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ADICCIONES COMPORTAMENTALES

Adicción al cibersexo: la cárcel del sexo online

Una dependencia cada vez más presente en la juventud.

17 minutos
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Adicción al cibersexo

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“El cibersexo es la adicción al sexo online. Algunas personas con adicción al cibersexo se masturban más de lo habitual usando para ello internet. Cada vez que lo hace, recurre a la pornografía o se conecta con otra persona con la cual se estimulan virtualmente, si bien éste es solo uno de los comportamientos habituales en las personas con adicción al cibersexo”, explica a Adictalia el psicólogo y profesor Rafael Ballester, catedrático en Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos en la Universitat Jaume I.

Ballester es uno de los coordinadores del grupo de investigación e intervención psicológica sobre la sexualidad humana llamado Salusex, nacido dentro de la UJI . Como parte de sus servicios, el equipo desarrolla un programa de tratamiento y plataforma online para pacientes o personas interesadas, denominado «Adisex» (para comunicarse: salusex@uji.es).

Por sus grupos ambulatorios –”ojalá tuviésemos financiación para montar centros de tratamiento con ingreso permanente”, confiesa el catedrático– pasan numerosos jóvenes, incluso adolescentes, enganchados al cibersexo. Una variación dentro de la adicción al sexo, muy acorde a los tiempos actuales, donde el móvil e Internet han pasado a ser un elemento omnipresente en la vida púber.

En esta entrevista, Rafael Ballester precisa, además de en qué consiste el fenómeno del cibersexo, en cuáles son los factores que pueden conducir a caer en esta dependencia, así como los riesgos y consecuencias que conlleva y la relación con otro tipo de adicciones. En este otro artículo, el catedrático se explaya sobre el tratamiento que debe recibir una persona adicta al cibersexo.

Dónde se ubica el cibersexo dentro de la adicción al sexo

Adicción al sexo

– ¿Cuándo una persona se convierte en adicta sexual?

– La diferencia respecto de otras personas es la compulsividad sexual: la falta de control de los impulsos sexuales. La persona adicta al sexo, como le pasa a otras adictas a sustancias tóxicas (como alcohol, cocaína, marihuana…) ha perdido la capacidad de “disfrutar” del sexo, aunque esto pueda parecer paradójico. Se ha hecho dependiente del sexo y lo utiliza para afrontar y evadirse de todo tipo de problemas y toda clase de emociones negativas. 

Es decir, que el sexo deja de ser algo placentero, algo que se hace porque la persona quiere y lo disfruta, y pasa a ser algo compulsivo, algo repetitivo, con mucha frecuencia. Una actividad que invade otros ámbitos de sus vidas y que lleva a descuidar, desde aspectos laborales, hasta aspectos familiares. La adicción al sexo termina por romper familias, porque produce a menudo infidelidades repetidas. A pesar de que la persona “jura por Dios” que quiere mucho a su pareja, lo que hace compite con ese amor. 

Esta dependencia implica un comportamiento que se mantiene a pesar de las consecuencias adversas. A pesar de todas las interferencias que conlleva sobre la vida de la persona. A pesar de las amenazas que recibe de su entorno: en el trabajo, en la familia. Y pese a que elimina la sensación de disfrute que debería sentir con la actividad sexual natural.

La persona que sufre adicción al sexo se aleja totalmente de todo lo que tiene que ver con el placer, con la sensualidad. Y, sobre todo, con el afecto vinculado a las relaciones sexuales.

Es alguien que se puede masturbar cuatro, cinco o 10 veces al día. Si bien existe mucha variación en cuanto a cantidad, en función de cada persona, la clave es que utiliza el sexo para sustituir cualquier otra cosa que le genera incomodidad.

Por ejemplo, hay personas que recurren al sexo de forma compulsiva si les va mal por problemas o conflictos con una amistad o con su pareja; incluso si están muy contentas por el motivo que sea; si se sienten deprimidas; si se sienten aburridas… El sexo se convierte para ellas en su única estrategia de afrontamiento, como pasa con cualquier otra sustancia, en cualquier otra adicción: abandona otros ámbitos de tu vida

La adicción al sexo termina deteriorando los valores de la persona, porque ésta acaba haciendo cosas que no le gustan. 

Tipos de adicción al sexo

– ¿Existen diferentes expresiones de la adicción al sexo?

– Definir tipologías de adicción al sexo es complicado. Una forma de clasificación podría ser definir dos grandes grupos: el cibersexo y la adicción al sexo con contacto físico. Es decir, personas que tienen específicamente una adicción al sexo online y otras que, además de eso, tienen una dependencia al sexo offline.

Una de las razones por las que no hay demasiados trabajos a nivel mundial que evalúen la eficacia de los tratamientos es, precisamente, que existen multiplicidad de perfiles en función del tipo de conducta que realiza la persona. Es posible, por tanto, establecer subtipos de adicción al sexo.

La adicción a la pornografía, por ejemplo, es un subtipo. Y dentro de esta encontramos todo lo que tiene que ver con descargas, incluso de materiales ilegales. En la UJI estamos tratando a personas que se sienten atraídas por menores, es decir, pedófilos.

El tema del sexting (compartir imágenes o texto con contenido sexual de manera virtual con otra persona) conforma otro subtipo de la adicción al cibersexo. Este es muy diferente y con consecuencias muy distintas al subtipo anterior. Otro puede ser la dependencia a las apps de contacto. 

Los subtipos también se clasifican en función de las comorbilidades: las personas que tienen adicción al cibersexo y las que comparten esta adicción con otras a sustancias o a conductas (juego compulsivo, compras…). 

Adicción al cibersexo

– ¿Qué es, concretamente, la adicción al cibersexo?

– El cibersexo es la adicción al sexo online. Una persona con adicción al cibersexo se puede masturbar muchas veces al día usando para ello Internet. Cada vez que lo hace, recurre a la pornografía o se conecta con otra persona con la cual se estimulan virtualmente. Y con la que luego, incluso, puede encontrarse de forma física. Por su parte, una persona con adicción al sexo, en general, se puede masturbar muchas veces con todo tipo de estímulos o bien necesita una altísima frecuencia de relaciones sexuales con parejas, las cuales pueden ser prostitutas. 

Cuando se trata a una persona que se siente muy atraída por el cibersexo, pero que aún no ha desarrollado adicción como tal, se busca que regularice su actividad sexual. Es decir, que evite acumular demasiada pulsión sexual y, para ello, que se masturbe con regularidad. De esa manera conseguimos evitar el craving (el deseo intenso de consumir). que conlleva un consumo abusivo y en un solo momento, en este caso, de pornografía.

Pero esta pauta no se puede tomar si la persona que está en tratamiento ya ha desarrollado una adicción al sexo o cibersexo. Porque en este caso, seguramente, ya se está masturbando de forma desmedida: cuatro o siete al día, y sus impulsos son incontrolables.

Consecuencias

– ¿Qué consecuencias tiene la adicción al sexo, y, en concreto, al cibersexo?

– Las personas que tienen adicción al sexo y al cibersexo sufren síndrome de abstinencia, como pasa con otras adicciones cuando el cerebro no recibe la dosis de estímulo al que está acostumbrado. También se da, por tanto, un mecanismo de tolerancia, que implica que cada vez necesite aumentar la dosis.

Por otra parte, las personas adictas desarrollan relaciones con el sexo que suponen riesgos, como las enfermedades de transmisión sexual (ETS) que se producen en contactos offline que implican prácticas inseguras. Por ejemplo, quedan en un bajo o en un callejón sin saber con quién, sólo porque han contactado en internet. Y cuando llegan al lugar, en lugar de haber una persona hay varias que le esperan. 
En la adicción al cibersexo la persona se arriesga a ser víctima de ciberacoso, de chantaje, violaciones. En este ámbito, las personas intercambian imágenes de ellas desnudas, masturbándose, o en otras situaciones, que luego se pueden usar por la otra persona con malas intenciones. Pero incluso bajo estos riesgos, eso no supone una disminución de la conducta para la persona que los sufre, porque de eso se trata precisamente la adicción: de la falta de control de los impulsos.

La situación en España

– ¿Es posible definir perfiles de personas adictas al sexo en España?

– Es muy complejo definir perfiles de personas adictas al sexo y al cibersexo. En las terapias de grupos donde participan ocho personas, asisten cuatro o cinco perfiles muy distintos al mismo tiempo. 

– En todo caso, ¿existen cada vez más personas jóvenes afectadas por esta adicción al cibersexo?

– Sí, este es un cambio que estamos experimentando en España. El uso del sexo online, por medio de las TICs, de las tecnologías de la información, es un boom creciente a pasos agigantados entre jóvenes

Nuestro estudio entre adolescentes refleja que a los 14 años cerca del 70 % de jóvenes varones ha consumido pornografía. A los 16 años, ya lo ha hecho el 100%. Encontramos un inicio cada vez más precoz de las actividades sexuales online. Detectamos un perfil de exploración de la pornografía en Internet de 8 o 9 años edad. 

Si bien esto no implica un problema de adicción en sí, si el único modelo que tiene la persona cuando está aprendiendo sus primeras ideas sobre el sexo deriva de la pornografía, probablemente esto condicione su comportamiento en sus primeras relaciones de pareja, porque es su única referencia o la que más le ha impactado. La pornografía será su único modelo relacional. Esto ocurre con mayor gravedad en países como España, donde no existe realmente una buena educación sexual.

Eso también conlleva riesgos. Cuando menos, actualmente conforma una preocupación por parte de la sociedad la posibilidad de que exista alguna relación entre un inicio más temprano del consumo de pornografía y el aumento de agresiones sexuales perpetradas por menores. Si bien todavía no existe evidencia científica, pues es un tema que se está investigando,

Si bien antes era realmente difícil encontrar a jóvenes con adicción al cibersexo, actualmente existe cada vez más gente joven que ya presenta este perfil adictivo. A pesar, incluso, de que ha tenido poco tiempo para desarrollar la enfermedad. Porque lo que veíamos hasta ahora es que una adicción requiere un tiempo mínimo de años para manifestarse, no lo hace de un día para el otro. 

La incidencia de la pornografía

– ¿Esto tiene que ver con el acceso cada vez más temprano a la pornografía?

– Sí, el inicio del consumo de porno a edades muy tempranas está incidiendo en la aparición de personas de 18 años con adicción al cibersexo. En otras palabras, detectamos cada vez más casos de consumo tan temprano y abusivo de pornografía, que la adicción se despierta muy pronto

Recientemente, acudió al servicio Salusex un chico, un niño, de 13 años, quien, aparte de consumir abusivamente pornografía, realizaba sexting: relaciones sexuales de forma virtual con otras personas. Había intercambiado con otros chicos, pues estaba explorando su orientación sexual, algo que es normal a estas edades: visionar materiales de diferentes tipos para investigar cuál produce mayor excitación.

Pero este adolescente había ido más lejos: había contactado con gente; se había creado un perfil en OnlyFans; había vendido imágenes de su cuerpo; había quedado presencialmente con otros hombres de más de 30 años. Todo esto podría habe implicado consecuencias perjudiciales para él: desde chantaje, hasta violación.

¿Más hombres que mujeres?

– ¿Por qué llegan a terapia por cibersexo más hombres que mujeres?

– Que se detecten más hombres con adicción al sexo y, en concreto, al cibersexo, que mujeres, tiene varias explicaciones. Algunas investigaciones indican que, en realidad, en las mujeres esta adicción podría estar más estigmatizada socialmente y, por tanto, se atreven menos a buscar ayuda o a reconocer que tienen un problema. 

La realidad es que el 95 % de quienes nos contactan son hombres. Pero esto no es específico de la adicción al cibersexo o al sexo, ocurre también con otros trastornos parafílicos. La explicación, probablemente, tenga mucho que ver con la socialización del sexo en la cultura occidental, que es muy diferente según el género. A los hombres se les acepta que manifiesten comportamientos sexuales desde pequeños, lo cual se recibe con mucha normalidad por el entorno. No se les sanciona por que digan que se masturban desde temprana edad. De hecho, empiezan desde muy pronto a practicarla y hasta presumen de las veces que lo hacen: hablan de pajas desde pequeños y el entorno, como mucho, saca una sonrisa de “ay, qué pillín”.

En resumen, no está castigado socialmente el placer sexual y, sobre todo, la búsqueda activa del placer sexual en los hombres. En las mujeres, en cambio, históricamente sí ha estado censurado tanto el placer como su búsqueda. Y, si bien ha cambiado mucho esto en los últimos años, sobre todo en España, todavía hay mucha distancia respecto de cómo se percibe esta conducta en los hombres.

Otra de las razones puede ser que, probablemente por esta misma socialización, las mujeres le siguen dando más importancia al afecto en el marco de las relaciones sexuales que los hombres. Esto se evidencia en diferentes estudios y en grupos de discusión sobre el tema. Una de las características, que conlleva riesgos, de la pornografía más difundida es que muestra el sexo desprovisto de afecto. Se trata de sexo puro y duro, como algo que se mete y saca, y poco más. No hay demasiada narrativa, demasiado relato, en esta forma de contar el sexo.

De hecho, en los tratamientos vemos muchos más hombres que consumen pornografía que mujeres. Más en concreto, las mujeres igualan el consumo de porno de los hombres sólo en torno de los 20 años, pero en el resto de franjas ellos siempre están muy por encima en prevalencia.

Ahora bien, las prevalencias en ambos géneros se acercan cuando se trata de chat sexuales. Y aquí interviene más un factor relacional: tú estás conociendo a otra persona y estás hablando con ella. Esta forma conecta más con la sexualidad femenina que con la que aprenden los hombres, en la cual se acentúa más el estímulo visual: una imagen, una foto, les suele excitar más a ellos que a ellas.

Otro motivo puede ser que la pornografía es básicamente un producto machista, hecho por hombres y para hombres. En estos productos la imagen de la mujer se reduce realmente a un objeto, se las convierte en un conjunto de orificios por los que pueden ser penetradas; un objeto de consumo para el hombre

Esto se aprecia claramente cuando se pregunta en las investigaciones si alguna vez se han conectado a Internet para buscar material sexual. Muchas mujeres en torno a los 20 años lo han hecho tanto como los hombres, cierto. Pero cuando se les inquiere por si se han masturbado viendo ese tipo de materiales, ellas responden en general que no. Las chicas explican que buscaron ese contenido más por curiosidad, pero que no les gustó lo que vieron, ni les excitó.

Actualmente existen otras tendencias de pornografía más feminista, más sensual, más de relato, más auditiva y menos visual. Algunas personas feministas dirían que esto es un contrasentido, porque la pornografía siempre es un producto muy machista. Como sea, la realidad en España es que la pornografía que se produce está más centrada en lo que le puede gustar a un hombre, según lo que la cultura le han enseñado que debes ser el sexo.

Este conjunto de factores puede inducir a que encontremos menos prevalencia en las mujeres con adicción al sexo y al cibersexo.

Similitud con otras adicciones

– ¿Qué similitudes encontramos entre la adicción al sexo y otro tipo de adicciones más conocidas, como a sustancias? ¿Es menos grave que la adicción a la cocaína, por ejemplo?

– La respuesta es que tiene muchas similitudes con otras adicciones tóxicas. Los efectos de las adicciones conductuales, como la adicción al sexo, pueden ser tan devastadores o más que las adicciones a sustancias. Alguien puede decir que, desde el punto de vista físico, la cocaína es más destructiva, porque perjudica el tabique nasal o la estructura cerebral.

Pero lo cierto es que desde el punto de vista físico algunos de los comportamientos implicados en la adicción al sexo también son muy destructivos. Hemos visto pacientes, en concreto chicos gays, que se han expuesto a una situación sexual donde había esperándoles varias personas que les han violado, es decir, una violación múltiple. Eso es un riesgo físico muy grave. 

La adicción al sexo también conlleva la búsqueda de conductas sexuales compulsivas donde aparece el riesgo de practicarlas sin preservativo. Esto implica el incremento de posibilidades de contraer Infecciones de Transmisión Sexual, como el VIH o la hepatitis C.

Por otra parte, en la adicción al sexo los efectos psicológicos son devastadores. Los pacientes llegan a terapia muy avergonzados, con mucho sentimiento de culpa, con mucho autoestigma. Si bien en la actualidad nuestra sociedad es menos religiosa, y habla menos de pecado, sigue siendo muy moralista. Muchas personas acuden a terapia con el sentimiento de autocondena, porque lo que están haciendo está mal, que el sexo es algo sucio y que no están teniendo ningún tipo de límite ni de control sobre su comportamiento sexual.

Algunas personas que piden ayuda han sido infieles repetidamente a sus parejas. Han roto familias y, sobre todo, no se gustan a sí mismas. Se miran al espejo con desprecio, se consideran unas degeneradas, pervertidas. Han vendido su imagen o la han compartido y han sido víctimas de chantaje.

En el plano psicológico llegan con una autoestima bajísima. Y en el plano familiar, con mucha afectación. Su estado de ánimo se encuentra muy deteriorado porque han perdido la confianza en sí mismas. Y, como pasa con otros adictos, no se sienten capaces de cambiar su estilo de vida. Por todo esto, la adicción al sexo y al cibersexo no puede ser considerada una adicción menor, para nada.

Además, comparte con todas las adicciones tóxicas, y otras de tipo conductual, la aparición de un síndrome de abstinencia, la falta de control, el desarrollo de tolerancia. Los estudios indican que los mecanismos cerebrales que se dan en la adicción al sexo o al cibersexo son idénticos a los que aparecen en relación con las sustancias tóxicas. Es decir, que se activan las mismas áreas cerebrales cuando se produce el craving: ese impulso irrefrenable por consumir una droga o un comportamiento, como el juego compulsivo.

El uso de sustancias

– ¿Es factible que la adicción al sexo o al cibersexo se dé al mismo tiempo que otras adicciones a sustancias?

– Pasa lo mismo que con otros trastornos, como los trastornos de ansiedad. Si nos referimos a la fobia social, por ejemplo, hay personas que sufren ansiedad dentro de cualquier tipo de interacción y hay personas que perciben ansiedad solo en el tú a tú; o cuando se encuentran con otra persona; o cuando están en un grupo; o cuando están en una fiesta; o cuando la persona que tienen delante es del mismo sexo, o del otro sexo, o una figura de autoridad… Se trata de fobias sociales muy específicas.

Con la adicción al sexo también pasa lo mismo. Existe gente que tiene una característica general de ausencia de control de impulsos y entonces se expone a más comorbilidades: más adicciones al mismo tiempo. También hay quienes controlan muy bien los impulsos de un tipo, pero muy mal los de otro, como puede ser concretamente los de tipo sexual. 

La adicción al sexo se puede superar, con la ayuda adecuada.

En este sentido, la Ciencia ha intentado buscar una suerte de factor G, un factor general, respecto de los cuidados de salud que demuestran las personas. Vemos gente que se cuida en general más que otra: personas que no toman alcohol o que beben muy poco, entre otras cosas porque se quieren levantar pronto para salir a correr, coger la bici o hacer una ruta. Una suerte de factor generalizado de personas que se cuidan.

También vemos personas que hacen mucho deporte para después permitirse una “rayita” de coca; estas personas es como que pretenden compensar unas conductas perjudiciales con otras más saludables. Algo ilógico, pero que dentro de sus esquemas aparece como normal: “yo sé que la cocaína es mala, pero si hago mucho deporte seguro que la quemó, la elimino o lo que sea”, se dicen. En este sentido, vemos gente que se cuida muchísimo pero después conduce mirando el móvil, y, de la misma forma ocurre con la adicción al sexo.

Las comorbilidades son más frecuentes cuando la persona posee ese factor de falta de control de impulsos más exagerado.

– ¿Qué explicación tiene esta convivencia de adicciones en el caso de la adicción al sexo?

– Tiene varias explicaciones: el consumo de sustancias produce un efecto desinhibidor, y esto se asocia a otras conductas de riesgo. Por ejemplo, las personas con un perfil más adictivo o que abusan del alcohol u otras sustancias, tienen un riesgo mayor de tener infección por VIH o hepatitis C. Sencillamente porque no utilizan preservativo, bajo los efectos de esa desinhibición y desenfreno. También sufren más accidentes de tráfico, ya no sólo porque están bajo los efectos de esas sustancias, sino que esas sustancias les conducen a no percibir el riesgo a la hora, por ejemplo, de adelantar a otros coches.

En las personas con adicción al sexo pasa lo mismo. Cuando una persona ha consumido sustancias, la desinhibición le va a hacer correr riesgos a partir de comportamientos descuidados. 

La explicación de esta mayor exposición al riesgo puede darse en ambos sentidos. Porque una de las cosas que tiene en común cualquier adicto es su falta de control de los impulsos. Y, por tanto, es fácil que a una persona que le cuesta mucho controlar sus impulsos sexuales le cuesten también controlar otros.

¿Hay personas más propensas a esta adicción?

– ¿Una persona impulsiva, por ejemplo, puede ser más propensa a volverse adicta al cibersexo que otra que controle mejor sus impulsos?

– Existen dos tipos de factores. Los que tienen que ver conel cibersexo en general y los factores relacionado con el perfil individual que interviene en la adicción al cibersexo en concreto.

El sexo es un reforzador primario, como lo es comer: conforma un placer biológico rápido y nos gusta a todas las personas. Esto lo convierte en fácilmente condicionable. Es decir, que si una persona se acostumbra a masturbarse o sentir placer sexual en determinadas situaciones, es probable que desarrolle una cierta dependencia hacia ellas.

Esto se evidencia con las parafilias, por ejemplo. Si la persona explora y se masturba con una categoría de conductas sexuales en concreto al entrar en un sitio web pornográfico, se acostumbrará a excitarse con ella, aunque antes no le gustara. Será fácil que desarrolle una parafilia en torno a esa conducta, incluso cuando en otra época le resultara indiferente o la rechazase.

El cibersexo es muy adictivo porque en él se percibe anonimato. La gente cree que puede entrar a ver cualquier cosa y nadie se va a enterar, cuando no es así: hoy, tras buscar en Internet, luego te empiezan a llover ofertas relacionadas a tu búsqueda como por arte de magia. Siempre está el gran Hermano ahí observando.

Eso es, precisamente, una de las cosas que se trabaja en terapia: “Cuidado, porque si te empiezas a descargar material ilegal es fácil que vaya la policía a tu casa”. 

Por otra parte, el acceso a la pornografía ha cambiado completamente. Antes, cuando el adolescente buscaba porno, tenía que ir a un kiosco alejado de su barrio, con la bicicleta, y esperar a que nadie pasara por delante. Compraba la revista porno, la metía dentro de un periódico enrollado y se iba a casa furtivamente para esconderla en un armario. Consistía en un proceso con, si se quiere, una alta carga de heroicidad para que su madre no le pillara. 

Actualmente, el acceso a la pornografía es facilísimo con solo pulsar una tecla. Estás delante de Internet muy frecuentemente: pasamos mucho más tiempo delante de las pantallas, con el móvil, y desde edades muy tempranas. Es muy accesible y, además, gratuito. Toda esa facilidad y el tener una vida cada vez  más vinculada a dispositivos convierte el cibersexo en una adicción de riesgo exponencial.

En los talleres y terapias con gente joven que tiene problemas sexuales, se observa algo bastante curioso y alarmante. La gente que hoy es adulta ha desarrollado fantasías sexuales a lo largo de su vida, por lo general, imaginándome situaciones a la hora de masturbarse. Pero los adolescentes actuales no fantasean, no han desarrollado esa capacidad: han aprendido a masturbarse viendo porno. 

Se puede establecer un paralelismo con los juguetes que te lo hacen todo y que no te permiten desarrollar la imaginación. Como Internet lo ofrece todo, los adolescentes ya no necesitan pensar, fantasear, con nada. Esto condiciona una génesis del sexo y del cibersexo.

– ¿Existen aspectos personales que predisponen o que, por el contrario, evitan que la persona desarrolle adicción al cibersexo?

– Sí, factores que dependen de la propia persona. Si estos factores personales no fueran importantes en el desarrollo de una adicción, hoy nos encontraríamos con un 100 % de adolescentes adictos al cibersexo, y la realidad es que eso no es así. Porque, como hemos señalado, a los 16 años el 100 % de los chicos ve porno, pero no todo han desarrollado adicción.

Se comprende mejor con otro ejemplo. Hace años se hizo en España una campaña en contra de los juguetes bélicos que decía: “cuidado porque los juguetes bélicos están generando violencia”. Muchos niños jugaban con juguetes bélicos y, sin embargo, muchos de ellos son hoy objetores de conciencia de la violencia. No es positivo jugar a la guerra, por supuesto, pero que lo hagas no te convertirá inexorablemente en una persona bélica. De la misma forma, hacen falta unas variables de personalidad determinadas para desarrollar una adicción al sexo.

Esas variables de personalidad que predisponen al cibersexo pueden ser:

  • Falta de control de impulsos.
  • Baja autoestima psicológica.
  • Baja autoestima corporal: muchas personas mandan fotos desnudas o semi porque se gustan poco y necesitan la aprobación de las demás.
  • Presencia de disfunciones sexuales que les genera inseguridades para las relaciones presenciales y que la distancia del cibersexo les da seguridad; puede escapar de la situación más fácilmente.
  • Tener otro tipo de adicciones.
  • Tener una sexualización muy temprana. 
  • Haber sufrido abusos sexuales, que conlleva desvincular el sexo y el afecto, y ver el sexo como algo puramente físico.
  • Necesidad de explorar nuevas sensaciones ligada a la insatisfacción, porque todo se queda corto.
  • Problemas de estado de ánimo. 

La depresión, por ejemplo, se asocia a la disminución de la libido, del deseo sexual. Sin embargo, algunas personas depresivas recurren compulsivamente al sexo como regulador emocional. En la adicción ocurre esto: utilizar el sexo para afrontar, para dejar de estar mal, de sentir estrés. Los momentos de recaída suelen estar vinculados a problemas laborales, a sufrir depresión. Se trata de variables de personalidad que predisponen a que una persona pueda generar esta dependencia.

Otros factores coadyuvantes

– ¿Qué otro tipo de factores coadyuvan a la adicción al cibersexo?

– Otros factores que contribuyen a que una persona pueda desarrollar adicción al sibersexo pueden ser:

  • La historia personal.
  • Un clima familiar conflictivo.
  • El comportamiento de los padres en torno al sexo.
  • El que le haya pasado alguna vez algo que haya llevado a la persona a una sexualización temprana.
  • Acostumbrarse a ver porno en el ordenador de tu padre o madre a muy temprana edad.

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Redacción

Equipo Adictalia
Comité Editorial | comunicacion@adictalia.es

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