ADICCIÓN Y ESTIGMA SOCIAL

Autoestigma: la marca autoimpuesta de las personas adictas

Cuando la persona hace propia la condena social de su adicción

9 minutos
Publicado el
Artículo actualizado el
autoestigma de la adiccion

Aparece en este artículo

Desde hace un tiempo, Julio evita encontrarse con sus hijos en casa: intenta alargar la estancia en el bar para no coincidir con ellos en la mesa y, si puede, llega tarde para esquivar a su mujer. Además, se ausenta de todas las reuniones familiares y, cuando no le queda otra que cumplir algún trámite, siempre siente una profunda vergüenza ante la mirada de quienes le atienden. 

Julio es consciente de que es alcohólico, y que su apariencia y las consecuencias de sus actos generan impotencia, rabia y vergüenza a su alrededor. La misma que siente él de sí, por eso se siente culpable. Así que ha decidido apartarse, aparecer lo menos posible, autoexcluirse. Si no puede lidiar con los impulsos de la enfermedad, mejor quizá sea evitar el juicio que provoca alrededor y marginarse: marcarse como infame. Es lo que se conoce como autoestigma.

Socidrogalcohol lleva varios años difundiendo una campaña dirigida a visibilizar las consecuencias de la condena que reciben las personas que sufren adicción por el hecho de sufrir esa enfermedad. Francisco Pascual Pastor, el presidente de esta sociedad científica, nos explica al otro lado del teléfono a qué responde esta autocondena y cuáles son las consecuencias.

¿Qué es el autoestigma?

– ¿Qué es el autoestigma en la adicción?

– Existen tres tipos de estigma:

  • El estigma social: el que manifiesta la sociedad en general hacia las personas que tienen un trastorno adictivo.
  • El estigma profesional: el que muchas veces tiene hacia las personas con adicción el personal sociosanitario y, sobre todo, el que no se dedica a tratar adicciones. Un estigma que justifican porque son pacientes incómodos y les cuesta, porque no saben, manejarlos. Por tanto, el personal tiene esa sensación de que las personas adictas les molestarán: les van a pedir, a exigir, recetas, y otras cosas.
  • El autoestigma: Estas percepciones conducirán a una persona que ya es consciente de que tiene un problema de adicción, a que se automargine. Porque se da cuenta de que está fuera de los circuitos sociales y que cuando va a los sitios no la tratan igual. 

La persona adicta se autoestigmatiza porque, por ejemplo, percibe que, a pesar de haber sido diagnosticada de cualquier otra enfermedad, cuando acude a la puerta de urgencias, a la consulta médica o a un recurso de servicios sociales, lo primero que le verán es la etiqueta de “persona adicta”, y no el diagnóstico o problema por el que va. Ni siquiera la etiqueta de “persona”, como cualquier otra, sino la de “adicta”.

Esto, precisamente, la conduce a sentirse avergonzada de tener una enfermedad, la adicción, que no es impuesta ni auto impuesta, sino que consiste en una pérdida de control sobre el consumo de sustancias.

El autoestigma también lo llevamos observando últimamente con las personas que tienen un problema de trastorno de juegos, con consecuentes problemas económicos, familiares, etcétera. El autoestigma es la condena que uno lleva y que termina pesando mucho.

El vínculo con el estigma social y profesional

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.

– ¿Se puede decir que el autoestigma es, entonces, el resultado de los estigmas de tipo social y profesional?

– Efectivamente. El estigma es una marca que lleva una persona encima. Por ejemplo, en la Edad Media, quienes sufrían la peste manifestaban bubones: una especie de vesículas hinchadas llenas de pus; los que sufrían la lepra tenían el estigma de que iban perdiendo trozos de piel, de carne.

Llega un momento en que las personas, en este caso adictas, se dan cuenta de que, por culpa de tener esa enfermedad, el resto de la gente no se le acerca. De hecho, para tratar a quienes enfermaban de peste, el personal se ponía aquellas mascarillas que tenían punta de pico de pato; y a quienes padecían lepra se les vestía con una sudadera, una especie de sacos. 

Imaginad lo que representa para una persona que el resto de la sociedad esté viéndola así, marcada. ¿Qué hace esta persona? Pues huir de la sociedad, del entorno. Por el hecho de estar enferma se aparta, por tanto, el autoestigma es resultado de lo que la sociedad en su conjunto viene haciendo con ella.

La influencia del carácter de la persona

– ¿Cuánto influye el carácter personal en el autoestigma?

También es resultado de lo que ella misma ve de sí, porque el autoestigma se sufre cuando la persona ya es consciente de que tiene un problema. Un problema que debería de haber resuelto y que, probablemente, no ha sabido o no ha podido solucionar por sus circunstancias individuales. Sabiendo que lleva esta carga encima, pues, no le gusta exhibirla a la sociedad y se aísla

Por ejemplo, presas de este autoestigma, las personas que son homeless se unen entre ellas porque ya no pueden estar con las demás y prefieren estar solas. Se dan cuenta de que no encajan en la norma de la sociedad, y ese es el autoestigma.

Por el hecho de estar enferma se aparta, por tanto, el autoestigma es resultado de lo que la sociedad en su conjunto viene haciendo con la persona.

Francisco Pascual Pastor

Un problema de adicción trasciende a lo que es la familia inmediata de la persona que lo sufre. A menudo, no hace falta que la excluyan de la familia porque llega un momento en que ella sola se aparta: sabe que su conducta adictiva le hace daño también a la gente que tiene alrededor

Así que va alistándose para no ser señalada por las demás, por un lado, y, por otro, cuando ya son conscientes, también para no hacer sufrir a su entorno.

¿Representa un obstáculo en la búsqueda de ayuda?

– ¿El autoestigma obstaculiza la posibilidad de que la persona pida ayuda?

 – Es como la pescadilla que se muerde la cola: la persona al final se siente culpable por su conducta y cree que será juzgada donde vaya. Y esto le aleja de los circuitos de asistencia de todo tipo, no solamente los sanitarios, también los sociales.

Esto responde además a la actitud que a menudo protagoniza el personal profesional, con frases como: “Bueno, cuando usted solucione el problema de la adicción ya le ayudaremos con el problema de la vivienda, la comida…”, o lo que sea. La persona se siente impotente porque incluso ya ha intentado solucionar su adicción y, ante la impotencia de haber fracasado, prefiere renunciar a pedir una ayuda porque la exigencia que les imponen es superior a lo que han sido capaces de hacer.

En esto se basa que hablemos de las acciones de reducción de daños, de acercamiento, de motivación. Por medio de estas estrategias no buscamos el objetivo de que la persona deje de consumir, sino disminuir el consumo y aminorar los problemas sanitarios y familiares, entre otros aspectos.

¿La familia también lo sufre?

– ¿La familia también padece de alguna manera de autoestigma: se autoestigmatiza como familia de una persona adicta?

– Sin duda. Cuando una familia tiene una persona con un problema de trastorno adictivo, lo primero que hace es ocultarlo: “Esto no lo digáis al resto de familiares; que no se entere nadie; este es nuestro secreto y no debe trascender…”. Claro, cuando ocultamos un problema tan evidente, a lo mejor ya todo el edificio se entera de que hay una persona que sufre adicción.

Este tipo de órdenes suele provenir de madres o esposas, que suelen actuar con mayor sensibilidad y prefieren que no trascienda el problema, por aquello del “qué dirán de nuestra familia”. El “qué dirán” impide que esa persona pueda de nuevo acceder a ayuda. De todas formas, toda la familia se suele avergonzar de vivir un problema de adicción en casa. Y lo manifiestan en frases del tipo: “Cómo vamos a tener esta situación; ya lo solucionaremos entre nosotros; es una cosa muy íntima”.

– Las familias ocultan la adicción de un familiar a la comunidad…

– Sin embargo, nunca una enfermedad es una cosa íntima: si no se da a conocer, nunca se puede tratar. Si ignoran la existencia de la adicción las personas que pueden ayudarme, ésta nunca se tratará. Así, la adicción se suele esconder a las amistades y al resto de las personas que podrían ser artífices o el punto de enganche para alcanzar una solución.

Cuando una familia tiene una persona con un problema de trastorno adictivo, lo primero que hace es ocultarlo

Francisco Pascual Pastor
Mujeres adictas y autoestigma

– ¿Por qué el hecho de ser mujer influye en que abandonen antes los tratamientos o, incluso, en pedir menos ayuda?

– Si la persona que tiene un trastorno adictivo es una mujer, la autoestigmatización que sufre es mucho más importante. Se suele escuchar: “Qué bonito que una mujer sea divertida” y “qué problema más grande” cuando la mujer deja de ser divertida para convertirse en algo más que la sociedad tilda de “perdida”, “fulana”, que “ha abandonado a los hijos” o “no los atiende”. 

Esto suele suceder en relación con la mujer que sufre adicción. En ellas la estigmatización es muy superior y, en consecuencia, la autoestigmatización. Y se debe a que esta persona está incumpliendo los roles que la sociedad patriarcal tiene establecidos para su género.

Por otra parte, y a pesar de los años que llevamos de lucha feminista (que no son muchos), siempre ha estado bien visto que el hombre se vaya de fiesta, se tome cuatro copas, se tome dos rayas, se gaste su dinero (“porque lo gana él con su trabajo”, dicen). La sociedad es muy hipócrita en este sentido. El rol de la mujer en esta sociedad pasa por “ser buena madre”, “buena esposa”, “buena amante”… buena buena buena del todo.

Una mujer que tiene un trastorno adictivo incumple con todo eso que la sociedad le presupone. Acudir a algún sitio y admitir que tiene problemas de adicción, y sus consecuencias, implica reconocer que ha fallado como “mujer”. Porque no ha estado a la altura de lo que la sociedad machista le está exigiendo.

Reducción de riesgos

– Acaba de mencionar los programas de reducción del riesgo. ¿Qué pueden hacer los y las profesionales para paliar el problema de la autoestigmatización?

– Lo primero que debemos hacer desde el campo profesional para combatir la autoestigmatización de las personas adictas es desdramatizar y desculpabilizar. Son dos puntos importantes. 

Debemos intentar que la persona comprenda que la conducta que tiene, a menudo, es resultado de su entorno. Se habla mucho de la prevención ambiental porque el ambiente es determinante a la hora de que una persona desarrolle un trastorno adictivo. Entonces, si el ambiente puede determinar que se tenga un problema, ¿cómo se puede culpabilizar o responsabilizar a alguien de lo que le está sufriendo?.

Debemos transmitir a la persona, tras que sea consciente o que le hayamos realizado un diagnóstico, la necesidad de que se responsabilice de su salud. Pero no podemos culpabilizarla de que haya llegado donde está.

La culpa no es de la persona adicta

– Nadie es culpable de sufrir adicción…

– Pero si es la propia sociedad la que nos está bombardeando con el consumo de alcohol. Y constantemente recibimos publicidad de tabaco, la cual, en teoría, no existe, cuando sí la vemos de forma indirecta, subliminal, por medio de series y otros formatos. Ahora asistimos a un bombardeo con el tema de los vapeadores, donde observamos detrás a la industria tabaquera. Luego tenemos la normalización del consumo de cannabis y que cada vez se le preste menos importancia a que, en ciertos contextos festivos, se consuma cocaína.

Debemos intentar que la persona comprenda que, si ha llegado a esa situación de dependencia y ha desarrollado esta enfermedad, no es porque lo haya querido. Ha consumido una sustancia y ha generado una conducta en relación con la cual no tenía la información suficiente. De hecho, desconocía realmente la posibilidad de desarrollar adicción.

La sociedad en la que vivimos establece que, en honor a la libertad, las personas podemos hacer lo que nos dé la gana, pensando que nunca nos ocurrirá nada. Y pregunto: ¿Eso es responsabilidad de la persona consumidora o ésta se ve atrapada en una circunstancia? Esto es lo primero que debemos hacer para combatir el autoestigma: quitar el peso que la persona adicta lleva encima. Y, segundo, darle a entender que, si está dispuesta, como en cualquier otra patología, puede acceder a un diagnóstico y a un tratamiento. Desdramatizar es importantísimo.

autoestigma de las personas adictas
La adicción tiene tratamiento, lo importante es buscar ayuda, no bajes los brazos.
La estigmatización entre personas adictas

– Percibimos estigmatización incluso entre personas que sufren diferentes adicciones dentro de los centros. ¿A qué se debe?

– Claro. La persona cocainómana es la que se consideraba como “la del caviar” (aunque ahora ya no tanto porque el precio del gramo se ha mantenido en el tiempo). La que consumía heroína era señalada por aquella como “yonki de mierda”. ¡Y esto lo decía el cocainómano!

Esta estigmatización entre personas adictas es una realidad. Y pasa igual con el alcohol. Entre las personas bebedoras, las que van de fiesta y se lo pasan bien y terminan en unas condiciones no muy saludables, son capaces de ver a alguien de un estatus social más bajo alcoholizada y dirigirse o pensar de ella como “borracha de mierda”.

La persona al final se siente culpable por su conducta y cree que será juzgada donde vaya. Y esto le aleja de los circuitos de asistencia de todo tipo, no solamente los sanitarios, también los sociales.

Francisco Pascual Pastor

Esto no sé si es una realidad que atañe solamente al mundo de las drogas o el resultado de una falta de educación general para comprender que las personas, independientemente del sexo, la edad, la creencia o de la procedencia geográfica, somos personas. Pero claro, en un país donde se está votando a un partido que criminaliza a la gente que viene de fuera, qué se puede esperar…

El respeto por los Derechos Humanos es una condición básica y, desgraciadamente, la que estamos perdiendo, lo cual conlleva a que miremos a otras personas por encima del hombro. 

¿Alguien me va a explicar por qué esa persona ha podido terminar siendo consumidora de heroína? ¿Alguien me puede explicar en qué ambiente familiar se ha criado, cómo era su padre, como es la educación que ha recibido, en qué barrio vivía, en qué condiciones económicas?

A lo mejor, a partir de estas respuestas, se entendería que una persona, sus actividades, sus actitudes, en torno a la adicción, son fruto de determinadas circunstancias muy globales y no de un aspecto concreto. A partir de aquí miraremos a las personas como personas, sean adictas o músicas, da igual.

Si te gustó el artículo, ¡compártelo!

Redacción

Equipo Adictalia
Comité Editorial | comunicacion@adictalia.es

Escribe un comentario

No se mostrarán tus datos personales, solo tu nombre. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos relacionados

Mantente actualizado sobre las novedades del sector. La salida es colectiva.

Hipersensibilidad y adicciones: una distinción fundamental

La diferencia entre personas hipersensibles y altamente sensibles

Publicado el
Artículo actualizado el

Tolerancia a las drogas y otros hábitos compulsivos

¿Por qué se produce la tolerancia en sustancias? ¿Siempre se da de la misma forma?

Publicado el
Artículo actualizado el
8 minutos

Cómo dejar una adicción: “es fundamental que la persona sea consciente de su problema”

El psicólogo José González Guerras explica las claves para salir de un hábito destructivo

Publicado el
Artículo actualizado el

Adicción al trabajo: síntomas, causas y consecuencias

Una adicción que pasa desapercibida en la sociedad de la autoexplotación

Publicado el
Artículo actualizado el
12 minutos

¿Cómo se recupera un adicto o una adicta?

Respuesta en torno a la frase “un adicto siempre será un adicto”

Publicado el
Artículo actualizado el

¿Soy adicto al móvil? Respuestas a una pregunta cada vez más frecuente

Cómo identificar a una persona que está enganchada al móvil

Publicado el
Artículo actualizado el
8 minutos
Índice de este artículo