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Cómo se siente un ludópata: «Es una enfermedad silenciosa, perversa; te causa placer y te destruye»

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cómo se siente un ludópata

Entrevista testimonial que ayuda a comprender qué le pasa a una persona que sufre ludopatía

Hacía tiempo que María Cristina (72) guardaba silencio desde hacía tiempo sobre su adicción al juego, al menos abiertamente. Hacía mucho que no hablaba con nadie que no fuera del grupo terapéutico sobre cómo se siente un ludópata o, en su caso, una ludópata. Incluso cuando ella ya lleva 17 años sin jugar ni un céntimo; sin apostar, de hecho, ni siquiera de mentira, cuando sus nietos la invitan a jugar en un entorno doméstico.

En su caso, lo tiene claro: la adicción al juego, la adicción en general, te acompaña toda la vida y hay que mantenerla a raya, tener claros los límites, para evitar la tentación. En ese sentido, toda apuesta, todo estímulo a arriesgar, por inocente que sea, puede provocar en una persona con ludopatía un subidón. Como cuando un alcohólico pasa junto a un bar o una persona que consume cocaína está en una fiesta y ve que sus acompañantes se turnan para “desfilar” por el servicio.

En esos casos, los riesgos de recaída se potencian. Y la ludopatía es una adicción en la que éstas demuestran un índice muy altos en las personas que intententan mantener la abstinencia.

“Me ha costado mucho contestar, pero hace bien en hablarlo porque hay que recordar para no volver a caer”, confiesa María Cristina a en la entrevista que le realizó Adictalia sobre cómo se siente un ludópata, la cual puedes leer a continuación.

MARÍA CRISTINA CUENTA CÓMO SE SIENTE UN LUDÓPATA

El comportamiento de un ludópata

– ¿Cómo era tu vida cuando empezaste a jugar?

– En mi vida yo no había conocido lo que era el juego, en serio. No sabía ni entendía lo que era, nunca había ido a un casino. En 1998 estaba una tarde con dos amigas y una de ellas nos dice: “¿Qué les parece si dentro de un rato nos vamos al casino?”. Yo le respondí: “No, no, no, nunca he entrado a un casino”. Y ella insistió: “Vamos, vamos, que es muy divertido, vamos a estar un rato sólo”. Al final nos convenció.

Cuando entré me quedé deslumbrada. ¡Realmente! Me quedé deslumbrada. Me impactó el ambiente, las luces…

Ella jugaba a la ruleta y la acompañamos. ¡Me encantó, realmente! Estuvimos un rato y gané 90 euros. Salimos de ahí y fuimos a tomar algo, y me sentía muy contenta con ese dinero. Era un viernes, recuerdo. A los dos días, nos propone de nuevo a las mismas amigas. Y yo, encantada…

Al principio fue algo social. Dicen que el jugador social puede manejar perfectamente su situación, juega cuando quiere. Yo empecé así. A mi otra amiga no le interesó y no fue más, y la que nos proponía ir era la jugadora compulsiva, aunque yo no lo sabía.

Empecé a ir sola, de vez en cuando, y se me empezó a hacer cada vez más necesario ir; así lo sentía, como una necesidad. Al mismo tiempo, sentía como… un gusto, un placer… Pero era algo muy enfermizo. Porque yo no me daba cuenta, pero me sentía muy mal después.

Después empecé a perder. Además, iba a escondidas de mi familia, así que lo hacía con mucha culpa. Realmente lo vivía muy mal. Pasaron dos años en que lo viví de esta manera, yendo de vez en cuando.

Consecuencias de la ludopatía

– ¿Cómo te afectaba esa “necesidad” en tu vida cotidiana, en tus relaciones, en tus responsabilidades…?

– Buenos, dos años después empecé a hacer cosas que mi familia, por supuesto, desconocía por completo. Mi marido ni se enteraba. Él viajaba de vez en cuando, así que yo lo hacía más cuando él viajaba. Los chicos eran adolescentes y no sé si habrán entendido lo que pasaba.

Yo me hacía mis escapadas. Por ahí ganaba y podía cortar y volver a casa con dinero. Pero la mayoría de las veces me quedaba sin cinco céntimos. Entonces ahí empecé a buscar dinero, robárselo a uno de mis hijos, a mi marido… Después se lo devolvía de alguna forma, porque ya se daban cuenta y me reclamaban (aunque no sabían para qué era).


Por ahí ganaba y podía cortar y volver a casa con dinero. Pero la mayoría de las veces me quedaba sin cinco céntimos. Entonces ahí empecé a buscar dinero, robárselo a uno de mis hijos…

María Cristina (72). Cómo se siente un ludópata o una ludópata

Llegué incluso a no pagarle a una señora que venía a ayudarme en casa, y me quedé con ese dinero para jugar. Y como le había prometido que al mes siguiente le iba a pagar, pedí prestado a mis amigas.

Se había tornado algo muy feo, me hacía sentir muy mal, me hacía sentir una persona muy desagradable. Mi autoestima estaba muy baja: me sentía realmente una ladrona.

– ¿Qué buscabas jugando?

– Sentía un placer morboso, porque era un placer que terminaba haciéndome sentir terrible. Sufría muchísimo…

– ¿Destinabas mucho dinero a jugar?

– No gastaba dinero en nada y guardaba todo para el juego. Soy docente y, en ese momento, trabajaba en un colegio. El casino tenía el cajero automático junto a la puerta. Así que yo salía y extraía. He llegado a jugarme mi sueldo entero y a endeudarme con otras personas, a vender cosas que me habían regalado mis padres…


He llegado a jugarme mi sueldo entero y a endeudarme con otras personas, a vender cosas que me habían regalado mis padres…

María Cristina (72). Cómo se siente un ludópata o una ludópata

Fue una etapa terrible, tan dañina que hubo un momento que pensé en que tenía que terminar con mi vida porque no tenía otra solución. No podía decirle a mi familia, a mi marido, que me estaba jugando todo. No podía porque sentía que a él también le podía afectar mucho y le podía suceder algo grave a su salud. Entonces me guardaba la angustia.

LOS PROBLEMAS FAMILIARES POR LA ADICCIÓN AL JUEGO

Separarse de un ludópata. ¿Un aviso que puede estimular para que se trate?

– ¿Cuándo y cómo fuiste consciente de que sufrías una adicción al juego?

Un día que al fin había decidido terminar conmigo. Ese día llegué a mi casa y coincidí con mi marido, que había regresado antes de lo previsto de un viaje.

Me preguntó de dónde venía y yo inventé toda una historia. A los tres días me dijo que había estado investigando y que descubrió el problema que tenía. Encontró recibos de préstamos, tickets de bingos


Mi marido me dijo: ‘Yo estoy dispuesto a ayudarte porque realmente te quiero y quiero hacerlo, pero te digo una cosa: si no tomas una determinación de buscar ayuda, yo no te voy a poder acompañar en esta enfermedad.’

María Cristina (72). Cómo se siente un ludópata o una ludópata

Me dijo que había decidido ir a ver a un grupo de autoayuda, para preguntar cómo se resolvía esto. Habló con el grupo y le aconsejaron que tenía que quitarme de todas las cuentas, quitarme el acceso a nuestros ahorros, y que él también, si quería ayudarme, debía acudir a otro grupo para familiares.

Entonces me dijo: “Bueno, yo estoy dispuesto a ayudarte porque realmente te quiero y quiero hacerlo, pero te digo una cosa: si no tomas una determinación de buscar ayuda, yo no te voy a poder acompañar en esta enfermedad. Realmente no voy a soportar esto.”

Ahí me di cuenta que iba en serio, que era real, que era una cosa muy jodida. Y entonces le dije que sí, que yo quería ayuda. Y empezamos a ir al grupo, yo al de jugadores y él, al de familiares.

TRATAMIENTO DE LA LUDOPATÍA. ¿HAY SOLUCIONES PARA LA ADICCIÓN AL JUEGO?

Qué pasa por la mente de una persona con ludopatía

– ¿Cómo fue el proceso terapéutico?

– Empecé ese grupo, que estaba en otra ciudad cercana porque en la mía no existían estos recursos. Yo tenía problemas de cadera, recuerdo que hasta andaba con un bastón, y cuando llegaba tenía que subir unas escaleras. Era un sacrificio, pero yo lo hacía porque quería salir de esto, ¡quería salir!

Al principio, sentía que me iba a costar mucho. Oía a la gente que estaba alrededor de mí y no entendía nada, no la entendía… Y al mismo tiempo sentía que había algo que a mí me gustaba, realmente.

Pero como estaba la consigna de que mi marido se iba a separar si yo continuaba jugando, sentía que me iban a abandonar y también que esto iba a destruir a la familia. Entonces decidí seguir acudiendo a grupo.

Él me acompañaba los lunes y después me llevaba los miércoles. Luego el grupo para familiares cerró y él, de todas formas, se quedaba dando vueltas hasta que yo saliera, unas dos horas.


Nunca más volví a jugar a nada. Pero a veces, muy rara vez, me surgen ganas. Por eso digo que el jugador, como cualquier adicto, y yo soy también adicta a la comida, lo es de por vida.

María Cristina (72). Cómo se siente un ludópata o una ludópata

Terminé entusiasmándome con el grupo, y me di cuenta de que realmente era una cosa muy jodida lo que estaba viviendo; que era una enfermedad, algo perverso lo que yo sentía. Vivía algo placentero pero que al mismo tiempo me estaba destruyendo y estaba destruyendo a mi familia.

Empecé mi recuperación el primero de octubre. Había empezado a asistir al grupo antes, aunque en realidad seguía jugando. Iba al grupo y lloraba porque no podía, no podía dejar de hacerlo. El grupo era muy contenedor y en las terapias yo sacaba todo, soltaba todo.

La gente que asistía eran personas mayores, incluso ancianas. Ellas me contenían mucho, pero me ponían los límites, también. Porque creo que es la única manera de decir las cosas: tal cual son, no andar con halagos, sino diciendo la verdad, la cruel verdad.

El 1 de octubre cumplo 17 años de abstinencia. Eso sí, nunca más volví a jugar a nada. Pero a veces, muy rara vez, me surgen ganas. Por eso digo que el jugador, como cualquier adicto, y yo soy también adicta a la comida, lo es de por vida.

– ¿Cuánto tiempo has asistido a terapia grupal?

– En el grupo de la ciudad vecina estuve un año. Luego me operaron de la cadera y no pude ir más. Entonces, tres personas que llevaban varios años de abstinencia vinieron a mi ciudad, que queda a 40 kilómetros de distancia, y formaron un grupo aquí.

Me llamaron. Yo había vuelto a caminar y estuve en la formación del grupo. Y con el tiempo quedé sola al frente, como guía. Con esto de la pandemia nos vimos impedidos de seguir (yo soy diabética y prefiero quedarme en casa), pero nos mandamos todo el tiempo oraciones por whastapp y hablamos.

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Ahora es un grupo reducido, pero hubo un momento, cuando yo estaba al frente, en que asistían entre 20 y 25 personas. Por suerte, ahora hay otra gente que también está formada, muy valiosa, que me ha reemplazado, porque yo no puedo movilizarme bien. Pero de cualquier manera siempre estoy dispuesta a dar una mano a otras personas que sufren adicción.

– ¿Crees en el poder de la terapia grupal para salir de la adicción?

Las terapias ayudan muchísimo. A mí me sirvió porque yo era muy honesta. Eso lo aprendí allí: de actuar como una mentirosa, porque mentía por cualquier cosa, pasé a hablarlo con el grupo, y eso me ayudó comprender que podía modificar esa conducta, y de hecho la iba modificando. Y cada vez me hacía más honesta conmigo misma (aunque también más cruel, en ese sentido). Entonces fui viendo por qué había caído en el juego.

Cómo piensa un ludópata o una ludópata

– ¿Y por qué lo hiciste? ¿Cómo se siente un ludópata o una ludópata?

Lo vi mucho tiempo después de empezar el tratamiento. No es algo que se vea en el momento, se necesita un tiempo para ir elaborando un montón de cosas internas. Descubrí que la primera vez que había entrado al casino me sentí poderosa. En aquel momento lo percibí como algo casi misterioso, que yo desconocía. Pero con el tiempo me di cuenta que yo ahí mi sentía poderosa, me sentía en otro mundo.

Caí en que me interesaba mucho el dinero, aunque en la vida cotidiana soy una persona que no demuestro ese interés, porque no soy consumista. Pero se ve que internamente tenía todo eso. Pude sacarlo y darme cuenta de qué me llevaba a ser eso: esas ganas de ser poderosa, de sentirme con un poder que no tenía en otras cosas.


Cuando estaba con alguien me sentía inquieta, pensando cómo iba a hacer, de dónde iba a sacar el dinero para jugar. Me tenía muy mal, era una ansiedad permanente.

María Cristina (72). Cómo se siente un ludópata o una ludópata

– ¿Tenías antecedentes de adicciones en tu familia?

– A medida que iba pasando el tiempo frente al grupo y las terapias, el hecho de repetir las cosas, de decir lo que sentía realmente, de ubicarme en ese momento, fue revelándome un montón de cosas mías que ignoraba.

Me di cuenta de que el juego me había afectado también en las relaciones, porque yo no me relacionaba más con nadie. Cuando estaba con alguien me sentía inquieta, pensando cómo iba a hacer, de dónde iba a sacar el dinero para jugar. Me tenía muy mal, era una ansiedad permanente.

A medida que pasaba el tiempo en el grupo también iba disminuyendo esa ansiedad. Y ya veía el juego de otra manera, como una enfermedad. Yo antes sabía que existía como enfermedad, pero hasta que no lo puedes visualizar internamente no lo comprendes, no comprendes lo que implica esa enfermedad. Así que, cuando lo internalicé, me pude enfocar en cómo salir de eso, en buscar las técnicas que fui encontrando.

– ¿Qué técnicas?

– Por ejemplo, una técnica que me ayudó mucho. Recuerdo que fue en distintas oportunidades en que salí del casino a las cinco de la mañana, cuando ya habían cerrado, y mi marido no estaba en casa y mis hijos dormían. Iba por el medio de la calle, todo oscuro, sin luces, hacia la parada de autobús. Temblaba pensando que me podía pasar cualquier cosa a esa hora [María Cristina vive en una ciudad con altos índices de delincuencia] y pensando cómo iba a devolver todo lo que había perdido.

Sentía una sensación… que ahora mismo recordando todo esto vuelvo a sentirla, una sensación de abandono. Una sensación de tristeza y abandono.


Esa sensación de tristeza y abandono terrible que sentía, la traía a mi mente cada vez que me volvían las ganas de jugar. Y se me iban enseguida. Esa fue una de las técnicas que descubrí en terapia.

María Cristina (72). Cómo se siente un ludópata o una ludópata

Esa sensación se convirtió en una técnica para mí fabulosa. Porque cuando la descubrí al principio de mis terapias, me ayudó muchísimo para enfrentar los momentos en que me surgía de nuevo la necesidad de jugar. Cuando me surgía esa necesidad yo rescataba esa sensación, la ponía en mi mente, y se me iban las ganas de jugar. Esa fue una de las técnicas que descubrí.

Otras personas pueden encontrar las suyas propias, por supuesto. A mí esa sensación de abandono, que debe sentir una persona vagabunda que no tiene ni dónde ir, que no tiene nada, que no sabe ni dónde está parada… esa sensación terrible, tremenda, me ayudó muchísimo a vencer el deseo de jugar.

– ¿Y te vuelven las ganas de jugar después de tantos años?

– Yo digo siempre que esta es una enfermedad que no se cura, yo me doy cuenta que no se cura. Se controla, esto sí es real: se controla. Porque yo hay momentos que cuando escucho que uno ganó tanto, que el otro ganó no sé cuánto… ¡me vienen unas ganas de salir corriendo a jugar! Y eso me da la pauta de que soy una jugadora y por eso me cuido tanto, mucho.

Porque realmente no quiero volver a esa vida. ¡No quiero volver a esa vida terrible! De estar debiéndole a las personas, de estar mintiendo, porque una miente. Y es que no puedes afrontar todo lo que haces sin mentir, y mentirte a ti misma. Te conviertes en un monstruo. No quiero volver a eso ni quiero volver a hacer daño.

Tomé conciencia del daño que le había hecho a mis hijos, a mi marido y, por supuesto, el daño que me había hecho a mí. A partir de ese momento, de los cuatro años de aquel primero de octubre, nunca más. Y si voy a un lugar y están jugando a las cartas o a otro juego, aunque no sea por dinero, no participo. Soy consciente de cuál es mi enfermedad. 


Yo digo siempre que esta es una enfermedad que no se cura, yo me doy cuenta que no se cura. Se controla, esto sí es real: se controla.

María Cristina (72). Cómo se siente un ludópata o una ludópata

EJEMPLOS DE COMPORTAMIENTO DE UN LUDÓPATA

Descubriendo qué hace y cómo se siente un ludópata

– ¿Recuerdas días negros?

– Puedo contar miles de anécdotas. Un día entré a las 9 de la mañana, cuando abrió el casino, y era la una del mediodía y yo estaba dentro. A veces ganaba, pero no me iba, era como si estuviera pegada.

Me acuerdo que ese día tuve que llamar por teléfono a una compañera de trabajo para decirle que, por favor, avisara que estaba en mi consultorio médico, que no me habían atendido y que no iba a poder ir al colegio. Me sentía una desgraciada, pero no importaba: yo volvía y seguía jugando. Ese día estuve no sé hasta qué hora. No sabía de la vida de mis hijos, no sabía nada.

Fue una etapa muy fea… muy fea. Hoy miro atrás y me pregunto: ¿cómo pude haber llegado a eso? Esta es una enfermedad silenciosa, perversa, que te causa placer y al mismo tiempo te destruye.

– ¿Crees que tu forma de ser influyó en que cayeras en esta adicción?

Soy una persona propensa a tener adicciones. Con respecto a la comida, por ejemplo, hay momentos en que realmente me doy cuenta que, para mí, es otra adicción.

Nunca he fumado ni bebido, pero me gusta el alcohol dulce, así que evito tener en mi casa esas bebidas. Evito todo lo que pueda producirme una adicción. No me lo permito. Creo que esa es una forma también de cuidarse. Porque no quiero esa vida.

En mi caso, soy una persona que tiene una vida familiar, gente que la rodea, mis hijos, mi marido, que para mí son muy importantes y que me quieren mucho.

En realidad, yo caí en el juego porque me sentí deslumbrada por el poder, por el dinero. Pensaba que me iba a hacer millonaria. Y en el casino nunca te haces millonario y menos siendo adicto. Porque el adicto tiene como una necesidad de perder lo que gana. Yo he visto gente en el grupo que ha ganado una camioneta y la ha perdido al día siguiente.

– Los grupos terapéuticos son de gran ayuda, aunque se viven historias muy duras…

– Es muy triste lo que uno va viendo en los grupos terapéuticos, porque te muestra que puedes tener recaídas. Es decir, que las adicciones son difíciles, que no se curan, sino que se controlan. Y como estás en contacto, porque yo no dejo de estar en contacto con gente con adicción, te das cuenta de lo grave que es esta enfermedad y de lo difícil de controlarse.

En los grupos compartes las técnicas que has encontrado, cómo has hecho tú para salir. Las terapias son muy importantes. Hay gente que va, pero se encierra en sí misma y no habla, no cuenta realmente lo que siente; a mí me pasó también eso. Pero yo comprobé que tenía que decir todo lo que llevaba dentro. Y poder escuchar, porque esa es otra también: escuchar a las otras personas es fundamental.

El programa de 12 pasos, muy conocido, que es el que sigue mi grupo, es un programa sumamente sabio. Son 12 consignas que hay que leerlas en todas las reuniones hasta que puedes incorporarlas, comprenderlas primero y después conversarlas para lograr internalizarlas en tu vida cotidiana. A mí me llevó años hacerlo.


¿Qué puede hacer un familiar? Por ejemplo, lo que hizo mi marido: sacar a la persona todo lo que tenga a mano de dinero: yo le entregue mi tarjeta del banco, ni siquiera cobraba mi sueldo, no manejaba nada de dinero.

María Cristina (72). Cómo se siente un ludópata o una ludópata

– ¿Cómo te sientes recordando todo esto?

Es difícil relatarlo, porque uno vuelve atrás y vuelve a sentir lo que sentía en ese momento. Es algo muy cruel, muy… ¿cómo decirlo? Que duele mucho. Hay mucho dolor; en la persona adicta hay mucho dolor.

Uno tiene que tener gente, o sea, gente que a uno le importe, que uno quiera.

CÓMO TRATAR A UN LUDÓPATA EN CASA

Comprender cómo se siente un ludópata ayuda a enfrentar su enfermedad

– ¿Y qué puede hacer esta gente por la persona adicta al juego?

¿Qué puede hacer un familiar? Por ejemplo, lo que hizo mi marido: sacar a la persona todo lo que tenga a mano de dinero: yo le entregue mi tarjeta del banco, ni siquiera cobraba mi sueldo, no manejaba nada de dinero. Recién empecé a manejar dinero a los 10 años de estar en abstinencia. Entonces dispuse de algo para comprar un par de zapatos, por ejemplo.

Por supuesto, todo esto debe estar consensuado entre la persona que sufre adicción y la familia. La persona tiene que querer salir de esto, si no, no tiene sentido.

Desde mi punto de vista, sólo puedo decirles a los familiares que, si la persona adicta no quiere salir, si no quiere hacer nada, tienen que hacer todo lo posible por cuidarse ellos. Porque una persona que sufre adicción no sólo se destruye a sí misma, destruye a toda la familia. Esto ocurre en cualquier adicción.


Desde mi punto de vista, sólo puedo decirles a los familiares que, si la persona adicta no quiere salir, si no quiere hacer nada, tienen que hacer todo lo posible por cuidarse ellos.

María Cristina (72). Cómo se siente un ludópata o una ludópata

Hay que tomar consciencia de que hay que ayudar, pero sí la persona no quiere ser ayudada, entonces, realmente, cortar todo lo que sea víveres y mantenerle. Y no sufrir por ello y cuidarse cada quien, porque es una enfermedad destructiva totalmente.

La familia lo más que puede hacer es quererle y nada más; ni preocuparse por el problema, en ese caso. Porque si la persona no quiere salir, no va a salir. Esto depende de cada uno.

– ¿Hay algo que crees que puedes sugerir a la persona adicta que no sabe cómo salir?

– Yo quise salir y tenía un motivo para hacerlo, y creo que eso es fundamental: tener un motivo de vida, algo que te interese mucho para poder controlar la adicción. Yo tenía a mi familia y sentía que iba a perderla, y sentía que era mi vida. Siempre pienso que fue un milagro que mi marido se haya dado cuenta de que yo estaba enterrada en esto.

A veces pasamos por la vida centrándonos en nuestras ocupaciones y no nos damos cuenta de qué sucede a nuestro lado. O nos damos cuenta que pasa algo, pero no lo hablamos. Hablar de este problema es muy importante. Y es muy importante el amor que pone la familia cuando la persona necesita hablar. El dialogo, el acompañamiento, son fundamentales. Por eso son tan importantes los grupos.

Pero también aquí hay que aprender a escuchar y a escucharse. ¡Esto es fundamental! Porque todos decimos las mismas cosas, a veces, o leemos las mismas cosas, pero no las elaboramos. Cada persona tiene su forma de ser, su personalidad, y su problemática. Somos todas distintas.


El diálogo, hablar, hablar y hablar, expresar lo que te pasa, es fundamental. Y no callarte la boca y actuar como actuaba yo: a escondidas y con culpas.

María Cristina (72). Cómo se siente un ludópata o una ludópata

Entonces es muy importante escuchar a la otra persona, porque nos sirve mucho su experiencia. Y escucharse a sí misma cuando está en la terapia, también. Y revisar lo que sientes y piensas.

A menudo, en mi vida, antes de empezar con este programa, yo hablaba con otras personas de «ser honesta». Y entonces comprendí lo que significaba ser honesta después de pasar por esta experiencia de adicción al juego y por la terapia grupal.

El diálogo, hablar, hablar y hablar, expresar lo que te pasa, es fundamental. Y no callarte la boca y no actuar como actuaba yo: a escondidas y con culpas.

Y si no tienes en el lugar donde vives quien te escuche, habla con otras personas, pero no te encierres. Es muy importante.

En los grupos de ayuda mutua se hacen reuniones todos los años en cada país y también a nivel internacional. Yo he ido a muchas ciudades, y cuando he viajado he buscado siempre un grupo para asistir, para dar terapia y escuchar. Y ha sido muy enriquecedor.

– Ahora se está viendo un problema con las apuestas en personas muy jóvenes, incluso adolescentes.

– Tendría que haber una política gubernamental de ayuda para los jóvenes. Pero la ayuda también es para el que la quiere realmente, porque hay gente que no le interesa, quiere seguir metida en esto. Uno tiene que poner todo lo que puede, lo que está dentro de uno para ayudar, pero siempre reconociendo sus límites. Tampoco puedes dejar tu vida por la de otra persona que no quiere ser ayudada.

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