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Testimonios de adicción

Experiencias al dejar las benzodiacepinas

El síndrome de abstinencia al dejar las benzodiacepinas de Alicia, una mujer de 40 años.

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Experiencias al dejar las benzodiacepinas

Atención, spoiler: la historia real de Alicia (39 años) es otra más que demuestra las desagradables experiencias al dejar las benzodiacepinas, que escuchamos cada semana en Adictalia. Desagradables, sí, tanto a nivel físico como emocional, lo cual se conoce como síndrome de abstinencia.

En 2016, Alicia vivía en Francia, donde había emigrado con su marido y su hija de 7 años. Regresó a España con su familia para dar a luz a su segundo hijo, pero de inmediato regresó al país galo, donde su pareja trabajaba. Fue entonces cuando empezó a decaer anímicamente sin saber por qué: se sentía sin fuerza ni motivación.

Volvió a España para pasar las Navidades con su familia y, entonces, decidió acudir a su médica de confianza, la de toda la vida, en la Seguridad Social. “Me dijo que tenía depresión postparto, entonces ahí empezó un infierno”, recuerda Alicia en la entrevista con Adictalia. “Yo lo único que necesitaba era ayuda: estaba en un país en el que no tenía apoyo de nadie, no conocía a nadie y se me echó todo encima”, precisa.

“La médica me dijo que tenía depresión postparto, entonces ahí empezó un infierno. Yo lo único que necesitaba era ayuda: estaba en un país en el que no tenía apoyo de nadie, no conocía a nadie y se me echó todo encima”.

Las cargas de la crianza, demasiadas responsabilidades, una relación de pareja que entró en crisis, y que, finalmente, se rompió… “No estaba bien, y, pues caí: al final enfermé”, explica.

La médica de cabecera le recetó Lorazepam, una de las benzodiacepinas más conocidas. Estas son un conjunto de medicamentos que se utilizan para tratar trastornos de ansiedad, depresión, insomnio, entre otros. Esa fue la respuesta de la profesional a la queja de Alicia de que no podía dormir. “A todo esto, mi bebé tenía 6 meses y era lo que dicen de ‘alta demanda’: “solo quería estar conmigo todo el día y tomar pecho”, explica.

Alicia empezó a sufrir ataques de ansiedad “muy fuertes” y el cansancio le estaba pasando factura, afectándole notoriamente al ánimo. De ser una persona muy alegre, perdió la risa y, al poco tiempo, la sonrisa: nada le hacía gracia. “Esa fue la primera señal de alarma en cuanto a estado mental, porque a nivel físico era evidente que estaba, cansada no, lo siguiente…”, indica Alicia. 

Su ahora exmarido subestimó los síntomas. Cuando ella se lo comunicó, él los atribuyó al trabajo en casa y al cuidado de las hijas. No le dio importancia. Y aunque su bebé había dejado de demandar tanto tiempo, Alicia ya había cogido el ritmo del desvelo. “Estaba siempre nerviosa y asustada, me preguntaba: ¿Por qué me pasa a mí esto?”.

Los inicios de la adicción

La engañosa magia de las benzodiacepinas 

Describe su primera sensación con el Lorazepam como “agradable”. Aunque también hay que contemplar el dato de que el inicio del consumo de la droga coincidió con que se encontraba rodeada de afectos aquí en España. “Estaba más contenta, pero hoy sé que las pastillas no fueron la causa, sino estar con mi familia”, señala. Al acostarse, no obstante, ella se tomaba la benzodiacepina recetada.

“Pero no la pastilla entera -aclara- porque estaba dando el pecho y a mí me producía miedo, aunque la médica me dijera que no pasaba nada porque era totalmente compatible una cosa con otra: yo no estaba totalmente tranquila, así que me tomaba media o incluso menos”. Alicia se sentía mejor de ánimo y descansaba por las noches.

Pero al volver a Francia, aun tomando la benzodiacepina, empezaron a manifestarse otra vez los ataques de pánico y a sentirse decaída. ¿Había desarrollado tolerancia y ya no era suficiente lo que se tomaba? Quizá. En todo caso, decidió regresar definitivamente a España con sus hijos, a la casa materna. Su ex se quedó allí por el trabajo. “Me tuve que venir para que mi madre pudiera ayudarme con los niños y conmigo misma”, explica.

Aun tomando la benzodiacepina, empezaron a manifestarse otra vez los ataques de pánico y a sentirse decaída. ¿Había desarrollado tolerancia y ya no era suficiente lo que se tomaba? Quizá.

Cuando visitó una vez más a su médica para contarle el panorama que estaba viviendo, volvió a encontrarse con la misma tesitura por parte de la profesional: “Es que tú tienes depresión, yo te conozco y esa no es tu cara, tú tienes depresión postparto”, le expuso.

“A mí aquello me impactó”, recuerda Alicia, “porque ahora estoy superinformada sobre lo que es la depresión, pero entonces, no lo estaba”. Ella le explicó que la pastilla no le estaba funcionando y la médica le indicó que se la dejara de golpe, y le prescribió otra.

“Yo no sabía nada de estas pastillas, no sabía nada de la abstinencia, así que dejé de tomarla y ella me mandó Sertralina”. Se trata de una benzodiacepina que se usa para el tratamiento de depresión, TOC, trastorno de angustia, trastorno de ansiedad social y TEPT.

El 1° intento de dejarlas

Primera mala experiencia al dejar las benzodiacepinas

“Ahí me vino el primer síndrome de abstinencia: es que he pasado tantas abstinencias ya…”, suspira. Los síntomas de ansiedad aumentaron mucho y empezó a tener vómitos, “temblores horribles, pánico a no sé qué, porque es un pánico que no puedes describir”.

Y todo esto después de tomar solamente un mes el Lorazepam, y ni siquiera una pastilla entera.

Luego de cinco días aguantando los síntomas de la abstinencia de las benzodiacepinas, fue a urgencias, donde se encontró casualmente con su médica, que estaba de guardia, quien le practicó un electro y le dijo que estaba “todo bien”.

Los síntomas de ansiedad aumentaron mucho y empezó a tener vómitos, “temblores horribles, pánico a no sé qué, porque es un pánico que no puedes describir”.

Como le ocurre a muchas personas, sobre todo mujeres, Alicia explica que la profesional “me trataba como que era yo la que exageraba todo, como que todo era producto de mi ansiedad; pero yo sabía que no era eso”. Ella ya había vivido esa sensación en diferentes etapas de su vida, y su experiencia al dejar las benzodiacepinas no tenía nada que ver con aquello.

No podía comer, no cerraba los ojos ni 1 segundo, tenía un insomnio de rebote horroroso, sentía mucho miedo, la depresión me aumentó por mil, en fin…”, describe la mujer su experiencia al dejar las benzodiacepinas.

¿Y cuál fue la sugerencia de su médica? Otras benzodiacepinas: esta vez Deprax y Diazepam.

¿Mano fácil para recetarlas?

¿Mano fácil para recetar benzodiacepinas?

Es cierto que estos medicamentos sirven en muchas ocasiones para tratar trastornos de salud mental, incluso en el tratamiento de la abstinencia de las adicciones. Pero no son pocas las voces que advierten que en las consultas estas drogas se están administrando con demasiada soltura.

Lo que más le enfada a Alicia es que su médica en ningún momento le dijo que sus síntomas se debían a haber dejado la pastilla de golpe. “Creo que también hay un desconocimiento por parte de los médicos tremendo”, apunta.

De hecho, destaca que en ningún momento la clínica le advirtió de que las benzodiacepinas podían generar dependencia o, incluso, adicción. “Me da mucha pena, mucha rabia, que haya cada día más personas a las que les dan estas pastillas”, expresa Alicia, y añade: “Y me produce impotencia que sea un médico el que la receta como si fueran caramelos, esto debería de cambiar”.

No obstante, en su momento ella siguió las recomendaciones profesionales. Durante cuatro meses continuó con las otras benzodiacepinas, pero sin mejoría; al contrario: “No es que me quedara igual o mejorara; no, es que yo empeoraba cada vez más”, asegura.

Alicia terminó desarrollando una dependencia a las benzodiacepinas. Cada vez que intentaba dejarlas, su cuerpo acusaba síntomas insoportables, lo cual se conoce como síndrome de abstinencia.

A los cuatro meses, Alicia volvió a visitar a la médica. “Es que ya no sé qué mandarte, te voy a cambiar el tratamiento, pero de todas formas te voy a remitir a psiquiatría porque yo ya no sé qué darte”, le indicó la profesional. “O sea, encima me hacía sentir como si fuera yo la que me inventaba estar mal”, se lamenta. 

Más tarde, cuando le explicaba a la psiquiatra cómo se encontraba y que no podía llevar una vida normal porque siempre estaba triste, llorando y cansada, la especialista le aconsejaba que se “buscara cosas que le gustaran…”, recuerda indignada.

Sin saberlo, Alicia terminó desarrollando una dependencia a las benzodiacepinas. Cada vez que intentaba dejarlas, su cuerpo acusaba síntomas insoportables, lo cual se conoce como síndrome de abstinencia.

“Esta no es una adicción como el tabaco, que dices: ‘ay, es que me apetece un cigarro’; a mí no me apetecía una pastilla, pero mi cerebro me la pedía de alguna forma”, explica.

Lo peor es el desconocimiento, la incertidumbre, la falta de guía. Alguien que te explique que el síndrome de abstinencia es una experiencia normal al dejar las benzodiacepinas o cualquier droga. “Nadie sabía decirme que lo que me pasaba era por eso, hasta que lo descubrí yo”, dice.

experiencias al dejar las benzodiacepinas
España es el país del mundo con mayor consumo de benzodiacepinas.
Cuando su adicción se agravó

El descenso de Alicia al infierno

Estuvo Alicia en ese estado de dependencia cuatro años, probando “diferentes tratamientos”. Entre ellos también probó el Pristiq, un antidepresivo que pertenece a un grupo de medicamentos denominados inhibidores de la recaptación de la serotonina y la noradrenalina (IRSN). Y la Olanzapina, que se usa para tratar los síntomas de esquizofrenia.

Esta última, cuenta, la dejó “completamente sin emociones, vacía: yo en el fondo sabía que amaba a mis hijos, pero no sentía nada por ellos por culpa de esa pastilla”, relata con tristeza.

También le recetaron Clonazepam, medicamento que tomó durante tres años. “Este fue terrible, terrible, la verdad, porque tenía depresión constante, siempre, hiciera lo que hiciera, no conseguía mejorar nunca: yo vivía porque mi corazón latía, pero en realidad yo estaba muerta en vida, con 30 y poquitos años”, asegura Alicia.

Como en cualquier dependencia o adicción, la familia desempeñó un papel fundamental. Siempre contó con el apoyo de su madre y de su hermana, sobre todo de la primera, pues no podía cuidar de sus propios hijos. “Gracias a ella puedo decir que estoy viva”, agradece Alicia. No puede decir lo mismo de su ex, con quien tuvo una relación de 20 años y, dice, “nunca se tomó en serio lo que me pasaba”.

“El clonozepam fue terrible, terrible, la verdad, porque tenía depresión constante, siempre, hiciera lo que hiciera, no conseguía mejorar nunca: yo vivía porque mi corazón latía»

Alicia

El punto límite llegó cuando las benzodiacepinas le provocaron una úlcera en el duodeno y debió someterse a una endoscopia. Alicia vomitaba sangre, que fue el indicador clave de que las pastillas le estaban destrozando el estómago.

“Sin saberlo, había dejado los antidepresivos y me quedé solo con los ansiolíticos”, relata. “Como ya no tenía bastante con el Clonazepam, porque desarrollé tolerancia, también tomaba Diazepam, tomaba ambas, y, al sufrir la úlcera, pues dije: me voy a quitar el Clonazepam”.

Entonces se administraba 7 gotas, que equivalen a 0,7 miligramos. Se quitó cuatro gotas de golpe y, si todo iba bien, proyectaba quitarse las otras tres. “Madre mía, ahí empezó a venir toda la abstinencia”, recuerda.

Con 33 años, el día que Alicia podía llevar a sus hijos al parque, “era feliz”. El resto de los días, solamente podía cocinarles y acercarles al colegio, ya no tenía energía para nada más. Se decía a ella misma que lo que estaba pasando no era normal, incluso escribía notas en su móvil por si se moría, pues se sentía terminal. “Las escribía para mis hijos, como para despedirme de ellos, porque yo ya no podía más, literalmente”.

Su experiencia al dejar las benzodiacepinas la llevó a desconfiar de las indicaciones médicas. “De esto tengo que salir yo sola”, se dijo. Empezó a retirarse los medicamentos, y, como consecuencia, cayó en cama y sufrió un nuevo síndrome de abstinencia.

“Unos dolores en todo el cuerpo terribles, dolores que yo no los he tenido jamás, desde la cabeza hasta los dedos de los pies”, describe. “Me quemaba, era como si me estuvieran abrasando el cuerpo”. Pero además estaba el aspecto psicológico de la abstinencia: “pensamientos de suicidio”.

Buscando ayuda

El alivio de sentir que no estaba sola

Alicia llegó a escribir en su móvil 22 síntomas que tenía que aguantar día tras día en su experiencia de dejar las benzodiacepinas. Pero lo que no dejaba de hacer era buscar información. Y, a diferencia de otras personas que evitan acudir a especialistas y encuentran soluciones engañosas y peligrosas en internet, ella tuvo suerte. Descubrió un grupo en una red social de personas afectadas por las benzodiacepinas.

Primero sintió alivio. Pensó: “Dios mío, lo que me pasa es por esto, por dejar las pastillas de esta forma…”. Fue corriendo a contárselo a su madre. “Al leer todas las historias, pensaba: ¡Esta soy yo! ¡Ostras, es que soy yo!, estoy igual que esta persona”, recuerda.

El alivio era lógico y provenía de sentir que no estaba sola, que no estaba desquiciada. Es decir, que el infierno que estaba pasando respondía a una reacción orgánica propia de no suministrar al cerebro la droga a la que se había acostumbrado.

Lo más importante fue que en ese grupo descubrió el manual de Ashton, una famosa y reputada guía para dejar las benzodiacepinas escrita por la doctora Chrystal Heather Ashton.

El grupo cumplió la función, en su caso, de una suerte de terapia grupal, típica en los tratamientos de adicciones. Se brindaban apoyo mutuo y Alicia incluso forjó amistades. Pero lo más importante fue que allí descubrió el manual de Ashton, una famosa y reputada guía para dejar las benzodiacepinas escrita por la doctora Chrystal Heather Ashton.

Al llegar a ese grupo, Alicia ya se encontraba en abstinencia. Así que tenía dos opciones: o seguir adelante con su plan o volver atrás, como le sugerían algunos miembros. Esto implicaba subir la dosis para estabilizarse y luego bajarla según el manual: muy poco a poco.

“Pero yo estaba tan cansada de aguantar síntomas y destrozarme el estómago que no quise aguantar hasta el final, y dije: ‘que pase lo que tenga que pasar’”, recuerda. Y pasó lo peor. “Yo aguanto dolores, ansiedad, insomnio, pero cuando te da depresión severa ya dejas de ser tú: no eres nada, únicamente tenía pensamientos de quitarme la vida; es muy peligroso”, explica.

La duración del síndrome de abstinencia

Cuánto puede durar el síndrome de abstinencia de las benzodiacepinas

Fue el momento en que la familia decidió llevarla a la Unidad de Conductas Adictivas (UCA). Allí le prescribieron Mirtazapina,  un antidepresivo, y Pregabalina, que se usa para aliviar el dolor neuropático y la ansiedad. Eso contribuyó a que se estabilizara, porque no aguantaba más la abstinencia.  

Alicia estuvo 11 meses aguantando síntomas de abstinencia terribles. En la UCA le advirtieron que esa abstinencia podía durar hasta 3 años. Fue cuando dijo: “Me muero antes, esto yo no lo aguanto”.

Confiesa la mujer que en la UCA sí que le ayudaron a “aminorar” el síndrome de abstinencia. Y, además, le asignaron una psicóloga. “Pero no me hacía terapia ni nada, la consulta era de 5 minutos”. Con todo, Alicia considera que la terapia psicológica en las dependencias como la suya es fundamental. “Si no, es muy difícil, casi que imposible; como no tengas ayuda y apoyo, no puedes”, asegura.

En la UCA le advirtieron que esa abstinencia podía durar hasta 3 años. Fue cuando dijo: “Me muero antes, esto yo no lo aguanto”.

Tras un mes con mucha depresión, comenzó a estabilizarse y se quedó solo con el antidepresivo, que le ayudaba a descansar. No obstante, comenta, “aunque los médicos digan que este medicamento no da abstinencia, a mí sí me la dio: intenté dejarla como cuatro o cinco veces y, si bien los síntomas no son tan brutales como los de las benzodiacepinas, también los tuve: vértigos…”

Por eso decidió seguir tomando el antidepresivo: siente que la experiencia al dejar las benzodiacepinas, sobre todo el Clonazepam, la ha dejado “traumada”. Así que hoy, prefiere quedarse como está: “estable”, aunque siga consumiendo el antidepresivo. “No estoy preparada para vivir otra abstinencia, tengo muchos planes en mente”, se excusa.

Una nueva vida

Cuando Alicia volvió a vivir

Al menos, Alicia ha podido volver a sentir alegría, motivación, percibir el cariño de sus hijos, y tener fuerzas para divorciarse. Actualmente, estudia naturopatía y nutrición y tiene un proyecto firme: montar una herbodietética. Un sueño que tiene desde hace tiempo y que hoy le sirve como meta a corto plazo, algo sumamente importante en cualquier tratamiento de dependencia o adicción.

Su estilo de vida también ha dado un cambio en cuanto a alimentación y ejercicio físico. Considera “muy importante no llevar vidas sedentarias” y cuidar las personas de las que te rodeas: evitar las relaciones tóxicas. Así como leer y ver cosas que te nutran de buenas energías.

Si pudiese volver al pasado sabiendo todo lo que sabe hoy, Alicia procedería de tal forma que el síndrome de abstinencia sería mucho más leve, asegura. “Porque si lo haces bien, si dejas las benzodiacepinas como toca, no tiene nada que ver; no digo que no vayas a tener abstinencia, pero no lo pasas ni la mitad de mal que lo pasé”.

“Si lo haces bien, si dejas las benzodiacepinas como toca, no tiene nada que ver; no digo que no vayas a tener abstinencia, pero no lo pasas ni la mitad de mal que lo pasé”.

Alicia

Cuando alguien le pregunta qué es una benzodiacepina, ella no duda: “un veneno”. No es para menos, durante cuatro años esta mujer percibió la vida en gris. 

Admite Alicia que mentiría si le dijera a cualquiera que decidiese dejar las benzodiacepinas que no sufrirá nada de nada. Pero también que lo haría si le dijera a esa misma persona que no vale la pena hacerlo. “Que busquen ayuda de familiares, y si pueden permitirse un psicólogo mejor. “Que lo hagan acompañados, pero que lo hagan”, anima esta mujer, cuya experiencia de dejar las benzodiacepinas la acercó a los infiernos.

“Ahora he vuelto a reír, a sentir que me río a gusto, me puedo emocionar viendo el mar, un atardecer, una flor, aunque sean pequeños detalles; antes nada me causaba emoción, ni pasear, ni el deporte, ni el sexo”, relata. Y repite: “Ahora vivo todo con intensidad, antes estaba muerta en vida”. 

La adicción a fármacos puede tratarse. Podemos ayudarte.

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Redacción

Equipo Adictalia
Comité Editorial | comunicacion@adictalia.es

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5 comentarios

  1. Max 10 Feb • 18:44
    Este relato sirve para visualizar un tema oculto en la sociedad que es el daño que genera estos “medicamentos” se necesita hacerse mas visible para que así se consuman menos ,pero a la vez la medicina debe hacer mas responsable en esto y tomar conciencia del daño que producen a... Leer más
    Este relato sirve para visualizar un tema oculto en la sociedad que es el daño que genera estos “medicamentos” se necesita hacerse mas visible para que así se consuman menos ,pero a la vez la medicina debe hacer mas responsable en esto y tomar conciencia del daño que producen a millones de personas en el mundo.
    También rescato de este relato la fuerza de voluntad ,valentía y la disposición de no rendirse ante la magnitud de sus síntomas y sobre todo sobreponerse por los que ama.
    Gracias por visibilizar mas este gran daño que sufren quienes se les recetan estos “medicamentos” Leer menos
    • Kevin 11 Abr • 07:36

      Hola me pasa lo mismo ,pero entiendo que ella sigue con los antidepresivos, y al dejarlos también tendrá muchos síntomas de abstinecia igual de feos si lo toma por mucho tiempo .

    • Equipo Adictalia 20 Feb • 12:13

      Gracias por compartir tu opinión, Max, y por leer el testimonio. Un saludo.

  2. Cristian 09 Feb • 22:07

    Conocí a Alicia mediante el grupo de apoyo q ella comenta en su relato, desde entonces nos hemos apoyado mutuamente, fui víctima de ese veneno… aún tengo sintomas de abstinencia luegp de los 3 años, soy de Ecuador… Alicia, si se pudo ya mejoraremos al 100

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