno de los psiquiatras me dijo que había que ponerle límites y yo, tan ignorantemente, pensaba que poner límite era no querer a mi hijo. Y entonces me decía: “no lo puedo querer porque está haciendo algo malo”, “tengo que dejarlo de querer porque está haciendo algo indebido”. Imagínate hasta donde llegué.

¿Qué argumentos te daba tu hijo para hacer lo que hacía?

Como todos, son expertos manipuladores: “Esto es social”, “esto es recreativo”, “puedo dejarlo cuando yo quiera”, “tú estás viendo las cosas equivocada”, “el cannabis es una maravilla, con el cannabis se hacen mil cosas”. Idealizaba todas las maravillas del cannabis. “Realmente vosotros sois unos exagerados, los que tienen que ir a terapia sois vosotros, porque sois los que estáis mal, yo soy el que estoy bien”.

Ese fue el discurso durante dos años. Pero llega un momento en que tú te preguntas: ¿Realmente estoy exagerando, realmente él va a poder controlarlo y pararlo? En eso se te va pasando el tiempo hasta que te das cuenta de que no, que no es posible por voluntad propia pararlo. Por otra parte, yo tenía el temor de que saltara a otras sustancias diferentes a la marihuana y de que después fuera más difícil la situación.

Existe una aceptación social cada vez mayor hacia el cannabis. Pero también hay mucha gente que nos escribe diciéndonos que está enganchadísima y que no puede salir. ¿Qué piensas sobre esta polémica?

Recuerda que a mí me sucedió esto hace nueve años, cuando la legalización de la marihuana no estaba tan extendida. No había la inversión de la industria del cannabis como la hay hoy día. Entonces, hace nueve años, yo no veía esta normalización, había mucho más estigma, había mucha más ignorancia, mucho más tabú. En los últimos 10 años desde que inicié este proceso con mi hijo, ha habido un incremento de la legalización y un marketing impresionante que no nos ayuda, porque más bien promueve.

De hecho, se insiste en unos supuestos beneficios terapéuticos del CBD, que se confunde y se generaliza como si fuese lo mismo que la marihuana. [El CBD o cannabidiol es una sustancia química concreta de la planta del cannabis sativa que se emplea con fines terapéuticos y que contiene muy poco THC). Pero hace nueve años, esa no era la visión.

LA ADICCIÓN: UNA ENFERMEDAD CON MUCHAS CAUSAS

La coadicción, la otra enfermedad de la familia del adicto o adicta

– ¿Por qué crees que tu hijo consumía marihuana, qué buscaba?

– No puedo hacer juicios, ni crear una teoría con base a lo que piensa Desirée. Yo tuve la fortuna de asistir durante mucho tiempo a terapia y me baso en lo que aprendí de las personas expertas. Esta es una enfermedad del cerebro que es polifactorial: depende de la personalidad y del perfil de la persona, de su entorno social, también hay una predisposición genética que tiene muchísima peso, según la Organización Mundial de la Salud. En mi caso específico, tengo dos tíos alcohólicos, y desconocía que eso pudiera tener incidencia.

Entonces, ¿por qué le sucedió a mi hijo? Creo que fue por esas razones, había una predisposición genética. Además, mi hijo tiene un perfil muy particular, es muy diferente a su hermano, es una persona bastante sensible, muy diferente a la generalidad de los muchachos en su época. Mostraba bastante diferencia con el resto de adolescentes. Pero yo no puedo opinar sobre su interioridad, sobre sus pensamientos y sobre lo que es él como persona. Allí no puedo entrar, de verdad.

Pienso más en mí como madre, en mi dependencia emocional, en no alimentar mi codependencia emocional. Por eso he estado en tratamiento para gestionar mi coadicción y aprender a ocuparme de mí, y dejar que él se ocupe y se responsabilice en su enfermedad.

A menudo ocurre que la familia de un adicto responsabiliza de la relación tóxica a la persona que sufre la enfermedad, pero desatiende el papel que cumple el resto de integrantes en alimentar ese tipo de relación.

– Es así, y ciertamente si no tomas consciencia de tu propia enfermedad, de la coadicción, esta termina interfiriendo en el tratamiento. Porque tiendes a tratar de resolver las cosas por la persona adicta, a querer decirle qué hacer y qué no hacer, a inmiscuirse. Cuando, por el contrario, el adicto para que salga adelante con su tratamiento tiene que aprender a gestionar su enfermedad, responsabilizarse. Y a saber cuáles son sus herramientas para salir adelante.

Una de las cosas que yo aprendí de las terapias familiares es que ningún padre y ninguna madre saca a un adicto de la adicción. No somos nosotros, la familia de un adicto o una adicta, los llamados a tratar de decir qué deben hacer y qué no hacer. Por el contrario, tenemos que apoyar al adicto para seguir las pautas que le da el experto o la experta. Estoy convencida de que siempre se trata de mantenernos un paso atrás y dejarlos a ellos hacer.


Una de las cosas que yo aprendí de las terapias familiares es que ningún padre y ninguna madre saca a un adicto de la adicción. No somos nosotros, la familia de un adicto o una adicta, los llamados a tratar de decir qué deben hacer y qué no hacer.

Desirée Bujanda Misle habla del papel de la familia del adicto o adicta

No es fácil. Mi hijo lleva siete años recuperado, pero yo creo que, al igual que la adicción, la coadición es crónica: se gestiona pero no se cura. Una no deja de ser mamá. Ahora bien, si yo no lo hubiese hecho, si no me hubiese mantenido un paso atrás, no viviría como vivo. Hoy vivo tranquila, vivo feliz y puedo estar en paz a pesar de que mi hijo viva en un país diferente del mío y puede hacer su vida sin tener a su mamá o papá al lado.

¿Cómo definirías tú la coadicción?

– Es querer resolver o ayudar al adicto en algo que nosotros no tenemos la capacidad, porque no depende de nosotros resolverlo. Esto acarrea otros efectos. Al final, podemos hacer incluso un símil con el resto de las enfermedades. Vamos a imaginar que no es la adicción, sino cualquier otra enfermedad. ¿Cuál es la reacción normal de un padre y una madre? “Yo lo protejo o lo sobreprotejo”, “Conmigo no te va a pasar nada”, “Yo siempre te voy a resolver esa limitación por la enfermedad”, “yo siempre te voy a cuidar”.

Cuando lo lógico es decir: si tiene una enfermedad, aquí hay una persona experta, vamos a buscar una solución; y hay que enseñarle a la persona, sobre todo en la adicción, que se trata de una enfermedad crónica. Enseñarle cómo va a seguir de ahora en adelante, para que pueda gestionar su patología y desarrollarse como persona, con autonomía, con conocimiento de sí mismo, en la búsqueda de su propósito. Pero no como lo digan o por dónde te lleven mamá y papá.

Porque al final lo que le estás es convirtiendo en una persona inútil, que siempre va a necesitar de ti. Generalmente, la persona codependiente necesita hacerle saber al adicto, que está mal, que este la necesita para poder estar bien.

EVITAR EL TOCAR FONDO, AUNQUE NO SIEMPRE SEA POSIBLE

¿Crees que es necesario que la persona toque fondo para que realmente decida buscar ayuda?

– Tocar fondo puede suceder por muchas causas, no me atrevería a emitir un juicio. Pero en todo caso creo que no hay que esperar a tocar fondo, o sea, que hay que vencer la negación, que es lo primero que nos paraliza: la no aceptación. Pero luego que se da la aceptación, pienso que lo lógico que tiene que hacer un padre o una madre es buscar una ayuda experta antes de llegar a ese “tocar fondo”.


Ciertamente, hay casos donde hasta que no tocan fondo no piden ayuda, y hay casos en que tocan fondo y, sin embargo, jamás aceptarán una ayuda.

Desirée Bujanda Misle habla del papel de la familia del adicto o adicta

Claro que conozco casos de compañeras de tratamiento en donde lamentablemente sus hijos tuvieron que tocar fondo. La negación es un síntoma de la adicción, la persona adicta se niega a reconocerlo. No solo nosotros lo hacemos. Para la persona adicta, ella nunca es adicta, siempre puede controlarlo. Hay adictos que no se dejan ayudar. Y yo creo que esa es la parte más dolorosa de todo este proceso, cuando los padres quieren ayudar al adicto y este no acepta ayuda porque no se reconoce enfermo o simplemente no se reconoce que necesita ayuda.

Ciertamente, hay casos donde hasta que no tocan fondo no piden ayuda, y hay casos en que tocan fondo y, sin embargo, jamás aceptarán una ayuda. Sería injusto emitir un juicio, porque cada caso es diferente. Cada adicto necesita un traje a su medida.

– En tu caso, ¿cómo se dio la aceptación del tratamiento?

Estuve dos años, con mi esposo y mi otro hijo, tratando de convencerle de que fuera a tratamiento, pero no había forma, no había manera. Finalmente, lo conseguí por un chantaje: mi hijo, quien logró graduarse en la universidad (por eso digo que él, a pesar del consumo, logró ser mínimamente funcional y por eso me lo podía esconder), quería hacer un máster en Barcelona. Entonces nos agarramos de ello y le dijimos: “perfecto, te acompañamos, te pagamos el máster en Barcelona, pero si haces previamente tratamiento”. Fue un chantaje. Mi hijo aceptó.

Fue casi cómico porque él dejó sus papeles legalizados, apostillados, dejó todo listo, y juraba que en 20 semanas se iba para Barcelona. Las 20 semanas se convirtieron en dos años más o menos después de iniciar el tratamiento con todas las fases. Pero bueno, felizmente lo logró y pudo irse. Yo tuve la suerte de que lo pude chantajear con eso y así logré el sí. Después de entrar al centro se dio cuenta de que sí lo necesitaba.

Dices que era funcional… Pero, ¿cuál era su conducta, cómo actuaba en las relaciones familiares, durante la época en que consumía?

– Yo pienso que era funcional, pero porque yo no quería ver las cosas que pasaban. En otras palabras, las cosas que pasaban no eran de la suficiente gravedad como para alarmarse. Pero hoy en día, echando la vista atrás, sí que había actos o conductas de mi hijo que podían haber dejado entrever algo. Aunque creo que en mi negación no imaginaba que estaban provocadas por consumo de sustancias.

Mi hijo chocaba con el coche, no grandes choques, pero chocaba; rompía neumáticos al pasar por pozos en las calles a cada rato por falta de coordinación, manejando bajo el efecto del consumo. Mi hijo empezó a tener distorsiones en sus horarios, levantarse tarde y acostarse tarde. Mi hijo tenía malos hábitos alimenticios, consumía comida rápida, comida chatarra. Evitaba en algunas ocasiones compartir con nosotros, porque prefería estar con los amigos.

Hoy en día, después de haber hecho tratamiento y de estudiar sobre esto, puedo ver que esos actos sí reflejaban consecuencias de su consumo. Pero por la ingenuidad, la ignorancia y la negación, yo no lo veía; hoy lo puedo ver.

¿Qué opinas tú sobre el límite de echar a tu hijo o tu familiar de casa cuando no acepta el tratamiento y la familia se está hundiendo con él?

Estoy de acuerdo, es muy doloroso, pero estoy de acuerdo. Conozco casos donde ha funcionado. Sé que es sumamente difícil, pero hay casos extremos en donde el límite de los padres tiene que llegar a eso, porque si no sigues siendo cómplice de la enfermedad y no le estás ayudando, sino que, al contrario, lo estás sumergiendo más en su adicción. Hay casos en los que definitivamente poner límites significa eso, ponerlo fuera de la casa.

LA IMPORTANCIA DE QUE LA FAMILIA DEL ADICTO PONGA LÍMITES

Reconocer la manipulación generada por la adicción

¿De qué crees tú que depende que una persona con adicción se recupere?

De la calidad del tratamiento, la eficacia del tratamiento, por mi experiencia. Sin embargo, reconozco que los grupos anónimos funcionan y han servido a muchas personas. Pero como dice mi hijo, ir a un grupo de anónimos requiere un mayor esfuerzo y deseo  de recuperación porque los estímulos siguen a tu lado. O sea, en condiciones mucho más difíciles que hacer un tratamiento en un centro terapéutico, donde hay muchas condiciones facilitadoras, hay mucho conocimiento experto y muchas herramientas terapéuticas que ayudan al adicto en esa recuperación.

Para la persona adicta que quiere salir, lo fundamental es valorar a dónde no quiere volver a estar. Cuando la persona comienza a ver lo que es una nueva vida sin sustancia, y lo que significa saborear esa nueva vida, es lo más alentador. Porque se dice que es morir y volver a nacer; es dejar atrás donde estuvo, donde perdió la dignidad, donde no sabía quién era ni qué era. Ve todo el dolor que pudo haber causado a una familia y a sí mismo, y no quiere volver a ese lugar de nuevo. Esa es la herramienta para que se cuiden de su enfermedad y que hagan el tratamiento para que se mantengan, para cuidar su sobriedad.

¿Cómo afectaba en la vida familiar la adicción de tu hijo?

Generando conflictos y manifestando agresión. Mi hijo en algunas ocasiones era agresivo, buscaba generar conflicto. Me imagino que era una estrategia para cortar que se hablara del tema, para disolver la reunión. Éramos una familia muy unida. Entonces, no poder contar con él en determinados momentos o reuniones bastaba para afectarnos. Su distanciamiento, su silencio, su evasión, realmente afectaba a la dinámica familiar. Pero creo que principalmente era la parte de conflictos y de agresión.


Yo quería, indirectamente, justificarle en esas situaciones: “no se metan con él, solo está constipado”. Nos lograba manipular en ese sentido y nos alejaba.

Desirée Bujanda Misle habla del papel de la familia del adicto o adicta

Yo quería, indirectamente, justificarle en esas situaciones: “no se metan con él, solo está constipado”. Nos lograba manipular en ese sentido y nos alejaba.

Para mí también fue muy difícil a nivel familiar ponerle los límites: no darle dinero; no permitirle coger el coche; aislarle de sus amigos. Una cantidad de circunstancias que me hacían sentir a su vez una mala madre, o sea, sentía esa contradicción entre la mamá complaciente, la mamá que quiere darle todo al hijo y la mamá que lucha contra sí misma porque no le puede dar todo lo que quiere y todo lo que el hijo demanda.

¿Qué le sugerirías a una madre cuyo hijo está en esa etapa de negación y no lo reconoce?

– Poner límites es importante. Pero primero aceptar que hay problemas, no nos toca a nosotros diagnosticar ni aconsejar. Yo no diría a ninguna madre que se ponga a calificar a su hijo o hija por sus conductas, porque no eres tú la llamada a decir qué es lo que está pasando. Pero no las obvies: acepta y reconoce que hay un problema, que hay una situación problemática y que no está en ti la solución. Acéptalo, no lo niegues y busca ayuda experta.

Y no seas cómplice de ello, lo cual significa poner los límites. Entonces, si tu hijo te pide dinero, no le des dinero, porque vas a facilitarle el acceso a la sustancia; si tu hijo te pide el coche, no les des coche, porque le vas a facilitar que vaya a conseguir la droga. Busca a una persona experta que te ayude en tu intervención como familia y te pueda orientar, de acuerdo a lo que está sucediendo, a un diagnóstico. Que sea esa persona experta quien defina lo que está sucediendo.


Mi hijo era un gran lector y por el consumo de cannabis perdió la lectura; se olvidaba de hacer las cosas que le pedían en su primer trabajo como profesional

Desirée Bujanda Misle habla del papel de la familia del adicto o adicta

¿Y cuál es la acción adecuada para ello? Sobre todo no negar ni subestimar el consumo. Hoy en día, el consumo de marihuana se ha minimizado y lo estamos normalizando. Yo les puedo decir que mi hijo era un gran lector y por el consumo de cannabis perdió la lectura; se olvidaba de hacer las cosas que le pedían en su primer trabajo como profesional. Porque esta sustancia afecta a la memoria.

Además, mi hijo era muy impulsivo. Por lo que he leído, las partes del cerebro que se pueden ver afectadas por la marihuana tienen relación con la impulsividad y con la toma de decisiones. Quizás por eso es que se sienten infalibles y hacen cosas que son riesgosas en un momento dado. Por ejemplo, si hablamos de consumo de marihuana y tener relaciones sexuales, hay una cantidad de riesgos en ese sentido, desde contagio de enfermedades hasta embarazos no deseados

MADRE DE UN ADICTO, EL RESULTADO DE LA COADICCIÓN

La importancia de la terapia familiar para abordar la adicción

¿Cómo se dio la posibilidad de escribir el libro?

– El libro surge como producto de mi enfermedad. Cuando mi hijo entró al centro de tratamiento de adicciones, el centro era residencial y a mí me hacía falta mi droga. ¿Cuál era mi droga?: Mi hijo. Por tanto, no tenía en qué ocuparme y de la rabia que tenía por lo que estaba sucediendo, empecé a escribir todo, todo, todo. Cómo me enteré, cuándo me enteré… o sea, empecé a hacer como un diario. Fue porque me hacía falta mi hijo que empecé a escribir ese cuento. Y fui añadiendo toda la experiencia del tratamiento, de mi participación en las terapias.

También relato mi encuentro con Dios, al que le dedico un capítulo en el libro, porque durante el proceso de escritura yo vi señales de Dios que me ayudaron a seguir adelante y a conseguir una solución. Entonces, fui anexando todas mis experiencias como madre, aprendí muchísimo sobre la codependencia emocional.

Había trabajado en una empresa donde teníamos una editorial de textos, y se lo envié a una excompañera. Se lo envié a una compañera de trabajo y me dijo que era una historia muy hermosa, que valía la pena publicarla. Esa persona me empujó, porque yo no pensaba escribir un libro, ni mucho menos; no soy escritora, ni terapeuta, solo soy una mamá.

Entonces, el libro parte de tu necesidad de procesar la coadicción dentro de la familia de un adicto…

– El libro surge como producto de mi enfermedad. Y seguí adelante con mi proyecto porque realmente me di cuenta de que, por el estigma que existe sobre las adicciones, las personas no buscan soluciones. Muchas se quedan con el problema en su familia por culpa, vergüenza… Eso es lo más difícil de gestionar para las familias. El miedo, la culpa, la vergüenza, la incertidumbre. Esa es la ensalada de la inacción.

Realmente es muy difícil describir lo que es eso. Y mi idea con el libro era que mi testimonio ayudase a la familia de un adicto o una adicta a mitigar esa vergüenza, esa culpa. Que ayudase a entender que es una enfermedad que no surge por nuestra culpa, que tiene tratamiento a pesar de ser crónica. Y, sobre todo, a comprender que, como familia de un adicto, tenemos la responsabilidad de gestionar nuestra codependencia emocional para poder, a su vez, ayudar a la persona en su recuperación.


Muchas se quedan con el problema en su familia por culpa, vergüenza… Eso es lo más difícil de gestionar para las familias. El miedo, la culpa, la vergüenza, la incertidumbre. Esa es la ensalada de la inacción.

Desirée Bujanda Misle habla del papel de la familia del adicto o adicta

El libro tiene una anécdota que ilustra el problema del estigma sobre las adicciones. Inicialmente, escribí el libro bajo un seudónimo. Incluso lo envié a las editoriales con ese seudónimo. Más tarde me dije: “¿Pero tú eres tonta? ¿Quieres ayudar a romper el estigma sobre las adicciones y estás usando un seudónimo? ¡Qué contrasentido!”.

Entonces eliminé el seudónimo y salió de nuevo Desirée Bujanda Misle, quién está muy orgullosa de su hijo, está muy orgullosa de su familia, está muy orgullosa de poder decir: rompamos el estigma, no hay que sentir culpa, no hay que sentir vergüenza. Es una enfermedad del cerebro, como puede ser una enfermedad del corazón, del riñón, de cualquier otro órgano.

Es muy compleja, obviamente, porque  aspiras a que el médico te dé una receta. Te diga: “Tómese esto, esto y esto”, y eso no es así; mientras, la enfermedad nos invade a todos. Pero sí tiene salida y puede tener un final muy feliz.

Adictalia nace precisamente para despejar esa incertidumbre y evitar que algunas empresas se aprovechen de esa situación familiar. ¿Cómo has afrontado esa incertidumbre en tu caso?

– Precisamente toco eso en profundidad en el libro. Nosotros estuvimos dos años visitando con mi hijo a psiquiatras y psicólogos, y realmente no nos resultó. No nos resultó en primera instancia, porque cuando a mí me dijeron que mi hijo tenía una enfermedad mental, yo le dije al médico: “El loco es usted y no es mi hijo”. Porque eso no lo entiendes en ese momento.  

Pero mi hijo logró engañar a los psiquiatras. Mi hijo llegó a falsificar los exámenes de orina, y yo me los creí. Hasta que no llegó a un centro terapéutico donde pudo tener todas las herramientas, no vimos resultados. Pienso que el hecho de que sea una enfermedad poli-factorial va más allá de lo que puede abordar un consultorio.

En este sentido, las terapias de grupo de los centros tienen su razón de ser y son la técnica adecuada. Únicamente cuando mi hijo llegó a un centro residencial, no ambulatorio, pudo conseguir salir. Pero para eso pasaron dos años, y la frustración es terrible. Porque vas al primer psiquiatra y no hay solución, sino que la cosa empeora. Vas al segundo y tu hijo te engaña…


Hay que abordar a la familia del adicto o adicta en cuanto a prevención, pero también en cuanto a gestionar la codependencia para que pueda ayudar a la persona en cuestión. 

Desirée Bujanda Misle habla del papel de la familia del adicto o adicta

Por otra parte, la terapia familiar también es fundamental. Definitivamente, hay que abordar a la familia de un adicto o una adicta en cuanto a prevención, pero también en cuanto a gestionar la codependencia para que pueda ayudar a la persona en cuestión

Son muchas las personas que me escriben sólo por el hecho de pensar que les puedo comprender en un momento de incertidumbre, miedo, vergüenza y culpa. En ese momento uno se esconde. Nosotros lo hicimos, nos escondimos, metimos la cabeza como el avestruz en la tierra, y eso es terrible. Porque te hundes más en el problema. Ser empático con la familia de un adicto o adicta, y con esta, es parte de romper el estigma.

Hay que saber que ninguna persona adicta quiere serlo, nadie quiere enfermarse por enfermarse, y ninguna familia quiere tener un hijo enfermo. Por medio de mi Proyecto personal busco ayudar con información. La información es la base del conocimiento y el conocimiento es la mejor forma de prevenir la adicción. Porque las drogas están ahí, el alcohol está ahí, lo promovemos, lo aceptamos socialmente. Yo le compraba alcohol a mi hijo y me reía cuando se le enredaba la lengua. ¡Cuánta ignorancia!

Y hoy digo que las nuevas tecnologías son la autopista que facilita la adicción a las pantallas, a los videojuegos, a la ludopatía por internet, a la pornografía… un mundo de comportamientos adictivos que está presente y que tendemos a normalizar y que con la pandemia ha empeorado. Todos estamos delante de una pantalla. Mi objetivo es ser una cara visible, una voz, para luchar contra esta locura.


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