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¿Qué es la adicción a la comida?

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una mujer que sufre adicción a la comida

13 cosas que debes saber sobre este trastorno psicológico

Rakel Villanueva, psicóloga especialista en adicciones
Rakel Villanueva, psicóloga especialista en adicciones de Bizkaia.

“María, una mujer de 46 años casada y con dos niños, cuando llega la noche y todos duermen ataca el armario del desayuno. Los dos paquetes de galletas, las madalenas y el chocolate le hacen, por unos minutos, olvidarse de sus frustraciones como madre, de que no se siente deseada como mujer y de su sentimiento de inferioridad al compararse con sus amigas. Cuando ve todos los envoltorios sobre la mesa, sabe que es excesivo y llega la culpa, pero nada puede hacer para evitar que la siguiente noche suceda lo mismo”.

María sufre adicción a la comida, y quien relata su caso es la psicóloga especialista en adicciones Rakel Villanueva desde Galdakao, Bizkaia (ver ficha profesional en nuestro directorio de psicólogos en adicciones). En este artículo, Villanueva puntualiza y profundiza en esta dependencia patológica con serias consecuencias.

LO QUE DEBES SABER SOBRE LA ADICCIÓN A LA COMIDA:

1. Es un trastorno psicológico que lleva a la persona a perder el control y depender de la comida, incluyendo grandes atracones.

La adicción a la comida es un trastorno psicológico que se caracteriza por la necesidad de buscar y consumir compulsivamente determinados alimentos, a pesar de sus consecuencias nocivas para la salud. Lo define no tanto la frecuencia con que se realizan estos atracones (habitualmente alta), sino la pérdida de control por parte de la persona que lo sufre y el establecimiento de una relación de dependencia patológica con la comida.

Las personas que padecen este problema reciben el nombre de adictos a la comida. Aunque estos comportamientos adictivos también pueden aparecer en diferentes trastornos de la conducta alimentaria como el trastorno por atracón, la anorexia y la bulimia entre otros.

2. Es una adicción conductual antes que una dependencia a sustancias, aunque existe algo de controversia al respecto  

Existe cierta controversia respecto de si la adicción a la comida es un tipo de adicción a sustancias o comportamental. Pero diversos estudios parecen indicar que se trata de una adicción comportamental. Personalmente, desde una perspectiva clínica, sí me inclino a considerarlo una adicción de este tipo, conductual.

El DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría) contempla la adicción a la comida dentro del apartado de adicciones. Pero aún no lo define como un trastorno en sí mismo. Probablemente, por las dudas que existen sobre si se trata de un trastorno por consumo de sustancias o una adicción de comportamiento.

3. Deseo impulsivo de comer, pérdida de control, usar la comida para aliviarnos, guardar la conducta en secreto, son algunos indicadores del problema.

Existen varias señales que nos pueden ayudar a identificar un problema de adicción a la comida:

  • Sentir el deseo o impulso de comer.
  • Experimentar una pérdida de control sobre la comida o ciertos alimentos.
  • Obsesionarse con la comida o ciertos alimentos.
  • Utilizar la comida para aliviar tensiones y sentimientos negativos.
  • Negar la gravedad del problema.
  • Intentar mantenerlo en secreto.
  • Continuar comiendo de esa forma a pesar de sus efectos adversos.
  • Realizar intentos reiterados por dejar de comer así y fracasar.

Nuria y Esther, dos ejemplos de adictas a la comida

Nuria tiene 14 años, después de hacer un repaso a Instagram siente ansia por comer. Se prepara un plato de macarrones al que le sigue un bocadillo de chorizo y un paquete de patatas fritas. Este tipo de comida lo tiene prohibido si quiere conseguir el cuerpo que tienen las otras chicas. Sin embargo, el placer que siente en ese momento le hace olvidarse de que está asqueada con su imagen y su vida. Piensa que no es para tanto. No se lo va a contar a nadie porque mañana comenzará un nuevo régimen y volverá a intentar hacer ejercicio.

Esther tiene 40 años y este verano quiere estar perfecta. Su madre y su jefe no paran de exigirle y le agobian. No podrá con ellos, pero si con su cuerpo. Apenas come durante el día porque le quedan sólo dos meses para bajar 12 kilos. Aguanta bien el hambre ya que el ritmo de trabajo y el gimnasio le tienen entretenida.

Llega a casa a última hora de la tarde. Un email de su jefe le recuerda que tiene trabajo pendiente y un calor repentino le sube por el cuello. Revisa las facturas y siente un nudo en el estómago. Al mismo tiempo, un whatsapp de su madre le recuerda lo mala hija que es y siente que le falta el aire. Se pone la televisión y abre un armario. Una hora después, se da cuenta de que se ha comido dos tabletas de chocolate, el paquete de bizcochos y dos de patatas fritas. El estómago le duele y siente nauseas. Piensa que podrá controlarlo, mañana volverá al ayuno.

Como podemos observar, estas personas utilizan la comida para aliviar tensiones y sentimientos negativos. Sienten ansia normalmente por alimentos prohibidos como dulces o snacks. Dependen de ellos para obtener placer, pero al mismo tiempo su ingesta les hace sentir culpa y frustración, y por eso recurren de nuevo a ellos para aliviar el malestar. Así se forma el círculo vicioso en el que se encuentran atrapados quienes sufren esta enfermedad.

4. Detrás de la adicción a la comida existen características personales y emocionales como la sensación de fracaso o la impulsividad, entre otras.

Existen características de personalidad y estados emocionales que aumentan la vulnerabilidad psicológica a la adicción a la comida.

Entre los estados emocionales que pueden promover la adicción a la comida, destacan:

  • La depresión y la ansiedad
  • La disforia (estado anormal del ánimo que se vivencia subjetivamente como desagradable y se caracteriza por oscilaciones frecuentes en el estado de ánimo)
  • La carencia de afecto
  • El aislamiento social
  • La sensación de fracaso
  • Los problemas en las relaciones familiares, sociales o laborales
  • Intolerancia a los estímulos displacenteros tanto físicos (dolor, insomnio, fatiga…) como psicológicos (disgustos, preocupaciones, responsabilidades..).

Entre las características de personalidad que predisponen al desarrollo de adicción a la comida, destaca:

  • La impulsividad
  • Una baja autoestima
  • Un estilo de afrontamiento inadecuado ante las dificultades cotidianas.

5. La adicción a la comida se origina en la familia, a base de imitar una forma compulsiva de comer o como estrategia para aplacar estados de ánimo desagradables

El origen de la adicción a la comida lo podemos encontrar, en unos casos, como una conducta aprendida que se adquiere a base de repetir las ingestas que, en un principio, resultan placenteras. En otros, como estrategias de afrontamiento inadecuadas para hacer frente a problemas personales como la ansiedad, la tristeza o la soledad entre otros. A menudo, este aprendizaje de conductas se hace dentro de la familia.

Ramón afronta la ansiedad engullendo

Ramón tiene 38 años, es muy tímido y nunca ha tenido amigos. Últimamente, en el trabajo se siente poco valorado y percibe que se aprovechan de él: le cargan de trabajo porque le da miedo y vergüenza negarse; siente que no sirve para nada. Sus padres apenas le llaman desde que nació su sobrina. Llega a casa y ve las pizzas y el bote de helado en el congelador, y siente que se merece todo eso: se lo ha ganado. Experimenta un verdadero placer al comerlo, al tiempo que nota que la tristeza y la ansiedad se disipan. Mañana lo repetirá porque necesita volver a sentirse así de bien.

6. Si bien personas con sobrepeso y obesidad son más propensas, todos los factores mencionados antes pueden predisponer a esta adicción.

Los estudios nos muestran que las personas con sobrepeso y obesidad, sobre todo que buscan tratamiento para perder peso, son más propensas a desarrollar una adicción a la comida. Sin embargo, cualquiera que comparta los factores psicológicos de predisposición, que se comentaron en el punto cuatro, pueden sufrir este tipo de adicción.

(Pero si tengo que basarme en mi experiencia en consulta, los tres perfiles más habituales con los que me encuentro son los de María, Nuria y Ramón, relatados en este artículo.)

7. La adicción a la comida prevalece sobre todo en mujeres mayores de 35 años y en adolescentes con sobrepeso.

La mayor prevalencia de adicción a la comida la encontramos en adultos mayores de 35 años de sexo femenino. En niños es muy baja, aumenta en la adolescencia, sobre todo, si existe obesidad o sobrepeso.

8. En personas con tendencia a esta adicción, el cerebro genera más placer cuando ingieren comida basura.

Lo que comemos, la cantidad y el momento en que lo hacemos, está determinado por mecanismos cerebrales. Estos engranajes neuronales, al recibir el estímulo químico de los alimentos, generan sensaciones relacionadas con el placer, la palatividad de la comida y, también, con el apetito y la motivación para buscar alimentos sabrosos.

En el cerebro de la persona adicta a la comida se observa, por un lado, una mayor activación neuronal en circuitos relacionados con la recompensa a señales de alimentos con alto contenido calórico (grasas y azúcar). Y, por otro, limitaciones en el control cognitivo.

persona adicta a la comida
Los alimentos con alta palatibilidad pueden promover una actitud adictiva hacia la comida, si bien esto depende de la estabilidad emocional y psicológica de cada persona.

9. Consecuencias de la adicción a la comida: ansiedad, depresión, obesidad, diabetes, problemas cardíacos…

Las principales consecuencias que tiene la adicción a la comida sobre la salud son:

Ansiedad y/o depresión.

Baja autoestima.

– Sentimientos de culpa.

– Cambios bruscos de humor e irritabilidad.

Rechazo de la imagen corporal.

Sobrepeso u obesidad. Aunque no todas las personas adictas a la comida son obesos o tienen sobrepeso.

Diabetes.

Hipertensión.

– Problemas cardiovasculares.

Colesterol alto.

– Trastornos digestivos.

La adicción a la comida puede provocar desórdenes de la conducta alimentaria, como la anorexia nerviosa, bulimia nerviosa o el trastorno por atracón.

10. Alimentos con potencial adictivo: carbohidratos, azúcares, grasas saturadas… aunque el riesgo depende de la salud psicológica de la persona

Varios estudios señalan que ciertos alimentos como los hidratos de carbono o azúcares y las grasas podrían tener potencial adictivo. Sobre todo, los alimentos con alta palatabilidad (los que tienen capacidad de retrasar la sensación de saciedad y promueven seguir comiendo sin límite). También se ha encontrado una relación directa entre los alimentos con glutamato y la ingesta en las conductas de atracón.

Sin embargo, a pesar del supuesto poder adictivo de ciertos alimentos, si una persona está estable psicológica y emocionalmente, tiene una alta autoestima, una buena capacidad para afrontar problemas, y buenas relaciones familiares, sociales y laborales, será muy difícil que desarrolle una adicción a la comida.

La industria de la alimentación emplea cada vez más el azúcar en la elaboración de productos alimenticios, sobre todo chatarra. Dentro de un contexto socioeconómico de país enriquecido, y sobre todo en familias con bajos recursos económicos y educativos, esta dieta alta en azúcares promovida por la industria puede favorecer la aparición de personas adictas a la comida, al combinarse con otros dos ingredientes. Uno es el bombardeo publicitario que estimula la compra este tipo de alimentos; otro, la gran accesibilidad que tenemos a estos productos: mucho más económicos y fáciles de consumir que otros más sanos.

11. La familia debe actuar como co-terapeuta, apoyando, brindando alternativas, sin culpabilizar ni restar importancia al problema

La familia y el entorno son siempre fundamentales para la recuperación de una persona con un problema de adicción. Es importante que actúen como co-terapeutas para ayudar y supervisar el tratamiento, ejerciendo de enlace entre el paciente y el terapeuta.

Tiene que servir de apoyo en los momentos de mayor vulnerabilidad. Ofrecer otras alternativas a la comida para hacer frente a la soledad o la frustración y, sobre todo, no culpabilizar ni enfadarse con la persona que sufre adicción, y tampoco quitarle importancia al problema. Debe contribuir a que exteriorise la emociones y aceptarlas para poder gestionarlas.

12. La ayuda psicológica profesional es fundamental para superar la adicción a la comida.

Es muy difícil que se pueda superar una adicción a la comida sin el tratamiento psicológico adecuado. Los tratamientos empleados en general combinan estrategias psicológicas y nutricionales.

El apoyo nutricional ayuda a los pacientes con adicción a la comida a mantener unos hábitos alimentarios saludables a través de la psicoeducación, contribuye a:

  • Establecer patrones alimentarios regulares
  • Desarrollar habilidades de planificación para evitar ayunos
  • Manejar las situaciones de riesgo.

El tratamiento psicológico opera con técnicas basadas, por un lado, en la modificación de conducta para identificar aquellos estímulos (situaciones emocionales o relacionales) que llevan a la pérdida de control sobre la ingesta.  Por otro, a nivel cognitivo, busca identificar y modificar los pensamientos y sentimientos automáticos que favorecen y mantienen la ingesta compulsiva.

Con este tratamiento, la persona que sufre adicción a la comida descubre cómo son su conducta, pensamientos y emociones y la relación que tienen con sus hábitos alimentarios inadecuados. Posteriormente, busca alternativas más apropiadas por medio de la intervención en aspectos como la impulsividad, la autoestima, el afrontamiento inadecuado de problemas, los déficits en habilidades sociales, la dificultad para regular emociones (tanto positivas como negativas) o la imagen corporal.

13. En casos de deterioro grave, las personas pueden ingresar en un centro de desintoxicación por un tiempo.

Sí, existen centros especializados en adicción a la comida. Algunos realizan los tratamientos de forma ambulatoria y otros ofrecen la posibilidad de un ingreso, si el caso es muy grave o la situación personal del paciente lo requiere.

El momento de derivarle a un centro de desintoxicación residencial se da cuando la persona adicta a la comida tiene su salud muy deteriorada y ha perdido totalmente el control sobre la ingesta, llegando esto a interferir en la funcionalidad para vida de una forma «normal».

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