FAMILIAR ADICTO
¿Cómo funciona una terapia familiar de adicciones?
Todo lo que debes saber sobre esta herramienta terapéutica ineludible para tratar esta enfermedad
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Equipo Adictalia
Durante el tratamiento integral de adicciones se llevan a cabo diferentes actividades, con el fin de lograr el objetivo, la recuperación de la persona adicta. Una de ellas, y fundamental, es la terapia familiar, una herramienta terapéutica a la que muchas familias rehúyen, quizá por prejuicio o tal vez por desconocimiento. Sin embargo, esta terapia resulta fundamental para tratar esta enfermedad, que, como bien se sabe, afecta a todo el entorno cercano, y no solo a quien la vive en primera persona. Por eso se dice que la adicción es una enfermedad familiar, aunque sea una persona la consumidora.
La terapia familiar de adiciones consiste en un espacio terapéutico seguro, entre la persona adicta y su familia, donde se tratan los patrones y dinámicas familiares que pueden promover el consumo. Conforma un ambiente de seguridad y confianza donde se liberan y analizan sentimientos, conductas, prejuicios, traumas, y se ofrecen pautas para reconducir situaciones conflictivas y disfuncionales.
En esta entrevista con la psicóloga experta en adicciones Paula Martínez Gallardo, encontrarás todas las respuestas a las dudas que puedan surgirte sobre este proceso terapéutico.
Agradecemos la colaboración de Paula Martínez Gallardo, psicóloga con más de veinte años de experiencia en el acompañamiento terapéutico de personas y familias. Especialista en el tratamiento de adicciones, mediación familiar y otros muchos ámbitos, Paula combina una sólida formación académica con una visión integradora del bienestar psicológico. Su colaboración con Adictalia aporta una mirada experta y humana sobre los desafíos emocionales y relacionales que acompañan a los procesos de recuperación y cambio personal.
¿Qué es la terapia familiar?– ¿Cómo definirías la terapia familiar?
En sentido amplio, la terapia familiar consiste en trabajar con una familia que ha detectado que tiene un problema que conlleva sufrimiento y que, además, quieren ponerle solución. Esta familia sabe que en su dinámica del día a día, en su manera de relacionarse como pareja, como padres, como hijos, como abuelos, hay algo que no está encajando. Algo que está generando malestar y conflictos. Como grupo se sienten incómodos.
Son familias que han intentado soluciones por su cuenta y no han funcionado. Como, por ejemplo, dialogar o callar, simplemente dejar que las cosas pasen. Y perciben que ese método “natural”, por así decirlo, no les funciona. Entonces, deciden pedir ayuda profesional. En este momento se empieza a realizar una intervención familiar.
Ahora bien, la terapia familiar ha evolucionado desde sus inicios. Al principio era necesario que acudiera la familia completa, incluso con el bebé, si lo había. Actualmente, los distintos modelos que se practican permiten que acuda sólo un miembro de la familia y, por medio de esa persona, se trabaja con el resto de la familia.
– ¿Qué caracteriza a la terapia familiar de adicciones, en concreto?
– Cuando existe un caso de adicción, la terapia familiar tiene sus peculiaridades. Ante esta realidad, lo normal es que la familia empiece negando el problema. En general, la persona adicta empieza a consumir en la etapa de la adolescencia. Y su entorno cercano espera que, cuando la persona sea adulta, el consumo se resuelva.
El desarrollo de una adicción comprende varias etapas. Al principio, el consumo se da en un contexto social y pasa desapercibido para la familia. La búsqueda de ayuda comienza justo cuando la enfermedad afecta a la familia, porque ya está avanzada y se manifiesta en la persona de una manera más destructiva: es la fase de consumo habitual, de abuso o incluso de dependencia.
La persona adicta no puede resolver el problema por sí misma y la familia tampoco es capaz de ofrecerle una solución efectiva. Ahí es cuando rastrean opciones de ayuda en el entorno social y sanitario.
Pero este no es un proceso rápido, que se da de un día para el otro. Transcurren al menos dos años desde que la persona consume y la familia empieza a aceptar que existe un problema. Incluso suele pasar mucho más tiempo.
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El momento de iniciar una terapia en familia
– ¿Cuándo una familia está preparada para empezar con la terapia familiar?
– Una terapia de adicciones se puede plantear incluso como un modelo preventivo, para detectar consumos que evidencien una enfermedad mental desde temprano. De hecho, se puede comenzar ya en los institutos de secundaria, para identificar perfiles de adolescentes con problemas de consumo.
La terapia de familia puede ayudar en el sentido de reconducir y prevenir una posible situación de adicción. O para trabajar a un nivel más profundo, cuando la adicción ya está instalada en la vida de la persona y se evidencia de manera permanente.
Cuanto antes se detecte el problema y se intervenga, antes se encontrarán mecanismos, herramientas, para reconducir la situación de la persona con problemas adictivos y de su entorno. Por eso, es preferible no hablar de que la familia “esté preparada”, sino de que cualquier momento puede ser bueno para una intervención familiar.
– ¿En qué consiste el proceso por el cual la familia inicia una terapia familiar?
– En los comienzos de esta técnica, y desde el punto de vista teórico, era muy formal: una estructura más rígida donde toda la familia tenía que acudir para realizar la terapia. Esto ha ido evolucionando con el paso del tiempo. Ahora, cuando una persona acude a un centro de adicciones, ya sea de ingreso, centro de día o vivienda tutelada, siempre se incluye de alguna manera a la familia en su tratamiento, aunque sea parcialmente.
En primera instancia, la persona adicta decide qué familiar va a ser quien mantenga comunicación con el equipo terapéutico, de manera consensuada con éste, evidentemente. Después, por medio de esa persona intermediaria, se busca alcanzar a otros miembros del grupo familiar.
Cada familia y cada persona es un mundo. En consecuencia, cada intervención también es única. Se orienta, específicamente, a la situación particular de ese entorno.
Etapas– ¿Cuáles son las etapas de una terapia familiar de adicciones?
– En cuanto a fases, primero se valora la situación, como si fuera una terapia individual. Esto es: detectar cuáles son los problemas concretos y las dinámicas individuales y familiares que actúan de forma tóxica o perjudicial, y que pueden promover conductas adictivas. Una vez que se realiza esta valoración, se proponen objetivos para modificar esos hábitos.
Hay familias que colaboran más con el proceso terapéutico. En el caso de que haya una colaboración mínima, la intervención se enfoca a trabajar la toma de conciencia de enfermedad. Busca instalar la idea de que cuando un miembro del grupo está enfermo, todo el entorno lo está, pues la familia actúa como un sistema. Por tanto, cada integrante puede aportar a mejorar la situación.
Todos/as en la misma dirección– Es mejor que toda la familia vaya en la misma dirección, ¿correcto?
– Si se trabaja con una sola persona, ésta será quien carga con el peso de todo el grupo y, por tanto, el proceso va a ser más lento y difícil. Pero si la familia contribuye, cada cual toma su papel y trabaja en resolver sus conflictos, resulta más sencillo. Y también enriquecedor para identificar las influencias que ejercen sus comportamientos y la manera particular que tienen de comportarse en relación con la persona adicta y con otras del grupo familiar…
La terapia familiar busca descubrir patrones tóxicos que promueven la conducta adictiva. Es decir, indaga en aquellas dinámicas familiares que son perjudiciales, para, a partir de ahí , reconducir la situación familiar. Para ello se plantea un trabajo muy individualizado dentro del entorno, enfocado siempre desde la persona adicta, evidentemente, y luego abordando a cada miembro.
Es obvio que cuantos más familiares participen proactivamente, mejor: más fácil será reconducir la situación y más se puede ayudar a la persona adicta. Sobre todo, cuando ésta se encuentra en la primera fase de abstinencia. Porque aquí puede sentir craving (deseo intenso por consumir) y tomar decisiones impulsivas, como abandonar el tratamiento.
Si la familia está colaborando en la recuperación, puede aprender a detectar los patrones de conducta que contribuyen a que la enfermedad avance o, por el contrario, se paralice. Y esto hace más fácil la posibilidad de reconducir las situaciones de riesgo, que, por otra parte, son totalmente normales dentro de este proceso.
¿Cómo se lleva a cabo?Terapia familiar en centros de desintoxicación
– Hay centros que solamente permiten la asistencia de un miembro de la familia. ¿Por qué?
– Por un lado, en la mayoría de los centros se da una limitación puramente logística. Los espacios se quedan ajustados cuando hay 20 o 25 pacientes acompañados por una o dos personas que acuden a la terapia.
Por otro, que venga un solo familiar también puede responder a la necesidad de trabajar con un paciente en concreto, en exclusiva. Eso sí, los familiares pueden ir cambiando: primero asiste la madre, después el padre, la pareja, una hija (si es mayor de edad), incluso una amistad.
– ¿Cómo se desarrolla a nivel práctico una terapia familiar?
– Existen dos maneras diferentes de intervenir en terapia familiar:
- Con la persona y su entorno, o un representante de éste, de forma aislada.
- Con todas las personas ingresadas y representantes de sus familias, en conjunto.
En general, se suele trabajar con las familias de los distintos pacientes juntas. La dinámica consiste en una terapia grupal, donde cada persona adicta tiene una presencia activa pero no participativa. La organización consiste en un círculo formado por terapeuta, psicóloga, miembros de las familias. Y en una segunda fila exterior, los y las pacientes, que solo ejercen una escucha activa.
Ubicándose en esta posición, reciben información del miembro de su familia y, además, de otras familias que hablan sobre sus casos. Esta dinámica permite que las personas (ingresadas y familiares) perciban que los problemas que viven en sus casas, con pequeños matices de diferencia, les sucede a todas. Porque, en definitiva, todas las familias que viven una adicción tienen experiencias similares. Y, además, conseguimos que la persona ingresada escuche cómo le ha afectado su consumo a maridos, hijos, hermanos, esposas, madres…
– ¿Qué criterios puede emplear el equipo terapéutico para llevar a terapia a una persona de la familia en concreto?
– El hecho de que solo venga un miembro de la familia también atiende a la necesidad de dar pautas a esa persona específicamente. Porque cuando viene la familia completa, la intervención se lleva a cabo de otra forma: pasa a ser una terapia de grupo con cada persona adicta y su entorno, por separado, aislados de otras familias.
En este sentido, se puede decidir reunir al paciente con, por ejemplo, su padre, porque se detecta que este familiar tiene una actitud más permisiva, codependiente, y con su madre, que puede estar actuando de forma más dura, exigente. Ambos progenitores se reúnen en terapia con su hijo o hija, y se le ofrecen pautas generales, similares, de cómo actuar. Así, buscamos evitar líneas de tensión, discordancia, entre padre y madre respecto de la persona adicta.
Se intenta siempre que asista un familiar diferente. De esta forma es posible recopilar material terapéutico más rico y detectar patrones familiares e individuales que promueven el consumo.
Reglas y lineamientos
– ¿Existe un límite para que el familiar que asiste a terapia exprese lo que lleva dentro respecto a la persona adicta?
– Con educación y respeto se puede decir todo. Ahora bien, a una terapia se va a hablar de y desde uno mismo y de cómo le está afectando la realidad de la adicción de su familiar. En este sentido, la terapia abre un espacio donde escuchar a otros miembros de la familia. Y, a la persona adicta, aunque le duela y le cueste la experiencia, estos momentos le ayudan mucho.
Escuchar cómo afecta tu enfermedad a tu padre, a tu madre, a tu pareja te ayuda a tomar conciencia de enfermedad. Escuchar el daño que les hace tu consumo, que desaparezcas de casa durante días, los comportamientos agresivos, el hecho de que prometas una y otra vez que vas a dejar de consumir y lo sigas haciendo; tus constantes mentiras… implica comprender el dolor que provocan tus actos y esto puede hacerte reaccionar.
Lo que no está permitido en una terapia familiar, y siempre se explica al inicio del proceso, son:
- Los ataques personales
- Las acusaciones
- Y los señalamientos
Sí está permitido en una terapia familiar que cada miembro de la familia exprese sus sentimientos abiertamente:
- Cómo una madre se siente después de que su hijo le haya robado las joyas y las haya vendido;
- cómo le afecta a un hijo que su padre adicto le haya mentido;
- cómo le afecta a una pareja que la persona adicta diga que no volverá a consumir y que luego desaparezca tres días;
- cómo le afecta a una hermana que la persona adicta no se haga cargo de su cuidado personal, convivir con alguien que no se ducha, que no come, que no duerme y que, sin embargo, exige que le abran la puerta y se le atienda cada día…
A nivel terapéutico, el equipo profesional puede detectar patrones de codependencia y manipulación dentro de la familia. Éstos se evidencian, por ejemplo, cuando algún familiar minimiza la situación, tapa o justifica el comportamiento del adicto o la adicta. Y así es posible detectar la carencia de conciencia de enfermedad, la cual es un objetivo importante de las intervenciones.
El terapeuta y su rol– ¿Qué herramientas emplea el o la terapeuta para crear ese espacio de armonía?
– Ya sea de una terapia con diferentes familias o con una sola, es importante crear un clima de seriedad antes de cada sesión. Para conseguir ese clima, se requiere plantear una buena introducción, donde se expliquen claramente las pautas del proceso: qué cosas son validadas y favorables (expresar sentimientos) y cuáles se han de evitar (acusaciones, ataques personales, clima emocional elevado y señalamientos)
Pero después de exponer la teoría, durante la propia intervención es el profesional quien sopesa cómo gestionar las situaciones que puedan darse, desde su experiencia y su conocimiento. Y facilita, a través de preguntas, la palabra de cada familiar.
La familia funciona como un sistema, y, si un miembro está enfermo, los demás no pueden estar felices. Toda la familia participa en la enfermedad de la adicción, cada una a su manera, aportando su función.
Las preguntas sirven para reconducir el clima cuando éste se tensa. Pero no es la única técnica de la que se sirve el o la terapeuta. También puede promover el silencio; hacer paradas al salir… Y si con estas herramientas el clima de tensión perdura, puede decidir cortar la intervención y seguir en otro momento.
Dentro de una sesión de terapia familiar también se pueden producir catarsis. Por ejemplo, cuando un familiar rompe a llorar. Si esto ocurre, se facilita esta liberación, recordando que es un espacio protegido, donde esos sentimientos están validados y se recogen. Esa descarga, además de aliviar a la persona, también distiende a las demás integrantes de la familia. La familia funciona como un sistema, y, si un miembro está enfermo, los demás no pueden estar felices. Toda la familia participa en la enfermedad de la adicción, cada una a su manera, aportando su función.
¿De qué se habla y de qué no?De qué se habla en una terapia familiar
– ¿Hay cosas de las que no se puede hablar en la terapia familiar de adicciones?
– Todos los sentimientos personales son legítimos y auténticos. Por tanto, la terapia familiar ofrece ese espacio de seguridad, de armonía, para compartir lo que cada persona siente. Para tratar abiertamente cómo afecta al entorno el comportamiento de la persona con adicción, siempre desde la educación y el respeto. Y, en este sentido, cualquier emoción que uno quiera expresar es válida en un espacio seguro.
Es así, precisamente, porque existe un profesional delante que va a regular el nivel emocional, y bajarlo cuando sea alto. Este especialista también facilita silencios cuando la persona necesita tiempo para conectar con sus emociones y poder compartirlas. En caso de que surja llanto o enfado, promueve el espacio necesario para que se produzca. Y, cuando se da un ataque personal, se encarga de reconducir la situación.
Este tipo de intervenciones son necesarias porque con ellas la familia revisa y modifica patrones de comportamiento tóxicos que ocurren cotidianamente en el hogar: acusaciones, discusiones y confrontaciones. Si estos patrones se dan en terapia, el profesional reconduce la situación para que cada persona hable desde sí misma, en primera persona, de cómo se siente, y evite hacerlo en sentido acusatorio hacia otro integrante. Y aprenden a gestionar esos patrones.

La terapia es una herramienta fundamental en la recuperación
del adicto y de su entorno cercano. Infórmate.
– ¿Qué temas pueden tratarse en una terapia familiar?
– Si bien cada familia, cada persona, cada caso de adicción, son únicos, la estructura de la terapia es la misma para todas las intervenciones.
Primero, se realiza una valoración, tanto de la persona con adicción como de la familia. Es decir, analizamos en qué estado se encuentran ambas partes y detectamos los principales problemas a nivel familiar. Estos problemas se identifican con pruebas psicométricas [medir y cuantificar las variables psicológicas del psiquismo humano] y, sobre todo, por medio de entrevistas.
Para las entrevistas se llama al miembro de la familia que el paciente ha designado como persona de contacto. Y se le plantean preguntas con las que se valora el estado de la familia:
- Si los padres tienen conciencia de enfermedad
- cómo afecta a los hermanos
- si hay una pareja y participa en la unidad familiar
- hay padres más proactivos que otros
- la existencia de codependencia en algún miembro, que requiera una intervención concreta con esta persona.
Con toda esta información es posible obtener un patrón familiar. Y, desde ese esquema, se marcan líneas de intervención específicas.
Por ejemplo, en el caso de que exista un miembro familiar codependiente que justifique o minimice la enfermedad, se interviene para conseguir que ubique en la persona adicta la responsabilidad de su recuperación, que no se la quite. Y así buscamos eliminar la carga que aparece por la dependencia emocional hacia el paciente. Además, beneficia al resto de la familia, porque les ayuda a descargar sus tensiones.
La codependencia impide que el familiar adicto tome conciencia de la enfermedad. Porque la recuperación pasa por que él mismo se haga responsable del problema y de su tratamiento. La familia debe dar un paso atrás y la persona adicta enfocarse en su recuperación.
No todos los casos son iguales, y existen muchos difíciles, de familias muy desestructuradas o donde las posturas respecto a la enfermedad y la necesidad de tratamiento difieren entre familiares, entre hermanos y padres, entre parejas y madres… En fin, la terapia familiar requiere de tiempo y de hilar muy fino, las intervenciones son complejas.
Frecuencia y cantidad de sesiones
– ¿Con qué frecuencia se realizan las sesiones de terapia familiar?
– En un ingreso, al inicio se deja al paciente en “burbuja”: sin contacto con el mundo exterior. Durante la primera semana no puede recibir ni hacer llamadas. A partir de los primeros siete días, puede comunicarse con personas puntuales. Concretamente, dos llamadas de cinco minutos o una de diez minutos dos días a la semana al familiar que el paciente decida.
La familia puede acudir a la primera terapia, como mínimo, justo a las tres semanas, aunque pueden ser más. La frecuencia de las sesiones de terapia familiar suele ser cada 15 días.
¿Por qué 21 días al menos desde el ingreso? Porque la medida de “burbuja” permite que la persona pase la primera fase del tratamiento integral de adicciones: la desintoxicación. Esa desintoxicación también facilita cortar con los hábitos tóxicos de la familia: confrontación, discusiones o mentiras.
Durante este periodo solo se relaciona con otros compañeros o compañeras y el equipo terapéutico, durante las 24 horas. Y se evitan y tratan las dinámicas tóxicas, de mentiras y manipulaciones, que puedan darse. Se cambia la toxicidad por hábitos saludables. Paralelamente, ya intervenimos con la familia a nivel telefónico.
Desde que la persona ingresa, ya se empieza el trabajo de intervención familiar, porque determinadas familias no entienden estas medidas. Es decir, no comprenden que la persona no pueda llamar todos los días o que no tengan contacto con su familia cuando quieran. Y, por tanto, desde la primera semana se requiere una comunicación entre el equipo terapéutico y el miembro referente de la familia. En estas comunicaciones se explica la intervención de “burbuja”.
Cuando acuden por primera vez a terapia, ya se ha estado realizando una intervención con la familia: se le explica la metodología, por qué el familiar se encuentra aislado, se realizan entrevistas y se detectan patrones tóxicos.
– ¿Cuánto tiempo dura una sesión de terapia familiar?
– Suelen durar entre 2 horas y media y 3 horas. Es un tiempo suficiente como para expresar todo lo que supone para las familias la enfermedad de la adicción. Y para facilitar las descargas emocionales, si son necesarias. En este tiempo se realizan preguntas y reflexiones.
¿Quiénes asisten a la terapia familiar?Quiénes asisten a una terapia familiar
– ¿Puede ser conveniente evitar el ingreso a algún miembro de la familia?
– En algunos casos sí, porque la terapia familiar se hace siempre pensando en la recuperación de la persona adicta. Y cuando se detecta en un familiar una toxicidad alta, en cuanto a actitudes de codependencia, coadicción o falta de conciencia de enfermedad, se le impide que asista a terapia. Porque puede ir en contra de la recuperación de la persona
Un ejemplo: una madre que protege a su hijo, justificando su consumo con que se metían con él en el colegio, luego por sus malas amistades, más tarde por su falta de suerte en el trabajo… Esta es una situación muy frecuente: poner el foco fuera del propio paciente.
La tarea terapéutica consiste en cambiar ese relato e introducir la consciencia de enfermedad. Muchas personas han vivido esas situaciones traumáticas y, sin embargo, no han desarrollado una adicción. Porque no tiene que ver sólo con lo que te ocurre en la vida, sino con la combinación de otros factores, entre ellos biológicos, los cuales configuran una enfermedad mental que está reconocida por la OMS. Una enfermedad que no tiene cura, pero sí que tiene tratamiento.
En este tratamiento, uno de los pilares fundamentales del tratamiento es la responsabilidad de la persona adicta en relación con su recuperación. Y solo ella puede y debe asumirla. Pero si cuenta con un miembro que le justifica, le apoya en sus actitudes, muy probablemente desarrollará una ‘reserva de consumo’. Es decir, que sabe que, aunque recaiga en consumos o malas conductas, siempre tendrá a alguien que le ampare bajo cualquier excusa: “como mi madre siempre me comprende, siempre podré recaer”.
¿Qué se hace en esos casos? También se pone al familiar en una burbuja. Y se trabaja con ambos en paralelo, por separado. Con la madre, para que comprenda que su hijo debe tomar las riendas de su vida, sin su ayuda, porque ella no es tan necesaria en su recuperación. Y con el paciente, para que evite justificar su comportamiento en esa relación tóxica con su madre.
Estas medidas, por supuesto, son temporales, y se intenta que no se prolonguen mucho. Con ellas se ven grandes avances por parte de ambos miembros de la familia. Pero suelen ser medidas duras que cuesta ser aceptadas.
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– ¿Por qué hay terapias en las que se recomienda a la persona adicta asistir, pero no hablar?
– El objetivo de esta técnica es desarrollar el mecanismo de escucha en ella. La persona adicta tiene una centralidad muy intensa: la adicción es una enfermedad que lleva a desarrollar actitudes muy egocéntricas, porque todo gira en torno a los deseos de consumo. Ante cada frase de un padre, madre, pareja, en terapia, la tendencia de la persona adicta será debatir, enfadarse, justificarse, minimizar…
El hecho de que asista a la terapia con las familias sin posibilidad de intervenir, permite que desarrolle esa actitud de escucha activa y que sean capaces de mirar con otros ojos a su familia. Una mirada no interferida por el consumo, por un lado, y, por otro, que se realiza en un espacio protegido donde la familia puede expresarse abiertamente.
A nivel terapéutico, estos momentos suelen ser reveladores y de mucha intensidad. Porque la persona adicta no había escuchado, de verdad, a su padre, madre, hermana, pareja, hijos expresar cómo les estaba afectado su enfermedad. No los había podido escuchar porque estaba en activo, bajo los efectos del consumo. Y, en ese estado, lo único que surgen son los patrones tóxicos de prepotencia, de irritabilidad…
La terapia de familia es un espacio protegido donde el familiar puede liberar una descarga emocional de años de tensión. Al tiempo que el paciente lo está observando y puede conectar con ese dolor y hacerse cargo de una manera más profunda de sus actos.
Y llama realmente la atención ver cómo le impacta a la persona adicta observar el dolor de su madre y verle llorar por las mentiras que le ha dicho. O a su pareja expresar que fue un “alivio” que la persona adicta desapareciera de casa tres días, pues supuso un descanso de sus actitudes tóxicas. Escuchar esto les lleva a tomar consciencia de enfermedad.
ObjetivosPara qué sirve que la familia de la persona adicta asista a terapia
– Entonces, la escucha activa es uno de los objetivos de la terapia familiar, ¿correcto?
– Sí. La terapia familiar tiene tres objetivos:
- La escucha activa.
- La toma de conciencia de enfermedad.
- La proacción.
La proacción se relaciona con que cada persona se haga cargo de su vida. Hay pacientes que se apoyan completamente en su familia: tienen su casa o trabajo como lugar de consumo, pero también como refugio. Y cuando esto se rompe, en el corto o medio plazo, el paciente comprende que debe dejar de ser tan dependiente de su familia.
Se le dice, por ejemplo, que debe dejar de trabajar en el negocio familiar y que tiene que buscar sus propios recursos, pues este era un espacio de consumo y refugio. Si vuelve allí, por asociación de estímulos, la persona puede recaer.
En terapia se trabaja ese proceso de “individuación” para que se responsabilice de su propia existencia. La persona adicta tiene relaciones codependientes con sus familiares porque no se ha hecho cargo de sí misma. Cuando una persona llega al ingreso, su vida está destrozada: la relación familiar, el entorno profesional y social son caóticos.
La terapia familiar busca retirar escombros y empezar a reconstruir. Por tanto, los primeros objetivos consisten en conseguir que el paciente aprenda a escuchar. Y que logre empatizar, es decir, ponerse del lado de la otra persona. Reconocer que sus familiares tienen derecho de construir su propia vida, independiente de la suya. Para ello, la terapia le aporta mecanismos individuales de crecimiento personal, para tener un futuro individual.

– Y por su parte, se intenta que la familia le suelte la mano…
– Claro, a la vez, se trabaja con la familia para que suelten al paciente. Es decir, que le permita crecer y que evite sobreprotegerle. La codependencia tiene mucha relación con la sobreprotección de la persona adicta. Y, a su vez, con un sentido personal de autojustificación de la existencia por parte del familiar codependiente.
En otras palabras: para una madre codependiente, cuidar de su hijo adicto le da sentido a su vida. Cuando, en realidad, el sentido de la vida de esa madre debería ser su propia existencia. Por tanto, hay que trabajar en dos planos, combinando una mirada panorámica, de futuro familiar, y otra focalizada en el problema del presente: la adicción.
– ¿Es, por tanto, la conciencia de enfermedad el objetivo final?
– Sin duda. El objetivo final es que tanto paciente como familia tengan conciencia de la enfermedad de la adicción. Esto implica, por una parte, que el paciente se haga responsable de su recuperación. Y, por otra, que la familia apoye y anime a la persona, pero sin que su vida gire en torno a ella, sino que cada miembro tenga como prioridad su propio proyecto personal, su espacio de libertad. En la adicción todo gira en torno al adicto y estos espacios se pierden.
Sugerencias a familiaresSugerencias a familias de adictos/as que quieran asistir a terapia
– ¿Qué recomendaciones ofrece a la familia para que las sesiones de terapia familiar sean lo más efectivas posible?
– Una de las cosas que ocurre con frecuencia en la terapia familiar es que muchos miembros del entorno de la persona adicta pretenden dirigir el tratamiento. Incluso te llaman y te dicen qué hacer. Evidentemente, esto responde a que la familia como sistema también está enferma.
Al igual que cuando se detecta un cáncer, no se da órdenes al oncólogo sobre la medicación o la cantidad de sesiones de quimioterapia, la familia debe confiar en el equipo terapéutico. Estos profesionales llevan tiempo interviniendo y saben cómo dirigir las situaciones que se presentan. La recomendación es, sencillamente, que les dejen trabajar.
– ¿Qué diría a las familias que tienen dudas sobre la efectividad de una terapia familiar?
– Les invito a venir a una primera intervención. ¿Qué pueden perder? Por lo menos probarla una vez y ver qué les pasa. Valorar sin antes haber probado implica dejar muchos matices a medias, guiarse por lo que les cuentan antes que por la propia experiencia.
Todos los familiares que tienen pacientes en ingreso, en fase de pisos o incluso en centros del día o ambulatorios, convienen que participen en la terapia familiar. Primero, por ellos mismos. Segundo, porque si comprenden la enfermedad, si mejoran los patrones más perjudiciales de sus/las relaciones, ayudarán a su familiar con adicción a salir de dicha enfermedad.
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4 comentarios
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Otoniel Ricardo Vanegas C 06 Oct • 17:39Excelente material, felicitaciones.
Vivo en Colombia y durante 30 años he trabajado en procesos de restauración con personas adictas, no tengo títulos ni certificaciones como orientador o terapeuta, pero mi función se ha desarrollado en mi experiencia de fe cristiana como pastor de una congregación.
He acompañado como apoyo algunos lugares... Leer másExcelente material, felicitaciones.
Vivo en Colombia y durante 30 años he trabajado en procesos de restauración con personas adictas, no tengo títulos ni certificaciones como orientador o terapeuta, pero mi función se ha desarrollado en mi experiencia de fe cristiana como pastor de una congregación.
He acompañado como apoyo algunos lugares de restauración, donde nunca se ha visto un trabajo de familia.
Ahora me interesa comenzar a promover la necesidad de implementar el trabajo desde lo sanador o terapéutico con familias que ignoran completamente esta intervención como parte vital para el sostenimiento futuro de un miembro de su familia que se retira o termina su estancia en hogares de rehabilitación. Leer menos -
Joaquina Martín de 24 Jul • 19:01
Muy buen trabajo. Claro, explicativo y ajustándose a la cruda realidad de todos, ta to familiares como enfermos.
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