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Hablar con menores sobre drogas y adicciones

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Cómo abordar el tema de las drogas con niños, niñas y adolescentes

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Directora en Centro de Estudios sobre Promoción de la Salud | Web | + artículos

Hablar con menores sobre drogas y adicciones es un hecho, si acaso, accidental en muchas familias. Tal vez por desconocimiento, tal vez por vergüenza, tal vez para esquivar una posible situación áspera con hijos o hijas… Incluso se apela a la normalización del consumo a “ciertas edades” para quitarle hierro al asunto y pasar a otro tema. La cosa es que, si se toca, se suele tratar con distancia, con desdén, como un riesgo que está lejos de nuestra puerta, aunque sepamos en el fondo que nos ronda diariamente. Porque el consumo de sustancias se ha dado a lo largo de la historia de la humanidad, y esta época no es una excepción.

Incluso en familias donde el problema ya está instalado, el sentimiento de vergüenza es un denominador común que lleva a ocultar la realidad, a camuflarla frente al vecindario y el propio entorno. Es lo que tienen las adicciones, al igual que otros trastornos mentales: que la gente no termina de aceptar que se trata de una enfermedad consensuada, descrita y clasificada por el campo científico.

Y, como en todo, el pudor es el peor enemigo de la prevención, porque adquiere forma de desinformación. La situación se complica si se considera que la mayoría de familias considera que la comunicación entre menores y adultos en los hogares españoles ha empeorado, a causa de la intromisión de las nuevas tecnologías en la vida doméstica.

Si ya existía reparo para hablar con menores del consumo de drogas y adicciones, por el estigma social que recae sobre estos temas, ahora se suma la interferencia que producen las redes sociales en la conexión presencial en la casa, en el tiempo disponible para conversar cara a cara. De hecho, muchos menores se informan (y forman) por medio de estas plataformas, en concreto, a partir de comentarios de influencers adolescentes y jóvenes.

La prevención del consumo de drogas y otros abusos resulta fundamental para evitar escenarios de adicción. Por eso acudimos a la psicóloga especialista en psicología clínica Rosa Suárez Vázquez, directora Técnica de Centro de Estudios sobre Promoción de la Salud (CEPS), para abordar cómo hablar con menores sobre drogas y adicciones según su edad. También, qué acciones concretas se pueden desplegar desde las escuelas y las políticas públicas para prevenir el consumo de sustancias.

HABLAR CON MENORES SOBRE DROGAS Y ADICCIONES

¿Qué es lo que más le preocupa en cuanto al panorama de adicciones, con y sin sustancias, en adolescentes en España?

– La adolescencia es una etapa del desarrollo que sienta las bases de aprendizajes clave para llevar una vida autónoma y poder alcanzar objetivos de futuro. Es también una etapa en la que la persona se siente fuerte, actúa de forma impulsiva sin medir las consecuencias que pueden tener a medio o largo plazo determinadas decisiones y comportamientos, y la conciencia de problema suele ser baja. Las adicciones suponen un riesgo y la sociedad adulta debería afrontarlo con seriedad, sin banalizaciones ni enfoques que rocen la frivolidad. Me preocupa el compromiso y la respuesta de los adultos (familias, profesionales, gobernantes).

¿Estamos en una sociedad en que temas como las drogas y las adicciones se abordan con menores y adolescentes de una forma adecuada?

No debemos caer en el alarmismo, pero tampoco pensar que no debemos ocuparnos de este tema porque «se trata de cosas de la edad que desaparecerán con los años y la adquisición de madurez”.

Es frecuente observar en las familias posturas extremas: por un lado, cuando descubren o sospechan un consumo, ven a su hija o hijo como drogadictos y llaman alarmados a un centro de tratamiento, o le amenazan con encerrarle, o le dicen que va a acabar pinchándose y muriendo; por otro lado, tenemos la postura extrema contraria, es decir, aquellas familias que no intervienen, incluso siendo conscientes del consumo. Y se comparan, diciendo: “todos hemos sido jóvenes”, o argumentando que se trata de “fases” que, como por arte de magia, se resuelven al alcanzar la mayoría de edad.

Es un asunto que afecta a los adolescentes y hay que preparar respuestas adecuadas que se adapten a los cambios sociales.

¿Qué opina sobre el papel que desempeñan y, en todo caso, deberían desempeñar las familias en este sentido?

– Las familias, al igual que el conjunto de la sociedad, deben adquirir el compromiso de abordar estos temas de una forma valiente, mirando de frente al adolescente y expresándole su preocupación, pero al mismo tiempo escuchando sus opiniones y empatizando con su visión, aunque no se comparta. Las personas adultas, y en concreto las familias, desean para sus hijos/as un futuro lleno de posibilidades y tienen todo el derecho a sentirse preocupadas por cualquier cosa que pueda reducirlas. Por tanto, están en su derecho de ocuparse en prevenir problemas que puedan derivarse de un uso problemático.

¿Cuándo el uso de nuevas tecnologías (videojuegos, redes sociales) se puede considerar un problema?

– Si el uso impide que la persona desarrolle habilidades sociales de calidad, conozca sus posibilidades de desarrollo físico, creativo, cooperativo, formativo y emocional, podríamos hablar de un uso excesivo. La interacción virtual no puede sustituir la interacción social personal y los aprendizajes que comporta.

¿Cree que las conductas abusivas en relación a las nuevas tecnologías pueden allanar el camino para futuras adicciones?

– La respuesta no deja de ser una opinión personal, ya que, por el momento, no disponemos de evidencia científica que lo demuestre. No obstante, el uso compulsivo, la pérdida de control, la priorización de ese uso sobre otras ocupaciones que anteriormente eran valoradas como fuente de satisfacción y aprendizajes, y aun así seguir con la misma conducta a pesar de conocer sus consecuencias negativas, tiene mucho en común con otro tipo de adicciones.

¿A qué edad deberían empezar a escuchar y analizar estos temas nuestros hijos e hijas?

– El uso de las nuevas tecnologías cada vez se inicia a edades más tempranas, el papel de la familia en cuanto a la observación, al análisis, la escucha y la transmisión de mensajes promotores de salud, debe seguir el mismo camino.

¿CÓMO ABORDAR EL TEMA DE LAS DROGAS CON LOS NIÑOS?

¿A qué edad les debemos comenzar a hablar de riesgo de dependencias y adicciones a sustancias?

– No es necesario señalar una edad determinada, ya que no se trata de plantearlo como una charla que las familias tarde o temprano deben tener con sus hijos/as. Nuestro día a día ofrece muchísimas ocasiones para reflexionar sobre este tema: noticias, películas, series. Si la familia observa, podrá captar el interés que genera en los hijos e hijas, sus opiniones al respecto, las preguntas que puedan plantear, lo que opinan sus amistades al respecto, etcétera.

Existen guías para padres y madres que ofrecen ideas para abordar un tema que preocupa a las familias. Pero lo más importante es transmitir a las familias que no deben ser expertos en el tema ni disponer de toda la información, sino presentarse ante sus hijos como personas que les quieren y a las que les preocupa cualquier cosa que pueda afectar a su salud y a su pleno desarrollo.

¿Es conveniente hablar con los niños y niñas de las adicciones y el consumo de drogas?

– Con los hijos/as pequeños no debemos hablar de adicciones con o sin sustancia, sino fomentar factores de protección que desarrollen una personalidad menos vulnerable a las influencias externas pro consumo.

Son elementos claves en el desarrollo psicosocial para fortalecer estos factores:

  • Potenciar valores familiares basados en la solidaridad, el cuidado de la salud.
  • Compartir tiempo libre.
  • Mostrar afecto.
  • Valorar los logros, destacar cualidades y habilidades de nuestros hijos/as.
  • Ayudarles a comprender las consecuencias de determinadas acciones.
  • Ayudarles a decidir, valorando pros y contras.  

¿Cómo hablar de adicciones, drogas, con nuestros hijos de entre 8 y 12 años?

  • Con implicación familiar en la escuela, en las actividades extraescolares.
  • Construyendo un tiempo libre de calidad, compartiendo actividades deportivas y culturales en familia.
  • Escuchando y respetando sus opiniones, aunque ello, por supuesto, no significa que, como adultos, debamos acatarlas.
  • Comportándonos en todo momento como adultos.

– ¿Cómo hablar sobre el consumo de drogas entre adolescentes?

– Las pautas son las mismas ya que estamos hablando de personas en proceso de crecimiento y el papel de la familia sigue siendo el más importante. Aunque debemos tener en cuenta que el adolescente quiere más margen de libertad para compartir tiempo con sus iguales. Ampliar ese margen dependerá de él o ella, no de las personas adultas. La responsabilidad es del adolescente: si demuestra que es capaz de cumplir con los compromisos que adquiere, demuestra que está preparado para gestionar ese tiempo fuera del control familiar.

En este sentido, siempre recomiendo a la familia que, si han pactado una hora de regreso a casa, no le llamen al móvil, sino que esperen a que regrese para valorar si ha sido capaz de cumplir su compromiso. Esto determinará si es necesario poner una medida más restrictiva o no.

COMUNICAR LA ADICCIÓN DE UN FAMILIAR A MENORES

Cuando existe un problema de adicción, ¿cómo se puede abordar con los hijos/as de la persona adicta?

– El ser humano, más allá de su rol como padre o madre, tiene problemas personales, en el trabajo, con otros adultos, con el consumo, etcétera… Se debe hablar con naturalidad y sinceridad, es una buena manera de que los menores comprendan qué es una adición: algo que controla a la persona y la perjudica gravemente.

En mi experiencia con población adicta he observado que, en muchas ocasiones, los hijos/as se atribuyen la responsabilidad de que su padre o madre lo deje “por ellos/as”. Hace años existía un programa llamado “Alfil” que trabajaba con hijos e hijas de personas con problemas de alcoholismo, y que trataba estos sentimientos de culpa. En ocasiones, la persona adicta verbaliza: “dejaré de consumir por mis hijos”. Si estas frases se repiten en familia y la persona no lo consigue, o cesa su consumo temporalmente y después recae, los menores pueden atribuirse la responsabilidad de que han hecho algo mal y, debido a esto, su familiar ha recaído.

El amor puede ayudar a la recuperación, pero la constancia, el esfuerzo, el seguimiento de las pautas terapéuticas y la determinación a recuperarse son los elementos clave para conseguirlo. Y eso depende al cien por ciento de la persona que sufre la adicción.  

¿Qué pautas debemos seguir si descubrimos que nuestro hijo o hija ha empezado a consumir?

  • Hablar con claridad desde la preocupación por su futuro, y no desde el enfado.
  • Comentarle lo que hemos observado y lo que nos preocupa: que lo que puede iniciarse como una curiosidad o un deseo de experimentar o de relacionarse o de evadirse, con el tiempo pueda limitarle y causarle problemas.
  • Darle el protagonismo y no culparle como si “nos causara un problema”, cuando son él o ella los principales perjudicados.
  • Buscar apoyo, pero no en un centro de tratamiento, sino en un servicio de orientación, ya que si ha empezado no podemos hablar de adicción sino de riesgo y, por tanto, la actuación más adecuada es la preventiva.
  • Evitar dramatizar, amenazar, llamarle adicto/a.
  • Mantener una actitud proactiva, comunicarle que estaremos pendientes pues le queremos y nos importa su salud y su bienestar.

LA ESCUELA Y EL CONSUMO DE DROGAS

– ¿Qué opina de cómo se aborda (y cómo debería hacerse) en el sistema educativo los temas de drogas y adicciones?

– Sin generalizar, es un tema que se aborda de forma puntual y desde un enfoque informativo cuando, en realidad, el sistema tiene las condiciones adecuadas para trabajar la detección precoz y el primer abordaje, que en muchas ocasiones resulta fundamental para que el riesgo no se convierta en problema.

¿Puede dar alguna pauta de cómo se debería trabajar en la línea de la detección precoz y el primer abordaje desde la escuela?

– La detección precoz del consumo de drogas en las escuelas requiere determinadas actuaciones, como:

  • Observar si se produce consumo antes de entrar en el centro (el profesorado puede observar los grupos que se concentran antes de entrar a clase) o a la salida; incluso en las horas de recreo, ya que algunos alumnos y alumnas de cursos superiores pueden salir.
  • Observar si ex-alumnos/as u otros jóvenes se acercan y fuman con los alumnos/as o les ofrecen alcohol, etcétera.
  • Observar si se consume en algunos lugares más ocultos, como lavabos o zonas verdes o aisladas dentro del recinto del centro.
  • Detectar cambios en el comportamiento del alumnado; bajo rendimiento académico sin causa que lo justifique; actitudes de desinterés y abandono; síntomas de cansancio que se producen de forma repetida.

El primer abordaje consiste en hablar con el alumno o alumna y describirle los cambios observados, sin mencionar el consumo (si este no ha sido evidente). Y transmitirle la preocupación por que alguna situación externa influya en los cambios que se detectan. A continuación, se debe hablar con la familia y mostrar preocupación, estableciendo un clima de diálogo que permita expresar cómo ven la situación, y que evite que se pongan a la defensiva por temer que su hijo sufra represalias (expulsión, malas notas, etcétera).

El profesorado debe transmitir a la familia la idea de equipo, de trabajo conjunto, para conseguir un cambio favorable en el o la adolescente, que se halla en una situación de riesgo. Lo que no sería conveniente es castigar ni expulsar, sino acompañar al adolescente y dirigirle a un servicio especializado en trabajo preventivo con adolescentes.

LAS POLÍTICAS DE PREVENCIÓN DE ADICCIONES

¿Echa en falta acciones concretas por parte del Estado en cuanto a la prevención de adicciones en adolescentes?

– Las acciones concretas que se traducen en campañas de sensibilización, que nunca son evaluadas, resultan costosas y poco eficaces, ya que no consiguen su propósito con la población que tiene el problema o que se encuentra en situación de riesgo. Es necesario una inversión en promoción de la salud y prevención de adicciones, que se mantenga como mínimo a medio plazo, para poder implementar acciones que ofrezcan resultados.

¿Podría dar algún ejemplo de acciones en esta línea, para ayudar a visualizar en qué consisten estas políticas?

– Esta pregunta requiere un tratado sobre las políticas de prevención, es imposible responderla de forma breve. Podemos decir que la promoción de la salud debe integrarse en la escuela desde la educación infantil. Y debemos implicar a las familias para que participen en ella y actúen ampliando en el hogar los mensajes y conceptos que se trabajan en las aulas. Los recursos de tiempo libre son también promotores de salud, tienen una importante función en reforzar comportamientos saludables y habilidades que ayuden a niños y adolescentes a confiar en sus capacidades y a establecer vínculos de amistad sólidos y duraderos.

Las acciones promotoras de salud y aquellas cuya finalidad es la prevención de adicciones no pueden limitarse a acciones puntuales, informativas. Las personas especializadas en promoción de la salud y prevención de adicciones deben poder disponer de garantías de continuidad en su labor de apoyo a los profesionales que se encuentran en primera línea (profesorado, monitores de tiempo libre, técnicos deportivos) y también con las familias.

Las políticas deben garantizar esta continuidad y consolidar puestos de trabajo de técnicos en prevención de las adicciones. Especialistas que desarrollen modelos de intervención y ejecuten programas con perspectiva de medio y largo plazo, destinando presupuesto al seguimiento y evaluación de los mismos.

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