GLOSARIO DE ADICCIONES

¿Qué es una adicción?

Las características que definen una dependencia patológica a sustancias y comportamientos.

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¿qué es una adicción?

La madre de Tomás está cansada de ver a su hijo con la cabeza hincada en la pantalla del móvil. El chico se pasa varias horas al día viendo vídeos, respondiendo WhatsApp, subiendo fotos… Una situación que les lleva a discutir con frecuencia, porque Tomás empieza a desatender las tareas del hogar y a descuidar sus obligaciones para invertir tiempo en estar “conectado” al aparato. La discusión siempre se cierra con la acusación de la madre de que es un “adicto” y el correspondiente enfado del adolescente.

La adicción es un trastorno crónico y neurobiológico que conlleva la pérdida total de control de la persona, durante al menos un año, sobre el consumo de sustancias o conductas compulsivas, pese al daño progresivo que le genera física, psicológica y socialmente. Esta dependencia o pérdida de libertad se manifiesta en aspectos como la tolerancia, que hace que necesite consumir cada vez más para sentir el mismo efecto, y la abstinencia, que implica síntomas físicos y psicológicos desagradables si deja de consumir.

En este sentido, ¿es realmente Tomás un adicto al móvil? ¿Lo es su tío, quien cada día baja al bar a beber un par de tercios? ¿Lo es su prima, que cada fin de semana se fuma un par de porros? ¿Lo es su hermano, que entra a internet una vez cada dos días a ver porno?

La dependencia o pérdida de libertad que conlleva la adicción se manifiesta en aspectos como la tolerancia, la cual hace que la person necesite consumir cada vez más para sentir el mismo efecto, y la abstinencia, que implica síntomas físicos y psicológicos desagradables si deja de consumir.

No obstante, el término adicción se usa con mucha soltura en las conversaciones cotidianas. De hecho, es tan frecuente que se ha banalizado, y hasta se le ha buscado un significado positivo como sinónimo de alguien que demuestra gran devoción por una actividad o cosa. “Eres un adicto a esa serie”; “eres una adicta a este deporte”; “eres un adicto a ese estilo de música”; “eres una adicta a ese local de hamburguesas”…

La palabra adicción se usa en la calle para connotar, en negativo o en positivo, el acto de reincidir con frecuencia en algo, consumir o repetir con entusiasmo una determinada conducta o un hábito.

¿Estamos de esta forma trivializando el nombre de un trastorno con consecuencias realmente graves para la persona y su familia? Pero lo que es más importante: ¿Qué repercusión tiene llamar adicción a muchos comportamientos en los intentos de desestigmatizar la adicción como un problema de salud que gran parte de la sociedad aún ve como un vicio, o una actitud inmoral de la persona?

¿Todo hábito repetitivo es una adicción?

¿Todo hábito repetitivo es una adicción?

“La adicción es un trastorno que va más allá de realizar una conducta repetitiva”, asegura a Adictalia la psiquiatra Laia Miquel de Montagut, integrante de la Unidad de adicciones del departamento de Psiquiatría del Hospital Clínic de Barcelona. Y lo demuestra: “Dormimos cada día o vamos al trabajo, pero eso no es una adicción y, sin embargo, sí es un hábito que repetimos”.

¿Y en qué momentos consumir sustancias o repetir determinadas conductas, como apostar o mirar pornografía, debe empezar a preocupar a la persona o a su entorno?

Miquel de Montagut considera que la persona “tiene una adicción cuando durante un periodo mínimo de un año pierde el control sobre la cantidad de sustancia (o conducta) que consume”. También, aclara, cuando “el deseo de consumir se antepone a las obligaciones y responsabilidades sociolaborales o, incluso, implica un riesgo para la salud física o mental”. Otro factor que determina qué es una adicción consiste en que la persona siente malestar cuando lleva un tiempo sin consumir

“Una persona tiene una adicción cuando durante un periodo mínimo de un año pierde el control sobre la cantidad de sustancia (o conducta) que consume y su deseo de consumir se antepone a las obligaciones y responsabilidades sociolaborales o, incluso, implica un riesgo para la salud física o mental”.

Laia Miquel de Montagut

La adicción es un trastorno que se encuentra definido en el manual de psiquiatría de Estados Unidos, el DSM-V, al que cualquier profesional sanitario del mundo acude para revisar este tema. En la anterior versión de este documento, el DSM-IV, se hablaba de trastornos por uso de sustancias (abuso y dependencia), mientras que ahora sólo se le clasifica como Trastorno por uso de sustancias, y se indica el nivel de gravedad del mismo: leve, moderado o severo, en función del número de criterios que se cumplan.

Además de esta biblia de la psiquiatría, las personas expertas se guían por la CIE-11, la clasificación internacional de enfermedades. Para explicar a alguien sin conocimientos médicos cuándo “realmente” nos encontramos frente a un diagnóstico de adicción, cualquier persona experta en este trastorno remite a los criterios determinados en esas enciclopedias científicas.

No obstante, existen conductas que preocupan al campo de la psicología y las terapias que (aún) no han sido clasificadas como adicciones. Y donde, sin embargo, sí se evidencia una pérdida de control, de libertad, un malestar, cuando la persona se ve impedida de practicarla. Por ejemplo, las dependencias al móvil con las que acuden a terapia miles de adolescentes en España.

“Para poder realizar un diagnóstico de adicción, la persona debe cumplir unos criterios que están descritos en el DSM 5 o la CIE-11”, insiste la investigadora del Clinic de Barcelona. Para lo cual, aclara, “lo mejor es acudir a un especialista para que nos pueda indicar si se tiene el trastorno o no”.

Y esto es así porque, sostiene Miquel, “la cantidad y frecuencia de consumo no supone un criterio de gravedad en sí”. Esto, sin embargo, no significa que cuánto consuma la persona carezca de importancia para realizar el diagnóstico. «Sí que tiene relevancia en relación al daño físico y psicológico que pueda ocasionar», dice Laia Miquel. «Lo que ocurre es que no lo usamos como criterio  para diagnosticar el trastorno», aclara.

En este sentido, la cantidad de alcohol consumida incrementa el riesgo para la salud física, al incrementar la probabilidad de tener problemas hepáticos o neurológicos, ejemplifica la psiquiatra.

La adicción puede tener distintos niveles de gravedad, los cuales dependen del número de criterios diagnósticos que cumpla la persona evaluada en simultáneo y sostenidos en el tiempo. Los criterios del DSM-V son 11, los cuales pueden verse en la siguiente tabla:

Por este motivo, para poder diagnosticar el trastorno “no nos fijamos en el patrón de consumo en sí: a veces se piensa que solamente las personas que toman alcohol diariamente tienen una adicción al alcohol, cuando algunas personas que beben solamente los fines de semana, pero de forma descontrolada, también presentan el trastorno”. Para la especialista, carece de importancia profesional diferenciar estos niveles de consumo.

7 criterios para definir una adicción

7 criterios para definir una adicción

El DSM 5 establece que para considerar que una persona sufre dependencia de sustancias o de conductas (es decir, adicción), debe manifestar al menos tres de estos criterios en algún momento del último año de su vida:

  1. Desarrollar tolerancia al consumo: esto sucede cuando la persona necesita consumir cada vez más sustancia o intensificar la conducta (apostar más), para conseguir el efecto deseado. A la inversa, la tolerancia puede evidenciarse cuando el efecto de la misma cantidad disminuye con el consumo continuado.
  2. Manifestar síndrome de abstinencia: consiste en un conjunto de síntomas orgánicos y psicológicos incómodos, desagradables y más o menos riesgosos que ocurren cuando la persona deja de consumir la dosis a la que estaba habituada. Este cuadro varía en función del tipo de sustancia o conducta, pero ciertamente es lo que impulsa a la persona a necesitar consumir. Por ello, también se considera abstinencia cuando el individuo consume para aliviar los síntomas.
  3. Cuando la persona consume con frecuencia, cantidad y duración de tiempo superior a lo que quería inicialmente.
  4. Deseo permanente de consumir: la persona siente la necesidad de realizar el ritual todo el tiempo y no puede controlarlo, es decir, se ve incapaz de cortar el consumo.
  5. Obsesión por consumir y todo lo que rodea al ritual: la persona ocupa gran parte de su tiempo del día en pensar en el acto de consumir, esté donde esté y haga lo que haga. Y, además, se preocupa en exceso por obtener el objeto de su obsesión (sea una sustancia o la realización de una conducta, como las apuestas), o en repetir los efectos de ese consumo. Ejemplos de ello es desplazarse largas distancias para conseguir sustancias o dinero.
  6. Desatiende su vida: la persona abandona parcelas importantes de su existencia por consumir, pensar en ello, o buscar satisfacer ese deseo incontrolable. Así, relega actividades sociales, el trabajo, actividades educativas, las responsabilidades familiares. Su mundo pasa exclusivamente por todo lo que rodea al consumo.
  7. Reincide en consumir a pesar del deterioro significativo que le produce: aunque la persona sabe que el consumo está destruyendo su vida física, psíquica, social, laboral, familiar… persevera en el consumo, más allá de los problemas.
Uso, abuso y adicción: 3 estadíos diferentes

Uso, abuso y adicción: tres estadíos diferentes

¿Y qué pasa con las personas que ni siquiera cumplen con tres de estos criterios, pero, sin embargo, a veces fuman un porro o tienen una borrachera o se pasan alternativamente?

La sociedad científica española Socidrogalcohol, de la cual Miquel de Montagut forma parte, define tres estados en relación con el consumo: uso, abuso y dependencia.

  1. El uso de sustancias o conductas refiere al consumo sin consecuencias negativas para la persona, o que ésta no las percibe en su vida. Aquí se puede englobar a alguien que bebe una o dos copas de vino de vez en cuando, fuma un porro de marihuana esporádicamente o apuestas en un casino de manera puntual para divertirse con amistades. Se trata de un consumo ocasional.
  2. Se habla de abuso o uso problemático cuando la persona realiza un consumo continuado que le acarrea resultados perjudiciales y que, a pesar de ello, lo sigue haciendo. Usar el móvil de forma insistente y que esto conlleve desatender obligaciones, genere ansiedad si se está lejos del aparato o, incluso, su uso pueda incidir en el riesgo de sufrir un accidente. También cuando en ocasiones bebemos hasta coger una borrachera o no podemos pasarla sin embriagarnos un poco.
  3. Por último, la dependencia, o adicción, se desarrolla con el tiempo de exceso continuado de consumo de sustancias o comportamiento. Un patrón de conducta que conforma consecuencias negativas significativas para la vida de la persona. Este escenario puede darse también con el uso intermitente o, incluso, con excesos solos los fines semana: emborracharse todos los fines de semana y mantener la sobriedad de lunes a viernes. Como sea, la dependencia al consumo afecta estructuralmente la vida de la persona.
El cerebro adicto

El cerebro adicto

¿Qué diferencia existe en el tratamiento según los tipos de consumo? 

Explica la psiquiatra Laia Miquel que el tratamiento se realiza “de forma personalizada, teniendo en cuenta los objetivos de la persona”. Esto significa que la toma de decisiones de qué hacer se comparte entre pacientes y profesionales, a quienes les corresponde “explicar las distintas herramientas terapéuticas”. En función de ello, se decide, con la persona adicta, “qué opción es la más adecuada” para su caso.

El funcionamiento del cerebro de una persona que sufre adicción muestra diferencias concretas del de otras que no experimentan esta enfermedad. ¿Las razones? “Las causas de la adicción son multifactoriales”, aclara esta investigadora. Y precisa: “Dependen de la genética, de la epigenética y del ambiente; las personas que desarrollan una adicción tienen alterada la función del circuito de recompensa”. 

adicción: qué es
La adicción no es una decisión voluntaria de la persona. Ningún adicto/a quiere ser adicto/a.

Este circuito de neuronas (células nerviosas) se encarga de reportar placer cuando hacemos una acción, como comer, beber, tener sexo o drogarnos, vital para la vida y nuestro bienestar. Claro que, esta parte del sistema nervioso, no distingue si las sensaciones que nos reportan fumar un porro son beneficiosas para nuestra salud, simplemente se queda con el dato de que nos ha reportado placer. Y, por tanto, grabará esa información para que la repitamos. 

Pero solamente algunas personas poseen ese disco duro demasiado sensible (o frágil) a los estímulos. En otras palabras, solo algunas de las que fumen porros, beban o jueguen se convertirán en adictos o adictas. Quienes desarrollan una adicción, tienen este “circuito de recompensa modificado” a consecuencia de la exposición química a la sustancia o a la explosión química interna que un patrón comportamental, como el juego, ha activado de forma desmedida.

Por otra parte, “se sabe que estas personas tienen una hipofunción del córtex prefrontal, que es la parte del cerebro que nos ayuda a controlar la conducta”, añade Laia Miquel. Es decir, la parte del sistema nervioso encargada de tomar decisiones racionales, de indicarnos qué está bien o mal, cede a los impulsos irracionales, instintivos, emocionales. La necesidad de consumir se graba precisamente en la parte del cerebro encargada de regular las emociones.

Este es uno de los motivos por los cuales solamente algunas personas que consumen terminarán desarrollando un consumo problemático o una adicción. Porque, como explica Miquel, para la gran mayoría ese “sistema de recompensa funciona bien y no se altera con el consumo de sustancias”. 

Factores de riesgo

Factores de riesgo para desarrollar una adicción

Resulta complicado predecir si una persona será más propensa a desarrollar una adicción que otra a lo largo de su vida. Este es un trastorno que responde a múltiples causas, relacionadas con: 

  • La biología
  • La psicología 
  • La historia de vida personal 
  • El ambiente familiar 
  • El contexto social 
  • Las circunstancias vitales

Existen diversos factores de riesgo para entrar en contacto con sustancias o conducta y, consecuentemente, terminar abusando de ellas. Y presentar uno o más de ellos no implica necesariamente que se vaya a desarrollar adicción.

Según explican en Socidrogalcohol, un factor de riesgo es “un atributo y/o característica individual, condición situacional y/o contexto ambiental que incrementa la probabilidad de uso y/o abuso de drogas (inicio) o una transición en el nivel de implicación con las mismas (mantenimiento)”.

Laia Miquel menciona tres factores de riesgo psicológicos para abusar de sustancias, pero aclara que hay muchos más:  

  1. Entrar en contacto con una sustancia
  2. Haber sufrido estrés crónico en las edades tempranas de la vida que hayan supuesto un trauma psicológico
  3. Tener un carácter más impulsivo

A estos, se pueden añadir otros factores de riesgo psicológicos, familiares y sociales para caer en el consumo abusivo, según apuntan en Socidrogalcohol, como:

  • Consumo de alcohol y drogas por parte de los padres.
  • Biológicos.
  • Psicológicos y conductuales.
  • Rasgos de personalidad.
  • Baja supervisión familiar.
  • Baja disciplina familiar.
  • Conflicto familiar.
  • Historia familiar de conducta antisocial.
  • Bajas expectativas para los niños o para el éxito.
  • Abuso físico.
  • Deprivación económica y social.
  • Desorganización comunitaria.
  • Cambios y movilidad de lugar.
  • Actitudes favorables de los compañeros hacia el consumo de drogas.
  • Compañeros consumidores.
  • Conducta antisocial o delincuencia temprana.
  • Bajo rendimiento académico.
  • Bajo apego a la escuela.

Presentar varios de estos aspectos, insistimos, no implican que inexorablemente una persona vaya a caer en la adicción. Todo dependerá de cómo se combinen y se configuren en la hoja de ruta de la persona. Pongamos por caso el factor genético.

La psiquiatra Laia Miquel explica que “existe una transmisión genética de la adicción, de manera que el riesgo puede ser más alto si se tiene familiares de primer o segundo grado con un trastorno por uso de sustancias y, por tanto, se debe tener precaución”.

“Existe una transmisión genética de la adicción, de manera que el riesgo puede ser más alto si se tiene familiares de primer o segundo grado con un trastorno por uso de sustancias y, por tanto, se debe tener precaución”.

Laia Miquel

Precaución, es decir, prestar atención, explorarse y conocerse para evitar determinadas tendencias en comportamientos. Pendientes de la necesidad de consumir de drogas que puede despertarse en determinados momentos de la vida. Pero tener un padre alcohólico no implica un boleto asegurado para desarrollar alcoholismo. Pueden presentarse muchos otros factores que protejan a la persona, es decir, factores de protección.

Factores de protección

Factores que pueden proteger de caer la adicción

Los factores de protección son “un atributo o característica individual, condición situacional y/o contexto ambiental que inhibe, reduce, o atenúa la probabilidad del uso y/o abuso de drogas o la transición en el nivel de implicación con las mismas”, citan en Socidrogalcohol.

Existen factores de protección que contrarresten la probabilidad de desarrollar una adicción. Y pueden ser tan numerosos como los factores de riesgo, así como abarcar diferentes aspectos de la vida de la persona. Entre ellos, podemos mencionar:

  • Apego familiar.
  • Oportunidades para la implicación en la familia.
  • Creencias saludables y claros estándares de conducta.
  • Altas expectativas parentales.
  • Sistema de apoyo externo positivo.
  • Oportunidades para participar como un miembro activo de la comunidad.
  • Descenso de la accesibilidad de la sustancia.
  • Resistencia a la presión de los iguales, especialmente a las negativas.
  • No ser fácilmente influenciable por los iguales.
  • Oportunidades para la implicación prosocial.
  • Refuerzos/reconocimiento para la implicación prosocial.
  • Creencias saludables y claros estándares de conducta.
  • Creencia en el orden social.
  • Desarrollo de las habilidades sociales.
  • Creencia en la propia autoeficacia.
Tratamiento de la adicción

Tratamiento de una adicción

La corriente terapéutica más empleada en el tratamiento de adicciones es la cognitivo conductual. Consiste en técnicas orientadas a que la persona replantee sus pensamientos y creencias y, como resultado, modifique sus conductas que la llevan a consumir. Asegura Miquel que esta corriente terapéutica, junto con la entrevista motivacional, “son las que han sido más estudiadas y tienen evidencia científica de su eficacia”.

La entrevista motivacional se basa en la relación entre la persona adicta y la terapeuta. En el marco de una relación de empatía, se busca promover la motivación de la persona para encontrar motivos y principios que pueden apuntalar el cambio del comportamiento que le lleva a consumir.

Los procesos para superar la adicción integran, sobre todo en la etapa de desintoxicación, en la cual aparece el síndrome de abstinencia, el tratamiento farmacológico. No obstante, los medicamentos son, para la psiquiatra Laia Miquel, “una ayuda más al tratamiento de las adicciones”. La terapia psicológica es esencial del proceso.

Por otra parte, indica la especialista del Clínic de Barcelona, “no existe tratamiento farmacológico para todas las adicciones a sustancias”. La medicación más antigua y conocida es el disulfiram (más conocido como antabus): un tratamiento que disuade de beber. También existen tratamientos que tienen indicación para dejar de fumar tabaco. Pero luego, la mayoría de fármacos apuntan a aminorar los síntomas de abstinencia.

Se dice que la adicción es una enfermedad crónica, que se puede contener con terapia y así vivir en abstinencia, pero que nunca se llega a curar. ¿Cuál es el motivo? Para Laia Miquel, la razón es que, “de momento, no existe tratamiento que consiga regular las alteraciones del cerebro que causan este trastorno”. 

En Adictalia consideramos que las personas con adicción deben mantenerse siempre en contacto con un entorno terapéutico, incluso después de terminar un tratamiento integral. El tratamiento de adicciones dura entre 1 año y medio y 2 años. Pero después, conviene seguir asistiendo a terapia, revisando patrones, y perfeccionando las técnicas de prevención de recaídas.

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.

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Redacción

Equipo Adictalia
Comité Editorial | comunicacion@adictalia.es

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