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SALUD MENTAL Y ADICCIONES

¿Puede la adicción conducir al suicidio?

Cómo influye la adicción en la probabilidad de que una persona se quite la vida

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Jenifer Humanes
Divulgadora en/de La Niña Amarilla | Web

La relación entre adicción y suicidio puede ser estrecha, pero no siempre inequívoca, evidente o incuestionable. En otras palabras, la dependencia a sustancias o conductas representa un factor de riesgo, entre otros de carácter psicológicos, sociales y de contexto, que incrementa las probabilidades de que una persona se quite la vida. Pero no puede considerarse el único motor determinante, la causa directa de la autolisis.

Por eso, es erróneo sugerir que una persona vaya a terminar suicidándose sólo por sufrir una adicción. Ni que, obviamente, una persona con pensamientos o intentos suicidas sea más propensa a consumir sustancias. Es cierto que son impactantes los casos, aunque poco frecuentes, de personas adictas a sustancias (o comportamientos) que, incluso en recuperación, se han quitado la vida. Pero igual de cierto es que sufrir esta enfermedad no implica necesariamente desarrollar una intención o un intento de suicidio.

Siempre debemos tomar con pinzas los datos sobre un tema tan complejo y multicausal como el suicidio, pero si es cierto que existen investigaciones que indican que haber sufrido sobredosis puede incrementar por seis el riesgo de protagonizar un acto de autolisis. Otras fuentes, como la Fundación Española para la Prevención del Suicidio, indican que las personas con algún tipo de adicción muestran un riesgo de suicidio entre 15 y 20 veces mayor que la población general.

Adictalia entrevistó sobre esta compleja combinación a Jenifer Humanes, responsable de incidencia política y movilización social y vocal de La Niña Amarilla y portavoz de la iniciativa ciudadana «Hagamos Plan». Se trata de una asociación que surgió para hablar sobre las muertes por suicidio desde la prevención y para romper con los estigmas del tema desde la comunicación.

No se puede establecer una relación causa-efecto de un factor como es la adicción con el suicidio.

Y no hay duda, existe estigma respecto del suicidio, de la misma forma que pasa con las adicciones: la muerte por autolisis genera vergüenza. Para Jenifer Humanes de esto no cabe duda. Y, en este sentido, aclara: “Una persona no muere por hablar del suicidio, sino que lo que mata es el silencio”. 

Es irónico, lo mismo podría decirse de las adicciones: una persona no se hunde en la adicción por hablar de ella, por comunicarla a la familia y recibir apoyo del entorno, sino por llevar la enfermedad en secreto, por considerarla un vicio, callarla por temor al qué dirán.

En cuanto al suicidio, Jenifer Humanes insiste en el imperativo de luchar contra el estigma, que en España bebe de raíces profundas. “Hasta 1983, en los cementerios españoles no se enterraba a las personas que habían muerto por suicidio. Por eso, en parte, el inconsciente colectivo asocia el suicidio con algo malo”, ilustra Humanes. 

Así se explican, aunque no se comprenden, determinadas reacciones frente a la autolisis. “Hay personas que, ante la muerte por suicidio de un familiar, llegan a decir: ‘Qué egoísta, se ha suicidado y no ha pensado en mí, en nosotras, en su familia’. ¡Es incomprensible que alguien llegue a ese punto de no empatizar con la persona que se ha quitado la vida! El suicidio es un acto tras el que hay mucho sufrimiento. La persona no quiere dejar de vivir, quiere dejar de sufrir”, exclama la Humanes.

El panorama en España

Datos sobre el suicidio en España

– ¿Existen datos sobre intentos y actos suicidas en personas con adicción en España?

es– Hay datos genéricos, sobre todo del Observatorio del Suicidio en España. El suicidio es multicausal, es decir, no se puede establecer una relación causa-efecto de un factor como es la adicción con el suicidio. 

Es cierto que el riesgo de cometer un suicidio aumenta si estás consumiendo, porque es un factor de riesgo. Pero no es el único, también lo son:

  • Tener una patología o enfermedad mental.
  • Pertenecer a ciertos colectivos, como LGTBIQ+, por los estigmas derivados que ello conlleva.
  • Haber sufrido violencia de género.
  • Entre otros muchos, como pertenecer a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FFCCSS), o al cuerpo de bomberos.

Así que no se puede establecer una relación única de causa-efecto entre adiciones y suicidio. Es decir, que ni todas las personas que son adictas se van a suicidar ni todas las personas que se suicidan van a desarrollar adicción.

No hay datos oficiales que relacionen ambos fenómenos, pero sí que hay estudios que indican que el riesgo de cometer un suicidio en personas adictas que han sufrido una sobredosis es hasta seis veces superior. Sin embargo, estos datos hay que entenderlos como lo que son: especulaciones. 

Estamos ante una combinación de fenómenos muy difícil de cuantificar. En el momento en que una persona se suicida, o lo intenta, los factores que han intervenido en esa conducta son múltiples: no pueden reducirse al hecho de que sufre una adicción o consume sustancias.

– ¿La sobredosis es el resultado de una conducta extrema en una persona adicta? 

– Cuando una persona consume, la sustancia que sea, quiere evadirse de la realidad y del sufrimiento que vive. Quizás esa adicción empezó por un juego, por un “me gusta esto, voy a probar”, o porque tenía un problema que no supo gestionar y buscan evadirse. Hay muchas formas de evadirse y una de ellas es con sustancias, con el riesgo de terminar desarrollando la enfermedad de la adicción. Es una línea muy delgada. 

Cuando se produce una sobredosis, hay que identificar qué llevó a esa persona a consumir; cuánto consume a diario; qué le precipitó a tener esa sobredosis: qué factores le condujeron a ingerir demasiadas pastillas o beber muchísimo alcohol. 

Factores de riesgo y perfiles

Factores de riesgo de suicidio y perfil suicida predominante en España

– ¿Cuáles son los factores de riesgo para protagonizar un acto suicida?

– Sugiero leer la guía ‘En mis zapatos’, publicada por la asociación La Niña Amarilla y Papageno, donde aparecen todos los factores de riesgo y los de protección.

En todo caso, algunos de los factores de riesgo de conductas suicidas son:

  • La alta incidencia de alcoholismo y otras adicciones.
  • Los antecedentes de violencia: haber sufrido de niño/a violencia de género, violencia vicaria, bullying…
  • El aislamiento y la falta de apoyo social o familiar: si la persona está sola, no tiene familia, no tener pareja, también puede actuar como un factor de riesgo en cuanto a incrementar el sentimiento de vacío, de soledad.
  • La cuestión de género, el hecho de ser varón, adolescente o soltero.
  • Tener trastornos mentales graves u otras variables psicológicas.

– ¿Por qué ser varón, adolescente y soltero representa un factor de riesgo para el suicidio?

– Los estudios dicen que a los hombres les cuesta más pedir ayuda y hablar. Esto implica que, por un lado, se sientan más solos frente al problema, incapaces de compartir, de hablar, y por otro, cuando realizan el acto suicida, las armas que usan suelen ser más letales. En cambio, las mujeres suelen utilizar otro tipo de armas. 

Los datos en España sobre el suicido refieren a un 75% de hombres y un 25% de mujeres. En cuanto a los hombres, se encuentra el perfil más comprometido es el grupo de entre 40 y 59 años.

– ¿Cómo afectan en este sentido las creencias de la cultura machista?

– Indudablemente repercuten. La concepción tradicional de “los hombres no lloran”, “el hombre puede hacerlo todo”, “tiene que mostrarse fuerte”, “nunca puede mostrarse vulnerable”… 

De hecho, llama la atención que el rango de edad donde se protagonizan más suicidios corresponda con una generación muy impregnada de estas ideas, si bien hay que tener en cuenta que estamos generalizando: no todos los hombres de esa edad son así, muchos van al psicólogo y hablan de sus emociones. Pero los datos están ahí y hay que hacer especial incidencia en este perfil.  

– ¿Cuál es la prevalencia de las ideas suicidas en personas con Patología dual? 

– Aquí unimos dos factores de riesgo: la adicción y el trastorno mental, y si éste es grave, el riesgo es mayor. Con personas que presentan Patología dual, la atención se debe intensificar, porque son dos factores de riesgo para protagonizar una conducta suicida.

La adicción y su implicancia
Factores de protección

Factores de protección ante el suicidio

– En las adicciones se habla de factores de riesgo y también de protección para evitarla. ¿En el caso del suicidio también podemos hablar de factores que protegen a la persona de protagonizar autolisis?

– Sí. De hecho, identificar estos factores de protección es importante para prevenir suicidios. Por ejemplo, cuando estamos con una persona que pueda tener esas ideas suicidas o cuando una misma se encuentra mal sin saber cómo gestionar una situación. En estos momentos, tener en cuenta los factores de protección puede ayudar a salir de ese sufrimiento y disminuir, o incluso erradicar, las ideas y conductas suicidas.

¿Cuáles son los factores de protección para evitar ideas o actos suicidas?

– Algunos de esos factores de protección ante el suicidio son:

  • En relación con el trauma, tener competencias prosociales o socioemocionales. Identificar y gestionar pensamientos negativos y sentimientos como tristeza, miedo, ira, entre otros, y dejarlos ir, sin engancharse a ellos. Evitar a toda costa pensar que somos esos pensamientos, nos ayuda, sin duda, a protegernos del suicidio. 
  • El apoyo familiar y social. Resulta fundamental fomentar la armonía en nuestros entornos: trabajo, amistades, familia, relaciones. Cuando estos ambientes son apacibles, de apoyo y escucha, ayuda infinitamente a prevenir el suicidio. Uno de los mitos en torno al suicidio consiste en creer que el silencio sobre una situación dolorosa ayuda a quien la sufre a superarla. Y es todo lo contrario: cuando la situación se expone, se expresa, y existe una escucha activa, apoyo social, le ayudará mucho más.
  • No tener acceso, o dificultarlo, a métodos letales, como pueden ser las drogas y las armas de fuego o blancas.
  • Cultivar un buen estado de salud física y mental: estabilidad emocional; hábitos saludables; buenos niveles de actividad; estar en forma; fomentar un carácter positivo y, sobre todo, sentido de esperanza.
  • Alentar un proyecto de vida. Muchas personas que están perdidas y no encuentran sentido a la vida es por el hecho de que les falta un proyecto vital. Por ejemplo, si contribuimos a que esa persona ayude a otras en algún aspecto, puede representar un factor de protección muy grande.

En cuanto a la esperanza, conviene profundizar: cuando una persona se encuentra rumiando una conducta suicida, el sentimiento de desesperanza que tiene es enorme. En tal caso, si ayudamos a la persona a que recupere el sentido de esperanza y de cierto optimismo, aunque en ese momento solo perciba oscuridad, eso le puede cambiar totalmente el foco. Por ejemplo, impulsándola a cogerse a cosas que para ella tengan sentido.

adicciones y suicidio
Es importante conocer los factores de protección que pueden ayudar a salir de ese sufrimiento y disminuir, o incluso erradicar, las ideas y conductas suicidas.
El trauma

Trauma, adicción y suicidio

– Haber sufrido un hecho traumático temprano facilita el desarrollo de adicciones, según especialistas. ¿Ocurre lo mismo con el suicidio?

El trauma es un acontecimiento del pasado que dejó una impronta emocional en la vida de la persona: en su cuerpo, en su mente, en su subconsciente, que no pudo o supo gestionar en ese momento. Más tarde o temprano, acaba saliendo a la superficie y genera dolor y sufrimiento.

La gestión del trauma permite alejarse de las ideas suicidas. Pero también ser consciente que se ha vivido una situación traumática y pedir ayuda terapéutica o de otras herramientas: gestión emocional; meditación; yoga; rodearse de personas que ofrecen su ayuda… Así, la persona se puede sentir mejor, y al mejorar el estado de ánimo, las ideas suicidas se diluyen o aparecen menos frecuentemente. 

Por el contrario, tener traumas no gestionados, si se suman a otros factores, pueden incrementar el riesgo de suicidio. Si bien el trauma no se considera un factor de riesgo en sí mismo, consiste en un hecho individual que si no se maneja acarrea mucho dolor. 

El trauma invalida emocionalmente a la persona. De hecho, le provoca sensaciones de soledad y la conducen a desarrollar otros factores de riesgo, como una adicción, que pueden conducir a una conducta suicida. En ese sentido, una gestión de los traumas para sanarlos influye en reducir una posible conducta suicida.

Desencadenantes y señales

Aspectos desencadenantes de suicidio que actúan de señales

– ¿Existen signos o patrones de conducta en una persona con adicción que adviertan que puede estar teniendo intenciones suicidas?

– De la misma manera que hemos hablado de los factores de riesgo y de los protectores, es posible referir a aspectos desencadenantes del suicidio. Entre ellos:

  • La acumulación de estrés crónico y molestias diarias durante un tiempo prolongado, que conduzcan a un colapso. En este sentido, destacan los problemas de salud mental, adicciones, bullying, violencia de género… Pero también los problemas diarios y sociales, como, por ejemplo, el hecho de no encontrar vivienda porque el sueldo es inferior al precio de los alquileres; sufrir un desahucio; sufrir soledad… En consecuencia, estas circunstancias se suman a los factores de riesgo, se acumulan, y con el tiempo generan un estrés crónico que lleva a colapsar.
  • La exposición a eventos trágicos o que generen una tensión muy aguda. Por ejemplo, problemas familiares (con herencias), laborales (bullying), de pareja (rupturas). Se trata de circunstancias difíciles en las que la persona se puede sentir atrapada y carecer de herramientas para gestionarlas.
  • La muerte de un ser querido.
  • La deshonra a raíz de un escándalo sexual o económico.
  • Cambios significativos en las rutinas por algo ajeno a la persona.   
El rol de la familia

La familia de la persona adicta que se quita la vida

– ¿Qué recomendarías a la familia de una persona con adicción que manifiesta intenciones suicidas? 

– Todas las personas que estamos en el entorno de alguien que sufre ideaciones suicidas podemos actuar como agentes de prevención: amistades, pareja, compañeros de trabajo. ¿Y cómo podemos serlo?

En primer lugar, dar espacio para que la persona que está pasando por un mal momento hable. Es decir, evitar la idea de que con el tiempo pasará el problema pasará solo, que se solucionará solo. Es muy importante facilitar el espacio para expresar y, a su vez, escuchar a la persona. Y para escuchar hay que preguntar, evitando los juicios y las opiniones sobre lo que nos cuenta. 

Esto es muy difícil porque suele parecer que si no opinamos o damos consejos a una persona que la está pasando mal, sentimos que no ayudamos. Pero sucede todo lo contrario: cuando das consejos y minimizas su problema con frases como “bueno, no es para tanto”, “no pasa nada”, “lo superarás”, estás invalidando sus emociones. Indirectamente, le haces ver que no vale para afrontar esa situación.

Más bien, se trata de acompañar a esta persona desde la escucha activa. Si surgen ganas de decir algo, hay que limitarse a: 

  • Decir frases como “te entiendo”; “tiene que ser horrible por lo que estás pasando”.
  • Dar un abrazo para que sienta el apoyo y el contacto.
  • Mandarle mensajes de esperanza
  • Ofrecerle recursos de ayuda: el 024 o el teléfono de la esperanza. Y si no puede llamar o no quiere, llamar por ella para explicar la situación y pedir ayuda.
  • Acompañarla en las actividades que le gustan.
  • Acompañarla a la terapia. 

Uno de los aspectos en el que estamos incidiendo desde el Tercer sector es en trabajar con familias que han vivido la muerte de un ser querido por suicidio, porque sienten mucha culpa a causa del estigma: “Ay, es que no lo viste antes”, “¿Cómo no te diste cuenta?”. 

– ¿Y cómo tratar la culpa que siente la familia de la persona que se suicida?

– La terapia grupal de ayuda mutua es muy efectiva para ello. Porque un grupo donde hay personas que han pasado por la muerte de un familiar o ser querido por suicidio, permite compartir emociones y pensamientos similares. Esto resulta muy terapéutico.

La tarea de concienciar sobre la realidad del suicidio, por otra parte, es fundamental para desestigmatizarlo.  Mucha gente prefiere esconder que su familiar murió por suicidio, para evitar los juicios sociales. Por tanto, se trata de naturalizar la muerte por suicidio. Igual que hace años no se hablaba de que la persona había muerto por cáncer, y ahora sí, debemos conseguir lo mismo con el suicidio.

La adolescencia

Adolescentes y suicidio

– Psiquiatras y psicólogas reclaman más recursos públicos para adolescentes con ideas suicidas. ¿Esto contradice los datos estadísticos sobre perfil suicida predominante?

– Es muy importante tener en cuenta el contexto histórico y socioeconómico. Las condiciones que tienen las personas más jóvenes distan de las que tenían las anteriores generaciones. No se pueden medir dos generaciones tan distintas porque, en esas mismas edades, han vivido situaciones diferentes.

En este sentido, no estoy de acuerdo con que la generación joven actual no tenga resiliencia. Es cierto que, de los 15 a los 29 años, la principal causa de muerte externa no natural es el suicidio. Pero también es cierto que el 75 % de las personas que se suicidan son hombres de 40 a 59 años. Por tanto, ¿podemos afirmar que los hombres de 40 a 59 años no son resilientes? El tema del suicidio es más complejo.

No se hace ningún favor a las personas adolescentes de hoy, que están viviendo una situación totalmente distinta a la que yo pude vivir con su edad, con una serie de circunstancias que implican más factores de riesgo de suicidio que en mi época. Por ejemplo, el ciberbullying.

– ¿Qué circunstancias viven las personas adolescentes actuales que pueden fomentar más factores de riesgo de suicidio?

  • Mal uso de nuevas tecnologías.
  • Una sobreprotección de los niños y las niñas. La protección está bien, pero en muchos casos es desmedida, les invalida.
  • La ausencia emocional que sufren los niños y niñas por parte de padres y madres que están ocupados, trabajando, cansados; o que habían imaginado una vida con hijos diferente a la que les ha tocado vivir.
  • En cierto modo, la falta de límites.
  • El sentido de la inmediatez, de tenerlo todo a un click de distancia, la cual genera una baja tolerancia a la frustración.

Insisto en que no creo que sea una generación menos resiliente, sino diferente. Las personas adolescentes de hoy expresan cosas que las generaciones anteriores ni siquiera se atrevían a sugerir. En todo caso, somos la parte adulta de la sociedad la responsable de ayudar a los adolescentes a que aprendan a vivir por ellos mismos.

– ¿Es real la idea de que el suicidio en la población adolescente y joven está en aumento?

– Es verdad que el suicidio es un problema social real en esta población, porque es la primera causa de muerte no natural entre los 15 y los 29 años. Eso es un problema real, que va creciendo con el tiempo. Esto es lo que advierten los datos de la Fundación Española para la Observación del Suicidio y el INE. Pero es precipitado sacar conclusiones en el sentido de decir que es una generación poco resiliente o una generación “de cristal”.

El peligro de las redes sociales

Redes sociales: cibersuicidio y ciberbullying

– ¿Cuánto crees que influyen las nuevas tecnologías en ser factores de riesgo para promover conductas suicidas, sobre todo en la adolescencia?

– Aquí podemos abrir el debate sobre cómo nos relacionamos en el entorno digital, el cual es un reflejo del entorno físico. Un cuchillo en sí no es malo ni bueno: dependerá para que lo use; si lo uso para cortar comida o para dañar a alguien.

Con las redes sociales y el entorno digital pasa lo mismo. Consumir un entorno digital saludable, carente de contenidos negativos, desesperanzadores, que generan miedo, rabia. Es clave consumir un entorno con contenidos que transmiten alegría, satisfacción y ganas de vivir. Por eso es tan importante ser conscientes de qué hacemos con nuestra vida y en nuestra vida.

En función del consumo que se hace, el entorno digital afectará de una manera u otra a personas con ideas suicidas. En este sentido, cabe hablar del efecto contagio y el efecto preventivo de los medios de comunicación, y también de los medios digitales y las redes sociales. 

¿Cómo actúa el efecto contagio en el caso del suicidio?

– El efecto contagio se produce por el tratamiento sensacionalista que los medios de comunicación hacen del suicidio, es decir, cuando refieren al cómo, cuándo, con qué método, se ha quitado la vida una persona. Si alguien con ideas suicidas, en un momento crítico, consume esa información, las probabilidades de que replique el método aumentan. De la misma forma nociva puede actuar el entorno digital.

En cambio, el efecto preventivo tiene lugar cuando consumir contenidos positivos, como vídeos y artículos, que hablen de recursos de ayuda (cómo y dónde solicitarla), que brinden un halo de esperanza y herramientas de gestión emocional, provocarán un cambio positivo en la mente de la persona con ideas suicidas. Porque verá que puede revertir su situación, que no la van a juzgar por hablar de lo que le ocurre, y que, además, le van a ayudar.

¿Qué es el cibersuicidio?

– El ‘cibersuicidio’ consiste en el acto de quitarse la vida por la influencia, entre otras variables, de páginas prosuicidas. Consisten en páginas, foros y chat de Internet donde se promueve el dónde, cómo y cuándo del acto suicida. Esto es lo que se debe perseguir y eliminar de la web. 

A su vez, conviene trabajar para erradicar las ideas románticas del suicidio y las simplificaciones: los mitos que hablan de ser un cobarde o valiente para quitarse la vida. Se trata de desmitificar el suicidio, de ofrecer recursos de ayuda y de hablar del suicidio de forma correcta desde los medios y las redes. El cómo se comunica puede acercar a una persona al sentido de la vida o a la muerte.

A la pregunta de si las nuevas tecnologías están fomentando el suicidio, contestaría que “depende de cuáles”.

– ¿Cómo pueden influir la creciente adicción a las redes sociales o fenómenos como el ciberbullying en promover conductas suicidas?

– Claro que el ciberbullying influye en que una persona pueda tener ideas suicidas, porque no ve salida a la situación que vive. Antes, el bullying consistía en que te acosaban en el colegio, pero cuando llegabas a casa estabas a salvo. Ahora, con las redes sociales, ni siquiera en tu propia casa estás a salvo, es un acoso continuo.

Estar en las redes sociales y ser víctima de acoso es otro factor que incrementa la probabilidad de practicar una conducta suicida. Muchas veces la persona no ve salida. Sobre todo si no lo habla ni lo comunica, y, por tanto, no sabe que puede haber salida. Por eso es tan importante concienciar y sensibilizar: la ayuda existe y se puede pedir

cyberbullying y acoso digital
Las redes sociales pueden ser un factor agravante ante la idea de quitarse la vida, o también pueden ser una plataforma de búsqueda de ayuda.
Terapia: una herramienta fundamental

Asistir a terapia: un factor de protección, pero no el único

– El acceso a los servicios psicológicos es un factor de protección muy significativo en relación con la prevención del suicidio, ¿correcto? 

– Afortunadamente, en España cada vez hay más conciencia por parte de la gente de que hay que asistir a terapia. Aunque no todo pasa por ahí: también existen otros recursos como, por ejemplo, realizar actividades en la naturaleza; el abanico de opciones es muy amplio.

Además, hay que tener en cuenta que puedes ir a terapia y a la vez vivir otros problemas que actúen en contra. Por ejemplo, no llegar a fin de mes, carecer de vivienda, tener complicaciones continuas en el trabajo y no saber o poder gestionarlas, sufrir estrés crónico por temas económicos, sexuales, etcétera, por mucha terapia que haga esos factores pueden pesar más. 

– ¿Cómo está España en cuanto a sistema público de atención psicológica para prevenir el suicidio?

– En España las listas de espera de la Seguridad Social son largas: la gente espera uno, dos, tres o cuatro meses para recibir consulta, dependiendo de la Comunidad Autónoma. Esto, obviamente, no ayuda en la prevención del suicidio. Como consecuencia, con frecuencia se medica a la persona por falta de tiempo para tratarla. 

Un medicamento puede ser necesario en ocasiones, y en otras no serlo o resultar insuficiente, pues en realidad se necesita acompañamiento psicológico. El tratamiento exclusivamente farmacológico sin otras herramientas resulta pobre.

Con todo, podemos decir que la situación en España está avanzando. Existe un Plan nacional de salud mental con una línea estratégica de prevención del suicidio. Existen planes autonómicos de prevención del suicidio. Es el caso de la Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana, Canarias, Aragón, Andalucía, País Vasco, Cataluña, tienen planes autonómicos. Otras tienen protocolos o códigos sanitarios. 

¿Es un Plan nacional que permite ser optimista?

En realidad, esas estrategias resultan insuficientes, porque es fundamental comprender que el suicidio conforma mucho más que un tema de salud mental individual. La autolisis también implica un problema de salud pública y social. Al ser un problema social se debe abordar desde una perspectiva multidisciplinar, y todos los agentes sociales deben estar implicados:

  • Sanidad.
  • Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado, que, al final, son quienes acuden allí donde la persona ha intentado suicidarse.
  • La administración pública.
  • El tercer sector.
  • Las empresas.
  • Sector educativo.
  • Medios de comunicación.
  • La sociedad en general.

– Es decir, que prevenir el suicidio implica generar condiciones de vida digna y entornos más humanos, más que una sociedad medicalizada.

– Medicar muchas veces busca solucionar la situación emocional de la persona con otra droga. Si se diese la oportunidad de vivir dignamente, más que suministrar diazepam u otro fármaco, los datos sobre el suicidio seguramente serían diferentes.

Que el Ministerio de Sanidad haya creado un Comisionado de Salud Mental que propone acciones para elaborar un plan de prevención del suicidio es una muy buena noticia. Pero al final está dentro de Sanidad y hay que ver hasta donde llega. Lo ideal es que intervengan otros ministerios, como el de Derechos Sociales o la propia Presidencia. El suicidio es un asunto transversal, multidisciplinar y multifactorial. No obstante, la realidad es que estamos avanzando.

Desde la asociación La Niña Amarilla estamos inmersas en la iniciativa “Hagamos un Plan”, de la cual formamos parte cerca de 100 entidades que trabajan directa o indirectamente con la prevención del suicidio. Hemos firmado un manifiesto en el que pedimos a la clase política que elabore un Plan Nacional de Prevención del Suicidio con una serie de ejes para gestionar y reducir las muertes.

Manifiesto para un nuevo Plan de Prenvención del Suicidio

– ¿Cuáles son los ejes que sugerís para el Plan de Prevención del Suicidio?

– El manifiesto “Hagamos un Plan” propone:

  1. Sensibilizar a la población en general, a las personas con mayor riesgo de suicidio, al comercio y a las grandes marcas.
  2. Potenciar la Atención Primaria en Salud.
  3. Atender y cuidar la calidad de los servicios especializados de Salud Mental.
  4. Potenciar la atención primaria y especializada en los servicios sociales y garantizar el acceso equitativo para todas las personas en todo el territorio.
  5. Desarrollar programas de prevención específicos para profesionales que trabajan en primera línea de prevención, colectivos en riesgo y su entorno.
  6. Promover programas de actuación comunitaria.
  7. Implementar programas de educación emocional y capacitar al personal educativo, creando espacios seguros en las escuelas.
  8. Involucrar a las familias en programas educativos y talleres sobre salud mental y prevención del suicidio.
  9. Establecer vínculos sólidos entre las escuelas y los servicios de salud mental locales.
  10. Desarrollar programas de bienestar y prevención del suicidio en entorno laborales.
  11. Potenciar la detección del riesgo suicida en contextos de alta vulnerabilidad (residencias geriátricas, centros escolares, servicios de atención primaria, centros penitenciarios).
  12. Implementar medidas para reducir el acceso a métodos letales de suicidio.
  13. Promocionar y fortalecer las entidades sociales del tercer sector.
  14. Asesorar a los medios de comunicación.
  15. Generar medidas de contingencia destinadas a redes sociales y medios digitales.
  16. Sensibilizar sobre la problemática del suicidio al sector de comercio y grandes marcas.
  17. Introducir la temática del suicidio en estudios de grado y postgrado.
  18. Potenciar y promover prácticas de intervención científica basadas en la evidencia.
  19. Impulsar mejoras de los estudios estadísticos del Instituto Nacional de Estadística y de
    los Institutos de Medicina Legal y Ciencias Forenses.
  20. Desarrollar métodos de certificación forense combinados y registros comunitarios y
    hospitalarios.
  21. Crear un Observatorio de la Conducta Suicida en España a nivel nacional
  22. Establecer un sistema de evaluación y monitoreo continuo del Plan Nacional.
  23. Incorporar buenas prácticas y aprendizajes de otros países con planes de prevención
    del suicidio.

Todo esto va mucho más allá del ámbito de la salud mental. Es importante incidir en la prevención, intervención y protección. En España se requiere de un plan integral para abordar el suicidio.

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