TRATAMIENTO DE ADICCIONES

Un cuento para decirles que papá o mamá ingresarán en un centro de desintoxicación

"Ya no me escondo", un libro de cuentos para menores con progenitores con adicción

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ya no me escondo, libro de cuento de adicciones

Cuando uno de sus mejores amigos ingresaba en un centro de desintoxicación para tratar su adicción, Aurora Marín experimentó dos sentimientos: alegría, por ver que alguien cercano iniciaba el camino de su curación. Pero también incertidumbre, porque observó entonces que quienes integraban la familia de su amigo no tenían las mismas posibilidades de comprender el distanciamiento físico que implica el internamiento, el cual puede durar de tres meses a un año, o más, según el caso. El hijo pequeño de su amigo tenía cinco años por aquel entonces, y durante los primeros meses no vería a su padre.

“¿Cómo le explicas a un niño de esa edad que no va a ver a su padre durante ese tiempo?, ¿Qué le dices?: ‘¿me voy de viaje?’, ‘¿estoy fuera por trabajo?’. No había nada para poder explicarlo”, responde a Adictalia esta profesora de Madrid, con más de 10 años de experiencia en la docencia.

Aurora Marín, autora del libro «Ya no me escondo«

En las primeras semanas de tratamiento, cuanto menos, no se permiten las visitas familiares al centro. Este tiempo puede variar en función del caso de adicción del que se trate y la lejanía a la que se encuentre el centro del lugar de residencia de la familia. Aunque siempre se recomienda que no esté en la misma ciudad. El motivo principal de esto es que la persona adicta lo tenga más difícil si en algún momento quiere abandonar el tratamiento.

Profesora en un colegio madrileño de alumnado de seis y siete años, Aurora echó mano de sus conocimientos pedagógicos y de su creatividad frente a la incertidumbre que le despertó la situación de su amigo. “Igual que los hay sobre la muerte, sobre el suicidio, sobre las emociones, pues por qué no hacer un cuento explicándole a un niño la adicción que sufre su padre o su madre. El porqué de que su padre actúe así y él porqué de que su padre se tenga que marchar para tratarse”, explica.

Tardó poco en ponerse en marcha tras alumbrar la idea. Y para ello contó con la colaboración de su marido, quién vivió la adicción de pequeño en su propio entorno familiar: es hijo de una persona enferma de alcoholismo. Así nació el proyecto que recientemente ha visto la luz bajo el título Ya no me escondo. Un cuento infantil que cuenta con ilustraciones de Marisol Chaparro y fue editado por BABIDI-BU.

“Mi marido me ha contado siempre muchas cosas, lo cual ha sido para él como un proceso de curación, de liberación, de poder contar cómo se sentía”, relata Aurora. Las anécdotas que relataba la pareja aparecen retratadas en pasajes de la breve historia infantil. “Por ejemplo, él me contaba que siempre hacía un refugio en su habitación y se escondía de los gritos,  o me narraba  que para ver a su padre siempre tenía que ir a un bar”, precisa la autora.

Aunque el libro relata las vivencias de un niño con un padre alcohólico, ella asegura que se puede extrapolar a cualquier tipo de adicción, incluso conductual, como la ludopatía.

El cuento «Ya no me escondo» está ilustrado por Marisol Chaparro

Cómo comunicarle a un niño o niñas pequeños de la adicción

La elaboración de este proyecto, dice, sirvió de terapia para su pareja, y un viaje de descubrimiento para ella. Además, trabajar juntos convirtió el proceso creativo en “algo bonito, porque fue en familia”. Aurora aprovechaba los recuerdos de su marido para adaptar la historia al nivel de comprensión de niños y niñas de cinco años.

En una reciente entrevista con Adictalia, la psicóloga Rosa Suárez Vázquez sugiere emplear las herramientas de la “naturalidad y sinceridad” para hablar con menores sobre las adicciones que someten a sus familiares. También recomienda evitar frases como “Me trataré por mis hijos/as”, frecuentes en personas que deciden ingresar en centros. Con estos mensajes, los y las menores generan un sentimiento de culpa al pensar que son responsables de la curación de su padre o madre, es decir, el motivo por el cual estos deciden tratarse.

Por el contrario, dice esta psicóloga, sí es fundamental demostrar por parte de la persona adicta es la constancia en el proceso terapéutico, “el esfuerzo, el seguimiento de las pautas terapéuticas y la determinación de recuperarse”.

Tiene muy claro que la adicción consiste en una patología, aunque no se identifica como tal. Y esto último pesa a la hora de comunicar a la familia la necesidad de tratamiento o la simple existencia del problema, sobre todo cuando se trata de hablar con menores. El amigo de Aurora, por ejemplo, decidió excusar su ausencia ante su hijo en que tenía que viajar por trabajo.

“Me parecía muy importante dar voz a este tipo de problemas, que es algo siempre como muy oculto, muy escondido, muy tabú… como que intentamos mirar para otro lado. Y ya que los niños comprenden mejor su realidad, el mundo, a través de los cuentos, me parecía muy interesante ayudarles a entender las reacciones de una persona adicta”, precisa Aurora. Coincide esta profesora en que las adicciones aún se ven como un vicio antes que como una enfermedad, que es lo que realmente son.

No duda la autora de que con frecuencia se intenta “ocultar información a los niños”. Y aclara que ella no es “partidaria de mentir a los niños”. Cree que “es peor la frustración de ver que les has engañado a que no les has dicho la verdad, aunque sea a su nivel”, que digerir la propia realidad. Su opinión es la de “explicar bien: mira, es que tu papá decía cosas, se sentía mal, estaba todo el día enfadado y tenía que irse para recuperarse”. Quizá, dice, sea mejor que se enfrente a esa situación.

Claro que hay muchas formas de comunicar. “Tú puedes estar diciendo la cosa más horrorosa, pero la forma en la que lo cuentas puede hacer que ese niño o niña lo perciba de una manera u otra”, explica Aurora. Y, en un tema “tan jodido” como el de las adicciones, dice, ella quería hacerlo “bonito, con unas ilustraciones muy dulces, a pesar de la dureza de lo que se está contando; al final del cuento los niños y niñas se quedan con un final feliz: que es posible salir, de que el papá se cura”.

Ilustración de Marisol Chaparro

Un libro de adicciones gracias al crowdfunding

El estigma social que recae sobre la adicción, precisamente, hizo suponer a Aurora que la publicación del proyecto por una editorial costaría lo suyo. Para empezar, porque cuenta con un “público reducido” por lo “fuerte” del tema, dice. Así que se marcó como objetivo que, al menos, el libro llegase como donación a asociaciones que trabajan en adicciones. Pone como referencia la organización en la que colabora su pareja, donde asisten a familiares de personas alcohólicas. 

Envió el proyecto a cinco editoriales y tres de ellas le respondieron afirmativamente. Pero entonces debía reunir el dinero para costear la producción del libro. Para ello, organizó un crowdfunding, en el que -aclara- colaboraron muchas personas, entre profesorado y familias, de su centro escolar, más allá de las susceptibilidades que pudo despertar la temática de la obra. Como en todo proceso de colaboración colectiva, quienes apoyaron el proyecto recibieron ejemplares gratis.

Aunque pensó el libro de cuentos para peques, cree que incluso puede emplearse para trabajar en la ESO o el Bachillerato. El lenguaje que emplea en la obra ciertamente está adaptado a la comprensión lectora de menores de alrededor de cinco años. Pero sin duda muchos de los sentimientos que experimentan los hijos e hijas de personas adictas son comunes a todas las edades: miedo, incertidumbre, dolor, frustración… Quizá varía la forma de expresarlos o canalizarlos.

Desde su quehacer diario, Aurora observa con preocupación la falta de tolerancia a la frustración en niños y niñas que pasan por su aula cada año. “Las adicciones deben empezar a prevenirse si desde pequeños trabajamos la paciencia, porque tienen muy poca tolerancia al error, no saben esperar, tienen mucha frustración, están en una sociedad en la que casi todo se consigue sin esfuerzo, con un clic acceden a todo”, sugiere.

Entrenar la paciencia resulta fundamental para ella, y esto implica saber esperar. Algo ausente en muchas personalidades propensas a desarrollar una adicción. La impulsividad es uno de los rasgos más destacados por especialistas a la hora de definir el perfil de personalidades vulnerables a desarrollar esta enfermedad. “Como dice mi amigo, que acaba de salir del centro: estamos acostumbrados a hacer lo que nos da la gana sin límites”, recuerda Aurora.

Precisamente, este es el primer desafío que se encuentra una persona con adicción cuando ingresa en un centro de desintoxicación: los límites. Tal y como le relató su amigo sobre la experiencia del tratamiento, Aurora explica que “cuando entras a un centro te das cuenta de que hay unas normas, de que esto no puede ser como ‘yo quiero y cuando yo quiero’, que hay que esperar”.

La vida de las personas adictas se caracteriza por el caos continuo día tras día. La enfermedad supedita la cotidianidad a la compulsión del consumo o, incluso, a obsesionarse con la idea de consumir. La persona desatiende sus responsabilidades, personales, familiares, sociales. Y se abandona a la dependencia.

Para esta docente, los niños y niñas son “el espejo de lo que ven en su casa”. Por eso, dice, cuando sufren el problema de la adicción en sus hogares “ves un niño triste, que enfrenta algunas situaciones con miedo, son niños inseguros… son hijos del miedo”.

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Equipo Adictalia
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