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Ingresar en un centro de desintoxicación

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Ingresar en un centro de desintoxicación

Protocolo de Ingreso, pasos y actividades de las clínicas de adicciones

Foto cabecera: Tima Miroshnichenko

Ingresar en un centro de desintoxicación constituye una decisión trascendental para una persona que sufre adicción, así como para su familia. Esta decisión puede surgir por parte de la misma persona, pero a menudo son sus familiares o, incluso, un profesional de la psicología o la medicina quienes le alientan a tomarla. A partir de allí, se abre un camino de esperanzas, miedos, incertidumbres, por parte de todas las personas implicadas. Y es que, la adicción afecta a quien la padece en carne propia, pero sin duda también a su entorno.

 ¿Cuándo surge la necesidad de ingresar en un centro de desintoxicación? Profesionales de todos los ámbitos coinciden en que una persona debe ingresar en una clínica de adicciones cuando el tratamiento ambulatorio ya no da de sí, no alcanza, por decirlo de forma sencilla. Esto es, cuando acudir a terapia, más o menos frecuentemente, desde casa, para intentar controlar, modificar, sanar los hábitos compulsivos carece de efecto sobre la persona. Y esta la lía uno y otro día consumiendo, robando, mintiendo a sus familia y amistades y, lo que es peor, autodestruyéndose progresivamente e incumpliendo sus responsabilidades.


Pero la media de un tratamiento de desintoxicación y deshabituación es de entre 2 meses y 1 año, dependiendo de la gravedad del caso.


Entonces surge la urgencia de que la persona con adicción ingrese en un régimen residencial 24/7 de cuidados y abstinencia. Un equipo terapéutico conformado por profesionales en enfermería, medicina, psicología, psiquiatría, trabajo social, animación… acompañará el tratamiento. Dependiendo de las características del centro y del caso de adicción, este equipo será más o menos numeroso y atenderá a la persona más o menos frecuentemente.

Los centros de desintoxicación son régimen donde las personas se encuentran completamente alejadas de las sustancias o fuentes de hábitos compulsivos (por ejemplo, en el caso del juego o el sexo) durante un tiempo óptimo para deshabituar a su cuerpo del objeto de su consumo. Así como de los entornos humanos en los que desarrollaba su adicción. Algo que resulta fundamental, ya que los ambientes en los que se mueven estas personas contienen números y diversos estímulos que invitan a consumir y rompen las intenciones del tratamiento ambulatorio si la persona no puede controlar sus impulsos.

El tiempo que la persona puede permanecer ingresada dependerá de su estado terapéutico y de salud. Pero la media de un tratamiento de desintoxicación y deshabituación es de entre 2 meses y 1 año, dependiendo de la gravedad del caso. Un tiempo en el que vivirá permanentemente en esa residencia, acompañada de otras personas que sufren esta enfermedad. Podrá recibir visitas de sus familiares a partir de algunas semanas después del ingreso, y de forma organizada y pautada con sus terapeutas cada 15 días.

¿Cómo ingresar a alguien en un centro de desintoxicación?

El primer paso para ingresar en un centro de desintoxicación es, inexorablemente, que la persona en cuestión acepte hacerlo. Este es otro aspecto en el que coinciden casi todos y todas las terapeutas: obligar a alguien a internarse resulta del todo contraproducente para que el tratamiento llegue a buen puerto. La razón es sencilla: la permanencia en una clínica de adicciones o comunidad terapéutica es voluntaria, tanto como pedir el alta y salir caminando de la residencia.

Así que sin el consentimiento del o la paciente para entrar en tratamiento, lo único que conseguiremos es alimentar situaciones de conflicto en el centro y el abandono del proceso. Pero no está todo perdido en una situación de negación por parte de la persona que sufre adicción. Para ello, los especialistas trabajan con la familia para brindarle herramientas y pautas con las que “convencer” a su familiar de que necesita tratarse. Incluso, intermedian en las relaciones cuando el entorno se ve incapaz de lidiar en esa relación.


Obligar a alguien a internarse resulta del todo contraproducente para que el tratamiento llegue a buen puerto.


Cuando la persona accede a ingresar en un centro de desintoxicación, entonces aparece la primera etapa de incertidumbre familiar: ¿Dónde ir? ¿Cuál es la mejor opción? ¿Qué costará? ¿Cómo proceder con el ingreso?

Todas estas son preguntas muy coherentes con una realidad desconocida y que carece de una respuesta unívoca. Sobre todo, porque existe una gran diversidad de centros y clínicas en España con una gran variedad de precios que depende de factores que una persona que ajena a este campo desconoce si son o no importantes para el perfil de adicción de su familiar.

¿Cuánto cuesta Ingresar en un centro de desintoxicación?

Por eso nació Adictalia: para orientar a cada caso al tratamiento más adecuado según sus necesidades terapéuticas, familiares y económicas, y realizar un seguimiento de que la clínica cumple las condiciones pactadas con el paciente.

La finalidad de Adictalia consiste en evitar abusos y brindar la mejor solución en situaciones en que la desesperación puede hacernos tomar decisiones desafortunadas: elegir un centro que se encuentre más allá de nuestras posibilidades cuando realmente necesitábamos otro; o una clínica donde el perfil de adicción predominante sea inconveniente para la nuestra o la de nuestro familiar; o encontrarse en un lugar geográfico inadecuado. También se puede caer en abusos, que siempre existen en todos los sectores del mercado, incluidos los que se dedican a la salud.

Los precios para ingresar en un centro de desintoxicación, que se encuentre fuera del sistema público, varían en función del rango en que éste se encuentre. Es posible diferenciar tres franjas. La denominada Eco, integrada por una diversidad de centros cuyo coste mensual es inferior a los 2500 euros. La franja Media e intermedia, donde los precios ascienden hasta los 6000 euros mensuales. Y el sector delux o lujo, donde la mensualidad escala desde ese piso a los 15000 euros mensuales.

Las diferencias entre cada sector de clínicas y centros de desintoxicación puedes leerla en este artículo. Pero tanto como el precio, estas comunidades presentan características de tratamiento y servicios diversos, aunque la terapia cognitivo conductual suele ser una constante en todos ellos.

Cuando el equipo de Adictalia estudia en profundidad el caso de adicción, busca las alternativas terapéuticas idóneas dentro de su red nacional. Si la persona o la familia acceden, se preparan todos los papeles necesarios para el ingreso, se envía un e-mail pormenorizado a la familia con todos los enseres que la persona puede llevar (generalmente los básicos y, por supuesto, nada de sustancias). Y se gestionan los traslados. ¿Cómo? ¿Que tengo que viajar?


Si se encuentra en otra localidad, las posibilidades de que salga del centro para consumir se reducen considerablemente.


Dependerá del caso, pero, por lo general, siempre se busca ingresar en un centro de desintoxicación que se encuentre alejado del entorno de consumo de la persona. Y, a menudo, se necesita que el centro se encuentre en otra localidad. ¿Por qué? Porque los impulsos de consumir en una adicción son tan fuertes que quien la sufre puede fácilmente sucumbir a la tentación de “escaparse” del centro para hacer unos kilómetros y retornar a sus antiguas y lugares de consumo. Una vez allí, le resulta más sencillo conseguir dinero o pedir prestada la sustancia.

Conviene que la persona se encuentre sin medios ni recursos para retornar a estos ámbitos. Si se encuentra en otra localidad, las posibilidades de que salga del centro para consumir se reducen considerablemente. Primero, porque no conoce a nadie y no tiene dinero. Luego, porque en estas condiciones le será imposible recorrer largos trayectos. Aunque a regañadientes y revolviéndose en su cama, sólo le quedará atravesar la etapa de desintoxicación.

El objetivo de ingresar en un centro de desintoxicación, además sanear al organismo de la sustancia o hábito tóxico, será proporcionar a la persona herramientas para manejar contingencias que le inciten a consumir. Estos instrumentos se trabajan por medio de terapias psicológicas, que realmente varían dentro de la gran diversidad de centros. Pero que en todo caso siempre procuran que sus pacientes adquieran habilidades para enfrentarse a las situaciones que le llevan a consumir. Porque lo que está claro es que nadie quiere racionalmente destruirse ni desarrollar un hábito tóxico porque sí.

Qué ocurre tras ingresar en un centro de desintoxicación

Al ingresar al centro de desintoxicación, la persona encontrará (al menos en las residencias con las que trabaja Adictalia) una calidad bienvenida por parte del personal terapéutico: administración, enfermería, psicología… Una vez allí, firmará el ingreso y se le asignará una habitación, que puede ser individual o compartida dependiendo del tipo de clínica.

El primer paso será informarle del reglamento interno del centro, que suele en general ser riguroso en cuanto a pautas de convivencia, obligaciones y horarios. Esta rigurosidad tiene un objetivo concreto: ayudarles a corregir la desorganización y el caos en los que se ven sumergidas las personas con adicción por la falta de control de impulsos. Les resulta imposible administrar su dinero, que siempre termina costeando la sustancia o hábitos tóxicos; pierden toda responsabilidad sobre sus vidas a nivel laboral, de relaciones y hasta de higiene y salud. Incluso la falta de reciprocidad que demuestran con sus familiares les convierte en seres complicados para coexistir.

La rutina se transforma entonces en una necesidad imperiosa. Y esta arranca justo después de ingresar en un centro de desintoxicación y recibir de mano del equipo terapéutico las normas de funcionamiento. Seguir una organización estructurada de actividades y deberes pretende inculcar hábitos de planificación, de consecución de objetivos y de responsabilidad.


Premiando cuando se cumple y sancionando cuando en caso contrario, buscan alentar el autocontrol y el desarrollo de la responsabilidad individual.


En general, las clínicas de adicciones afianzan el cumplimiento de estas pautas con sistemas de refuerzo y castigo. De esta manera, premiando cuando se cumple y sancionando cuando en caso contrario, buscan alentar el autocontrol y el desarrollo de la responsabilidad individual.

Lo que viene después es un proceso de adaptación a jornadas con diferentes actividades. Rutinas despejadas completamente de consumos o estímulos que inviten a ellos. Una abstinencia total que, por supuesto, conlleva un síndrome, popularmente conocido como “mono”. Un conjunto de síntomas desagradables que experimenta el organismo cuando se le priva de un estímulo al que estaba acostumbrado para funcionar. Frente a un corte radical, el cuerpo reacciona con señales de ansiedad, agitación y hasta temblores.

Un equipo médico y terapéutico seguirá de cerca el caso para proporcionar los cuidados necesarios. Es imposible que el organismo, en un caso de adicción que necesita ingresar en un centro de desintoxicación, se adapte a la abstinencia sin experimentar reacciones. Pero es muy factible que en una clínica puedan contener estas reacciones, aliviarlas, de forma que la persona curse la desintoxicación de la manera más llevadera posible. Claro, faltaremos a la verdad si dijéramos que se trata de una etapa agradable.

El día a día en un centro de desintoxicación

Mientras, el centro ofrece otras funciones además de servir de espacio de contención médica y terapéutica durante las 24 horas los siete días de la semana.  Porque además de desintoxicación del organismo, la persona debe deshabituarse al consumo. Para ello, resulta indispensable que cambie de pensamientos, de creencias y emociones que la conducían a consumir. De otra forma, lo único que se consigue es desintoxicar el cuerpo para que, ni bien salga de la residencia, recaiga ante cualquier estímulo que se encuentre.

Para evitar esto se requiere un cambio de vida. Y el cambio empieza cuando se cruza la puerta del centro. Paralelamente a la desintoxicación, se lleva a cabo un trabajo de deshabituación. Para ello los centros de desintoxicación cuentan con diferentes actividades recreativas y terapéuticas, así como introducción de hábitos saludables en cuanto a nutrición y deporte.

La persona acude a terapia psicológica dos veces al día. Existen dos modalidades de sesión, y a ambas debe asistir. Una es de tipo individual, donde la persona trabaja con el o la terapeuta las creencias y patrones de pensamientos negativos que ha desarrollado a lo largo de su vida y que condicionan su adicción. El tipo de terapia que más se emplea es la cognitivo-conductual, combinada con la entrevista motivacional.

Luego, asistirá a sesiones regulares de terapia grupal. Allí encontrará a otras personas que sufren adicción y que se encuentran en el mismo proceso que ella. Estos grupos resultan fundamentales, en tanto que permiten al o la paciente verse reflejados en los testimonios de sus compañeros y compañeras.


Tanto las sesiones grupales como individuales, se encuentran diseñadas para que las personas aprendan a gestionar contingencias.


Por eso, precisamente, es tan importante que, al ingresar en un centro de desintoxicación, se escoja uno donde el tipo de adicciones que predominan sean similares a las que sufre la persona. Es cierto que todos los hábitos tóxicos encuentran el denominador común de intentar aplacar la incertidumbre, el sufrimiento, la ansiedad por medio del consumo compulsivo. Pero es más fácil que una persona adicta a la cocaína se identifique con la historia de otra con su mismo hábito que con alguien que sufre adicción al sexo.

Tanto las sesiones grupales como individuales, se encuentran diseñadas para que las personas aprendan a gestionar contingencias. Es decir, situaciones de la vida que para cualquier individuo son normales o, al menos, pueden sortear sin mayor dificultad. Pero que para una persona que vive la adicción implica un sufrimiento o un obstáculo que sólo consigue evadir o aplacar consumiendo. La identificación de situaciones de riesgo y el entrenamiento del manejo de las mismas ocupa un lugar fundamental en el proceso de deshabituación.

Las actividades dentro de una clínica de adicciones

Además de asistir a sesiones regulares de terapia, la persona cuenta con actividades recreativas que le permiten aprender a disfrutar de otros aspectos de la vida. Un juego en equipo, una sesión de ejercicio, una clase de yoga, un taller de arte o, incluso, una salida en grupo al parque, al museo o al cine, brindan la posibilidad de explorar otras dimensiones y encontrar el placer de vivir en otros lados que no sean el consumo tóxico.

Pero además, este tipo de salidas y actividades funcionan como pruebas para poner a las personas que se encuentran en tratamiento frente a situaciones que pueden representar estimulantes para el consumo. Tras estas actividades, sobre todo las salidas al exterior, se verifican y evalúan los progresos del tratamiento en cada caso a partir del feedback que cada persona devuelve con sus testimonios y actitudes.

De la misma forma, la dieta resultará tan importante como cumplir las pautas de aseo e higiene.  Tras un tiempo largo de caos vital, resulta esencial que la persona al ingresar en un centro de desintoxicación descubra la importancia de organizarse, cuidarse y cuidar del entorno. Para ello, respetar los hábitos de convivencia, como la limpieza de las habitaciones y los horarios de asistencia, así como cuidar su salud, su cuerpo, su higiene, se transforman en tareas prioritarias en la cotidianidad del tratamiento.


Este tipo de salidas y actividades funcionan como pruebas para poner a las personas que se encuentran en tratamiento frente a situaciones que pueden representar estimulantes para el consumo.


El equipo terapéutico decidirá, junto con el paciente, cuándo conviene que se dé el alta. Pero los estudios han demostrado que quienes más tiempo han permanecido en el tratamiento (es decir, no han abandonado), más tiempo han conseguido su abstinencia o, incluso, no han vuelto a consumir en su vida.

En los casos más extremos, tras el tiempo de permanencia en la comunidad terapéutica o clínica de adicciones, la persona pasa a residir en pisos tutelados. Se trata de regímenes residenciales abiertos, donde podrá poner a prueba la capacidad de planificación adquirida en el centro. Estos sitios dependen en la mayoría de los propios centros y se encuentran monitorizados por acompañantes formados.

Dentro de esta etapa puede ser necesaria la intervención de trabajadores/as sociales. Pues se trata de conseguir la reinserción de la persona a la vida social en todos sus aspectos, incluido el laboral o académico. Buscar empleo, resolver conflictos con su familia de origen, o buscar medios de habitabilidad pueden conformar desafíos a superar.

Tras ingresar en un centro de desintoxicación y cumplir el tratamiento, siempre será conveniente que la persona siga acudiendo a terapia. De esta forma, conseguirá afianzar su progreso y trabajar en su crecimiento personal para no volver a caer en la tentación de consumir.


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