SUSTANCIAS
Adolescentes y cocaína rosa: la tendencia que preocupa a los expertos
DESCUBRE QUÉ ES EL TUSI Y POR QUÉ ES TAN PELIGROSO EN ADOLESCENTES
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María lleva unas semanas con una sensación difícil de explicar. No es algo concreto, ni una escena clara que le permita decir “esto es lo que pasa”. Es más bien una suma de pequeños detalles que no terminan de encajar.
Su hijo tiene 17 años y, como muchos adolescentes, sale algunos fines de semana con sus amigos. Aunque es algo recurrente, últimamente hay algo distinto. Al día siguiente parece estar más agotado de lo normal. Pero no es solo sueño, es un cansancio extraño. Hay semanas que duerme gran parte del domingo y, aun así, sigue irritable y desconectado.
La última vez que volvió de fiesta, María encontró algo en el bolsillo de sus pantalones: una pequeña bolsa transparente con restos de un polvo rosado. No sabía exactamente qué era, pero el color le llamó la atención, y desde entonces no puede dejar de darle vueltas.
En internet encontró un nombre que se repetía cada vez más: cocaína rosa o “tusi”.
A partir de ese momento, la inquietud empezó a crecer. Porque cuando una sustancia aparece asociada a entornos de fiesta y a edades cada vez más tempranas, las preguntas se multiplican.
Por eso, desde el Centro Informativo de Adicciones de Adictalia, queremos responder a la duda de ¿qué es realmente la cocaína rosa y por qué preocupa tanto cuando aparece entre adolescentes?
La cocaína rosa
Qué es la cocaína rosa o “tusi” y por qué se ha vuelto popular entre jóvenes
La llamada cocaína rosa no es, en realidad, cocaína. El nombre puede llevar a confusión, pero se trata de una mezcla de distintas sustancias psicoactivas que suelen presentarse en forma de polvo rosado.
En los entornos de ocio se conoce sobre todo como “tusi” o “tucibi”, una referencia popular a la sustancia 2C-B. Sin embargo, la realidad dista mucho de lo que sugiere el nombre, pues muchas veces ni siquiera contiene dicha sustancia.
Ese es precisamente uno de los aspectos que más inquieta a los especialistas.
Según explica el doctor Antonio Peña, médico especializado en conductas adictivas de Esvidas, el problema empieza por la propia composición de la sustancia:
“El problema de la cocaína rosa es que no existe una composición estable. Cada muestra puede contener sustancias diferentes, desde estimulantes hasta alucinógenos o anestésicos. Quien la consume rara vez sabe qué está tomando realmente”.
En los análisis realizados en distintos países se han encontrado mezclas que incluyen:
- Ketamina
- MDMA o éxtasis
- Anfetaminas
- Cafeína
- Colorantes artificiales
Más allá de su composición, hay otro elemento que explica por qué esta droga ha ganado presencia en determinados contextos juveniles: su imagen.
El color rosado, su nombre llamativo y la asociación con ambientes festivos han contribuido a crear una percepción de sustancia “diferente”, incluso sofisticada. Y en entornos de ocio nocturno esto puede generar una falsa sensación de novedad o exclusividad.
En el caso de los adolescentes, además, intervienen otros factores propios de la etapa: la curiosidad, el deseo de pertenecer al grupo o la percepción de que se trata de algo nuevo y, por tanto, menos peligroso.
Sin embargo, cuando se observa desde una perspectiva clínica, esa percepción dista mucho de la realidad.
¿Por qué preocupa?“El problema de la cocaína rosa es que no existe una composición estable”, reconoce Antonio Peña, médico de Esvidas especializado en conductas adictivas.
Por qué la cocaína rosa preocupa especialmente cuando aparece en adolescentes
Si el consumo de sustancias psicoactivas siempre conlleva un riesgo, cuando aparece en edades tempranas, el peligro aumenta.
La razón reside en un aspecto clave del desarrollo: el cerebro adolescente todavía está en proceso de maduración.
Durante esta etapa hay áreas que todavía están en desarrollo. Por ejemplo, aquellas relacionadas con el control de impulsos, la toma de decisiones o la regulación emocional. Cuando un joven consume una sustancia que altera el funcionamiento del sistema nervioso, ese equilibrio, todavía frágil, puede verse afectado.
El doctor Peña lo explica de forma clara: “El cerebro adolescente es especialmente sensible a los estímulos de recompensa. Las drogas que alteran ese sistema pueden reforzar conductas de consumo con mucha rapidez”.
En el caso de la cocaína rosa, además, se añade un factor que aumenta la incertidumbre: la mezcla de sustancias con efectos distintos.
¿Qué significa esto? Que el organismo recibe estímulos muy diferentes al mismo tiempo. Debido a la composición del tusi, los adolescentes están introduciendo en su cuerpo agentes estimulantes, alucinógenos, sedantes… Y esta combinación puede provocar reacciones imprevisibles.
Peña destaca estos efectos como los más frecuentas tras el consumo de cocaína rosa:
- Euforia intensa y desinhibición
- Alteraciones en la percepción
- Confusión o desorientación
- Taquicardia y aumento de la presión arterial
- Ansiedad o episodios de pánico
Pero los efectos no terminan cuando acaba la fiesta. Después de la fase inicial de estimulación, el doctor avisa de que muchas personas experimentan lo que se conoce como “bajón” o crash: “Son episodios de cansancio extremo, irritabilidad, tristeza o dificultad para concentrarse, que aparecen como consecuencia del consumo”.
Para algunas familias, ese agotamiento que aparece al día siguiente (como el que observa María en su hijo) puede convertirse en uno de los primeros indicios de que algo no encaja del todo.
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Señales que pueden alertar a las familias sin caer en el alarmismo
Cuando aparece la sospecha de consumo, muchas familias entran en un terreno emocionalmente complejo.
En este punto surgen preguntas difíciles: si es algo puntual, si se trata solo de curiosidad o si podría ser el inicio de un problema mayor. A esa incertidumbre se suma, con frecuencia, la sensación de culpa o de haber hecho algo mal.
Sin embargo, el médico de Esvidas insiste en algo importante: “detectar señales no equivale a confirmar una adicción, pero conviene tenerlas en cuenta para que un consumo esporádico no evolucione hacia una dependencia”.
En la adolescencia pueden aparecer consumos experimentales o vinculados al grupo que no necesariamente acaban desencadenando la enfermedad de la adicción. Aun así, ciertos cambios pueden invitar a observar con más atención lo que está ocurriendo.
Estas son algunas señales que Peña recomienda tener en cuenta:
- Cambios físicos frecuentes tras salir de fiesta.
- Cansancio intenso, alteraciones del sueño o malestar al día siguiente.
- Cambios en el estado de ánimo.
- Irritabilidad, ansiedad o periodos de apatía más marcados.
- Conductas más impulsivas.
- Mayor desinhibición o dificultad para asumir responsabilidades.
- Elementos asociados al consumo, como pequeñas bolsas, restos de polvo u objetos que antes no aparecían.
Ante estas situaciones, la reacción inmediata suele ser la confrontación o el miedo. Sin embargo, desde la práctica clínica se propone un enfoque distinto.
El doctor Antonio Peña lo explica así: “Lo fundamental no es reaccionar desde el miedo o el castigo, sino intentar entender qué está pasando. Muchas veces el consumo está relacionado con el contexto social o con la forma en que el adolescente intenta manejar determinadas emociones”.
En otras palabras, más allá de la sustancia, conviene preguntarse qué lugar está ocupando ese consumo en la vida del adolescente.
Más allá de la sustancia: entender qué función cumple el consumo
Cuando una droga nueva aparece en los titulares, el foco suele centrarse en qué sustancia es y qué efectos provoca.
Sin embargo, en el ámbito de las adicciones hay una pregunta que los profesionales como Peña consideran aún más relevante: para qué se consume.
En muchos adolescentes, el consumo en contextos de fiesta cumple funciones muy concretas:
- Sentirse más seguros socialmente.
- Reducir la timidez.
- Aumentar la sensación de energía en determinados momentos.
También puede aparecer como una forma de desconectar de emociones difíciles o de aliviar tensiones que todavía no saben cómo gestionar de otra manera.
Este fenómeno es muy común en personas que consumen sustancias y se conoce como regulación emocional a través de sustancias. Comprender este punto es clave para no reducir el problema únicamente a la droga.
En realidad, lo que ocurre muchas veces es que el cerebro empieza a asociar determinadas sustancias con sensaciones de bienestar o alivio emocional, reforzando así la conducta de consumo.
Como señala el doctor Antonio Peña: “El problema no es solo qué se consume, sino el papel que empieza a ocupar en la vida de la persona. Cuando una sustancia se convierte en la herramienta para relacionarse, divertirse o escapar del malestar, conviene prestar atención”.
Por eso, hablar de drogas con adolescentes implica algo más que advertir sobre sus riesgos. También supone crear espacios donde puedan expresar lo que sienten, lo que les preocupa o lo que les cuesta manejar.

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.
Cuando aparecen dudas: la importancia de buscar orientación
Para muchas familias, el momento más difícil no es descubrir un posible consumo, sino no saber cómo reaccionar. Aquí aparecen dudas recurrentes: ¿Conviene hablarlo directamente o es mejor esperar? ¿Estoy exagerando o realmente debería preocuparme?
No siempre es fácil responder a estas preguntas en soledad. En ocasiones, contar con la orientación de profesionales especializados permite analizar la situación con mayor claridad y sin precipitar conclusiones.
Desde Adictalia se acompaña precisamente a personas y familias que atraviesan este tipo de dudas. A través de una valoración individualizada, se analiza cada caso y se orienta hacia los recursos más adecuados si fuera necesario, ya sea para resolver inquietudes o para iniciar un proceso terapéutico cuando el consumo empieza a generar problemas.
Pedir ayuda no significa que exista ya una adicción. A veces significa simplemente que alguien quiere comprender mejor lo que está ocurriendo.
Y en una realidad tan compleja como el consumo de drogas en adolescentes, comprender suele ser el primer paso para poder acompañar de verdad.
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Equipo Adictalia
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