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COMPRENDIENDO LA ADICCIÓN

Entendiendo la negación del adicto y cómo romperla

Por qué las personas adictas niegan el problema y qué podemos hacer para ayudarles y ayudarnos.

12 minutos
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Negación de la adicción

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Equipo Adictalia

Comité Editorial | [email protected]

El consumo de alcohol de Luis se ha transformado en un problema para él, y también para su entorno. Su familia no sabe qué más hacer para ayudar a su hijo y se encuentra desgastada por las consecuencias de su consumo. La madre ha buscado diversas alternativas: un centro ambulatorio, grupos de ayuda mutua, una renombrada psicóloga… Y hasta llegaron a plantearse pedir un préstamo para que ingrese en un centro de desintoxicación privado. Pero ninguna de estas opciones sirvieron, sencillamente, porque Luis no quiere tratarse.

Como tantas personas adictas, Luis ofrece la misma respuesta: “No necesito tratarme, porque puedo dejar de beber cuando yo quiera”. Esta respuesta es una de las fórmulas típicas que usan las personas con dependencias cuando están inmersas en la etapa de negación de la adicción: negar que sufren un problema de salud que está ocasionando serias consecuencias graves para su vida y su entorno y, por tanto, negar que deban tratarse y rechazar toda ayuda.

Desde el punto de vista psicológico, “la negación actúa como un mecanismo de defensa para proteger el autoconcepto que la persona tiene de sí misma” expone Pau López Ferrer, psicólogoresponsable del Departamento Terapéutico de Adictalia. “La negación impide la percepción objetiva del problema y, por tanto, refuerza o mantiene la conducta adictiva y dificulta la búsqueda de ayuda y tratamiento”, añade el especialista. 

Negar el problema y la necesidad de tratamiento conforma una reacción muy habitual en personas que sufren la enfermedad de la adicción. De hecho, el Departamento Terapéutico de Adictalia recibe numerosas llamadas, en su mayoría desesperadas, pidiendo información y pautas para conseguir que un familiar admita tratarse. Las terapeutas escuchan a diario acerca de hijo, hijas, hermano, marido, madres, amistades que rechazan la ayuda que se les ofrece, pese a que sus vidas se están yendo a pique

Claramente, representa una postura realmente difícil de entender y aceptar por parte del entorno cercano. Y que, sin duda, alimenta en él sentimientos y reacciones de impotencia, rabia, incertidumbre, injusticia, culpa, pena… A partir de esta dificultad de comprender la negación de la persona adicta y las posibilidades de romperla, el Centro Informativo de Adicciones de Adictalia decidió indagar en esta fase de la enfermedad. 

¿Qué es la negación?

¿Qué es la negación?

“Negar la adicción es la primera reacción que tenemos las personas adictas a la demanda de reconocer el problema, la enfermedad”, explica María Cristina, ludópata en recuperación y coordinadora de grupos de autoayuda desde hace décadas. Para ella, esta reacción responde a que la persona no quiere aceptar que “es enferma”. ¿Por qué? 

“Porque al aceptarlo tenemos que buscar formas de resolver el problema, si lo reconocemos tenemos que cambiar una situación que nos produce ‘aparentemente’ mucho placer”, precisa esta adicta en recuperación. 

Como sea, la negación es un mecanismo intrínseco a la adicción. En palabras de Alfonso Santos, adicto en recuperación y terapeuta en adicciones con 25 años de experiencia tratando con miles de personas adictas, las dependencias son “una patología que conlleva pasar por este periodo de negación”. 

Si se piensa bien lo que dice Santos, sin negación no existiría adicción, pues a la mínima percepción de perjuicio sobre la propia vida, cualquiera buscaría ayuda. Sin embargo, toda historia de adicción está plagada, en mayor o menor medida, de mentiras, robos, violencia, provocadas por la necesidad compulsiva de consumir. Incluso cuando la persona sabe que esa conducta le está dañando, pero no puede frenarla. Se puede decir que negar que existe un problema es un recurso que le permite a la enfermedad sobrevivir, empujando a la persona a engañarse a sí misma y a defenderse frente a las demás.

Un cerebro que niega

El cerebro que niega la adicción

Pero, cómo se puede explicar clínicamente que la enfermedad tenga tanto poder sobre la autopercepción de la persona. ¿Cómo se explica, en este sentido, la negación? Por las alteraciones neuronales provocadas por el consumo. Concretamente, precisa Pau López Ferrer, las sustancias y la práctica de conductas compulsivas modifican “los circuitos fronto-estriados que afectan a la corteza prefrontal, los ganglios basales y regiones límbicas como la amígdala, el hipocampo y la insulina”. 

Estas modificaciones neuronales favorecen el mantenimiento de la conducta adictiva. El motivo es, dice el psicólogo, que “los circuitos necesarios para planificar y analizar las consecuencias, e integrar información y señales, que nos permitan cambiar la conducta, no funcionan correctamente”. 

María Cristina incide sobre una obviedad que, a ojos de quienes no sufren la enfermedad, no parece tan evidente: “Si persistimos en nuestra conducta, es porque nos produce un placer mayor a la percepción que tenemos del perjuicio que nos está provocando la adicción. El impulso dopaminérgico es enorme y siempre mantenemos la esperanza de que en la próxima jugada vamos a estar mejor”.

Escudos de protección

Un escudo de protección 

Por eso, precisamente, incluso cuando la persona percibe el problema, porque no se soporta más y no soporta su vida, salvo cuando consume, no puede cambiarlo. Y termina desarrollando falsas creencias. “Más que la persona adicta no quiera encontrar soluciones, se trata de que piensa constantemente que puede solucionar el problema”, aclara Alfonso Santos. “Aunque las evidencias de sus actos y su entorno digan lo contrario, realmente lo quiere solucionar, pero eso sí, a su manera”, apunta. Y esa manera, claro, es un espejismo. 

Durante la fase de negación, las personas adictas “construyen un relato ‘útil’ que permite evitar emociones desagradables como la culpa, el miedo, la vergüenza, o evitar reconocer las consecuencias negativas del consumo, como el daño a otros”, explica Pau López Ferrer. La negación funciona, así, como un escudo de protección. 

Por esta razón, muchas personas adictas son reacias a aceptar la ayuda que se les ofrece. O incluso a reconocer que sufren una enfermedad. Sin embargo, aunque no lo parezca, “la persona quiere solucionar el problema, pero su mente, influenciada por su patología, se lo impide”, insiste Alfonso Santos. De hecho, “aunque pueda parecer que lo hagan de una manera intencionada, que nieguen la enfermedad de forma consciente, no es así”, aclara Pau López Ferrer.

Al aceptarlo tenemos que buscar formas de resolver el problema, si lo reconocemos tenemos que cambiar una situación que nos produce ‘aparentemente’ mucho placer.

Un estado temporal

El estado de negación

El Modelo Prochaska, o Modelo Transteórico del Cambio, puede ayudar a ubicar el mecanismo de negación de la adicción. Este paradigma, desarrollado a mediados de la década de los 80, describe el recorrido que sigue una persona adicta desde que se inicia en los consumos hasta que alcanza el mantenimiento de la abstinencia. El modelo Prochaska plantea la existencia de un proceso que comprende diferentes etapas vitales, a las que les corresponden las propias terapéuticas. En cada una, la persona va mejorando los hábitos de conducta y, en consecuencia, se encamina a una vida más saludable.  

El Modelo Prochaska identifica cinco fases de cambio

  • Precontemplación: no piensa en cambiar su conducta.
  • Contemplación: piensa en cambiar, pero sin compromiso de hacerlo.
  • Preparación para la acción: piensa en cambiar y adopta medidas.
  • Acción: trabaja en su cambio.
  • Mantenimiento: ha conseguido cambiar y trabaja en consolidar el cambio.

“La negación corresponde a la fase de pre contemplación, en la cual la persona no conoce el problema y, por tanto, la negación es total”, indica el psicólogo Pau López Ferrer…  Eso sí, “la negación disminuye a medida que la persona avanza a través de las fases del modelo hacia una mayor aceptación y disposición al cambio”, aclara el psicólogo.  

Durante este tiempo, le invaden toda serie de sentimientos y pensamientos. “Cuando estaba en negación, y la gente me lo hacía ver, sentía una mezcla contradictoria de rabia y prepotencia. Pensaba: ‘¿quién eres tú para decirme nada? Yo puedo solo con esto’”, recuerda Alfonso Santos, adicto recuperado con una larga trayectoria terapéutica. 

Hoy, Santos es capaz de identificar el origen de esa rabia: “notar que lo que veía de mí mismo también lo veían los demás”, confiesa. Y asegura que “una persona en negación no quiere oír esas verdades y recurre a cualquier tipo de autoengaño, a las mentiras y falsas soluciones”. 

Duración de la negación

Cuánto dura la negación de una persona adicta

Pero, ¿cuándo se pone fin a la negación? “No hay tiempo estipulado, cada caso va a tener unos tiempos particulares”, aclara Pau López Ferrer. Por su parte, Alfonso añade que “cada persona es un mundo”. En su caso, por ejemplo, tardó “más de 10 años en andar todo el proceso hasta llegar a la rendición”. Esta es, la sensación de que ya no se puede controlar nada, de que la adicción nos domina y no tenemos que luchar por justificarnos. Entonces nos ponemos en manos de otras personas para que nos ayuden a salir.

El tiempo que dure la negación dependerá de muchos factores. “La gravedad de la adicción, los años de consumo, las cantidades que se consumen, las consecuencias que haya tenido, incluso el haber realizado algún proceso terapéutico antes, puede facilitar que se rompa este estado de negación”, precisa el psicólogo Pau López Ferrer. 

En otras palabras, dependerá de cuán fuerte tire la adicción para doblegar su voluntad y de la experiencia terapéutica que tenga, entre otras cosas. Si no, en la mayoría de los casos “hay un momento donde la persona toca fondo, baja la cabeza y acepta” que tiene un problema que lo está destruyendo y deben tratarlo. 

Aunque pueda parecer que lo hagan de una manera intencionada, que nieguen la enfermedad de forma consciente, no es así.

Ejemplos de negación

Ejemplos de negación

La persona adicta atraviesa un duro periodo hasta llegar a la rendición, marcado por infinidad de mentiras, excusas, engaños, falsedades… Y todo con un único objetivo: seguir consumiendo para alimentar al monstruo de la adicción. 

Frases como “solo lo hago los fines de semana”, “no es para tanto” o “me divierto con ello”, son algunos de los ejemplos que emplea cualquier persona adicta para sostener la negación de la enfermedad. El mismo Alfonso acudió a ellas cuando estaba transitando esta fase. Hoy, reconoce que “tampoco iba de cara con las personas que apreciaba o que me apreciaban”, de hecho, aclara, “ellos no sabían todo lo que consumía ni tampoco las maneras”. 

Alfonso Santos, por ejemplo, se escudaba en el trabajo y sus gustos: “Cuando alguien me decía algo, me resguardaba en decir que tenía un trabajo, que me gustaba la fiesta… Defendía la fiesta y el salir los fines de semana, o que tenía un trabajo como cualquier persona, como excusa para estar fuera metiéndome de todo”. 

Durante este periodo destaca dos emociones que le atormentaban: “Por una parte, el dolor que me provocaba incumplir mis promesas y, por otra, el sentimiento de minimizar el problema y creer que no iba a ser para tanto”. 

Hasta que llegó su momento. “Seguí así hasta que cambiaron los consumos y las sustancias”, recuerda Alfonso. En ese momento los “solo lo hago los fines de semana” cambiaron por “tengo que dejarlo”, “como no lo deje voy a acabar mal” o “tengo que coger fuerzas para dejarlo”. 

Cómo romper la negación

Cómo romper la negación de la adicción

Hay momentos a los que Pau López Ferrer llama “crisis”. En ellos, la persona adicta puede estar abierta a reflexionar, a analizar la realidad y a estar más permeable o receptiva a percibir las consecuencias del consumo, sobre ella y sobre su entorno. Estas crisis pueden consistir en “la pérdida o problemas con familiares, amistades, parejas, problemas económicos, accidentes de tráfico, sobredosis, grandes consumos, problemas judiciales…”, ejemplifica el psicólogo. 

Aunque son diferentes para cada persona, el especialista explica que, “si somos capaces de detectar estos momentos de vulnerabilidad y actuamos, se pueden promover y generar cambios en el estado de una persona adicta”. Es decir, predisponer para transitar hacia la siguiente fase.

En el caso de Alfonso, el momento de romper la negación llegó cuando “era incapaz de tapar las circunstancias y lo que había sembrado con el consumo compulsivo: los problemas legales, físicos, con la mafia, las deudas… En ese momento acepté el problema y decidí empezar una nueva vida”. 

En caso de que esos momentos de vulnerabilidad no sean suficientes para romper con la negación, el responsable del Departamento Terapéutico de Adictalia expone una serie de estrategias efectivas para romper la negación. 

  • La entrevista motivacional, basada en preguntas abiertas y reflexivas que buscan generar motivación al cambio.
  • La terapia cognitivo-conductual, que ayuda a identificar y modificar patrones de pensamiento irracionales que mantienen la negación. 
  • Las terapias de grupo, donde escuchar a otros y compartir problemas, reduce el aislamiento, además de fomentar la reflexión y la aceptación.
  • La intervención familiar, con la que los familiares exponen, con apoyo profesional, las consecuencias del consumo. 

Salvo la última, el resto de herramientas requieren que la persona adicta acepte al menos asistir a un entorno terapéutico. La intervención, sin embargo, consiste en un método donde la familia, guiada por especialistas, o un intervencionista, interpela a la persona en sus espacios particulares para persuadirle de tratarse.

La negación corresponde a la fase de pre contemplación, en la cual la persona no conoce el problema y, por tanto, la negación es total.

Qué hacer siendo familiar

Qué hacer si el familiar niega su adicción

En relación con la familia, el psicólogo Pau López Ferrer insiste en que “busquen ayuda profesional que les oriente y asesore en su situación concreta”. Porque “estas situaciones producen un gran desgaste no solo en el adicto, sino también en las familias”, añade. 

Además de cuidar su propio bienestar, la familia debe tomar una serie de medidas con respecto a la persona adicta, aconseja el psicólogo. “Deberían de establecer unos límites claros que eviten la conducta adictiva y la justificación o minimización de dicha conducta”, concreta. Estos límites no impiden a la familia “mantener su amor, apoyo, empatía y preocupación por la persona adicta”, aclara. Esto se logra, dice:

  • Generando ambientes de reflexión.
  • Fomentando en la persona adicta la búsqueda de ayuda profesional
  • Evitando la confrontación directa. 
  • Evitar acusaciones y juicios.

“La negación se rompe cuando uno toma una actitud de solución, de buscar ayuda. Y esto a veces se da a la fuerza, es decir, forzado por otras personas, o porque uno está tan en el pozo que permite que otras personas lo ayuden. Lo más común es forzado por otras personas, que te llevan, te apoyan…”, opina María Cristina. 

Para esta adicta que lleva décadas en recuperación tratando con personas que entran y salen de grupos, “cuando la familia ha intentado todo, desde el cariño, el apoyo, a veces se debe alejar para que la persona haga su vida como quiera”. La decisión, aclara, depende de dónde la familia ponga el límite, es decir, hasta dónde le den las fuerzas para acompañar.

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.

Esta decisión de “soltarle la mano” a la persona en negación puede tener repercusiones positivas. En el mejor de los casos, que tome consciencia y regrese pidiendo ayuda para tratarse. Otras, no tanto. Pero, en definitiva, es su vida. “Tuvimos el caso de una médica adicta al juego que terminó durmiendo en la calle y alimentándose en comedores de la iglesia, hasta que falleció en esta situación”, relata María Cristina. 

Pero también personas que empezaron a acercarse tímidamente al grupo. “Hay que tener una paciencia extrema, no se trata de que la persona responda a la primera, a veces lleva años que reaccionen. Se trata de acompañar, marcando límites, dejando que se vayan de casa si quieren, dejándolos solos si lo necesitamos, y eso puede llevarles a recapacitar y asistir, al menos de vez en cuando, a las reuniones de grupo”.

Por otra parte, “romper con la negación tiene que venir acompañado de una acción y un cambio en los movimientos: dejar de frecuentar amistades, hábitos tóxicos, lugares, dejar de aislarme…”, sostiene Alfonso Santos. Porque, explica, “no puedo esperar cambios si hago lo mismo de siempre”.

negando la adicción
Las personas adictas no niegan su problema conscientemente, esto es parte de la enfermedad.
Tratarse en estado de negación

Tratarse en estado de negación

Algo muy recomendable a la hora de iniciar un tratamiento, pasa por tener conciencia de enfermedad: admitir que la adicción nos supera y querer ponerle solución. De lo contrario, es más probable que la persona decida abandonar el proceso, que es voluntario, y vuelva a consumir. Por eso, para el psicólogo Pau López Ferrer, “lo ideal es que los pacientes comiencen el tratamiento por voluntad propia y con la finalidad de realizar un cambio”. La determinación de salir es clave para conseguir la recuperación

¿Y qué pasa cuando esta determinación no está y el tratamiento se comienza igual?

El terapeuta de Adictalia considera que el ingreso coaccionado “puede resultar efectivo en algunas ocasiones, gracias al trabajo del equipo profesional de los centros o los recursos”. Por ejemplo: que el paciente ingrese como “un mero trámite para evitar la pérdida de su familia”, que le amenaza con distanciarse, y, gracias a las estrategias terapéuticas a las que se expone y la experiencia en el centro, “realice el cambio”.

No obstante, en otros casos, el terapeuta asegura que este tipo de estrategia “puede ser contraproducente porque el paciente se puede sentir traicionado o engañado”. Aunque reconoce que esta presión externa “puede favorecer el inicio de un proceso terapéutico”, insiste en que “es importante que el paciente asuma y se comprometa con su recuperación para lograr el cambio a largo plazo”.

Para María Cristina, ludópata en recuperación, no todo es blanco y negro en este aspecto. Se explica: “Es cierto que es más fácil que abandone el grupo si entra forzada por el entorno; pero muchas veces ocurre que, como ya ha tomado contacto con el grupo terapéutico, es un recurso al que regresa cuando nota que a las pérdidas materiales que había tenido, ahora se van sumando otras, como las racionales…”. 

En su opinión, hay que hablar de diferentes grados de aceptación o de negación. De hecho, puntualiza María Cristina, “por algo usamos la frase solo por hoy: porque incluso cuando llevamos tiempo, podemos recaer. Hay gente que empezó con el grupo que creamos hace décadas y actualmente sufre recaídas de vez en cuando, no con la misma intensidad que al principio, pero lo hace”.
Esto significa, en palabras de esta adicta al juego en recuperación, que existen casos en que la persona “está años concurriendo a grupo y reincidiendo puntualmente en el medio”. Esta es la realidad, aunque inicialmente no sea lo ideal ni lo más recomendable. “Hay que tener claro que la adicción no se cura, sino que se detiene, y puede surgir en cualquier momento, aun tomando todas las precauciones para no recaer. Yo llevo así 20 años sin jugar a nada. Pero sólo por hoy”, sentencia.

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