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Ex pareja adicta: cuando tus hijos deben convivir a la fuerza con las consecuencias de la adicción

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padre adicto divorciado y su hija

El caso real de una madre que lucha por la custodia de su hijo

Las respuestas de un abogado experto en Derecho de familia sobre las opciones legales

La restricción del régimen de visita a sus hijos/as, la retirada de la guarda y custodia o, incluso, de la patria potestad a una ex pareja adicta, constituye un tema de consulta recurrente en los teléfonos de Adictalia. De hecho, una pregunta casi tan frecuente como los casos de las parejas con hijos que se separan porque la adicción de uno de ambos torna la situación familiar insostenible.

En muchas ocasiones la pareja que no sufre la enfermedad en carne propia logra imponerse a la coadicción: la otra patología psicológica que pueden experimentar quienes conviven con personas adictas. Toma las riendas de su vida y decide separarse para acabar con un verdadero infierno.

Pero luego se da cuenta de que al salir por la puerta se topa con otra realidad muy difícil de asimilar como madre o, en menos ocasiones, como padre. Esta es: que sus primogénitos deban convivir durante unos días, incluso la mitad del mes, con su ex pareja adicta, y con las consecuencias de la adicción esta terrible enfermedad.

Este es el caso de Margarita, una madre desesperada y al borde del juicio por la custodia de sus hijo de dos años, de quien narramos brevemente su historia. A continuación, y previamente puestos el lector o la lectora en contexto con la historia real, entrevistamos a Pablo Pardo, abogado experto en Derecho de familia. Este profesional explica los laberintos legales en casos donde se disputa la custodia de menores cuando uno de los progenitores sufre adicción.

LUCHAR PARA PROTEGER A TU HIJO DE UNA EX PAREJA ADICTA

Margarita conoció a su pareja por una amiga en común. Cuando comenzaron a salir, ambos consumían diferentes sustancias. Pero cuando ella quedó embarazada lo dejó todo. “Jamás volví a probar nada, ni fumo ni bebo, lo dejé todo”, asegura. Él, en cambio, siguió en la misma línea: cocaína, alcohol y, cada vez más, acudía a las máquinas tragaperras.

“Yo pensaba que era algo pasajero y que no estaba tan enganchado como parecía”. Pero la realidad se tornó cada vez más cruda. Cuando su pareja consumía se perdía, y cuando no tenía para hacerlo, se volvía agresivo y encontraba cualquier excusa para despertar su violencia, psicológica y física. O bien empalidecía, sudaba, temblaba y terminaba por rendirse a la busca de la droga, donde fuera y a cualquier precio. Lo que llaman “el mono”.

Con un bebé en camino, Margarita comenzó a desesperarse. Y claro que se le pasaba por la cabeza dejarle, pero entre el afecto y la necesidad de criar acompañada, se embarcó en ayudarle sin medir posibilidades ni consecuencias.

Convinieron en asistir a una reconocida asociación para personas con adicciones. Él como adicto, ella como co-adicta. No salían a ningún sitio para no tentar a la sed: “Ni bares ni nada relacionado; no fue nada fácil, pero la experiencia fue muy buena”, aclara Margarita. A pesar de que él acudía casi por obligación, pues “mentía” en los grupos, y no reconocía estar enfermo, algo clave para que el tratamiento arroje resultados efectivos.  

Con todo, consiguió mantener unos meses de abstinencia. En concreto: 90 días sin consumir.

ex pareja adicta y su hija
Demostrar que una persona es adicta y representa un riesgo para sus hijos, es muy complicado en la práctica, por diversos motivos.

El problema es que la persona adicta nunca deja de serlo, y necesita, en palabras llanas, un mantenimiento. Esto es: una terapia de por vida que brinde valores y motivaciones, y aminore cada vez más los impulsos tóxicos de una enfermedad crónica. Sobre todo, en personas que vienen de una historia familiar de adicciones. “Su madre estaba con la metadona en ese momento y nos ignoraba”.

Luego llegó el naufragio. “Tuvimos el niño y ahí fue el desastre total”, recuerda Margarita. Acababa de conseguir un trabajo y, al verse con dinero en las manos y retornar al antiguo grupo de amistades, recayó. “Creo que la paternidad también le vino grande”, añade Margarita, quien al final se rindió.

LA DURA REALIDAD AL SEPARARSE DEL PADRE ADICTO DE SUS HIJOS

“Fue duro porque era el padre de mi hijo, de nuestro hijo, y yo había luchado por ser felices los tres, lo amaba. Pero no podía permitir que mi niño de un año viera cosas así”, argumenta Margarita. 

Así que decidió alejarse. Y está lejos de arrepentirse de ello: “Hoy tengo claro que el cambio de una persona adicta no está en las palabras si no en los actos, y que por intentar salvar a una persona no puedes dejarte morir tú”.

Sin embargo, este no fue el final, sino el comienzo de la cruda realidad que hoy vive Margarita, como muchas otras madres y, en menor medida quizá, padres, como consecuencia de formar parte de un entorno familiar de adicción. Su mayor miedo es que su ex consiga la custodia compartida que ha solicitado a la Justicia, pese a encontrarse, según ella, en una de sus peores etapas de adicción.

“En este tiempo él podía coger al niño martes y miércoles, lo recogía de la guardería, aunque no estaba bien”, explica la madre. “Andaba con mala gente”. Pero legalmente, está autorizado para cuidar del niño dos días a la semana.

“Un día me llamó la policía porque encontraron mi número en unos papeles y querían localizarle porque le habían denunciado por robo”. Después de ese día, el ex de Margarita se fugó y no volvió a preguntar por el niño. Tampoco pasó nunca un euro de pensión.

padre con adicción
El miedo de Margarita es el resultado del juicio por la tenencia de su hijo, que se celebrará cuando el ex salga de la cárcel.

Lo último que supo Margarita es que terminó en la cárcel, al igual que su nueva pareja, también adicta ella. Pero no fue por el robo en su trabajo. “Debió de ser por incumplir la orden de alejamiento con su pareja, porque se habían denunciado mutuamente por violencia… y yo aquí con una ansiedad que me va a dar algo, luchando por la custodia de mi hijo”, se lamenta la madre.

La pareja de su ex, dice ella, tiene una niña de 9 años a quien “deja por ahí” durante sus consumos.

Y en esas está Margarita, intentado que la Justicia le otorgue la custodia total del niño para evitar que el padre pueda volver a ejercer su régimen de visita, teniendo en cuenta el estado en el que se encuentra. Pero ella sabe que “quitar la patria potestad es algo imposible, según dicen; pero vamos a luchar por ello”.

Al momento de esta entrevista, le quedaban 6 meses para cumplir condena. “Mi preocupación, mi miedo, es cuando salga de la cárcel”, advierte Margarita. “Mi abogado no sabe por dónde coger el caso”.

QUÉ HACER CUANDO TIENES UNA EX PAREJA ADICTA Y DEBE CUIDAR DE TUS HIJOS/AS

Las respuestas de un abogado experto en Derecho de Familia sobre casos con ex pareja adicta

Esta realidad se repite frecuentemente en parejas con hijos que se separan a causa de la adicción que sufre una parte. Resulta muy complicado que la Justicia inhabilite al padre o la madre para visitar o compartir con sus hijos a causa de su adicción. Ni qué hablar de retirarle la patria potestad.

Para ello hemos contactado con el abogado Pablo Pardo, especialista en Derecho de Familia, quien precisa en esta entrevista los términos y condiciones legales que intervienen en casos de disputa de custodia por motivos de adicción de uno de los progenitores.

Pablo Pardo, abogado
Pablo Pardo, abogado especialista en Derecho de familia.

¿Qué diferencia existe entre la patria potestad o la guarda y custodia?

En los casos de separación o divorcio, debe diferenciarse entre la guarda y custodia de los hijos y la patria potestad.

1.  La guarda y custodia es la facultad concedida a uno de los progenitores (cuando es exclusiva), o a ambos (cuando es compartida), para que éstos tengan a su cargo a sus hijos y les procuren atención y asistencia a todos los niveles en el día a día

Como se ha indicado, puede ser de tipo compartida entre los dos progenitores o exclusiva, cuando se ejerce únicamente por uno de ellos (en estos casos, lo habitual es que el progenitor que no tenga atribuida la guarda y custodia tenga fijado un régimen de comunicación/visitas para poder relacionarse con su hijo o hija). 

Cuando se da una adicción en alguno de los progenitores, y esta situación puede repercutir negativamente en el menor, tanto la custodia como el régimen de visitas, en su caso, podrían ser revisados por la autoridad judicial, y en los casos más graves, podría suponer su privación.  


La guarda y custodia es la facultad concedida a uno de los progenitores o a ambos, para que éstos tengan a su cargo a sus hijos y les procuren atención y asistencia a todos los niveles en el día a día

Pablo Pardo, abogado especialista en Derecho de Familia

De hecho, si se puede demostrar que una persona es adicta, seguramente será posible privar a dicho progenitor de la guarda y custodia. Y en los casos en que el progenitor no tenga atribuida dicha guarda y custodia pero sí un régimen de visitas, también se le podrá privar de la posibilidad de comunicarse con su hijo.

O bien se le obligará a hacerlo de otra forma que garantice mejor la integridad del menor (por ejemplo, estando el otro progenitor presente en las comunicaciones en todo momento, a través de un Punto de Encuentro Familiar tutelado y supervisado por la Administración, etc. ). 

Pero en todo caso hablamos de guarda y custodia y no de patria potestad, es decir, que nos referimos al poder de decidir en la cotidianeidad de los menores qué comen, qué visten, qué hacen, entre otras cosas.

2.     La patria potestad implica, por otro lado, las obligaciones, deberes y derechos que tienen los progenitores respecto de sus hijos/as. Por ejemplo: si el menor debe asistir a la sanidad pública o privada; si los centros escolares donde cursarán estudios serán públicos o privados, de tipo religioso, laico, etcétera.

Todo eso afecta a la patria potestad, que es mucho más complicada de quitar a un progenitor. La persona tiene que haber incurrido en una dejación muy evidente de sus obligaciones y derechos como padre o madre para que esto suceda.


La patria potestad implica, por otro lado, las obligaciones, deberes y derechos que tienen los progenitores respecto de sus hijos/as. Es mucho más difícil que se le quite a una persona este derecho.

Pablo Pardo, abogado especialista en Derecho de Familia

¿Se puede perder la guarda y custodia y, en su caso, la patria potestad por sufrir adicción?

Sí. Pero no hay ninguna norma que diga o establezca una relación de los casos en que se puede privar a un progenitor de la patria potestad. Eso dependerá del caso concreto y de la gravedad de la conducta del progenitor en relación con sus hijos.

Por su parte, en los casos en que no haya ruptura convivencial entre los progenitores es más inusual ver casos en que se priva de la patria potestad a alguno de ellos, pero también podría darse. No obstante, en estos casos lo habitual es que los servicios sociales del municipio realicen un seguimiento y control de la relación paterno o materno filial y determinen, en su caso, las medidas que deben adoptarse para proteger el menor.

En los casos más extremos, puede llegar la administración a tutelar al menor, e incluso acogerle fuera del domicilio de los progenitores. Si bien la casuística es muy diversa y extensa.  

Es decir, ¿que la retirada de la guarda y custodia a un padre o madre sólo se da en casos extremos?

Sí. Por ejemplo, cuando no le pasa la pensión de alimentos durante bastante tiempo a sus hijos, no se ha preocupado de visitarles, de tener un contacto mínimo, de interesarse por su estado, etcétera. Esto es un caso donde normalmente se puede revocar la patria potestad.

Y si a eso le añadimos una drogodependencia, y como consecuencia de esa adicción probamos que se dio un perjuicio real para el menor, entonces podríamos estar hablando de eliminar tanto la guarda y custodia como la patria potestad.

Ahora bien, cada caso es un mundo. En temas matrimoniales es difícil establecer un patrón genérico, cada situación se debe estudiar y analizar de forma particular, y en función de sus peculiaridades concretas.

LA OPCIÓN DE UNA CAUTELAR CUANDO TU HIJO/A PELIGRA POR LA ADICCIÓN DE TU EX PAREJA

Una medida provisional hasta que demostrar la adicción

¿Qué hacer cuando uno de los progenitores desatiende a sus hijos por motivo de su adicción?

Ante todo, la persona debe demostrar que su ex pareja tiene realmente problemas de adicción. Y luego nos podemos encontrar con un doble inconveniente.

  • Primero, que la prueba no siempre es fácil. A veces se supone que existe adicción, pero solo porque alguien lo ha dicho, no porque haya una prueba en firme ni un tratamiento o ingreso en UCA u otros tipos de centro de desintoxicación que corroboren la enfermedad.
  • Segundo, debe comprobarse que la enfermedad repercute negativamente en la convivencia entre progenitor e hijo. Esto siempre debe estar acreditado vía judicial: tiene que ser un juez quien ratifique que efectivamente el problema de adicción de uno de los progenitores está perjudicando al menor y que, por lo tanto, resulta conveniente limitar o extinguir tanto la guarda y custodia, como la patria potestad.

¿Y si la situación de peligro para el menor es insostenible por la adicción de su progenitor?

En estos casos, lo que debe hacerse es iniciar de inmediato las acciones judiciales encaminadas a evitar que el menor pueda padecer cualquier tipo de perjuicio o daño.

Por ejemplo, pueden solicitarse unas medidas cautelares, cuyo trámite es sumario y urgente, al amparo de lo establecido en el art. 158 del Código Civil, tendentes a apartar al menor de cualquier tipo de peligro, daño o perjuicio para él inminente. También existe la posibilidad de interponer un procedimiento de medidas provisionalísimas que tiene una finalidad parecida a la anterior.


Si la drogodependencia o adicción de la persona afecta al menor, aplicar el art 158 podría ser un camino adecuado, aunque provisional, para eliminar o restringir la patria potestad, la guarda y custodia o el régimen de visitas de inmediato de forma momentánea.

Pablo Pardo, abogado especialista en Derecho de Familia

Si la drogodependencia o adicción de la persona afecta al menor, podría ser un camino adecuado, aunque provisional, para eliminar o restringir la patria potestad, la guarda y custodia o el régimen de visitas que pudiera tener el progenitor o la progenitora adicta.

No obstante, lo más habitual es interponer una demanda de divorcio o separación, o de medidas extramatrimoniales (cuando no hay matrimonio), incluyendo la solicitud de medidas provisionales. Pero debe tenerse en cuenta que en estos casos el trámite judicial no es breve y pueden pasar varios meses hasta que se adopte alguna medida encaminada a proteger al menor.

EL PESO FUNDAMENTAL DE LA PRUEBA DE LA ENFERMEDAD DE TU EX PAREJA ADICTA

¿Sólo basta con denunciar la conducta de la ex pareja adicta?

No. La otra parte debe probar que existe la adicción. Siempre tiene que basarse en una prueba acreditada de una manera válida a nivel judicial, es decir: debe existir soporte probatorio de entidad.  Por ejemplo, que como consecuencia de su drogodependencia la persona se haya quedado dormida en el domicilio durante horas sin cuidar a los niños.

O que los haya dejado solos para irse a comprar o consumir droga, o que no los tengas debidamente cuidados, asistidos o atendidos, si bien la casuística es muy amplia.

Incluso las pruebas de adicción suponen una complejidad. Porque muchas veces las personas con adicción encuentran fórmulas para esquivar estos exámenes.

¿La prueba de la adicción del progenitor es ineludible, incluso cuando está en juego la protección de menores?

Sin duda. En todos los trámites judiciales tiene que haber una prueba de la adicción, si no va a ser complicado cualquier requerimiento judicial para forzar la voluntad de la persona adicta. Sobre todo, en los temas de familia, como separaciones y divorcios, donde si no existe una prueba contundente no se conseguirán buenos resultados.

Por otra parte, la prueba de la adicción no siempre es sencilla, y más cuando el supuesto adicto no pone las cosas fáciles, que es en la mayoría de los casos, ni reconoce la adicción (no se somete a las pruebas de detección de droga de forma voluntaria o las boicotea para que no sean fiables, cuando son acordadas judicialmente, por ejemplo).

Además, entre que se solicita la prueba, se acuerda por el juzgado y la realiza el Instituto de Medicina legal, pueden pasar de 3 a 4 meses; no son inmediatas, lo que da margen al adicto para informarse, prepararse e intentar que no salgan bien.

¿Cómo se prueba la enfermedad en casos de adicciones donde no hay sustancia, como la ludopatía?

Si son juegos online es más fácil de probar, pues se puede solicitar prueba judicial para demostrar un juego diario o habitual (extractos bancarios, registros de entrada en bingos o casinos, solicitud de información a las casas de apuestas, etc.) He llevado un caso recientemente en que en tres meses la persona había hecho 700 apuestas. No pudo negar que es ludópata: se gastaba alrededor de 1.200€ al mes en apuestas deportivas online.

Con todo, este tipo de pruebas tienen la dificultad añadida de iniciar un procedimiento judicial para que un juez determine que cabe realizarlas. Quizá si se aplica el 158, la autorización para entrar en las cuentas puede ordenarse de forma urgente, para saber si juega de forma online o realiza extracciones para ir al casino o al bingo.

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