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“La crisis que viene”: cuando los escenarios amenazantes incitan las adicciones

Categoría: Adicción
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Adicciones por el mensaje la crisis que viene

Los riesgos a (re)caer en conductas destructivas ante un escenario adverso, aunque éste sea hipotético

«La crisis que viene» es un concepto que escuchamos o leemos con frecuencia cuando abrimos un periódico o encendemos la tele. Es decir, la “futura” crisis económica que pueden provocar las medidas restrictivas para atajar otra crisis, la sanitaria, del Covid-19. Lo cierto es que, sean más o menos reales y profundas ambas crisis, el mero anuncio constante de un escenario adverso configura nuestra realidad. Y la explicación de esto es sencilla: si repetimos permanentemente una idea negativa que puede ser factible, ayudamos a configurar nuestras emociones y pensamientos en ese sentido. 

Y para quienes ya tienen una predisposición a las conductas adictivas, este escenario amenazante (más o menos probable según cada quién) constituye tierra muy fértil para que desarrollen una adicción. El equipo de especialistas de Adictalia explica en esta entrevista los motivos de ello.

Si repetimos permanentemente una idea negativa que puede ser factible, ayudamos a configurar nuestras emociones y pensamientos en ese sentido.

REACCIONES EMOCIONALES FRENTE A LA CONSIGNA “LA CRISIS QUE VIENE”

EL MIEDO Y LA INCERTIDUMBRE…

– ¿Por qué puede influir que se esté hablando permanentemente de “la crisis que viene” a nivel económico en la evolución de las adicciones en una sociedad?

– Notamos miedo e incertidumbre generalizados ante un problema (la Covid-19) que nos puede afectar sanitariamente y, por sus consecuencias, económicamente. Estar recibiendo permanentemente estímulos de riesgo nos estresa y ese estrés es difícil de gestionar para muchas personas. Esto influye sobre todo en las que ya tienen predisposición psicológica y genética a generar una adicción, y que no lo han hecho aún. Les da motivos suficientes para intentar evadir una posible realidad muy complicada de digerir, para buscar “válvulas de escape” en sustancias o hábitos destructivos.

Pero también muchas otras personas que no tengan predisposición pueden verse afectadas psicológica y emocionalmente por los discursos del contexto, por la presión de un futuro escenario adverso. Y ante la frustración o la intolerancia a aceptar una realidad compleja, que a la mayoría le cuesta comprender y para la que carece de herramientas, pueden sentirse atraídas por conductas que les permitan olvidar momentáneamente esa posibilidad. Conductas que pueden encuadrarse como tóxicas y que pueden conducir a medio plazo a desarrollar una adicción.  

Entonces, las causas suelen ser la evasión, tanto frente a una realidad compleja como a las posibilidades más o menos cercanas de que se dé, como es el caso de los anuncios mediáticos de “la crisis que se viene”.

Sí, el estrés es similar. Al final lo que pensamos termina por configurar una realidad en nuestras cabezas, más allá de que a nivel material no suframos aún tal crisis. Cada persona diseñará en su cabeza una realidad en función de sus características psicológicas y emocionales. A veces, como dijimos, se busca escapar mentalmente para paliar el miedo y la incertidumbre frente a la presión de un discurso muy repetido o un panorama real muy negativo, como pueden ser las consecuencias económicas sobre nuestra vida

En muchos otros casos se empieza a incursionar en conductas destructivas por tener más tiempo de ocio con el que no sabemos qué hacer. Porque estamos acostumbrados a producir todo el tiempo: muchas personas hoy miden el éxito personal por los logros profesionales y productivos. Así que en la situación concreta determinada por las medidas restrictivas frente a la Covid-19, muchas personas buscan “alivianar” el sufrimiento provocado por la falta de socialización a raíz del confinamiento y las restricciones horarias.

¿Cómo lo hacen?

Por medio de estímulos nuevos, muchas veces nocivos. Es decir, estímulos que tienden a paliar de una manera “engañosa” una realidad, concreta o configurada por hipótesis machacadas desde los medios (al final emocionalmente surten el mismo efecto), para la que no tienen herramientas de compresión y gestión. Por tanto, a estas personas les cuesta digerir o atravesar esa situación de una forma natural, sin distractores o corruptores del ánimo. 

¿Cómo sería el razonamiento o la lógica por el anuncio permanente de «la crisis que viene»?

Frente al miedo y la incertidumbre que me despierta esta posibilidad o esta realidad, de pronto tengo la posibilidad de escapar por un momento. Aparece la posibilidad de consumir y, cuando menos me doy cuenta, ya estoy consumiendo y hasta necesito de ese estímulo para sentirme “bien”… 

En relación con las medidas restrictivas de circulación, la persona está más horas en casa y aburrida, sin tener un entrenamiento de cómo estar sin hacer “nada”, algo que no nos enseñan en esta sociedad productivista y materialista. Si además la persona ya tiene una predisposición genética a las adicciones, estos factores pueden actuar como catalizadores. 

Estrés por La crisis que viene
El anuncio de «La crisis que viene» provoca estrés y este es un gran aliado de las tendencias autodestructivas. Foto: Karolina Grabowska from Pexels

CÓMO AFECTA LA COVID-19 EN QUIENES SUFREN ADICCIÓN

EL IMPACTO DE LA PANDEMIA EN LAS ADICCIONES

¿Esperan que las personas que ya son adictas varíen su grado de consumo frente a esta situación sanitaria y por el temor a la profundidad que se atribuye a “la crisis que viene” en el plano económico?

Sí. La persona que ya viene con un problema de adicción puede verlo agudizado. El aburrimiento, la incertidumbre, los miedos, la ansiedad, el desasosiego, la poca ilusión con proyectos grupales y personales en un contexto con medidas restrictivas y un escenario sanitario y económico confuso, las permanentes apelaciones de los medios a «la crisis que viene»… todos estos factores despiertan sentimientos y deseos de huida, estrés y más estrés. Este panorama sin duda incide emocional y psicológicamente en quienes ya padecían adicción en el sentido de profundizar la enfermedad; cuando menos, no se lo ponen fácil para pensar en buscar una salida.

Incluso el aislamiento social, donde entra en juego, por ejemplo, la incapacidad de gestionar de una forma saludable el aburrimiento, se les hace un mundo a las personas adictas o con predisposición.

O sea que a las preocupaciones desatadas por la Covid-19, debemos añadir las generadas por los pronósticos mediáticos de “la crisis que viene” a nivel económico. Dos motores de incertidumbre potentes, ¿no?

El problema es económico y sanitario a nivel general. Mientras que el Coronavirus afecta más a aquellos que ya tienen una patología previa, a aquellos organismos que están más deteriorados, las repercusiones del miedo social y la inseguridad despertadas por esta crisis sanitaria y sus posibles repercusiones económicas, pueden influir en mayor medida en aquellos que sufren adicciones.

¿Por qué?

Sencillamente porque las personas  adictas suelen responder de manera más vulnerable emocional y psicológicamente ante un escenario de incertidumbre. En otras palabras, viven estas situaciones con mayor intensidad y necesidad de evasión. Incluso el aislamiento social, donde entra en juego, por ejemplo, una incapacidad de gestionar de una forma saludable el aburrimiento, se les hace un mundo. Son una población de riesgo colateral; no de un riesgo de muerte por coronavirus por su adicción, pero sí de caer en un mayor consumo por una situación que saben y pueden sobrellevar con mayor dificultad, si cabe, que una persona sin adicción.

UN ESTADO ANÍMICO GENERAL PARALIZADOR

CUANDO SE ECLIPSAN LAS INTENCIONES DE SALIR

¿Las posibilidades de recuperación de una persona con adicción disminuiría si los pronósticos económicos sobre «la crisis que viene» son ciertos?

Es obvio. El dinero, por desgracia, influye a la hora de tomar decisiones para desintoxicarse y recuperarse de una adicción. De todas formas, en España hay proyectos gratuitos, aunque si de normal están saturados habría que ver cómo responderían en ese contexto. Aun así, muchas veces la incertidumbre hace que todos los sistemas se paren. El movimiento hacia una recuperación también puede verse frenado por no saber qué pasará con nuestra situación económica personal, aunque en este momento no experimentemos cambios materiales. El miedo que se siembra desde los medios y determinados sectores en torno a la idea de «la crisis que viene», es decir, que “puede” venir, no ayudan, definitivamente

Por otra parte están el temor y el desconcierto frente a la evolución sanitaria de la pandemia, los riesgos desconocidos de la enfermedad, entre otros. Estos sentimientos también pueden boicotear las mínimas intenciones de alguien de emprender una recuperación, invitarle a excusarse en “mejor dejarla para más adelante”. Aunque los centros de desintoxicación tienen protocolos muy estrictos para evitar contagios.

adicciones y crisis económica
El movimiento hacia una recuperación también puede verse frenado por el miedo a un panorama econ´mico adverso. Foto: Sinitta Leunen from Pexels

LAS ADICCIONES QUE MÁS PUEDEN SUBIR

CRISIS Y TENDENCIAS AUTODESTRUCTIVAS

¿Esperáis que suban algunas adicciones más que otras en este contexto?

Desde luego que esta situación socio-sanitaria, y la económica que se pronostica, por desgracia va a incidir en que el número de personas afectadas por las adicciones se incremente. De hecho, de la primera a la segunda ola hemos notado ya un repunte importante en la demanda de tratamientos, y creemos que esto va a más. Desde que empezamos la Covid-19 hasta ahora hay cada vez más solicitudes de tratamientos de desintoxicación. Sobre todo, relacionadas con problemas de alcoholismo, juego, nuevas tecnologías… Pero de hacer una predicción, probablemente el alcoholismo sea una de las adicciones que más crezcan con este escenario de tensión y sobre todo si se da con la profundidad que se habla la crisis que viene.

¿Por qué el alcoholismo?

Es evidente: el alcohol es una sustancia que tenemos a mano, está en casa, en el supermercado, en todas partes. Tenemos libre acceso a él. La facilidad de consumo y la alta aceptación/normalización social de esta sustancia favorecen que la cantidad de personas que desarrollan alcoholismo se muestre muy volátil en función de las circunstancias generales de miedo e incertidumbre. También pueden crecer mucho los casos de cocaína, una droga con la que se busca un “subidón” festivo, un éxtasis que te haga ver que puedes “con todo”. Sin embargo, esta es más cara y el alcohol una sustancia al alcance de cualquiera. Lo tenemos en casa y hasta es “normal” beber una copa a diferentes horas. Esto favorece el desarrollo de un hábito que puede terminar por convertirse en un problema de adicción grave en algunos casos. Y en estas circunstancias donde se habla a todas horas de la crisis que viene, la persona tiene más posibilidades de caer y recaer.

Pero quienes buscan escapar del miedo provocado por los discursos que insisten en la crisis que viene, o incluso por consecuencias económicas reales, también pueden probar otros caminos de evasión…

¡Claro! No debemos dejar de lado otras adicciones: van a subir todas en diferente grado. Por ejemplo, la adicción a la cocaína, la adicción al juego, las nuevas tecnologías, el sexo, incluso la adicción a las compras, por la facilidad que tenemos de comprar y recibir en casa algo en pocas horas. ¡Si hoy compramos por aburrimiento!

¿Qué tipo de escenarios pueden darse en familias con personas adictas en un panorama como el que se pronostica?

Las familias quizá vean cómo determinados parientes se van aislando con mayor frecuencia para poder consumir. Parientes que pueden generar problemas en sus entornos y que evitarán hablar del tema cuando se les menciones; es decir, que negarán tener un problema. Incluso, buscarán manipular, mentir. Pero lo mismo que hacen con sus familiares lo hacen con ellos mismos. Las mismas excusas y argumentos se los repiten internamente, es parte de la propia enfermedad: “Esto lo hago porque estoy en casa y no tengo nada que hacer”, “Esto es pasajero porque he cerrado la empresa”, “porque no puedo ir a trabajar”, “porque no vendo”, “porque me va mal en el restaurante”… Las familias deben prepararse para encontrar justificaciones de todo tipo por parte de familiares que consumen: necesitan dinero, se aíslan… 

LOS CASOS DE ADICCIÓN MÁS RECURRENTES

CUANDO LOS FAMILIARES LLAMAN DESESPERADOS

¿Qué tipo de llamadas o casos reciben en Adictalia que crees que están relacionados con un estado emocional general marcado por la amenaza de «la crisis que viene»?

El tipo de llamadas que recibimos son de familiares a quienes se les ha ido de la mano la adicción de un ser querido, es decir, que éste se encuentra en un estado muy deteriorado. Por ejemplo:

  • Una hermana que está viendo cómo su hermano está cada vez más dejado en su casa, abandonado, sucio, que recurre a la bebida con mayor frecuencia.
  • La madre que llama porque su hijo está cada vez más nervioso y les ha confesado que tiene problemas de consumo y no puede parar pero tampoco sabe cómo salir.
  • La mujer que no sabe cómo decirle al marido que deje de consumir.
  • Llamadas de personas que quieren asesoramiento para saber cómo acompañar al familiar adicto que ven autodestruirse progresivamente, sobre todo, cómo hacerle ver la realidad, cómo ayudarle.

El Gobierno recauda mucho, muchísimo, dinero con la venta de alcohol, tabaco, el juego y las apuestas deportivas.

¿Cómo debería el gobierno enfrentar el panorama de la crisis que viene en el ámbito de las adicciones?

El gobierno debería hacer más campañas de información respecto a cómo identificar mejor la adicción y diferenciar el consumo ocasional de un consumo adictivo. Debería hacer más sensibilización respecto del consumo de alcohol y sus consecuencias. Y, sobre todo, poner más límites a los juegos online y a las casas de apuestas. Lo que está haciendo actualmente son movimientos mínimos, y la razón es sencilla: el gobierno recauda mucho, muchísimo, dinero con la venta de alcohol, tabaco, el juego y las apuestas deportivas. Da la impresión de que no haya mucho interés en acabar con esta lacra.

El gobierno debería dirigirse a los jóvenes, a las familias, para concienciar de que pueden sufrir un problema de adicción en sus entornos, y qué soluciones y recursos tienen si les ocurre. Porque hay alternativas de todas clases, públicas y privadas, para tratar casos de adicción. Pero creemos que hay un beneficio recaudatorio por parte del Gobierno y no interesa intervenir demasiado en este ámbito. Cuando, en realidad, debería dar un golpe en la mesa y poner las cosas claras para ayudar a aquellas personas que lo necesitan y no fomentar más la adicción. Deberíamos estar viendo campañas relacionadas con los riesgos de caer en una adicción en tiempos de crisis por todos lados y en cada momento.


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