ESTUDIOS E INVESTIGACIONES
Un estudio abre la puerta a replantear los tratamientos para el trastorno por uso de alcohol
La investigación ha sido liderada por el Hospital 12 de Octubre, de Madrid, y la Universidad Miguel Hernández, de Elche
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Cuatro años sin beber, de recuperación, de volver a tener una vida estable, relaciones sanas, rutinas… Pero, al regresar al Hospital 12 de Octubre, algo en el cuerpo se activó. Solo bastó ver imágenes de alcohol para que el cerebro reaccionara con estrés, como si aún existiera una amenaza. No hubo recaída, pero sí una evidencia silenciosa: La adicción deja huella, incluso mucho tiempo después de dejar de consumir.
Este hallazgo forma parte de un estudio dirigido por Gabriel Rubio, jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre y catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid, en colaboración con la Universidad Miguel Hernández de Elche.
La investigación ha analizado cómo responde el cerebro de las personas que superan una dependencia al alcohol, y qué ocurre cuando se enfrentan de nuevo, aunque sea solo visualmente, a aquello que un día les generó placer y destrucción a la vez ¿Por qué el cerebro mantiene su vulnerabilidad a pesar de los años de abstinencia? ¿Cómo este conocimiento puede ayudar a las personas en recuperación a vivir con mayor conciencia y equilibrio?
Motivación inicialUn estudio motivado por los interrogantes alrededor de esta enfermedad
– ¿Cuál es la motivación principal del estudio?
En primer lugar, hemos querido comprobar si la enfermedad de la adicción es para toda la vida y qué significa eso. Es algo que nos preguntan muchos pacientes y que gran cantidad de profesionales (clínicos, médicos, psicólogos, psiquiatras…) no nos creemos, o intentamos quitarle hierro, porque parece que lo de “para toda la vida” sea una losa.
Una recuperación empieza a ser sólida cuando han pasado, al menos, entre cuatro y cinco años de abstinencia”, Gabriel Rubio, jefe Servicio de Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre
Además de comprobar esta cronicidad, hemos querido verificar una serie de experiencias que nos cuentan los propios pacientes. ¿Por qué una persona alcohólica en recuperación tiene un contacto con la bebida, sin consumir, y, pasado un tiempo, siente ganas de beber o tiene reacciones en relación con la sustancia?
Esta cuestión nace de situaciones que plantean las personas en grupos o terapias individuales: Voy a asistir a un evento donde el alcohol estará presente. Por lo general, es gente que lleva pocos meses sin beber. Y, efectivamente, está todo el día sin beber, pero pasados unos días empieza a soñar que toma alcohol o, incluso, nota que le entran ganas de consumir.
Todo esto, durante muchos años, ha estado dando vueltas por mi cabeza. Hasta que un día me plantee comprobar si realmente la capacidad de atracción y de provocar estrés que tienen los estímulos condicionados al alcohol desaparecen con el paso de los años.
Obviamente, si a un paciente que acaba de empezar el tratamiento le preguntas si le apetece beber, te va a decir que no porque el alcohol le ha destrozado la vida. Pero tiene que haber algo en la cabeza para que, aunque lo nieguen, les pueda apetecer.
¿Cómo sabemos lo que a tu cerebro límbico le apetece? ¿El contacto con estímulos visuales relacionados con el alcohol motiva a ese cerebro límbico? ¿Todo esto provoca que la persona adicta en recuperación esté más o menos estresada? Esto es lo que me pregunto.
La muestra y el métodoEscoger y llevar a cabo el procedimiento
– ¿Cómo se escogió la muestra y cómo fue la evaluación de los pacientes?
Evaluamos a personas que iniciaron con nosotros un programa de desintoxicación orientado a la abstinencia. Pasados dos meses, antes de entrar en las terapias de recaídas, les ofrecíamos participar en el estudio.
En la primera parte nos centramos en medir el cortisol salivar el día que venían al laboratorio de psicofisiología. Introduciendo un palillo en la boca, extrajimos la saliva, la guardamos y analizamos los niveles de cortisol antes del experimento.
El experimento en sí se lleva a cabo con unos casos por los que aparece un sonido blanco continuo, que en momentos determinados se intensifica, mientras la persona observa imágenes neutras o de bebidas alcohólicas. Esa alteración provoca una respuesta de sobresalto. ¿Cómo se mide esto? Con la contracción del orbicular del ojo derecho o izquierdo, dependiendo de si la persona es zurda o diestra. Y con dos electrodos medimos cómo de intensa es esa respuesta.
Nota de la redacción: El orbicular es un músculo que rodea el ojo y se contrae de forma automática ante un sobresalto. Esa reacción permite medir la capacidad de atracción o aversión que genera un estimulo.
Una vez terminada la sesión, volvíamos a medir los niveles de cortisol salivar. En el paciente que llevaba dos meses desintoxicado observamos lo siguiente:
- Sus niveles de cortisol, comparados con los del grupo control que no tenía problemas con la bebida, eran más altos.
- La contracción del orbicular al ver imágenes de alcohol era menor que cuando veían imágenes neutras.
- Esta contracción era diferente a la del grupo control. En ellos, las imágenes de alcohol y las neutras producían contracciones similares. Es decir, el cerebro límbico de quien no tiene problemas con el alcohol responde diferente al de una persona con la enfermedad.
- Al terminar el experimento, los niveles de cortisol en el dependiente del alcohol eran más altos que cuando vino. Comparados con los del grupo control, también.
Esto es lo que cabría esperar de alguien que lleva poco tiempo en abstinencia: Visualizar imágenes relacionadas con el alcohol, estresa y, en consecuencia, los niveles de cortisol aparecen altos tras la medición. Esto se ha hecho con métodos más sofisticados que miden los niveles de cortisol en sangre. Sin embargo, lo que nadie ha hecho hasta el momento es ver qué pasa después de cuatro años.
– ¿Por qué acotar el tiempo a esos cuatro años?
Porque nuestros tratamientos duran dos años y porque queríamos estar convencidos de que durante ese tiempo los pacientes están bien, pero no tanto como cuando llevan más años de abstinencia.
La mayoría de los clínicos que nos dedicamos al campo de las adicciones entendemos que una recuperación empieza a ser sólida cuando han pasado, al menos, entre cuatro y cinco años de abstinencia. Por eso elegimos este baremo.
En la prueba, nuestros pacientes sabían que pasados los cuatro años los íbamos a llamar. Si estaban bebiendo tenían que pasar un proceso de desintoxicación con nosotros para garantizar una abstinencia comprobada, aunque la mayoría ya contaban con ella. Y les realizamos las mismas pruebas que cuando empezaron el tratamiento con nosotros.
– ¿Qué revela este sobresalto del orbicular?
Ver una imagen agradable, desagradable o neutra pone en marcha una actitud motivacional de aproximación o de alejamiento de ese estímulo. Durante el experimento, con las imágenes, el ruido y los sobresaltos, observamos dos supuestos:
- Si cuando estoy viendo una imagen relacionada con el alcohol, la contracción del orbicular es muy intensa, significa que lo que tengo delante me desagrada mucho.
- En cambio, si la contracción del orbicular es leve, significa que lo que estoy viendo me agrada mucho.
Es decir, podemos saber lo que le apetece al cerebro límbico el alcohol en función de cómo se contrae el orbicular cuando se observan las imágenes. A este paradigma se le conoce como “la modulación del reflejo de sobresalto por los estímulos emocionales” y se lleva empleando desde hace muchísimos años.
Principales conclusionesLa vulnerabilidad de la persona alcohólica se mantiene con el tiempo
– ¿Cuáles son las principales conclusiones que se desprenden del estudio?
Desconocíamos lo que íbamos a encontrar a los cuatro años, aunque intuimos que la persona en abstinencia podría estar mejor que cuando inició el experimento con nosotros. Pero la sorpresa, relativa, fue ver que sus niveles de cortisol salival estaban casi tan altos como cuando vinieron hace 4 años.
Al enseñarles las imágenes, ponerles los cascos, el ruido… La contracción del orbicular al ver las imágenes neutras y las de alcohol eran casi igual a la respuesta que obtuvimos cuatro años atrás. Además, los niveles de cortisol salival después del experimento seguían estando altos.
Los resultados decían que, aunque el paciente lleva cuatro años sin beber, y está bien, los factores de vulnerabilidad relacionados con la respuesta al ver imágenes relacionadas con el alcohol representan una respuesta apetitiva que provoca un incremento del estrés. Y esto pasa con dos meses o cuatro años de abstinencia.
Es decir, el paciente está mejor, haciendo una vida normal, pero se sigue estresando lo mismo que hace cuatro años.
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– ¿Qué diferencias han encontrado según el sexo?
Las mujeres suelen tener más problemas psicológicos y psiquiátricos que los varones cuando llegan al tratamiento. Cuando hablo de “más problemas” me refiero a los emocionales, como más depresión y más ansiedad.
Sin embargo, la respuesta de ellas a nivel basal no se modifica mucho a los cuatro años. Pero es cierto que cuanto más ansiosa esté una persona, sus niveles de cortisol estarán más altos. Por eso no comparamos a una señora con un señor. Comparamos a la señora de antes con la de después y con otra que no presente problemas con la bebida, que viene a ser el grupo control.
Relación con el alcoholismoLos avances que el estudio ofrece a la clínica de la adicción
– ¿Qué implicaciones tiene esto en la clínica de la adicción al alcohol?
Primero, que con las personas que presentan una dependencia moderada o grave al alcohol no se puede bajar la guardia, pues los factores de vulnerabilidad siguen presentes, lo que habla a favor de la cronicidad de la enfermedad.
Segundo, tenemos que trabajar para que estas personas entiendan la enfermedad. Es decir, que sean capaces de estar siempre alerta y mantener un estilo de vida donde el alcohol tenga una participación e intervención mínima. Y, si la tiene, que la persona sea consciente de por qué se está exponiendo a ello. Tercero, si el estrés sigue en niveles altos, los clínicos debemos promocionar las actividades poco estresantes y que mejoren la vida cotidiana de las personas, aunque la persona, aparentemente, no

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.
El estudio confirma lo que muchos pacientes intuyen: La adicción no desaparece, se aprende a convivir con ella. Entender esta vulnerabilidad no es una condena, sino una herramienta para cuidar la recuperación cada día.
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Equipo Adictalia
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