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REINSERCIÓN

Volver a estudiar después de una adicción: cuando la ilusión se junta con las dudas

QUÉ TENER EN CUENTA ANTES DE VOLVER A LAS AULAS SIN PONER EN RIESGO EL TRATAMIENTO

7 minutos
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Volver a estudiar después de una adicción

Claudia tiene 29 años y lleva dieciocho meses en recuperación. Su rutina ha cambiado por completo: asistencia a las terapias, ayuda a otras personas en recuperación gracias a los grupos, hábitos de vida más saludables… Ha interiorizado la idea del mantenimiento y, por eso, sabe que cada paso nuevo debe ser seguro y consensuado.

Una tarde, ordenando cajones, dio con un viejo carnet universitario. Tras mirarlo unos segundos, lo guardó de nuevo. Esa etapa quedó suspendida cuando la adicción empezó a ocuparlo todo: asignaturas abandonadas, exámenes no presentados, correos sin contestar, vergüenza acumulada…

Pero desde hace semanas le ronda una idea que le da vértigo incluso pensarlo: ¿Y si vuelvo a estudiar y acabo lo que dejé a medias?

No sabe si es pronto ni si está preparada. Tiene ganas, pero también miedo de volver a las clases y descubrir que el estrés la desborda como antes. Le asusta no rendir, no concentrarse, sentirse fuera de lugar y, sobre todo, que la presión académica despierte ese pensamiento antiguo que prometía alivio rápido.

Pero también siente algo distinto: ganas de recuperar una parte de sí misma que quedó congelada.

Esa mezcla de ilusión y miedo es común cuando alguien se plantea retomar los estudios estando en rehabilitación. Por eso, el Centro Informativo de Adicciones de Adictalia ha hablado con Aimar, persona adicta en recuperación, que en su día decidió retomar los estudios que en su momento dejó paralizados.

“Cualquier persona adicta puede decidir volver a estudiar, pero con tiempo de tratamiento y estando preparado”, reconoce Aimar, persona que inició su tratamiento con la ayuda de Adictalia.

¿Por qué volver a estudiar?

¿Por qué una persona adicta quiere volver a estudiar?

En muchas personas adictas en recuperación hay algo que empieza a moverse con el tiempo: el deseo de reconstruir áreas que quedaron dañadas o interrumpidas durante el consumo. No para demostrar nada, sino para cerrar ciclos pendientes.

Así lo vivió Aimar: “Mi motivación era conseguir algo que en su tiempo dejó un vacío en mí. Con 16 años dejé la secundaria y me puse a trabajar porque me veía incapaz… Y a los 30 años me apunté a la escuela de adultos y pude sacarme la secundaria. Ha sido satisfactorio volver a intentarlo”.

En su caso, retomar el instituto después de tratar su enfermedad iba más allá de una pura cuestión académica. Era enfrentarse a una sensación antigua: la de no ser capaz.

Cuando una persona atraviesa la enfermedad de la adicción, muchas de las áreas de su vida quedan congeladas. Los estudios o el trabajo suelen ser una de ellas. Y cuando la rehabilitación devuelve la estabilidad a la vida de la persona, aparece una pregunta natural: ¿Y ahora qué quiero hacer con mi vida?

La reinserción, también la académica, tras un tratamiento de adicciones no tiene que ver solo con un título. Tiene que ver con identidad, autoestima y proyecto de futuro.

Pero aquí hay algo importante: querer avanzar no significa dejar de cuidar la recuperación. Al contrario. Significa que la recuperación empieza a sostener decisiones nuevas.

Y justo ahí es donde surge el siguiente obstáculo: el miedo.

Estudios, recuperación y miedo

El miedo a estudiar en recuperación: inseguridad, estrés y abandono

Si la motivación es la cara de la moneda, el miedo es la cruz. Y cuando alguien se plantea estudiar durante la recuperación de una adicción, ese temor está cargado de sentido.

 Aimar lo recuerda como un cúmulo de sentimientos:  

“En esos momentos me invadía un sentimiento de motivación y miedo… No sabía si iba a ser capaz de afrontar este reto ahora, de adulto. El tiempo que llevaba sin coger un libro, el esfuerzo que ello me iba a suponer, el estrés del día a día lleno de responsabilidades…”

Ese miedo tiene varias capas:

  • Está el miedo práctico, que invade a la persona con preguntas como “¿Y si no me concentro? ¿Y si me cuesta más que antes?”
  • También aparece el miedo emocional, con preguntas como “¿Y si me bloqueo? ¿Y si abandono como hice en el pasado?”
  • Pero también el miedo más delicado, que atrae dudas como “¿Y si el estrés me desestabiliza?”

Esa ansiedad y estrés los vivió Aimar y por eso avisa: “Es difícil de gestionar porque produce muchas ganas de consumir. Si eres incapaz de gestionarlo bien, se vuelve un peligro”.

Más allá del dramatismo, es honestidad. La recuperación implica aprender nuevas formas de regular la presión, la frustración y la autoexigencia. Y el entorno académico puede activar todas esas variables.

Durante el curso, reconoce la persona adicta en recuperación, aparecieron pensamientos de abandono: “Pensaba que estaba muy estresado, que no era capaz… que iba a acabar aún más agobiado”.

Que estas ideas aparezcan no significa que la recuperación esté en peligro. Significa que la mente está haciendo lo que ha hecho siempre ante la presión: buscar la salida más rápida.

La diferencia ahora es que existen herramientas, una red y un tratamiento que no se negocia. El miedo no desaparece antes de empezar, se atraviesa mientras se avanza.

El tratamiento es siempre lo primero y después viene lo demás. Si nosotros abandonamos el tratamiento, fallamos en todo”, asegura Aimar.

El momento adecuado

¿Cuándo es buen momento para volver a estudiar tras una adicción?

Esta es una de las preguntas más delicadas: ¿Hay que esperar o existe un “momento correcto”?

Aimar lo tiene claro: “Debe pasar un tiempo de recuperación y, además, la decisión debe ser doble. Por una parte, la persona debe verse capaz… y, por otra, el terapeuta debe dar el visto bueno”.

No se trata solo de motivación. Se trata de estabilidad. La recuperación no se detiene cuando alguien empieza a estudiar. No es una etapa superada, sino una base que se sigue construyendo cada día. Y cualquier decisión importante debe apoyarse sobre esa base.

Forzar la reinserción académica tras un tratamiento puede generar más presión de la necesaria. Pero retrasarla indefinidamente por miedo también puede dejar heridas abiertas.

La clave no está en la prisa, sino en la honestidad. Cabe abrir un momento de reflexión interno y preguntarse si uno mismo está implicado en el tratamiento, si es capaz de detectar posibles señales de saturación o si puede pedir ayuda cuando sea necesario.

Aimar lo resume con realismo: Cualquier persona adicta puede decidir volver a estudiar, pero con tiempo de tratamiento y estando preparado”.

No es una carrera contra nadie. Es una decisión que debe sumar, no restar.

Y cuando se da ese paso, aparece otro reto: el equilibrio.

Compaginar estudios y recuperación

¿Cómo compaginar los estudios con la recuperación?

Aquí aparece una máxima que Aimar repite con claridad: el tratamiento va primero. “Hubo un momento donde tuve que parar porque tenía mucha saturación y no podía repartir el tiempo para todo. Pero a la vez sin olvidar la máxima prioridad: el tratamiento. El tratamiento es siempre lo primero y después viene lo demás. Si nosotros abandonamos el tratamiento, fallamos en todo”.

Este un principio práctico porque, en recuperación, estudiar puede ser un objetivo valioso, pero nunca debería sustituir a la base que sostiene el proceso. Cuando el ritmo académico aprieta, lo que se pone en riesgo no es solo el rendimiento, sino la estabilidad emocional.

Aimar cuenta cómo lo gestionó: “Decidí reducir el número de terapias a la semana de tres a dos. Lo hablé con mi terapeuta… Fue una decisión meditada y lo mejor que pude hacer para compaginarlo todo”.

Otro momento clave en la vuelta a las aulas se da en las épocas de exámenes o entregas. Aquí conviene reforzar la red de apoyo, no soltarla. Porque el estrés puede actuar como detonante. “El estrés era bastante potente y eso o te lo gestionas bien o es leña al fuego. Tenía que llamar a compañero constantemente, compartirlo en terapia, hablarlo, soltarlo… Sino te lleva al consumo”, reconoce Aimar.

En otras palabras: el antídoto no es “aguantar”, sino compartir. Ante el riesgo de aislamiento, conviene abrazar la conexión como medida preventiva.

¿Cómo sostenerlo todo?

Vergüenza, autoestima y concentración: sostener el reto sin perder el equilibrio

Más allá del estrés y la organización, hay algo más silencioso: la vergüenza. “Más que estigma, sientes vergüenza de que te juzguen… Hay mucho bloqueo mental, timidez, inseguridades… La cabeza te juega una mala pasada”, asegura Aimar.

Esta vergüenza afecta tanto a adultos como a adolescentes y jóvenes que vuelven a estudiar tras una adicción. El miedo a no encajar, a sentirse “distinto”, a que el pasado pese demasiado.

Aquí entra en juego la autoestima, que muchas veces llega dañada al proceso de recuperación por culpa de la etapa de consumo. Volver a estudiar no es solo enfrentarse a apuntes y exámenes, es exponerse de nuevo al juicio (real o imaginado) y a la comparación constante.

Y después está la parte cognitiva. Muchas personas se preguntan: ¿Cómo concentrarse en los estudios después de dejar las drogas?

La concentración puede tardar en estabilizarse porque el cerebro necesita tiempo. Aquí la paciencia se vuelve fundamental:

  • Objetivos realistas
  • Descansos
  • Hábitos saludables
  • Pedir apoyo académico

Aimar lo describe con una mezcla de humildad y orgullo: “Ha sido una sensación de llenar un área de mi vida que estaba vacía… un reto bonito”.

No habla de éxito espectacular, sino de proceso. Y deja un consejo que recoge bien el equilibrio entre valentía y prudencia: “Que lo intenten… pero siendo realistas y andando con ojo.Y que nunca se olviden del tratamiento”.

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.

Volver a estudiar después de una adicción no es demostrar que uno ya está “bien”. Es integrar un nuevo reto dentro de una recuperación que sigue viva. No es fácil, no es lineal y no es igual para todos.

Pero cuando se hace con honestidad, acompañamiento y priorizando siempre el tratamiento, puede convertirse en una forma profunda de reconciliarse con uno mismo sin dejar de cuidarse.

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