ADICCIÓN AL ALCOHOL
Cortisol: ¿Qué relación guarda esta hormona con la enfermedad del alcoholismo?
Todo lo que debes saber sobre esta hormona vinculada a la respuesta del estrés de las personas
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Un nuevo estudio liderado por Gabriel Rubio, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, ha revelado que los niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés, pueden permanecer elevados incluso después de años de abstinencia en personas con trastorno por uso de alcohol.
Desde el Centro Informativo de Adicciones de Adictalia, hemos conversado con Rubio para entender qué significa este hallazgo y cómo puede ayudar a pacientes y familias a comprender mejor la recuperación.
Porque detrás del enfado, agotamiento o de esa tensión que parece no marcharse, puede haber una explicación científica que invita, no solo a la empatía, sino también a la esperanza.
¿Qué es el cortisol?«El cortisol es el director de orquesta que pone en marcha las estrategias de defensa cuando son necesarias”, Gabriel Rubio, jefe Servicio Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre de Madrid
El cortisol: La hormona del estrés
Está de mal humor sin motivo aparente, le irrita cualquier pequeño contratiempo, siente que en todo momento está a punto de estallar… “¿Por qué sigue así si ya no bebe?”, se pregunta su pareja. Él tampoco lo entiende.
Lo que ocurre no es falta de voluntad ni un simple “carácter difícil”. Es biología. Es el cuerpo aprendiendo a vivir sin una sustancia que, durante años, le enseñó a regular el estrés.
– Una de las principales conclusiones del estudio habla del cortisol, ¿qué es y cómo influye en nuestra vida?
El cortisol es necesario y fundamental para nuestra supervivencia. El sistema nervioso central percibe las situaciones de alarma a las que estamos expuestos y manda señales. El hipotálamo detecta que hay una alarma, manda una orden a la hipófisis, quien a su vez manda un mensaje a las glándulas suprarrenales, encargadas de liberar cortisol. Y es esta hormona la que se encarga de movilizar las fuentes de energía necesarias en caso de que el peligro sea real.
De hecho, nuestros niveles de cortisol se elevan de manera natural durante las primeras horas de la mañana porque necesitamos estar activos: Necesitamos movilizar la glucosa y la energía para emprender el día a día. Y estos niveles bajan conforme desaparece la luz y avanza la tarde-noche.
Por lo tanto, el cortisol es la hormona que nos prepara para afrontar con claridad y calidad situaciones estresantes. Es decir, aporta la energía suficiente en caso de que la persona tenga que correr, tenga que luchar… Por ponerle función, es el director de orquesta que pone en marcha las estrategias de defensa cuando son necesarias.
Cortisol y adicciónLa relación entre el cortisol y el trastorno por uso de alcohol
– ¿Qué papel juega el cortisol dentro del trastorno por uso de alcohol?
El alcohol es una sustancia con efectos relajantes, pero también es un tóxico. Por tanto, provoca un doble efecto en la vida de la persona con dependencia a esta sustancia:
- Por un lado, produce efectos sedantes.
- Por el otro, incrementa la respuesta del estrés.
Cuando la persona se acostumbra a beber de manera habitual tiene los niveles de cortisol constantemente más elevados que la población control. Esto lo sabíamos desde hace tiempo. Sin embargo, hasta antes del experimento nunca habíamos tenido una medición tan precoz que atribuía claramente el aumento del cortisol al visionado de imágenes relacionadas con la sustancia. Además, una persona con dependencia por alcohol suele tener tiene otras enfermedades añadidas que sirven como estímulo de alerta y elevan el cortisol.
Por tanto, en la adicción al alcohol, o a cualquier sustancia, aunque en este caso actúa como sedante, también es un tóxico y provoca una respuesta de cortisol más elevada de lo habitual de manera continuada.
– ¿Cómo influye el cortisol en el mantenimiento de la abstinencia de personas con trastorno por uso de alcohol?
La experiencia clínica dice que la mayor parte de las personas con una adicción importante (cocaína, heroína, benzodiacepinas, alcohol…) sienten agobio exagerado cuando se ven un poco saturadas. Bien por trabajo, bien por la familia, porque se sienten presionadas… Es decir, estas personas se sienten superadas por las demandas, pequeñas o moderadas, del día a día.
Si midiésemos sus niveles de cortisol y los comparásemos por edad y sexo con una población no adicta, estarían elevados. Porque una vez sobrepasada cierta gravedad de la enfermedad de la adicción (años de consumo) es difícil que bajen los niveles de esta hormona.
De hecho, a las personas con adicción al alcohol no les sobrepasan los grandes problemas, como puede ser una situación complicada con una hija. Lo que de verdad les irrita, estresa o saca de sus casillas son esas pequeñas cosas en el trabajo, con la familia, con los amigos… los pequeños desafíos diarios pueden descompensar el día a día de las personas con adicción.
Esto ayuda a entender por qué después de superar la enfermedad estas personas están siempre al borde de la descompensación, cabreo o enfado.
Tener el cortisol alto«En la adicción al alcohol, aunque la sustancia sea sedante, provoca una respuesta de cortisol más elevada de lo habitual de manera continuada”, Gabriel Rubio, jefe Servicio del Hospital 12 de Octubre de Madrid
Cortisol alto tras dejar el alcohol: ¿Qué significa y por qué importa?
– ¿Por qué preocupa que el cortisol se mantenga a niveles estables, incluso después de años de mantenimiento, si factores como la ansiedad, impulsividad y depresión disminuyen?
En la neurobiología de la adicción siempre hemos puesto el acento en el famoso núcleo accumbens: Después de años de adicción esta zona del cerebro necesita estar activada y a los estímulo del alcohol o similares.
Me explico: cuando alguien deja de beber es habitual que le dé por fumar, comer más, comprar más… Porque el núcleo, tras años de consumo, está hipoactivo y lleva a la persona a tener conductas para mantener ese nivel. Por otra parte, está la amígdala, que se relaciona con el disfrute.
Pero la línea roja que separa la adicción del uso recreativo se sobrepasa al usar la sustancia, en este caso el alcohol, para aliviar las emociones negativas. Esto quiere decir que cuando una persona está nerviosa o aburrida, recurre al consumo
- Al principio, puede ser en momentos puntuales, como estar con los amigos y sentirse más desinhibido.
- A medida que avanza la adicción, se usa la sustancia para contrarrestar los estados emocionales negativos
Por lo tanto, y en estos casos, la amígdala y el núcleo accumbens detectan un estado emocional negativo que manda una señal por la que la persona recurre al consumo. Pero se nos ha olvidado muchas veces que hay un eje del estrés que después de años de beber está continuamente activado. Y esa activación se mantiene:
- Por los estímulos a los que me expongo.
- Por la vida cotidiana.
- Porque la amígdala, como se ha acostumbrado a utilizar el alcohol para casi cualquier emoción negativa, mantiene el eje del estrés continuamente activado.
Esto lo deberíamos controlar y hacer saber al paciente porque, cuando uno está sometido a una situación de estrés, sus deseos de beber aumentan para contrarrestarlo y reducirlo. Pero los años de consumo prolongado imposibilitan que la persona diferencia si el estrés es mucho o poco.
Entonces, aunque ya lleve dos o tres años en abstinencia, y relajado, tiene que saber que la respuesta del eje cerebral al estrés está alterada y que pequeños desafíos son capaces de elevar el estrés. Y eso lo tienen que saber los pacientes, justamente para poner en marcha estrategias que faciliten tener un estilo de vida mucho más sosegado.
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– ¿Que se mantenga durante dos años de tratamiento, más dos de mantenimiento, significa que va a perdurar de por vida o en algún momento disminuirá?
Si te soy sincero, sí. Es verdad que la prensa ha puesto mucho acento en el cortisol. No me parece mal porque es más difícil de explicar cómo responde tu sistema límbico a los estímulos visuales que la conclusión a la que hemos llegado con el estudio relacionada en relación con esta hormona.
La contracción del orbicular de alguien que lleva 10-15 años en abstinencia y se expone a los estímulos generados por el alcohol, como los del experimento, es la misma si la comparamos con la respuesta de un grupo neutro. Es decir, siguen siendo apetitivas. Si nos fijamos en los niveles de cortisol, es cierto que cuando lleve 10-15 años en abstinencia, basalmente se pueden normalizar. Pero nuestro estudio no medía los niveles de cortisol basal, sino que había variantes. Por ejemplo, la persona tenía que venir a hacerse una exploración con el equipo del hospital.
Esto hace que la prueba ya no sea algo “normal” y eso estresa, aunque sea un poco.
No sé si después de 10 años de abstinencia los niveles de cortisol son los mismos, porque no lo sabe nadie. Lo que sí te puedo decir es en base a la clínica: La respuesta apetitiva de las estructuras límbicas que consideran que el alcohol sigue siendo muy apetitivo se mantiene con los años.
Es decir, el cerebro de una persona que vive 10 años sin beber, cuando está haciendo una tarea muy demandante, la puede hacer casi igual que otra sin dependencia por el alcohol, pero con el coste de que la mayor parte de estructuras cerebrales se han tenido que volcar para que esa tarea se puede hacer decentemente. En este sentido, el nivel de reclutamiento cerebral para hacer esa tarea es mayor en los dependientes por el alcohol.
Por eso, estos datos nos llevan a pensar que, casi con toda seguridad:
- El cerebro de una persona adicta al alcohol en abstinencia funciona de manera distinta en situaciones muy demandantes.
- Su cerebro va a seguir percibiendo las señales de alcohol como más apetitivas que la población control.
- Hay que explicar a los pacientes que, aunque lleven años sin beber, no pueden bajar la guardia debido a los daños que ha causado el consumo de alcohol. Eso es querer echarle un pulso al alcohol donde la persona siempre pierde.

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.
El riesgo al que se enfrentan todas las personas adictas al alcohol
– ¿Los resultados del estudio podrían extrapolarse a la totalidad de personas con una dependencia moderada o grave?
No tengo la menor duda de que toda persona dependiente del alcohol está en riesgo de recaída, incluso tras pasados varios años desde el final del tratamiento. Otra cosa es que se produzca.
La conclusión que saco de esto, como clínico, es que cuando el dependiente de alcohol, cocaína o heroína baja la guardia y cree que está recuperado, se equivoca y tiene altas probabilidades de recaer. Voy a contar un ejemplo para entender que, en el día a día, cuando llevas muchos años trabajando con personas adictas, uno se da cuenta que hay veces en las que la vida te pone en situación donde puedes negarte a creer que estás recuperado. Pero, si lo haces, le has dado la partida a la enfermedad, si no lo desarmas rápidamente o lo cuentas.
Cuando llegué a Madrid y fui a mi primer grupo de alcohólicos rehabilitados, había una persona, el moderador, que llevaba años sin beber. Había pasado unos 12 años en abstinencia, su mujer también había estado en grupos de familiares, pero nace una nieta y organizan una fiesta para celebrarlo.
Su hija llevó una botella de sidra. Era la primera vez, en 12 años, que entraba una botella de alcohol en casa de este hombre. Terminan de comer y la mujer pone unas copas al personal. Justo cuando le llegó a él, preguntó “¿Te la pongo?”, a lo que él asintió con un: “Sí, claro”. Ella volvió a preguntar antes de servirla, a lo que él contestó con el mismo tono afirmativo.
Esto fue en septiembre, no lo cuenta en el grupo y a mediados de octubre intenta probar qué pasa con una cerveza. Viendo que no pasa nada, repite. Después, en navidad, su mujer detecta que ha bebido y en Reyes la mujer vino a la asociación para informar de que su marido estaba en recaída.
Este hombre, cuando su mujer le puso la copa, pensó que estaba recuperado y repitió el mismo patrón de conducta (no contarlo en la asociación, ir a los bares…) de las personas que recaen: En lugar de pensar que están recayendo, piensan que están controlando.
Es decir, estaba atravesando una distorsión cognitiva denominada “ilusión de control”: Estaba mintiéndose a él mismo y a los demás, estaba ocultándose… Y, sin embargo, la sensación que tenía era ilusoria, de control. Tenía tal vergüenza de contar esto en el grupo…
Este hombre, si el lunes llega al grupo y lo cuenta, no habría recaído. Por eso digo que, cuando nos creemos que somos superhéroes, que estamos curados, que podemos echarle un pulso al alcohol y ganar, en ese momento, ya hemos perdido si no lo hablamos en el grupo, con el terapeuta o el psicólogo.
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Equipo Adictalia
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