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ADICCIÓN Y TRABAJO

Adicción en el trabajo: ¿por qué ayudar a la persona empleada a tratarse?

Beneficios para las empresas cuando deciden apoyar a quienes sufren dependencia en lugar de despedirles

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javier gonzalez suarez psicólogo laboral
Psicólogo especializado en desarrollo de personas en el ámbito laboral | Web

Durante 15 años, Carmen se levantaba todos los días a las seis de la mañana con alegría para ir a su trabajo en bici. Carmen siempre amó su profesión y su empresa, ha llegado a considerar a sus compañeros y compañeras como parte de su familia. Por todo esto, intentaba esforzarse al máximo, “ponerse la camiseta”, como se dice,  para cumplir los objetivos laborales. Pero desde hace un año las cosas empezaron a cambiar. Más bien, Carmen sufrió una transformación.

Tanto sus compañeros como su jefa han percibido estos cambios: en sus actitudes, en su forma de actuar, en su desempeño. En la última comida de empresa, notaron un comportamiento demasiado extrovertido, extraviado incluso, con ausencias prolongadas y reacciones impulsivas, impropio de Carmen. También observaron que bebía más de la cuenta, aunque le restaron importancia al tratarse de un contexto de celebración. 

Pero el comportamiento de Carmen empeoró y no se quedó en una anécdota de comida de empresa. Se presentaba con peor aspecto cada mañana, descuidada, poco aseada. Su productividad descendió, llegaba tarde o ni siquiera iba a trabajar, se implicaba cada vez menos… A las personas más íntimas llegó a pedirles dinero, que aún no ha devuelto. Y le pillaron diversas mentiras sobre sus circunstancias personales. Sin embargo, nadie imaginaba por lo que estaba pasando Carmen.

Existe, en general, una falta clara de sensibilidad sobre estas situaciones. No se considera un problema de salud, sino un “vicio” de la persona

Un día su madre –las progenitoras son normalmente las que están allí para cuidar y pedir ayuda, según la experiencia de Adictalia– llamó a la empresa para hablar con su jefa. Entonces le informó de que Carmen estaba enferma. Pero no de una gripe, sino de algo más profundo: adicción. Una enfermedad desconocida y estigmatizada por la sociedad. Esto explica tantos cambios de actitud, tantos desvaríos.

Para la jefa hubiese sido relativamente sencillo buscar una excusa para despedir a Carmen. Sin embargo, optó por no hacerlo. Ambas, jefa y trabajadora, tuvieron una charla sincera y profunda. “No te preocupes, eres importante para la empresa y quiero que resuelvas este problema por el que estás pasando. No voy a despedirte, voy a ayudarte”, le aseguró la jefa, y Carmen se desplomó. 

Era consciente de que necesitaba ayuda, y recibirla la emocionaba: su vida se había transformado en un infierno incontrolable y pensar que era mala persona no le hubiese ayudado nada. El respaldo del entorno laboral era un impulso potente para volver a ser la profesional y la persona que era. Algo beneficioso tanto para ella como para la empresa.

El problema es que las opciones en la Seguridad Social no eran inmediatas: las listas de espera eran abultadas. Así que llegaron a un acuerdo para poder financiar un tratamiento privado

El caso de Carmen, claro, no es lo más común en las empresas, aunque existen excepciones loables, como puede corroborar Adictalia. Esta trabajadora encontró una jefa que no se dejó llevar por los prejuicios que rodean a esta enfermedad y evitó mirar solo por el interés de la productividad a corto plazo. Sino que fue capaz de observar todos los beneficios humanos y económicos de apoyar a una persona trabajadora con adicción a recuperar sus aptitudes, incluso a mejorarlas.  

¿Y cuáles son estos beneficios? Adictalia conversó con el psicólogo laboral Javier González Suárez, sobre cómo la empresa o empresarios puede ayudar a las personas con adicción y de qué forma puede esta decisión ética redundar en la organización. 

La opinión de un psicólogo laboral

Empresas frente a la adicción: la opinión de un psicólogo laboral

– ¿Cómo se suele detectar si una persona de la plantilla tiene un consumo problemático o una adicción?

Un consumo problemático o una adicción suele detectarse por sus consecuencias. Es decir, hay cambios observables en cómo se comporta la persona, como por ejemplo:

  • Muchos cambios de humor.
  • Irritabilidad excesiva en personas que anteriormente no la mostraban, lo cual puede generar muchos conflictos en relaciones con compañeros, con compañeras o, incluso, con superiores dentro de la empresa.
  • Cambios en el desempeño profesional de la persona. No solamente el absentismo o los retrasos, sino también a la hora de ejecutar su trabajo al reducir el ritmo y capacidad de concentración.
  • Los errores excesivos, con el peligro que esto conlleva para la propia persona y para sus compañeros y compañeras. 
  • A estos se suman indicadores más obvios, más directos, como pueden ser síntomas físicos en la persona; cambios o deterioro de la higiene u olores (alcohol). Aunque en muchos casos la adicción no es tan fácilmente detectable.

– ¿Cómo suelen actuar las empresas en estos casos? Es decir, la realidad.

– La realidad es que las empresas no suelen afrontar estos casos de frente, de forma directa y clara. Tienden a considerarlo más bien un problema exclusivamente de la persona. Solamente actúan cuando representa un problema para la empresa, bien porque repercute en el rendimiento laboral o porque suscita alguna circunstancia problemática. En todo caso, lo suelen considerar como un problema individual, de la persona.

En ese momento, la actuación de la empresa suele orientarse hacia medidas negativas. Tal y como ocurriría con otra persona que no está desempeñando adecuadamente su actividad laboral por cualquier otro motivo. Suelen considerar que “no está realizando bien” su trabajo, sin ningún tipo de atenuante. 

De ahí que se llegue a actuar con frecuencia a través de advertencias, de sanciones, incluso llegar al despido. Siempre, claro, dependiendo de cuál es la normativa, el convenio, la legislación que aplique dentro de esa empresa.

– Bajo tu punto de vista, ¿cuál sería el procedimiento ideal?

– Existe, en general, una falta clara de sensibilidad sobre estas situaciones. No se considera un problema de salud, sino un “vicio” de la persona. Algo que la persona “hace voluntariamente” y que, por tanto, ella es la única responsable de salir de ese consumo de sustancias o de esa adicción comportamental (por ejemplo, juego).

Evidentemente, contrariamente a lo que suelo ver en la práctica, la forma de abordar esta situación es mucho más compleja, y debería implicar apoyo y asistencia a la persona.

Qué cosas no debe hacer un empleador con su equipo de trabajadores/as.

– ¿Cómo puede la empresa ayudar a esta persona, qué opciones tiene actualmente para hacerlo?

– Las empresas no suelen contar con recursos propios para ayudar a las personas con adicción o consumos problemáticos. Sólo conozco algún caso muy puntual en que sí cuentan con servicios médicos y psicológicos propios

Por otra parte, sí que es cierto que hay una tendencia general a que las empresas se preocupen más por el bienestar de las personas. Este es un tema cada vez más importante: preocuparse por su bienestar. Y las adicciones deberían incluirse dentro de esa preocupación.

Siempre tienen la posibilidad, no obstante, de derivar estos casos a servicios especializados. Por ejemplo, a las mutuas con las que colaboran en este tipo de situaciones u otro tipo de servicios de asistencia públicos o privados.

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.

– ¿Qué crees que gana la empresa si consigue ayudar a una persona con este problema, además de la labor social?

– Una frase que oigo muy recurrentemente en el ámbito laboral, en empresas privadas, es: “una empresa no es una ONG”. Efectivamente, detrás de esa frase está el concepto de “aquí estamos para ganar dinero”. Paralelamente, se llenan la boca con palabras como “responsabilidad social” o “bienestar de los trabajadores”.

Pero incluso si sólo tuviésemos en cuenta el concepto de que la empresa privada persigue un beneficio económico, una rentabilidad, debemos comprender que también hay beneficios claros ayudando a una persona con adicción. Más allá de la labor social o de la responsabilidad social, directamente es una forma de mejorar la productividad empresarial, porque recuperamos a una persona en su puesto de trabajo, mejoramos su ritmo de trabajo, se reducen los errores que comete, tendrá mayor concentración, etc.

También es una forma de incentivar la “retención del talento” (una palabra que a mí me chirría un poco, porque me suena a atar a gente con cadenas en su puesto de trabajo). En todo caso, aprovechamos el talento en la organización.

Otro tipo de problemas que se reducen son el absentismo o los conflictos relacionales entre compañeros/as o con superiores. Esto también redunda en una mayor productividad.

De forma indirecta, hay otras consecuencias que son también muy importantes (aunque a veces no se consideran así), como mejorar el clima laboral. Si reducimos los conflictos habrá un ambiente más positivo en los equipos. 

Incluso si sólo tuviésemos en cuenta el concepto de que la empresa privada persigue un beneficio económico, debemos comprender que también hay beneficios claros ayudando a una persona con adicción

Además, también mejoraremos la imagen de la empresa. Por un lado, para sus trabajadores y trabajadoras, que verán que la empresa se preocupa realmente por su bienestar. Por otro, porque este tipo de actuaciones consiguen cohesionar al grupo, generando un sentimiento de pertenencia o lealtad a la empresa. 

Este sentimiento surge tanto en la persona que ha sido ayudada, como en el resto del equipo. Porque la plantilla será testigo de cómo la compañía ayudó a un/a compañero/a. Se trata de aspectos muy importantes para atraer talento y para generar lealtad hacia la empresa, y construir una imagen corporativa positiva.

Esa imagen y esa reputación, evidentemente, trasciende a nivel externo, en su reputación de marca. Las empresas se preocupan mucho por eso, actualmente.

– ¿Crees que el estigma en torno a la adicción propicia el despido sin contemplación?

– “Despidos sin contemplación” no suelen darse, porque existe una legislación que una empresa no se puede saltar. Ahora bien, en muchos casos creo que lo harían si fuese legalmente posible.

La adicción conforma un tema muy incómodo para las empresas, tanto a nivel meramente productivo, de su actividad empresarial, como también de imagen, tanto interna como externa. Es un tema muy difícil de tratar.

En el fondo, las empresas no dejan de ser un reflejo de la sociedad en la que se encuentran. Y el estigma en torno a la adicción existe entre las personas que forman nuestra sociedad, evidentemente. Por tanto, esas mismas personas dentro del ámbito laboral mantienen ese mismo estigma hacia el concepto de la adicción.

Cómo ayudar al trabajador

Una opción para ayudar a un trabajador con adicción

La adicción es una enfermedad que no se elige tener: se es adicto como se es diabético o se sufre cáncer. Esto es así, aunque exista un estigma social poderoso sobre esta patología. Esto no quita que la persona, en tanto que enferma, sea responsable de tratarse, de admitir el problema y de hacerse cargo de las consecuencias de sus actos. Son dos cosas distintas. 

Iniciar el camino de la recuperación requiere inobjetablemente que la persona adicta tenga conciencia de enfermedad: que comprenda que tiene un problema y que debe tratarse en manos de profesionales. Y no es fácil que así sea. Del total de llamadas que ha recibido Adictalia desde su creación, sólo un 27% (5 mil) corresponde a personas conscientes de que su enfermedad les está afectando en su vida (este dato puede ser mayor, ya que no se registran la totalidad de llamadas).

Cinco mil personas, aproximadamente, que han detectado que la enfermedad de la adicción está afectando a su trabajo, a su familia, a sus emociones… a su vida

¿Cómo puede la empresa ayudar a una persona adicta de la plantilla?

Una de las vías es acudir a profesionales especializados en adicciones. Adictalia dispone de alternativas de asesoramiento para empresas que detectan esta enfermedad en sus entornos laborales. 

Esta decisión empresarial es ética, porque la empresa ayuda a la persona a recuperar su vida. Pero además tiene beneficios corporativos y económicos, pues la empresa elude la necesidad de desembolsar dinero por indemnizaciones, al evitar un despido improcedente, y recupera talentos. 

¿Y cuál es la función que desarrolla Adictalia en todo esto? Trabajar codo con codo con los centros y las empresas para que la persona enferma recupere las riendas de su vida. El equipo terapéutico de Adictalia valora cada caso para ofrecer el servicio que más se ajuste a las necesidades de cada trabajador

Tras esta valoración, y si la persona acepta la ayuda, empieza el tratamiento. Durante este proceso, Adictalia  actúa como puente entre los centros y las empresas. Informa sobre la evolución de la persona, desde que inicia el proceso hasta que se reinserta en la vida social y laboral. En este sentido, Adictalia ofrece una alternativa equilibrada a las empresas, pues en la determinación del tratamiento que necesita la persona trabajadora, vela por el bien de ambas partes: la compañía y la persona.

Qué dice la ley

Test de drogas: qué dice la ley y cómo actúan las empresas

La adicción es una enfermedad reconocida por la Organización Mundial de la Salud, que afecta a todas las esferas de la persona. Influye en los aspectos biológicos, psicológicos, fisiológicos y sociales. Una persona adicta evidencia afecciones a nivel corporal, de salud mental, en la forma de relacionarse con su entorno, entre otras facetas de la vida. 

Uno de los campos afectados por la enfermedad de la adicción es, lógicamente, el laboral. Cuando un trabajador o trabajadora evidencia adicción o problemas de consumo, lo primero que surge en la plantilla y en sus superiores es el prejuicio sobre la conducta y la existencia de un problema. Suponen, de inmediato, las posibles consecuencias derivadas del consumo:

  • Absentismo laboral.
  • Bajada de la productividad.
  • Riesgo de sufrir accidentes laborales
  • Influencia negativa en el equipo.
  • Robos, mentiras

La ley ampara la realización de exámenes de salud por parte de las empresas a sus trabajadores/as, siempre que la persona consienta la exploración. Otra cosa es que negarse pueda dar lugar a despidos improcedentes, que la empresa buscará justificar con alguna artimaña legal.

Art. 22 Ley de Prevención de Riesgos Laborales: “El empresario garantizará a los trabajadores a su servicio la vigilancia periódica de su estado de salud en función de los riesgos inherentes al trabajo. Esta vigilancia sólo podrá llevarse a cabo cuando el trabajador preste su consentimiento”.

Es legal efectuar pruebas de alcohol y drogas para corroborar que las personas en plantilla están en condiciones de ejercer sus puestos y aminorar los riesgos del trabajo. Sin embargo, cabe reflexionar si el mero hecho de dar positivo o, incluso, sufrir la enfermedad de la adicción, debe dar lugar a despidos. Más que de un dilema legal, se trata de un planteamiento moral, que puede traducirse en la dicotomía: rechazar o ayudar, ¿qué es lo correcto, lo humano? A tenor de la ley, los exámenes se justifican para descartar la necesidad de ayuda en caso de enfermedad.

Las empresas disponen de la opción de tratar a las personas con adicción. Pero, en algunos casos, el abuso de poder es una realidad. Algunas personas responsables usan estos exámenes para controlar y castigar, más que para ayudar. Para la filosofía del lucro y la productividad a cualquier coste, es mejor quitarse el problema de encima. Al tener la carta del despido o sanción más a mano gracias a la flexibilidad laboral, la persona trabajadora tiene poco hacer para evitar la exploración. 

En este sentido, aunque la ley aclare que “la vigilancia sólo podrá llevarse a cabo cuando el trabajador preste su consentimiento”, la teoría suele distar mucho de la práctica. De hecho,  Adictalia recibe numerosos comentarios de personas que consultan cuánto tiempo tardan los test de drogas en dar positivo, pues han de someterse a un examen “ineludible” por parte de la empresa. 

La situación de las empresas, no obstante, parece ser en los últimos tiempos más humana. Es decir, que se tiene más conciencia de la adicción como enfermedad y las directivas son más propensas a tender la mano a quienes las sufren. Comprenden que el camino más positivo para la persona y para el proyecto, pasa por contribuir a que aquella retome las riendas de su vida. 

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Equipo Adictalia

Comité Editorial | [email protected]

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