CONSUMO DE DROGAS Y ESTEREOTIPOS

LGTBIQ+ y adicciones: una asociación de términos peligrosa que crea estigma

Por qué pertenecer a un grupo social no puede predisponer a una dependencia

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Foto de cabecera: Sharon McCutcheon en Pexels

Una persona, por pertenecer a uno de los colectivos LGTBIQ+, no tiene más probabilidades de desarrollar una adicción que cualquier otra que se identifica con una orientación sexual e identidad de género heterosexuales “convencional”.

En otras palabras, asociar las siglas LGTBIQ+ y adicciones es peligroso, porque simplifica, tergiversa y crea una realidad sesgada, un estereotipo. Es decir: estigmatiza a las personas por presentar una característica, ignorando la gran complejidad existencial que implica cada individuo de este mundo.

Ocurre lo mismo que con cualquier asociación de términos que se realiza desde los medios de comunicación, intentando explicar una relación de causa-efecto entre un colectivo determinado y un fenómeno social. Por ejemplo, entre pobreza y delincuencia, donde pobreza = delincuencia; o inmigración y robos, donde inmigración = robos.Las siglas LGTBIQ+ refieren a las personas lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, Intersexuales, Queers y otras minorías que no se enmarcan dentro de los anteriores grupos.

¿Hay más probabilidades de desarrollar una adicción por pertenecer a colectivos LGTBIQ+?

No. No existen diferencias de base en cuanto a las probabilidades de desarrollar una de las diferentes adicciones en función de la orientación sexual. Las probabilidades de desarrollar una adicción al cannabis son las mismas en una mujer heterosexual y una mujer lesbiana, o de que un hombre heterosexual y uno gay creen adicción a la cocaína.La adicción es una enfermedad que depende de múltiples causas: experiencias personales, rasgos psicológicos, características biológicas y genéticas, ambientes sociales y familiares en los que la persona se ha criado. Las probabilidades de desarrollar esta enfermedad dependen de la combinación de todos estos aspectos en la historia personal, antes que de su orientación sexual e identidad de género.

¿Hay más predisposición a consumir drogas o hábitos compulsivos por pertenecer a uno de los colectivos LGTBIQ+?

No, cada persona es única más allá de su orientación sexual e identidad de género y, por tanto, su predisposición a consumir drogas dependerá de la combinación de muchos factores en su vida.  Por tanto, es un error afirmar que una persona es propensa a desarrollar un tipo de adicción en relación con su identidad de género u orientación sexual.

Referir a los colectivos LGTBIQ+ es hablar de un universo de personas muy diferentes entre sí. Un universo de personalidades, de historias de vida, de rasgos de todo tipo, imposible de describir. De hecho, sólo se alude en esas siglas a la orientación sexual e identidad de género.

Si algo se ha aprendido en todo este tiempo es que la predisposición a consumir drogas o practicar hábitos compulsivos y las probabilidades de desarrollar una adicción son particulares en cada individuo. En Adictalia decimos: cada caso de adicción es único, porque no existe una persona igual que otra en el mundo.

¿Existe alguna tendencia de consumo de sustancias más presente en colectivos LGTBIQ+?

El “chemsex” o el consumo de sustancias psicoactivas en entornos de práctica sexual entre hombres que se sienten atraídos por hombres representa un fenómeno que cobra fuerza entre este grupo. El chemsex implica ingerir drogas en combinación con mantener relaciones sexuales, en general durante periodos prolongados y en ambientes promiscuos.

En concreto, el chemsex es una práctica de presencia paulatina en parte de los hombres que tienen sexo con hombres: hombres gays, hombres bisexuales u hombres que se sienten atraídos por otros hombres sin sentirse identificados en las etiquetas sexuales previamente comentadas.

En este sentido sí podemos hablar de una tendencia de consumo de drogas específica entre personas que comparten orientación sexual. Ahora bien, esto no es lo mismo, en ningún caso, a decir que una determinada orientación sexual predispone a consumir drogas. Para que se entienda la diferencia: si a mi madre le gusta el brócoli y a mi hermano le gusta el brócoli, no puedo decir que a toda la familia le gusta ese vegetal. Si lo hiciera, estaría incurriendo en una “generalización apresurada”, en una falacia.

Por tanto, que existan hombres que se sienten atraídos por hombres que se reúnen específicamente para consumir drogas mientras mantienen relaciones sexuales durante un tiempo prolongado, no implica, per se, que tener esa orientación sexual induzca o predisponga a practicar chemsex. Únicamente lo hacen aquellas personas con esa orientación sexual, pero por lo demás muy diversas entre sí, que se sientan atraídas por esa modalidad de consumo.

¿Por qué, entonces, etiquetar esta práctica de consumo de drogas y sexo con el nombre de chemsex?

Para estudiar una manifestación de comportamientos determinados en una parte de la sociedad se precisa delimitar a sus protagonistas y sus entornos para poder observar cómo evoluciona y qué consecuencias tiene. Esto es: intentar especificar las características de ese fenómeno, a quienes lo promueven, las causas para hacerlo, los efectos. Pero en esta delimitación de los rasgos se puede caer en el enorme error de simplificar y generalizar excesivamente, como si dijéramos que ser gay predispone al chemsex o, aún más, que predispone a la adicción.

Cada colectivo social tiene una “cultura o identidad propia” a la hora de relacionarse socialmente. Por tanto, dentro de un grupo social pueden evidenciarse conductas o patrones de consumo particulares y, quizá, relevantes. Pero esto nunca es generalizable a toda esa parte de la población, a la que tampoco se puede atribuir una predisposición intrínseca a practicar esos comportamientos.

En otras palabras: así como no todas las personas adolescentes se emborrachan o practican botellón, tampoco todos los hombres que se sienten atraídos por otros hombres participan sesiones de chemsex. No obstante, estudiar este fenómeno tiene relevancia al momento de realizar tratamientos terapéuticos más eficaces con personas concretas que manifiestan problemas derivados de esa práctica.

¿Y para qué estudiar el chemsex como fenómeno social?

Porque la combinación del tipo de drogas que se consumen en el chemsex (que significa químicos y sexo), así como la cantidad de días y formas de relaciones que implica esta modalidad, puede conllevar consecuencias graves para la salud de quienes lo practican.

Consecuencias que pueden ir desde:

  • La transmisión de enfermedades venéreas,
  • Intoxicación o, incluso, muerte por una sobredosis de sustancias o mezcla de químicos incompatibles entre sí,
  • Agresiones físicas y psicológicas
  • La posibilidad de desarrollar adicción a las drogas que se consumen y a la propia práctica del chemsex.

Estos riesgos han despertado la preocupación de las autoridades sanitarias en diferentes países, como lo hace el consumo de alcohol entre adolescentes.

LGTBI y adicciones.
Un terapeuta en adicciones que atienda Chemsex debe ser capaz de empatizar con la persona LGTBIQ+ y sus experiencias vitales. Foto de Mikhail Nilov en Pexels

Entonces, ¿se puede asociar LGTBIQ+ a chemsex, o esta modalidad es practicada sólo en una parte muy concreta de colectivos con determinadas orientaciones sexuales?

No se puede asociar bajo ningún respecto chemsex a LGTBIQ+. Si hablamos de chemsex, hablamos de una tendencia, una moda, ejercitada por determinados individuos a partir de una presión de un grupo con rasgos de identidad social.

La presencia de ciertas características sociales comunes en un colectivo puede promover “modas” que ejercen una presión de grupo en algunas personas que lo integran. Esta presión responde a la necesidad de identificación de esas personas con el grupo, de “sentirse parte de”. Y puede actuar, por ejemplo, por medio de la práctica de determinados patrones de ocio: en este caso, formas concretas de consumo de tóxicos y relaciones sexuales.

Esto produce un fenómeno con sello propio y prácticas específicas. Las personas pertenecientes a esta parte muy concreta del LGTBIQ+ que acuden a terapia a raíz del chemsex, manifiestan estas características:

  • El paciente promedio suele ser hombres de edad media que mantienen relaciones sexuales con otros hombres.
  • Las drogas más frecuentemente consumidas en el chemsex son el “poppers”, GHB, alcohol, viagra, cocaína, éxtasis mefedrona, metanfetamina, ketamina o alfa.
  •  Hasta que la persona llega a tomar consciencia de la situación de riesgo y compulsión que puede provocar el chemsex, es habitual observar una convivencia de años con el fenómeno.

¿Qué distingue una terapia de adicciones para una persona perteneciente a colectivos LGTBIQ+?

El principal elemento que puede definir una diferencia es la vivencia de la orientación sexual o identidad de género por parte de la persona. Es decir: el vínculo que existe entre su comportamiento adictivo y su propia vivencia afectivo-sexual y de género.

Hay ocasiones en que las personas, ante la falta de aceptación de su orientación sexual, han empezado a consumir sustancias para desinhibirse y poder tener relaciones sexuales con personas de su mismo sexo. Es decir, que han “tapado” sus inseguridades afectivo-sexuales y su falta de autoaceptación.

Aquí se produce una falta de consciencia por parte de la persona, que va desarrollando una conducta patológica con las sustancias. Hasta el punto de verse sumergida en una adicción que puede poner en peligro su integridad física y psicológica.

Pero, si se observa desde un plano general, la necesidad de ocultar o evadir inseguridades, miedos, vacíos, falta de auto aceptación es, en verdad, el motor que mueve todas las historias de adicción, más allá de orientaciones sexuales e identidades de género.

¿Qué enfoque particular deben presentar una terapia de adicciones destinada a personas LGTBIQ+?

Como en cualquier otra terapia de adicciones, debe presentar un enfoque de empatía y aceptación. Un enfoque que permita que la persona sienta que puede expresar libremente cualquier vivencia personal, sin miedo a ser juzgada por la persona terapeuta en relación con su orientación sexual o identidad de género.Muchas personas identificadas dentro de colectivos LGTBIQ+ se sienten inseguras antes de iniciar una terapia. Tienen miedo de exponerse a un o una terapeuta que pueda invalidarlas por cuestiones de diversidad. Esto supone un gran golpe emocional para alguien que se encuentra en un momento de vulnerabilidad psicoemocional enorme, como el que representa una adicción.

¿Está preparado el sistema sanitario público para atender adicciones con perspectiva LGTBIQ+?

Es innegable que se ha producido un gran avance durante los últimos años en cuanto a la visibilización de las necesidades de las personas LGTBIQ+ en España. Esto ha traído sensibilidad y empatía tanto en el sistema sanitario público como en centros de desintoxicación privados.

No obstante, los cambios políticos recientes hacia tendencias más conservadoras y la incipiente marcha que llevaba esas visibilización, pueden peligrar la apertura lograda hacia estos colectivos en los servicios de asistencia sanitaria.

¿Existen centros de desintoxicación privados específicos para personas con adicciones que pertenecen a colectivos LGTBIQ+?

No, no existen centros de desintoxicación especializados en personas de colectivos LGTBIQ+ con adicciones en España. Y son pocos los centros de tratamiento privado que ofrecen recursos específicos para individuos pertenecientes a estos colectivos que manifiestan dependencias.

Hay pacientes con adicciones de algunos de los colectivos LGTBIQ+ que han advertido incomodidad, y consecuente incapacidad, para hablar de vivencias íntimas, como podrían ser las de tipo sexual, en grupos de terapia para personas adictas. Grupos donde habían sido la única persona con una orientación sexual minoritaria.

Por ello son fundamentales el papel que han tenido y tienen las entidades sociales LGTBIQ+ como promotoras de presión social para la inclusión de estos colectivos en diferentes esferas.

Posibles medidas públicas necesarias para abordar mejor las adicciones en colectivos LGTBIQ+

  • Invertir en la investigación de adicciones específicas dentro de colectivos LGTBIQ+, para poder ofrecer tratamientos más especializados y eficaces.
  •  Fomentar la prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS) e infecciones de transmisión sexual (ITS) ya que existe una prevalencia relativamente alta en hombres que tienen relaciones sexuales con hombres.
  • Reforzar y facilitar el trabajo multidisciplinar, tanto desde las diferentes profesiones de índole sanitaria como entre entidades (públicas, privadas y organizaciones no gubernamentales) para la disminución de riesgos y reducción de daños
  • Promover otras formas de ocio y espacios de sociabilización dentro de colectivos LGTBIQ+, que ayuden a desnaturalizar la normalización del consumo de tóxicos para mantener relaciones sexuales.

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Redacción

Equipo Adictalia
Comité Editorial | comunicacion@adictalia.es

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