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¿Cómo debe ser un tratamiento de adicciones para mujeres?

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tratamiento de adicciones para mujeres

Qué implica introducir la perspectiva de género en las terapias de dependencias

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El género no consiste solo en una diferencia entre hombres y mujeres y ya está”, aclara Patricia Martínez Redondo, frente a las consultas que le lanza Adictalia sobre el tratamiento de adicciones para mujeres y las diferencias motivacionales de consumo de drogas entre géneros. El tema es complejo, insiste esta educadora social y antropóloga, quien advierte que “no son preguntas fáciles de contestar, porque intervienen muchos elementos a tener en cuenta”.

Y esta complejidad requiere conocimientos para interpretar correctamente los datos que se presentan en titulares de prensa. Por ejemplo, advierte un titular que “solo el 15,4% de las mujeres con adicciones acceden a tratamiento, frente al 84,6% de hombres” en España.

El imaginario colectivo, que desconoce del tema o suele responder a estereotipos, puede deducir de aquí incorrecciones como que las mujeres no sufren tantas adicciones; o que no quieren tratarse; o que son menos receptivas a los tratamientos. Y nada de esto es lo que sucede. 

La explicación a este dato se encuentra en las diferencias de género en esta cultura y en el diseño de los tratamientos tradicionales, en general. Por eso hemos conversado con Patricia Martínez Redondo sobre cómo debe ser un tratamiento de adicciones para mujeres, y sobre qué hay detrás del bajo acceso a tratamiento y unas elevadas tasas de abandono de los programas de atención.

LA PERSPECTIVA DE GÉNERO EN EL TRATAMIENTO DE ADICCIONES PARA MUJERES

Cómo integrar las características de la identidad femenina en una terapia

– ¿Qué significa que un tratamiento de adicciones para mujeres tenga perspectiva de género?

– La gente se cree que aplicar perspectiva de género es diferenciar entre chicos y chicas, desagregar datos. Pero eso es solo lo básico para poder luego aplicar perspectiva de género. Que un tratamiento tenga perspectiva de género debe significar que tenga en cuenta y sistematice las posibles diferencias que produce el sistema de género entre hombres y mujeres, en relación con los usos de sustancias y con el desarrollo de la adicción. Y que lo tenga en cuenta para poder actuar sobre esas diferencias y sus consecuencias, sobre todo, teniendo en cuenta que el género es un eje de vulneración de las mujeres a nivel social, estructural, psicológico… 

Por ejemplo, muchas mujeres beben en gran medida para evadirse de malestares, afrontar violencias recibidas. El tratamiento para mujeres debe incorporar este dato, tenerlo en cuenta. 

Por otro lado, debe interpretar y sistematizar qué papel ha jugado la socialización de las diferencias para conformar la identidad de género en hombres y en mujeres. Aunque esto también dependerá de cada persona, cómo ha internalizado el conjunto de normas y expectativas respecto a ser hombre o ser mujer a través de sus relaciones familiares, medios de comunicación, cultura, etc. en su personalidad. En todo caso, el género te obliga a poner atención en múltiples factores del tratamiento, desde individuales, psicológicos, a estructurales, poniendo especial atención a lo relacional y los vínculos.

Pero eso es solo lo básico para poder luego aplicar perspectiva de género, es decir: para interpretar el papel que ha jugado el género a niveles psicológico, social y estructural en la vida de la persona y en el desarrollo de su adicción o problema de consumo abusivo. Y siempre teniendo en cuenta que el género es un eje de vulneración para las mujeres.

– ¿Crees que esto se hace en general en los tratamientos de adicciones en España? 

– En general no, porque la gente se piensa que el género es eso: desagregar datos y ya está. O se piensan que es una moda, o que es algo ideológico, cuando en realidad existe todo un Corpus teórico que lo respalda, como sucede con la Entrevista motivacional, el Modelo de atención centrado en la persona, el Modelo Transteórico del Cambio… 

Por tanto, hay que formarse para aplicar la perspectiva de género. La gente a la que realmente le interesa, una vez que accede al mundo de los tratamientos de adicciones, se da cuenta de que lo que necesitan es formación. Y esto no te viene dado por un cursito de 12 o 20 horas. 

En general en España los tratamientos no están ahí, aunque hay excepciones. De hecho, yo noto un cambio en estos últimos años en la dirección de darle más importancia a la perspectiva de género. Hay tratamientos que sí que están funcionando desde perspectiva de género, sobre todo con mujeres, y que cambian mucho los paradigmas de intervención que tenemos en drogodependencias. 

– ¿Cómo cambia un tratamiento de adicciones si está enfocado desde la perspectiva de género? 

– Por ejemplo, la abstinencia suele ser, normalmente, un requisito previo para entrar en recursos residenciales. Y además, la solemos tomar un poco como indicador de la motivación de la persona para salir de su adicción. Es decir, que consiga estar abstinente aunque sea cinco o seis días. Cuando yo empecé, aunque siempre poníamos los espacios a disposición de las personas, si veíamos que estas no lograban la sobriedad, interpretábamos que no era su momento, que no había un compromiso de cambio por su parte. 

Pero cuando se trabaja con mujeres y se tiene en cuenta el género, hay que comprender que ellas pueden estar con un nivel de motivación alto para dejar el consumo, pueden estar preparadas para el cambio perfectamente, pero sus condiciones sociales y relacionales van a dificultar enormemente que consigna la abstinencia, “simplemente” por una razón de género. 

En otras palabras, porque están en espacios donde sufren violencias, en espacios relacionales, sea de pareja o familiares, donde el consumo forma parte de su estrategia para afrontar o sobrevivir a esas violencias o malestares. Por tanto, no van a consolidar la abstinencia, como exigen los tratamientos en general, antes de estar en un espacio que les sirva de cobijo.

– ¿Qué implica un espacio de cobijo en un tratamiento de adicciones para mujeres?

– Un espacio de cobijo implica que puedan estar fuera de ese espacio de relaciones donde el consumo juega un papel muy concreto de supervivencia. No puedes pedirle a una persona la abstinencia cuando el consumo es lo que le está, de alguna forma, permitiendo sobrevivir y desenvolverse en ese entorno de violencias. A la par, ese consumo forma parte de muchas violencias en las que sigue envuelta. 

En este sentido, existen varios recursos residenciales ya puestos en marcha en España que no piden la abstinencia a las mujeres para entrar. Y donde conseguir la abstinencia se trabaja en el propio recurso, es decir, que entran consumiendo. Es una óptica más enfocada desde la reducción del daño, pero con la idea de tratamiento de recuperación. 

– ¿Qué diferencia y caracteriza a estos espacios de otros?

– Se trata de espacios menos normativos y rígidos, que funcionan desde los acuerdos educativos pactados, el trabajo del vínculo…

Tampoco se les exige mantener la incomunicación con familiares o con el entorno que se movían para centrarse en ellas. Mientras que esto sí conforma un requisito en la mayoría de tratamiento de adicciones. Entendemos que la incomunicación con su familia y otras personas, dificulta que permanezcan en el recurso. Así que se trabaja para que ella misma vaya viendo lo que necesita o le va bien para su recuperación, siempre con indicaciones terapéuticas del equipo. 

Aclaro que estamos hablando siempre en términos generales. Y, en estos términos, las mujeres, por razón de género, de cómo se construye su identidad en esta cultura, siempre están muy centradas en las relaciones, en los demás, hacia fuera. Mientras que si a un hombre le dices: “céntrate en ti”, podrá hacerlo mejor o peor, pero no tendrá ningún problema en alejarse de su familia dos o cuatro semanas, y aislarse en un piso terapéutico o en un centro de desintoxicación. En las mujeres, aislarse produce directamente que abandonen el tratamiento, porque no pueden estar sin saber de su familia, por muy complicada que se vea en la relación. 

LA IMPORTANCIA DE LAS RELACIONES EN LA TERAPIA DE ADICCIONES PARA MUJERES

Cuando el aislamiento es contraproducente para el tratamiento

– ¿Qué características tiene la terapia en grupo para mujeres en estos programas?

– En los grupos femeninos trabajas en el sentido de tomar conciencia de qué papel juega el género en tu vida como factor de exclusión, de discriminación, de vulneración. Y a partir de allí, profundizas en el vínculo entre mujeres. 

¿Cómo cuadra esto cuando tú, como profesional, trabajas con personas drogodependientes y toda la vida se te ha dicho que es mejor que no se relacionen entre ellas para prevenir recaídas

Hoy está comprobado que la relación entre mujeres, desde el vínculo feminista, que crea conciencia del papel que juega el género en nuestras vidas, es, precisamente, un factor de protección frente a las recaídas. Este enfoque, claro, contradice todo lo que venimos trabajando con los hombres, con quienes intentamos que no se vinculen entre sí, porque ya tienen un vínculo entre ellos que hace que consuman (la relación en el grupo de iguales es muy significativa en los procesos de consumo de los hombres, por cuestión de género). 

– De hecho, una de las sugerencias más frecuentes a las personas que emprenden un tratamiento de adicciones es que se alejen de sus entornos. 

– Claro. En los tratamientos de adicciones para mujeres lo que hacemos es generar un espacio de referencia: el grupo de mujeres. De hecho, recomendamos que en todos los centros de tratamiento haya un espacio específico de mujeres donde se trabaje con perspectiva de género. Porque tú puedes tener un espacio específico de mujeres y no estar trabajando desde perspectiva de género…  

– Es decir: tener un grupo de mujeres no garantiza, per se, que estés trabajando desde una perspectiva de género…

– No, hay que tener una metodología definida, hay que tener unos objetivos de trabajo y tienes que saber lo que estás haciendo y cómo. Lo que ofrecemos es un espacio de referencia, un espacio de no juicio, de compartir experiencias para poder aprender. 

Tomar conciencia del papel que juega al género en tu adicción implica descubrir: 

  • Qué ha pasado en tu vida como mujer para que tú estés en determinados lugares, en determinadas situaciones, qué te ha llevado a tomar determinadas decisiones
  • Conocerse y analizar las relaciones en las que te desenvuelves, analizando expectativas sobre ti, expectativas que tienes tú misma también, relacionadas con ser mujer. 
  • Conocer dónde tienes puesta tu autoestima y cuanto de ello tiene que ver con las expectativas sociales, familiares, etc. para las mujeres.

Esto también se puede hacer con los chicos, cambiando el contenido de género, evidentemente (las expectativas y dinámicas sociales, etc. no son las mismas para hombres y mujeres, y menos en relación con el consumo de sustancias). Pero con las mujeres resulta básico ofrecer espacios de seguridad donde trabajar en este sentido. 

– ¿Qué es un espacio de seguridad en un tratamiento de adicciones para mujeres?

– Por ejemplo, en un grupo mixto, una chica comentó que había empleado su cuerpo para conseguir sustancias, es decir, “se había prostituido”. Y lo dijo porque estaba en un espacio de supuesta seguridad, con compañeros y compañeras que también sufrían una adicción. Lo que sucedió es que, después del grupo, varios de los hombres le lanzaron ofertas para que se acostara con ellos por dinero. El supuesto espacio de seguridad deja automáticamente de serlo por una cuestión que tiene que ver con el género.

En un espacio entre mujeres, en cambio, sí que estás garantizando que desaparezcan las desigualdades de género. Aparecerán otras cuestiones, y trabajas aspectos como que ninguna mujer juzgue a otra (por haber empleado su cuerpo para obtener sustancias, por ejemplo). En eso consiste ver lo que estás haciendo. No se trata de hacer un grupo de mujeres y ya está.

EL ENFOQUE MASCULINO TRADICIONAL DE LOS TRATAMIENTOS DE ADICCIONES

– ¿Los tratamientos de adicciones han sido pensados, como gran parte de los tratamientos médicos y de intervenciones, en función del hombre?

– Sí. Pero hay que aclarar que todo este análisis que estamos haciendo no significa que “los hombres sean malos y las mujeres sean buenas”, que es una lectura muy simplista que se suele hacer. Se trata de un sistema estructural, que nos afecta a todos y todas, y reproducimos la sociedad en su conjunto. Sin embargo, hay que tener en cuenta la desigual valoración, que eso sí, afecta a las mujeres como grupo social, y favorece a los hombres, también como grupo social.

Siempre digo que asfaltar carreteras en pleno mes de julio, a las tres de la tarde, recae sobre determinados hombres, y no otros, por razón de clase; y esto no es ningún privilegio, evidentemente. Ahora bien, asfaltar carreteras sigue estando mejor remunerado que cuidar de criaturas en una escuela infantil. Y eso lo hacen mayoritariamente las mujeres. Todo lo relacionado con lo femenino, lo que está hecho por mujeres, se encuentra infravalorado. 

Y a la inversa, ese sistema estructural convierte en espacios de valoración aquellos que típicamente han estado ocupados por mujeres, como la cocina (recordemos la frase “vosotras a la cocina, que es vuestro lugar”), cuando llegan los hombres. Incluso se valoran más que cuando son ocupados por las mujeres: ellos se convierten en chefs. 

Todavía más, se crea un nicho específico de valoración de los hombres, al cual a nosotras nos es difícil acceder. Las cocinas “de toda la vida” frente a las que dirigen los chefs; las peluquerías “de toda la vida”, que para un hombre representaba un trabajo si se quiere afeminado, ahora las dirigen “estilistas” que te “diseñan” la cabeza, no que te “peinan”. A ellos les llaman “auxiliares de cabina”, nadie les llama “azafatos”, si no es para ridiculizarlos al acercarlos a lo femenino. Así funciona el género.

Entonces, claro que la forma tradicional de enfocar los tratamientos de adicciones tiene que ver con el género. Y también con la heterosexualidad como sistema de organizar el deseo, donde esta ocupa un lugar de privilegio frente a otras orientaciones, otras identidades, y determina lo que es “natural” y lo que no.

– ¿Se muestra optimista en cuanto a la evolución de los tratamientos de adicciones para mujeres con perspectiva de género en España? 

– Por suerte, cada vez hay más experiencias en este sentido, sobre todo de parte del tercer sector. Tengo la suerte o el privilegio de estar trabajando con muchas personas a lo largo de todo el Estado. Al menos la sensibilidad está. Hay espacios específicos que realmente están trabajando desde perspectiva de género con mujeres, con tratamientos integrales. Hay poquitos, pero los hay, y dependiendo también de las necesidades, sobre todo a nivel ambulatorio. A nivel residencial hay menos espacios.  

Tenemos un grave problema con las situaciones donde confluyen violencia y adicción. En la red de recursos destinados a atender víctimas de violencia, las mujeres con problemas de adicción terminan expulsadas o yéndose ellas porque el espacio no está adaptado a sus necesidades.

Las mujeres que tienen problemas con sustancias, casi todas cuentan en su historia con problemas de violencia, y meterlas en espacios terapéuticos residenciales mixtos, deja de ser terapéutico para ellas. No lo es porque las ponemos en el disparadero cuando hay historia de maltrato detrás, de violencia sexual, etcétera, ejercida por hombres. Así que no puedes meter a una mujer en un espacio mixto donde, además, la mayoría son hombres.

LAS DESIGUALDADES DE GÉNERO COMO MOTIVO DE ABANDONO

El coste terapéutico de ser “única cuidadora”

– ¿Cómo se explica, entonces, la mayor tasa de abandono y de ingreso a tratamiento de adicciones para mujeres?

– En Guadalajara, por ejemplo, hace años, había una comunidad terapéutica que consistía en un espacio de madres con hijos, ¡y estaba vacío! Y en Madrid tuvimos un piso de atención a mujeres víctimas/supervivientes de violencia y con problemas de adicciones, y también costaba que accediesen mujeres con la doble problemática. Yo misma trabajé en un piso que tenía siete plazas para toda la Comunidad de Madrid, que es poquísimo, y  observaba que nunca lo teníamos lleno.

¿Qué pasa?, me preguntaba, ¿No hay siete mujeres en toda la Comunidad de Madrid para un recurso residencial? Pues no lo teníamos lleno. Y cada vez que había 6 o 7 mujeres, se producían abandonos en mayor proporción que los hombres, o expulsiones por parte del centro

Entonces tuve dos opciones: pensar que las mujeres no estaban preparadas, que no era su momento, no era necesario el recurso; o pensar que estábamos haciendo las cosas mal. En 2003 empecé a mirar un poco con esta perspectiva y a aplicar lo que sabía del trabajo con mujeres que se realizaba en otros espacios de atención feminista. 

Hoy, convenimos en que la mayoría de comunidades terapéuticas y espacios no mixtos que ofrecen tratamiento de adicciones para mujeres, tienen al menos estas características

  • No piden abstinencia para entrar; 
  • Se les presenta el recurso y el equipo, previamente a la entrada, para que decidan ellas si quieren ir o no, una vez que los conocen (se trabaja desde lo motivacional en esa entrevista)
  • No se le incomunica con el exterior (por ejemplo, siguen con su móvil y se hacen acuerdos de uso); 
  • Se trabaja desde la contención pactada, no impuesta; 
  • No hay un sistema de sanciones si no se cumple lo acordado (en cuanto a todo: limpieza, organización del espacio, comidas, salidas, indicaciones terapéuticas, etc.), sino una revisión de acuerdos educativos permanente. 
  • Lo que se busca es favorecer la autonomía, el autocentramiento. 
  • Buscamos fomentar la toma de conciencia del papel que ha jugado el género y la violencia en sus vidas.

Para favorecer la autonomía en las mujeres, tú no puedes meterlas en un espacio normativo fundamentado en establecer la abstinencia desde un control. Esta es una perspectiva muy masculina, centrada en la tolerancia a la frustración, el respeto de los límites. En el caso de las mujeres, la confrontación y lo cognitivo conductual estrictamente no funcionan bien. Hay gente que se revuelve contra esto, pero solo basta con ver lo que pasa: no funciona con ellas, se nos van, desaparecen, no vuelven. 

Funcionan mucho más las terapias sistémicas, fomentar los vínculos, o sea, generar espacios de seguridad, de cobijo frente a las violencias. Generar espacios de autonomía tanto en los tratamientos como en los programas de reducción del daño. 

– ¿Cómo sería generar espacios de autonomía en la práctica?

– Por ejemplo, existe un albergue en Madrid donde no expulsan a las mujeres que tienen un problema de adicción y trabajan desde la perspectiva de reducción del daño. Pero, además, como tienen un enfoque feminista en un espacio solo de mujeres, han quitado los turnos de lavadora que habían sido asignados por el propio equipo terapéutico. Algo que es común en estos espacios. ¿Por qué lo han hecho? Puede parecer una tontería, pero no lo es. 

Si bien asignar turnos te asegura un espacio tranquilo, porque tú tienes un momento para poner tu lavadora y si lo pierdes te quedas sin él, la directora pidió al equipo trabajar con las mujeres para que se organicen entre ellas cuándo poner la lavadora por turnos. Y que puedan gestionarse ellas, con apoyo, siempre que sea necesario. 

Entonces, son espacios donde se trabaja la reducción del daño, tanto en la agresividad como en el consumo. Y no trabajan desde la sanción. Lo mismo ocurre en los espacios de tratamiento. Tampoco se les prohíbe salir a la calle. Si una mujer decide que va a salir, luego puede volver, le haya pasado lo que haya pasado; no se la va a castigar por ello. Se trabajará con ella, en todo caso, las motivaciones que tuvieron para irse, para estar en una situación de riesgo si habían consumido y qué ha sucedido.

– ¿Cuál es la diferencia entre un espacio de tratamiento de adicciones para mujeres y otro de reducción del daño?

La diferencia entre un espacio de tratamiento y uno de reducción del daño es que, en el primero, el objetivo es ir consolidando la abstinencia en relación con la sustancia o sustancias problemáticas. 

En un espacio de reducción del daño se trabaja estando el consumo presente. Son espacios que funcionan favoreciendo la autonomía, y en las mujeres esto es muy importante. No funciona la imposición de límites, sino que tú misma vayas aprendiendo a cuidarte. Y esto no pasa por que alguien te imponga una norma, sino que se trabaja contigo, para que veas lo beneficioso de determinadas indicaciones. Se trabaja más a través del vínculo y lo relacional que desde lo cognitivo conductual. 

DIFICULTAD DE ACCESO A RECURSOS DE TRATAMIENTO DE ADICCIONES PARA MUJERES

– Entonces, la tasa de abandono tiene que ver también con el papel que la cultura le ha impuesto como cuidadora… 

– Hay una estructura social que afecta a cómo se configura la identidad de mujeres y hombres, de lo que te debe importar en cada caso, de tu autoestima, de lo relacional. En este sentido, las mujeres tienen miedo a la pérdida de la custodia, porque estamos en un sistema social que hace recaer sobre nosotras los cuidados. La maternidad es entendida como algo natural, y cuando tú consumes drogas, va en contra de la idea del rol de “ser madre”, y se te ve como una mala madre. 

Más que con los abandonos de tratamientos, el rol de género lo relaciono con la dificultad de acceso a los recursos de adicciones. Porque hay mujeres que no tienen con quién dejar a las criaturas, si es que todavía las conservan con ellas. Hay mujeres para las cuales aislarse, así como se pide en algunos tratamientos, les resulta muy difícil, y si tienen hijos o hijas, directamente imposible. Para ellas es importante el contacto con la familia. Por eso, en los espacios con perspectiva de género no se las incomunica. 

Ese papel de cuidadoras dificulta el acceso y permanencia en el tratamiento, porque la familia, en cuanto ella empieza a estar bien, inmediatamente quiere que vuelva a ocupar el lugar de cuidados. Pero trabajamos con ello.

– ¿Y qué papel desempeñan las parejas masculinas de las mujeres con adicción?

– Vemos con preocupación que muchas parejas hombres boicotean el tratamiento, los avances, cuando ellas empiezan a salir del lugar de dependencia y subordinación en el que están por causa de la adicción dentro de la relación. Esto es terrible porque es algo evidentemente inconsciente, es algo que sucede por la forma en la cual están configurados los géneros, de cómo se configura la subjetividad y las relaciones de pareja. Pero hay que hacerse consciente de ello. 

Desde perspectiva de género, las mujeres no estamos “completas” si no es a través de tener pareja e hijos/as. Muchas de las mujeres acceden a tratamiento muy solas, sin apenas apoyos, y solo con el supuesto apoyo de esa pareja, que es el único vínculo que conservan. Pretender que dejen ese vínculo conduce a dejar el tratamiento, precisamente por miedo a perder a la pareja

Es necesario poder darle una interpretación desde perspectiva de género y trabajar sin entrar como elefante en cacharrería, que es lo que hacemos a veces los y las profesionales, sin darnos cuenta. Les decimos directamente: “No, este vínculo no es bueno para ti”. Pero si tú pones en riesgo algo relacional que para ella es un apoyo (aunque no lo esté siendo realmente, pero ella lo vive de este modo), la vas a perder.  

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