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COMPRENDIENDO LA ADICCIÓN

¿Por qué las personas se vuelven adictas?

Los principales factores que influyen para que una persona desarrolle adicción

12 minutos
Publicado el
Por qué las personas se vuelven adictas

Aparece en este artículo

Sergio-Fernandez-Artamendi
Doctor en Psicología en/de Universidad de Sevilla | Web

Las personas pueden desarrollar una adicción a sustancias o comportamientos (como, por ejemplo, las apuestas), por la combinación e interacción de causas de diferente índole. Es decir, que no existe un motivo único para que el consumo de cocaína o de juegos de azar se torne compulsivo, incontrolable, una cárcel. Y menos aún es posible responsabilizar a esa sustancia (o al comportamiento en cuestión) de tener un poder de enganche tal, cuasi mágico, como para atrapar a quien lo prueba y no soltarle nunca más.

Por eso, el doctor en psicología Sergio Fernández-Artamendi define la adicción como un “problema de salud mental multicausal, con distintas manifestaciones”. Prefiere este especialista no hablar de “enfermedad” como tal, y mucho menos presentarla como crónica, si bien aclara que se puede “cronificar”. 

Este profesor del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Sevilla forma parte de la Junta de la sociedad científica Socidrogalcohol y ha participado en la elaboración de la Guía de Adicciones Comportamentales de esa organización. Durante nuestra entrevista con Fernández-Artamendi buscamos responder a los motivos que pueden conducir a una persona a desarrollar conductas adictivas.

¿Qué es la adicción?

Las causas de la adicción

– ¿Cómo explica la enfermedad de la adicción?

– En primer lugar, preferimos no definir la adicción como una enfermedad, como tal, sino como un problema de salud mental multicausal, con distintas manifestaciones.

En segundo, la adicción tiene un carácter dimensional: hay personas con adicciones muy severas, y otras con conductas adictivas más leves. 

En la adicción participan distintos componentes fisiológicos, psicológicos y sociales. Por tanto, hablamos de un fenómeno complejo, difícil de delimitar. Para comprender lo que causa una adicción, debemos tener en cuenta una serie de elementos centrales.

Factores de riesgo

– ¿Qué factores de riesgo inciden en el desarrollo de una adicción?

Desde el enfoque biopsicosocial, podemos hablar de distintos factores de riesgo para que una persona pueda desarrollar una adicción, que se pueden combinar. Por ejemplo: 

  • Predisposición biológica, como el riesgo genético o la mayor sensibilidad a los efectos de determinadas sustancias.
  • Características psicológicas: problemas de salud mental previos; dificultades de autorregulación; baja autoestima.
  • Factores sociales, como la alta disponibilidad de la droga o la baja percepción de riesgo sobre una sustancia, que hacen más probable que se consuma y se pueda acabar por desarrollar la adicción. 

– ¿Y dentro de estos factores hay algunos que tengan más pesos que otros? 

– Es muy difícil dar relevancia a unos factores sobre otros, porque, en función del caso, habrá aspectos que puedan haber sido más determinantes. Algunos de particular importancia pueden ser: 

  • Edad temprana en el inicio del consumo de sustancias.
  • Consumo por parte de las personas cercanas.
  • Vivir en entornos con alto acceso a sustancias.
  • Impulsividad o búsqueda de sensaciones, propia de la juventud.

Estos elementos incrementan el riesgo inmediato de desarrollar adicción y, por ello, suelen ser el objetivo de los programas de prevención.  

– Es decir, que un factor de riesgo no alcanza para desarrollar adicción, necesitamos una combinación de aspectos que se retroalimentan…

–Exactamente, la adicción deriva de una combinación compleja de factores donde la sustancia no es la causa, es decir, el disparador que la genera. Cuantos más factores de riesgo se den, existirán más probabilidades de tener un problema adictivo. Y, por el contrario, cuantos más factores de protección, más barreras tendremos para que se desarrolle.  

La combinación entre factores de riesgo y protección da lugar a lo que denominamos resiliencia. Es decir, que podemos encontrarnos con casos que presentan muchos factores de riesgo en su vida, pero son muy resilientes por contar, a su vez, con factores de protección fuertes. La alta resiliencia dificulta que la persona desarrolle un problema de adicción..

Podemos encontrarnos con casos que presentan muchos factores de riesgo en su vida, pero son muy resilientes por contar, a su vez, con factores de protección.

Por ejemplo, imaginemos una persona que se ha criado en un entorno de consumo, que ha sufrido maltrato en la infancia, incluso que presenta problemas de salud mental. Aun con diversos factores de riesgo importantes, esa persona no termina desarrollando ningún problema adictivo, porque tiene también buenos factores de protección, generando una alta resiliencia. Por ello, ha de entenderse que los factores de riesgo y protección son de tipo dimensional y probabilísticos [cada persona es única, así como sus probabilidades de desarrollar un trastorno adictivo].  

Factores de protección

– ¿Cuáles serían los factores de protección que actúan de escudo para que una persona se aleje de la posibilidad de desarrollar adicción?

–  Algunos factores de protección para las adicciones en jóvenes pueden ser::

  • Adecuada supervisión y modelado parental. 
  • Estilo educativo democrático. 
  • Alta autoestima.
  • Habilidades de afrontamiento.
  • Entorno comunitario con actividades prosociales disponibles y accesibles.
  • Integración en la comunidad.

Estos factores facilitan que la persona esté más protegida frente a contextos aversivos y reduce la probabilidad de desarrollar conductas de riesgo o antisociales, como consumir sustancias..

¿Cerebro adicto?

El cerebro adicto: ¿un enfoque reduccionista?

– ¿A qué nos referimos con el término cerebro adicto?

– Desde una perspectiva más clásica, biologicista, se entendía la adicción como una enfermedad cerebral. Se reducía la adicción a que el cerebro se enferma a partir del consumo de una sustancia. La persona pasaba así a ser adicta, con un cerebro enfermo para siempre.

La evidencia científica actual cuestiona esa perspectiva, es decir, niega que el mero consumo de sustancias sea la causa de una adicción. De hecho, hay mucha gente que consume sustancias adictivas y no se vuelve adicta.

Es cierto que las sustancias psicoactivas generan alteraciones neurológicas, como cualquier otra conducta, que pueden aumentar el riesgo de desarrollar adicción. Pensemos en drogas como, por ejemplo, la cocaína, que impacta en las funciones ejecutivas, o el cannabis que afecta a las concentraciones de materia gris en la adolescencia. Estas alteraciones pueden contribuir a que la adicción se manifieste. 

La adicción conforma un problema o un trastorno que deriva de la interacción de muchos factores.

Pero desde la perspectiva biopsicosocial, no hablamos de cerebro adicto. Según la evidencia científica, la adicción conforma un problema o un trastorno que deriva de la interacción de muchos factores. Y la adicción tampoco es necesariamente crónica. De hecho, lo más habitual en las adicciones es la recuperación natural de la persona. Esto es, que muchas personas consumidoras dejan de consumir por sí mismas.

El concepto de “cerebro adicto” se utiliza para referir a perfiles muy graves de adicción, donde la persona tiene un consumo muy cronificado. Pero se trata de una visión cerebrocentrista, a mi juicio: como si el cerebro explicara todo lo que nos pasa, todo lo que hacemos. Es un enfoque reduccionista, pues, como decía, el cerebro no explica la conducta y hay muchos más factores ajenos al mismo que tienen que ver con desarrollar una adicción.

La adicción desde el enfoque biopsicosocial

– Desde el enfoque biopsicosocial, el funcionamiento neuronal es un factor más para desarrollar adicción, entre otros.

– Exacto. No hay marcadores cerebrales ni genéticos claros que indiquen una vulnerabilidad genética-biológica a tener una adicción. Los factores genéticos o neurológicos constituyen solamente una pequeña parte dentro de la paleta de causas para desarrollar adicción y ni siquiera son los más determinantes. De hecho, deben interactuar con el resto de factores para que se configure el trastorno. 

En psicología preferimos hablar de vulnerabilidad y de estrés. Una persona puede presentar una mayor vulnerabilidad a partir de presentar determinados factores de riesgo biológicos, psicológicos y sociales. Y puede experimentar un elemento estresor concreto, que es una situación que le lleva a consumir reiteradamente y, con el tiempo, a desarrollar una adicción. Pero no podemos hablar de que tenga un cerebro adicto per se o una determinación a consumir sustancias.

Todavía más, diría que los factores que permiten indicar que una persona está en riesgo de consumo de sustancias suelen ser de tipo social. Por ejemplo, la inseguridad en el barrio en cuanto al fácil acceso a drogas o acceder a ellas a temprana edad. Sabemos que estos elementos conllevan para las personas un alto riesgo de desarrollar adicción. 

La vulnerabilidad durante la adolescencia

La vulnerabilidad durante la adolescencia al consumo

– ¿Por qué es más vulnerable la persona adolescente que experimenta conductas adictivas que las personas adultas?

– La vulnerabilidad mayor de la adolescencia se puede explicar, en primer lugar, porque la población, a nivel mundial, se suele iniciar en el consumo en esa etapa de la vida: entre los 10 y 20 años. Es raro que las personas comiencen antes a consumir o después. Por tanto, la adolescencia es el momento vital en el que se incursiona en estas experiencias con más frecuencia. 

En segundo lugar, el consumo de sustancias, si bien representa una conducta de riesgo con consecuencias concretas, está normalizado socialmente en relación con algunas de ellas, como el alcohol. En la adolescencia es propio que se experimente, que se practiquen comportamientos de riesgo, incluso que la persona busque integrarse en el ámbito social por medio de conductas “normalizadas” por el grupo, como beber alcohol. Por tanto, tiene más riesgo de acercarse a estas sustancias y que aparezcan problemas.

En la adolescencia, la persona busque integrarse en el ámbito social por medio de conductas “normalizadas” por el grupo, como beber alcohol. Por tanto, tiene más riesgo de acercarse a sustancias.

En esta etapa de la vida, el cerebro está en desarrollo y las personas también están sumidas en procesos cruciales de aprendizaje: aprender a gestionar las emociones, a relacionarse, a integrarse, a relajarse. Y, en este sentido, el consumo de sustancias puede percibirse, precisamente, como una conducta facilitadora para relajarse, desinhibirse o integrarse. Por tanto, pueden aprender que ese hábito tiene una función adaptativa concreta.

Al final de la adolescencia o en la adultez, ese aprendizaje puede haberse establecido y convertirse en una estrategia inadecuada para afrontar determinadas situaciones de la vida, como evadir o escapar de los problemas. Además, la conducta adictiva puede terminar deteriorando el ámbito familiar, individual, social, académico o laboral, generando más problemas, de los que se huye a través del consumo.

¿Qué pasa en el cerebro cuando se consume por mucho tiempo?

– ¿Cuáles son los cambios que se producen en el cerebro de una persona que lleva consumiendo marihuana o cocaína, durante un largo tiempo?

– El cerebro que consume sustancias psicoactivas durante largo tiempo, a diferencia del cerebro “sano”, presenta distintas alteraciones. Desde las teorías más biologicistas se habla de un «secuestro» del sistema de refuerzo. Este conforma un circuito cerebral donde actúa la dopamina, y que es responsable de las sensaciones de refuerzo, de placer, cuando realizamos determinadas conductas (alimentarnos, tener sexo, abrazarnos… o consumir sustancias). 

La persona que consume durante largos periodos de tiempo tiene afectado este sistema de recompensa, que es la base biológica del aprendizaje por refuerzo. La respuesta cerebral de recompensa será más potente ante las drogas que frente a otros reforzadores, en un proceso que se conoce como “sensibilización al incentivo”. Desde este enfoque, podemos hablar de una alteración o “patología” del refuerzo. 

Por otra parte, el consumo de cada droga tiene efectos concretos en el organismo, derivados de la toxicidad de la sustancia. La cocaína afecta las funciones cognitivas; el cannabis afecta también a ciertas funciones cognitivas e incrementa el riesgo de sintomatología psicótica; y el alcohol tiene un impacto en la memoria y en otras funciones básicas. 

¿Son reversibles las alteraciones cerebrales?

– ¿Estas alteraciones son reversibles con tratamientos?

– Depende. La investigación no es clara en todos los casos y, existe aún debate al respecto. Sabemos que, en casos de consumo de algunas sustancias, se producen deterioros más graves e irreversibles. Y en otros, daños que desaparecen un tiempo después que se deja de consumir

Con el cannabis, por ejemplo, sabemos hasta ahora que el consumo intensivo habitual o frecuente genera alteraciones en funciones cognitivas, como la memoria o la fluidez verbal. Pero algunos estudios están demostrando que si una persona deja de consumir, varios meses después, la mayoría de estas funciones cognitivas empiezan a recuperarse

No obstante, es importante observar que cuando las personas consumen con frecuencia esta droga en la adolescencia, están funcionando “a medio gas” durante este tiempo. Y esto tiene impactos en cuanto a sus posibilidades de aprendizaje, de pérdida de desarrollo cognitivo, etcétera. Aunque sepamos que luego el rendimiento cognitivo puede recuperarse en gran medida.

Otras sustancias, como la cocaína, generan más daños a nivel de funciones ejecutivas, como la atención o la memoria espacial, que con el tiempo y con rehabilitación parece que también pueden ser reversibles. 

Las adicciones conductuales y sus consecuencias

– ¿Las adicciones conductuales producen también alteraciones cerebrales?

Las adicciones comportamentales, donde se habla sobre todo del trastorno por adicción a juegos de azar (ludopatía), son las que no implican sustancias psicoactivas. Aquí también se habla del secuestro del sistema dopaminérgico de refuerzo. Es decir: de la alteración del circuito que produce placer, que “nos premia”, cuando realizamos determinadas acciones. 

En el caso de la adicción al juego, aún no hay mucha investigación sobre la reversibilidad de las posibles alteraciones, pero sabemos que las estructuras del sistema de refuerzo se alteran con la adicción y parece que se recuperan cuando se trata la dependencia. Como en otras adicciones, no conforman una enfermedad cerebral irreversible, por así decirlo.

Las adicciones conductuales como la ludopatía siguen en aumento cada año que transcurre.
La adicción según la neurociencia

¿Alcanza la neurociencia para explicar la adicción?

– ¿Están muy sobrevaloradas las explicaciones neurocientíficas de la adicción?

– Sí, pero afortunadamente cada vez hay más consenso científico en torno a las explicaciones más amplias, aunque sigue habiendo amplio debate en este campo. Hace unas décadas los estudios más básicos resolvieron que la adicción es una enfermedad cerebral provocada por una sustancia adictiva que secuestra el sistema de refuerzo y, por tanto, constituye una enfermedad crónica.

Actualmente, en el siglo XXI, las investigaciones indican que los factores biológicos o la sustancia, por sí solos no explican la adicción. Pueden tener un rol más central, por ejemplo, en aquellos casos donde están presentes sustancias particularmente potentes, como un opioide. Pero aún así, sabemos que los elementos contextuales facilitan una adicción y, a la inversa, son centrales para promover la recuperación. Incluso en consumidores de opioides, una sustancia que genera una dependencia fisiológica muy fuerte, se puede lograr una recuperación con una intervención sobre el contexto de la persona. 

Podemos decir que la adicción se puede cronificar, pero no es crónica per se. La ciencia ha demostrado que en la adicción intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales. Y que unos sin los otros no se pueden entender: ni es todo contexto ni es todo biología, sino que uno no existe sin el otro y hay una interacción. Podemos decir que la adicción tiene tanto de “enfermedad cerebral” como de “enfermedad social”

Estrategias de prevención

La eficacia de la prevención de adicciones

– Esto abre una ventana de esperanza en cuanto a aplicar estrategias de prevención, ¿correcto?

–  La prevención, basada en la evidencia, funciona, y muy bien. Con buenos programas de prevención se logran resultados positivos, y en particular si hacemos prevención con las familias y con las comunidades. Existe evidencia de que se reducen las tendencias de consumo con este tipo de acciones.

El problema es que la prevención es la gran olvidada a nivel político y no se ejecuta lo suficiente. Sabemos que funciona de la misma forma que sabemos que lo hacen las estrategias de tratamiento, que permiten que la gente se recupere y viva sin consumir. Igual que ocurre con cualquier otro problema de tipo psicológico, se aprende a vivir habiendo sido exconsumidor/a.  

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.

La industria de los juegos de azar y la ludopatía

– ¿Le preocupa la forma en que la industria de los juegos de azar pueda estar usando los videojuegos para introducir dinámicas para promover las apuestas?

– Los videojuegos son un terreno en el que los y las jóvenes invierten mucho tiempo. Y las empresas de videojuegos lo saben y están implementando estrategias como las lootboxeslas cajas sorpresa. Con ellas se busca introducir los juegos de azar en esos entornos lúdicos. La persona pone dinero real dentro del propio videojuego, con el objetivo de que le toquen productosskins, actualizaciones… 

Uno de los riesgos de esto es que los adolescentes normalicen o naturalicen las apuestas como parte de la vida, por ese mismo mecanismo de aprendizaje del que hablábamos antes. Otro riesgo es, lógicamente, incrementar el gasto de dinero (endeudarse)

En este sentido, los factores de prevención más potentes en la adolescencia provienen de la familia. La supervisión parental; las prácticas educativas; tener una comunicación sólida con los hijos. Unos padres y madres conscientes de lo que hacen sus hijos/hijas previenen problemas. 

También es importante actuar desde el ámbito legal. En España, por ejemplo, se han desarrollado propuestas para regular este tipo de estrategias

Genética y adicción hereditaria

– Se llega a atribuir a la genética de la persona un 50 por ciento de responsabilidad en su predisposición a desarrollar adicción. ¿Qué opina?

No hay ningún gen que predisponga a desarrollar adicción. Hay algunos que pueden llegar a incrementar el riesgo, estableciendo una cierta predisposición a determinados consumos. Pero esa cifra del 50 por ciento no tiene fundamento. 

– ¿A qué se hace referencia cuando se dice que la adicción es hereditaria?

– Esta idea proviene de la observación del hecho de que los hijos/as de consumidores o personas con adicción tienen más probabilidades de tener una adicción, por lo que la solución más sencilla era decir que la heredaban. Hoy sabemos que el consumo de padres y madres es un elemento de modelado potente: ves consumir a tus padres y aprendes. A esto hay que sumar otros factores de riesgo como la falta de supervisión. Al final, la conducta adictiva no deja de ser una conducta aprendida.  

Por eso los hijos de fumadores fuman más que los de no fumadores. Pero esto no significa que se herede el tabaquismo, sino que lo normalizas, tienes más acceso, y seguramente unas actitudes más positivas hacia el consumo por parte de los padres. La prevención de riesgo es menor y es más probable que termines fumando. 

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Redacción

Equipo Adictalia
Comité Editorial | comunicacion@adictalia.es

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