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TESTIMONIOS DE ADICCIÓN

“Estoy orgulloso de en quién me estoy convirtiendo con la recuperación”

Testimonio de un adicto al alcohol recuperado a través de Adictalia

10 minutos
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Alejandro, alcohólico en recuperación y su testimonio

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Equipo Adictalia

Comité Editorial | [email protected]

Era un chaval Alejandro cuando comenzó a beber, tenía sólo 14 años. Fue la puerta de entrada a un peligroso mundo de evasión y autodestrucción. Durante gran parte de su vida, divagó por el sendero de la adicción. Hoy, con 40 años, ha conseguido cumplir con un proceso de recuperación integral, al que llegó por medio de Adictalia, el cual le permitió reconstruir su vida. Y que continúa practicando y fortaleciendo cada día, pues sabe que esta enfermedad es crónica

“Comencé en las fiestas de instituto, con las primeras borracheras. No le das importancia, crees que es algo normal, y sigues aumentando la dosis”, rememora Alejandro. La edad en que empezó a consumir es la media en que se inician en la bebida los adolescentes en España, según las estadísticas oficiales. En su caso, el consumo se agravó con el tiempo y terminó desarrollando la enfermedad de la adicción. 

¿Motivos para enfermar? Uno de ellos, al menos el disparador, es que Alejandro era incapaz de lidiar con el sentimiento de tristeza que le generaban ciertas situaciones de su vida. Lo que comenzó como una vía de escape para sentirse mejor, le terminó robando el control de sus actos, sus decisiones, su libertad. 

Después de un par de décadas, Alejandro tocó fondo y afrontó el problema, reuniendo el valor suficiente para tratarlo. Tras un duro proceso terapéutico, al que llegó por medio de Adictalia, consiguió reconstruir su vida interna para mantener a raya la enfermedad. Ahora trabaja día a día, dice, para ser “la mejor versión” de sí mismo. Y también para ayudar a los que están pasando el calvario que vivió y lastró muchos años.

Alejandro y su historia de superación del alcoholismo
Tristeza y emociones no tratadas, los inicios de la adicción de Alejandro.
Los inicios de la adicción

Los inicios de la adicción

Cuando Alejandro empezó con el consumo, estaba en la primera etapa de la adolescencia. En esa época, le resultaba intolerable sentirse mal, que algo o alguien perturbara su equilibrio. La capacidad de tolerar la frustración es una habilidad importante para enfrentar los obstáculos que pone la vida. Él carecía de ella. Y por algún lado saltó la carencia: los estudios. 

Los malos resultados académicos le impactaban a tal punto que le provocaban sufrimiento. Esta era la forma de manifestar, probablemente, otras faltas. Pero el sufrimiento estaba ahí. 

Emilia, su madre, lo define como un “chico muy sensible”. Una característica, dice, que se da en muchas personas que desarrollan adicción. La hipersensibilidad emocional es un factor psicológico que puede influir en consumir sustancias, para aliviar el dolor provocado por ciertas experiencias, Pero no es el único factor, ni suficiente por sí mismo, para explicar una enfermedad que depende de muchas causas: biológicas, psicológicas, del ambiente donde se cría la persona… 

Comencé en las fiestas de instituto, con las primeras borracheras. No le das importancia, crees que es algo normal, y sigues aumentando la dosis.

Apareció en su vida una sustancia que le proporcionaría un refugio o la válvula de escape para tanta presión. Una sustancia que, años más tarde, le iba a arrebatar el control de su vida: el alcohol. 

Entonces llegaron las primeras borracheras, el beber cada vez que aparecía la ansiedad y la tristeza, para calmarlas. Alejandro justificaba el recurso del alcohol como cualquier persona que consume para tapar emociones desagradables: “No pasa nada, si yo controlo, es sólo en determinados momentos”. Se trata de pensamientos permisivos que autojustifican el hábito ante la propia persona y lo sostienen frente a la familia.

“Lo que crees que puedes dejar cuando quieras, lo terminas haciendo por inercia y al final por necesidad”, cuenta Alejandro a Adictalia. De eso se trata la adicción: de que el cuerpo te pide cada vez más para conseguir el mismo efecto y, si no se lo das, se rebela y te lo hace pasar mal. Tolerancia y síndrome de abstinencia, respectivamente, se llama a estos mecanismos en la jerga médica.

Conoce historias reales de personas que han superado la adicción

Perdiendo el control

Perder el control

Lo cierto es que, con los años, Alejandro ya no podía parar de beber. Ni la presión de la familia ni de las parejas podían con su relación más fiel, la que tenía con el alcohol. Bajaba a por el pan y se bebía dos chupitos. Subía a comer y se tomaba una cerveza. Por la tarde, si la cosa se terciaba, un cubata. Y por la noche, más alcohol. Así entró en una espiral de consumo de la que no podía salir. 

Además, como ocurre con frecuencia, una droga se complementa con otras. Con los años se empiezan a desarrollar adicciones cruzadas. Así que para compensar los efectos del alcohol, sumó a su hábito el de la cocaína. Se decía Alejandro: “Qué borrachera llevo, voy a meterme un tirito a ver si me centro y llego a casa medio en condiciones”.

Sin darme cuenta, mi novia verdadera era la adicción, y la antepuse ante todo. Teniendo todo, no lo supe apreciar….

Durante la veintena, se acostaba pensando en la cerveza que no se había tomado y se despertaba con ansias de consumir. El problema, como ocurre con las dependencias, acabó por afectar al ámbito familiar: dejó de hablar con sus padres durante dos años, y desatendía sus relaciones, incluida la de su único hijo, con quien ejercía una paternidad ausente. 

La necesidad de consumir le roban a las personas adictas muchos momentos de su vida, cuando no toda ella. Y las relaciones cercanas son uno de los aspectos que se resienten, además de la salud personal, la higiene, el trabajo… “Vives en tu realidad y no eres consciente del daño que le haces a tu familia”, explica Alejandro.

La negación del adicto

Rechazar la ayuda: la negación del adicto

Claro que, ninguna persona adicta en activo, reconocerá que tiene un problema ni mucho menos que debe tratarse. El consumo compulsivo de Alejandro continuaba, al margen de la ayuda que le ofrecía su entorno. Pese a tenerlo todo para iniciar el tratamiento de su enfermedad y retomar las riendas de su vida, él se mantenía en negación de que sufría una enfermedad

Las mentiras, las manipulaciones y las ausencias lastraron tres relaciones amorosas, incluida la que tuvo con la madre de su hijo.  “Grandes mujeres que me han querido muchísimo, que me amaban e intentaban ayudar y a las que no supe, no pude, hacerles caso”, recuerda. 

“Eres incapaz de reconocer que te estás confundiendo, eres incapaz de empatizar, no puedes empatizar con familiares, como no te quieres a ti mismo porque te estás matando… Todos los días te estás matando, es una autodestrucción”, explica Alejandro la sinrazón de la persona adicta. “¿Cómo vas a querer a alguien si no te quieres a ti mismo?”, se pregunta. Por eso “justificaba mi forma de actuar y justifica lo injustificable”.

El ritual del consumo, de la huida, se convierte en lo único que importa.  “Sin darme cuenta, mi novia verdadera era la adicción, y la antepuse ante todo. Teniendo todo, no lo supe apreciar”, confiesa Alejandro.

Lo que crees que puedes dejar cuando quieras, lo terminas haciendo por inercia y al final por necesidad.

Como tantas personas adictas, él argüía que podía solo con la enfermedad, que lo solucionaría por su cuenta, nada de especialistas. “No quería saber nada de centros ni rehabilitaciones”. Entonces, cuando ya lo había perdido todo, trabajo, familia, relaciones, vida… volvió al chalet con sus padres para intentar remontar.

Su hermano viajó hasta la casa de inmediato y coincidió con sus padres en que había que buscar ayuda. ¿Pero dónde? Emilia buscó en internet y enseguida dió con Adictalia. Para ella, el equipo terapéutico fue un “apoyo” en todo este proceso en el que Alejandro rompió su negación. “Me llamaban cada cierto tiempo recordándome que tuviese paciencia y que lo iba a conseguir”, recuerda la madre.

“Te tiras un mes abstemio y das paseítos por el campo, estaba sin consumir nada”, asegura Alejandro, cuando recuerda el retorno a la casa materna y su intento de dejar el consumo por su cuenta. Pero todo era una pantalla. 

Un día, después de comer, avisa a su madre que sale a andar. “Fuera del campo hay una carretera, te encuentras un bar a cuatro kilómetros y te dices: voy a entrar…”. A partir de ahí, aprovechaba sus paseos para tomarse un chupito y un café un día, “otro día dos chupitos, y así todos los días”. El brazo de la adicción es demasiado fuerte para soltarse fácilmente.

Hasta que Emilia empezó a sospechar de los paseos de Alejandro, y avisó al padre, quien salió detrás de su hijo sin que éste lo supiera.  Cuando iba a entrar al bar, el padre se lo impidió, pidió que no le volvieran a servir ni una gota y lo devolvió a la casa. “Te pillan y te dicen: ‘Pero bueno, ¿qué haces, hombre?’ Y ya te das cuenta y te preguntas: qué necesidad de andar cuatro kilómetros… Ahí es cuando dices: joder, pues sí que tengo un problema gordo”.

La madre y el padre se pusieron firmes después de muchos años de ceder y creer en sus promesas. “Mañana mismo te vas para el centro que hemos visto”, le exhortó Emilia. Adictalia tenía todo listo para que Alejandro se desplazara al centro de desintoxicación, recomendado meses atrás. Durante todo este tiempo, el equipo terapéutico había estado asistiendo a Emilia para que trabajara su codependencia y no bajara los brazos ante la negación de su hijo a tratarse.

Eso sí, cuando llegó el momento adecuado, cuando tocó fondo, la acción familiar y la ayuda de Adictalia fueron fundamentales. “Vamos al centro este que me has comentado hace ya días y que aun así no voy a gusto; voy a ir a probarlo y si no me convence me vuelvo”, le dijo Alejandro a Emilia. Y todo se puso en marcha automáticamente. La persona había accedido a tratarse, con muchas reservas, y no había que perder ni un minuto para que no se arrepintiera. 

De hecho, ni los propios trabajadores del centro le daban “una hora” allí dentro, recuerda la madre. Muchas personas con adicción entran en este estado de escepticismo, pero eso no significa que vayan a abandonar el tratamiento o que transformen ese sentimiento. El papel del equipo terapéutico del centro es primordial para ello.

Emilia, madre de un alcohólico, ayudando a su hijo
Emilia cumplió un rol clave en la recuperación de su hijo Alejandro.
El tratamiento

El tratamiento de Alejandro

El caso de Alejandro demuestra ese cambio de chip una vez que el paciente se ingresa. Pese a los prejuicios con los que iba, él descubrió en el centro de desintoxicación de la red Adictalia un escenario muy diferente. “Me encontré gente maravillosa desde el primer día, con la que me integré a las pocas horas y decidí que, ya que estaba allí, que mis padres iban a hacer un sacrificio enorme, tenía que aprovecharlo”, cuenta.

El camino, eso sí, no es sencillo. “En el centro encuentras pautas, horarios y cero consumo, todo lo que la mayoría de los que estamos enganchados a las drogas no tenemos”, sugiere. Y todo eso, a cientos de kilómetros de su familia (que es lo recomendable para que la persona no abandone a la ligera) y trabajando sobre aspectos muy dolorosos de su vida

También es clave el momento de la persona adicta, es decir, su predisposición a salir. Si no, el equipo terapéutico se da contra un muro. Alejandro tenía claro que quería recuperar la vida que el alcohol le había arrebatado. Y eso significaba admitir cosas inconcebibles para un adicto. “Acepte dormir con alguien al lado, no tener televisión o móvil así como tener que compartir baño; eso te hace bajar la prepotencia que nos caracteriza”, ilustra. 

Nunca olvidará Alejandro momentos como ver a una madre llorar amargamente por las actitudes de su hijo con la familia, y a éste “impasivo ante las lágrimas” de la mujer.  “Y yo mirarle y decir: pero bueno, ¿cómo este hombre no se puede conmover? Y luego te das cuenta:  ¡coño!, es que esa es la enfermedad” de la adicción. Toda una lección.

Ese día, Alejandro le agradeció “enormemente” a su compañero. “Ese día aprendí muchísimo, muchísimo de la enfermedad”, recuerda.

En el centro encuentras pautas, horarios y cero consumo, todo lo que la mayoría de los que estamos enganchados a las drogas no tenemos.

No más mentiras

Basta de mentiras

Meses en el centro ayudaron a Alejandro a sentar nuevas bases para reconstruir su vida. “Tuve mis momentos de bajón, de llorar mucho en terapia, de sacar muchas, muchas piedras que llevas en la mochila”, narra. Y una de ellas fue cortar con todo tipo de mentiras

De hecho, cuando decidió ingresar al centro, a su hijo le había informado que iba a desaparecer unos meses por trabajo. Pero en una de las primeras llamadas desde la clínica decidió sincerarse. “Ya había mentido demasiado en general, entonces se lo conté: ‘Mira, tu padre está en un centro, tiene problemas con el alcohol’”. 

Como siempre, los miedos de Alejandro se desvanecieron frente a los resultados de ir con la verdad por delante. Su hijo le respondió compasivo detrás del teléfono: “Vale, papá, muy bien, estupendo. Sí, yo sabía que tenías un problema…, me dijo, y yo sólo pude decir: mira que lo siento, hijo”, se emociona Alejandro.

Después del tratamiento, Alejandro convirtió su amargura en una sonrisa. “Se levanta, hace la habitación, barre la sala, escucha música, y ha empezado otra vez a pintar”, cuenta Emilia. “Es mi hijo, el que fue siempre, cuando no tenía la adicción”, afirma entusiasmada.

Reconoce Alejandro que ahora es una persona totalmente nueva. “La evolución cuesta, es molesta y duele muchas veces, pero ahora me enfrento a mis sentimientos, los analizo y pongo soluciones”, asegura. ¿Y cómo lo hace? “Lo que antes solucionaba yendo al bar, ahora lo soluciono leyendo, meditando, conociéndome, hablando…”, responde. 

Nuevas técnicas para enfrentar las vicisitudes de la vida, de eso se trata la recuperación.

padres se encuentran con su hijo adicto después de finalizar el tratamiento
El reencuentro de Alejandro con sus padres al finalizar el tratamiento en el centro de desintoxicación.
Una enfermedad crónica

La recuperación continúa

Una de las cosas que aprendió en el centro es que la adicción es crónica, una enfermedad para toda la vida. Por eso es consciente de que siempre tendrá que trabajar en su crecimiento, acudir a terapia y revisar sus emociones y pensamientos. Nada muy diferente, si uno lo piensa, a lo que deberían hacer la mayoría de personas que no consumen para llevar una vida interior saludable.

“Soy alcohólico y debo seguir en tratamiento el resto de mi vida”, sostiene Alejandro. La recuperación implica un trabajo de descubrimiento interior y de práctica de nuevas habilidades constante, diario, que ayuda a evitar recaídas. La vida está llena de estímulos que, para un adicto, son pruebas de fuego. Y él sabe que la adicción está al acecho, aunque cada vez se pueda anestesiar más. 

Por eso, el trabajo que hace cada día apunta “a ser la mejor versión” de sí mismo. “Estoy orgulloso de en qué me estoy convirtiendo y el proceso que estoy siguiendo; con eso me conformo, que no es poco. Porque no todo el mundo puede decir que está orgulloso de sí mismo”.

el camino de un alcohólico para superar su adicción
El camino de la recuperación de la adicción, es un trabajo diario y para toda la vida.

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  1. Alicia 03 Dic • 09:16

    Ojala cunda el ejemplo! Es q seguimos tod@s el mismo camino …ser la mejor version de nosotr@s cada dia.

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