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PREVENCIÓN

Cómo hablar de drogas con un adolescente

Entiende la adolescencia y su relación con el mundo de las drogas

7 minutos
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Como hablar sobre drogas con un adolescente

Sara y Pedro tienen miedo. Miedo porque sus hijos están entrando en la adolescencia, una etapa donde pueden abrirse a incursionar en el mundo de las drogas. Incluso temen que algún día les pregunten por algo relacionado con este tema, porque sinceramente no saben qué contestarles, cómo abordar una charla así con menores. Con ellos nunca lo hicieron. De hecho, para Sara y Pedro, como para todos los padres y madres, sus primogénitos nunca deberían probar sustancia alguna. 

Muchos progenitores evitan hablar con sus hijos/as sobre drogas por falta de información. El desconocimiento y la incertidumbre producen miedo. Y el miedo es aliado del silencio. Las personas se sienten incómodas, bien porque nunca han abordado esa charla, porque lo sienten un tema tabú, o por temor a despertar la curiosidad.

¿Eres de esas personas a las que les cuesta horrores tocar con sus hijos el tema de las drogas? A partir de una de las guías de Energy Control, te ofrecemos claves para cultivar una buena comunicación familiar en torno al tema de las adicciones tóxicas en la adolescencia.

La importancia de la educación

La importancia de la educación

De todo se puede y se debe hablar. El miedo no debería ser un obstáculo para la comunicación con tus hijos/as. En este sentido, conviene crear una relación afectivo-educativa para hablar de drogas. Esta relación conforma la base sobre la que se construyen las normas, principios y valores que se transmiten en la adolescencia, una etapa clave del desarrollo cerebral. Así podrán crear un pensamiento crítico con el que podrán decidir lo mejor para su futuro. 

Optar por el silencio, por evadir el tema, de poco sirve. Al final, es muy probable que las personas adolescentes se acerquen, aunque sea puntualmente, al mundo de las drogas. Y lo mejor es que en ese momento lo hagan con información previa, de forma crítica. Esto se consigue creando un vínculo afectivo-educativo, basado en la comunicación clara y sincera desde la infancia.

Establecer ese vínculo permitirá que el hecho de hablar de las drogas con menores sea más sencillo. Puede que así, de forma inconsciente, las personas adolescentes adquieran conocimientos que serán determinantes cuando aparezcan las drogas en su vida. Por ejemplo, hablar de la primera vez que te emborrachaste en una fiesta. O qué sentiste cuando probaste el cannabis, la sensación de ‘colocón’, y explicarles que es una droga de fácil acceso y también los daños a largo plazo que produce. 

Tarde o temprano, las personas adolescentes tendrán contacto con las drogas. Lo más probable es que sea con sustancias como el tabaco o el alcohol, ya que son legales y están al alcance de cualquiera. Además, su consumo está ‘normalizado’ por la sociedad. 

A las drogas se les debe tener respeto, pero no miedo. Preocuparse porque un hijo o una hija fume o beba es un sentimiento normal, porque, al final, quieres protegerles. Sin embargo, esa preocupación no debe traducirse en barreras hacia su libertad. Si has sembrado una comunicación fluida sobre este tema, cuando llegue el contacto con las drogas, tendrán más oportunidades de desplegar un pensamiento crítico y decidir qué es lo mejor para ellos mismos.

Establecer un vínculo afectivo-educativo, basado en la comunicación clara y sincera desde la infancia, permitirá hablar de drogas con tu hijo adolescente con mayor facilidad.

1° paso: entender la adolescencia

Primer paso: entender la adolescencia

Comprender a una persona adolescente puede ser el trabajo más difícil del mundo.  Aunque a veces pueda ser bastante madura para empezar a gestionar su propio mundo, cada persona tiene su ritmo. Es deseable que una madre o un padre esté mucho más presente en la vida de un hijo/a adolescente, para acompañarles. Es una etapa clave, llena de incertidumbre. Sin embargo, esto suele traducirse o interpretarse como “tener que ejercer un control obsesivo” sobre sus vidas, al no verles preparados para decidir; lo cual termina por interferir en su libertad.

La persona adolescente escapa por naturaleza al control, busca la independencia, persigue forjar su propia personalidad. Que alguien con más experiencia puede llegar y decirle: “creo que te estás equivocando si haces esto” o “yo en tu lugar dejaría de juntarme con esta persona”, suele chocar con su sentido de libertad para decidir. 

En este momento puede adoptar una posición de confrontación, totalmente normal, la cual los progenitores deben acoger, en lugar de evadirla como suele ocurrir. La manera de abordar las situaciones conflictivas entre padres e hijos será determinante para que estos aprendan o, por el contrario, le generen mayor confusión

Muchas actitudes adolescentes que consideramos descabelladas responden a la búsqueda del riesgo, propia de esta etapa. En los animales, incluso, es posible observar cómo ejemplares jóvenes (en una fase adolescente) corren junto a sus depredadores en una busca de probarse. Estas actitudes, a priori irracionales, responden a cambios hormonales y neuronales profundos que la Ciencia viene estudiando.

Se trata de cambios importantes para pasar a la vida adulta, para construir una personalidad independiente, y poco más podemos hacer como progenitores que comprenderlos y acompañarlos con límites y empatía.

Conocer de drogas para hablar con adolescentes

Conocer de drogas para hablar con adolescentes

Una droga es una sustancia tóxica dañina, se mire por donde se mire. Sin embargo, conviene alejarse de los pensamientos catastróficos. En la adolescencia se suelen producir los primeros consumos, sobre todo de alcohol, tabaco y cannabis. Rara vez tendrá consumos de cocaína o éxtasis. 

Los primeros contactos tienen, obviamente, un carácter experimental, lúdico. Es decir, que la persona adolescente no va a generar una dependencia de un día para el otro. Aunque su cerebro se encuentra más vulnerable que nunca, desarrollar la enfermedad de la adicción lleva tiempo, y un cúmulo de circunstancias personales, sociales, familiares… Lo habitual es que esos primeros consumos se den en entornos sociales, entre amistades, impulsados por la sensación de novedad. 

Hay que evitar meter a todas las drogas en el mismo saco. Aunque ninguna sea buena para la salud y tengan potencial para, si se prolonga su consumo, promover la enfermedad de la adicción. En este sentido, desplegar un discurso catastrofista en torno a las drogas a partir de estereotipos, creencias falsas o generalizaciones, solo hará que la persona adolescente no nos tome en serio y se aleje.

Esto no implica que dejemos de protegerles, sino que abordemos el tema con calma, madurez, aceptación, rigurosidad. Conviene, en este sentido, promover una posición prudente de protección de la salud, si es posible basada en la experiencia personal, con las drogas más normalizadas: alcohol, tabaco, cannabis. 

Los primeros consumos suelen darse en entornos sociales, entre amistades, impulsados por la sensación de novedad. 
Servir de ejemplo

Servir de ejemplo, como referentes

Las personas adolescentes toman a sus progenitores, aunque muchas veces no lo parezca, como modelos a seguir. Esto implica una responsabilidad muy importante. Por eso conviene poner coherencia entre el discurso y las acciones, entre lo que se dice y lo que se hace. Si alertamos sobre los peligros del alcohol, pero diariamente bebemos en casa, sin filtro, y nos vanagloriamos de ello, este hecho será mucho más contundente como aprendizaje que todas las conversaciones que podamos promover. 

Prevenir conductas tóxicas en la familia conlleva dar ejemplo como adultos con nuestras acciones cotidianas. Fomentar hábitos saludables siendo referentes implica practicarlos, necesariamente. La persona adolescente siempre aprenderá más por lo que ve, que por lo que escucha

Para una comunicación efectiva con nuestros hijos, hay que conocer las características del mundo actual, y evitar comentarios como “en mis tiempos…”, “cuando yo tenía tu edad…”. Estas frases tienen un efecto ridiculizante de la época contemporánea, y la persona adolescente puede sentirse, lógicamente, ofendida y, por tanto, distanciarse.

Dejar de lado el carácter controlador no implica obviar la necesidad de poner límites y pautas a las personas adolescentes. De hecho, estas los necesitan y, aunque no lo parece, los demandan inconscientemente. Lo ideal es que comprenda que son necesarias ciertas directrices y que las marcamos para su bienestar, no por querer quitarles libertades. 

  • Fundamentales. Bajo ningún concepto pueden ser negociadas porque son la base sobre la que se sustenta la familia. Por ejemplo, consumir drogas no está permitido, sobre todo en casa.
  • Importantes. Son las que facilitan la convivencia dentro del núcleo familiar. Por ejemplo, quién se reparte las tareas de casa, cómo se organiza la limpieza…
  • Accesorias. Pueden variar dependiendo del momento. Por ejemplo, la hora de llegar a casa. 
¿Hablar sobre drogas o callar?

¿Hablar o callar de drogas con adolescentes?

El mensaje de ‘No a las drogas’ se ha mostrado inefectivo. Cuando a una persona adolescente se le presente la ocasión de consumir, el padre o la madre seguramente no estén presentes. 

Por tanto, si desde casa se opta por evitar la conversación sobre drogas, el tema acabará por convertirse en tabú. Ante la falta de pensamiento crítico sobre este tema, la persona adolescente desconocerá cómo responder ante una situación de consumo o sus implicaciones. Las malas decisiones pueden acabar convirtiéndose en un problema mayor.

Para ayudar a crear ese pensamiento crítico, debemos abrirnos a escuchar las inseguridades, curiosidades y experiencias de nuestros hijos/as. Si respondemos al comentario: “Papá, hoy mi amigo se ha fumado un porro”, el miedo nos lleva a contestar: “No te juntes más con él, porque te va a llevar por el mal camino”, lo que estamos haciendo es sobreprotegerle, mantenerle desinformado, generarle miedo o, incluso, mayor curiosidad sobre “lo prohibido”.

En lugar de ponerle estos límites castradores, es aconsejable sentarse con nuestro hijo/a y explicarle nuestras experiencias, sin ningún tipo de reparo, pero siempre desde la prudencia y la responsabilidad. Esa charla nos ayudará a empatizar con ellos y les abrirá los ojos en torno a las consecuencias del consumo. Decirle a un adolescente que no haga algo, solo incrementa su interés por hacerlo

Cómo actuar si descubres que consume

Cómo actuar si mi hijo/a adolescente consume

La adolescencia es la etapa de la vida donde la persona se descubre a sí misma a través de la experimentación, la prueba, la equivocación y futura rectificación. Ese intento de descubrirse acarrea la probabilidad de que busque nuevas sensaciones aportadas por las drogas.

Un hijo puede llegar borracho a casa después de la fiesta de cumpleaños de un amigo. Una hija puede llegar ‘colocada’ después de probar esas hojas que ha conseguido un amigo y que ha llevado al parque para invitar a su grupo de colegas, porque hace que no pares de reír. 

Ante una situación de consumo, conviene mantener la calma, actuar con cordura, evitar las exageraciones y los escándalos. Energy Control ofrece para esta situación determinadas pautas a los progenitores:

  • Nada de registros ni interrogatorios. Hay que hablar con la persona adolescente en un ambiente íntimo donde todos puedan expresar sus inquietudes con seguridad. 
  • Mantener la calma. La rabia y la angustia son muy malas consejeras. Es mejor esperar a hablar cuando el ambiente esté más calmado. 
  • Diálogo. Debemos interesarnos por los motivos que le han llevado a consumir. Hay que saber qué ha tomado, cada cuánto, si conoce los riesgos, etc.
  • Trabajar para que sea consciente. De las malas experiencias se puede aprender de riesgos, consecuencias, y de sí mismo.
  • Pedir ayuda. Un profesional puede valorar mejor el tipo de consumo y ayudar a la persona adolescente a conocerse, a comprender por qué consume. Los progenitores deben buscar ayuda profesional para sus hijos/as. 

Si crees que tu hijo/a puede estar teniendo problemas de adicción,
no desesperes, podemos ayudarte.

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Redacción

Equipo Adictalia
Comité Editorial | comunicacion@adictalia.es

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