PSICOLOGÍA
¿Qué es la ansiedad y cómo se trata?
Claves para comprender un trastorno del estado de ánimo de cuyo nombre se abusa con frecuencia
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“La ansiedad es una respuesta de miedo, esa emoción básica que todos tenemos en nuestro bagaje emocional y que aceptamos como legítima, pero, en este caso, en lugar de responder ante una amenaza en el presente, se ubica hacia una amenaza futura, incierta, que no podemos tocar ni oler ni percibir. De esta forma, le aportamos a esa amenaza muchos detalles de nuestra propia cosecha, como inquietudes e inseguridades”.
Así define el doctor en psicología Joaquín Mateu Mollá a la ansiedad, un estado que, como él mismo aclara al CIA de Adictalia, dista de la experiencia que muchas personas acusan habitualmente cuando “sienten cierto nerviosismo” y que configura un trastorno. Aunque esa inquietud desagradable se confunda con ansiedad, “son cosas diferentes”, resuelve el investigador y director del Máster en Gerontología y ACP de la Universidad Internacional de Valencia.
En la segunda parte de esta entrevista, que publicaremos próximamente, Mateu Mollá trata la relación entre ansiedad y adicción. Pero antes, conviene profundizar en qué consiste realmente la ansiedad, más allá de la confusión común en la que caemos cuando nos referimos con ella a una inquietud puntual.
Las 3 dimensiones de la ansiedadLas tres dimensiones de la ansiedad
– Además del miedo a una amenaza futura e incierta, ¿qué otros elementos caracterizan la ansiedad?
– Además de este elemento fundamental, la ansiedad tiene una realidad tridimensional:
- La mayoría de personas hablan de una ansiedad fisiológica: el corazón late rápido, sudoración… Es lo que reconocemos rápidamente como ansiedad y relacionamos con el ataque de pánico, que es la forma más vehemente de ansiedad.
- La ansiedad también es cognitiva. Se manifiesta en forma de preocupaciones, rumiación. Es decir: dar vueltas a algo ocurrido en el pasado, intentando desentrañar posibles detalles que nos hagan sentir incluso más azorados de lo que ya estábamos.
- La ansiedad tiene un componente motor. El escape y la evitación son dos respuestas ansiosas fundamentales, sobre todo en el contexto de las adicciones.
– ¿Es normal sentir ansiedad?
– Es una respuesta totalmente normal que tenemos las personas. Hablar de apartar y erradicar la ansiedad de nuestras vidas es completamente imposible. La ansiedad es parte de los humanos, somos animales muy complejos y con una fuerte carga cognitiva.
Todas las personas vamos a vivir con ansiedad de una forma u otra. Se trata de aprender a gestionarla, a convivir con ella, a tener una relación armónica. Porque forma parte de nosotros, al igual que las piernas y brazos componen nuestro cuerpo, la ansiedad forma parte de nuestra mente.
– ¿Pero cuándo la ansiedad se transforma en un problema?
– La ansiedad se convierte en un problema cuando se transforma en un trastorno. Los trastornos de ansiedad son distintos a la ansiedad entendida como respuesta natural y que nos acompaña a lo largo de la vida. Eventualmente, esa ansiedad puede convertirse en algo patológico. Esto da lugar a situaciones clínicas como:
- Trastorno de ansiedad generalizada.
- Trastorno de pánico, con o sin agorafobia.
- Fobias específicas.
- Fobia o ansiedad social.
En estos casos, la ansiedad está limitando poderosamente nuestras vidas. Cuando somos pequeños, también existen formas específicas de ansiedad, como el trastorno de ansiedad por separación, mutismo selectivo… Todas estas realidades, lo que hacen es complicar nuestra libertad, es decir, que dificultan nuestra actividad diaria.
En ese sentido, la ansiedad limita:
- Actividades de ocio.
- Relaciones sociales.
- Desarrollo profesional.
- Vida académica.
En definitiva, cuando vemos limitadas áreas importantes de nuestra vida y que nuestra calidad de vida se resiente, es cuando la ansiedad ha pasado el umbral de ser una experiencia normal a un cuadro patológico que nos domina. Por tanto, si bien la ansiedad es un sentimiento que está para echarnos una mano, cuando se convierte en algo patológico, deja de hacerlo. Porque somos nosotros entonces quienes rendimos pleitesía a la ansiedad y condicionamos nuestra vida.
Síntomas de la ansiedadSíntomas de la ansiedad
–¿Qué síntomas tiene la ansiedad? ¿Cómo lo podemos detectar?
– Primero, hay que tener en cuenta que nadie tiene una ansiedad exactamente igual a la de otra persona. A veces solemos compararnos: “Es que esta otra persona también tenía ansiedad, pero lo que a mí me ocurre no es exactamente lo mismo”. Cuando, en este caso, si bien es otro problema de ansiedad, también requiere atención.
Para entender cómo son los síntomas de la ansiedad hay que tener en cuenta tres dimensiones de síntomas:
Síntomas fisiológicos de la ansiedad. Consiste en una activación del sistema nervioso simpático, una rama de nuestro sistema nervioso autónomo que tiene la función de activarnos. Imaginemos que estamos en una sala y entra un león por la puerta. En ese momento experimentamos una sensación de miedo, porque la amenaza es inminente, que es lo que la diferencia de la ansiedad: el león está presente delante de nosotros y nos puede hacer daño. Entonces, nuestro cuerpo se activa rápidamente para emitir una respuesta de lucha o huida.
Todas las personas vamos a vivir con ansiedad de una forma u otra. Se trata de aprender a gestionarla, a convivir con ella, a tener una relación armónica.
En este momento:
- Nuestro corazón late rápido, para llevar sangre a las extremidades.
- Empezamos a sudar rápidamente, para refrescar esa hipertermia resultante de la hiperactivación de nuestro sistema cardíaco.
- Nuestra boca se seca.
- El sistema digestivo y nuestro sistema nervioso autónomo intentan eliminar todo lo que pueda aligerar nuestro cuerpo, por lo que solemos orinar más o ir con mayor frecuencia al baño cuando estamos con ansiedad.
- Sentimos temblores y la respiración se acelera, lo que se conoce como taquipnea.
En definitiva, una serie de sensaciones físicas bastante perturbadoras que, al experimentarlas, la persona llega a sentir que se muere, que va a sufrir un ataque al corazón. Es una situación horrorosa y sugerente de enfermedad. Y precisamente, estos pensamientos nos asustan y acentúan todavía más las sensaciones desagradables, hasta llegar al punto de la crisis o ataque de pánico.
En personas que durante su infancia atravesaron momentos de dificultad prolongados en el tiempo, pueden aparecer otras sensaciones junto a estas. Hablamos de casos que han vivido en la niñez situaciones muy complejas, como negligencias o abusos. Cuando eso ocurre, es frecuente que los síntomas fisiológicos vayan acompañados de:
- Despersonalización: la sensación de estar desapegados de nuestro cuerpo, como si fuéramos autómatas, y de nuestros procesos mentales, como si los pensamientos discurrieran al margen de nuestra voluntad y fuéramos unos observadores externos.
- Desrealización: el entorno, aquello que podemos observar a nuestro alrededor, se torna raro, confuso, adquiere un matiz perturbador.
Muchas personas piensan que están perdiendo la cordura cuando experimentan estas sensaciones. Pero la realidad es que no. Afortunadamente, son sensaciones breves y tan pronto como pasa esa crisis de ansiedad tienden a revertir junto al resto de síntomas físicos.
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– ¿Existen otras señales que alerten de un estado de ansiedad?
– Los síntomas fisiológicos son los más llamativos, pero también existen los síntomas cognitivos y motores.
En cuanto a síntomas cognitivos hablamos, por ejemplo, de preocupación. Esa preocupación es interesante de analizar, porque en el trastorno de ansiedad generalizada, que es donde más aparece, la persona tiende a pensar que preocuparse es útil para su vida. Es decir, que si deja de preocuparse le pasarían cosas terribles.
Por tanto, les cuesta muchísimo desprenderse de la preocupación, que se convierte en una estrategia de afrontamiento en todas las áreas de la vida. Incluso a las cosas cotidianas, que la mayoría pasamos por alto, pero que las personas con ansiedad generalizada pueden encallarse en esas pequeñas cosas.
Dentro de lo cognitivo también hablamos de la rumiación: el recuerdo constante de hechos del pasado o pensamientos recurrentes de carácter invasivo, a menudo negativos, que irrumpen a mitad de la noche e impiden dormir. De hecho, el insomnio es común en la ansiedad. Tanto el insomnio de conciliación del sueño, donde la persona tarda mucho en dormirse, como el insomnio de mantenimiento: despertarse muchas veces a lo largo de la noche, interrumpiendo un sueño reparador y, en consecuencia, sintiéndonos cansados al día siguiente.
Junto al insomnio, los problemas para alimentarnos adecuadamente también forman parte de los síntomas cognitivos de la ansiedad.
Cuando vemos limitadas áreas importantes de nuestra vida y que nuestra calidad de vida se resiente, es cuando la ansiedad ha pasado el umbral de ser una experiencia normal a un cuadro patológico que nos domina.
– ¿Y cuáles son los síntomas motores de la ansiedad?
– Los síntomas motores de la ansiedad son el escape, la evitación y el freeze o congelación.
- El escape se da cuando me estoy enfrentando a la situación que me genera ansiedad y hago todo lo que está en mi mano para apartarme de ella. Pero ya me estoy enfrentando, ha irrumpido súbitamente en mi vida y actuó alejándome.
- La evitación es cuando cambio mis rutinas del día con el propósito de no coincidir con aquello que temo o con la situación que me podría generar ansiedad. Por ejemplo, las personas con ansiedad social que deben hacer una presentación en público y hacen todo lo posible para evitarla.
- El freeze o congelación es mucho menos conocida. Es una respuesta de ansiedad tan extrema que el cuerpo se queda completamente paralizado, prácticamente no nos podemos mover. Por ejemplo, cuando vamos a cruzar un paso de cebra y de pronto un coche nos pita y nos quedamos congelados. Esto tiene una connotación evolutiva: cuando éramos seres primitivos que vivíamos en la Naturaleza y aparecía un depredador acechandonos, nos quedábamos quietos para ser menos visibles o, incluso, parecer un cadáver, pues no eran carroñeros. Esta respuesta de congelación ha quedado impresa en nuestros genes, y cuando nos enfrentamos a una situación de profunda adversidad, puede surgir.
Estas son las tres dimensiones sintomatológicas de la ansiedad. Pero cada persona vive de forma distinta estos síntomas, con lo que debemos comprender cuál es nuestro perfil particular de ansiedad.
Ansiedad, miedo, angustia y estrésLa diferencia entre ansiedad, miedo, angustia y estrés
– ¿Cuál es la diferencia entre ansiedad y miedo?
– El miedo es quizás la experiencia más cercana a la ansiedad. Es una respuesta emocional primitiva, dependiente de estructuras profundas de nuestro cerebro: la amígdala y su relación con la corteza prefrontal, la ínsula… Estructuras cerebrales muy importantes para el procesamiento afectivo.
El miedo es una experiencia emocional que surge con el objetivo de generarnos una experiencia difícil, para evitar esas situaciones que podrían suponernos un daño. El miedo es un sentimiento adaptativo: probablemente podamos estar hoy haciendo esta entrevista porque el miedo ha formado parte de nuestras vidas. De no ser así, nos habríamos convertido en animales imprudentes que se enfrentan a situaciones calamitosas sin pensarlo en absoluto. Por tanto, el miedo es importante y, a no ser que nos desborde, suele ser un buen consejero.
La diferencia entre el miedo y la ansiedad reside en que la ansiedad tiene un componente mucho más cognitivo profundo. Y que el foco se desplaza hacia el futuro, mientras que el miedo lo es hacia el presente.
Cada persona vive de forma distinta los síntomas de la ansiedad, con lo que debemos comprender cuál es nuestro perfil particular de ansiedad.
– ¿Cuál es la diferencia entre ansiedad y angustia?
– La angustia, por su parte, es un fenómeno más complejo. Desde el punto de vista filosófico hay autores que la han tratado. Por ejemplo, Søren Kierkegaard hablaba de la angustia como la sensación que emerge cuando nos autopercibimos como finitos en comparación con la infinitud del universo que nos rodea. Cuando sentimos que somos una pequeña mota de polvo en la inmensidad del tiempo y el espacio. Una sensación de pequeñez que genera una angustia existencial desde la perspectiva filosófica.
Pero también hay otro componente de la angustia: el angor, del que hablaban los alemanes. Es esa sensación de opresión en el pecho. La angustia como una sensación de que no podemos escapar, de que me siento completamente bloqueado. Esa es la forma más próxima y coloquial de la propia angustia. Desde ese punto de vista, la diferencia con la ansiedad reside en que la angustia es eminentemente física.
– ¿Cuál es la diferencia entre ansiedad y estrés?
– En cuanto al estrés, ¿quién no vive con estrés? Todos lo tenemos y huir de él es imposible, al igual que lo es hacerlo de la ansiedad. Son experiencias que tenemos que aprender a armonizar.
Dentro de la psicología hay un término que nos habla del estrés cuando adquiere connotaciones negativas: el distrés. Autores clásicos, como Saily, hablaban de cómo nuestro cuerpo reacciona ante una amenaza y todos nuestros recursos cognitivos se ponen en marcha. Ocurre algo muy interesante: cuando nos enfrentamos a una situación compleja que nos genera estrés, porque nos demanda una respuesta adaptativa, las personas experimentamos dos reacciones en paralelo:
- Valorar la situación en todas sus dimensiones. Esta es la primera, ver qué implicaciones tiene para mi vida y para las de quienes me rodean.
- Valorar qué recursos tenemos para resolver esa situación. Esta es la segunda.
Estas valoraciones se hacen de forma automática. Es decir, no las realizamos de manera secuencial y consciente, sino que surgen de forma espontánea. Entonces, el distrés aparece cuando hay una disonancia entre ellas. En el sentido de que la situación es mucho más grave y tiene muchas ramificaciones y me percibo incapaz de hacerle frente. En este caso, nos encontramos con el distrés, que es el estrés patológico.
– ¿Qué es concretamente el distrés?
– El distrés se caracteriza por una respuesta de alarma, seguida de una fase de mantenimiento, donde nos esforzamos al máximo para continuar viviendo, pese a que está presente esa situación adversa. Si esta se mantiene durante mucho tiempo, caemos en una fase de declive o agotamiento en la que pueden surgir, sobre todo, los trastornos mentales o psicológicos, pero también del organismo, a nivel endocrino, o cardiovasculares.
El estrés se puede considerar la fase previa al trastorno de ansiedad o del estado de ánimo. Y muy especialmente cuando nos enfrentamos a la desesperanza aprendida. Esta se genera cuando la persona considera que nada de lo que pueda hacer para solucionar una situación será efectivo.
Esto ocurre cuando las personas tienen la autoestima muy afectada y han desarrollado una baja autoeficacia. Como consecuencia, se consideran incapaces de lidiar con las situaciones problemáticas. La respuesta de estrés se acentúa y con ella vienen las consecuencias de carácter emocional, incluyendo los trastornos ansiosos.
Causas de la ansiedadLas causas de la ansiedad
– ¿Por qué una persona desarrolla ansiedad?
– Hay muchas variables que influyen en el desarrollo de la ansiedad. La literatura científica habla incluso de componentes genéticos. Estos son muy difíciles de separar de lo que es el aprendizaje propiamente dicho. Por ejemplo, si nuestros padres padecieron trastornos de ansiedad o del estado de ánimo, es más probable que nosotros lo desarrollemos en algún momento de nuestra vida.
Pero es muy difícil entender si es una cuestión genética transmisible, que luego se expresa a nivel fenotípico en forma de trastorno de ansiedad, o si es un aprendizaje social. Es decir, porque vivimos junto a esa persona en un contexto concreto y aprendimos cuál es su forma de reaccionar conductual y emocionalmente ante los hechos.
Por tanto, hay una cuestión de aprendizaje en la infancia, de lo que vemos en las figuras de apego, pero también hay una parte genética, cuya aportación al total de la respuesta ansiosa todavía no está clara. En cualquier caso, sería una combinación de muchos genes y no sería una transmisión simple, más bien bastante compleja.
No solo importan aquellas cosas que sucedieron en nuestra infancia y sobre las que no teníamos control, sino también la respuesta que tengamos ante situaciones de ansiedad.
– ¿Y cómo pueden marcarnos las experiencias durante nuestro desarrollo en la posibilidad de sufrir ansiedad?
– Los trastornos de ansiedad se diferencian en tipos. Por ejemplo, en los casos de trastorno de ansiedad social es común que haya habido experiencias de humillación en momentos críticos del desarrollo (últimas etapas de la niñez o en la adolescencia). En estas etapas es cuando tenemos mayor necesidad de vincularnos y relacionarnos con otras personas, sobre todo de iguales. Si en estos momentos vivimos experiencias de rechazo, como bullying, el riesgo de padecer ansiedad social aumentará.
También hay personas especialmente vulnerables a las sensaciones físicas: es lo que llamamos “susceptibilidad” o “sensibilidad a la ansiedad”. En estos casos también hay mayor probabilidad de que la persona desarrolle un trastorno de ansiedad en cualquier momento de su vida.
Por ejemplo, las personas que se criaron en entornos impredecibles, con padres que se mudaban habitualmente, y de niños tenían dificultades para anticipar con claridad qué iba a suceder, tienen un riesgo de trastorno de ansiedad generalizada: preocupaciones por tener control sobre todo lo que sucede en nuestra vida.
– ¿Cualquier persona puede sufrir en algún momento una crisis de ansiedad?
– En este punto me gustaría mencionar que casi todos vamos a vivir en algún momento de nuestras vidas una crisis de ansiedad en forma de pánico. Sin embargo, hay personas que a partir de esa experiencia desarrollan un trastorno de pánico y otras que no.
Si cuando tenemos una experiencia de ansiedad así de intensa somos capaces de percibir las sensaciones como completamente naturales e inocuas, sin riesgo de daño, la interpretación no es catastrófica y el trastorno no se consolida. En cambio, si nos asustamos profundamente, tratamos de buscar una explicación a por qué ha sucedido, actuamos de forma deliberada para evitar que vuelva a suceder y condicionamos nuestra vida en torno a ese hecho, la probabilidad de que se convierta en un trastorno se dispara exponencialmente.
No solo importan aquellas cosas que sucedieron en nuestra infancia y sobre las que no teníamos control, sino también la respuesta que tengamos ante situaciones de ansiedad. Por eso es fundamental conocer bien qué es la ansiedad, y la nuestra en particular, que es diferente a las demás, y actuar en consecuencia para que no acabe por limitar nuestras vidas.
Cuando se vive un episodio de ansiedad hay que entenderlo como algo natural. Esa desdramatización va a contribuir a que la ansiedad tenga su lugar concreto e inunde nuestras vidas.
Tratamiento y herramientas
Tratamiento y herramientas para la ansiedad
– ¿Qué puede hacer una persona para regular la ansiedad?
– Cada herramienta tiene un propósito. Por ejemplo, en España, la que más se utiliza, por desgracia, son los ansiolíticos. El consumo de estas sustancias es una herramienta interesante, funciona bien. Actuando sobre un receptor de nuestro cerebro, llamado GABA. Este es un neurotransmisor inhibidor, el más importante de todos los de este tipo. Cuando el ansiolítico activa el GABA, nuestro sistema nervioso se atenúa, se relaja y apenas en minutos conseguimos atajar las sensaciones físicas de la ansiedad: la respiración acelerada, los latidos del corazón, etcétera. Pero el GABA no actúa sobre lo cognitivo y lo motor. Únicamente actúa sobre la parte eminentemente fisiológica.
A menudo, para abordar el componente cognitivo de la ansiedad se recetan antidepresivos. Y la gente puede pensar: “¿Antidepresivos para la ansiedad…?” Sí, se dan antidepresivos porque actúan sobre la corteza prefrontal, reduciendo las rumiaciones y la preocupación.
Por tanto, la farmacología es una herramienta a nuestra disposición, siempre bajo supervisión facultativa. Porque son medicamentos que han de ser retirados en el menor tiempo posible, porque pueden generar adicción. Está más que documentado que a partir de los tres o cuatro meses pueden generar dependencia cuando no existe supervisión. Son sustancias verdaderamente complejas de retirar, sobre todo las benzodiacepinas, más que los antidepresivos.
Otras herramientas que podemos aprovechar y emplear son la relajación y meditación. Ambas tienen amplia evidencia científica en cuanto a su capacidad para ayudarnos a lidiar con la sintomatología ansiosa. Cuando respiramos profundamente (respiración diafragmática) activamos el sistema nervioso parasimpático. Si el sistema simpático es el encargado de generar las sensaciones fisiológicas de ansiedad, el parasimpático actúa de forma contraria: bloqueando las respuestas fisiológicas de ansiedad.
Otra herramienta efectiva es la práctica del mindfulness. Es una estrategia de meditación que introdujo Jon Kabat en los años 50-60, y que nos ancla al momento presente. Su eficacia es muy interesante porque, según la evidencia científica, ayuda al desarrollo de la parte de nuestro cerebro neocortical y la corteza prefrontal. Así podemos coger el pensamiento que nos está atenazando y mantenerlo en segundo plano, para centrar la atención en cosas más importantes.
Quienes hayan vivido con ansiedad sabrán que les puede costar mucho concentrarse en un libro cuando están estudiando, en una película o en una serie, porque emergen pensamientos que capturan por completo la atención. Por tanto, el mindfulness permite incidir en los síntomas cognitivos de la ansiedad a partir del fortalecimiento de la función de la corteza prefrontal. Esto nos permite vivir y dedicarnos a nuestras obligaciones, responsabilidades y ocio dejando de lado la ansiedad.
– Por tanto, más que farmacología, meditación y mindfulness…
– Otra herramienta muy importante, y sobre la que siempre insisto, es el apoyo social. Es un mediador fundamental entre el estrés que podemos sentir, como individuos que nos enfrentamos a muchas adversidades en nuestras vidas, y las consecuencias psicopatológicas de ese estrés. Se trata de contar con personas con las que podemos hablar de lo que nos preocupa y nos hace sentir mal. Y que pueden apoyarnos con recursos materiales en caso de que los necesitemos.
Por otra parte, es fundamental reconocer la ansiedad como una experiencia legítima, que debemos vivir, que es parte de nosotros, y no tratarla de forma dramática. Cuando se vive un episodio de ansiedad hay que entenderlo como algo natural. Esa desdramatización va a contribuir a que la ansiedad tenga su lugar concreto e inunde nuestras vidas.
Se trata, en definitiva, de mecanismos muy sencillos, complementados con otros como:
- Descansar bien. Las estrategias de higiene del sueño serán mejor que cualquier fármaco.
- Comer de forma equilibrada.
- Practicar ejercicio físico, sobre todo en ambientes naturales y de día.
– ¿Y si después de todo ello vemos que los síntomas ansiosos siguen estando presentes?
– Consultar con un profesional de la salud mental. Por desgracia, en España no hay tantos como nos gustaría en el sector público. Son muy pocos y no cubren la demanda tremenda y creciente que estamos experimentando como sociedad. A esto se suma que los honorarios de los profesionales del sector privado son más altos. Todo esto hace que muchas personas que lo necesitan no puedan tener ese cuidado que merecen.
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