Nuevas tecnologías y adicción
Oversharing: cuando el poder del like se convierte en una “peligrosa” fuente de autoestima
La exposición constante a redes sociales puede generar adicción, sobre todo en adolescentes y menores
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“El oversharing es la necesidad constante de compartir detalles de nuestra vida, a menudo innecesarios y superfluos, con el deseo de buscar la aprobación social constante. Es decir, el like o el comentario que refuerza lo que estás haciendo, lo que eres…”, explica al CIA de Adictalia la doctora en psicología Ruth Pilar Castillo Gualda.
Esta experta en inteligencia emocional y desarrollo infanto-juvenil es co-autora del estudio ‘Oversharing: Adictos a compartirlo todo. Consecuencias psicológicas de la adicción a las redes sociales en España’, elaborado por el Seguro de Salud de Línea Directa. Para ello se evaluaron los resultados de 1.700 encuestas realizadas a integrantes de la Generación Z (16-30 años) en toda España.
El problema del oversharing, sobre todo a edades tempranas, cuando el cerebro está en formación, es que abre el camino a la adicción a estas plataformas. Algunos de los datos del informe son inexcusables:
- La adicción a las redes sociales se relaciona con el 55 por ciento de los síntomas de ansiedad, el 52 por ciento de los de depresión y el 48 por ciento de los comportamientos agresivos con otras personas.
- La generación Z usa alrededor de 7 horas diarias las pantallas, de las cuales 4 las dedica a redes sociales.
- Más del 40 por ciento acude a las redes sociales como una forma de gestión emocional: para aliviar sentimientos desagradables.
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Impacto de la sobreexposición en el cerebro
– ¿Por qué las personas adolescentes sienten “especialmente” necesidad de aprobación?
– El periodo de la adolescencia es particularmente complejo. En esta fase, fundamentalmente a partir de los 11-12 años, empezamos a desarrollar nuestra propia identidad: nos desvinculamos de las figuras de referencia (los padres y madres) y buscamos nuestros propios intereses, elegimos qué cosas nos gustan, con qué cosas nos identificamos… Con todo ello desarrollamos, no solo lo que somos, sino lo que queremos llegar a ser.
La adolescencia es un periodo vital en el que dependemos mucho del refuerzo social, de nuestras amistades. Estas se convierten en lo más importante para nosotros. También dependemos de la imagen que proyectamos de nosotros mismos. En este sentido, las redes sociales, y en particular el oversharing, pueden tener un efecto no tan beneficioso.
¿Por qué? Porque, a veces, nos volvemos adictos y adictas a la aprobación social continua que nos proporcionan las redes sociales. Y no sólo eso, sino que sentimos la presión de igualar la perfección que vemos en las publicaciones. Entonces, las redes sociales se convierten en un escenario donde únicamente se comparte lo «maravilloso», lo «bonito» y lo «perfecta» que es nuestra vida.
Las redes sociales se convierten en un escenario donde únicamente se comparte lo «maravilloso», lo «bonito» y lo «perfecta» que es nuestra vida
Eso, en una mente en desarrollo que no distingue bien lo real de lo impostado, puede suponer un problema. Porque nos puede obligar a usar filtros y a buscar la foto o el lugar perfecto constantemente. Esto impide que vivamos nuestra vida de una manera honesta, sincera y, sobre todo, sin necesidad de estar impostando constantemente cosas que ni siquiera sentimos.
– Se trata de vivir en función de una mentira, un teatro virtual…
– Hay redes sociales diseñadas para que el usuario esté subiendo contenido y chequeando lo que suben otros de manera constante. Esto envuelve a la persona en un circuito muy complejo, porque a mayor contenido subido y refuerzo recibido, mayor es la necesidad de buscar esa aprobación o refuerzo.
Y también nos imbuye en la comparación constante: si mi amigo o amiga está subiendo fotografías de manera continua, al final pretendo igualarme. Como consecuencia, terminamos en un círculo vicioso donde el poder del like se convierte en la principal fuente de validación de lo que somos y de nuestra identidad.
– ¿Cómo explicamos esto a nivel cerebral?
– Con el oversharing, al cerebro le ocurre lo mismo que con cualquier otra droga o actividad placentera. Cuando realizamos una actividad placentera, el cerebro segrega dopamina, un neurotransmisor que se activa en este tipo situaciones. Esto activa el sistema de recompensa cerebral que genera la búsqueda constante del placer inmediato.
Además, como ocurre con cualquier adicción, nunca es suficiente. Nos acostumbramos a los “chutes” de dopamina y cada vez necesitamos más: comprobar cada vez más el teléfono; sentir que nunca es suficiente determinado contenido o número de fotografías… Por tanto, el cerebro nos exige cada vez más para sentirnos bien [NdR: este mecanismo se conoce como “tolerancia”].
Riesgos del oversharing: la vida al desnudo en el universo digital
– ¿Qué riesgos acarrea el postear todo sobre nuestra vida en redes sociales?
– Uno de los principales problemas que acarrea el posteo constante en redes sociales es la identidad poco controlable que construimos.
En la investigación hecha en colaboración con Línea Directa, observamos que más del 50 % de las personas tienen un perfil público. ¿Eso qué significa? Compartimos mucha información de la cual no sabemos el uso que se le va a dar. Es más, no sabemos cuánto tiempo va a estar presente en el ámbito digital.
En personas adolescentes, cuyo cerebro está construyendo una identidad, puede ocurrir que, dentro de unos años, se arrepientan de determinadas fotos que han subido. Por ejemplo, imágenes donde estemos haciendo o mostrando algo de lo más tarde nos podemos lamentar.
En personas adolescentes, cuyo cerebro está construyendo una identidad, puede ocurrir que, dentro de unos años, se arrepientan de determinadas fotos que han subido.
El principal problema es el arrepentimiento de aquello que has compartido de tu vida en un momento donde eras especialmente vulnerable. Un momento en el cual estabas construyendo una identidad, donde a lo mejor te sentiste presionado por publicar o colgar la foto que estaba de moda o que se esperaba de ti. Pero que luego, años después, ves que era innecesaria. Y no sólo eso, sino que ha podido influir negativamente en, por ejemplo, tus posibilidades de buscar un trabajo, acceder a determinados puestos laborales o, incluso, para buscar pareja.
– El estudio menciona a la depresión, la ansiedad y los comportamientos agresivos, ¿qué relación guardan estos cuadros con el oversharing?
– Uno de los resultados más interesantes de nuestra investigación fue encontrar una relación entre la adicción a redes sociales y aspectos relacionados con la salud mental. De hecho, la adicción a redes sociales se relacionaba con síntomas de ansiedad, de depresión y con comportamientos agresivos.
Una de las cosas más interesantes que vimos es que el oversharing, esa necesidad constante de compartirlo todo, se relacionaba con la incapacidad para regular las emociones. Esto significa que las personas se sienten mal, tristes, nerviosas o irritadas, y que utilizan las redes sociales como una estrategia de manejo emocional.
Lejos de que esa estrategia pueda servir como distracción, lo que genera es más frustración. Porque cuando me meto en redes sociales veo vidas perfectas, maravillosas, gente pasándolo bien, guapísima y divirtiéndose. De hecho, observamos que, paradójicamente, las personas que más posteos suben de su vida a las redes sociales no son las más felices. Al contrario, son las que presentan más problemas de ansiedad, depresión y agresividad. Sentir nervios y tener ganas de pegar a alguien conforman las dos emociones que explican el 30 por ciento de la adicción a redes sociales.
Lo que genera es más frustración: porque cuando me meto en redes sociales veo vidas perfectas, maravillosas, gente pasándolo bien, guapísima y divirtiéndose.
Estamos ante una paradoja: las personas que están más pendientes de su vida en redes son las que peor se sienten en su vida real. Y esto tiene grandes consecuencias. Por ejemplo, estar expuestos a haters, personas que se esconden tras un perfil anónimo que no paran de criticar y lanzar comentarios ofensivos. Mucha gente participa en redes sociales encontrándose mal a nivel psicológico. Personas insatisfechas con su vida, con problemas emocionales, con alta afectividad negativa. Y lo terminan proyectando contra otras personas en estos escenarios virtuales.
Adolescentes y oversharingPor qué los adolescentes se sobreexponen en redes sociales
– El descontrol en redes sociales alimenta, por tanto, los trastornos de ansiedad, depresión y los comportamientos agresivos…
– Efectivamente. El 41 por ciento de las personas que entrevistamos, pertenecientes a la generación Z (entre 16 y 30 años) usaba las redes sociales para aliviar sus problemas. Y casi la mitad usan las redes sociales como una vía de escape. Pero lo llamativo es que más del 55 % recibían comentarios ofensivos en redes sociales.
Esto ayuda a explicar los grandes problemas que hay con el ciberbullying. Hay personas que se han quitado de redes sociales porque no paraban de ser criticadas, juzgadas o de recibir comentarios negativos, en un periodo donde estaban especialmente vulnerables y esto repercutía en su salud mental.
Ciberacoso y oversharing– ¿Cómo se relaciona el oversharing con el ciberacoso?
– Basándome en los datos obtenidos en el estudio, las personas más dependientes a las redes sociales, las que estaban constantemente publicando o comentando, lo eran porque, en el fondo, tenían una gran incapacidad de manejar sus emociones.
Tiene todo el sentido del mundo. Porque si tenemos mucha rabia, agresividad, frustración, ansiedad, y no la sabemos manejar, al final las redes sociales se convierten en una plataforma donde proyectar todos esos sentimientos. Y lo hacemos contra personas que nos importan más bien poco.
Muchas veces encontramos comentarios ofensivos y negativos, como insultos o desprecios, que, efectivamente, se relacionan con la agresividad. Y muchas veces amparados en perfiles anónimos que impiden saber quiénes son y para los cuales no existe control.
Las redes sociales propician un caldo de cultivo excelente para que las personas (que hacen bulling) se conviertan en grandes agresores en el ámbito tecnológico.
Por otra parte, el ciberbullying es una problemática muy actual entre la gente joven. Lo que antes se daba en un contexto escolar, ahora se extiende a las redes sociales, que abren un escenario mucho más difícil de controlar. En este sentido, las redes sociales propician un caldo de cultivo excelente para que estas personas se conviertan en grandes agresores en el ámbito tecnológico.
Hablamos de gente incapaz de autorregularse y manejar sus emociones, sin empatía por la víctima, que desconecta de sus amistades. Carecen del sentido de lo que está bien o mal. Esto se traduce en que publiquen fotos comprometidas de compañeros/as de clase o realicen comentarios ofensivos. Son perfiles muy complicados y es muy necesario trabajar con ellos y con el contexto.
ConsecuenciasConsecuencias del Oversharing en la generación Z
– ¿Qué repercusión tendrá la gestión emocional a través de las redes sociales en la generación Z?
– La primera repercusión se está viendo ya con el elevadísimo uso de filtros. El 40 por ciento de las personas entrevistadas en el estudio afirmó usar filtros para retocar imperfecciones y el 20 por ciento lo hacían de forma frecuente o muy frecuente.
Esto muestra los grandes problemas de autoestima e insatisfacción. Y la necesidad de percibir realidades perfectas, maravillosas y, sobre todo, muy retocadas. Como consecuencia, aparecen problemas de ansiedad, autoestima y los trastornos de conducta alimentaria.
Además, que el 55 por ciento de los síntomas clínicos de ansiedad y depresión estén relacionados con la adicción a las redes sociales significa que esta enfermedad es un camino directo a los problemas de salud mental en la etapa adulta.
Es decir, que los jóvenes pasen su adolescencia usando redes sociales sin normativas, es como dejar a niños que hagan lo que quieran en cualquier momento, con acceso indiscriminado a un montón de información que a veces ni ellos mismos saben asimilar. Esto obviamente es un camino directo a problemas de desajuste psicológico, como los que hemos visto en nuestra investigación.
Observamos que hay una gran relación entre la agresividad y la ira. Y no sólo con la ira o la agresividad directa, sino con la de tipo relacional. Es decir, la que proyectamos contra personas que no están directamente conectadas con nuestra fuente de frustración.
En otras palabras: proyecto mi enfado y frustración contra personas que no conozco, que veo en redes sociales o que son amistades virtuales que no tienen nada que ver con mis problemas y que no son el origen de mi ira o mi frustración. Pero me resulta mucho más fácil descargarla contra ellos que contra las personas de mi entorno.
– ¿Por qué la Generación Z es el colectivo más vulnerable?
– Porque están desarrollando su identidad y porque hasta los 25 años la corteza prefrontal no termina de madurar. Esto significa que nuestra capacidad de autorregulación, de manejar nuestros impulsos y emociones, todavía está en proceso de reajuste.
Esto explica que las personas adolescentes tiendan a realizar conductas de riesgo, a buscar sensaciones y que sean más impulsivas. Están en ese periodo de reajuste, de re-acomodación cerebral y de poda neuronal.
También esto explica que nuestro cerebro muchas veces “falle” en esta etapa: nos autorregulemos poco y nos dejemos arrastrar por nuestros deseos, pasiones. Por aquello que nos provocan un placer inmediato y tengamos una mirada muy cortoplacista que nos impida ver las consecuencias a largo plazo. Por eso somos especialmente vulnerables.
Además, las redes sociales nos llevan acompañando muchos años. Por tanto, esta Generación Z se ha desarrollado desde temprano con un acceso poco regulado a estas plataformas y ahora vemos las grandes consecuencias de todo ello.
Perfiles propensos al oversharing
– ¿Existe algún perfil o características que hace que una persona joven sea más probable al oversharing o el desarrollo de una adicción?
– Los resultados del estudio reflejan que las mujeres hemos salido peor paradas. Esto se explica porque, culturalmente, nos han inculcado mecanismos de comparación y aprobación constante, de forma más elevada que a los hombres. Y porque estamos sometidas a mayores juicios sociales: se permite libremente comentar sobre el aspecto físico y sobre la valía de las mujeres.
Aunque estos mecanismos van remitiendo, compartir esos aspectos íntimos de nuestra vida parece ser más predominante en el caso de las chicas que en los chicos.
– ¿Sale peor parada la generación Millenial en comparación a la que le sigue: la Generación Z?
– La generación Millenial, que tienen ahora entre 31 y 43 años, presentan menos riesgos que la generación Z. Porque estas personas accedieron a redes sociales más maduras y habiendo ya consolidado muchos aspectos de los cuales hemos hablado antes. En cuanto al uso de redes sociales, esta generación prefiere WhatsApp e Instagram, mientras que la Generación Z se decanta claramente por Instagram como red social favorita, y luego TikTok y WhatsApp.
TikTok e Instagram son dos redes sociales que bien usadas tienen un impacto maravilloso porque hay perfiles con los que podemos aprender, acceder a mucha información y descubrir a través de ellas. Pero es cierto que están diseñadas para enganchar. Si buscas información, incluso mala para tu salud mental, el algoritmo te la ofrecerá constantemente, porque está diseñado para ello. Al estar en periodo de maduración, la Generación Z es la más vulnerable.
– Podemos decir que un cerebro menos maduro neuronalmente los vuelve más vulnerables a la exposición en redes…
– En el caso de los millennials, personas ya más maduras, o los boomers, personas de entre 56 y 75 años, el poder de influencia de las redes sociales es menor. Son sujetos con una personalidad, identidad, grupo de amigos y familia muy consolidados. El deseo de aprobación continua es menos evidente que en jóvenes.
Así que la generación millennial y los boomers se libran en gran parte de la problemática que acarrean las redes sociales. No obstante, nuestros resultados apuntan a que están generando grandes problemas de salud mental, en general.
En esta investigación preguntamos por el número de horas que la persona pasaba usando el teléfono móvil y, en concreto, las redes sociales. Y la Generación Z fue la que peor parada salió. ¡Pasaban casi siete horas enganchados al teléfono móvil, de las cuales más de cuatro horas las pasaban enganchadas a redes sociales!
Estos datos no se corresponden tanto con gente mayor, donde el uso es más equilibrado.
– Así que la Generación Z es más propensa a desarrollar adicción a las redes sociales que la millenial…
– Efectivamente, es lo que dicen los datos: la Generación Z pasa más tiempo, tiene más horas de uso y comparte más información en redes sociales en comparación con otros colectivos mayores.
Posible evolución– De seguir esta tendencia de Oversharing, ¿qué puede pasar con las próximas generaciones?
– Existen importantes investigaciones, como la de Jonathan Haidt, autor del libro ‘La generación ansiosa’, que habla del impacto que tiene el uso del teléfono y las redes sociales en gente más pequeña. Haidt plantea una hipótesis muy interesante: los problemas de salud mental que tiene hoy la gente joven se deben a una gran sobreprotección en la vida real.
Se trata de niños y niñas criados por los famosos padres y madres helicópteros: aquellos que están todo el día encima de sus hijos, que les impiden manejar sus frustraciones, les resuelven todas las papeletas… Pero luego, paradójicamente, esos jóvenes están muy desprotegidos en el ámbito virtual.
La sobreprotección en la vida real, donde papá y mamá te ayudan en todo (deberes, dificultades, retos, problemas…) se combinada con la desprotección en el ámbito virtual. Esto provoca que se encuentren en un mundo virtual poco regulado y con acceso a mucha información inadecuada como, por ejemplo, la pornografía. Contenidos inapropiados para ellos y que son determinantes en el desarrollo de problemáticas a nivel emocional.
Cómo prevenir el oversharing y una consecuente adicción a las redes
– ¿El oversharing conlleva una adicción a las redes sociales?
Para nada. El oversharing es, en concreto, la necesidad de compartirlo todo. Pero, usando un ejemplo muy banal, funciona como el tabaco: cuantos más cigarrillos fumes, más adicto eres al tabaco. Con el oversharing pasa lo mismo: cuantas más fotografías publiques en tus redes sociales, predecimos que existe más enganche.
De hecho, en la investigación usamos un cuestionario que nos ayuda a evaluar la adicción a las redes sociales. Y cuando hablamos de adicción a las redes sociales significa dejar de hacer cosas por estar conectado a la red.
Por ejemplo, preguntamos:
- Si había dejado de estar con su familia por estar conectado a las redes sociales.
- Si había dejado de estar con sus amigos por estar conectado a redes sociales.
- Si había llegado tarde a sitios que eran importantes por estar conectado.
- Si sentía presión en el pecho o un malestar muy elevado cuando te quedabas sin batería en el móvil o cuando no podías, por alguna razón, comprobar tu red social favorita. Esto lo llamamos fomo: miedo a perderse algo y estar constantemente pendiente de lo que se está colgando en la red.
Si todo esto se cumple, entre otras muchas cosas, estamos realmente ante una adicción a las redes sociales. Es decir, cuando hay un malestar latente porque no puedes consumirlas en un momento concreto y cuando afecta a otras áreas de tu vida.
– Al guardar tanta relación con la gestión emocional, ¿qué alternativas saludables existen al consumo de redes sociales?
– Las redes sociales no son malas per se. Es decir: lo que hagas en las redes sociales, cómo las uses, determinará si está bien. En este sentido, las redes sociales pueden generar muchas cosas positivas. De hecho, han sido una excelente manera para comunicarnos en momentos concretos y con personas con las que habitualmente no nos relacionamos. Por ejemplo, durante el confinamiento o cuando por ciertas razones tenemos amigos virtuales. Ahora bien, sin duda alguna, no contar con estrategias de regulación es un gran problema.
Por tanto, ¿consejo que nos puede venir bien? En primer lugar, pongo el foco en la familia: evitar la dependencia desde la infancia. ¿Qué ocurre? Estamos dando las pantallas (iPad, dibujos, juegos…) desde una edad muy temprana. Esto implica que adoctrinamos nuestro cerebro a esa estrategia de regulación emocional. Es decir, cuando estoy enfadado, no me apetece comer o me aburro, mi mamá o papá me da una pantalla. Esto enseña a mi cerebro desde pequeño a que las pantallas son una estrategia de regulación. Después no podemos pretender que en la adolescencia estos niños criados bajo esa idea no usen las pantallas.
Debemos enfocarnos en cómo educamos desde esas primeras edades. Es importante evitar esa dependencia y dar estrategias más adecuadas. Por ejemplo, dar una gestión más manual a través del aire libre, compartir tiempo de calidad… En mi caso, soy mamá de tres niños y, obviamente, lo más fácil es dar una pantalla, porque así dejan de estar enfadados, y lo que nos cuesta es manejar ese enfado. Para ello, es importante mantener la calma como padres y distraerles de otras formas, como:
- Jugando con ellos.
- Practicando la respiración consciente.
- Analizando qué pensamientos le vienen a la cabeza.
- Cuestionando esos pensamientos: “¿De verdad crees que esto que estás pensando es lógico” “¿Qué pensarías si esto le estuviera pasando a un amigo?”
- Practicando el autodiálogo amable y positivo con nosotros mismos.
- El deporte y el ejercicio.
Todas esas estrategias son muchísimo más útiles, también a largo plazo, que el uso de pantallas.
Tips para evitar el oversharingContrarrestar la exposición a redes en la adolescencia
– ¿Y cuando ya son adolescentes o se acercan a esta etapa?
– Cuando son mayores es importante dejar bien claro que las redes sociales fomentan comparaciones con realidades que son completamente ajenas a ellos. Te estás comparando con personas que no forman parte de tu día a día. Y no sólo eso…
Jonathan Haidt en su libro habla de una cosa muy interesante: por primera vez en la vida estamos haciendo una comparación asíncrona. De toda la vida, la comparación social ha sido síncrona. ¿Qué significa esto? Me comparaba con mi amigo del colegio, que sacaba una nota diferente a la mía, o con mi hermano, que estaba haciendo algo diferente a mi. Era una comparación en tiempo real.
En redes sociales ocurre que estoy en mi cama en un día lluvioso, sintiéndome fatal y resfriado, y viendo a esta niña que está en una playa estupenda y pasándolo súper bien. A lo mejor esa foto es de hace una semana, o incluso hace unos meses, pero la comparación social la estoy haciendo de manera asíncrona con una persona que está en una realidad completamente diferente a la mía. Esto es muy importante recordárselo a adolescentes.
Y otras cosas que también son muy sencillas de hacer es:
- Chequear cómo te sientes antes de entrar a tu red social favorita.
- Identifica por qué te vas a meter en la red social
- Y, sobre todo, para qué te quieres meter en la red. ¿Para distraerte? ¿Para buscar información? ¿O para ver, desde la envidia y la frustración, qué es lo que está haciendo mi amiga o mi compañero?
Identificar cómo nos sentimos es clave para todo, porque nos ayuda a predecir cómo nos vamos a comportar. Por tanto, ser consciente de que en este momento me siento triste, enfadado o nervioso hará que todo lo que interprete sea amenazante, retador o me haga sentir peor. En ese sentido, a lo mejor no me conviene en este momento meterme a la red social y sí respirar, irme al aire libre o hablar con una amiga.
– Se trata de mecanismos de protección al oversharing…
– Efectivamente. Muchas veces vamos en piloto automático y, como mi amiga cuelga algo en una red social, me veo en la necesidad de hacerlo también. Pero si antes de eso respiramos, nos paramos, nos centramos en lo que queremos, en el porqué y en el para qué, evitaremos ir en piloto automático y hacer ese scroll infinito buscando una foto.
Se trata simplemente de decir: “¿Para qué?” “¿Que me aporta?” “¿Qué necesidad tengo?” o “¿Lo estoy haciendo realmente porque quiero o porque siento la presión de que mis compañeros o amigos han colgado algo?”.
Con estas preguntas buscamos la motivación propia, antes que el deseo de contentar o ser iguales a los demás. Esto en la adolescencia pasa muchísimo, incluso también con el abuso de ciertas drogas. El hecho de: lo hago porque los demás lo hacen. Entonces podemos decirnos: “Frena, porque, a lo mejor, esto que están haciendo los demás ni es adecuado, ni te conviene, ni lo quieres, y lo haces por inercia”.
Con las redes sociales pasa lo mismo: pensar el porqué, en cómo nos sentimos incluso después de hacerlo, puede anticipar las consecuencias negativas.
Tratar la sobreexposición– ¿Cómo podemos reducir el oversharing en un adolescente que ya lo sufre?
– Recomiendo muchísimo los acuerdos contractuales en familia, donde no hay nada más contagioso que el ejemplo. Desde los consultorios psicológicos vemos que las familias están preocupadas por el uso problemático que sus hijos/as hacen de la tecnología. Pero no se dan cuenta de que son ellos, los progenitores, quienes están con el móvil en una cena. O que lo primero que hacen antes de darle un beso a su hijo/a es chequear su teléfono. Por eso digo que no hay nada más contagioso que el ejemplo. En muchas ocasiones tenemos que poner la lupa sobre nosotros, porque nuestros hijos/as nos ven todo el rato.
En este sentido, esos acuerdos contractuales vienen muy bien. De alguna manera sirven para, previamente, acordar:
- En qué momento del día podemos chequear el teléfono.
- Momentos especiales para la familia.
- Estar en familia, a mirarnos a la cara, no distraernos con otras cosas.
En definitiva, el adolescente se compromete a priorizar momentos donde lo importante sean las conversaciones, el tocar, los abrazos, el compartir intereses, ocio, tiempo libre. En definitiva, lo importante es hacer cosas que nos gustan y no comprobar lo que ha hecho mi amigo o subir la foto perfecta. Estos son los contratos y cada familia tiene la capacidad de decidir cuál es el momento ideal para tener esa desconexión digital.
Otra cosa interesante y básica es desactivar las notificaciones del teléfono. Las redes sociales están diseñadas para engancharnos. Pasado un tiempo desde la última conexión nos llega un símbolo o bocadillo que recuerda la publicación de tu amiga, que debemos chequear esto o mirar aquello. Son avisos constantes en nuestra pantalla que interfieren en nuestro día a día: cuando trabajamos, cuando nos divertimos, mientras estamos con nuestros hijos… Interfieren en todo momento. Hay que evitar que las notificaciones nos controlen y conseguir que seamos nosotros quienes controlemos a la tecnología.
Exposición al móvil en EspañaAdolescentes: 8 horas frente a las pantallas, 4 frente a redes sociales
La Asociación Española de Pediatría ha recomendado que las personas menores de 16 años no pasen más de dos horas diarias frente a las pantallas. Y a partir de esa edad, la media de uso de redes sube a cuatro.
– ¿Se está trabajando de forma efectiva para controlar la exposición a redes en menores?
– La Asociación Española de Pediatría habla de la tecnología en general. Cuando nosotros evaluamos tecnología en general, en uno de cada cuatro jóvenes el uso asciende a 8 horas. Este dato lo sacamos después de pedirles que mirasen el tiempo de uso real en sus dispositivos móviles. Y casi el 25% de los jóvenes pasan 8 horas conectados al dispositivo.
Este tiempo equivale a una jornada laboral completa, y se resta de otras actividades vitales, como dormir o comer. Por eso es muy habitual oír a jóvenes decir que no tienen tiempo para nada. Pero la realidad es que se lo están quitando a cosas que realmente tienen que hacer, como pasar tiempo con su familia, y eso es síntoma de adicción.
La tecnología es el paraguas general y dentro de él está el uso de redes sociales, videojuegos, llamadas telefónicas y otras aplicaciones. Por eso, dentro de esas 8 horas, efectivamente, 4 horas las pasan de media en redes sociales.
Entonces, ¿se está haciendo un trabajo efectivo? Bajo mi punto de vista se puede hacer muchísimo más. Hoy en día se ha puesto sobre la mesa, a nivel de normativa, regular de forma más intensiva, el acceso en general a la tecnología y en particular a las redes sociales. Porque cada vez hay más concienciación y más estudios científicos que demuestran esta necesidad.
Las redes sociales y la tecnología, en muchos casos, cuando se usa de una manera muy intensa y frecuente en el tiempo, lleva a importantes problemas de salud mental.
– ¿Llegamos a un punto de no retorno en cuanto al mal uso de redes sociales?
– No me gustaría ser muy dramática ni alarmista. Espero que, como todo, sea una cuestión de aprendizaje. No podemos obviar que vivimos en una era absolutamente tecnológica y digital. Por tanto, es un reto, pero gracias a todas estas investigaciones, aprenderemos. Habrá cada vez más normativas, más formas también de regular la tecnología y las redes sociales. Y de concienciar a la sociedad, porque es una responsabilidad compartida.
Esto no sólo recae en la normativa, sino que tiene que ser una responsabilidad compartida de las propias familias, educadores, profesores… profesionales, en general, que trabajen en estos temas.
Es un panorama similar a cuando antes se podía fumar en cualquier sitio, como hospitales o universidades. Hoy en día cada vez hay más normativa que lo regula, más información y cada vez se fuma menos, porque sabemos el efecto perjudicial que esto tiene para nuestra salud. Antes estaba hasta bien visto y ahora nadie te puede decir que sea así. Quiero pensar que con las redes sociales va a suceder lo mismo que con el tabaco. Insisto, no quiero demonizar las redes sociales ni compararlas con el tabaco así nomás, porque no es lo mismo. Las redes sociales no tienen por qué ser nada negativo ni dañino para tu salud mental. Sin embargo, hay que poner el foco en las personas que convierten las redes sociales en la única estrategia de manejo emocional o cuando pasan tanto tiempo en ellas que se aíslan del mundo. Y ayudarlas para que hagan un uso responsable.
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Equipo Adictalia
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