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FAMILIA Y ADICCIÓN

¿Qué hacer cuando un padre es alcohólico o una madre alcohólica?

Tips de uno de los mayores expertos en alcoholismo de España.

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madre o padre alcohólico

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El primer paso que puede dar la familia (parejas e hijos) frente a un padre o madre alcohólico es romper la triple dinámica del silencio: no hablar del tema; no quejarse en casa, incluso frente a quien sufre la dependencia; no hablarlo con nadie fuera del entorno familiar. Es decir, lo peor que se puede hacer cuando un progenitor o progenitora tiene un problema de adicción con el alcohol es callarse, ocultarlo, sucumbir a la vergüenza, hacer como si no pasara nada.

Por el contrario, cuando un padre o madre sufre alcoholismo, del grado que sea, lo que debemos hacer es intentar hablar con ellos, quejarnos las veces que sea necesario para que conozcan y comprendan nuestro malestar, y comunicar el problema fuera del hogar: a otros familiares, amistades, incluso a docentes del colegio o institutos, para que intenten tendernos una mano. Pedir ayuda, que le dicen.

El mero hecho de comunicar el problema (que de ‘mero’ no tiene nada) ya conforma un alivio para nuestro fuero interno y abre la puerta a conseguir ayuda. Y lo más importante: no estamos, bajo ningún respecto, delatando a nuestros progenitores, traicionándoles, sino buscando ayuda para que salgan de una dependencia que destrozará sus vidas y a la familia. 

Esto es lo que se desprende, a grandes rasgos, de la entrevista que el Centro de Información de Adicciones (CIA) de Adictalia mantuvo con uno de los mayores experto en alcoholismo de España, el psiquiatra Gabriel Rubio Valladolid, jefe del servicio de Psiquiatría en el Hospital Universitario 12 de Octubre, en Madrid.

Autor de diversos libros y guías relacionados con el alcoholismo y su tratamiento, Rubio Valladolid publicó en 2024 El laberinto de cristal (Plataforma editorial, 2024). Allí habla, entre otros aspectos, de cómo la adicción al alcohol afecta al entorno familiar, cómo tratar el tema con adolescentes, cómo ayudar en la recuperación, cómo romper el estigma sobre la enfermedad. 

Y es que hablar abiertamente de adicciones y de que se sufre el problema en casa, en un padre o una madre, implica en toda regla sobreponerse al estigma que recae sobre esta enfermedad. Algo que es posible si se logra comprender que se trata de una patología como otra cualquiera: una diabetes, una hipertensión, un cáncer. Ninguna persona adicta quiere ser adicta, como ninguna diabética elige serlo.

Señales de adicción

Señales de un progenitor con dependencia del alcohol

– ¿Cómo identificamos que nuestro padre o nuestra madre tiene un problema real con el alcohol, si no es el caso de que llegan a casa bebidos? 

– Hay varios factores que nos ayudan a detectar que nuestro familiar, en este caso nuestro padre o madre, tiene problemas con el alcohol, aunque no consuma todos los días. 

  1. El día que beben lo hace de forma muy rápida. Es decir, observamos que nuestro padre o nuestra madre se acaba la caña en un par de tragos o beben el vino con rapidez y acaban la copa o la caña antes que el resto. Las personas con adicción al alcohol beben con ansiedad. 
  1. Otro aspecto son los cambios en el comportamiento. Tras la segunda caña o copa de vino vemos que su conducta cambia y la persona se muestra más desinhibida, hace más bromas, está más eufórica, se irrita o molesta cuando le llevas la contraria en algo… Como si algo en su cabeza hubiese cambiado (y lo cierto es que lo ha hecho). El alcohol ha llegado al cerebro y la persona está más centrada en buscar los efectos de la sustancia. 

Por tanto, para saber si nuestro padre o nuestra madre tienen problemas con el alcohol, aunque no beba todos los días, debemos prestar atención a:

  • Cómo beben: si es un ritual concreto que se repite, aunque no sea todos los días.
  • Con qué frecuencia realizan los tragos cuando bebe. 
  • Si se acaban la copa o la caña, el ritmo
  • Si esconden la bebida.
  • Si nos tachan de exagerados cuando le llamamos la atención sobre su forma de beber, se enfadan.  
  • Si están más pendientes de que el camarero les traiga su siguiente copa que de la conversación. (Atención o interés dirigida al consumo)
  • Si cambian su comportamiento y el carácter cuando beben.
  • Si muestran irritabilidad frente a las opiniones diferentes.
  • Si presentan blackouts o alteraciones de memoria de un día para el otro, en que no recuerdan lo que se les dijo el día anterior.
  • Si empiezan a mostrar problemas físicos, como aumento de transaminasas hepáticas.
  • Si cometen imprudencias, como coger el coche bajo los efectos del alcohol, y sufre consecuencias (multas y retirada de carnet).
  • Si afrontan problemas laborales. Por ejemplo, bebe los fines de semana y el lunes por la mañana le cuesta ir a trabajar o se ausenta.

Cuando el alcoholismo está presente en una familia afecta a todos los miembros: la pareja establece un patrón de codependencia y los hijos adoptan roles que no les corresponde por su edad.

– ¿Y dentro del hogar, a qué señales debemos prestar atención?

– Existen determinados horarios en los que el padre o la madre con problemas de alcohol suelen beber. Imaginemos que salen de trabajar a las 18 o 19h y lo primero que hacen al llegar es servirse una cerveza o un vino. 

Este hábito lo emplea la persona con problemas con el alcohol como excusa para relajarse, descansar o desconectar. Pero en el fondo este ritual lo realiza para calmar las horas, incluso días, que ha pasado sin consumir. Además, en esos momentos o días el consumo es notorio. Por ejemplo, si es de fin de semana, no se toma una cerveza porque está merendando el viernes por la tarde, sino que inicia el viernes y encadena una tras otra. Y cuando se le llama la atención con un “Oye, cariño, llevas tres cervezas, ya”, la persona se enfada

Hay un cambio de humor. La intimidad del hogar facilita que el carácter se transforme rápidamente, en el sentido de que se molestan si les das un toque de atención. Incluso esconden la bebida para que el hijo, la hija, el marido o la mujer no se percaten de que está bebiendo.

– ¿Qué cambios cognitivos podemos notar en un padre o madre con alcoholismo?

– Otras señales que aparecen en personas que llevan años de consumo de alcohol aunque no beban a diario, son los blackouts, o fallos de memoria. Se trata de situaciones donde no recuerdan lo que les comentó su hijo, hija, marido o mujer el día anterior. Por ejemplo: 

  • Oye, mamá, ¿te acuerdas de lo que te dije ayer?
  • No, hijo, ¿qué me dijiste ayer?
  • Sí, hombre, lo que te comenté de…

Conoce historias reales de personas que han superado la adicción

Impacto en la crianza

El alcoholismo en la crianza

– ¿Cómo afecta el alcoholismo de un padre o madre en los menores de la casa?

– Imaginemos una hija de 12 años. En este contexto familiar, la niña llega a casa con ganas de comentarle a su madre que ha discutido con una amiga. Pero se va a encontrar con la excusa de su madre: “Luego me lo cuentas que estoy muy ocupada (controlando)”. Entonces la niña va al padre y éste, pendiente de la bebida, la manda de vuelta a la madre. El soporte emocional de esta niña es inexistente, con un padre dependiente del alcohol y una madre codependiente.

Y si esta niña es la mayor de sus hermanos, a esta negligencia emocional que sufre se suma el hecho de que intenta suplir las funciones que sus progenitores eluden. Por ejemplo, darle la merienda, charlar o ayudarles con los deberes. Realiza tareas que le corresponden a los adultos de la casa. Y frente a la desatención, sus hermanos y hermanas en muchas ocasiones se meten en la habitación como si no existiesen, para evitar problemas. O adoptan actitudes rebeldes.

Hay cuatro veces más riesgo de desarrollar dependencia al alcohol si creces en una familia donde el padre o la madre son dependientes.

Cuando el alcoholismo está presente en una familia afecta a todos los miembros: la pareja establece un patrón de codependencia y los hijos adoptan roles que no les corresponde por su edad. Estos patrones de conducta adaptativos, mantenidos en el tiempo, afectan la infancia, la adolescencia y la edad adulta de una persona. En menores esto se traduce en un trastorno por estrés postraumático complejo.

Y a corto plazo, ¿cómo afecta el alcoholismo de padres a los hijos o hijas?

– A corto plazo, los padres y madres con alcoholismo pueden protagonizar malos tratos psicológicos e incluso físicos hacia sus hijos. Por ejemplo, ejercen negligencia emocional o les insultan porque han sacado malas notas o les castigan y les pegan. En ocasiones, también se registran episodios de abuso sexual de los padres hacia sus hijas.

¿Es hereditaria la adicción?

Vulnerables sí, pero genéticamente condicionados, no

– ¿La enfermedad del alcoholismo es hereditaria si tengo un padre o madre alcohólicos?

– Quien me vea se percatará de que soy calvo. Mi padre era calvo y mis abuelos también. Y yo habría sido calvo en Valencia, en Pekín, en Washington o en Irán. La tendencia habitual es creer que tener padre, madre y abuelos paternos y maternos dependientes al alcohol es un caldo de cultivo para desarrollar dependencia a esta sustancia. Sin embargo, si hubiese nacido con estos antecedentes en un país donde no hay alcohol, no habría desarrollado la enfermedad del alcoholismo. 

Es decir, debe quedar claro que no se transmiten los genes de la dependencia, sino los factores de vulnerabilidad. Entre ellos, uno muy significativo es la impulsividad. En un contexto donde no hay alcohol, igual eres impulsivo y puedes llegar a ser campeón de Fórmula 1 por esa característica. Sin embargo, en un entorno donde se prioriza el consumo de alcohol por parte de la familia y se fomenta desde la publicidad, el riesgo de dependencia a esta sustancia aumenta.

– Entonces, ¿es más o menos probable que desarrolle adicción al alcohol si mi padre o madre son alcohólicos en España?

– Sí, hay más riesgo de que un hijo desarrolle dependencia al alcohol cuando la sustancia está presente en la familia. Concretamente, el riesgo en esos menores se multiplica por cuatro si lo comparamos con la población en general

¿A qué se debe este riesgo? A que puede heredar los factores de vulnerabilidad:

  • Impulsividad
  • Patologías como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, transmisibles, que aparece en el 20% de las personas con dependencia al alcohol 
  • Exposición a experiencias traumáticas tempranas adversas, propias de una familia donde el padre y la madre tienen dependencia por el alcohol: negligencia emocional, malos tratos psicológicos, insultos, malos tratos físicos…

Estas experiencias adversas tienen impacto en el desarrollo cerebral del niño o la niña. En concreto, su corteza prefrontal tendrá menos capacidad para inhibir determinados impulsos relacionados con la parte instintiva que lleva a consumir. Esto es un factor de riesgo: propicia el inicio del consumo temprano en un ambiente donde el acceso a la sustancia es más fácil.  

En resumen, hay cuatro veces más riesgo de desarrollar dependencia al alcohol si creces en una familia donde el padre o la madre son dependientes, porque: 

  1. Una persona que crece en una familia con consumos activos de alcohol puede heredar aspectos psicológicos que la hacen más vulnerable
  2. Esa convivencia las expone a experiencias tempranas adversas que repercute en su desarrollo cerebral. 
  3. El riesgo se potencia si además vivimos en un contexto con publicidad que premia el consumo.  

– Entonces, hablar de factores genéticos del alcoholismo es reduccionista, incluso poco acertado…

– La gente ha leído que el alcoholismo se transmite en familias. Pero lo cierto es que los motivos biológicos de esta transmisión son los que acabamos de comentar: el rasgo de impulsividad. Y la otra parte de la transmisión tiene que ver con lo que he aprendido de mi familia, las experiencias traumáticas, y lo que ofrece la sociedad en cuanto a la promoción del alcohol. 

Cómo ayudar a un padre o madre con alcoholismo

Ayudar al padre o madre alcohólico

– ¿Cómo puede ayudar un hijo o una hija a su padre o madre con problemas con el alcohol?

– Antes que nada, hay que comprender que en una familia donde uno de los progenitores presenta dependencia del alcohol se suelen cumplir tres actitudes: 

  • De esto no se habla. 
  • No nos podemos quejar.
  • No lo hablamos con nadie, porque nadie es de fiar. 

Por tanto, todo esto hay que romperlo. La forma de actuar cuando un padre o madre sufren alcoholismo es:

  1. Hablar. Primero con el progenitor que no sufra dependencia al alcohol, sea la madre o el padre. Después con los hermanos: el alcoholismo de un progenitor es algo muy grave y se deben tomar cartas en el asunto. 
  2. Hay que aprender a quejarse de la situación en sentido positivo. “Oye, papá, esto es lamentable” o “Mamá, lo paso mal cuando llego a casa. No me gusta que estés bebida porque me siento desbordada. No sabes lo mal que estoy”. Es decir: tenemos que comunicar a nuestros progenitores, tanto al que tiene el problema como a la pareja, que lo estamos pasando mal. Muchas veces no son conscientes del problema, no lo quieren ver. Se observa cuando llegan a consulta diciendo que en casa está todo bien. 
  3. Tenemos que hablar con otras personas de la familia. La idea de “no se lo cuentes a nadie porque no te van a entender” hay que romperla. Hay que contarlo, porque viene bien hablarlo con una amiga, un tío, una abuela… Independientemente de si después lo entienden.
  4. También podemos hablarlo con profesores de nuestro colegio.
  5. Hay que pedir ayuda profesional. 

– ¿Qué pasa cuando ambos progenitores son alcohólicos? ¿Cómo deben actuar los hijos?

– En este caso, los hijos pueden recurrir a otros miembros de la familia, como tíos/as o abuelos/as para pedir ayuda. Está en juego no solo la vida del padre y la madre dependientes, sino también el presente y futuro emocional de los hijos. Todo lo que están aguantando en esa etapa de desarrollo tendrá secuelas en el corto, medio y largo plazo

Si los familiares toman cartas en el asunto, pueden facilitar, a través de los servicios médicos, el ingreso del padre, la madre o de ambos. Sin duda la peor opción es callarse y hacer como que no pasa nada.

El alcoholismo se puede superar, con la ayuda adecuada.

Cómo manejar la situación

Qué hacer y qué no con un padre o madre con alcoholismo

– ¿Qué pautas sugeriría para comunicarse con un padre o una madre alcohólico/a?

– La primera reacción de un padre o una madre al que le dices que tiene un problema con el alcohol y que está afectado a la familia, será negarlo. “Hija, yo no soy alcohólico: últimamente tengo problemas en el trabajo”. Siempre intentan explicar por qué están bebiendo más. Poder hablar con la familia es una buena estrategia. 

También podemos acudir al colegio para pedirle ayuda al equipo docente, explicándoles qué está pasando en casa, por qué vengo cansado/a todas las mañanas, por qué no rindo como antes… De esta forma, nuestro profesor nos puede ayudar a través de servicios sociales. Aunque te dé vergüenza y sientas que estás denunciando a tus padres, en realidad estás pidiendo ayuda para ellos. 

En ocasiones, el profesorado se da cuenta y pregunta si pasa algo en casa. La reacción del adolescente entonces suele ser negarlo. Una posición madura es afirmar el problema. “Sí que hay problema, profesora, si quiere cuando termine la clase me recibe y se lo cuento todo”. Pedir ayuda a nuestros maestros también es una buena estrategia

– ¿Y qué sugieres evitar cuando un padre o una madre sufre alcoholismo?

– Lo que no hay que hacer es pasar del problema por completo, mirar hacia otro lado y decir: “esto es un problema de adultos y a mí como hijo, como hija, mayor, mediano o menor no me compete decir nada”. Debemos romper las tres reglas de oro que rigen la dinámica familiar donde el padre o la madre sufren una adicción al alcohol: De esto no se habla; de esto no se queja uno; no se puede confiar en nadie del exterior. Si seguimos esas directrices vamos a mantener y empeorar la situación. 

– ¿Qué puede hacer la familia si el progenitor se niega a recibir ayuda profesional?

– La familia puede hacer muchas cosas. Por ejemplo, imaginemos una familia donde la persona con dependencia al alcohol es el padre y no quiere la ayuda de nadie. Han ido a una asociación de ex alcohólicos donde les han dicho que esta situación representa un problema. Se lo comunicaron al padre: “Hemos hablado con esta asociación y nos han recomendado que pidieses ayuda”. La respuesta es: “No, no quiero pedir ayuda a nadie”. La pareja le deja el folleto y le informa que pedirá hora en el médico de cabecera. Pero él sigue negándose. 

Llega un momento en que, como pareja, tú has hecho lo que tenías que hacer. Ahora hay que pasar al siguiente nivel. Entonces la pareja le dice: “Como para ti es más importante el alcohol que la familia y crees que esto es una pensión, nosotros nos vamos a comportar contigo como si fueses una persona que vive en una pensión”. Y es aquí donde se aplican los límites

  • No le lavas la ropa.
  • No le haces la comida.
  • No dejas que esté en casa como si fuese en una pensión. 
  • No le das dinero.
  • La familia también puede hablar con otros miembros que no sean del núcleo familiar: con la madre o el padre, con amistades, con un médico… 

La persona te dirá al principio que le da igual. Pero le dará igual hasta que vea que no quedan calzoncillos, hasta que no tenga el plato en la mesa, etcétera. 

En lugar de echar de casa a la persona, que es uno de los consejos que dan muchas asociaciones, la familia puede aplicar estos límites. Porque muchas veces no es tan fácil poner la maleta en la puerta. Y a menudo basta con poner límites para hacer la vida de la persona alcohólica más difícil y que tenga que elegir. En el fondo, esta persona se da cuenta de que su familia no le odia, sino que le quiere, pero le quiere sobrio. Entonces, al final, es probable que elija la familia. 

Otro caso diferente es si hay malos tratos. Aquí no se ponen las maletas en la puerta, sino que se pone una denuncia

– Esto es lo que en Adictalia llamamos “Amor duro”.

– Sí, amor responsable, amor duro, es un buen término. “Te queremos, pero te queremos sobrio”.

– ¿Qué características inciden en que los progenitores estén más o menos predispuestos a recibir ayuda?

— El hecho de que un progenitor esté predispuesto a aceptar ayuda, dependerá de la capacidad que tenga la familia para mantenerse unida como bloque, hacerle ver que el problema es muy serio, que hay amor duro, que le quieren y que están allí para ayudarle. Si eso se da, todas las personas aceptan, al menos al principio, la ayuda. 

Pero si hay resquicios, como que su pareja no esté segura o que recibe apoyo de un hijo, estamos dejando hueco para que el alcohol permanezca en primer lugar y la persona con adicción priorice el consumo ante todo. Cuantos más resquicios, peor.

Es cierto que las personas con perfiles sociopáticos, egoístas, narcisistas, que creen que todo lo hacen bien, que están por encima de los demás, es muy difícil que acepten la ayuda. Sin embargo, afortunadamente, es poco frecuente que este tipo de personas presenten adicción al alcohol. Por tanto, salvando esas características de personalidad, si la familia se presenta como un bloque unido, la persona adicta pide ayuda.

Alcoholismo en la pareja

Cómo afecta el alcoholismo a la pareja

– ¿Cómo afecta a nivel sexual el alcoholismo en nuestros progenitores?

– Otro aspecto donde se ven indicios del problema del alcoholismo es en las relaciones sexuales. Por ejemplo, la pareja de la persona alcohólica es consciente de que sus relaciones sexuales han cambiado con el tiempo, porque la persona con alcoholismo se siente incapaz de tener relaciones sexuales sin haber bebido. La otra persona es consciente de que no es normal tener que recurrir a la sustancia para mantener relaciones. 

Aparecen además los problemas físicos. Aunque el consumo no sea diario, el alcohol debe ser metabolizado por el hígado y afecta al cerebro. La persona empieza a sentirse cansada por las mañanas. Al efectuarle una analítica, descubrimos que las famosas transaminasas hepáticas están elevadas

– ¿Cómo afecta el alcoholismo en la familia en general?

– Está claro que no es lo mismo tener un padre o una madre con un alcoholismo activo cuando tienes 30 años que cuando tienes entre cuatro y seis años. Cuando en una familia el padre o la madre tiene dependencia al alcohol y hay hijos pequeños, sean críos o adolescentes, el alcoholismo genera una serie de cambios de conducta en todos los miembros de la familia. 

El primer cambio se observa en la pareja. Imaginemos a una madre de familia con hijos y un marido con dependencia al alcohol. Cuando se da cuenta de que el consumo de alcohol está generando problemas, le da un toque de atención al hombre. Y a partir de aquí suele desarrollar un patrón de conducta caracterizado por la vigilancia y el control: “A ver si hoy bebe” o “a ver si hoy no bebe”. Entonces, empieza a marcarlo de cerca para que no consuma alcohol. 

El problema es que esta actitud da resultados durante una temporada. La persona con alcoholismo sabe, sea el padre o la madre, que su pareja estará muy pendiente. Entonces reduce la dosis: en vez de tres cervezas, se bebe solo una, a escondidas y antes de llegar a casa. Por tanto, la otra persona cree que, gracias a su hipervigilancia y control, está consiguiendo que beba menos. 

Este ajuste de ingesta de alcohol puede durar semanas o meses y refuerza el patrón de conducta en la pareja que controla. “Mi marido (o mi esposa) bebe menos gracias a que estoy vigilante”, piensa. Pero ese patrón de conducta se viene abajo cuando se da cuenta de que la otra persona está bebiendo lo mismo o más. Entonces, en lugar de responsabilizarla, se reprocha a sí misma. “Mi marido bebe más por mi culpa, porque he bajado la presión, controlo menos”. 

Como consecuencia, incrementa el nivel de alerta y vuelve a conseguir el objetivo inicial, mientras que la persona alcohólica disimula o esconde más. Así es como, si esa dinámica se mantiene, y no se pide ayuda profesional, surge la codependencia. Es decir, el patrón fundamental no pasa por cómo están emocionalmente tus hijos ni uno mismo, sino controlar [obsesivamente] que tu pareja no beba

Qué hacer ante maltratos de un padre o madre

Malos tratos por parte de padres y madre alcohólicos

– ¿Qué herramientas tienen los hijos menores frente a los malos tratos de progenitores alcohólicos?

– Tiene pocas herramientas, lamentablemente. Es obvio que a ningún menor le gusta ser maltratado. Pero la familia es al cabo su sustento emocional, material y vital. La persona menor puede ser crítica con los malos tratos, pero otra cosa es tener la capacidad para hablar de la situación con tu hermana mayor y convencer a otro miembro de la familia. 

Esos malos tratos salen a la luz cuando el niño o niña acude a urgencias y el médico encuentra lesiones que no encajan. O cuando su profe se percata de que llega con golpes, llora más de lo normal, está raro… 

Depositar en manos de un menor esa responsabilidad sería muy poco juicioso por parte de los adultos. Somos nosotros quienes debemos estar pendientes en espacios como el colegio, vecindario o la familia de los signos que presentan. Solo así podremos hablarles, ayudarles, que salte la voz de alerta y poner orden. 

– ¿Qué rol tiene la escuela o los centros educativos en detectar y actuar  frente a esta situación dentro de la dinámica familiar? 

– La persona menor o adolescente negará a la primera la situación familiar cuando se le pregunte. Pero se abrirá a contar lo que pasa cuando vea la intención de ayuda que hay detrás. Es muy importante que el docente, con la colaboración del menor, intenten pedir una tutoría con los padres y dejar caer que su hijo o hija está triste. Comunicar que sabes que pasa algo en casa, que te gustaría hablar porque quieres ayudar, que esto está teniendo repercusiones psicológicas y académicas en el menor… 

Aunque es triste, en algunos casos no queda más remedio que hablar con Servicios Sociales. Porque hay una persona menor víctima de una situación familiar complicada y, como adulto, como docente, te has dado cuenta de ello. Como sociedad tenemos la obligación de poner en conocimiento de la situación a Servicios Sociales.

– ¿Qué pueden y deben hacer los vecinos?

– Los vecinos más próximos también tienen responsabilidad. Es fácil mirar para otro lado y callarse cuando hay gritos, voces y golpes. Pero como ciudadanos tenemos la obligación de tocar a la puerta, para tender una mano y hablar, cuando no esté el familiar alcohólico que los propicia. Más aún cuando hay mujeres maltratadas o menores en situación de vulnerabilidad. Tenemos la obligación de contactar con Servicios Sociales del distrito o el Ayuntamiento. 

Diferencias en el alcoholismo de padre y madre

Las vergonzosas diferencias de ser padre o madre alcohólico

– ¿El impacto del alcohol es diferente para hombres y mujeres?

– Sí. La mujer es más sensible a los efectos tóxicos del alcohol. Consumiendo la misma cantidad de alcohol que un hombre, los efectos que la sustancia produce en su cuerpo, en su cerebro, son más graves. Esto se debe a que su organismo (su sistema nervioso central) es más sensible. Por tanto, si una chica y un chico empiezan a beber alcohol, es más probable que la primera termine desarrollando antes alcoholismo.

– ¿Afecta de la misma manera que el alcoholismo lo desarrolle la madre o el padre?

– No. Es distinto. No es lo mismo que la madre sufra alcoholismo a que lo sufra el padre. En nuestra sociedad, por los roles asignados a cada género, la mujer tiene un papel más protagonista en la crianza de los hijos. Además, que una madre, y la mujer en general, sufra alcoholismo, está incluso mal visto, estigmatizado
Esto influye en que hijos o hijas reaccionen de forma más tolerante frente al alcoholismo paterno que materno. Cuando en una casa quien tiene la dependencia al alcohol es el padre, los hijos no tendrán inconveniente en traer a sus amigos a casa. Sin embargo, cuando es la madre quien sufre el problema, evitarán invitar a alguien, porque les dará vergüenza de que se encuentren a su madre bajo los efectos del alcohol. Por tanto, la agresividad de la familia es mucho más grande cuando el alcoholismo es materno que paterno.

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