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Microcréditos rápidos online: una eficaz trampa para ludópatas

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Persona pidiendo microcrédito fácil online

Cómo los créditos fáciles engordan las deudas por ludopatía y otras adicciones

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Juan (45) abre el ordenador. Visita, una vez más, la página de microcréditos. Introduce sus datos y adjunta su DNI y su nómina de 1.500 euros. El programa piensa y, en unas horas, transfiere 1.000 euros a la cuenta del solicitante. Juan ya tiene gasolina para quemar en el bingo a la vuelta de su casa, uno de tantos que se han abierto en su barrio en los últimos años. Pero este no es el único préstamo que ha pedido este hombre, casado y padre de dos hijos de 9 y 10 años. Y sufre, por supuesto, de ludopatía, adicción al juego.

Debo 40.000 euros en microcréditos online. Al principio pensé que podía controlarlo, y le pedía a mis colegas, luego a mis hermanos, mis padres… pedí un crédito en el banco y, finalmente, no me quedó otra que acudir a una web de microcréditos. Esto terminó de hundirme, perdí el control, sobre todo porque debía pedir un préstamo para pagar otro. Ahora es un infierno”, relata Juan.

¿Qué son los microcréditos fácil online?

Los microcréditos fáciles online son préstamos de hasta 1.000 euros que se pueden gestionar, sobre todo, de forma online, con empresas privadas, las cuales los conceden casi de forma instantánea y exigiendo solo la mayoría de edad, un DNI y una nómina a quien los solicita. Ni aval, ni extractos bancarios, y, a menudo, ignorando si la persona se encuentra en el registro de morosidad.

Estas compañías refugiadas detrás de páginas web y aplicaciones móviles operan con el discurso de ayudar con facilidad en casos extremos, de resolver una urgencia financiera o monetaria a personas que cuentan con bajos recursos y garantías. Y funciona, al menos su discurso publicitario para atraer clientes. Por ejemplo, personas que necesitan pagar un alquiler apremiante; cubrir deudas de luz y agua, servicios básicos; o simplemente cubrir los gastos del mes.

Todo hay que decirlo: el concepto microcrédito surgió como una fórmula de soporte financiero fácil para personas que deseaban emprender un negocio y carecían de la estructura empresarial, solvencia y avales necesarios. En otras palabras: no todos los microcréditos son iguales ni apuntan al mismo público. Incluso el Instituto de Crédito Oficial ofrece microcréditos a pequeñas empresas o iniciativas. Incluso si se trata de pagar deudas, estos préstamos rápidos apelan a la seriedad de la persona y los fines con que va a emplear el dinero.

No, aquí no hablamos de esas ayudas financieras. Hablamos de los microcréditos fáciles online, sin papeleos. Aunque se presentan como una herramieta loable para cualquiera que necesite efectivo, lo cierto es que su gran masa de negocios la trabajan con personas en situaciones de necesidad extrema, a menudo como consecuencia de una adicción, a las que luego se les complicará pagar.

Condiciones de los microcréditos online

La realidad es que muchas personas con problemas de adicciones (al juego y a las compras) echan mano de estos salvavidas, que al final se termina convirtiendo en cadenas pesadas que las arrastra hasta el fondo. Acuden a microcréditos para conseguir su consumo (ya se drogas o juego), pero también para cubrir deudas apremiantes que han contraído impulsadas por su adicción.

“Tenemos pacientes que han ido a muchas entidades para pedior un microcrédito para pagar otro”, explican desde un centro ambulatorio especializado en adicciones, de Valencia. “Hay un chico que llegó a adeudar 25.000 euros y no paraban de acosarle por teléfono, pues suelen ser muy agresivas cuando hay una demora en un pago. Entonces pides otro préstamos en otro sitio para pagar el anterior, y la deuda cada vez es mayor”, ejemplifican.

Una de las desventajas más significativas de los microcréditos online o fáciles es el alto interés que estos conllevan, que puede ser de un 20 a 30 por ciento. Esto significa que, quien pide 1.000 euros, deberá devolver 1.300 euros.

“Nos acosaban a todas horas, desde diferentes teléfonos, a mí y a mi marido”, relata Viviana, la pareja de Juan. “No había forma de tener los teléfonos encendidos. También nos tiraban cartas por debajo de la puerta; a mí me abordaron en la puerta del ascensor y en varias ocasiones hablaron con vecinos”, recuerda angustiada.

Según especialistas del centro de adicciones en Valencia, se trata de “empresas sin escrúpulos” que “se aseguran de que los cobros se produzcan, como si fuese una suerte de mafia controlada y legal, pero, está claro, poca ética”.

Lo cierto es que estas empresas operan legalmente, amparadas por la Ley de contratos de crédito al consumo, que regula los contratos de préstamos personales de más de 200 euros. Y otras normativas como Ley general para la Defensa de los Consumidores y Usuarios; la Ley de Contratos de Créditos al Consumo; la Ley General de Publicidad, entre otras normativas.

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    La segunda oportunidad en Ludopatía

    El abanico de edades es enorme, pero parece que presenta especial riesgo en jóvenes de entre 18 y 25 años. La posibilidad de conseguir microcréditos sin papeleo representa una opción muy atractiva para esta franja. Aunque, como se ve en esta nota, es un “producto” financiero solicitado por todos los públicos, sobre todo si necesitan recursos rápidos y fáciles de conseguir, como sin duda lo hará una persona con ludopatía u otra adicción.

    De hecho, el triste éxito de estos préstamos ya representa un problema significativo como para que surjan diferentes asociaciones y plataformas de abogacía ofreciendo ayuda y asesoramiento ante situaciones de alto endeudamiento por estos créditos. Son las que trabajan con la ley de la segunda oportunidad.

     “Los microcréditos online vienen como anillo al dedo para una persona compulsiva, que necesita dinero ya: consumidores de cocaína, ludópatas… estos son los que más recurren a estos préstamos y son los que más riesgos corren, porque tienen acceso directo y muchas veces no pueden parar, no pueden parar por la comodidad y facilidad que ofrecen las web”, especifica un especialista en adicciones del centro valenciano.

    Hay veces que en 10 minutos la persona tiene el dinero en la cuenta. Un caramelo irresistible para una persona que sufre una enfermedad caracterizada por el gasto compulsivo, como ocurre con la ludopatía. Un trastorno reconocido por manuales de adicciones de todo el mundo y por el universo de especialistas en la materia.

    La familia frente al compartamiento ludópata y los microcréditos

    “La persona familiar debe intentar convencer, concienciar al propio adicto para que comparta sus cuentas y poder llevar un control constante de los movimientos”, sugieren desde el centro ambulatorio. “Debe estar pendiente, muy pendiente, y buscar que la persona ingrese a un tratamiento”.

    ¿Qué pasa si la persona con ludopatía se niega a recibir ayuda?

    «En ese caso, la familia ha de actuar con firmeza. Primero, proporcionarle una protección para que no pueda acceder a sus cuentas, lo cual implica conocer el estado de las mismas, lo cual no es fácil por la Ley de Protección de Datos», aconsejan. «Pero, sobre todo, convencer entre toda la familia a la persona de que tiene un problema y que no puede gestionar de forma independiente su dinero.

    Otro paso necesario es exigir a la persona que se inscriba en el registro de autoprohibición en su comunidad y a nivel estatal. Estas listas funcionan como un aviso en las casas de apuestas y casinos para no dejar entrar a personas con problemas de adicción al juego. Ahora bien, es una medida totalmente inservible en las máquinas tragaperras de los bares.

    “En realidad, no existe una medida totalmente protectora. En el fondo, es la persona quien debe buscar solución, ayuda. La familia puede intentar ayudarle o exigirle lo que quiera, pero si la persona no quiere, el tema está muy difícil”, aclaran desde el centro.

    Llega un momento en que la deuda contraída es tal, que la persona aparece en la base de datos del RAI y estas entidades dejan de prestarle dinero. El problema es que esto ocurre cuando la montaña es demasiado alta.

    «Como familiares, solo podemos prestar atención ante las señales e intentar observar las cuentas, ver los movimientos, los gastos. Pero si la persona no quiere, estamos de manos atadas”, advierten los especialistas. Eso sí, siempre nos queda trabajar la relación con la persona adicta tal cual se explica en este vídeo, para poner límites y que su enfermedad no termine por generar una caos en todo el entorno familiar. O, al menos, que el impacto sea el menor posible.

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