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SALUD MENTAL Y ADICCIÓN

Cómo se relaciona la ansiedad con la adicción

Un especialista te explica el nexo entre este trastorno y las dependencias con y sin sustancias.

Publicado el
Ansiedad y adicción

Aparece en este artículo

Joaquín Mateu-Mollá
Doctor en Psicología e Investigador en/de  | Web

La relación entre la ansiedad y las adicciones es “bidireccional”. Es decir, que una persona que sufre trastorno ansioso puede recurrir al consumo como forma de evitar los sentimientos y sensaciones desagradables propios de la ansiedad, y con el tiempo terminar desarrollando, en parte por ese motivo, un problema de abuso de sustancias o conductas compulsivas. Mientras que una persona que sufre una dependencia a químicos o a conductas pueden sufrir ansiedad cuando se ve limitada o privada de consumir, es decir, como parte del síndrome de abstinencia.

En esta entrevista con el CIA de Adictalia, el doctor en psicología Joaquín Mateu-Mollá explica la compleja relación de retroalimentación que existe entre los trastornos ansiosos y las adicciones. En este otro contenido del CIAA, el investigador y director del Máster en Gerontología y ACP de la Universidad Internacional de Valencia (VIU) profundiza sobre la ansiedad como trastorno, sus causas y consecuencias.

Una relación bidireccional

Ansiedad y dependencias: una relación bidireccional

– ¿Cómo se relaciona la ansiedad y las adicciones?

– Es una pregunta compleja. La relación que se da entre ambos trastornos es de carácter bidireccional. En ese sentido, la ansiedad puede actuar como “causa” de la adicción, junto a muchas otras. En los fenómenos humanos raramente hay una única causa para un problema. Sin embargo, la ansiedad puede ser un factor importante para desarrollar un trastorno por uso de sustancias, o bien una adicción de carácter conductual. 

También puede ser una consecuencia derivada. Muchas veces se establece una dinámica compleja entre la ansiedad y ese tipo de trastornos por dependencia. Una dinámica bidireccional, cíclica y que se retroalimentan. Esto hace que tanto un trastorno como el otro se van acrecentando con el paso del tiempo. 

Además, la mayor parte de las personas que padecen un trastorno por dependencia de sustancias experimentan ansiedad al pasar por el síndrome de abstinencia. Esto es, cuando el cuerpo les está demandando la sustancia que han dejado. 

Y es precisamente la ansiedad la que acaba llevando a muchas personas a la recaída, al consumo de la sustancia, con el objetivo de evitarla. Por eso apuntamos antes que la “evitación” y el “escape” como mecanismos conductuales son muy importantes dentro de esta relación ansiedad/dependencias. Muchas personas deciden consumir con el objetivo de eliminar la presencia de estos síntomas ansiosos propios de la abstinencia. En estos casos se produce un “refuerzo negativo”: elimino de repente algo que me produce una profunda desazón a través del consumo. Se trata de una relación profunda entre el consumo y el alivio del malestar.  

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– Entonces, la ansiedad acerca a las personas al consumo de sustancias y también es una consecuencia de ese consumo…

Sí, ambas cosas. Toda sustancia que introducimos en nuestro cuerpo genera cambios en el sistema nervioso. Hay dos tipos de cambios:

Cambios que son comunes a todas las sustancias con independencia de su estructura molecular: sean estimulantes o depresoras, generan ese efecto sobre el sistema cerebral de recompensa. Este se encuentra formado por el área tegmental ventral, el núcleo accumbens y sus proyecciones hacia la corteza prefrontal

En otras palabras, cuando disfrutamos de pequeñas cosas de la vida, como quedar con un buen amigo, ir a tomar un café, tener un buen momento en pareja, estudiar,  nuestro sistema cerebral de recompensa segrega una pequeña cantidad de dopamina. Este es un neurotransmisor muy importante para que podamos experimentar esa satisfacción que nos hace querer repetir conductas “buenas” o placenteras

La ansiedad puede ser un factor importante para desarrollar un trastorno por uso de sustancias, o bien una adicción de carácter conductual. 

Entonces, las sustancias inciden sobre esas estructuras cerebrales, produciendo una enorme cantidad de dopamina. Al vivirlo experimentamos placer, pero el problema es que no hay nada en nuestra vida que llegue a igualar esos niveles

Por tanto, poco a poco abandonamos las cosas importantes: relaciones, carrera académica o profesional… para dedicarle más tiempo al consumo, a la búsqueda, de los efectos de la sustancia. Al final, nos convertimos en adictos: en latín adictus significa esclavo, “el que depende de su señor”. La sustancia domina nuestras vidas y acabamos arrodillándonos ante ella.

Además, a través de los mecanismos de tolerancia y síndrome de abstinencia, cada vez necesitamos más consumo, más inversión de tiempo y dinero, para llegar a sentir las sensaciones del inicio. Se llega a un punto en que se derrumban por completo todas las facetas de la vida. Esto provoca respuestas ansiosas como resultado de las consecuencias psicosociales del consumo. 

Por otro lado, la ansiedad conduce a muchas personas que no consiguen gestionarla, al consumo de sustancias, como una estrategia de afrontamiento de naturaleza evitativa

El efecto de la adicción en la ansiedad

La adicción y la ansiedad se pueden superar con la ayuda adecuada.

Cuando una persona con ansiedad cae en una adicción

— ¿Qué efecto tiene la adicción en una persona que ya de por sí sufre ansiedad?


– Tiende a exacerbar el cuadro ansioso. La literatura científica nos dice que, pese a que el consumo pueda producir un alivio temporal y concreto de la sensación de ansiedad, con el paso del tiempo aumenta su intensidad. En algunos casos, la evolución de la ansiedad es especialmente rápida. El trastorno ansioso evoluciona a peor por culpa del consumo de sustancias. 

De hecho, existe el término de Patología dual. En sus orígenes se reservaba para los trastornos de personalidad (trastorno límite, paranoide,…) combinados con el consumo de sustancias. Pero hoy vamos más allá: observamos con frecuencia la combinación del consumo de sustancias con el trastorno del estado de ánimo o trastorno de ansiedad. Ambos se retroalimentan y se agravan.

– Por tanto, es posible que una adicción potencie los síntomas de ansiedad preexistente.

— Sí. Por ejemplo, el alcohol es una sustancia depresora del sistema nervioso central y mucha gente dice: “¿Por qué genera ansiedad si es una sustancia depresora?”. Porque los síntomas propios del síndrome de abstinencia suelen ser “los inversos”, el espejo, de los que se dan durante la intoxicación. De esta forma, si la sustancia es de carácter depresora, el síndrome de abstinencia cursa con una profunda agitación y ansiedad. 

Así, algunas drogas, como la cocaína o las metanfetaminas, en la fase de intoxicación exacerban los síntomas ansiosos. Mientras que otras lo hacen durante la fase de abstinencia. Tanto una como la otra pueden acentuar la sintomatología ansiosa. Y no solo la aguda, sino también esos rasgos característicos de la persona que ha ido cosechando a lo largo del tiempo y que afianzan el trastorno ansioso. 

– ¿Qué drogas promueven en mayor medida la ansiedad?

– El éxtasis incide sobre todo en la serotonina. Se conoce popularmente como la hormona de la felicidad, aunque no solo sirve para eso. Sirve para muchas otras cosas: funciones cognitivas, incluyendo sexualidad y digestivas.

Cuando una persona consume éxtasis, nuestro cerebro utiliza todas las reservas de serotonina que estaban almacenadas en el espacio presináptico. De esta forma, la persona se queda durante mucho tiempo sin “reservas adecuadas” para mantener el tono afectivo dentro de unos niveles adecuados. En esta experiencia, que se puede alargar bastante tiempo, es común que la ansiedad irrumpa. 

– ¿Qué problemas afronta una persona que trata la ansiedad a través del consumo de sustancias?

– En psicología llamamos al consumo de sustancias una estrategia de afrontamiento pasivo o evitativo. Se diferencia de aquellas que son activas, como la búsqueda del apoyo social, la meditación, la relajación… que son constructivas. El uso de sustancias para lidiar con la ansiedad es así una forma de procesamiento emocional

La inteligencia emocional es una dimensión importante del ser humano que cada vez está reclamando más atención. Sabemos que las personas con baja inteligencia emocional tienen grandes dificultades para procesar y regular sus experiencias emocionales. En esos casos, pueden tener una mayor tendencia al consumo de sustancias para poder estabilizar esas emociones. Puede ocurrir que cuando carecemos de otros recursos de afrontamiento, tendamos a utilizar el consumo de sustancias para lidiar con emociones que no sabemos procesar de otra forma. 

La baja inteligencia emocional se caracteriza por tres aspectos: la dificultad para prestar la atención apropiada a las emociones, sin excedernos y sin quedarnos cortos. La dificultad para diferenciar unas emociones de otras. Y cuando tenemos problemas para poder aprovechar en nuestro beneficio las experiencias emocionales. 

En estos casos hay un mayor riesgo de que el consumo recreativo evolucione a una dependencia. Y que, cuando la dependencia esté instaurada, la persona trate de resolver sus problemas cotidianos a través del consumo

– ¿Existen experimentos científicos que corroboren esta idea?

– Recuerdo uno con roedores. Se ponía una única rata en una jaula totalmente aséptica, es decir, sin compañeras ni nada con lo que pudiera jugar. Al agua del animal se le ponía cocaína. El animal empezaba a beber el agua de forma compulsiva porque le provocaba un efecto que el animal buscaba repetir. 

Cuando se hacía exactamente lo mismo en una jaula llena de juegos y otros ratones, la conducta adictiva tardaba mucho más tiempo en desarrollarse. De aquí se desprende una analogía con el ser humano: si nuestras vidas están carentes de alicientes, es mucho más fácil que un consumo puntual evolucione hacia una patología.  Por ejemplo, si carecemos de recursos sociales adecuados a nuestra disposición, de algo que nos provoque bienestar, ocio saludable, que nos aga disfrutar de la vida… 

Por tanto, tenemos que llenar nuestras vidas de cosas agradables, positivas, que nos den un sentido de identidad. Y, sobre todo, compartirlas con otras personas. Con esto nos protegemos del riesgo de desarrollar un trastorno por dependencia de sustancias, algo que le puede ocurrir a cualquiera en la vida. 

– Es decir, que una persona adicta también puede ser alguien que tiene muchas relaciones…

– Un trastorno por consumo de sustancias lo puede desarrollar cualquiera, en cualquier momento de la vida. El estigma y estereotipo del paria aislado socialmente que se asocia a la persona adicta es totalmente equívoco. 

De hecho, es importante también evitar los estigmas. Porque las personas que consumen sustancias pueden apropiarse de ese estigma e interiorizar esas características: no valgo para nada, soy despreciable socialmente… Lo que llamamos autoestigma. Cuando ocurre, la persona cae de manera más profunda en el ciclo de la dependencia. 

Por tanto, como sociedad, debemos ser capaces de cuestionar esas ideas  apriorísticas. Y llevarlas al lugar que efectivamente corresponden: todos podemos sufrir un trastorno de esas características alguna vez en nuestras vidas.

Adicciones comportamentales

Adicción comportamental y ansiedad

– ¿Una persona que sufre una adicción comportamental es más propensa a desarrollar ansiedad que otra que sufre adicción a sustancias?

– No existen grandes diferencias y en ambos casos se pueden desarrollar trastornos ansiosos. Tanto las adicciones a sustancias como las comportamentales pueden provocar sintomatología ansiosa, sin grandes diferencias, porque las consecuencias pueden ser también dramáticas

He tratado dependencias a los videojuegos y a tecnología de todo tipo, como internet y móvil, donde la vida de la persona quedó limitada por completo y con consecuencias nefastas. Por tanto, también es importante tenerlo en consideración desde un punto de vista clínico. 

– ¿Existe alguna particularidad en la relación entre adicción comportamental y ansiedad?

– Dentro de las redes sociales, hay algoritmos que tratan de identificar qué usuarios de redes sociales pueden padecer algún problema emocional. Un ejemplo evidente son los casos de ideación suicida, donde las aplicaciones emiten mensajes de ayuda cuando alguien busca contenidos de ideación suicida. Esto también ocurre con los trastornos de ansiedad y depresivos. 

Las personas que tienden a usar de forma desproporcionada las redes sociales pueden estar sufriendo FOMO (fear of missing out o miedo a estar desconectado) o el Being Out Of The Loop (quedarse fuera de los planes). Ambos son fenómenos relacionados con nuestras necesidades de afiliación, que se acentúan durante la adolescencia. Muchas personas, sobre todo en ese periodo de edad, caen en un uso abusivo de redes sociales, de tecnología de mensajería instantánea… Cuando esto ocurre, se dispara la sintomatología ansiosa

En sentido contrario, es habitual que personas con un trastorno de ansiedad usen este tipo de tecnologías. Existe así una analogía respecto del consumo de sustancias: la ansiedad y el consumo de redes sociales se retroalimentan. 

– ¿Cómo afectarían las consecuencias de sufrir una adicción al desarrollo de ansiedad?

– Hay muchas consecuencias de carácter psicosocial en la adicción, como las rupturas en las dinámicas sociales, no participa de las dinámicas familiares, aislarse en una habitación para usar internet… 

Es curioso, porque son tecnologías de la información y de la comunicación concebidas para aumentar y fortalecer los lazos con personas de nuestro alrededor. Pero cuando el consumo es problemático logran todo lo contrario: aislamiento importante de las dinámicas familiares que resienten las relaciones en el seno del hogar. Como consecuencia se producen discusiones, rechazos y situaciones que generan ansiedad y motivan los consumos

En estos casos puede necesitarse un tratamiento sistémico que estudie el engranaje familiar, para ver qué papel tiene esa dependencia dentro de las relaciones. Afortunadamente, hay tratamientos muy eficaces para ello. 

Tratando la ansiedad en la adicción

Tratamiento de la ansiedad en la adicción

– ¿Cuáles son los enfoques terapéuticos más efectivos para tratar la ansiedad y las adicciones?

Hay tres grandes enfoques que podemos tratar: los aspectos cognitivos, conductuales y sistémicos. Todos, complementados con la ayuda médica necesaria para eliminar la sustancia de nuestro cuerpo y deshabituarnos.  

El primero es el de carácter cognitivo y consiste en ver cuáles son los mecanismos de pensamiento que subyacen a la conducta de consumo y a la propia ansiedad. Todas las personas albergamos dentro lo que autores como Ellis o como Beck llamaban “pensamientos irracionales». Pensamientos que: 

  • Carecen de toda objetividad. 
  • No son útiles. 
  • Disparan emociones desproporcionadas, muy difíciles de gestionar. 

Por ejemplo, pensamientos como “Soy un completo inútil”, “Es que no sirvo para absolutamente nada”… Pensamientos que, desde nuestra tendencia hacia la autopunición, pueden contribuir al consumo de sustancias

Dentro del consumo de sustancias está el fenómeno conocido como “efecto de violación de la abstinencia”. Cuando uno está dejando el consumo, es fácil que en algún momento puntual tenga un “desliz”, que es muy distinto a una recaída. Es decir, que un día puntual haya vuelto a fumar un cigarro, cuando está intentando dejarlo. El efecto de violación de la abstinencia se traduce en pensamientos como: “Ya lo he vuelto a hacer”, “Soy completamente incapaz”, “Sabía que no podría superar mi problema de dependencia”… Estos pensamientos convierten un desliz en una recaída completa

La ansiedad conduce a muchas personas que no consiguen gestionarla, al consumo de sustancias, como una estrategia de afrontamiento de naturaleza evitativa. 

Por tanto, estos pensamientos irracionales y su papel en el consumo de sustancias y la ansiedad debe abordarse desde un enfoque cognitivo. Este enfoque nos permite:

  • Ser conscientes de cuáles son esos pensamientos. 
  • Analizar en qué tipo de sesgo solemos caer.
  • Hacer un proceso de reestructuración cognitiva. 

Este proceso puede ser complejo, pero un terapeuta especializado nos puede ayudar. Requiere de un análisis profundo de nuestras convicciones y de las dinámicas de pensamiento que hemos adquirido a lo largo de nuestras vidas. Este proceso se puede lograr a través de estrategias de reestructuración cognitiva, como por ejemplo la Terapia Racional Emotivo Conductual de Ellis.

El segundo enfoque: a nivel conductual tenemos que aprender. Un ejemplo es el control de estímulos. Cuando estamos abandonando una sustancia y nos exponemos a estímulos, a claves contextuales relacionadas con ella, como lugares, personas o utensilios relacionados con el consumo, se genera una respuesta de craving

El craving es un deseo, también traducido literalmente como ansia. Una suerte de efervescencia de sensaciones físicas complejas, muy parecidas a la ansiedad, que acaban llevando al propio consumo. Dentro de estas estrategias conductuales podemos citar:

  • La inhibición conductual. 
  • La rehabilitación neuropsicológica para mejorar la atención de las personas.
  • Aprender a mantenerse alejado de los estímulos que pueden precipitar una respuesta de craving.  

En definitiva, entender el contexto en el que se desarrolló la dependencia, para hacer cambios muy concretos enfocados a mantener la abstinencia el máximo tiempo posible. 

– Cambiar los lugares que se frecuentaban por otros es fundamental, ¿cierto?

– Todos conocéis el fenómeno de la tolerancia biológica: cada vez necesito más sustancia para experimentar el mismo efecto. Pero en psicología hay un fenómeno que requiere muchísima atención: la tolerancia condicionada

Esta se explica así: cuando consumo una sustancia siempre en el mismo lugar, ocurre que mi cuerpo, cuando va a ese lugar, sabe que va a recibir la sustancia en poco tiempo y genera una respuesta de amortiguación: al consumir la sustancia, experimento el efecto previsible. 

Pero si voy a un sitio completamente distinto, desconocido para mí, como en vacaciones, y consumo la misma sustancia que habitualmente consumo en otro lugar, puede darse una sobredosis. Porque no está presente la clave contextual que prepara a mi cuerpo para la introducción de esa sustancia y que pretende “amortiguar” sus efectos. 

Este es uno de los motivos habituales por los que una persona acaba en urgencias debido a una sobredosis, habiendo consumido la misma dosis a la que estaba acostumbrada. La tolerancia condicionada tiene una connotación de carácter psicológico

El tercer enfoque es el sistémico. El consumo de sustancias conlleva una erosión muy profunda de aspectos fundamentales de la propia vida, de nuestro autocuidado, en las relaciones que establecemos con los demás… Se dan cambios profundos en nuestra forma de sentir y comportarse que llevan a la familia a rechazar con dureza a la persona que padece un trastorno por dependencia de sustancias. La persona acaba siendo sometida a un ostracismo social importante dentro de su propia familia. 

Trabajar esas cuestiones es difícil, es duro, pero también es muy relevante. Sobre todo cuando hay niños y adolescentes.

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Equipo Adictalia

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