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La recaída de un adicto o una adicta

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recaída de un adicto

Por qué una persona en tratamiento vuelve a los viejos patrones

Foto cabecera de «La recaída de un adicto o una adicta»: Cottonbro, en Pexels.

¿Cómo es posible que, después de años de tratamiento de la adicción, la persona vuelva a probar aquello de lo cual es consciente que la destruye? Esta idea puede ayudarnos a comprenderlo: “Si tomar decisiones es como sopesar las opciones en una balanza, una droga es un elefante sentado en uno de los palillos” (Dopamina, de Daniel Liebrman y Michael Long).

Las sustancias y ciertos estímulos conductuales, como el juego de azar, producen en muchas personas una potente activación del circuito dopaminérgico del deseo.

Este circuito cerebral es el encargado de predecir el futuro, es decir, el que guía nuestra motivación hacia aquellas cosas que pueden beneficiarnos y ayudarnos a sobrevivir o ser “más felices” u obtener placer. Por tanto, la molécula de la dopamina que controla este circuito se dispara cuando descubrimos algo que nos reporta una recompensa inesperada: proteger a nuestros hijos/as, encontrar comida, un trabajo, una persona… una sustancia que nos reporta sensaciones intensas.

Cuando esto sucede, la dopamina actúa indicándonos que prestemos suma atención, porque se trata de un estímulo que debemos aprender para repetirlo en el futuro. Así, se generan nuevas conexiones neuronales que permiten retener y asimilar esas acciones, grabarlas para volver a practicarlas y conseguir sensaciones que consideramos «nos hacen más felices», nos producen placer, o nos ayudan a sobrevivir. Nuestra motivación se orienta, entonces, hacia esos estímulos.


La dopamina genera y refuerza nuevas conexiones neuronales que permiten retener y asimilar acciones, grabarlas para volver a practicarlas y conseguir sensaciones que consideramos que «nos hacen más felices», nos producen placer, o nos ayudan a sobrevivir.

La recaída de un adicto o una adicta

Las drogas estimulan químicamente el circuito del deseo de forma muy intensa, mucho más que la comida y el sexo (acciones básicas para sobrevivir y reproducirse), y terminan controlándolo. Puede pasar lo mismo, aunque con menos intensidad, en algunas personas con conductas que se vuelven compulsivas, como el juego, o incluso la propia comida o el sexo. Tras la recompensa, el sistema dopaminérgico nos guiará a buscar más y más esas sensaciones, de forma ilimitada.

El cerebro se encuentra desequilibrado para encontrar la saciedad frente conductas compulsivas, como comer o jugar. O directamente carece de sistemas de saciedad cuando se trata de estímulos químicos como las drogas. Por eso el consumo se realiza de forma desmedida, excesiva, incluso hasta perder el conocimiento o involucrarnos en problemas graves.

Este circuito moldeado por las sustancias o años de conductas compulsivas se encuentra al acecho en las personas que sufren adicción y se están recuperando. Ante cualquier mínimo estímulo, gritará buscando su objetivo: repetir aquello que nos reportó “bienestar”. Y si las circunstancias de contexto y personales colaboran, la persona cede, se quiebra y recae.

10 RESPUESTAS PARA COMPRENDER LA RECAÍDA DE UN ADICTO O DE UNA ADICTA

1. La recaída de un adicto o una adicta significa que vuelve a repetir patrones de conducta adictiva, vuelve a consumir, después de haber estado un tiempo en recuperación.

– ¿Qué es una recaída?

– Una recaída es cuando la persona que sufre adicción vuelve a los mismos estados de autodestrucción con la sustancia, a repetir los mismos patrones de conducta, que antes de iniciar el tratamiento. Las recaídas pueden originarse por diversos factores. Hay que tener en cuenta que el cerebro está acostumbrado a asociar el placer al consumo y no identifica, en primera instancia, la forma de alcanzar esta sensación de manera natural o sin compulsiones. Su sistema se encuentra desequilibrado.

Los factores que conducen a una recaída pueden ser de tipo social, emocional, de contexto

Si la persona se reúne con quienes consumía habitualmente, experimentará provocaciones sensoriales asociadas con su pasado. Y esos estímulos son complicados de frenar para una persona que sufre adicción, que tiene al circuito del deseo enseñado para repetir los patrones que le reportaban determinadas recompensas. La parte racional, pensante, cede al estímulo emocional de la dopamina, que ha grabado ese recuerdo a fuego en su cerebro: el consumo para llegar al placer.

La persona puede encontrarse en ese estado de contrariedad y confusión debido a una circunstancia social, pero también personal (como pelearse con un familiar y no soportar el momento); laboral (un desafío o pérdida de trabajo); o, sencillamente, circunstancial, como haberse encontrado con su antiguo camello y que este le haya ofrecido la sustancia. El estímulo puede ser tan fuerte que la persona termina cediendo.

2. La persona se deja arrastrar emocionalmente al consumo a partir de pensamiento obsesivos sobre la necesidad de hacerlo.

– ¿Cuáles son las fases o etapas de la recaída de un adicto o una adicta?

Primero, el pensamiento obsesivo. Hay una idea recurrente que puede terminar arrastrando al sistema emocional o, viceversa, que está disparado por emociones que incitan al consumo. Como sea, la persona no puede deshacerse de la idea de consumir. Al final, se ve incapacitada de frenar este impulso, pierde completamente su voluntad.

Luego, cuando la persona ha perdido su voluntad, termina comprando la sustancia o ejerciendo el hábito destructivo, como jugar hasta gastarse todo el sueldo. Se rinde a la compulsión y no ve otra posibilidad que la de consumir.

3. Si bien la recaída implica volver a consumir, también existe otro tipo de recaída emocional, donde no se concreta el consumo, pero se experimentan sensaciones propias de la etapa de adicción.

– ¿Existen diferentes tipos de recaídas?

Existen la recaída seca, sin consumo, pero que tiene paralelismos con una recaída con consumo. Cuando las personas salen de un centro de desintoxicación, con frecuencia suelen tener malos días al retomar el contacto con el mundo exterior y la realidad. Incluso atraviesan fases emocionales con sentimiento de autodestrucción. De alguna manera, aunque sea sin consumir, esta es una especie de recaída hacia un sistema emocional triste, pesado, donde se tienen malas sensaciones, incluso donde se produce mal comportamiento e irascibilidad.

No obstante, cuando la persona que sufre adicción sale de su centro y suele sufrir una recaída emocional al tomar contacto con la realidad, a nivel terapéutico este momento no se califica como recaída física, como recaída propiamente.

La recaída por consumo es la que se reconoce como tal. Si no encuentra las herramientas para superar el estado anterior, la persona al final recae físicamente, lo cual implica involucrarse en el acto de consumo.

También puede sufrir una recaída social: vuelve con las personas con las que estuvo consumiendo durante tantos años. Y aunque en ese momento aún se abstenga, asociará determinadas conductas, personas, momentos con la necesidad de tomar drogas o practicar hábitos destructivos. Esto la conducirá a pasarlo mal emocionalmente, a lidiar con un impulso desagradable en su interior. Recaerá en esas sensaciones. Y, tal vez, termine consumiendo. Pero, aunque no lo haga, ya en el momento tiene una experiencia sumamente incómoda y se posiciona en situaciones de riesgo.

Un adicto que ha recaído
En la recaída de un adicto o una adicta, los sentimientos de culpa, vergüenza y frustración están muy presentes. Foto: Alex Green en Pexels.

– ¿Cómo es una recaída no tóxica?

Por ejemplo, cuando una persona sale de un tratamiento de desintoxicación y, al retomar su vida, se castiga trabajando de forma insana, en exceso, sin cuidarse, de forma obsesiva, podemos habla de una recaída no tóxica. La persona está mal, se mantiene abstinente, pero evadiéndose de forma obsesiva y poco saludable con otra actividad. De hecho, posiblemente esa persona, por la forma en que su cerebro aún asocia determinados estados de saturación a la necesidad de consumir, termine por hacerlo.

Otro ejemplo: la persona lleva un tiempo sin consumir y, de repente, vuelve con su ex pareja o con un amigo que consume. En ese momento se pueden abrir dos panoramas: o acaba sufriendo o acaba consumiendo.

Por eso, cuando la persona está en recuperación debe evitar todo tipo de estímulos que le lleven a asociar “placer” o cualquier sensación de alivio, de camuflar el dolor, con “consumo”.

4. Despues de recaer, la persona que sufre adicción normalmente experimenta culpa, vergüenza, impotencia, miedos e inseguridad. Un golpe duro a su autoestima.

– ¿Qué siente un adicto después de recaer en el consumo?

Una persona que sufre adicción, si ha conseguido vivir un tiempo de conciencia respecto a lo que significaba el daño que se estaba induciendo y, por tanto, ha conseguido la abstinencia, después de recaer, de ceder al impulso, se viene abajo anímicamente. Su autoestima se derrumba y vuelve a sentirse como lo hacía antes del tratamiento. Si hay un poco de autoconocimiento, la persona la pasa muy mal, se culpabiliza, vuelve a tener miedos, inseguridad. Un estado potente de malestar, en el que se desprecia a sí mismo. No quiere hablar, piensa que no podrá parar su adicción, siente mucha vulnerabilidad e impotencia. Y mucha mucha culpa.

5. Después de recaer, la persona con adicción debe llamar inmediátamente a su terapeuta y retomar el programa de recuperación.

– ¿Qué hacer después de una recaída por drogas? ¿Cuáles son los pasos a seguir?

La persona que sufre adicción convive con una enfermedad y no está exenta de las recaídas. Esto hay que decirlo claramente: nadie está exento de recaer. Es algo que puede suceder y, de hecho, ocurre a menudo. Lo que tiene que hacer es buscar inmediatamente su fuente de recuperación, volver a profundizar en el tratamiento y a encauzar su vida. Sin castigarse, pero tomando las medidas que le ayuden a frenar el comportamiento, porque una recaída puede significar el primer consumo de muchos.

También puede pasar que la recaída implique una lección dentro de la recuperación. Pero en todo caso hay que sobreprotegerse y retomar las pautas que hemos ido asimilando en nuestra recuperación y que nos mantenían lejos del consumo. Entre otras:

  • Acudir a nuestro/a terapeuta
  • Acudir a la terapia de grupo
  • Encontrar espacios para reflexionar y ver cuál ha sido el motivo de la recaída.

6. Ninguna persona en recuperación está exenta de recaer. Determinados estímulos, circunstancias personales y sociales pueden incitarla a volver a consumir.

– ¿Por qué se produce una recaída? ¿Por qué recae un adicto?

– Hay muchas causas por las que se puede recaer. Pero la más importante, la primera, es porque una persona que sufre adicción sufre una enfermedad. Y esto quiere decir que tiene un problema, un desequilibrio, en su sistema emocional y racional, que guarda además una fuerte memoria pasiva de su consumo. Cuando el cerebro ha encontrado y grabado una potente fuente de placer externa, que son las sensaciones provocadas por el consumo, buscará la forma volver a ella. Se engañará a sí ocultando las memorias del sufrimiento, que también hubo y mucho.

Cuando se lleva un tiempo de recuperación y la persona cree que ha “terminado” un trabajo y que ya tiene controlado para mantenerse en abstinencia, es un momento peligroso. Esa falsa seguridad puede ser resultado de un grado de inconsciencia y de que su cerebro adicto le está engañando para volver a consumir.


Las recaídas son posibilidades que forman parte de la propia patología de la adicción, de la misma forma que el engaño, el ser deshonesto, no ver si me muevo por el motivo correcto…

La recaída de un adicto o una adicta

Muchas personas que sufren adicción y acaban un proceso de recuperación parecen incapaces de reconocer estos momentos, pues el propio modelo neuronal está funcionando en su contra. Hay gente que puede tener claro que no va a consumir y, sin embargo, a los seis meses de haber dejado el alcohol pretenden abrir un bar. Y no lo está haciendo porque conscientemente quiera beber, pero inconscientemente se está buscando el problema. En adicciones usamos la frase: los mejores pensamientos nos llevan a los peores lugares.

La recaída de un adicto o una adicta es una posibilidad que forma parte de la propia patología de la adicción, de la misma forma que el engaño, el ser deshonesto, no ver si me muevo por el motivo correcto… son conductas propias de la persona adicta.

Frente a determinados estímulos y problemáticas, una persona que se encuentra en recuperación puede recaer, autoengañarse por un cerebro moldeado a base de repetir estímulos, para encontrar ese falso placer que reporta el consumo. En ese momento desconecta, por decirlo de algún modo, las áreas cerebrales que guardan los recuerdos malos de la adicción: una de los rasgos de esta enfermedad es el olvido. La persona adicta se olvida a medio plazo de cuál fue su sufrimiento.

Por eso es necesario que a medio y largo plazo se continúe trabajando. No conviene, en general, que una persona que ha sufrido adicción haga terapia un tiempo breve tras la abstinencia y lo deje, se considere superada y pretenda vivir como si nunca hubiese caído en una compulsión. La adicción es una patología crónica y, como consecuencia, debe buscar las herramientas y medios necesarios para consciencia y herramientas para gestionar su enfermedad.

7. Aunque el primer año de recuperación es una ventana de riesgos para que se produzcan recaídas, estas pueden producirse a lo largo de toda la vida. Por eso no hay que bajar la guardia.

– ¿Hay un tiempo en el que una persona que ha conseguido la abstinencia sea más propensa a recaer? ¿O las recaídas pueden darse a lo largo de toda la vida?

– Cada persona es un mundo. En general, llamamos recaída cuando la persona reincide en el consumo después de haber estado al menos un año abstinente. Durante ese tiempo, el consumo es aún muy reciente. Después de ese periodo, las personas pueden mantenerse años sin consumir: 3, 10, 20 años, o toda la vida.

Todo dependerá del trabajo que realice en cuanto a tomar consciencia y adquirir herramientas conductuales y emocionales para lidiar con su enfermedad.


La clave es no abandonar el tratamiento, no bajar la guardia, mantenerse alerta siempre porque los estímulos pueden venir de todas partes.

La recaída de un adicto o una adicta

Lo que sí que está claro es que, si la persona abandona su recuperación, sea la que sea, suele ser cuestión de tiempo que vuelva a las andadas. Y esto no ocurre de la noche a la mañana. Una persona con dos años de limpieza, de abstinencia, no va a recaer de golpe. Pero puede empezar a frecuentar a las personas con las que se juntaba en su vida anterior, y va a comenzar a maltratarse emocionalmente, dejará de cuidarse en el trabajo, con la alimentación… hasta que un día todos los valores y conductas positivas que ha ido construyendo en terapia se diluyen y la persona se encuentra en el sitio incorrecto, con las compañías inadecuadas y con la sustancia prohibida. Y entonces se ve incapaz de decir que no.

Luego, cuando se dan cuenta de que han consumido a los dos años de estar en abstinencia, se siente incapaces de retomar y admitir que tienen un problema. Les cuesta asimilar que se han dejado ganar por los impulsos dopaminérgicos y su memoria pasiva, que realmente son muy complejos de retener.

8. Cuando recae, la persona suele mostrar los mismos patrones de conducta previos al tratamiento: mentiras, deshonestidad, deudas, cambios de humor…

– ¿Qué señales podemos atender en para darnos cuenta de la recaída de un adicto o una adicta?

Las señales de una recaída pueden ser que la persona protagonice las mismas actitudes que cuando consumía: irritabilidad, alteración, incoherencia en su habla, mentir respecto a dónde ha estado y qué ha hecho porque tiene que justificarse de alguna manera. Son las mismas que cuando la persona está consumiendo sin haber pasado por un proceso terapéutico.

También podemos verle triste y alterada, lo cual ocurre en general cuando no está consumiendo. Cuando lo hace, se le ve eufórico. Además, podemos notar problemas de dinero.

9. Como familiares debemos insistir a la persona a que retome el programa terapéutico tras la recaída.

– Si somos familiares, ¿cómo podemos ayudar a una persona que ha sufrido una recaída?

– Los familiares siempre tienen que ser conscientes de que la persona sufre una problemática que va a acompañarle de forma latente toda la vida. Es una enfermedad que se puede frenar, sí, pero hay que trabajar permanentemente. En este sentido, la familia debe acompañar e incitar a la persona a que, a corto, medio y largo plazo, continúe con su recuperación, que no abandone. Porque, aunque lo vean muy bien, estable, entero, dejar la recuperación es un factor que promueve la recaída.

La clave es no abandonar el tratamiento, no bajar la guardia, mantenerse alerta siempre porque los estímulos pueden venir de todas partes.

10. Recaer significa un mal paso dentro del tratamiento, pero no que éste haya fracasado. Hay que continuar trabajando.

– ¿Recaer significa que el tratamiento no ha funcionado, que la persona ha fracasado en su recuperación?

– Recaer no significa que el tratamiento haya fracasado, significa un bache, una mala elección condicionada por circunstancias externas e internas, un mal paso. Significa que la persona, a partir del año, ha dejado de hacer lo que debía. Pero el tratamiento siempre lo tiene ahí para apoyarse y volver. Una persona que ha transitado por un proceso terapéutico, bien grupal, bien individual de desarrollo de crecimiento, sabe perfectamente que la actitud adicta la va a acompañar siempre y, en momentos de vulnerabilidad, la puede superar y puede fallar. Por eso es importante que realice siempre una terapia.

– ¿Muchas personas recaen?

– Existe un alto porcentaje de personas adictas en recuperación que recaen, sobre todo cuando abandonan los tratamientos y dan por hecho que están recuperadas. La adicción es una enfermedad muy complicada de gestionar. Sin embargo, muchas personas que recaen vuelven a ponerse de pie y a retomar el camino de la abstinencia.


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Una respuesta a “La recaída de un adicto o una adicta”

  1. Irene dice:

    Tengo mi hijo que ya lleva 7 clínicas de recuperación. Se cumple los 6 meses de tratamiento, y al mes de haber saludi vuelve a consumir. Hace 1 mes salio y ya recayo. Lleva ya 15 días que no viene a casa. Duerme en la calle y anda reciclando. Lo que nos ha dicho que no hay clínica que pueda con él.

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