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FAMILIAR ADICTO

«Amor duro»: la estrategia más eficaz para ayudar a un adicto

Cómo relacionarte con familiares que niegan su adicción

7 minutos
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Amor duro con un familiar adicto

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Lucía Calvo Figueira, terapeuta ocupacional en adicciones
Terapeuta Ocupacional y Técnica en Adiccionesen/deMúltiples centros de tratamiento| Web

Martín estaba separado y ese día le tocaba cuidar de su hijo pequeño. Después de comer, Martín le pidió a su madre, Carmen, con quien convive desde el divorcio, que cuidará una hora del nieto mientras dormía la siesta, para que él pudiera hacer un “trámite laboral urgente”. La abuela, como de costumbre, accedió al requerimiento de Martín, pues le notaba preocupado y le dolía verle así, sentía que debía ayudarle como fuera. 

Pasaron varias horas y Martín no regresó a casa. “¿Otra vez lo mismo?”, pensó ella, mientras buscaba pretextos con los cuales consolar a su nieto, quien preguntaba constantemente por el padre. Cuando Martín abrió la puerta, ya entrada la noche olía a alcohol. Otra vez la había engañado, y Carmen se sentía engañada, pero a la vez la pena por su hijo le dolía en el pecho. 

Martín le puso varias excusas muy convincentes, se enfadó por la desconfianza de la madre, prometió no volver a hacerlo, se largó a llorar por su mala suerte… Carmen sentía que su hijo estaba sufriendo adicción, y que debía ayudarle como fuera, aunque eso implicase ceder a sus reclamos, manipulaciones. La verdad es que la mujer se sentía acorralada entre las mentiras de Martín y el amor incondicional de una madre a su hijo.

Un día llamó a Adictalia, y escuchó por primera vez la frase: “por supuesto que debes acompañar a tu hijo de forma incondicional, pero debes practicar el amor duro”. “¿Amor duro? ¿No son términos contradictorios?”, pensó Carmen.

¿Qué es el amor duro?

Cómo ayuda a un adicto a las drogas el amor duro

Desde la infancia, nos inculcan que la familia es un lugar seguro al cual acudir cuando sientes que algo no va bien o necesitas apoyo. ¿Dónde mejor que allí para pedir ayuda, con lo que sea, que en tu casa? Con esa madre, padre o hermano que van a estar a tu lado, sin importar las circunstancias que te rodeen. El amor familiar, sobre todo de los progenitores, se considera incondicional.

No es raro escuchar en boca de padres y, sobre todo, madres la frase: “Antes de que se vaya mi hijo, que la muerte me lleve a mí”. Esto refleja, sin dudas, que el rol que la sociedad le asigna a la familia es la de proteger bajo cualquier circunstancia. Incluso, cuando la persona actúa de forma peligrosa y deshonesta por causa de una enfermedad como la adicción.

El problema es, quizá, cuando el amor incondicional se confunde con el sentimiento tóxico de la sobreprotección. Es decir, cuando intentamos evitar, de todas formas y cueste lo que cueste, que el familiar sufra. Incluso cuando se trata de que se responsabilice de las consecuencias de sus actos, de las mentiras y manipulaciones de la adicción.  

A nivel terapéutico esta “toxicidad incondicional” de la familia de la persona adicta es nefasta. Y no porque la familia sea irrelevante. En el tratamiento de las adicciones el entorno juega un papel fundamental. Brinda a la persona que sufre la enfermedad el apoyo emocional indispensable para que, con la ayuda de profesionales, pueda salir de la situación en la que se encuentra. 

Pero ese apoyo emocional de la familia en el campo de las adicciones tiene un sello marcado: ‘amor duro’. Y adquiere forma de límites firmes y claros que se le imponen a la persona que sufre esta enfermedad, y que le hacen ver que no todo vale, que estaremos allí siempre y cuando decida enfrentar el problema. Y esto implica, claro, que la familia deje de ceder a la manipulación, mentiras y agresiones. 

Así, la persona que sufre una adicción puede llegar a entender que la única salida que tiene es tratarse. Y, por su parte, la familia puede protegerse de los actos irracionales que la adicción empuja a cometer a la persona adicta.

Límites que pueden imponerse

Límites que puede imponer la familia y que pueden ayudar a la persona adicta

Según Lucía Calvo, terapeuta y directora de un centro de rehabilitación, algunas de las medidas que la familia puede tomar cuando la persona está en negación de la enfermedad, son:

  • No proporcionar dinero ni permitir que tenga acceso a cuentas y mancomunarlas siempre que sea posible. 
  • Proponer un inicio de tratamiento, aunque no sea de forma residencial. 

Si estas pautas no se respetan, puede proceder a lo que Lucía Calvo denomina ‘extinción’: “No hacer caso a sus demandas, cueste lo que cueste, aunque sean mentiras, manipulaciones o amenazas”. 

Quizá la “extinción” pueda ayudar a romper la negación de la enfermedad del adicto o, cuando menos, a que la persona ceda a probar un tratamiento. Beatriz Piñero, terapeuta de Adictalia, ayuda a aclarar el mecanismo que opera detrás de esta actitud familiar. 

“Hay una frase que siempre decimos en Adictalia: ‘un adicto es consciente del problema que tiene cuando ve que su vida se desmorona’, es decir, cuando el consumo deja de ser funcional”, explica la terapeuta. “Cuando esa mesa se tambalea, empieza a pensar que algo pasa, porque mientras la familia lo sostenga no se dará cuenta de nada y no tomará conciencia”. 

Esta toma de conciencia se da, según la especialista, cuando hay una “retirada de apoyo”. Una situación en la que la persona perciba claramente que se queda sola si continúa por el camino de consumo. Sobre todo, cuando se da cuenta que las consecuencias de su consumo son mayores que el placer que le produce éste.

Un adicto es consciente del problema que tiene cuando ve que su vida se desmorona, y esta toma de consciencia se da cuando hay una retirada de apoyo.

Beatriz Piñero
Pedir ayuda a terceros

La familia no siempre cree que está haciendo lo correcto

En muchas situaciones, imponer esta lista de ‘requisitos’ firmes y claros es más que necesario para evitar que empeore el problema de la adicción y el deterioro familiar. Y sobre el incumplimiento de estas demandas familiares, puede sobrevolar el fantasma de mostrarle la puerta de casa a la persona adicta.

“Nosotros, como familia, te vamos a ayudar y mostrarte que estaremos a tu lado ofreciendo tratamiento, pero si no quieres tomar nuestra ayuda eres libre de hacer lo que quieras”, ejemplifica María José Aparicio, del equipo terapéutico de Adictalia, la forma de plantear el límite a la persona adicta. 

La terapeuta continúa describiendo la escena familiar: “Como comprenderás, la familia no vamos a ser cómplices de que te arruines tu vida y arruines la nuestra, así que no te estamos echando de casa, pero si eliges poner el consumo por delante de tu familia, eres tú quien nos estás expulsando de tu vida”. 

Sin embargo, no todo el mundo está preparado para ello.

A menudo, al ser la primera vez que las familias hacen algo así con sus seres queridos, se sienten inseguras por puro desconocimiento. Creen que están haciendo lo correcto, pero se crea una lucha dentro de ellas, debido al amor “incondicional” que sienten hacia ese padre, madre, hijo o familiar que padece la enfermedad. Un amor que, en realidad, tiene tintes de pena, un amor tóxico.

A Beatriz le preguntan con frecuencia por estas medidas. Y es que, cuando las familias ya las han adoptado, luego sienten dudas sobre si están haciendo lo correcto

Buscan, así, la aprobación de un tercero, aun sabiendo que van por el buen camino. El “amor” que sienten hacia ese familiar (esa profunda pena, en realidad) les hace sentir, inconscientemente, que se están equivocando. Por eso, dice Beatriz, “hay familias que llaman pidiendo refuerzo para que tú les des la aprobación de que lo están haciendo bien”. 

Lidiar con la adicción de tu familiar no es tarea fácil.
Te acompañamos para que puedas ayudarle de la mejor manera.

Unión familiar

La importancia de estar preparados

Al ser una medida límite, la familia debe estar segura en todo momento de lo que está haciendo y del porqué. El horizonte es imponer restricciones a la persona que sufre una adicción, para que se dé cuenta de su situación y se abra a recibir ayuda. Esto es lo que se suele conocer como “tomar conciencia” de la enfermedad, o, al menos, empezar a hacerlo.

En este sentido, un paso en falso puede suponer muchos metros hacia atrás. “Siempre les digo que, hagan lo que hagan, es algo a lo que tienen que estar preparados”, explica María José Aparicio. “Lo puedes hacer ahora que te quedan energías o esperar meses o incluso años, cuando la familia esté rota”, advierte. 

También es importante que el entorno se muestre unido. Para ello, pueden hacer una reunión previa, sin la presencia de la persona que está sufriendo la adicción, para determinar cuáles han de ser los pasos a seguir y cómo comunicárselos, con el objetivo de que se abra a un tratamiento. 

“La familia debe trabajar en equipo y establecer rangos de importancia, que la persona con más peso lleve la voz principal”, explica María José. Y precisa: “Porque el adicto puede encontrar a una persona que tenga más compasión (pena) por su situación, y, si es así, acabará refugiándose en ella y no avanzará”.

Intervencionista familiar

Intervencionista familiar: No siempre el amor duro es suficiente

A menudo, la familia quiere acercarse a la persona que está sufriendo una adicción, pero no sabe cómo. Para esas situaciones, cuando las herramientas de la familia son insuficientes, pedir ayuda externa puede ser la manera de encontrar la solución. 

Aquí, la figura del intervencionista aparece como una opción muy aconsejable. Se trata de una persona que hace de mediadora entre la familia y el adicto o adicta. Son personas que, además de formación terapéutica, tienen experiencia vital en la adicción, es decir, adictos recuperados . Por eso, suelen comprender ambas posturas, porque han pasado por esas situaciones, conocen ambas caras de la moneda. 

Su ‘arma’ más importante es el diálogo. Pero un diálogo gestionado desde la mente de alguien que sabe, desde dentro, cómo funciona la adicción, porque la ha pasado. Así, imponen condiciones (convenidas por la familia) a la persona que está sufriendo la enfermedad y deteriorando el núcleo familiar con sus acciones manipuladoras y mentirosas. 

En general, el trabajo de un buen intervencionista da sus frutos. Porque consiguen en un tiempo no muy prolongado (que depende del caso) lo que las familias llevan años intentando sin suerte: que la persona adicta acceda a probar un tratamiento. Lo que hacen no es magia, si bien muchos familiares lo perciban así tras años de intentos frustrados. 

En realidad, aplican técnicas de comunicación basadas en la experiencia y el conocimiento de esta enfermedad. Técnicas complementadas con el hecho de no estar condicionados por el amor tóxico, coadicto, que las familias desarrollan hacia la persona adicta. 

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Redacción

Equipo Adictalia
Comité Editorial | comunicacion@adictalia.es

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