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GLOSARIO DE ADICCIONES

Cerebro adicto: ¿causa de adicción o concepto equivocado?

Un biólogo y adicto recuperado explica el papel que desempeña el cerebro en la adicción

13 minutos
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cerebro adicto

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oihan iturbide
Biólogo clínico y editor en/de  | Web

Desde hace años, vienen irrumpiendo títulos en el mercado editorial que hacen referencia al “cerebro adicto”. Sólo basta con poner estas dos palabras en el buscador para obtener un listado de libros que explican cómo el Sistema Nervioso Central condiciona el consumo compulsivo de las personas adictas, y viceversa, cómo la adicción transforma el funcionamiento neuronal. 

La inquietud que surgió en Adictalia es si el abuso publicitario de este binomio de conceptos puede terminar generando una idea errónea sobre las causas de la adicción. En otras palabras, si la expresión “cerebro adicto” puede contribuir a la idea en el imaginario colectivo de que hay personas condicionadas de nacimiento a desarrollar esta enfermedad.

“De ninguna de las maneras esta expresión es correcta”, responde tajante a Adictalia el biólogo clínico y editor Oihan Iturbide. Tras recuperarse de la adicción a las drogas, Iturbe decidió contar su historia, “abrirse en canal”, escribe él en su web. Y, tiempo después, inaugurar un proyecto editorial para combatir el estigma que recae sobre la adicción, por medio del conocimiento. Yonki Books se llama la criatura, y uno de los primeros títulos es, precisamente, “Cerebro adicto. Memorias de un neurocientífico que examina su pasado con las drogas”, de Marc Lewis, uno de los primeros libros que sacaron al mercado

No existen los cerebros adictos, ¡afortunadamente!”, exclama Iturbe a la pregunta de Adictalia. “Supongo que lo preguntas por uno de los libros que hemos sacado últimamente”, añade. Lleva razón Iturbide: de ahí nace el interrogante. Pero también de constatar los numerosos libros que pululan por la red y de las consultas que recibimos al respecto. 

Iturbide justifica la elección del enunciado: “Los dos [él y Lewis] discutimos mucho sobre lo conveniente de la expresión como título y, finalmente, nos tomamos la licencia por una cuestión de estilo y marketing”.

Prosigue Iturbide: “Lewis, además, es muy crítico con la postura biologicista que tiene una parte de la comunidad científica cuando definen la adicción. Ya sabes, esa fijación con decir que la adicción es una enfermedad cerebral cuando ya hay mucha evidencia que refuta la teoría. Ojo que no digo que sea un vicio, pero me decanto por considerarla un trastorno más de carácter biopsicosocial.”

La plasticidad del cerebro, más allá de la adicción

¿Se puede nacer predestinado a la adicción?

– ¿Crees que esta expresión puede dar la idea de que hay personas que nacen predestinadas a desarrollar una adicción y otras que no? 

– Sin duda, por eso es tan importante matizar. Uno no nace con un cerebro adicto, de la misma manera que no nace con un cerebro enganchado a la serie Juego de Tronos, por ejemplo. Nuestro cerebro es un sistema muy plástico, es decir, a medida que vivimos vamos modificando nuestras conexiones neuronales en función del ambiente en el que crecemos. Biología y ambiente están modificándose constantemente entre sí

Te pongo otro ejemplo, imagina que estoy en la escuela, tengo 6 años y en mi clase hay un niño que aprovecha para pegarme cada vez que voy al baño. Todavía me quedan seis años más para pasar al instituto y cambiar de compañeros, por tanto, serán seis años evitando ir al baño y aguantando las ganas de orinar. 

Con el tiempo, es muy probable que desarrolle algún problema de vejiga, pero si no he contado nunca en casa lo que he vivido, ¿cómo crees que hará el diagnóstico el médico? Es muy probable que le eche la culpa a la biología. ¿Estaba predispuesto mi organismo a desarrollar un problema de vejiga? Ni hablar, sencillamente tuve que lidiar con un energúmeno en el colegio.

Lo que debe llevarnos a otras preguntas: ¿cómo hubiese reaccionado un niño con más capacidad para enfrentarse a esa situación?, ¿y uno sin miedo a que sus padres le echaran la bronca o fueran a hablar con la dirección del colegio? Somos víctimas de nuestro sistema nervioso, pero no tanto

El cerebro y el desarrollo de la adicción

– ¿Qué mecanismos cerebrales intervienen en el desarrollo de una adicción? 

– Si nos limitamos a hablar de mecanismos cerebrales, hay que destacar a tres protagonistas principales (también hay secundarios, pero no lo compliquemos): la amígdala, los ganglios basales y la corteza prefrontal

Quienes somos adictos sabemos que llega un momento en el que consumimos, no para pasarlo bien, sino para no pasarlo mal. Y lo pasamos requetemal por culpa de la amígdala y las sensaciones de ansiedad que nos provoca. 

Los ganglios basales, por otro lado, son los responsables de que sigamos con vida. Si esta región del cerebro identifica que cuando bebo agua sacio mi sed, va a reforzar esa conducta para repetirla siempre que tenga sed. Lo mismo hará con otras funciones básicas como comer o tener relaciones sexuales (en este caso son básicas para la supervivencia de la especie, ya me entiendes). 

Y la corteza prefrontal es como el Arca Perdida, toda la comunidad científica busca conocerla, pero todavía estamos en pañales. Lo que sí sabemos es que es la región que nos convierte en humanos. Cuando hablamos de personalidad, de fuerza de voluntad, de principios y valores, incluso de espiritualidad. Todos estos rasgos que nos hacen tan complejos y tan increíbles juegan conforme a las reglas de la corteza prefrontal, que será de una u otra manera en función de tu genética y del ambiente que te haya tocado vivir

Volviendo al ejemplo del baño, mi yo de 12 años después de vivir una situación como esa, tendrá los circuitos de esas distintas regiones conformados de forma diferente a los de otra persona que no ha vivido esa experiencia. 

Un cerebro enfermo

El cerebro de un adicto (que no un cerebro adicto)

– ¿Cómo podemos explicar a quienes no conocen el tema cómo funciona un cerebro adicto? 

– En una persona que ya ha desarrollado la adicción, el sistema de recompensa que forma parte de los ganglios basales está de capa caída y la corteza prefrontal no es capaz de valorar los pros y los contras de esa conducta que va a llevar a cabo. Es decir, es un coche sin frenos con un orangután al volante. 

¿Y qué pasa con la famosa dopamina?, te preguntarás. Pues así, de entrada, me atrevo a decir que todo lo que el lector ha oído en las redes sociales sobre el papel de la dopamina es fake: la dopamina no es la responsable del placer. La dopamina es un neurotransmisor más entre tantos otros, igual de importantes a la hora de desarrollar una adicción. 

Antes que nada, decir que los neurotransmisores son sustancias químicas que fabrica el cerebro para ayudar a nuestras neuronas a que se comuniquen entre sí. Los que están más relacionados con la adicción son la dopamina, la acetilcolina, la serotonina, el GABA y el glutamato

Voy a centrarme en la dopamina por su popularidad. Imagina que me meto una raya de cocaína. Esa molécula de coca se unirá a una neurona que tenga el receptor adecuado para ella y esa será la señal para que la neurona libere este neurotransmisor, la dopamina. Que en el caso que nos ocupa se liberará precisamente en los ganglios basales, que es donde está el sistema de recompensa. 

Esta dopamina no trabaja como indicador del placer sino como indicador de la expectativa del placer. Ese estado anticipatorio no es el mismo que el placer asociado a la satisfacción. Es decir: cuando yo pienso en comprar Nutella, bajo en el ascensor y me voy acercando al súper, estoy experimentando los efectos de la dopamina, generando saliva y ansiedad ante lo que está a punto de pasar. En otras palabras, este neurotransmisor nos pone en alerta sobre la expectativa de lo que va a suceder, no sobre el placer en sí mismo. 

Bien, a partir de ese momento, experimentaré una serie de efectos que harán que mi cerebro considere la experiencia adecuada y lo fijará en mi memoria (como pasaba cuando bebía agua con sed, pero a lo bestia). 

[Nota de la redacción: Actualmente, en el campo de la neurociencia se habla de la dopamina como molécula del deseo, no del placer, como se la conocía antes de que los estudios demostraran esta función de despertar expectativa]

¿Esto sucede de un día para el otro?

– ¿Estos mecanismos se generan de un día para el otro, es decir, un consumo puede condicionar el funcionamiento del cerebro hacia la adicción? 

– Un primer consumo va a ser determinante a la hora de decidir volver a repetirlo. Me explico, si mi experiencia al consumir alcohol es extraordinaria porque me quita la vergüenza para ligar, me hace ser más divertido, reduce mi ansiedad y aumenta mi autoestima, querré volver a consumir. 

Esa repetición del consumo puede terminar generando adicción, si se combina con otros factores como:

  • La edad que tengo
  • El tipo de sustancia que consumo
  • Las herramientas que ya he adquirido (o no) para gestionar mis conflictos a nivel psicológico o emocional
  • Mi predisposición genética (antecedentes familiares)
  • La dificultad que tenga para controlar mi impulsividad, entre otros. 

Las drogas en el cerebro

Las drogas y su efecto en el cerebro

– ¿Cómo actúan las principales sustancias en nuestro cerebro, qué neuronas activan cada una? 

– Todas las drogas afectan a múltiples circuitos cerebrales. Es la variación en los receptores o transportadores de las neuronas a los que se unen, lo que explica sus diferentes efectos. Además, todas las drogas adictivas enganchan precisamente porque tienen un denominador común: la capacidad de estimular el sistema mesolímbico dopaminérgico

Pero, además, hay otros tres principios generales en psicofarmacología que deben aplicarse a cualquier droga: 

  1. Todas actúan cambiando el ritmo de lo que está pasando. 
  2. Todas tienen efectos secundarios
  3. El cerebro se va a adaptar a todas ellas con el objetivo de contrarrestar sus efectos (y aquí está el kit de la cuestión: un adicto al café no lo consume porque esté cansado, está cansado porque lo consume). 

– ¿Qué cambios neuroquímicos se producen en el cerebro de una persona adicta y cómo influyen estos cambios en el comportamiento adictivo? 

– Para conocer las diferencias entre los distintos grupos de drogas y sus mecanismos de acción, voy a tener que simplificar un poco. 

En primer lugar, si hablamos por ejemplo del THC, que es el principio activo del cannabis, este actúa por todo el cerebro; en algunas zonas lo hace incluso en cada una de las conexiones neuronales (¡y hay trillones!). Lo complejo es que no produce efectos específicos, —como sí lo hace la dopamina, cuando anticipa, por ejemplo, mi atracón de Nutella —. 

Además, a la larga el THC  provoca una regulación a la baja. Esto quiere decir que el cerebro se adapta reduciendo los receptores cannabinoides y hace que percibamos el mundo como un lugar aburrido, poco estimulante. En realidad, lo que estará pasando es que estaremos perdiendo sensibilidad, y como consecuencia, querremos o necesitaremos consumir todavía más para conseguir los mismos efectos. 

Los opiáceos (desde la heroína, el fentanilo y la oxicodona hasta sus análogos menos potentes, como el tramadol y la codeína), operan en el cerebro imitando a las endorfinas. Estas son analgésicos naturales del cuerpo (¡La gente que hace deporte las conoce bien!). El problema de los opiáceos es que nuestro cerebro también se adapta —igual que al resto de drogas—, pero el desarrollo de la tolerancia, dependencia y compulsión en este caso es más rápido. El resultado es que, con el tiempo, una dosis que primero funcionó bien, no hará ningún efecto. 

La cocaína es la gran tirana, te odias al consumirla y a los quince minutos te estás poniendo otra raya porque el efecto ya ha desaparecido. Su mecanismo de acción es tan directo comparado con la mayoría de las drogas que parece increíblemente simple. Es precisamente su especificidad lo que hace que sus efectos sean tan efectivos. 

La cocaína, las anfetaminas y el éxtasis tienen un mecanismo de acción similar y se distingue de las que ya he mencionado porque su acción principal no implica la interacción con un receptor, sino que se une a un transportador y le hace la puñeta al mecanismo de reciclaje de neurotransmisores como la dopamina, la norepinefrina, la epinefrina, la serotonina o la melatonina. Todas ellas, sustancias químicas que juegan un papel importante en nuestros estados de ánimo y en el sueño. 

Muchos de nosotros hemos amado esta interferencia porque hacía que nuestra amiga la dopamina, por ejemplo, campara a sus anchas durante más tiempo en las sinapsis. Y, como consecuencia, anteponíamos sus efectos a nuestra pareja, nuestro trabajo y, por supuesto, nuestro tabique nasal.

Finalmente, cuando llegamos al alcohol, la cosa se complica porque la molécula, a diferencia de la del THC, la cocaína o la heroína, es tan pequeña estructuralmente que cuesta identificar todos los receptores a los que se une. Es como cuando buscamos aparcamiento: detectaremos antes una plaza para un avión que una plaza para un triciclo. Y puesto que el efecto de una droga depende de este “aparcamiento” y el alcohol hace esto en un montón de sitios, sus efectos son mucho menos específicos: estómago, hígado, sangre, cerebro… Todo el metabolismo del alcohol se da en menos de una hora

Por otro lado, el alcohol es un reforzador negativo, es decir, reduce la ansiedad. Esto es una condena para los que la sufrimos porque utilizamos el alcohol para aflojarla. Lo malo es que a base de consumirlo una y otra vez, nuestro cerebro se adapta y nuestra ansiedad se dispara. 

¿Hay sustancias que afectan más al cerebro que otras?

– ¿Hay sustancias más potentes o condicionantes para nuestro cerebro que otras? 

– Hay sustancias que provocan mayores o menores —y en mayor o menor tiempo— adaptaciones en nuestro cerebro. Y eso se traduce, por ejemplo, en que unas drogas conllevarán que desarrollemos tolerancia más rápido que otras y, por tanto, que cada vez necesitemos consumirlas más, para obtener los mismos efectos (como pasa con los opiáceos). 

O impactarán en la salud de forma distinta, como pasa con el alcohol y la enfermedad cardiovascular y el cáncer. O harán que el entorno en el que se consuma sea tan diferente que el craving (el ansia por consumir) se presente con mayor o menor facilidad. Por ejemplo, una mujer de mediana edad adicta a las benzodiacepinas tendrá dificultades muy distintas a las de una chica de 16 años adicta al cannabis. 

Adicciones conductuales o comportamentales

– ¿Cómo actúa nuestro cerebro en relación con las adicciones conductuales, sin sustancias? ¿Cuál es la diferencia? 

– Antes que nada hay que matizar respecto a qué tipo de conductas se considera una adicción y a cuáles no. A día de hoy, no hay evidencia que respalde que determinadas conductas generen adicción. 

Y es que la adicción se debe medir con base en cuatro criterios

  • Tolerancia: cuanto más consumimos, más necesitamos (hemos visto algunas adaptaciones que experimenta el cerebro). 
  • Craving: los adictos experimentamos un deseo tan bestia por consumir esa sustancia que vamos a vivir a expensas de ese consumo. Nada más importará. 
  • Abstinencia: si dejamos la sustancia, tendremos síntomas físicos y psicológicos concretos. 
  • Consecuencias a causa de nuestro consumo: lo habitual es que la adicción haga que perdamos familia, trabajo e, incluso, la vida. 

Por tanto, cuando se habla de adicción al móvil, a internet, a determinados videojuegos, a las compras, al sexo… deberíamos tener presentes estos criterios y hablar con propiedad. 

Dicho esto, la adicción al juego de azar es la única que se considera que opera de forma muy parecida a la adicción con sustancias. Y aquí quiero recomendar el libro Trampas de los doctores en Psicología Juan Francisco Navas y José Cesar Perales, donde resumen de forma muy precisa algunas cuestiones importantes para entender y diferenciar la adicción en el juego de azar. Por poner un ejemplo, por un lado, las personas jugadoras presentan sesgos importantes que les hacen creer que no van a perder y eso les impulsa a jugar más. Y por otro, los procesos de aprendizaje donde está implicada la dopamina y su papel en el efecto anticipatorio son más intensos, porque el juego provoca un reforzamiento intermitente aleatorio. Es decir, nunca sabemos si vamos a ganar o perder (imagina la ansiedad y excitación que podría sentir yo si nunca supiera si habrá o no Nutella en la tienda). 

Tratamiento de la adicción

La recuperación del cerebro de una persona adicta

– ¿Los tratamientos de adicciones pueden revertir los cambios cerebrales por el consumo? ¿Cómo se hace? 

– Para contestarte a esta pregunta voy a utilizar una metáfora que sale en el libro ¡J*dida adicción! de la doctora Nicole T. Labor. Vamos a comparar los circuitos neuronales con un paseo por el bosque. Imagina que el bosque está tupido de maleza y desde pequeños nos dedicamos a pisotear el follaje hasta el punto de convertirlo en un camino de tierra por donde podrá pasar, primero, una persona montando a caballo, después, un coche, y, finalmente, lo habremos convertido en una autopista de seis carriles. 

Así son nuestros circuitos neuronales, los vamos creando o podando en función de nuestras habilidades y de la relación con el entorno como ya he dicho antes. 

Cuando nos pasamos años consumiendo drogas y desarrollamos una adicción, nuestro bosque se llena de zarzas con espinas, raíces enormes, troncos caídos, enredaderas, plantas parásitas y cadáveres de animales muertos… Vamos, que se convierte en un lugar en el que no quieren entrar ni los rayos del sol. 

Pero un día llegamos a recuperación y empezamos a trabajar de nuevo en nuestras habilidades psicológicas, emocionales, sociales y culturales para lograr abrir de nuevo algún camino. El problema es que no podemos pretender que se convierta en la autopista de seis carriles que teníamos antes, porque eso no ocurrirá. 

Es decir, el objetivo no debería ser revertir los cambios, sino conformar nuevos senderos en nuestro bosque

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.

Una enfermedad multifactorial

– La adicción no tiene una causa biológica, solamente, sino también social, psicológica, ambiental… ¿Cree que se le da demasiado peso causal al cerebro como condicionante de adicción? 

– La doctora en Neurociencia del Comportamiento, Judith Grisel, dijo: “¿Cómo podemos distinguir entre estar despierto y estar dormido a falta de interacciones con el entorno?”. Creo que resume muy bien la trampa de limitar el trastorno de adicción al cerebro. 

Recuerdo un anuncio de hace muchos años donde salía un huevo frito chisporroteando en la sartén y la frase decía: “Esto es tu cerebro con drogas”. Seguro que captó la atención (conmigo lo logró), pero el mensaje era falso porque todo lo que vivimos: un paseo por la playa, una comida con amigos, un beso con la persona que nos gusta, vender un libro, aprobar un examen… todo queda registrado como un cambio estructural y funcional en la sartén de nuestro cerebro. 

El craving

– ¿Cómo se explica que una persona que ya ha reestructurado su vida, se ha recuperado, de pronto siente deseos cuando pasa por un antiguo lugar de consumo? 

– ¿Recuerdas el papel de la dopamina en la anticipación y la motivación? Pues al mismo tiempo lo que va a hacer es asociar esas sensaciones tan potentes con el lugar donde estés en ese momento. Y la asociación es tan intensa y está tan bien articulada (¡la biología es impresionante!) que tendrá la capacidad de provocarte el ansia de consumir, o el craving, cuando te encuentres en ese sitio; escuches una canción que bailabas siempre después de consumir o te venga el olor del perfume de una chica con la que mantuviste relaciones sexuales mientras consumías. 

Esto lo entenderán bien las personas que han dejado de fumar tabaco. Siempre, por muchos años que pasen, hay un momento —puede durar segundos— en el que tienen unas ganas irrefrenables de sostener un cigarrillo. 

– ¿Es la adicción una enfermedad crónica, que nunca se cura, pero se mantiene a raya? 

– Esta es la pregunta del millón. La ciencia lleva varias décadas debatiendo en torno a la naturaleza de la adicción. Por supuesto, yo no tengo una respuesta, pero sí te diré que la mejor manera de no volver a tener la vida que uno tenía cuando consumía, es no volver a hacerlo

En mi caso, siempre me referiré a mí mismo como adicto recuperado, nunca exadicto, porque tengo la convicción de que si empezara a consumir de nuevo no podría parar. También te digo que “mantenerla a raya” después de 17 años no implica ningún esfuerzo distinto al que hace cualquier persona que se cuida mínimamente. 

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Equipo Adictalia

Comité Editorial | [email protected]

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3 comentarios

  1. ALICIA 14 Sep • 22:05

    Siempre aprendiendo contigo. Gracias!!

  2. Pepe 30 Ago • 16:58

    Claro como el agua. Gracias por ayudarnos a entender un poco más esta compleja enfermedad.

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