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Fumar pasta base o crack, ¿es lo mismo?

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Fumar pasta base o crack

¿Es más adictiva la cocaína fumada que esnifada?

Fumar pasta base o crack representan hábitos minoritarios entre las personas que consumen sustancias psicoactivas en España, si bien la cocaína es la segunda droga más usada, luego del cannabis. De este modo, si se puede decir «afortunadamente», esnifar el polvo de coca se antoja mucho más común que fumar pasta base o crack.

Ahora bien, ¿es lo mismo hablar de fumar pasta base que de fumar crack? Las personas buscan en internet con bastante asiduidad la frase «fumar pasta base o crack» y, posiblemente, estén haciendo referencia a lo segundo, que es la manera más conocida. Porque, en efecto, fumar pasta base no es lo mismo que fumar crack, es decir, que fumar cocaína cocida con bicarbonato de sodio.

La paste base es el modo más económico de consumir cocaína y, de hecho, en países sudamericanos, donde se lo conoce como «paco», es la droga usada por jóvenes de las favelas. La pasta base se obtiene de los residuos de hojas que quedan en la olla cuando se elabora la cocaína, en forma de costra, y que aún contienen alcaloides de la planta que no han conseguido ser procesados y refinados.

Estos restos se extraen con carbonato de potasio, cloroformo o éter. Y se mezclan con queroseno o ácido sulfúrico. También puede obtenerse de macerar las hojas en esas sustancias para obtener el clorhidrato de cocaína. Como sea, a diferencia del crack, con el que suele confundirse errónea pero frecuentemente, la pasta base se produce a partir de una fase previa a la de refinamiento de la coca, o bien, se consigue de las sobras de este proceso.

Y, en ambos casos, lo que se obtienen no es el polvo blanco conocido popularmente, sino una masa de aspecto similar al crack, pero con una composición altamente tóxica por los químicos que se utilizan en su procesamiento.


A diferencia del crack, con el que suele confundirse errónea pero frecuentemente, la pasta base se produce a partir de una fase previa a la de refinamiento de la coca, o bien, se consigue de las sobras de este proceso.


Para fumar la pasta base se emplean pipas de fabricación casera (latas o antenas de televisión) o bien se la mezcla con tabaco o marihuana. Fumar pasta base afecta directamente al sistema nervioso central, editándolo de una manera intensa, pero muy breve, lo cual obliga a consumir con mayor frecuencia para mantener el estado, aumentando las posibilidades de generar adicción.

El crack, por su parte, resulta de cocer clorhidrato de cocaína y bicarbonato de sodio, de lo cual se obtiene una masa sólida, con forma de piedra blanquecina, que a su vez se rompe en varias fracciones. Por eso precisamente se le denomina «piedra». Su nombre representa una onomatopeya que deriva del efecto sonoro que se produce al calentar las piedras con el mechero, cuyo calor disuelve el clorhidrato de cocaína, liberándolo del bicarbonato y provocando un sonido de quebrarse.

Las personas que lo consumen desgranan estas piedras y las fuman en pipas o tubos de vidrio. El resultado es una sensación de euforia intensa que aparece mucho más rápidamente que cuando se aspira el polvo.

Fumar pasta base o crack conforman dos de las cuatro formas de consumir cocaína, además de esnifarla (la más frecuente) e inyectarla en vena. Si los efectos aparecen con mayor inmediatez e intensidad, también las consecuencias de fumar pasta base o crack son mayores, entre ellas la capacidad de crear adicción.

CÓMO AFECTA FUMAR PASTA BASE O CRACK AL CEREBRO

Las drogas en general son adictivas porque tienen la capacidad de activar la dopamina, una molécula responsable de despertar la sensación de motivación para hacer o conseguir algo. La dopamina es la protagonista del circuito del deseo, al que también se denomina de recompensa, pues crea las conexiones entre neuronas que nos permitirán predecir que tal o cual procedimiento nos reporta determinada sensación placentera y provechosa.

Este circuito está integrado por el área vental tegmental, una zona rica en dopamina alojada en la profundidad del cráneo, y el núcleo accumbens, ambos conectados por células de largas colas. Cuando estas se activan, liberan grandes cantidades de dopamina que llegan al núcleo accumbens y provocan lo que conocemos como sensación de querer o desear algo.

Desde el plano evolutivo, esta parte del cerebro fue y es la encargada de ayudarnos a sobrevivir, de ir tras la comida para nutrirnos y del sexo para reproducirnos. Cuando conseguimos esos objetivos, la producción de dopamina desciende porque entran en acción otros neurotransmisores que, en condiciones normales de funcionamiento del cerebro, nos permiten disfrutar y saciarnos (sentir el “ya es suficiente”).

Al mismo tiempo, la dopamina en esta zona del cerebro ayuda a reforzar el patrón que nos condujo a conseguir ese objetivo: comer, tener sexo, drogarnos… De modo que, la dopamina refuerza esas experiencias creando nuevos recuerdos, nuevas conexiones neuronales, con tal de que aprendamos la conducta que nos sirvió para sobrevivir o “sentirnos mejor” ante una situación determinada.

Sin embargo, el estímulo químico y artificial de las drogas, como el crack, resulta mucho más potentes que cualquiera de tipo natural. De modo que activan la liberación de dopamina de una forma descontrolada.


En la balanza del deseo y la satisfacción, la droga cobra forma de mamut sentado sobre uno de los platillos. En el caso de la adicción al crack, la sustancia se apodera del circuito de recompensa incitando a consumir más y más, sin límite.


Si, en condiciones normales, cuando conseguimos el plato de comida al que la dopamina nos condujo cuando sentíamos hambre, la producción de esta molécula cesa porque entran en juego los neurotransmisores del gusto y la saciedad. Funciona como un contrapeso en la balanza del deseo y la conquista. Cuando consumimos una droga, la sustancia se apodera del circuito del deseo, estimula de forma artificial y potente la liberación de dopamina, y no existen neurotransmisores capaces de contrarrestar ese input poderosísimo.

En la balanza, la droga adquiere forma de mamut sentado sobre uno de los platillos.

Una persona que sufre, por ejemplo, adicción a fumar pasta base o crack, nunca se sentirá satisfecha y querrá más y más. Su sistema de recompensa sucumbe al desequilibrio, dominado por una sustancia química cuya capacidad de estimulación no pueden igualar los estímulos naturales. De hecho, cuando se termina el efecto de la sustancia, la persona adicta buscará de inmediato otro consumo.

Esto es así, precisamente, por el papel de la dopamina en moldear el cerebro para reforzar los modus operandi que han provocado una sensación placentera o de supervivencia. Así sabremos que si tenemos hambre debemos ir a por un plato para nutrirnos.

Pero en este caso, tras crear la dopamina las conexiones neuronales para que aprendamos, la sensación de sorpresa disminuye, porque sabremos qué viene tras el consumo. La dopamina permite así predecir la recompensa y, de esa forma, reprime su actividad cuando entran los otros neurotransmisores. Un mecanismo inteligente para asegurar el equilibrio con el sistema del gusto y la saciedad e impedir un descontrol del deseo, que es lo que les ocurre a las personas con adicción al crack y otras dependencias patológicas.

El equilibro se quiebra cuando aparecen las drogas, que activan de una forma desproporcionada y artificial la liberación de dopamina. Si en condiciones normales esta molécula reporta energía y motivación para conseguir algo que nos dará un placer predecible y tras lo cual conseguiremos, si todo va bien, satisfacción; cuando se consume crack, la persona siente, tras el efecto inmediato, la necesidad de ir a por más esté donde esté, claudica ante la insatisfacción.

¿ES MÁS PELIGROSO FUMAR PASTA BASE O CRACK QUE ESNIFAR COCAÍNA?

Las personas adictas a la cocaína suelen decir que fumar crack “resulta mejor” que esnifar la sustancia. ¿Por qué?

Después de comprender cómo actúan las sustancias psicoactivas en el circuito del deseo, es necesario aclarar que cada sustancia tiene un poder diferente de estimular la dopamina. La cocaína es muy poderosa, por su composición molecular, pero otro factor que influye en este sentido consiste en la forma en que se introduce la droga en el organismo. Por eso no es lo mismo esnifar coca que fumar pasta base o crack.

Si se esnifa, la sustancia debe atravesar la mucosa nasal, cuya superficie es reducida, con lo cual una parte se pierde. La que consigue pasar por medio de los vasos de la nariz llega al cerebro. Pero si se fuma, la cocaína tiene una gran superficie para alcanzar el torrente sanguíneo: los pulmones.

Millones de alvéolos pulmonares conforman la puerta de acceso del humo inhalado, sin ninguna barrera. Por tanto, la sustancia pasa íntegramente a la sangre y viaja diréctamente al cerebro, provocando un mayor impacto bioquímico.

Tratamiento para la adicción a fumar pasta base o crack

Como en toda adicción, existe tratamiento, existe salida. Es probable que si una persona manifiesta adicción a esta forma de consumir cocaína, requiera el ingreso en un centro de desintoxicación, pues el grado de dependencia que genera esta sustancia es elevado. Por tanto, requerirá permanecer en un régimen cerrado, residencial, con cuidados médicos y psicológicos para atravesar el síndrome de abstinencia y conseguir la deshabituación a la sustancia.

La adicción a la cocaína, y aunque en menor medida a fumar pasta base o crack, está presente en la mayoría de centros de desintoxicación de la Red nacional de Adictalia. Se trata de una de las sustancias más consumidas en España y la dependencia que genera es potente, por lo que resulta habitual que los tratamientos deban realizarse en comunidades terapéuticas, con permanencia entre 3 meses y 1 año.

Si necesitas ayuda para ti o un familiar con adicción a fumar pasta base o crack, o cualquier otra sustancia, no dudes en ponerte en contacto con Adictalia. Tras un estudio personalizado (cada caso de adicción es un mundo), recibirás las opciones de tratamiento idóneas, ajustadas a tus necesidades y posibilidades.


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