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ADICCIONES COMPORTAMENTALES

La compra compulsiva: ¿Cómo diferenciar entre un hábito y un comportamiento adictivo?

LA FINA LÍNEA QUE SEPARA LA CONDUCTA NATURAL DEL PROBLEMA REAL

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La compra compulsiva: ¿Cómo diferenciar entre un hábito y un comportamiento adictivo?

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Ana Isabel Estévez Gutiérrez
Catedrática del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico en/de  | Web

María abre el móvil casi sin pensarlo. Son las once de la noche, la casa está en silencio y el cansancio del día pesa más de lo que esperaba. Ha sido una jornada larga, con discusiones en el trabajo y esa sensación persistente de no llegar a todo. Mientras desliza el dedo por la pantalla, aparece una oferta “por tiempo limitado”. No lo necesita, lo sabe, pero algo dentro se activa. “Me lo merezco”, piensa. En unos minutos, la compra está hecha.

Durante un instante siente alivio. Una pequeña chispa de calma, incluso ilusión. Pero no tarda en llegar lo de siempre: la culpa, el miedo a revisar la cuenta bancaria, la promesa silenciosa de que será la última vez.

Las compras se han ido acumulando en casa y también en su cabeza. Facturas que le cuesta asumir, discusiones con su pareja, excusas que repite… A veces intenta dejarlo, borrar aplicaciones, controlarse… pero cuando la ansiedad aprieta o el malestar aparece, comprar vuelve a ser la vía de escape. Y entonces surge la duda que no se atreve a decir en voz alta: ¿esto es solo un mal hábito o se le está yendo de las manos?

Desde Adictalia hemos hablado con Ana Estévez, catedrática del departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Deusto, para profundizar en: ¿cómo detectar cuándo comprar deja de ser un hábito y se convierte en un comportamiento adictivo? ¿qué señales pueden ayudar a identificarlo?

¿Cuándo empieza el problema?

Comprar es algo cotidiano… ¿cuándo empieza el problema?

A diferencia de otras adicciones, la compra no solo está permitida, sino que está reforzada socialmente. Comprar se asocia al autocuidado, al premio tras el esfuerzo, al bienestar, al afecto… Incluso a responsabilidad: comprar para otros, para la familia, para cumplir expectativas…

Tal y como explica Estévez, “cuando hablamos de comportamientos, y más aún en el caso de las compras, es complicado darse cuenta del problema porque todos y todas a lo largo de nuestra vida tenemos que comprar; es necesario y lo estamos haciendo de manera constante”.

Esto genera una paradoja importante: la misma conducta que sostiene la vida cotidiana puede convertirse, sin que apenas se note, en una fuente de sufrimiento.

Al principio, comprar ayuda a aliviar el cansancio o la frustración. Más adelante, empieza a repetirse con más frecuencia. Con el tiempo, la persona se da cuenta de que ya no es una elección, sino una respuesta casi automática ante el malestar.

“En el caso de las compras, es complicado darse cuenta del problema porque todos y todas a lo largo de nuestra vida tenemos que comprar; es necesario y lo estamos haciendo de manera constante”, Ana Estévez

La diferencia entre hábito, impulso y compra compulsiva

La diferencia entre hábito, impulso y compra compulsiva

No toda conducta, al igual que no todo consumo, es necesariamente una adicción. Diferenciar estos conceptos es clave para evitar alarmismos, pero también para no minimizar situaciones que sí requieren atención.

  • Un hábito de compra forma parte de la rutina. Puede ser automático, pero no genera una interferencia significativa en la vida de la persona ni produce malestar sostenido. La persona puede modificarlo si lo desea. Un ejemplo es el propio hecho de comprar cada semana en el supermercado.
  • La compra impulsiva aparece cuando se compra sin planificación previa, dejándose llevar por una emoción o estímulo puntual. Puede generar cierto arrepentimiento, pero no domina la vida ni se convierte en la principal vía para gestionar emociones. Por ejemplo, esa consola que ves en oferta y llevas mucho tiempo desando.
  • La compra compulsiva, en cambio, incorpora elementos propios de las adicciones comportamentales: “es la conducta que más se parece a la problemática del trastorno de juego de azar, reconoce Estévez.

Aunque la experta en adicciones comportamentales asegura que “todavía no es una conducta que esté reconocida en los manuales diagnósticos” sí revela que hay cada vez más literatura que habla del paralelismo con adicciones comportamentales y/o a sustancias.

Características de la compra compulsiva

Características de la compra compulsiva: señales que ayudan a identificar el problema

Más allá de la cantidad, lo que define la compra compulsiva es cómo se vive internamente y qué lugar ocupa en la vida de la persona.

Desde el punto de vista clínico, existen una serie de características que suelen repetirse y que ayudan a diferenciarla claramente de un hábito o de una compra impulsiva puntual.

Según explica Ana Estévez, estas son algunas de las señales más habituales:

  • Preocupación constante o craving por comprar. Existe una necesidad intensa de comprar o de pensar en la compra la mayor parte del tiempo. El deseo es tan fuerte que muchos aspectos de la vida empiezan a girar alrededor de cuándo, cómo o qué se va a comprar.
  • Pérdida de control. Se compran cosas no planificadas, se gasta a pesar de tener problemas económicos o se compra de forma casi automática, sin reflexión previa ni capacidad real de frenar el impulso.
  • La compra como regulador emocional. El acto de comprar produce un alivio momentáneo que refuerza la conducta, aunque después aparezcan consecuencias. Este mecanismo se ve favorecido por un contexto social que asocia consumo con bienestar.
  • Comprar en exceso o sin necesidad. Se acumulan objetos que no se usan, que quedan olvidados o incluso sin abrir. No se compra por utilidad, sino por el efecto emocional del momento.
  • Ocultar y mentir. Se minimiza el dinero gastado, esconder las compras o justificar constantemente el consumo son señales claras de que la conducta empieza a vivirse con vergüenza o pérdida de control.
  • Consecuencias económicas y vitales. Endeudamiento, dificultades para llegar a fin de mes o conflictos familiares. Las compras interfieren directamente en la vida cotidiana, lo que hace que esta conducta se asemeje, en muchos aspectos, al juego.

Cuando varias de estas características aparecen juntas y se mantienen en el tiempo, la compra deja de ser una conducta neutra. A partir de aquí, resulta clave entender qué función emocional está cumpliendo la compra y por qué, para muchas personas, se convierte en la principal forma de calmar el malestar.

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Consecuencias económicas, familiares y personales

Consecuencias económicas, familiares y personales

Las consecuencias de la compra compulsiva van más allá del dinero, aunque el impacto económico suele ser el primero en hacerse visible. Con el tiempo, la conducta acaba teniendo una interferencia directa en la vida cotidiana, afectando a distintas áreas.

En la esfera de lo personal, “la compra compulsiva está muy relacionada con los trastornos: del estado de ánimo, como la depresión y la ansiedad; por uso de sustancias; del control de los impulsos; y los de conducta alimentaria”, enumera la experta.

También, a medio y largo plazo, “hablamos de algo que termina por dominar nuestra vida y nos impide hacer cualquier cosa”, reconoce Estévez, que además advierte de las consecuencias económicas: “Hay una debacle económicas que conlleva una pérdida de tiempo y endeudamiento extremo”.

Aunque la experta asegura que lo más importante “es el descontrol y la interferencia que tiene la conducta a nivel externo, con las relaciones, con dejar de lado otro tipo de actividades, los problemas familiares, con la pareja, en la relación con los iguales…”

“La compra compulsiva, pese a que no esté reconocida en los manuales diagnósticos, se parece mucho al trastorno de juego de azar”, Ana Estévez

La conducta como regulador emocional

La conducta como regulador emocional: cuando comprar calma el malestar

Uno de los aspectos más importantes para entender la compra compulsiva no es qué se compra, sino para qué se compra.

“La compra actúa como regulador emocional”, señala Estévez. En muchas personas, el acto de adquirir sirve para aliviar estados emocionales difíciles. La experta enumera los siguientes:

  • Tristeza
  • Ansiedad
  • Vacío
  • Aburrimiento
  • Soledad
  • Sensación de desbordamiento

No se compra tanto por el objeto como por lo que el acto produce internamente. Durante unos minutos, el malestar baja. Aparece una sensación de control, de ilusión o de alivio. El cerebro registra ese efecto y aprende rápidamente que comprar “funciona”.

Este aprendizaje es especialmente potente en un contexto cultural que refuerza la idea de que consumir nos hace sentir mejor. Como apunta Estévez, la industria tiene parte de responsabilidad, pues nos vende que tener más cosas nos hará sentir mejor”.

Y también tiene especial importancia cuando se habla de perspectiva de género “porque en el caso de las mujeres hay mayor malestar emocional previo al desarrollo de la adicción, y en el caso de los hombres es diferente”, reconoce la experta.

El alivio dura poco

El alivio dura poco: culpa, vergüenza y promesas incumplidas

El problema es que ese alivio es transitorio. “Un momento corto que baja el malestar emocional”, apunta la experta. Tras la compra, el malestar suele volver, a menudo amplificado. Aparecen la culpa, la vergüenza, el miedo a las consecuencias económicas o relacionales.

Muchas personas se prometen que será la última vez. Se imponen normas estrictas, borran aplicaciones, se autocontrolan durante un tiempo. Pero cuando el malestar emocional reaparece, la compra vuelve a convertirse en la vía de escape más accesible.

Este ciclo (malestar-compra-alivio-culpa) es uno de los núcleos de la compra compulsiva y explica por qué no basta con “tener más fuerza de voluntad”.

¿Por qué cuesta tanto darse cuenta del problema con las compras?

¿Por qué cuesta tanto darse cuenta del problema con las compras?

Uno de los rasgos más complejos de la compra compulsiva es su capacidad para pasar desapercibida durante años.

Como señala Estévez, “no es solo lo que se compra, sino la manera en que se hace. Comprar de forma automática, sin pensar, sin valorar pros y contras, sin preguntarse si se necesita o no, funciona como una descarga emocional”.

Además, hay compras que están socialmente legitimadas, como los regalos. En estos casos, el problema puede camuflarse aún más, tanto para la persona como para su entorno.

A esto se suma un contexto social en el que gran parte del ocio está ligado al consumo. “Estamos acostumbrando a que parte de pasarlo bien sea comprar”, advierte Estévez, “lo que dificulta enormemente identificar los límites”.

No es solo lo que se compra, sino la manera en que se hace”, Ana Estévez

¿Cuándo pedir ayuda? No hace falta tocar fondo

¿Cuándo pedir ayuda? No hace falta tocar fondo

Una idea clave es que no es necesario tocar fondo para pedir ayuda. Esperar a que las consecuencias sean graves suele aumentar el sufrimiento y complicar el abordaje.

“Siempre que hay un malestar o llegamos al momento de no poder controlar la situación, es recomendable ponerse en manos de profesionales”, explica Estévez. Un profesional puede valorar si estamos ante una conducta problemática o ante una adicción comportamental, sin etiquetas precipitadas.

Cuanto antes se detecta, mejor es el pronóstico. Pedir ayuda no significa exagerar ni dramatizar: significa cuidarse.

Recomendaciones para controlar la compra compulsiva

Recomendaciones para controlar la compra compulsiva

Como reconoce Ana Estévez, en estos casos el trabajo no es dejar de comprar, sino “aprender a hacerlo de otra forma”, reduciendo el daño y recuperando control poco a poco.

Así, la explica la experta en adicciones comportamentales enumera una serie de medidas prácticas que ayudan a contener la conducta mientras se trabaja la función emocional.

  • Poner límites externos al dinero. Limitar el acceso a tarjetas de crédito, efectivo o banca online ayuda a frenar
  • Contar con supervisión económica. Buscar a una persona de confianza que ayude a gestionar gastos o deudas acompaña y reduce la carga emocional.
  • Evitar exposiciones de riesgo. Alejarse de épocas de rebajas, grandes descuentos o contextos que incitan a comprar facilita romper el automatismo.
  • Reducir estímulos de compra online y presencial. Eliminar aplicaciones, darse de baja de publicidad o evitar centros comerciales disminuye la activación constante.
  • Trabajar la contención económica. Acordar cantidades de dinero ajustadas y promover una abstinencia temporal de los artículos más problemáticos ayuda a recuperar control.
  • Establecer normas claras para comprar. Ir acompañado, llevar una lista, evitar comprar en estados emocionales intensos, hacer presupuestos y detectar momentos de riesgo permite actuar con conciencia y alejarse de la compulsión.
  • Buscar alternativas al consumo. Incorporar actividades satisfactorias y alejadas de la compra amplía las formas de regular el malestar.

En algunos casos, también se trabaja la exposición gradual, volviendo a comprar poco a poco, con límites y supervisión, evitando al inicio los artículos más activadores. El objetivo no es hacerlo perfecto, sino reconstruir una relación más sana con la compra, paso a paso.

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.

Entender qué diferencia estos niveles, reconocer las señales de alerta y comprender por qué cuesta tanto darse cuenta del problema permite reducir la culpa y poner el foco donde corresponde: en la relación que la persona ha construido con la compra y en el malestar que intenta aliviar.

Detectarlo a tiempo no es exagerar ni dramatizar, sino abrir la puerta a una valoración adecuada y a un abordaje que evite un mayor deterioro personal, familiar y económico.

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Equipo Adictalia

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