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Perfil de un cocainómano que lleva 12 años de abstinencia

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Perfil de un cocainómano

La historia de Jordi, adicto a la cocaína, demuestra que salir es posible

El del jordi (52, Barcelona) es el perfil de un cocainómano y alcohólico que está ganando la batalla a la adicción. Un adicto a la cocaína y al alcohol que lleva 12 años sin probar un gramo ni un trago. Esto es: más de una década de abstinencia. Y su aceptación de la enfermedad es tal, que no oculta su verdadera identidad y hasta ofrece un vídeo donde dio su testimonio años atrás.

Esto es algo poco habitual en las personas adictas y sus familiares, quienes se protegen de la estigmatización que sufren por parte de una sociedad a la que le cuesta percibir la adicción a la cocaína, y en general, como lo que realmente es: una enfermedad y no una actitud viciosa.


Uno de los factores de riesgo que intervienen en el desarrollo de esta enfermedad, radica en que ésta se haya manifestado antes en la familia cercana de quien la sufre.


La adicción a la cocaína de Jordi arrancó oficialmente a los 18 años, mientras hacía el servicio militar. Hasta ese momento, asegura, no consumía alcohol y desconocía las drogas. De hecho, hasta ese entonces llevaba una vida sana. “Hacía mucho deporte, iba a las discotecas y no consumía alcohol”, asegura.

Pero aclaramos “oficialmente”, porque si bien su vida hasta esa etapa transcurría sin relación directa con estupefacientes o sustancias tóxicas, en su entorno familiar la adicción estaba presente. Y uno de los factores de riesgo que intervienen en el desarrollo de esta enfermedad, radica en que ésta se haya manifestado antes en la familia cercana de quien la sufre.

Perfil de un cocainómano: la historia de Jordi
Fotograma de un reportaje difundido en 2012 en TV3 donde aparece Jordi, el protagonista de esta entrevista sobre el perfil de un cocainómano en recuperación.

El servicio militar era un sitio que Jordi rechazaba de pleno. “Estaba mal… y los compañeros, pues bueno… fueron clave para empezar mi consumo”, explica. Una invitación que no quiso rechazar. “Lo típico que solemos decir todos: total, por una no pasa… Es que estoy en un sitio donde no quiero estar… Cuando salga de aquí ya lo dejaré”.

Ahí arranco una trágica vida de consumo que duró 20 años, hasta que ingresó en un centro de desintoxicación. Hoy, lleva 12 años de abstinencia.

Cuando salió del ejército y se reencontró con sus amistades, se buscó otras relaciones que le acompañaran en el ritual. “Veía que consumiendo cocaína aguantaba más el alcohol. Y más horas estando de fiesta, o sea, más aguante, ¿no?”. Primero consumía sólo los fines de semana. Después ya comenzó a empalmar con el primer día de trabajo. “Me guardaba siempre algo de cocaína para poder aguantar en el curro”.

La costumbre se fue extendiendo al resto de los días de la semana.  “Hasta que ya estaba muy enganchado y, bueno, ya era parte de mi vida. Ya no podía seguir si no era consumiendo”, recuerda Jordi.

DESCUBRIENDO LA PERSONALIDAD DE UN COCAINÓMANO

La mentira y la deshonestidad destrás del consumo de cocaína

– ¿Cómo afectaba en tu día a día el consumo de cocaína?

– Eso fue de lo más duro. Después de llevar 10 años en una multinacional, me pusieron un detective para ver si consumía, y bueno, me echaron; sin finiquito, sin nada. Y empecé a cobrar el paro. Entonces dije que me iba a sacar el carné de camión, pero no iba nunca a la autoescuela, me metía en el bar, me quedaba con los amigos de consumo.

En ese momento estaba casado y mi adicción nos llevó al divorcio. Volví otra vez a casa de mis padres. Pero seguí con los amigos de consumo, que era con los que me encontraba a gusto. Mi consumo de cocaína fue todavía a más y más y acabé fatal. No podía andar, me quedé en 38 kg, estaba ya en las últimas…


También condicionó mucho al aumento de mi consumo la muerte de mi hermana, que murió por alcoholismo, igual que mi padre. Y eso pues aún hizo que consumiera más cocaína y alcohol.

Jordi Victoria, perfil de un cocainómano en recuperación

– Te fuiste deteriorando rápidamente…

– Sí. También condicionó mucho al aumento de mi consumo la muerte de mi hermana, que murió por alcoholismo, igual que mi padre. Y eso pues aún hizo que consumiera más cocaína y alcohol. Todo eran desgracias, por eso quería ahogar mis penas refugiándome en el consumo, que lo único que hacía era agravarlas más. Pero en ese momento no me daba cuenta.

– ¿Qué cosas deshonestas o riesgosas has llegado a hacer por el consumo?

– Soy una persona muy sincera. Pero como todo el mundo sabe, un adicto es muy manipulador, mentiroso. Pero bueno, no escondo nada, puesto que lo que hice fue bajo los efectos de las sustancias, no era yo. Por suerte o desgracia en ese momento, yo siempre manejaba dinero. Pero, aun así, he vendido alguna joya heredada de mi padre. Un sello valioso emocionalmente que vendí por medio gramo de cocaína.

Y eso lo llevo ahí clavado. Y me cuesta, porque saber que ya no lo voy a conseguir y tenía un valor sentimental sin precio… Pero no era yo, era la adicción, y supe perdonármelo.

La relación con un cocainómano: el papel de la familia de un adicto

– ¿Cómo era la relación con tu familia en el día a día?

– La relación con mi familia siempre ha sido muy buena. Pero estaban sufriendo mucho conmigo y me decían que pusiera remedio, que estaban todos muy preocupados porque veían que el próximo en fallecer iba a ser yo. De hecho, en el entierro de mi hermana toda la familia decía, porque yo lo estaba escuchando, “el próximo al que enterramos es al Jordi y no le queda mucho”.


En el entierro de mi hermana toda la familia decía, porque yo lo estaba escuchando, “el próximo al que enterramos es al Jordi y no le queda mucho”.

Jordi Victoria, perfil de un cocainómano y alcohólico en recuperación

Yo lo estaba escuchando, entre el dolor por estar enterrando a una hermana. Y me hizo recapacitar mucho. Además, mi sobrino me lo pedía llorando, que lo dejara, pero yo no podía. Hasta que decidí dar el paso y le dije a mi hermano que me buscara algun tratamiento de adicciones, que yo así no podía, no podía seguir. Y se pusieron manos a la obra.

– Ese fue el momento clave en que pediste ayuda, ¿no?

– Pues sí, la verdad que ahí abrí los ojos.  En el mismo entierro de mi hermana dije, esto no va a poder conmigo y yo voy a salir. Lo que no han conseguido ni mi padre ni mi hermana, yo sí que lo voy a conseguir. Eso fue lo que me abrió los ojos. Lo más importante es pedir ayuda y tener la ayuda necesaria. Pero yo gracias a Dios tengo una familia muy buena, la cual se volcó conmigo en todo.

Ingresar en un centro para tratar a adicción a la cocaína

– ¿Qué pasó luego? ¿Cómo fue empezar un tratamiento?

– A ver cómo te lo digo… Eran tantas mis ganas de querer salir de ahí que lo primero que encontramos fue Proyecto Hombre. La verdad es que no me gustaba, porque mezclaban a todas las personas con adicciones mucho más fuertes que las mías. Sentía que no encajaba en ese sitio, aunque era gratuito. Pero ya me habían hablado muy mal de PH personas que habían hecho el tratamiento conmigo, que habían estado allí y salieron con más adicciones de las que tenían cuando entraron. Entonces no me daba garantías, pero bueno, era tanta la desesperación que accedí a probar allí. Y mientras, buscaba otra cosa.

Estuve una semana haciendo la desintoxicación en un hospital y desde ahí iba a volver a PH. Pero surgió la opción de un centro terapéutico concertado en el cual había una plaza. Entonces me fui directo allí.

Después de la etapa de desintoxicación, asistir a terapia fue fundamental para lograr la abstinencia, cuenta Jordi en esta entrevista sobre el perfil de un cocainómano en recuperación. Foto de Tima Miroshnichenko en Pexels

– ¿Cómo fue el tratamiento de adicciones en ese centro?

– Al principio un poco duro, porque todas personas adictas rechazamos las normas, no seguimos unos horarios, vamos a nuestro aire. Y allí hay una convivencia, unas normas, no puedes hacer lo que tú quieras. Y el adicto lo que hace es lo que él quiere, se levanta a la hora que quiere, come a la hora que quiere… O sea, lleva un descontrol en su vida.

En los centros terapéuticos lo primero que te enseñan es a llevar una vida ordenada y bueno… eso al principio me costó bastante.


Al principio un poco duro, porque todas personas adictas rechazamos las normas, no seguimos unos horarios, vamos a nuestro aire. Y allí hay una convivencia, unas normas, no puedes hacer lo que tú quieras.

Jordi Victoria, entrevista sobre el perfil de un cocainómano y alcohólico en recuperación

– Te resistías…

– De hecho, a la semana de estar allí quise abandonar. Pero justo cuando me dejaron llamar a mi familia para que vinieran a buscarme tuve un paro orgánico: me dejaron de funcionar los riñones y el hígado, porque no le estaba suministrando las dosis de alcohol y de cocaína a los que los tenía acostumbrados. Ingresen en el hospital y me lo dejaron bien claro: “tienes cirrosis hepática, tu vida depende sólo de ti, y si dejas el tratamiento y sigues consumiendo, que sepas que te vas a morir en nada por las consecuencais del consumo de cocaína y de alcohol. Pero si sigues con el tratamiento, el hígado es un órgano que se regenera y puede volver otra vez hasta a hacer vida normal. Tú decides si quieres seguir viviendo o acabar como tus familiares”.

Y entonces, cuando me dieron el alta del hospital, volví al centro. Y dije que me quedaba, que quería seguir viviendo y que iba a seguir el tratamiento. Ahí fue donde empecé a tomármelo todo muy en serio, y todo fue progresivo. 

– ¿Crees que existe ayuda suficiente de parte del Estado para personas adictas?

– No. Cuando hice el tratamiento entré costeándomelo yo. Luego, en una de las reuniones, les comentaron a mis familiares que había una ayuda de la Generalitat que te pagaba el 50% del tratamiento. Mi hermano echó la solicitud y me la aprobaron.


Lo que pagaba era caro, pero si me ponía a hacer cuentas de lo que me llegué a gastar consumiendo cocaína y alcohol, me podía haber pagado… yo, qué sé… 10 ó 12 tratamientos.

Jordi Victoria, perfil de un cocainómano y alcohólico en recuperación

Lo que pagaba era caro, pero si me ponía a hacer cuentas de lo que me llegué a gastar consumiendo cocaína y alcohol, me podía haber pagado… yo, qué sé… 10 ó 12 tratamientos. O sea, que es el mejor dinero que me he podido gastar en mi vida, por lo que he ganado en salud. Pero sí, debería haber más ayuda del Estado, eso sí que es verdad.

EL DIFÍCIL CARÁCTER DE UN COCAINÓMANO

La familia ante la negación de la enfermedad por parte del adicto

– Una reacción habitual del perfil de un cocainómano es negar su enfermedad. Esto hace que las familias se desesperen porque no saben cómo ayudar a la persona. ¿Crees que la familia puede hacer algo para que la persona comprenda que necesita tratarse?

– Eso es muy complicado. A mí, mi familia me decía: “Tú estás muy mal, tienes problemas con el alcohol, nosotros te ayudamos a ingresar en algún centro, pero tienes que dejarlo porque vas a ser el próximo”. Y yo siempre respondía: “no os preocupéis, que yo lo dejo cuando quiera”.

Pero ese día nunca llegaba. Hasta que tuve que ver enterrar a mi hermana para darme cuenta de que yo iba a ser el próximo. Y me metía en la cama, lloraba, me decía: mañana no bebo. Pero me levantaba con unos temblores que lo primero que hacía era irme al bar y empezar a consumir. Hasta que me di cuenta, yo solo abrí los ojos y dije, no puedo seguir así. Entonces fue cuando pedí ayuda.

La familia estaba harta de decírmelo, pero yo decía que no, que yo no tenía ningún problema. Yo pienso que el adicto es el primero que tiene que abrir los ojos. Las familias se lo pueden decir, pero hasta que él no vea que tiene el problema es muy difícil.

– ¿Y crees que echar de casa a una persona adicta puede ser en algunos casos una solución para que ésta abra los ojos?

– Uff, bueno, yo por suerte eso no lo he vivido, pero no lo creo. Yo pienso que la persona que la echen de casa porque consume y no quiera curarse va a ir a peor. Acabaría como un vagabundo, alimentándose de alcohol… Yo creo que es mejor no darle dinero eso sí, hasta que él vea que no puede pagarse su adicción. Pero echarlo de casa… No sé, no creo que eso funcione, hasta igual se pone a delinquir. Porque las personas que somos adictas tenemos que consumir sí o sí. Entonces, si no tienes, lo buscas.


La familia estaba harta de decírmelo, pero yo decía que no, que yo no tenía ningún problema. Yo pienso que el adicto es el primero que tiene que abrir los ojos.

Jordi Victoria, perfil de un cocainómano en recuperación

Hay gente que ha hecho barbaridades para conseguir dinero para consumir cocaína. No, no creo que sea la solución echar a un adicto de casa. Podemos decirle que se deje ayudar e intentar convencerle y siempre cortarle el dinero.

Cuando yo salí del centro, no llevaba ni mi cartilla, no podía sacar dinero, tenía que venir mi madre cada vez que tenía que sacar dinero, solo no podía.

La adicción es crónica, una enfermedad para toda la vida

– Dicen que la adicción es una enfermedad para toda la vida, que la tendencia de consumo siempre está ahí y por eso hay que seguir en contacto con una terapia grupal cuando logras dejarla. ¿Estás de acuerdo?

– Sí, claro que estoy de acuerdo. Te voy a contar cómo lo hice yo: en principio lo mío eran tres meses de estar en el centro terapéutico. Pero luego me pasó todo lo que me pasó en lo de los riñones, el hígado y todo el tiempo que estuve en el hospital. Y tampoco pasaba de fase en el tratamiento porque no hacía las cosas como tenía que hacerlas. Eso fue cuando quise abandonar.

En las salidas del centro terapéutico, veía que aún me faltaba, que no estaba al 100 por cien. Iba andando y cuando veía un bar se me iban los ojos. De hecho, cuando andaba por una calle te podría decir los bares que había pasado. Eso significaba que aún tenía “tirones”, que me fijaba mucho en lo que era mi vida de antes.


En las salidas del centro terapéutico, veía que aún me faltaba, que no estaba al 100 por cien. Iba andando y cuando veía un bar se me iban los ojos.

Jordi Victoria, perfil de un cocainómano en recuperación

Entonces sentí que me faltaban más terapia, y probé la opción de piso terapéutico. Una vez que sales del centro, estás en la ciudad, en un piso, y ahí vas haciendo actividades. Total, que hice tres meses más de piso. Cada vez que salía me hacían luego una analítica de drogas para ver si había tomado algo.

– ¿Tenías tentaciones cuando salías?

Procuraba no ir a un bar, sino a heladerías, sitios donde no hubiese alcohol. Y luego presentaba los tikets. Allí las terapeutas llevan tu control, ellos te daban el dinero, pero tenías que decir para que lo querías

Una vez que salí del piso terapéutico ingresé en un grupo terapéutico de adicciones, al que asistía una vez por semana. El grupo era muy importante, puesto que convivías con todas las personas adictas que ya empezaban a trabajar y estaban haciendo sus vidas en abstinencia.


El grupo era muy importante, puesto convivías con todas las personas adictas que ya empezaban a trabajar y estaban haciendo sus vidas en abstinencia.

Jordi Victoria. Perfil de un cocainómano en recuperación.

Allí aprendí a controlar los tirones, y las ganas de consumir si, por ejemplo, debía ir a una boda o bebían delante de ti… para evitar una recaída. Estuve un año haciendo las terapias grupales y la verdad que me reforzaron mucho.

Sin duda creo que la adicción es para toda la vida. Eso hay que tenerlo muy claro, yo siempre digo que soy adicto. A la mínima que me beba una cerveza, por ejemplo, al día siguiente ya estaré con el síndrome de abstinencia. Ya no puedo volver a consumir, eso lo tengo muy claro.

– ¿Qué papel ha tenido tu familia en tu recuperación?

– Mi familia ha tenido un papel muy importante. Creo que logré mi abstinencia gracias a ella, porque tuve un apoyo increíble de mis sobrinos, mi hermano, mi madre. No se perdían ni una semana de venir a visitarme. No faltaron a ninguna sesión de terapia familiar. No sé si hubiera conseguido superar la adicción yo solo. La familia es muy importante en la decisión de ingresar y en apoyarte en el tratamiento.

– ¿Cuánto tiempo llevas de abstinencia?

– Llevo ya 12 años en abstinencia y no he tenido ninguna recaída ni he vuelto a probar el alcohol ni la droga. Y tan solo en estos 12 años tuve un “tirón” después de una discusión. Pero bueno, enseguida saltaron las alarmas, llamé a mis terapeutas y me calmaron. Y logré no consumir. 

Ahora bien, un día me preguntaron si existía algún motivo por el cual yo podría tener una recaída. Respondí que la muerte de otro familiar, porque no sabía si la lograría superar. Bueno, pues hace cinco meses que ha fallecido mi madre y he estado muy vigilado por mi mujer, mi hermano, y toda la familia. Antes de que mi madre falleciera le dije que se fuera tranquila, que no iba a recaer, y lo mantengo. No he tenido ganas de consumir, aunque sí que he mantenido en alerta a mis terapeutas y a mi familia, por si acaso. No cambió el nivel de vida que llevo ahora por el que llevaba antes.


Hace cinco meses que ha fallecido mi madre y he estado muy vigilado por mi mujer, mi hermano, y toda la familia. Antes de que mi madre falleciera le dije que se fuera tranquila, que no iba a recaer, y lo mantengo. No he tenido ganas de consumir,

Jordi Victoria, perfil de un cocainómano en recuperación

SUGERENCIAS PARA SOBRELLEVAR LA RELACIÓN CON UN COCAINÓMANO

Tips para familiares de una persona adicta a la coca en recuperación

– ¿Qué recomendarías a una persona adicta que quiere dejarlo?

– Lo primero que recomiendo es dejar las compañías de consumo. En mi caso, fui con un familiar a los sitios donde me pasaban a mí la cocaína y éste les dijo que, por muy mal que me vieran, que no me vendiesen. Fui poniéndome barreras, ¿no? Pero fui.

Estuve mucho tiempo sin entrar a los bares y, si entraba, iba con algún familiar, y no me quedaba solo en el bar. Como mucho, me quedaba en una terraza, pero casi siempre elegíamos heladerías donde no vendiesen alcohol. Pero me he tirado mucho, mucho tiempo sin entrar a un bar.


Lo primero que recomiendo es dejar las compañías de consumo. Luego, sobre todo en las casas de las personas con las la que tú convives, tratad que no haya nada de alcohol.

Jordi Victoria, perfil de un cocainómano en recuperación

Luego, sobre todo en las casas de las personas con las la que tú convives, tratad que no haya nada de alcohol. En mi casa desde luego no había nada de alcohol, si venían familiares o amistades, se les decía que no había alcohol por mi problema y lo aceptaba todo el mundo. Incluso en las comidas familiares.

– Hoy tu vida es completamente diferente…

– Sin duda, como anécdota te cuento que cuando consumía intenté sacarme el carnet de camión. Pero bueno, engañaba a mi mujer diciendo que iba a la autoescuela y luego me iba al bar a consumir. Por eso no logre sacarme el carnet en ese momento, porque tuve que dejarlo estar. Hace poco he retomado los estudios para poder sacármelo y hoy recibí la noticia de que he aprobado el examen teórico. ¡Estoy súper contento!

Foto de Lukas Rychvalsky en Pexels

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