ADICCIÓN EN LA ADOLESCENCIA

Cómo saber si mi hijo es adicto

Sugerencias para padres y madres de adolescentes que pueden estar consumiendo

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cómo saber si mi hijo es adicto

Una de las mayores preocupaciones de padres y madres de adolescentes es el consumo de drogas. A lo que se suma, más recientemente, el consumo problemático de otros hábitos, como las apuestas deportivas, el uso de videojuegos o del móvil. El miedo se ve reflejado en esta frase: “Cómo saber si mi hijo o hija es adicto”.

En primer lugar, cabe aclarar que hablar de adicción en la adolescencia es una falacia. De la misma forma que decir que si una persona adulta consume una droga de manera puntual o esporádica significa que padece una adicción. Consumo no es equivalente a adicción.

La adicción es una enfermedad que se desarrolla con el tiempo, no aparece de un día para el otro, sólo por consumir una vez. Claro que, para desarrollarla, siempre hay una primera vez, una puerta de entrada. Para ser diagnosticada, la persona debe presentar síntomas muy concretos, al menos tres:

  1. Necesidad de consumir cada vez más para satisfacer la demanda del organismo, porque crea tolerancia
  2. Incapacidad de controlar la necesidad de consumir, sea cual sea el contexto, porque ha generado dependencia psicológica y física
  3. Imposibilidad de frenar el consumo a pesar de que éste le ha generado consecuencias perjudiciales, evidentes, a todos los niveles
  4. Una vida caótica a causa del consumo descontrolado

En este sentido, resulta complicado, por tiempo y espacio, que una persona adolescente llegue a manifestar esta patología. Ahora bien, sí puede alimentar las bases para, con el tiempo, terminar despertando una adicción en su adultez. Aquí aparece el concepto de “consumo problemático”, en el que sí pueden caer los y las adolescentes: cuando la persona siente deseos de consumir que no puede controlar y ha empezado a desarrollar un hábito tóxico.

El temor sobre los riesgos a los que se exponen las personas adolescentes no es nuevo. La neurociencia ya ha demostrado que el lóbulo prefrontal, la parte del cerebro encargada de la planificación, el juicio, la que nos indica “qué está bien o mal”, aún se encuentra en pleno desarrollo a esta edad. Por tanto, pesan más en las decisiones otras zonas relacionadas con los impulsos, los estímulos, las emociones…

Cabe aclarar que hablar de adicción en la adolescencia es una falacia. De la misma forma que decir que si una persona adulta consume una droga de manera puntual o esporádica significa que padece una adicción. Consumo no es equivalente a adicción.

Si a esto le sumamos otros condicionantes comportamentales propios de la adolescencia, como la necesidad de reconocimiento del grupo; de exploración de riesgos; de desafío de límites; de despegue de las figuras paternas. Así como la incertidumbre o desorientación respecto a qué caminos o actitudes tomar, es posible comprender que las sustancias psicoactivas aparecen como una propuesta muy atractiva para jugar, explorar, mostrarse, sentirse parte de, evadirse

Lo cierto es que el consumo de sustancias afecta de forma determinante en la adolescencia la formación del cerebro (que continúa hasta los 25 años) y de órganos como el páncreas o el hígado, que se encuentran en pleno desarrollo. Por eso mismo, los cambios en los circuitos neuronales pueden provocar mayor predisposición a caer en un consumo problemático o más probabilidades de desarrollar una adicción en la adultez.

Señales de advertencia

Señales de advertencia del consumo problemático de drogas o hábitos en adolescentes

Padres y madres pueden atender a determinados signos de que su hijo o hija se encuentran en la antesala de un consumo problemático. Señales que pueden advertirnos de que están ingiriendo drogas:

  • Su estado de ánimo, humor, cambia de forma notoria e, incluso, de manera brusca
  • Cuida menos su higiene, tanto física como de sueño, pues duerme menos o a deshoras
  • Tiene comportamientos poco habituales o, al menos, que no reconocemos como suyos
  • De pronto se vuelve reservado o reservada, no quiere contar nada de lo que hace en su día a día
  • Se aísla de modo que deja de socializar, cambia sus hábitos sociales de forma evidente
  • Deja de hacer actividades que antes le llamaban la atención, como deportes, música, actividades artísticas…
  • Provoca problemas en la escuela, se ve involucrado en conflictos de forma frecuente
  • Falta al instituto o a otras actividades extraescolares
  • Pasa por alto las responsabilidades educativas y familiares, las incumple sistemáticamente y demuestra agresividad si hace falta para hacerlo.

Si crees que tu hijo tiene problemas de adicción, podemos ayudarte.

Factores de riesgo

Factores de riesgo de consumo en adolescentes

En Adictalia siempre decimos que la adicción es una enfermedad que puede tocarle a cualquiera. Esto significa que nadie está exento o exenta de sufrir una dependencia en algún momento de su vida y de desarrollar una adicción: hay que des-estigmatizar esta patología y considerarla como una más, como la diabetes o el cáncer.

Ahora bien, como en todas las enfermedades, hay elementos de tipo social y personal, cuya confluencia puede predisponer a la persona a desarrollar adicción. Esto significa que hay aspectos de nuestra vida sobre los que podemos actuar para disminuir las probabilidades de generar una dependencia de sustancias o hábitos.

En este sentido, los factores de riesgo para que las personas adolescentes se inclinen en consumir, pueden ser:

  • Disponibilidad de la sustancia o hábito. Que les sea sencillo acceder a ellos: el alcohol es una droga legal que puede comprar en un supermercado. Las máquinas de juego están en todos los bares.
  • Exposición a la publicidad y promoción del consumo. Si están más o menos expuestos a publicidad que asocie estos hábitos a valores positivos, de reconocimiento, de valía, de audacia… Pensemos en películas, series, promociones callejeras, ventanas de publicidad en el móvil…
  • La forma de usar el tiempo libre. Esto es, cómo fomentamos que los y las adolescentes aprovechen sus espacios de ocio. Los pubs, discotecas, bares, son lugares donde el ocio se encuentra muy ligado al consumo.
  • La  forma de educación en casa puede predisponer al consumo. Por ejemplo, cuando las normas son poco claras, cuando se encubre o sobreprotege permanentemente a la persona, cuando se mina su autoestima, cuando las normas son demasiado estrictas y asfixiantes y no le permiten ser.
  • El consumo normalizado en el hogar. Muchas veces se habla de que las adicciones se heredan. Esto no es exactamente así. Es cierto que el consumo prolongado de la madre o el padre antes del nacimiento pueden provocar que se herede una genética de mayor tolerancia a determinada sustancia y, a su vez, más sensibilidad y vulnerabilidad para cortar su consumo. Pero no es algo que ocurra siempre ni sea determinante. Lo que ocurre es que los y las adolescentes que tienen en casa a alguien que bebe, juega o se droga, o normalizan estos hábitos y tienden a imitarlos.
  • Una comunicación familiar conflictiva. La incapacidad de expresar pensamientos y emociones por miedo a generar choques o recibir la censura de padres y madres puede desembocar en la necesidad de evadirse o desarrollar conductas desafiantes, como el consumo.
  • Influencia de amistades. La adolescencia comprende una etapa donde el sentimiento de pertenencia a un grupo y la necesidad de despegarse de las figuras que nos han tutelado durante la infancia marcan muchas de las decisiones de la persona. Si sus amistades consumen con normalidad, es posible que ésta termine probando y repitiendo con esa misma frecuencia.
  • Desinformación sobre las adicciones. La falta de conocimiento sobre el efecto de las sustancias o hábitos compulsivos incide en que la persona adolescente relativice estas conductas y desarrolle prejuicios sobre los riesgos. Esto tiene mucho que ver con la comunicación en el hogar, pues hablar de adicciones es una tarea que no puede supeditarse sólo a la escuela: padres y madres deben tratar este tema de forma recurrente, no en una sola conversación. Y esto implica que ellos también se formen.
  • Rasgos psicológicos. Hay determinadas características de la personalidad que pueden predisponer al consumo, pero no por sí mismas, sino en combinación con otros factores de riesgo. Algunos de estos rasgos son la impulsividad, la baja tolerancia a la frustración, una pobre percepción de sí o baja autoestima.
  • Conflictos personales y emocionales. Sentirse incapaz de gestionar determinadas emociones de angustia, estrés, sufrimiento, pueden conducirles a consumir para evadirse. Estos sentimientos pueden estar provocados por conflictos actuales, como las relaciones difíciles con familiares o padres, o bien provenir de traumas sufridos en la infancia. En todo caso, se trata de la imposibilidad de manejar, tolerar, aceptar, esas emociones desbordantes que generan dolor.
  • Factores genéticos. Existen características neurológicas heredadas que influyen en que una persona sea más sensible a determinadas sustancias o hábitos, encontrando más placer en ellos. Y que, también, tengan más tolerancia en su consumo: lo que se conoce como “saber beber”. Esto puede predisponerlas a consumir de forma problemática e, incluso, adictiva.
  • Aspectos biológicos. Algunos adolescentes acusan trastornos mentales como ansiedad extrema, depresión, esquizofrenia. En muchos de estos casos también se observa un consumo problemático de sustancias; esto se conoce como patología dual. No se sabe muy bien qué es primero, si el consumo problemático o el otro trastorno mental, es decir: si el huevo o la gallina. Pero sí que coexisten en el tiempo y están relacionados. 
Cómo abordar el problema

Cómo abordar el problema del consumo en adolescentes

Cuando sospechamos o evidenciamos que un hijo o hija adolescentes están consumiendo drogas o tienen un hábito problemático, como el juego o los videojuegos, lo primero es comunicarse con ellos. Hablar del tema resulta fundamental, pero además, hacerlo de forma sana, no violenta.

Estos son algunos pasos que recomendamos en Adictalia para abordar el problema de consumo con adolescentes:

  • Conversa con tu hijo o hija de forma abierta y calmada, no vuelques tus prejuicios sobre ellos, no proyectes lo que tú desearías que fuera: es lo que es y lo que pasa es lo que pasa.
  • En la conversación, evita acusarle de consumir. En lugar de ello, pregúntales cómo se ha sentido en los últimos tiempos, cómo está con sus amistades, si le ha pasado algo importante en su vida, qué le preocupa.
  • Hazle notar que sientes y has observado que está haciendo cosas diferentes, que está teniendo comportamientos poco habituales, y que eso te preocupa.
  • No le sermones, no le recrimines el consumo, ni mucho menos le avergüences. Transmítele tranquilidad, asegúrale que le ayudarás, que estás a su lado, que puede confiar en ti.
  • Baja el nivel de alarmismo frente a una conducta de consumo: “A muchas personas les ocurre que al sentir estrés o tristeza profunda, ven en las sustancias una puerta de escape. No te sientas culpable si esto es así, hay alternativas sanas.”
  • Si te confiesa que está consumiendo, busca ayuda psicológica o terapéutica especializada en adicciones. No cualquier profesional entiende de consumo problemático en adolescencia. Adictalia puede guiarte en este sentido.
  • Preséntale la opción de la terapia como una alternativa que le evitará sufrimiento, a la cual es muy normal acudir en diferentes etapas de la vida. Asegúrale que le acompañarás, que no está solo ni sola.
  • Hazle saber que cuenta con todo vuestro apoyo familiar, tanto para resolver sus problemas como para salir del consumo.
  • Pero también indícale que el tratamiento terapéutico no es una opción, sino una condición: debe hacerlo por su bien.
Prevención y educación

Prevención y educación sobre adicciones en adolescentes

El problema del consumo de sustancias o hábitos perjudiciales en la adolescencia responde, en gran parte, al olvido de estos temas en las etapas anteriores. Parece que las familias, la escuela, la administración, miran para otro lado tanto cuando hay que educar y concienciar sobre las adicciones, como cuando hay que responsabilizarse sobre las consecuencias de no hacerlo.

madre con hija adicta
La comunicación con tus hijos es un factor de prevención fundamental.

Algunos pasos importantes para prevenir y educar en el consumo de drogas son:

  1. Educa desde pequeños sobre el consumo y las adicciones. Está claro que la prevención y la educación sobre estas temáticas resulta fundamental en todos los estratos de la sociedad. Las adicciones son una enfermedad como cualquier otra, que tiene tratamiento y que también se puede prevenir. Hablar de ella en todos los espacios, a todas las edades, de una forma natural, espontánea y frecuente ayudará a que los y las adolescentes lleguen a esa etapa de la vida más concienciados. Y, sobre todo, a borrar el estigma que recae sobre esta patología, que se sigue viendo como un vicio personal, cuando la Ciencia viene demostrando que no lo es.
  2. Crea entornos seguros y saludables. Esto implica medidas tanto gubernamentales, como poner límites a las publicidades de sustancias y hábitos como el juego, por todos los medios. Como a las familias y a la escuela, que deben fomentar formas de vida sanas, alternativas de ocio saludables, y donde se hable de estos temas con normalidad.
  3. Fomenta una comunicación natural sobre adicciones. Padres y madres han de informarse sobre este tema para poder hablar con conocimiento en casa. Resulta fundamental que se interesen por las cosas de sus hijos y sus hijas, que les pregunten, que se aseguren de que se sienten bien.
  4. Interésate por su vida. Observa cómo se comportan, qué cambios manifiestan. Y habla sin miedo, vergüenza, rabia sobre el consumo: los mayores cómplices de las adicciones.
  5. Pasa tiempo con tu hijo o hija. Interesarse por lo que les sucede es mucho más que preguntar puntualmente qué les pasa. Se trata también de compartir experiencias positivas, momentos que inviten a sentirse unidos y a reflexionar sobre aspectos de la vida.
  6. Incluye a sus amistades. Interesarte y prestar atención a lo que hace y con quién anda implica que abras tu casa a sus amistades: proponle que las lleve a casa para descubrir quiénes son. Y trata de comunicarte con sus padres y madres, de formar una red para conoceros mínimamente.
  7. Ser un modelo saludable. Todas las personas tienen problemas, baches, momentos desafortunados. Es la vida misma. El punto es cómo los afrontas como padre o madre y qué ejemplo le estás dando a tu hijo o hija adolescente que está en plena formación de su personalidad. Si actúas con agresividad, la impulsividad, el consumo para evadirte, esto es lo que están asimilando como normal. De hecho, intenta no beber delante de ellos.
  8. Fomentar actividades y aficiones positivas. La alternativas de ocio saludables, como el deporte, el arte, la lectura, les permite descubrir motivaciones y válvulas de escape saludables que les alejan de la necesidad de consumir.

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Redacción

Equipo Adictalia
Comité Editorial | comunicacion@adictalia.es

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