PERSPECTIVA DE GÉNERO Y ADICCIONES
Mujeres y adicción al juego, videojuegos, compras…
Estudio: adicciones comportamentales y cómo debería ser el tratamiento
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Las mujeres que sufren adicciones comportamentales y con sustancias, sufren un doble estigma: uno, por presentar una patología en gran parte incomprendida, “mal vista”, por la sociedad; otro, directamente relacionado con el género, esto es, por el hecho de desarrollar esa enfermedad, “encima”, siendo mujeres. Este doble estigma influye negativamente de muchas formas, según las autoras del estudio de la Universidad de Deusto “Evaluación desde la perspectiva de género en adicciones con sustancias y comportamentales”.
Por ejemplo, impide que las afectadas por adicciones reconozcan el problema y, por tanto, se abstengan de pedir ayuda a tiempo, retrasen de forma alarmante la solicitud de tratamiento. Y de esto Adictalia tiene constancia, donde poco más de un 23 por ciento de las llamadas se relacionan con mujeres con adicción.
En Adictalia, por ejemplo, solo un 23 por ciento de las llamadas se relacionan con mujeres con adicción.
Además, la vergüenza social y la culpa que sienten las mujeres por sufrir esta enfermedad las puede conducir a desarrollar otros trastornos mentales y a agravar la propia adicción. Estos sentimientos responden a que la adicción les impide cumplir con el rol de cuidadoras de la forma en que la sociedad les impone que lo hagan.
En otras palabras, la adicción se ha considerado siempre “cosa de hombres”. Un padre puede permitirse ausentarse de su casa durante meses para tratar su alcoholismo o su ludopatía. De hecho, se le considera un “valiente” (que, sin duda, lo es), por reconocer y afrontar el problema. Pero una madre difícilmente interrumpe su rol de cuidadora para ingresar en un centro. Y si lo hace, es probable que, a diferencia del padre, reciba muchas miradas condenatorias por “abandonar” el hogar. Injusto, pero real.
Las adicciones comportamentales son conductas compulsivas, incontrolables, que generan graves problemas y sufrimiento en quienes las practican.
Por eso, para las autoras del citado estudio, resulta fundamental integrar la perspectiva de género en la investigación y en los tratamientos terapéuticos de adicciones. Ana Estévez Gutiérrez, con quien Adictalia conversó para esta entrevista, Laura Macía Guerrero, Itziar Gandarias Goikoetxea, Paula Jauregui Bilbao y Janire Momeñe López, investigan la línea de las “adicciones sin sustancia y procesos cognitivo-emocionales y relacionales asociados”.
Su estudio se ha centrado en adicciones comportamentales en mujeres, es decir, conductas compulsivas, incontrolables, que generan graves problemas y sufrimiento en quienes las practican. Las dependencias conductuales presentan notorias analogías con las adicciones a sustancias:
- Incapacidad de controlar los impulsos.
- Consecuencias negativas a todos los niveles: familiares, económicas, laborales, de salud.
- Similitudes en los circuitos cerebrales implicados en la necesidad de consumir.
Como explica Ana Estévez Gutiérrez a Adictalia, el estudio se ha centrado en la adicción al juego, a los videojuegos, a las compras compulsivas y a la dependencia emocional. Aunque no todos estos trastornos se encuentran reconocidos como “adicción” por los manuales oficiales, cada vez más investigaciones advierten de los patrones clínicos que los sitúan (o deberían situarlos) en ese diagnóstico.
LudopatíaAdicción a juegos de azar y videojuegos en mujeres
– ¿Cuáles son las adicciones con mayor prevalencia en las mujeres?
– La respuesta implica muchos matices. En general, primero, porque hay que tener en cuenta que cada adicción comportamental tiene sus características idiosincráticas, particulares. Segundo, porque, desde la perspectiva de género, algunas mujeres no acuden a tratamiento y los casos de adicción no se detectan con tanta facilidad como en los hombres.
Respecto de las adicciones comportamentales, las únicas dos reconocidas por los manuales de tratamiento serían la adicción al juego y la adicción a los videojuegos.
Cada vez más chicas adolescentes, en muchas ocasiones acompañadas por sus parejas, empiezan a jugar.
En el caso del juego, el estudio ha detectado una mayor prevalencia de hombres que de mujeres. Pero también se percibe un cambio importante: cada vez más chicas adolescentes, en muchas ocasiones acompañadas por sus parejas, empiezan a jugar.
En el caso de los videojuegos no hemos desarrollado un estudio epidemiológico, específico de prevalencia. Pero sí encontramos que hay muchas más chicas que juegan, a diferencia de lo que cree la opinión pública. Hay muchas mujeres que practican los videojuegos, pero que ocultan su género por miedo a que se les critique o infravalore en relación con los hombres.
Esto es lo que hemos visto respecto de adicciones comportamentales reconocidas clínicamente.
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– ¿Qué significa adicciones comportamentales “reconocidas”?
– El manual de diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM) reconoce la adicción al juego como una adicción, igual que si fuera adicción al tabaco, al alcohol o a la cocaína. Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud reconoce la adicción a los videojuegos.
El resto de conductas compulsivas requieren aún seguir investigando para llegar a conclusiones consensuadas y poder definir si tienen la categoría diagnóstica de adicción. En el caso de las compras, por ejemplo, se perciben muchos criterios que la asemejan mucho a la conducta compulsiva con el juego (ludopatía). Pero, de momento, sólo podemos hablar de “compra compulsiva”, como también de “uso inadecuado” de Internet y de redes sociales; en estos casos no se puede hablar de adicción a esos comportamientos.
– Cuando se habla de adicción al juego, ¿se hace referencia a apuestas?
– El trastorno de juego está reconocido en los manuales diagnósticos en relación con los juegos de azar. Engloba a las apuestas deportivas, las máquinas, tragaperras, casino, bingo, loterías, cartas, etc. Puede practicarse tanto de manera online como presencial, y no hay diferencia diagnóstica entre ambas modalidades: ambas conforman trastorno de juego. Mucha gente se equivoca y las menciona como diferentes, cuando representan la misma realidad.
– ¿La modalidad virtual viene ganando cada vez más personas jugadoras?
– Con el COVID, aumentó el número de personas con este trastorno que acuden al formato virtual. Al estar los locales de apuestas presenciales cerrados, la gente empezó a jugar online. Es más peligrosa esta modalidad para el cumplimiento del tratamiento, porque una persona puede saltarse fácilmente las restricciones, mientras que en un local presencial es más difícil hacerlo.
Compras compulsivasCompras compulsivas en mujeres
– ¿Qué otras adicciones comportamentales podemos detectar en mujeres?
– También hemos estudiado otras dependencias como compra compulsiva y dependencia emocional y relacional.
En el caso de la compra compulsiva, hay datos que parecen indicar que las mujeres compran más. Aunque cabe aclarar que una persona es más propensa a desarrollar una “adicción”, o una actitud compulsiva, cuando tiene más posibilidades de practicarla. En este sentido, las mujeres son las que se encargan con mayor frecuencia de esta tarea: las compras.
Ahora bien, lo que sí difiere entre hombres y mujeres es el tipo de productos que compran.
– ¿En qué se diferencian los productos que compran mujeres y hombres?
– En el caso de las mujeres, detectamos compras de productos de belleza; productos para regalar y, también, más compra de productos alimenticios. En el caso de los hombres, los productos que compran están más relacionados con la electrónica o relacionados con los coches.
Comorbilidad entre adicciones conductuales y a sustancias– ¿Cómo se relacionan las adicciones comportamentales y las de sustancia en el caso de las mujeres?
– Si bien el estudio se ha centrado especialmente en adicciones comportamentales, hemos estudiado la comorbilidad entre éstas y las adicciones con sustancias.
En el caso de las mujeres, se observa que la comorbilidad mayor está relacionada con problemas emocionales: tristeza, depresión, ansiedad… Y no tanto con otros consumos con sustancia.
Ahora bien, existen diferencias en este sentido en función de la edad. Es decir, en mujeres mayores, detectamos ciertos problemas de adicción al alcohol o al tabaco, que, de todas formas, siguen siendo más frecuentes en hombres. En edades más jóvenes, el consumo de estas sustancias aparece más parejo entre ambos géneros.
El impacto de las redes sociales– ¿Cómo impactan las redes sociales?
– Las redes sociales perpetúan la importancia de la imagen física de las mujeres. Es tremendo el maltrato que se percibe y la exigencia sobre el cuerpo de la mujer, la sexualización de su cuerpo.
En este sentido, en las máquinas tragaperras la publicidad del juego usa imágenes sexualizadas de mujeres. Parte de la sociedad reivindica que las mujeres no somos objetos, pero muchas de esas son imágenes muy sexualizadas.

La adicción en mujeres, un tema tabú
– La adicción afecta a toda la sociedad, sin embargo, se tiene menos información de cómo afecta en particular a las mujeres. ¿Qué opina?
– Es un tema tabú la relación entre adicción y mujeres desde el momento en el que existe un estigma social; no existe un reconocimiento de las dolencias y de los malestares de estas mujeres. La mirada reprobatoria es mucho mayor cuando una mujer juega a las máquinas tragaperras, en comparación a si lo hace un hombre.
Las mujeres sufren más sensación de culpa y vergüenza social porque sienten que están transgrediendo una norma social. Cuando la gente ve a un hombre jugar a las máquinas, para nada piensa que es un “mal padre”. Pero en el caso de una mujer, probablemente piensa que no está cuidando a su familia, a sus hijos… Las mujeres sufren más por esta reprobación social.
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– ¿Podemos profundizar un poco más en la diferencia entre la edad y la prevalencia de la adicción comportamental en el caso de las mujeres?
– Las mujeres empiezan a jugar a edades mucho más tardías que los hombres: entre los 30 y 40 años. Se da un “efecto telescópico” en este sentido: la mujer empieza a jugar más tarde, pero desarrollan un problema mayor que los hombres. Por lo general, los chicos jóvenes empiezan a jugar antes de los 18 años.
Esto se relaciona con los roles de cuidado, los tiempos y las cargas, tanto personales como familiares. Así como con las razones por las que juegan las mujeres, que son diferentes a las de los hombres. Las mujeres juegan más porque se sienten solas, por llenar un vacío emocional y evadirse de sus problemas personales. En el caso de los hombres, las razones para jugar están asociadas a la búsqueda de sensaciones.
– ¿La adicción conlleva más riesgos a nivel social, psicológico y fisiológico para las mujeres que para los hombres en esta sociedad?
– No hablaría en este sentido únicamente de la adicción. Ser mujer supone muchas experiencias diferentes respecto de los hombres.
- La mujer sufre más violencia que los hombres. Por tanto, las mujeres jugadoras, cuando relatan sus experiencias de juego, hablan más de la violencia que han sufrido.
- Sufren más estigma social.
- Reciben menos ayuda. Las mujeres jugadoras, en la mayoría de los casos, acuden a tratamiento solas porque no tienen un apoyo social específico.
- Han vivido situaciones más traumáticas.
- Se encargan más de los cuidados de hijos y padres y reciben menos cuidados y, por tanto, ayuda.
- Los tratamientos y programas de prevención no están diseñados ni contemplan estas necesidades de género.
En este sentido, es notorio que en los grupos de tratamiento, donde la mayoría son hombres, las mujeres evitan hablar de violencia y cuidados. De hecho, en los grupos de hombres es más difícil que ellos hablen de lo que les supone no haber cuidado a sus padres o no estar presentes con sus hijos. A las mujeres les afecta mucho más esas situaciones y, por otro lado, son más conscientes de ellas, muestran mayor preocupación.
En los grupos de hombres es más difícil que ellos hablen de lo que les supone no haber cuidado a sus padres o no estar presentes con sus hijos.
Lo que está claro es que se encuentran más solas. De hecho, cuando ingresan en los centros de tratamiento, en general llegan mucho más deterioradas que los hombres porque han tenido menos apoyo social para gestionar la situación con anterioridad.
Dependencia emocionalLa dependencia emocional como adicción comportamental en las mujeres
Otra de las conductas adictivas en las que se centró el estudio de la Universidad de Deusto es la dependencia emocional. Aunque los manuales clínicos aún rechazan calificarla como una adicción, un gran número de profesionales reclama que este comportamiento compulsivo y tóxico debe ser calificado como tal.
Según las autoras de la investigación, la dependencia emocional consiste en “un patrón crónico de demandas y necesidades emocionales que no han sido satisfechas”, las cuales intentan cubrirse con la presencia de otra persona. En muchas ocasiones, esa persona acaba siendo la pareja. Es decir, una persona busca en la otra compensar y satisfacer las deficiencias afectivas o necesidades irrenunciables que se originan en la infancia.
Algunas de las principales características de la dependencia emocional son:
Este terror incide en que la persona con dependencia emocional adopte un rol de sumisa o subordinada. Así, se olvida de sus propios deseos y necesidades para poner a su pareja en un lugar predominante y central en su vida.
Diversos estudios califican la dependencia emocional como una adicción sin sustancia, ya que presenta muchas características de esta enfermedad, tales como:
Además, la dependencia emocional activa en el cerebro una serie de mecanismos, similares a los que funcionan con el consumo de drogas y trastornos comportamentales, sí reconocidos en los manuales, como el juego.
Del estudio se desprenden diferente ideas sobre la dependencia emocional en mujeres. Por ejemplo:
El estudio refiere a diversas investigaciones sobre dependencia emocional para situar la prevalencia de este trastorno. Por ejemplo, en 2012, Lemos et al. situaron la prevalencia de la dependencia emocional en 569 estudiantes universitarios/as con edades que oscilaron entre los 16 y 31 años, en un 24,6 por ciento. Por su parte, Mallma, en 2016, apunta una prevalencia en jóvenes de entre 16 y 40 años, con una media de edad de 20,48 años, en torno al 31,4 por ciento. En 2018, Valle y de la Villa hallaron una prevalencia del 23,3 por ciento en jóvenes, de los cuales el 10.2 por ciento manifiestan una dependencia emocional intensa.
Tratamiento de adicciones para mujeres: las claves
– Es un hecho que las mujeres piden mucha menos ayuda que los hombres. ¿Por qué?
– Piden menos ayuda por motivos muy sencillos. Por ejemplo, porque el diseño de los centros de tratamiento no tienen conciliación familiar. Es decir, una mujer está al cuidado de sus hijos y es difícil que se desentienda para iniciar un tratamiento. Por ejemplo, “se fue a por tabaco y no volvió”, es una frase asociada con los hombres que se usa para describir la conducta de consumo; una frase que es casi imposible aplicarla en mujeres.
Por otra parte, las condiciones económicas y sociales, en el caso de la mujer, son de mayor precariedad, y esto afecta a la posibilidad de pedir ayuda para comenzar un tratamiento.

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.
– ¿Cómo debería ser un tratamiento que tenga perspectiva de género?
– Primero, tiene que haber profesionales con conocimientos y formación en perspectiva de género. En el caso de las mujeres, la intervención en trauma es fundamental, porque llegan con situaciones traumáticas muy dolorosas y hay que gestionarlas.
Por otra parte, los vínculos, los cuidados y la violencia que sufren son aspectos significativos que el tratamiento debe abordar. De hecho, hemos observado que en los grupos mixtos, las mujeres participan menos, hablan menos, no se atreven a expresar sentimientos.
Por tanto, el cambio pasa por:
- Diseñar tratamientos con horarios adecuados para que las mujeres puedan acudir.
- Ofrecer sistemas de conciliación.
- Profesionales con una mirada de género, para comprender y abordar aspectos que afectan particularmente a las mujeres, como la violencia de machista.
Porque cuando las mujeres llegan a un centro de adicciones y, por ejemplo, explican que han recibido violencia, es muy importante encontrar a una persona profesional que la entienda y recoja. No a alguien que la cuestione, la interpele, y que tenga una mirada reprobatoria: “Fíjate, has jugado y has desatendido lo que se supone que deberías atender”.
Cuando la mujer víctima de violencia de género llega a un centro, necesita encontrar a alguien que no la cuestione, que no la interpele, que no tenga una mirada reprobatoria del tipo: “Fíjate, has jugado y has desatendido lo que se supone que deberías atender”.
La mirada social estigmatizante sobre las mujeres no ayuda a que ellas se acerquen a los centros para tratar la enfermedad de la adicción. En este sentido, los programas de prevención no tienen en cuenta a la mujer: en los mensajes aparecen chicos jóvenes en la mayoría de ocasiones y se elude la realidad de las mujeres y las razones por las que juegan, las cuales son diferentes a la de los hombres.
– En el caso de perfiles de mujeres que han sufrido maltrato o abuso sexual, ¿conviene que el tratamiento se haga de forma aislada, es decir, en un centro solo para mujeres?
– La evidencia científica muestra que es adecuado que las mujeres puedan compartir con otras en el tratamiento. Si bien es cierto que cuando se les plantea esta posibilidad a las mujeres jugadoras, ellas dicen que quieren “ser iguales” a los hombres, porque “también son jugadoras” como ellos, y no quieren ser estigmatizadas. Pero lo cierto es que, cuando se encuentran en grupos exclusivos para mujeres, pueden expresar y hablar de cosas que en grupos mixtos callarían.
– Hay mujeres que también aluden que recuperarse en un centro exclusivo para mujeres no las prepara para la realidad, donde tienen que convivir con hombres y con el machismo. ¿Qué opina?
– Sí, es lo que normalmente dicen las mujeres.
Es cierto que sería ideal que no fuera necesario sacar a las mujeres de los grupos mixtos para que pudieran hablar de sus violencias y de sus cuidados, y que los hombres las escucharan sin juicios. También que en esos espacios mixtos, los hombres pudieran expresar sus sentimientos con respecto de los hijos, de la crianza, del cuidado de sus mayores… Pero el hecho es que esta situación normalmente no se produce.
Los hombres en general carecen de una mirada que pueda acoger a las mujeres, entenderlas, acompañarlas y permitirles hablar. Si tenemos que sacar a las mujeres es porque, de momento, en esos grupos no se habla de las mismas cosas: los hombres no han sufrido la violencia ni las mismas condiciones que las mujeres.
Perspectiva de género en tratamientos y prevención
– ¿Cómo está España en cuanto a aplicar la perspectiva de género en los tratamientos?
– España no está retrasada en este sentido. Existe sensibilidad, pero también queda mucho trabajo por hacer. Lo importante es comprender que hombres y mujeres tienen una socialización y expectativas distintas con respecto de las conductas que se esperan de unos y otras. Y, por tanto, de las consecuencias que ello tiene en nuestras vidas, en general, y en la posibilidad de desarrollar adicciones y en la salud mental de las mujeres, en particular.
Las mujeres con adicción podrían expresar el abandono que han sufrido. El hecho de tener hijos supone en este sentido una carga física y mental que recae solamente sobre ellas. En algunos casos, la sobrecarga, el encontrarse solas, las conduce a jugar o comprar como vía para evadirse y manejar toda la rabia y malestar que les produce.
En algunos casos, la sobrecarga, el encontrarse solas, las conduce a jugar o comprar como vía para evadirse y manejar toda la rabia y malestar que les produce.
Es fundamental visibilizar el sufrimiento de las mujeres adictas, que representa una problemática grande y necesita ser analizada con perspectiva de género. Y hablar de género no es hablar exclusivamente de mujeres, sino de las diferencias que existen entre hombres y mujeres. En este sentido, sería ideal que en los grupos de hombres con adicciones se trabajasen también estas diferencias, y se hablara de los cuidados, miedos y vergüenzas.
No es lo mismo ser una mujer jugadora que un hombre jugador. Tampoco lo es contar con una familia o una pareja que te apoye cuando tienes una adicción, como les ocurre a los hombres, cuyas mujeres buscan ayuda terapéutica para que tratarse. Algo muy diferente a ser abandonada por tu pareja cuando tienes este problema, como les pasa a muchas mujeres.
– ¿Cómo deberían ser las campañas de prevención para contemplar a las mujeres?
– Deben tener en cuenta que las necesidades y los motivos por los que juegan las mujeres son diferentes. Y que las características inherentes a la mujer son distintas: los hombres no tienen la misma carga de cuidado, de trabajo, de carga mental. Son elementos fundamentales a tener en cuenta. Además, deben presentar una mirada no reprobatoria hacia la mujer con adicciones.
Conclusiones del estudio– Si tuvieses que sintetizar de alguna manera las principales conclusiones que te deja el estudio, ¿cuáles escogerías?
- Que la perspectiva de género en adicciones incluye tanto a hombres como a mujeres con este problema, no hace referencia sólo a las mujeres.
- Que las necesidades de cada persona son distintas: no todas las mujeres son iguales, al igual que los hombres, pero sí que existen roles de género que marcan y afectan a la diferente expresión de los malestares de unos y otras.
- Resulta fundamental en los tratamientos, en la evaluación y en la prevención, tener en cuenta que las necesidades de las mujeres son distintas a las de los hombres.
- Las mujeres con adicciones, además de la enfermedad, tienen un doble estigma por el hecho de ser mujer porque sienten mucha más culpa y vergüenza social, reciben menos apoyo y muchas más críticas, y han sufrido en general más violencia, más situaciones vitales estresantes y son generalmente las cuidadoras.
- Los profesionales que trabajan la enfermedad de la adicción necesitan una formación especializada en género y en trauma.
- Las mujeres acuden a buscar ayuda de otra manera. Ellas son las que normalmente buscan ayuda para los hombres con adicciones y no para ellas. Normalmente, son las cuidadoras y no están acostumbradas a que las cuiden.
- Existe una realidad cambiante entre chicas adolescentes y mujeres adultas. Aumenta la cantidad de mujeres jóvenes que están empezando a jugar, seguramente queriéndose parecer a hombres jugadores, pensando que eso es algo más valioso.
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