TRATAMIENTO DE ADICCIONES
¿Cuánto tiempo necesita ingresar una persona adicta?
Cuándo es el momento idóneo para entrar en tratamiento si sufres dependencia.
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Equipo Adictalia
Los consumos de cannabis de Juan se habían transformado en un problema. La necesidad de consumir era ingobernable, pese a los problemas de todo tipo que le acarreaba. Juan tomó consciencia de su situación cuando le echaron del trabajo y, poco después, la madre y el padre le pidieron que se fuera de casa, porque no toleraban más sus mentiras, manipulaciones e irresponsabilidades constantes. Al verse en la calle una semana, Juan regresó para pedirles ayuda, dejó de justificarse y admitió que no podía solo.
Cuando la persona adicta pide ayuda para tratar su enfermedad es el momento idóneo para ingresarle en un centro de desintoxicación. El tiempo de ingreso puede variar en función de las características del caso de adicción, entre 4 meses y 1 año y medio.
Esto es lo que le informaron a la madre de Juan cuando llamó sin coste al 900525727 de Adictalia. La llamada la cogió Bea, integradora social y miembro del Equipo Terapéutico, quien escuchó la desesperación de la mujer del otro lado de la línea. El tono de angustia es común en este tipo de llamadas, pues las familias se encuentran por lo general muy desorientadas y ni siquiera perciben la adicción como una enfermedad, sino como una catástrofe moral de la cual se avergüenzan.
El tono de angustia es común en este tipo de llamadas, pues las familias se encuentran por lo general muy desorientadas
La madre de Juan había escuchado algo sobre los centros donde las personas iban durante un tiempo a desintoxicarse. Pero eso era lo único que sabía sobre la adicción. Bea empezó por tranquilizarla y aclararle que “es recomendable ingresar en un centro cuando la persona cumple una serie de rasgos”. ¿Y cuáles son estas condiciones?, preguntó ansiosa la madre.
Las características que idealmente deben presentar las personas adictas que necesitan ingreso son:
- Un deterioro en todos los aspectos de su vida a causa del consumo.
- Conciencia de enfermedad, es decir, aceptar que tiene un problema que quiere tratar y superar.
- Sentimiento de rendición frente al problema, no de rechazo o negación
- Tiene, por tanto, intención de cambiar.
- Un consumo diario o habitual que no puede controlar cumpliendo su rutina normal, por tanto, su vida se ha vuelto ingobernable.
Tras la llamada, los padres de Juan lo tuvieron claro: “Bea acaba de describir a nuestro hijo”. Los tres volvieron a tener una reunión tras la que Juan hizo las maletas para ingresar en un centro de desintoxicación. No sabía dónde iba ni cuánto tiempo iba a estar allí, pero sí tenía clara una cosa: quería retomar las riendas de una vida que el cannabis le había arrebatado.
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El momento idóneo para ingresar en un centro de desintoxicación
Juan sabía que tenía un problema: el consumo de cannabis estaba gobernando su vida de forma determinante. Pero a diferencia de muchas personas adictas que se niegan a aceptar su enfermedad, Juan pidió ayuda y admitió la necesidad de ingresar para tratar su adicción. Una consciencia de enfermedad brilla por su ausencia y genera mucho dolor en el entorno.
Pau, responsable del Departamento Terapéutico de Adictalia, explica que “muchas veces la persona adicta no se da cuenta de que necesita un ingreso”. La negación de la persona adicta se debe a muchos factores, precisa el psicólogo:
- El autoengaño, que es un componente propio de la adicción, que lleva a la persona adicta a mentirse y percibir erróneamente lo que le hace bien
- El tipo de sustancia
- El entorno propio, que no ayuda.
Ejemplifica el terapeuta sirviéndose de las personas alcohólicas: “Cuando una persona con problemas con el alcohol va al bar con sus amistades de consumo, bebe igual que ellas, se toma las mismas cervezas… Es decir, es más difícil que asuma el problema y entienda que necesita ingresar”.
No obstante, la persona puede cambiar de parecer, alumbrarse y tomar conciencia de la enfermedad para pedir ayuda. Muchas veces esto ocurre cuando tocan fondo, cuando su vida se vuelve insostenible.
“Una persona adicta no se da cuenta del problema que tiene hasta que las consecuencias son más graves que el propio consumo”, explica Vero, psicóloga integrante del Departamento de Seguimientos de Adictalia. Por eso, una estrategia para iluminar la toma de consciencia, o al menos para acercarle a ella, “tendremos que ponerle delante las consecuencias del consumo, es decir, que vea que por ello está perdiendo todo en su vida: a nivel emocional, económico, físico, familiar, laboral…”, sugiere Vero.
¿Ingreso o tratamiento ambulatorio?Las dudas de si necesito ingreso o tratamiento ambulatorio
Y si la persona toma consciencia y pide ayuda, ¿dónde acudir? ¿Cuál es el recurso idóneo para tratar su caso? Las dudas de las familias también surgen en el momento de elegir tratamiento. Por ejemplo, ¿qué será mejor: ingresar en un centro para hacer un tratamiento integral o acudir periódicamente a un ambulatorio?
La integradora social Bea insiste, en este sentido, en que para ingresar en un centro “se tienen que dar una serie de requisitos en la persona”. Vero los precisa: “Es recomendable ingresar cuando el consumo afecta a todas las esferas de la vida de la persona: familiar, económico, laboral, social… Cuando la vida se vuelve ingobernable y todo gira en función de la sustancia y el consumo”.
La psicóloga destaca que el ingreso es recomendable, sobre todo, “cuando la persona no puede parar de consumir”. Es decir, amplía, “cuando hay una pérdida total del control y los consumos se producen con mucha frecuencia y en cantidades elevadas”, indica.
Por tanto, no todo el mundo requiere el recurso residencial 24/7 como única opción, ni tampoco la mejor para su caso. La alternativa al ingreso para tratar la enfermedad de la adicción son los ambulatorios.
El ingreso es recomendable, sobre todo, “cuando la persona no puede parar de consumir: cuando hay una pérdida total del control y los consumos se producen con mucha frecuencia y en cantidades elevadas”.
En este tipo de tratamiento, explica la psicóloga, se recomienda que la persona adicta acuda cuando “tiene consumos esporádicos, que vienen desde hace tiempo, y tener mucha conciencia de enfermedad”. Este formato de terapia no funciona si la persona necesita consumir diariamente, en una cantidad y un tipo de consumo que le impiden cumplir con su rutina cotidiana, es decir, que han desestructurado por completo su vida y no puede sostener las pautas de abstinencia. Entonces necesitará ingresar en un entorno controlado.
Actuar en el momento exactoLa importancia de actuar en el momento exacto
El momento idóneo para ingresar en un centro es “cuando la persona toca fondo”, considera la psicóloga Vero, del equipo de Seguimientos. En este momento “se rinde y baja los brazos; entiende que no puede tratarse sola y necesita ayuda”, añade Bea, del equipo Terapéutico. Es lo que Pau denomina “hacer el clic”.
A este punto se puede llegar por uno mismo, pero también, aclara Vero, “cuando la familia le expone los problemas del consumo y la persona adicta ve las consecuencias, como perder esferas de su vida”.
Pero tampoco hay que tomar la decisión del ingreso a la ligera. La toma de consciencia debe ser real. “Si la persona está en una situación ambivalente, donde cambia de opinión respecto de lo que quiere, seguramente el ingreso no funcione”, aclara Bea.
Por otra parte, si la persona reconoce el problema y la urgencia de tratarse, posponer el ingreso puede traer consecuencias. Por ejemplo, “dar pie a que crea que sola va a conseguir salir de la situación en la que se encuentra”, advierte el psicólogo de Adictalia.
Dejar pasar el momento ideal hará “la bola demasiado grande”, considera Vero. Porque “la adicción es una enfermedad crónica y progresiva donde la persona se autodestruye, aparece la culpa, la vergüenza…”, agrega. Para Bea, desaprovechar la oportunidad del momento idóneo “es un fallo, porque tiene fecha de caducidad”.
¿Cuánto tiempo ingresar?Cuánto tiempo debe pasar una persona en el centro
El tiempo es relativo durante el ingreso
Es común que las personas adictas y las familias se pregunten, frente al ingreso, sobre los tiempos del tratamiento residencial. Esto es un error. “La mentalidad con la que debe ingresar una persona es que no hay tiempos, es decir, ingresar sin marcarse una fecha de salida porque, de normal, esto significa, inconscientemente, una fecha para recaer en el consumo”, explica Bea. “El tratamiento no se aprovecha si la persona va con la idea de estar un mes, porque entonces estará descontando los días para salir”, ejemplifica.
Lo ideal respecto al tiempo de ingreso, según la integradora social, es que la persona adicta “entre admitiendo que va a ser un periodo de tres a cuatro meses como mínimo, pero que se pueden alargar” en función de la evolución de su caso. Hay personas que cumplen todas las instancias del tratamiento y llegan a estar hasta un año y medio o dos ingresadas, entre centro de desintoxicación y pisos terapéuticos.
Además de evitar mentalmente establecer una fecha de salida, algo que ayuda a sostener el proceso es alejarse de las comparaciones respecto de la duración del tratamiento de otros pacientes. “A un compañero le puede ingresar por tres o cuatro meses, pero a mí costarme un poco más por aspectos personales que no tienen tanto que ver con el tratamiento, sino con cómo reflexiono, cómo aprendo a gestionarme, cómo aprendo sobre mis emociones, todo el trabajo interior que debo realizar…” explica Pau.
Tiempo mínimo recomendable de ingreso
Aunque “la duración viene marcada por las necesidades terapéuticas del paciente”, aclara Vero, “sí debe haber un tiempo mínimo de ingreso que permita trabajar la desintoxicación y después la deshabituación: entre tres y cuatro meses”, añade.
Durante este periodo, la persona trabaja aspectos físicos, psicológicos, conductuales y emocionales, acompañada de profesionales del centro. “Se trabaja a nivel emocional, de control de impulsos, la autoestima… La persona adicta hace una mirada hacia dentro de sí misma y reflexiona sobre todo lo que le ha llevado a la situación de consumo compulsivo”, desarrolla Bea.
Pero hay algo sobre lo que se hace especial hincapié. “Una de las cosas más importantes sobre las que se trabaja en el centro son las rutinas: hábitos saludables, higiene, sueño, deporte, focalizar las ganas de consumir y buscar la dopamina por otras vías… Porque esa rutina ayuda a mantener la abstinencia fuera del centro”, argumenta Vero.
No es nada recomendable que una persona “alargue el ingreso de por vida”, sostiene Pau. “Hay mundo fuera del centro, un entorno donde las drogas están presentes y, en algún momento, la persona va a tener que salir a ese entorno y se va a enfrentar a esas situaciones”, añade el psicólogo.
La integradora social Bea considera que el tratamiento ideal, en cuanto a tiempos, para tratar una adicción, es el siguiente: “Tres o cuatro meses en un centro de ingreso. Después, otros tres o cuatro meses en una vivienda terapéutica, y, luego, un año, como mínimo, yendo a un centro de día o a tratamiento ambulatorio. Tras esto podemos hablar de recuperación real”.
El final del ingreso no es el final del tratamiento
Cualquiera puede pensar: ¿Salir del ingreso quiere decir que el tratamiento de la adicción ha terminado? Bea responde rotunda: “Jamás”.
El ingreso es solo “la primera zancada”, explica la psicóloga Vero. “La verdadera recuperación empieza cuando sales del ingreso”, añade. Y precisa: “Esta es una muy buena medida de contención donde se trabaja la desintoxicación y deshabituación, pero la verdadera recuperación se lleva a cabo fuera del centro, en la vida real”.
La vuelta a la realidad, eso sí, es progresiva. “Primero, vuelvo a mi entorno, donde me expongo a ciertos retos, con un respaldo terapéutico. ¿Por qué? Porque puede ser que un día me encuentre con mi amigo de consumo o con el camello, es decir, con situaciones con las que no sé muy bien cómo lidiar, y que en un centro, al tratarse de un entorno controlado y seguro, no me encuentro”, explica Pau.
“Muchas veces el tratamiento no termina, porque las personas adictas siguen participando en grupos, ayudando a otras personas, se mantienen en contacto con la raíz de la enfermedad para no olvidarse de dónde vienen y todo lo que han pasado”, aclara el psicólogo. Y Vero añade: “Lo ‘fácil’ es dejar de consumir, pero aprender a vivir sin consumo es lo difícil. Por eso es necesario un seguimiento y un tratamiento ambulatorio posterior al ingreso”.
A lo que se refieren ambos profesionales es a lo que se denomina “mantenimiento”. Consiste en seguir en contacto con un entorno terapéutico que contribuya al crecimiento personal y a gestionar etapas emocionales difíciles que pueden conducir a recaídas. Parte de los especialistas en adicciones recomiendan, de hecho, que este mantenimiento se realice de por vida, según el criterio de que la adicción es una enfermedad crónica, que no tiene cura, pero que sí puede mantenerse a raya.
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