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Expulsión de un centro de desintoxicación: 15 normas que no se pueden romper

Cómo actuar desde la familia cuando se producen conflictos en el centro de adicciones

16 minutos
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Expulsión de un centro de desintoxicación adicciones

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Equipo Adictalia

Comité Editorial | [email protected]

Los tratamientos en los centros de desintoxicación asociados a la Red Adictalia están diseñados para que las personas con adicción reconstruyan su vida. Y para esto, necesariamente, deben edificar pilares fuertes sobre los que comenzar su recuperación. 

Uno de estos pilares está compuesto, cómo no, por el orden, el aseo y la disciplina. ¿Por qué? Sencillamente, porque la enfermedad de la adicción se caracteriza por sembrar el caos en la vida de la persona, pues la necesidad de consumir eclipsa todas sus responsabilidades, obligaciones, relaciones y deseos que integran un estilo de vida saludable… 

Por eso conviene, de entrada, que la familia y el/la paciente descarten la idea de que pagar una mensualidad (sea la que fuere) conlleva implícito el privilegio de “ir a tu bola” o “por libre” dentro del centro de desintoxicación. Las personas que ingresan en un centro de adicciones de la Red Adictalia tienen derechos, evidentemente. Pero también deberes y obligaciones cuyo incumplimiento puede costar la expulsión del centro de desintoxicación

Derechos de los pacientes

Derechos de pacientes en centros de desintoxicación

Empecemos por mencionar algunos de los derechos de quienes ingresan para tratar su adicción, es decir, aquello que el centro debe garantizar. Para después continuar con las normas que se deben cumplir, en general, en los centros de desintoxicación.

  1. El personal del centro se compromete a guardar absoluta confidencialidad sobre los pacientes ingresados.
  2. Total privacidad y espacios disponibles para guardar sus pertenencias (lo cual variará dependiendo del nivel del centro).
  3. A ser bien recibida en el centro de desintoxicación más allá de su origen, género, sexo y características personales. Esto supone que estas clínicas no pueden discriminar, si el interesado o la interesada pueden costearse el tratamiento, siempre y cuando exista plaza disponible.
  4. A ser tratada con educación y respeto (y a actuar de la misma forma con el personal).
  5. A ser informada permanentemente sobre la evolución de su tratamiento y sobre la medicación que recibe, cuando ésta sea necesaria.
  6. A recibir visitas familiares en los momentos y espacios indicados para ello.  
  7. A una alimentación equilibrada, descartando bebidas alcohólicas y con cafeína, las cuales están prohibidas.
Situaciones de expulsión

Normas de los centros de desintoxicación que pueden provocar una expulsión si se rompen

1. Tener relaciones íntimas con otras personas.

Tener relaciones siempre conlleva expulsión. “Liarse”, como, por ejemplo, darse besos o mantener sexo en la habitación, puede conllevar una separación terapéutica de ambas personas. Al intimar, los pacientes rompen la condición de aislamiento emocional en el centro, lo cual les impide volcarse exclusivamente en el tratamiento de su enfermedad. 

Mantenerse centrados en el trabajo terapéutico de forma exclusiva es una condición fundamental para transitar la recuperación y evitar nuevas dependencias. Comenzar una relación afectivo-amorosa en esta primera etapa de tratamiento  suele ser sinónimo de dependencia: sustituimos una dependencia por otra.

Ahora bien, en estos casos, la decisión de expulsar a la persona requiere de una valoración previa de la situación que se haya descubierto. Hay centros que, al tener varias residencias, las separan para evitar expulsarlas y darles así opciones terapéuticas para continuar con su recuperación. Pero no todos los centros cuentan con esa posibilidad y, muchas veces, las personas implicadas terminan fuera del tratamiento. 

En estos casos, Adictalia buscará otras opciones de centros para la persona con adicción y su familia, y así no dejarlas en un vacío terapéutico.

2. Introducir drogas en el centro.

Si el paciente introduce  cualquier tipo de sustancia en el centro puede ser motivo de expulsión. Esto suele ocurrir con frecuencia al momento del ingreso. De hecho, es más común de lo que se piensa: muchos pacientes suelen llevar las sustancias escondidas en los lugares más insospechados para luego consumirlas “a modo de despedida” de la enfermedad.

Cuando la persona acaba de ingresar y le encuentran sustancias, el equipo terapéutico del centro le exige que las entregue para destruirlas. Acto seguido, se valora, puntualmente, la situación para tomar una medida

Mantenerse centrados en el trabajo terapéutico de forma exclusiva es una condición fundamental para transitar la recuperación y evitar nuevas dependencias.

En cambio, si la persona lleva tiempo ingresada y ha consumido dentro del centro de desintoxicación, el equipo procede automáticamente a su expulsión. También resulta inmediata esta medida en los casos en que se introduce la sustancia después de una visita o de un paseo por el exterior (por ejemplo: si el paciente se encuentra un porro en el suelo o alguien se lo ofrece en el parque y lo acepta). 

Tras una determinación de expulsión, el equipo informa a la familia y la persona debe salir del centro de inmediato. Paralelamente, se revisa de forma exhaustiva cada rincón de la residencia para prevenir la presencia de sustancias, así como para detectar si otras personas han sido partícipes o colaboradoras del ritual de consumo. Para ello, se practican test psicológicos e incluso tests toxicológicos y, si se descubren cómplices de la introducción de sustancias, se informa a la familia y se les expulsa.

3. Protagonizar o participar en peleas o agresiones.

Las peleas o agresiones físicas y verbales entre compañeros/as o hacia el mobiliario del centro se encuentran totalmente prohibidas. Si se dan agravios de este tipo entre personas en tratamiento, se les expulsa. Algunos centros buscan derivar a la persona a otra residencia, tras evaluar cuál de las partes del conflicto debe salir y cuál puede continuar, o incluso si ambas personas deben ser expulsadas

En ocasiones, se puede contemplar el tipo o grado de agresión. Es decir, se puede valorar de manera distinta el acto de alguien que acaba de entrar y está desestabilizado médica y psicológicamente, que quien lleva tiempo en abstinencia.

4. Agredir a alguien del equipo terapéutico.

Agredir a alguien del equipo es motivo de expulsión inminente sin posibilidad de derivación a otro centro de desintoxicación. En algunas clínicas, se puede contemplar como factor atenuante la desestabilización médica, la cual provoca momentos de ira. Pero son casos muy particulares. Aun así, si esa conducta se repitiera, no se brindan más oportunidades. 

5. Mentir sobre la toma de medicación o eludirla.

Negarse a tomar la medicación prescrita por el personal médico o usar tácticas para esconderla conforma motivo de expulsión del centro, aunque no inmediata. Esto suele ser más frecuente de lo habitual

En el caso de que la persona esconda los fármacos o los camufle en la boca para sacarlos después, se intenta revertir terapéuticamente esta situación. Una de las formas en que se busca cambiar esta postura reticente en tomar la medicación consiste en confrontar a la persona en terapia grupal e individual. Así como, por otro lado, se informa a la familia para que le adviertan de las consecuencias.

Quizá exista una parte de responsabilidad de las personas monitoras por descuidar esa situación y, a futuro, se trabaja en el equipo para intensificar más la vigilancia sobre la persona en cuestión. Pero la reiteración de la conducta, es decir, el mantenimiento de la negación, provoca la expulsión, pues consiste en una actitud de rechazo al tratamiento.

6. No cumplir rigurosamente con el tratamiento cuando ya se lleva un tiempo de abstinencia.

¿Qué pasa si la persona en tratamiento no quiere asistir a las sesiones de terapia grupal o individual, rechaza hacer ejercicio, incumple las tareas de limpieza…? 

Los centros toleran ciertas actitudes reticentes al tratamiento en los primeros días de ingreso, pues la persona se encuentra completamente desequilibrada y no se le puede pedir coherencia. También tienen en cuenta la situación individual: si está recién ingresado; si presenta patología dual; si se le está administrando mediación potente; si ha ingresado de forma involuntaria y se encuentra en estado de negación… 

O si, por el contrario, se trata de alguien que lleva un mes de tratamiento, ha alcanzado la abstinencia, y sólo busca evadir responsabilidades como parte de la actitud adicta. En este sentido, se valora cada perfil y la reiteración de las conductas para proceder a su expulsión. Pero lo que está claro es que si una persona lleva un tiempo en tratamiento y se observa que físicamente está con fuerzas, puede continuar la rutina igual que el resto

7. Incumplir el análisis periódico de orina.

Antes de entrar en el centro, se practica a la persona un test toxicológico de varias sustancias. Esta prueba se realiza en diferentes momentos del tratamiento, para comprobar que la persona está cumpliendo con la abstinencia. Negarse a una analítica de orina es motivo lógico de expulsión del centro de desintoxicación. 

Estos estudios son sorpresivos, sin aviso, cuando el equipo lo considera oportuno.  Las únicas excepciones que pueden darse a este requisito básico se dan cuando un paciente sale del centro limpio y al tiempo reingresa porque ha recaído. Entonces, por lógica, se espera un tiempo para que  su organismo se depure  antes de practicarle el test. 

8. Mentir en el transcurso del tratamiento.

¿Cómo se detecta si una persona miente respecto a situaciones en el centro y en relación con su adicción? ¿Cómo se procede?

Es habitual que la persona pueda mentir sobre su situación y su adicción. Esta actitud forma parte de la propia enfermedad. Con el fin de tener una radiografía más fiel de su adicción, el centro contrasta con la familia toda la información que la persona brinda al ingresar. El equipo terapéutico le elabora un plan diario de acciones y, con el transcurso de la convivencia, la va conociendo para saber cuáles son sus vulnerabilidades y sus defectos de carácter. 

Este trabajo permite detectar las mentiras. Porque mentir o tapar repercute en el comportamiento y carácter de la persona, lo cual se evidencia. Cuando ésta busca excusas y evasivas, se percibe de forma automática en ella malestar. Las excusas pueden pasar, por ejemplo, por que se encuentran mal o, incluso, llegan a somatizar ese malestar en dolor físico. Detrás de comportamientos extraños e inestables suelen esconderse mentiras. 

Después de estar 24 horas con los pacientes, el equipo terapéutico es capaz de detectar las conductas poco habituales que hacen saltar la alarma. Con ello se activan protocolos para indagar y llegar al fondo de lo que está ocurriendo con la persona. 

Por otra parte, desvelar las mentiras es uno de los motivos para realizar las terapias de grupo. En ellas participan todas las personas ingresadas para sacar a la luz lo que sienten en diferentes momentos. 

En un centro de desintoxicación nada se puede ocultar. Pero si la conducta pro engaño resulta sistemática, reiterativa, puede denotar que la persona se resista a tomar consciencia de enfermedad y, por tanto, se la deba apartar del tratamiento. Quizá no es su momento de ingresar y necesite tocar fondo para darse cuenta de que realmente necesita ayuda y debe ceñirse a las pautas terapéuticas. Mentir, al final, es mentirse a sí mismo o misma.

9. Apostar.

Obviamente, en los centros no hay ni se pueden ingresar materiales de juego. De hecho, expresiones cotidianas como “que te apuestas a…” están apercibidas y se tratan en terapia grupal e individual cuando se manifiestan. Si persisten estas expresiones, pueden promover la decisión de expulsión de la persona. 

En algunos centros estas conductas se castigan con retirada de privilegios, como llamadas a las familias o asistencia a gimnasio. Si esta conducta se realiza entre varias personas, se procede a su separación terapéutica para que no se retroalimenten. 

10. Hacer trueque para eludir la realización de tareas asignadas. 

Existe un cuadrante de tareas que las personas en tratamiento deben cumplir rigurosamente, y que el equipo controla. En el momento que se detecta que algo se incumple, se activan protocolos. Si se da el caso de que una persona chantajea a otra para eludir responsabilidades del programa, conlleva su expulsión inminente.

En este sentido, los trueques con tabaco a cambio de realizar tareas, por ejemplo, están prohibidos. Para evitarlos, en algunos centros se les entrega un paquete diario y, en otros, se reparten cigarrillos dos veces al día. En todos se les controla el uso y tenencia. No obstante, los trueques no conforman una situación habitual en los centros con los que trabaja Adictalia, donde se cuida qué posesiones ingresa la persona. 

La prohibición de acordar intercambios se le informa a las personas al ingreso y se les reitera de manera diaria. Tampoco pueden prestarse objetos entre ellas. 

11. Provocar un deterioro de las instalaciones o romper mobiliario.

En caso de que una persona deteriore las instalaciones, se valora cuál ha sido el motivo. La consecuencia es diferente si ha sido por un accidente (sentarse en una silla y romperla) que por una conducta agresiva: dar una patada a una puerta en medio de un ataque de nervios o la pelea con otra persona ingresada. En este caso, se le expulsará o se le derivará a otro centro, y se solicitará a la familia que costee los gastos de reparación

12. Introducir un teléfono móvil a escondidas.

La incomunicación con el exterior es fundamental en el tratamiento.

Las personas ingresadas en el centro no pueden poseer móvil durante su estancia. Si lo introducen a escondidas, es motivo de expulsión. Si la persona entrega el dispositivo por motu proprio, se valora el caso y, si se considera que ha cometido un error, entonces se le brinda la oportunidad de continuar en el tratamiento.

Hay pacientes que introducen móviles con la excusa de ingresar manutenciones o realizar gestiones laborales. Incluso en esos casos, el dispositivo se requisa y, cuando lo necesita, se le permite usarlo puntualmente con la supervisión de alguien del equipo. Cuando termina la gestión, se vuelve a guardar el teléfono. 

La expulsión del centro también se aplica cuando se esconden relojes inteligentes u otros dispositivos, i.e. tablets, portátiles, etc 

En un centro de desintoxicación nada se puede ocultar.

13. Ocultar dinero.

Las personas ingresadas no pueden disponer de dinero. Además, de no necesitarlo, pues tienen todas sus necesidades básicas cubiertas, existe el riesgo de que, si poseen metálico, puedan conseguir sustancias. 

Si bien son muy pocos frecuentes estos casos, cuando se dan, se les retira el efectivo. Si se niegan, se valoran otras medidas, como la expulsión o el traslado a otro centro. 

14. Ocultar “malas” acciones de otra persona ingresada.

¿Qué debe hacer un paciente si ve que alguien ajeno al centro introduce sustancias prohibidas, se lía con otro paciente, o infringe a escondidas cualquier norma?

Las personas ingresadas que perciben estas conductas prohibidas por parte de otra, deben denunciarlas en terapia de grupo. Ésta, aunque parezca lo contrario, es una forma de ayudar a quien las protagoniza. Si siente miedo de hacerlo en grupo, puede acudir en privado a hablar con el equipo terapéutico, para después tratarlo de forma grupal, qué es lo más aconsejable.

Si se descubre que la persona ha ocultado información para encubrir a otra, se puede valorar su expulsión, según la gravedad del caso.

15. Escaparse del centro.

Cuando la persona no presenta patología dual u otro cuadro que agrava la adicción, escaparse del tratamiento implica un acto de rechazo al mismo. Y, por tanto, se entiende que la persona no se ajustará al protocolo terapéutico. 

Los tratamientos de adicciones son procesos voluntarios, la persona no está encarcelada, debe hacerlo porque quiere superar su enfermedad. Cuando ingresa en una actitud de prepotencia, sin patologías asociadas, y se escapa, se llama a la familia para informarle y coordinar el envío de sus pertenencias. Si esta persona quiere volver al tratamiento, dependiendo de las circunstancias en que se haya ido, se le puede readmitir. 

Cómo actúa el centro en una expulsión

¿Cómo actúa el centro cuando expulsa a un paciente?

– ¿Quién saca a la persona del centro y de qué manera?

El equipo terapéutico intenta que la familia busque algún otro recurso terapéutico para la persona expulsada. En los centros que cuentan con varias residencias, se puede valorar la opción de  derivar a otro recurso perteneciente al grupo, si se considera que aún existen posibilidades de trabajar con el paciente. 

En este sentido, el Departamento de seguimiento de Adictalia siempre se mantiene en contacto con el centro y la familia. En caso de expulsión, busca por todos los medios otro recurso para que la persona ingrese en otro centro y pueda continuar con su recuperación.

Generalmente, las personas ingresadas en centros, que han sido derivadas por Adictalia, proceden de otras provincias. Esto responde a la necesidad de que se traten lejos de su hogar, para dificultar el abandono del tratamiento. El entorno cercano debe comprarle un billete de regreso a casa o, si es el caso, hacia otra residencia terapéutica. Si la persona accede a marcharse en buenos términos, se le lleva a una estación de autobuses o aeropuerto

En situaciones en que la persona reacciona con violencia hacia el equipo, puede darse la necesidad de reducirle, sin hacerle daño, y sacarle a la calle. Acto seguido, se preparan sus pertenencias y se le entregan, generalmente, en presencia de la Guardia Civil. 

El equipo terapéutico intenta que la familia busque algún otro recurso terapéutico para la persona expulsada

¿Dónde se deja a la persona?

Se intenta por todos los medios no dejar a la persona en la calle, a menos que la familia sea partidaria de ello porque rechaza la idea de que corte el tratamiento. En general, un monitor o una monitora del centro le acompaña a una terminal de transporte. 

¿Qué hacen con sus pertenencias?

Siempre se entregan las pertenencias a la persona, cuando las condiciones lo permiten. En situaciones extremas, donde la persona ha huido o se ha marchado con violencia o una actitud agresiva, se entregan los enseres a la familia. 

– ¿A quién se llama para comunicar que la persona ha sido expulsada? 

Cuando la persona es expulsada del centro de desintoxicación, se llama al familiar de referencia, responsable, que figura en el contrato de ingreso al centro. 

– ¿Qué ocurre si no hay nadie a quien llamar?

No se suelen dar muchos casos en los que no tenga a quién llamar. Cuando esto sucede, Adictalia busca en su base de datos contactos de referencia de la persona. 

– ¿En qué casos pueden llamar a las fuerzas de seguridad?

Se llama a las fuerzas de seguridad cuando la persona reacciona de forma agresiva o existen indicios de que puede producirse violencia. 

El papel de la familia

¿Cómo debe actuar la familia cuando la persona adicta es expulsada del centro de desintoxicación?

– ¿Cómo sé que mi familiar ha sido expulsado?

El centro de desintoxicación comunica al entorno de la persona que ésta ha sido expulsada. Con frecuencia, si la persona se va por su cuenta rápidamente, es ella la que primero llama a la familia para comunicárselo. Hay que tener en cuenta que se trata de personas mayores de edad y que se encuentran en un tratamiento voluntario. 

– Cómo debo actuar: ¿tengo que ir a buscarle al centro?

Depende del caso. Hay personas con patología dual que no conviene que se queden en la calle. Otras, que sí. Pero a medida que se modernizan los tratamientos de adicciones, se reducen las probabilidades de dejar a alguien en la calle. Lo más conveniente es conseguir la derivación a otro centro.

– ¿Debo pagar el tratamiento de la persona expulsada, aunque no lo haya terminado?

En muchos de los centros, sí. Ante una expulsión o abandono, no se suele devolver ninguna cuantía de la ya pagada tras la mensualidad en curso. Si bien hay algunos honrosos ejemplos que devuelvan parte de esa cuota tras una expulsión, son una minoría. Y, por supuesto, si existe un contrato firmado en el que se informa de que no se devuelve el dinero en estos casos, no están legalmente obligados a hacerlo.  

Adictalia recomienda a la familia leer muy bien el contrato terapéutico que firma el día del ingreso. Los centros obligan a firmar a la familia y/o al paciente un contrato terapéutico con normas y derechos para la persona usuaria. En ese contrato estarán todas las condiciones tipificadas y clarificadas.  

Existen diferentes situaciones. Como parte de estas cláusulas, algunos centros establecen cobrar una penalización de 15 días. Es decir, no reembolsan el importe íntegro del mes de tratamiento si la persona es expulsada o abandona. Pero sí devuelven el resto del dinero. 

En otros centros, se determina que, después de que la persona entre, goza de tres días para irse con derecho a que se le devuelva el dinero íntegro del mes, sin contar gastos como tabaco o consulta de psiquiatra. Al pasar los tres días, la mensualidad no se reintegra. 

Estas son condiciones que Adictalia está intentando negociar con todos los centros. El objetivo es que, en caso de expulsión o abandono, la familia no acarree con todos los costes de un tratamiento que no ha podido concluirse.

— ¿Es conveniente buscar otro centro para mi familiar?

Sí, es lo más conveniente. Pero esto siempre dependerá de la predisposición y compromiso que tenga la persona para seguir tratándose. En este sentido, hay quienes necesitan tocar fondo para darse cuenta, tomar consciencia de que necesitan tratarse. 

Los centros con los que trabaja Adictalia intentan siempre buscar alternativas, como la derivación a otro centro, antes que dejar a la persona en la calle. 

Te ayudamos a encontrar el tratamiento adecuado para ti.

— ¿Qué argumentos puedo esperar de parte de mi familiar expulsado?

Una persona adicta, presa de las actitudes perjudiciales promovidas por la enfermedad, puede dar todo tipo de argumentos para justificar por qué la han expulsado. Muchas veces son surrealistas o irracionales

Por ejemplo: “me expulsaron porque sé más que ellos”; “porque ya estaba más preparado que todos”; “porque era muy honesto”; “porque ayude a un compañero en terapia”; “a  unos/as compañeros/as los/as trataban mejor que a otros”; “me estaban haciendo el vacío”; “no me echaron, me fui yo”.  

– ¿Debo creer las explicaciones de mi familiar expulsado?

En la mayoría de los casos, conviene contrastar las explicaciones que ha dado la persona con las que aporta el centro. Y ser objetivos, tomar perspectiva, valorando las manipulaciones y mentiras que muchas veces ha proferido nuestro familiar con adicción, para contextualizar sus actuales argumentos.  

Un centro muy pocas veces expulsa a alguien, a no ser que haya razones de peso, como: constantes faltas de respeto, agresiones verbales o físicas, o introducir sustancias en el centro. De hecho, muchos centros operan un sistema de advertencias. Es decir, que con frecuencia la expulsión viene precedida de varios avisos tras faltas de respeto, desplantes, malas contestaciones, salidas de tono, etc. 

En este sentido, es recomendable hablar con el centro y preguntar cómo había sido el comportamiento de nuestro familiar, previamente a la expulsión. 

¿Qué postura debo tomar frente a la expulsión del centro de desintoxicación?

Buscar otro centro de ingreso y, si la persona se niega a tratarse, soltarle la mano. Esta es una opción factible. Es decir: invitarle a seguir su vida de forma independiente, fuera de casa. 

Muchas de las razones por las que pueden expulsar a la persona de un centro terapéutico, se califican en la calle como delitos. Por ello, muchas especialistas sugieren aplicar amor duro: una postura tajante y firme.  

En este sentido, podemos decirle abiertamente al familiar: “Te han expulsado por no adherirte al tratamiento, por no respetar las normas del centro, como por ejemplo introducir sustancias, o por agredir a un terapeuta. Si te han expulsado es debido a tu comportamiento, por lo cual hoy, esta noche, estás solo. No te vamos a acoger en casa, ni mandarte dinero para comida ni mucho menos para que reserves un hotel”. 

No todo está permitido en los centros, así que la persona debe responsabilizarse de su comportamiento. Además, hay que partir de la idea clara de que la persona está en un proceso terapéutico trabajando en su enfermedad, no de vacaciones. “Cuando estés convencido , y quieras continuar con tu  tratamiento, llámanos. Hasta entonces, si eliges el camino del consumo, estás solo. ”, Esta es una de las posturas que se suelen recomendar en casos extremos.  

¿Qué responsabilidad tengo si decido ayudarle?

La responsabilidad de la familia es absoluta si decide amparar a su familiar en negación. Si al final le acogen en casa y le ayudan, validando su negación y facilitando su comodidad, están de algún modo colaborando con una posible recaída

Esto, por supuesto, no cabe en aquellos perfiles en que presentan otros trastornos, además de la adicción, como patología dual severa, riesgo de prostituirse, intentos autolíticos…

¿Qué responsabilidad tengo sobre su vida si la expulsan?

Aquí hay que aclarar tres casos diferentes. 

  • Cuando hablamos de la expulsión de una persona menor de edad, tenemos claras responsabilidades de cuidado y manutención, así como de protección, cobijo, etc. 
  • Cuando hablamos de la expulsión de una persona adulta, los progenitores, pareja o cualquier familiar no guarda responsabilidad para con ella. La persona es dueña de sus actos, claramente responsable de su propia vida. Hemos hecho un esfuerzo tremendo por ingresarla y ahora, decide (con sus actos) salirse de ese centro, que tanto ha costado. Debe responsabilizarse por ello, no la familia.  
  • Cuando la persona en recuperación expulsada es adulta y tenemos su tutela o curatela, sí existe responsabilidad. Porque es incapaz de gestionar su propia vida por cuestiones de discapacidad, salud mental, etc.

– ¿La expulsión significa que el tratamiento ha fracasado, que ya no hay alternativa para su adicción?

No significa que haya fracasado, sino que simplemente en ese centro y en ese tratamiento en concreto no ha encajado. Se puede intentar de nuevo en otro recurso terapéutico.

La expulsión sólo significa que el paciente carece de conciencia de enfermedad y,  probablemente, no quiera dejar de consumir. Por ello, ha buscado una razón, incluso de forma inconsciente, para que lo expulsaran del centro y así justificar su salida ante sus padres, familia o pareja. 
Expulsión no equivale a fracaso, en absoluto. Adictalia ha registrado muchas expulsiones, en diversos centros, de personas que meses o incluso días más tarde fueron conscientes de que debían seguir en tratamiento, y lo han hecho.

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