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Tratamiento de adicciones

Disulfiram: «Los tratamientos farmacológicos no son la panacea»

El tratamiento óptimo para el alcoholismo, según un experto, y la función del disulfiram

11 minutos
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Tomando disulfiram para combatir el alcoholismo

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El uso del disulfiram en el tratamiento del alcoholismo no es nuevo. La reacción desagradable que provoca esta sustancia cuando está presente en el organismo y la persona bebe alcohol, se descubrió en la primera mitad del siglo XX. En los años 30, un médico que atendía a trabajadores de la industria de la goma dedujo que los efectos físicos adversos que sentían aparecían después de beber.

Pero fue en 1948 cuando investigadores daneses dieron con su uso terapéutico para tratar el alcoholismo, tras probar los efectos de la sustancia en sus propios cuerpos luego de beber alcohol. En concreto, el Disulfiram provoca una reacción aversiva, incómodas y desagradables, en quien consume etanol o un derivado de éste, como, por ejemplo, el vinagre de vino o, incluso, en quien se echa perfume.

A partir de este hallazgo, el campo de tratamiento del alcoholismo exploró hasta la actualidad diferentes usos y vías de aplicación de la sustancia. En cuanto a formas de administración del disulfiram, se ha usado y se sigue usando por vía oral, y más recientemente por medio de implantes subcutáneos y de forma inyectada intramuscularmente. La forma más común de administrar disulfiram es ingerido en pastillas diarias.

Síntomas del disulfiram

El disulfiram genera síntomas desagradables en el organismo como: 

  • Dolor de cabeza, 
  • Enriquecimiento de la piel
  • Náuseas y vómitos
  • Sudoración
  • Aumento de la temperatura corporal
  • Hipertensión
  • Taquicardia
  • Sensación de confusión
  • Dificultad para respirar
  • Ansiedad
  • Visión borrosa

El motivo por el cual el disulfiram provoca esta reacción molesta en quienes beben alcohol, o, incluso, tienen contacto con algún derivado, es que interrumpe el metabolismo de esta sustancia. Esto provoca que se acumule, es decir, que se produzca un exceso en sangre de acetaldehído: el etanol. En condiciones normales, el hígado trabaja para metabolizar el alcohol. Pero si ha consumido disulfiram, esta función se encuentra bloqueada.

Aprovechando esta reacción, al principio se usaba el disulfiram con un objetivo terapéutico prioritariamente aversivo. Esto se traducía, por ejemplo, en que a la persona se le administraba la sustancia al mismo tiempo que se la invitaba a beber, de modo que terminara asociando las sensaciones desagradables con el hecho de ingerir alcohol. Con el tiempo, esta estrategia se demostró ineficaz, además de engorrosa, y se pasó del uso aversivo del disulfiram al disuasivo, para conseguir la desintoxicación, primero, y prevenir recaídas cuando ya se ha alcanzado la sobriedad, más tarde. 

El uso actual del disulfiram

Es decir, se emplea disulfiram para lograr la abstinencia en la fase de desintoxicación, ya que la persona se abstienen de beber para evitar el efecto desagradable. Y, con esta misma lógica, se aprovecha la administración durante la deshabituación, mientras se trabaja en el cambio de hábitos. 

Este cambio de empleo del disulfiram está muy relacionado con el desarrollo del enfoque de la adicción como una enfermedad que depende de varios factores. Así como con la necesidad de tratarla de manera multidisciplinar, es decir, más allá del aspecto biológico. 

De hecho, autores como Balcells y Gual, si bien admiten la utilidad concreta de este fármaco durante la desintoxicación y en la deshabituación del alcoholismo, advierten de la “baja eficacia a largo plazo” del disulfirman. El motivo es que su acción farmacológica consiste en un castigo que no modifica las causas de fondo de la adicción, las cuales necesitan un tratamiento psicosocial. 

En este sentido, estos medicamentos sirven solo de apoyo al tratamiento, quizá un buen apoyo, pero nunca pueden tomarse como el remedio para la adicción. Por eso actualmente se prima terapéuticamente el consumo oral, consentido y diario, de disulfiram por parte de la persona que trata su alcoholismo, a otras fórmulas como la inyectada o subcutánea a largo plazo. Porque de esa forma, al ingerir diariamente la pastilla, el o la paciente practican un acto de compromiso con su recuperación. Y, si además lo hace de forma supervisada por algún familiar, un compromiso con su entorno en cuanto a querer salir de la adicción.

Las causas del alcoholismo

El disulfiram como un apoyo en el tratamiento

La investigación y la experiencia médica en adicciones le han demostrado al psiquiatra Francisco Pascual Pastor que el auténtico tratamiento de esta enfermedad es de tipo integral. ¿Qué significa esto? Básicamente, como indica el presidente de la Sociedad Científica Española de Estudios sobre el Alcohol, el Alcoholismo y otras Toxicomanías (Socidrogalcohol), una persona con adicción debe cumplir un proceso terapéutico que:

  1. Aborde sus aspectos psicológicos
  2. Cambie radicalmente sus hábitos de vida
  3. Ayude a mejorar sus condiciones de vida

Los fármacos para tratar el alcoholismo, como el mencionado Disulfiram (cuya marca comercial más conocida es el Antabus), pueden ser una ayuda en el proceso, una muleta. Pero en ningún caso “la panacea”, es decir, la solución mágica que muchas personas buscan a un problema multidimensional como es el de la adicción. Multidimensional significa, en concreto, que se ha llegado hasta allí por diferentes causas combinadas dentro de la historia personal. 

Ahí radica el riesgo en abusar de la prescripción de estos medicamentos o en pensar que su solo consumo nos ayudará a superar una dependencia, sin trabajar otras cuestiones internas. Esta busca de soluciones mágicas que curen la adicción no se limitan únicamente al alcoholismo, abarca todo tipo de dependencias. Detrás de ese entusiasmo habita la idea, inconsciente y sin duda errónea, de que el consumo compulsivo es exclusivamente una cuestión biológica, relacionada con cómo funciona nuestro organismo.

Los aspectos que contribuyen a desarrollar una dependencia son diversos y variables. No obstante, mucha gente sueña con la posibilidad de terminar con un problema complejo por medio de un remedio externo, instantáneo, que no implique ningún trabajo personal para cambiar, no vaya a ser que pique...

Por qué el consumo de alcohol se combina con coca

Cómo el disulfiram ayuda en el tratamiento para la cocaína

– Tenemos diferentes tratamientos farmacológicos para el alcoholismo y aún nada para la cocaína. Es una pena, teniendo en cuenta también que ambos consumos están muy relacionados, ¿no?

– El consumo de alcohol y cocaína de forma conjunta es muy frecuente, sí. El alcohol, que es una sustancia cultural, festiva, recreativa, sociabilizadora (por citar aspectos positivos), al final es una sustancia que ataca al sistema nervioso central. Con lo cual el efecto es negativo, porque la persona pasa de la euforia al amuermamiento, a estar cansado, incluso a tener efectos como los vómitos, la marcha titubeante, etcétera.

Algunas personas lo asocian al consumo de cocaína porque cuando te viene el bajón después de consumir alcohol, y tienes un efecto depresivo, te tomas un estimulante para compensar ese efecto y así puedes seguir la fiesta. Es decir, la cocaína contrarresta el efecto negativo del alcohol que se manifiesta a partir de ciertos niveles de alcoholemia.

– Tiene un efecto compensatorio…

– Y por eso es muy frecuente que la gente que sale de fiesta empiece con copas y termine con coca, porque así le permite seguir de marcha. De hecho, uno de los tratamientos que se ha demostrado efectivo para esto es el disulfiram. Esta droga provoca un efecto aversivo frente al alcohol, con lo cual, a quienes combinan el consumo de alcohol y cocaína, les viene muy bien.

Además, como el alcohol y la cocaína conjuntamente forman una nueva molécula denominada cocaetileno, el disulfiram tiene un efecto de disminuir la sensación eufórica que te da ese cóctel. Podemos decir en este sentido que hay un tratamiento no específico para la cocaína, pero sí disuasorio para quienes necesitan consumir las dos sustancias.

¿Es el disulfiram una solución?

¿El Disulfiram es una solución al alcoholismo?

– De cualquier manera estamos hablando del tratamiento farmacológico de la adicción. ¿Estos tratamientos, como el del Antabuse, funcionan si no existe un tratamiento terapéutico personal?

– No. Los tratamientos farmacológicos no son la panacea. No sirven si no hay un acompañamiento psicológico, una reestructuración de la persona, un cambio de hábitos y, sobre todo, una percepción de situación de riesgo frente al consumo.

– ¿Podría describirnos la esencia de un tratamiento terapéutico para adicciones?

– Lo primero que tenemos que hacer es que la persona identifique su problema. Y trabajar desde el punto de vista psicológico y, en algunos casos, de reestructuración social, para que cambie su forma de vida absolutamente. El tratamiento farmacológico por sí mismo es una muletilla donde uno se apoya para dejar de consumir. Pero si no cambia todo lo que le ha provocado, bien como causa o como efecto, el consumo de la sustancia, el tratamiento al final falla y las recaídas las tenemos al alcance de la mano. Este cambio se consigue trabajando sobre el orden psicosocial.

– Según lo que ha visto en consulta a lo largo de todos estos años, ¿hay un perfil más propenso a ser adicto a la cocaína y al alcohol?

– Yo te diría que esto cada vez se ha normalizado más, desgraciadamente, es decir, que nos encontramos personas consumidoras sin relación al género, la edad o la clase social. Hay gente que consume porque no tiene recursos y se refugia en el consumo. Hay gente que consume porque le sobran recursos y puede hacer lo que le pase por las narices con su vida. Yo diría que son los dos extremos.

Es verdad que cuando una persona tiene carencias ambientales, sociales, afectivas, o algún cuadro psicopatológico o trastorno psiquiátrico que puede ir asociado, la predisposición que tiene hacia el consumo de sustancias es mayor. Pero no es única. Como por desgracia hemos banalizado el riesgo de los consumos, de alcohol, de cannabis y, últimamente, de cocaína, en la consulta ya me encuentro de todo. Aunque los casos más graves son los que muestran carencias afectivas, marginalidad social o van unidos a trastornos psiquiátricos.

El antabuse para tratar el alcoholismo.
Parece cada vez más difícil establecer perfiles de personas consumidoras de cocaína y alcohol. Foto: Michal Jarmoluk en Pixabay
Tratamiento óptimo del alcoholismo

Más allá del Disulfiram y otros fármacos: un tratamiento integral de adicciones

– ¿Cómo debería ser un tratamiento de desintoxicación “óptimo”?

– El tratamiento de desintoxicación, estrictamente “desintoxicación”, consiste en quitar la sustancia. Debe ser un tratamiento en el que, sobre todo, se desarrolle una faceta médica. Pero si hablamos de algo más, como es un tratamiento de deshabituación, que es la segunda fase (aunque van unidas y a veces no hay separación: es una cadena continua), creo que debería ser un tratamiento integral.

Un proceso integral para tratar la adicción debe contemplar siempre tres aspectos: el biológico-físico, el psíquico y el social. Por eso es importante contar con equipos completos.

Francisco Pascual Pastor

– ¿Y qué aspectos debería contemplar este tratamiento integral de desintoxicación?

– Los tres aspectos son el biológico-físico, el psíquico y el social, y deben estar perfectamente contemplados en un tratamiento integral para la adicción:

  1. Un tratamiento donde podamos tener fármacos que ayuden a que no aparezca el síndrome de abstinencia del alcohol o a minimizar las consecuencias físicas y psiquiátricas del consumo.
  2. Una intervención psicológica que ayude más a acompañar a la persona que a confrontar con ella, es decir: intentar acompañar al paciente en el proceso de recuperación en lugar de imponer lo que el terapeuta cree. Más bien, sería pactar con él, llegar a acuerdos y hacerle ver, de alguna forma, esa ambivalencia que hay entre, por un lado, el uso de una droga como búsqueda de placer y, por otro lado, los efectos secundarios y las consecuencias.
  3. Y esto se debe completar siempre teniendo en cuenta el retrato de una persona que a lo mejor ha perdido el trabajo, la familia, la vivienda, y por tanto intentar que cubra sus necesidades básicas. Hay que tener muy en cuenta el tema de género, muy en cuenta el tema de la gente que está sin hogar. Sobre todo, ahora en período de pandemia lo hemos visto con la gente que no ha tenido dónde refugiarse y hubo crear en algunos sitios servicios específicos para que esta gente tuviese un sitio donde dormir y algo que comer.

    También hay que tener en cuenta un fenómeno que estamos viendo que es el aging: el envejecimiento precoz de las personas que consumen de forma crónica y que no acuden a tratamiento. Esto es, como adelantar el envejecimiento 20 años sobre la edad de una persona no consumidora. Incluso se acorta la esperanza de vida.

Para contemplar los tres aspectos debemos contar con equipos completos: enfermería, trabajador social, recursos hospitalarios cuando sea necesario ingresar a alguien para hacer una desintoxicación orgánica…

Terapia para adicciones
El tratamiento de adicciones requiere de terapia y acompañamiento psicológico. No se puede limitar a una droga, por ejemplo, como el Disulfiram. FOTO: cottonbro from Pexels
Abuso en el consumo de fármacos

Abuso en la prescripción de disulfiram y otros fármacos

– ¿Algunos profesionales sobreestiman el uso de los fármacos? En el caso del disulfiram, por ejemplo, ha habido casos de efectos muy negativos sobre las personas que abusaban de él…

– Por supuesto. No soy de las personas que dé fármacos por darlos, porque creo que la decisión debe ser de la persona. Yo me reservo el fármaco para cuando la persona casi me lo pide porque ya es consciente de que no puede dejar de beber. Si no, de la otra forma le estoy obligando a tomar algo que ella no quiere y puede ser que en algún momento, incluso, empiece a jugar con el fármaco, a lo mejor porque se lo hemos explicado mal. Puede beber y tener una taquicardia, incluso una crisis convulsiva.

Por tanto, apostar por un fármaco como el Antabus o cualquier otro porque te va a disminuir las ganas de consumir… no, no hay panaceas. El tratamiento tiene que ir siempre acompañado de una intervención de cambio de la persona. A veces se sobreestima demasiado el aspecto farmacológico. El fármaco es una muletilla donde apoyarse, un coadyuvante, pero en ningún caso es una solución para dejar de consumir cocaína de forma definitiva.

Apostar por un fármaco como el Disulfiram o cualquier otro porque te va a disminuir las ganas de consumir… no, no hay panaceas. El tratamiento tiene que ir siempre acompañado de una intervención de cambio de la persona.

Francisco Pascual Pastor

– Muchas personas apelan a la línea de separar lo que es un consumo “normal” y de uno propio de la adicción. ¿Qué opinión le merece esta especie de distinción entre un consumidor “de ocasión” que no ha desarrollado una adicción y quien sí la sufre?

– Desde nuestra sociedad científica y desde la confederación de alcohólicos de la cual soy asesor, nunca hemos estado en contra del consumo de alcohol. Pero un consumo de alcohol, voy a denominarlo “gastronómico”, no tiene nada que ver con un consumo de alcohol en el cual la persona está buscando un efecto determinado en su sistema nervioso central para relajarse, estimularse o evadirse. Yo creo que la línea no está tanto en la cantidad que se consume sino en por qué se consume y qué es lo que se busca con ese consumo.

Ahora bien. Esto es diferente en el caso de la cocaína, la heroína, el cannabis. No hay consumos normales. Con el alcohol entiendo que tomarse un vaso de vino en la comida, el fin de semana, o con un aperitivo, podría ser algo «normal» para la sociedad en la que vivimos… pero cuando ya lo que se busca es el efecto de ese consumo, me da igual que sea una copa que dos, ya estás buscando algo más allá. Es decir, el efecto droga. Y cuando se busca el efecto droga es cuando la persona empieza a tener problemas.

Qué hay detrás de la necesidad de beber

Una cultura hedonista que estimula el consumo

– Y cómo cree que influye en cuanto a fomentar el consumo vivir en una cultura que enaltece el éxito de imagen personal y económico como valores fundamentales.

Vivimos en una cultura muy nihilista, muy hedónica, muy de búsqueda de placer, muy carente de valores en muchos aspectos, con mucho componente egoísta: “estar yo bien” y que los demás “que estén como estén”. Influye mucho en fomentar el consumo, sí.

Cuando una persona empieza a tener un problema, si no tiene la conciencia de que mi libertad termina en las narices de la otra persona, se producen los desmanes. Y hablo de antes de que se provoque la adicción. Porque una vez que ésta ya está instaurada, es la necesidad neurológica la que te impele hacia el consumo. Pero previamente a esto, no darle importancia a cosas como la afectividad, el compañerismo, la amistad, compartir, que son valores que se están perdiendo en la sociedad en general, influye mucho en que cada persona termine destrozando su vida y la de la gente que tiene alrededor.

Esto es un problema educacional, de valores, de estructura familiar. Es importantísimo recuperar esa parte que a lo mejor hemos perdido por vivir en una sociedad materialista y mucho más volcada en la búsqueda de placer. Lo que digo no les gustará a todos, pero es lo que veo.

Esta cultura con un gran componente egoísta: “estar yo bien” y que los demás “que estén como estén”, influye mucho en fomentar el consumo de drogas.

Francisco Pascual Pastor

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Redacción

Equipo Adictalia
Comité Editorial | comunicacion@adictalia.es

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