SUSTANCIAS
Cannabis y alcohol combinado en jóvenes: el cóctel que daña cuerpo y mente
LAS DOS SUSTANCIAS MÁS CONSUMIDAS POR ADOLESCENTES, QUE DESCONOCEN LOS RIESGOS
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Por las mañanas, Marcos va al instituto. Por la tarde, cuando ha terminado todo lo que tiene que ver con las clases, se enciende un porro. Bien en su habitación o con los amigos. Al principio era solo los fines de semana. Ahora es un hábito, todos los días sin falta.
Él dice que le “ayuda a relajarse”, a desconectar después de las clases o a reírse más cuando está con su grupo.
Si el consumo de cannabis es diario, el de alcohol se ha quedado en noches marcadas: cumpleaños de amigos, una noche de sábado que están todos reunidos…
A veces ocurre algo más: un par de cervezas y después un porro, o al revés. Independientemente, ni Marcos ni nadie de su grupo le dan importancia. De hecho, se comenta que una cosa compensa a la otra, que así sube menos el alcohol o que el colocón del cannabis es más suave.
Marcos nunca ha pensado demasiado en ello, puede que porque todavía no está notando los efectos. Pero su cuerpo y mente sí están recibiendo un impacto importante. Más cuando el consumo de alcohol y cannabis es combinado.
Desde el Centro Informativo de Adicciones de Adictalia surge una pregunta que muchos adolescentes, incluido Marcos, rara vez se hacen: ¿Qué ocurre en el cuerpo adolescente cuando se combinan cannabis y alcohol?

Alcohol en adolescentes: una sustancia normalizada desde muy pronto
Hablar de consumo de alcohol en adolescentes españoles es referirse a una realidad extendida y profundamente normalizada.
El alcohol forma parte de la cultura: está presente en celebraciones, reuniones sociales y contextos de ocio desde edades tempranas. Lo corroboran los datos ofrecidos por el Plan Nacional Sobre Drogas, que sitúan al alcohol como la sustancia psicoactiva más consumida en España. Esto hace que muchos jóvenes crezcan con la percepción de que el alcohol es cotidiano, incluso inevitable.
Si observamos la encuesta ESTUDES 2024, que analiza el consumo de distintas sustancias por parte de estudiantes de entre 14 y 18 años, estos se inician en el consumo de alcohol a los 16 años y, además, 7 de cada 10 reconoce haber bebido el último año.
Estos datos esconden un detalle, muchas veces olvidado: el cerebro adolescente se encuentra en desarrollo cuando aparece el consumo de alcohol. Y muchos jóvenes pasan por alto los problemas que esto supone:
- El deterioro de funciones cognitivas, como la memoria, la atención o la capacidad de aprendizaje.
- Una mayor impulsividad y dificultad para valorar los riesgos.
- Mayor probabilidad de accidentes, conductas de riesgo o conflictos.
- Mayor vulnerabilidad a desarrollar consumos problemáticos en la edad adulta.
Pero el desarrollo cerebral no es lo único que se pasa por alto. Muchas veces tampoco se tiene en cuenta el contexto en el que se bebe. El alcohol está asociado a dinámicas de grupo, donde beber se convierte en una forma de integrarse, participar en el plan y evitar quedarse fuera.
Cuando esto ocurre, el consumo deja de ser solo una sustancia y se convierte en una forma de pertenecer. Y en este mismo contexto social suele aparecer otra droga: el cannabis.
Jóvenes y cannabis: cuando se conocen los riesgos, pero el consumo continúa
A diferencia de lo que muchos pueden pensar, los jóvenes en España piensan que el consumo habitual de cannabis puede tener consecuencias para la salud. De hecho, la encuesta ESTUDES 2025 releja un dato llamativo: el 94% de los adolescentes se posicionan a favor de esta idea.
Es decir, la percepción de riesgo existe, pero la conciencia no se traduce en una reducción del consumo. El cannabis es la sustancia psicoactiva ilegal más consumida entre los adolescentes en España.
Para algunos se trata de una experiencia puntual, pero en otros casos el consumo se vuelve más frecuente y acaba formando parte de la rutina.
Este aparente contraste (saber que es perjudicial y aún así consumir) tiene varias explicaciones:
- Los efectos negativos del cannabis no aparecen de forma inmediata.
- No hay una resaca evidente al día siguiente ni sensación física tan clara como sí hay en el caso del alcohol.
Pero que los efectos no se vean a simple vista no quiere decir que sean inexistentes. El THC, principal componente psicoactivo del cannabis, actúa en una red de receptores cerebrales implicados en procesos clave como:
- La memoria y la concentración.
- El aprendizaje y el rendimiento académico.
- La regulación emocional y un mayor riesgo de ansiedad y síntomas depresivos.
- La motivación.
Precisamente porque estos cambios aparecen de forma gradual, el consumo de cannabis puede consolidarse sin que el adolescente o su entorno identifiquen el impacto.
Y cuando el cannabis ya forma parte de ciertos planes o rutinas, es habitual que se mezcle con otras sustancias. Una de las más habituales: el alcohol.
cannabis y alcohol
Cuando cannabis y alcohol se combinan: por qué aumenta el riesgo
Para muchos jóvenes, combinar alcohol y cannabis parece algo sin demasiada importancia.
De hecho, en algunos contextos se percibe como algo habitual: beber primero y fumar después, o alternar ambas sustancias durante la misma noche.
Sin embargo, desde el punto de vista médico y neurobiológico, esta mezcla tiene implicaciones importantes: el alcohol es un depresor del sistema nervioso central, mientras que el cannabis altera la percepción, la coordinación y la regulación emocional.
Cuando ambas sustancias se consumen juntas, sus efectos no se neutralizan. Se potencian entre sí. Esto puede provocar efectos más intensos y menos predecibles en el organismo.
A corto plazo, la combinación puede aumentar:
- La desorientación y la pérdida de coordinación.
- Las náuseas, vómitos y mareos intensos.
- La somnolencia o los episodios de “blancazo”.
- Las lagunas de memoria.
- El riesgo de accidentes, caídas o situaciones de vulnerabilidad, especialmente en contextos nocturnos o de ocio.
Pero más allá de estos efectos inmediatos, el impacto en el cerebro adolescente puede ser más profundo. La combinación de alcohol y cannabis afecta a sistemas cerebrales implicados en la memoria, el aprendizaje, el control de impulsos y la toma de decisiones.
En un cerebro en desarrollo, estas alteraciones pueden interferir en procesos fundamentales para la maduración emocional y cognitiva.
Además, el policonsumo (el uso simultáneo de varias sustancias) aumenta el riesgo de que el consumo se vuelva más frecuente y difícil de controlar con el tiempo.
No se trata solo de la suma de dos drogas. Se trata de cómo interactúan entre sí dentro del organismo. Y cuando esto ocurre durante la adolescencia, las consecuencias pueden acompañar durante muchos años.

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.
El consumo de alcohol y cannabis suele aparecer en contextos cotidianos de la adolescencia: planes con amigos, fiestas o momentos de desconexión. Aunque muchos jóvenes saben que pueden tener riesgos, la sensación de control o la falta de consecuencias inmediatas hace que esa mezcla se repita sin demasiadas preguntas.
Conocer lo que está pasando en el cuerpo y en el cerebro puede ser el primer paso para mirar el consumo con más perspectiva y empezar a hacerse preguntas que antes no estaban ahí.
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Equipo Adictalia
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