TERCERA EDAD
Adicción en adultos mayores: un fenómeno poco estudiado
Qué ocurre con el consumo de sustancias y comportamientos adictivos en edades avanzadas.
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La adicción en adultos mayores es un fenómeno de toda la vida, pero del que en España, y probablemente en todo el mundo, hace poco se empieza a tener conocimiento. Porque hasta hace muy poco no existían datos, información, investigaciones ni estudios. El motivo es, nada menos, que se trata de un segmento de la población olvidado. Es decir, una parte enorme de habitantes eclipsada por una cultura que aúpa en un pedestal todo lo relacionado con la juventud: estética, gustos, forma de ser y de estar.
“Los viejos no molan”, parecen gritar las sociedades occidentales. Pero lo cierto es que estas sociedades cada vez están más envejecidas, porque así lo determina la tendencia demográfica: la franja de población adulta mayor se ensancha en las estadísticas. Por tanto, queramos o no, en algún momento habrá que gestionar los problemas específicos de este grupo poblacional. Siempre será mejor que esperar y que los problemas nos lleven por delante.
Por ejemplo, las adicciones: el consumo problemático de sustancias y comportamientos tóxicos en adultos mayores. Un aspecto complejo, de por sí, y más cuando se observa la heterogeneidad de este grupo social. La ignorancia sobre este tema refleja que las personas adultas mayores son poco consideradas, en la práctica, por la comunidad como una parte de la sociedad, tal como sugiere en esta entrevista que el CIA de Adictalia le realizó a Javier Martín Nieto, secretario de la Red Internacional de Adultos Mayores Preventores (RIAMP).
Padecer adicción siendo adulto mayorSer adulto mayor con adicción o empezar a consumir de adulto mayor
– ¿A quiénes nos referimos cuando hablamos de personas adultas mayores y adicciones?
– La adicción en adultos mayores es un fenómeno bastante complejo del que todavía faltan datos e información.
- Por un lado, hay personas que gracias a los programas de reducción de daños están llegando a la edad adulta mayor, siendo consumidoras más o menos problemáticas de sustancias. Estas personas, hace 20 o 30 años, se morían antes de llegar a esta etapa de la vida.
- Por otro lado, hay personas que empiezan a consumir sustancias o hábitos siendo más adultas, aunque mediáticamente la adicción sea un fenómeno que se liga a la juventud.
Merece especial atención en el último grupo el consumo de los psicofármacos, más propios de personas mayores que de jóvenes. Si bien estos son drogas emitidas legalmente o con receta, se tratan de sustancias psicoactivas.
– Las personas adultas mayores conforman un grupo bastante heterogéneo y olvidado, ¿correcto?
– Todos sabíamos que en ese rango de edad estaba ocurriendo algo en relación con los consumos problemáticos, pero existían muy pocos datos. Hasta el año 2021, las estadísticas oficiales sobre drogas finalizaban a los 64 años. España tiene una población con una esperanza de vida por encima de los 83 años. Es un techo de edad bastante elevado, está entre las medias más altas del mundo. Pero hasta hace poco de los 64 años en adelante no teníamos datos sobre las adicciones en este segmento de la población.
Si juntamos esto con que los datos se empezaban a recabar a partir de los 16, el resultado es que carecíamos de información de más de un tercio de la vida media de una persona en nuestro país.
En 2021, después de algunas reivindicaciones, el Plan Nacional sobre Drogas hizo un primer estudio para recoger información sobre estas personas. De momento tenemos una foto fija de lo que ocurrió ese año, pero van a hacer falta unos cuantos más, que se repitan ese tipo de estudios, para conocer tendencias y para obtener una imagen más fiel.
Es un fenómeno muy heterogéneo, porque hay gente mayor que está viviendo con sus familias o en residencias con un consumo prolongado. Éstas han logrado sobrevivir a consumos bastante problemáticos. Y los profesionales aún no saben con precisión cómo tratarlas en centros residenciales.
Por otra parte, hay gente que ha empezado a consumir siendo bastante mayor. Recordemos que existen en nuestro país, y en todo el mundo, fenómenos como la soledad no deseada. Hay gente que empieza a consumir por este tipo de situaciones forzosas en una edad avanzada.
– Y luego está la alta medicalización de esta población adulta mayor…
– En cuanto al incremento de consumo de sustancias psicoactivas, se da un fenómeno curioso en las personas mayores. A diferencia de lo que ocurre en otras edades, el consumo de sustancias psicoactivas no es siempre voluntario. Es decir, mientras que una persona joven o adulta puede tomar la decisión de consumir una droga legal o ilegal, en los adultos mayores este consumo viene dado por la prescripción sanitaria de un profesional. Es un fenómeno que tiene implicaciones que necesitamos ir estudiando en los próximos años.
Falta de estudios sobre adicciones en la tercera edadFalta de estudios sobre adicciones y adultos mayores
– ¿La falta de datos, que impide obtener una radiografía precisa del problema, tiene que ver con que es una etapa de la vida socialmente relegada y olvidada?
– Participé en la presentación de unos estudios hechos recientemente por el Grupo Social Lares y la UNAD sobre adicciones y personas mayores. En ella decíamos que, desde hace décadas, nuestro sistema sociopolítico ha estratificado a los seres humanos en función de su productividad, esto es: si son productivos o no productivos en términos económicos. En este sentido, a las personas adultas mayores se las ha agrupado en el concepto de personas no productivas.
Esto implica que han sido marginadas de muchos ámbitos: de estudios, de análisis, de conocer su situación… Porque parece que quien no es productivo no tiene interés para una sociedad que basa sus valores en la producción de riqueza. Y esto ha ocurrido durante muchísimos años.
Actualmente, el número de personas mayores en estas sociedades es muy alto, y va a seguir creciendo mucho en los próximos años. Por tanto, tener un grupo de población enorme y cada vez mayor en la oclusión, en la falta de transparencia, en la falta de diagnósticos, es un grave error para el diseño de cualquier política pública. En ese sentido, en los últimos años se ha manifestado la necesidad de modificar esta situación. Si bien sigue habiendo mucha falta de interés, se va a imponer una obligación.
Porque es un fenómeno que estamos viendo en Europa sobre todo, pero que pronto ocurrirá en muchas más partes del mundo: el porcentaje de personas mayores cada vez es más grande. Y con el tiempo serán quienes decidan cuestiones como la economía, la política… Si esas personas son capaces de unificar criterios, verificar acciones, su poder se va a empezar a notar.
Si bien no es un problema exclusivo de España, es lamentable que podamos saber cuántos coches híbridos de color blanco se han vendido el año pasado, pero no cuántas personas mayores tienen un consumo de sustancias psicoactivas legales o ilegales; o cuántas personas mayores tienen un problema de adicción. Vivimos una contradicción: parece que nos interesan más los productos que las personas, especialmente si son personas mayores.
Esto se relaciona con el conocido fenómeno del edadismo: la desaparición de la gente de determinados grupos etarios. Personas que directamente desaparecen de la estadística, ni hablar de las políticas públicas, de estrategias o de recursos.
– ¿Cuáles son las adicciones más comunes en personas mayores en España?
– Actualmente, disponemos de datos de estudios que están realizando los organismos oficiales, como la encuesta que hizo el Plan Nacional sobre Drogas en 2021, que esperamos se repita, algunos trabajos aislados de Comunidades Autónomas, y estudios hechos por las organizaciones no gubernamentales.
- Todos estos estudios reflejan que el alcoholismo en adultos mayores es bastante elevado. Estamos hablando de población que empezó a consumir casi en el franquismo, una época donde no estaba mal visto ni existían campañas de prevención.
- También existe un consumo bastante elevado de tabaco, por encima de la media de la población. Porque es gente que empezó a consumir en un momento en el que no había ninguna presión social para evitarlo y en el que no existían las campañas. Es gente que ha mantenido el consumo durante muchos años y en muchos casos lo dejan por problemas de salud y no por convencimiento.
- Por otra parte, existe un consumo de las conocidas como sustancias ilegales. Población que ahora mismo está llegando a ser adulta mayor, que incluso viven en residencias, y que consumen hachís, en casos residuales heroína, algo de cocaína…
- Esta población, sobre todo la consumidora de cocaína y heroína, hace 20 o 30 años moría bastante joven. Pero los programas de reducción de daños han hecho que esta población llegue a la edad adulta y siga viviendo. Es una cuestión que debemos estudiar. También hay que analizar, por ejemplo, la interrelación que hay entre el consumo de algunos medicamentos y esas sustancias.
- Y luego está todo el consumo, legal e ilegal, de los llamados psicofármacos. Por una parte, están las recetas médicas para tratar a esta población. Por otra parte, está el uso social y la costumbre de “necesito dormir: me voy a tomar algo”, “necesito activarme por la mañana para trabajar: voy a tomar algo”. Recordemos que siempre se ha dicho que el Prozac es el medicamento más consumido sin receta médica en el mundo.
– ¿Cómo influye el género en el consumo de drogas y comportamientos adictivos en personas mayores?
– En relación con los psicofármacos se han hecho algunos estudios y, en concreto, el de Lares cuenta con una cierta perspectiva de género. Allí se advierte un mayor uso de psicofármacos en mujeres mayores, por una cuestión de necesidad de descansar. Porque los varones se jubilan de los trabajos, pero las mujeres, y más a esta edad de adultos mayores, siguen asumiendo la práctica totalidad de los cuidados en el hogar, lo que se traduce en mucha carga.
Si a esto le unimos el cuidado frecuente de los nietos, las mujeres en esta etapa de la vida necesitan tener un cierto nivel de activación. Por eso el consumo de psicofármacos es muy elevado por su parte.
Durante algunos años se utilizó el concepto de “adicción silenciosa”. Sin tener datos sobre la mesa, los profesionales sabían que en el interior de los hogares existía un consumo elevadísimo de psicofármacos. Y en buena parte que ese consumo se daba por parte de las mujeres, para descansar y luego activarse para afrontar el enorme calendario de actividades, a pesar de la edad que tienen.
Si bien el consumo de psicofármacos abarca a todas las personas adultas mayores, de manera más pronunciada afecta a las mujeres. Según los datos, ellas son las que siguen asumiendo la carga de trabajo y los cuidados como parte del hogar.
Y esto sin contar el porcentaje alto de personas mayores que siguen asumiendo el rol de los cuidados, incluso a nivel profesional, ya sea en el hogar o como personas contratadas para residencias. Es gente con condiciones laborales y de vida duras, que jamás procura cogerse una baja. Estas personas buscan sobrevivir a ese nivel de estrés tan elevado, o a esa carga laboral intensa, tanto en el trabajo como en casa, medicándose con psicofármacos.
Estigma hacia las mujeres adictasEl estigma de la mujer adulta mayor y adicta
– ¿Qué diferencia observan entre hombres y mujeres respecto de otras sustancias adictivas, legales o ilegales?
– En el caso del alcohol y del tabaco los datos son incompletos. Pero nos dicen que hay un consumo más elevado en los hombres que en las mujeres.
Ocurre lo mismo en el caso de las sustancias ilegales con la calidad de los datos, porque en los centros de atención a personas drogodependientes sigue habiendo una mayor entrada de varones. Gracias a algunos estudios, y aquí hay que destacar la labor de la antropóloga Patricia Martínez, sabemos que estos datos no responden a que exista un menor problema de consumo por parte de las mujeres, sino más bien por el estigma social hacia ellas.
En concreto, los centros de ingreso residencial durante muchos años han estado adaptados a las características de los varones. Estos modelos de tratamiento prácticamente ignoraban las particularidades de género, las necesidades de las mujeres [por ejemplo, el mismo papel de cuidadora del hogar que la sociedad le asigna automática y obligatoriamente].
Además, la mujer se ve mucho más estigmatizada socialmente por el consumo problemático de drogas que el varón. La adicción de ellas se ha intentado ocultar en el interior de las casas y no acudir a los centros.
Por tanto, hay que mirar con cierto nivel de lupa los datos relacionados con el género de los ingresos en centros. Hacen falta unos cuantos años más de estudios y de investigaciones para ver cuál es la realidad. Y no fiarnos solo de las estadísticas, que, en ocasiones, recogen información sesgada por cierto paradigma o modelo social.
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– ¿Qué sabemos respecto de las adicciones sin sustancias en adultos mayores?
– Este es un fenómeno relativamente creciente. Ya hace años que el Plan Nacional sobre Drogas incorporó el concepto de adicciones sin sustancias, a raíz de que existía un problema con adicciones como la ludopatía. Y también en aquellas menos estudiadas, como la adicción a las compras, al trabajo, entre otras.
Lo que más nos preocupa es el concepto de ludopatía. Esta adicción está creciendo mucho y, por los datos, se observa que en realidad hay dos nichos de gran crecimiento. Por una parte, las personas jóvenes, a las que van dirigidas campañas agresivas de publicidad de un modelo de ganar dinero de forma sencilla y fácil. Los barrios más vulnerables de nuestras ciudades son los que, curiosamente, están llenos de estos “centros de ludopatía”.
Y, por otra parte, la gente mayor también se ha incorporado a esta adicción al juego por la soledad no deseada. A menudo, cuando una persona ha perdido su red social de contactos o carece de la posibilidad de dialogar con otras personas, una manera de llenar el día consiste en ponerse a jugar, bien sea en el interior de un bar o por medio de Internet. Existen muchas opciones.
Esto todavía no es un problema grave, pero es un problema que va creciendo poco a poco. Y sobre él que se debe intervenir desde las políticas públicas, con el fin de poner coto a este tipo de situaciones que pueden ser bastante perjudiciales: a nivel económico, con personas y familias que se ven abocadas a pagar deudas por una adicción descontrolada al juego, y también problemas de tipo emocional, sentimental o psicológico.
Causas de la adicción en adultos mayores
– Aparte de la soledad no deseada, ¿qué otras causas encontramos en las adicciones en personas mayores?
– Las causas de adicciones en personas mayores hay que relacionarlas con el modelo social en el que vivimos. Estamos en un modelo social donde prima el valor de la actividad laboral, es decir, la producción. Un hábito del que las personas mayores están excluidas.
También vivimos en una sociedad de consumo, donde se beneficia y se premia todo lo relacionado con elevados niveles de consumo. En este sentido, las personas mayores tienen unos niveles de consumo elevado, pero restringido algunas cuestiones.
Tiene que ver también con la exclusión de las personas mayores de muchas políticas preventivas. Estas estrategias se desarrollan casi siempre orientadas a la juventud y olvidan a esa parte importantísima en volumen y en calidad de la población.
Vivimos en una sociedad en la que se considera, incluso desde la administración pública, a las personas adultas mayores como “sujetos pasivos” o “clases pasivas”. Se trata de una idea o concepción de que las personas mayores no tienen actividad, y esto puede influir o incluso ser una de las causas que les lleve a un cierto nivel de consumo de sustancias o conductas adictivas sin sustancia.
Es decir, hay una multiplicidad de factores que tienen como consecuencia un aumento de las adicciones en personas mayores.
Frente a esto, hay que reivindicar el papel que éstas tienen como parte esencial de la ciudadanía. Desde la RIAMP (Red Internacional de Adultos Mayores Preventores), una de las consignas que manejamos es que la ciudadanía no caduca. Una persona sigue siendo ciudadano y ciudadana por siempre.
En ese sentido, hay que valorar el papel que pueden jugar como agentes de salud las personas mayores. Y no solamente dejarnos llevar por este concepto, este estereotipo, que manejan los medios de comunicación y la clase política, que refiere a los adultos mayores en términos de gasto, problema, enfermedad y personas sin actividad. Todo eso son estereotipos que no están basados en la realidad.
Los adultos mayores son consumidores, generan rentabilidad, tienen actividad intelectual, tienen actividad cultural. Y en nuestro caso estamos convencidos de que son fantásticos agentes de salud orientados a la prevención.
– ¿Podemos decir que ser adulto mayor en este modelo social es un factor de riesgo más para caer en una adicción?
– Los factores de riesgo y de protección representan como una balanza. Con determinadas actuaciones, podemos intervenir sobre factores de riesgo para convertirlos en un factor de protección.
En parte ser adulto mayor es un factor de riesgo para desarrollar problemas de consumo. Pero, sobre todo, lo que hace es incrementar otros factores de riesgo que ya existen en toda la sociedad. Porque existe menos protección, menos información, menos políticas públicas, menos recursos y menos profesionales orientados a convertir algunos de esos factores de riesgo en factores de protección en esta etapa de la vida.
Si uno mira los últimos 20 o 30 años, se ve que el gran esfuerzo en los factores de protección para combatir factores de riesgo se han orientado a la niñez, a la adolescencia, a la juventud y algo, no mucho, en los adultos. Pero cuando uno busca algo orientado a los adultos mayores, lo que encuentra es una soledad y un vacío enorme.
– De hecho, faltan datos sobre adicciones y adultos mayores…
– Así, un ejemplo es la falta de estadísticas de consumo de drogas en esta franja. ¿Cómo vamos a elaborar algún tipo de estrategia o de programa orientado a combatir algo que ni siquiera sabemos si existe, porque no hay datos?
Es evidente que hace falta cambiar esta realidad, hace falta tener datos, tener interés en conocer qué está ocurriendo en un tercio de la edad de nuestra población, para ver qué podemos hacer. Y, sobre todo, colaborar con las personas adultas mayores preguntándoles qué quieren. Es decir, no limitarse a pensar cómo son y qué hacemos con estas personas desde un despacho, sino preguntarles y saber cuáles son sus respuestas.
Las y los adultos mayores tienen problemas, por supuesto, pero también tienen las soluciones. Entonces hay que preguntarles, hay que hacer políticas públicas para personas adultas mayores, pero no para ellas, sino con ellas.
Tratamiento de la adicción en adultos mayoresTratamiento de adicción en adultos mayores
– ¿En qué varía un tratamiento de adicciones orientado a personas mayores de un tratamiento orientado a personas jóvenes? ¿Existen diferencias?
Existen un millón de modelos de tratamiento, pero sí deberían existir diferencias. El tratamiento en personas jóvenes y adultas responde a una primera línea orientada a que puedan seguir viviendo, a que sobrevivan. Es decir, a evitar la posibilidad de una sobredosis. Después, el tratamiento está orientado a normalizar su vida para que se reincorporen a una dinámica social familiar “normalizada”: volver al mercado laboral, relaciones afectivas más o menos estables, ejercer el papel de padre, madre, hijo, hermano, amistad…
El tratamiento en una persona con edad muy avanzada, lo que denominamos adultos mayores, deja fuera una parte de esa orientación general. Se orienta su vuelta a una vida familiar y afectiva, pero no al mercado laboral y todo lo que ello implica. Por tanto, hay una parte clave de competencias para el mundo laboral que no son necesarias abordar en el tratamiento.
Por otra parte, los adultos mayores son gente con una red social, a veces, menor que los jóvenes. Eso también se trabaja, porque van a volver a una normalidad en la que parte de los familiares ya han desaparecido y en la que parte de las amistades ya no están. Es una normalidad en la que existen muchos vacíos de tipo sentimental, afectivo, bastante grandes, que deben gestionarse para que se reincorpore a la vida social.
Si además esto ocurre, por ejemplo, en un centro residencial, se pueden encontrar con un cierto nivel de estigma que a veces los jóvenes no tienen. Una persona que tiene problemas de adicciones y que es adulta mayor, y especialmente si es mujer, soporta un estigma enorme.
La sociedad puede ver relativamente “normal” que un joven se emborrache, incluso hay gente que presume de ello. En un adulto, también puede estar más o menos normalizado. Pero que una persona adulta mayor se emborrache o esté un poco drogada, el estigma es enorme. Y si encima esta persona es una mujer, una abuela, alguien que vive en el vecindario, rápidamente el estereotipo que se genera sobre esa persona es muy grande.
Por tanto, la vuelta a la normalidad de una persona adulta mayor después del tratamiento es bastante complicada y se debe tener en cuenta en los centros de tratamiento.
– Por todo esto, debe ser bastante más difícil conseguir la abstinencia en esta etapa de la edad.
Hay que tener en cuenta que en muchos casos el objetivo del tratamiento es la abstinencia, pero en muchos casos no tiene por qué. Existen muchos centros de tratamiento orientados a normalizar y controlar un cierto nivel de consumo, por lo que la abstinencia no tiene que ser aquí el objetivo último.
En cualquier caso, el estigma, las dificultades, los problemas afectivos, la falta de red social, implican que los objetivos que la persona adulta mayor se plantee en particular y de forma conjunta con el centro y con la familia deban ser regulados.
Pongamos el caso de una persona de 70 y tantos años a la que le dicen: “Tienes que dejar de fumar, porque hace mal”. Esa persona probablemente es consciente de que tiene que abandonar el hábito. Pero, la verdad, ¿qué le vas a decir: que le va a perjudicar; que le va a acortar la vida?
En este sentido, hay que tener en cuenta cuál es la realidad de cada persona. Y que los conceptos que manejamos para la gente joven, en cuanto a combatir el consumo problemático, claramente deberían modificarse y ser algo diferentes para las personas adultas mayores.

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Consecuencias de sufrir adicción a una edad avanzada
– ¿Las consecuencias de sufrir una adicción en adultos mayores son más graves que a una edad temprana?
– Cuando se va cumpliendo años, el cuerpo se va deteriorando. La frase dice: “Cada hora que pasa te hieres, la última te matará”. A medida que vamos cumpliendo años, evidentemente vamos perdiendo salud. El consumo problemático de sustancias, sean legales o ilegales, siempre repercute negativamente sobre nuestra salud. Y si ésta ya está deteriorada por cuestiones de edad o de enfermedad, evidentemente que el problema se agrava.
Además, hay algo bastante poco estudiado. Algunos consumos de sustancias legales e ilegales seguramente interaccionan dentro de nuestro organismo con medicamentos que estemos tomando. Y es evidente que, a medida que cumplimos años, el tamaño de nuestro pastillero aumenta. Algunas de estas cosas todavía estarían por estudiar.
Cuando se tiene una edad avanzada, cualquier consumo problemático de sustancias y de comportamientos adictivos (apuestas), van a ser más graves, más difíciles de tratar, más complejos y con muchos más factores a tener en cuenta.
– ¿Qué dificultades, o retos, encuentra el tratamiento de las adicciones en personas mayores en el sistema público a diferencia del sistema privado?
– No es fácil contestar a esa pregunta. Vivimos en un país muy descentralizado, donde existen normas que son competencia de las Comunidades Autónomas en el área de salud. En teoría, y sobre el papel, el sistema público debería atender por igual a personas, más allá de la edad. La dificultad suele venir de la escasez de plazas y una serie de criterios para ingresar. Dicho esto, es posible que haya más dificultades de acceso si eres mujer que por tener más edad, aunque faltan estudios para afirmarlo.
Por otra parte, en el tratamiento desempeña un papel fundamental el entorno de la persona. El ingreso en España es de carácter voluntario y, muchas veces, necesita un acompañamiento y apoyo del ámbito más cercano, sea de amistades o familiares. En este sentido, las personas mayores a menudo se encuentran con que ese entorno no existe, es muy reducido, no siempre está de acuerdo o no les apoya.
Después está el concepto del estigma, que también juega un papel importante. Una persona joven que es consciente del problema que está teniendo con el consumo, puede que tenga que soportar un cierto nivel de estigma sobre él, pero es relativamente reducido. Una persona adulta mayor, que se emborracha frecuentemente y que debe ingresar en un centro, lo cual se sabrá tarde o temprano por parte de su comunidad inmediata, soporta un estigma muy grande. Esto hay que tenerlo en cuenta.
Esta realidad también se repite de algún modo en el modelo de tratamiento privado de adicciones. Los centros privados, en general, no ponen excepciones para cubrir plazas, más allá de la edad, pero lo hacen con un objetivo y una visión: la persona es un cliente a la que se le da un servicio de atención. Pero ese desconocimiento del ámbito familiar, la falta de apoyo, el enorme estigma que hay sigue desatendiéndose en este sector.

Conoce historias reales de personas que han superado la adicción
– ¿Cuáles crees que son los principales retos que tenemos como sociedad para abordar las adicciones y personas adultas mayores?
– El principal reto ni siquiera tiene que ver con esta cuestión de la enfermedad de la adicción. El principal reto es asumir que las personas mayores no son un extra, una parte alejada o marginal de la sociedad, sino que son la sociedad misma. Está claro que tenemos una característica, que es nuestra edad avanzada, pero somos sociedad.
Y somos personas con problemas y con soluciones. Tenemos problemas de salud, pero también somos personas con conocimientos, propuestas, que queremos hacer cosas, que nos sentimos útiles, que queremos participar. Entonces, el principal reto es que la sociedad asuma que las personas mayores no son ni sujetos pasivos, inactivos, que están sentados frente a la televisión sin hacer absolutamente nada. Más bien, son gente que mueve la economía, va al teatro, al cine, lee, quiere participar en política, sentirse útil, y que puede mejorar la calidad de vida de su entorno más cercano. Si asumimos eso, todo lo demás vendrá dado.
Porque además las políticas públicas, en el caso de las adicciones y en otros ámbitos, en relación con este segmento de la población, irán surgiendo naturalmente. Es decir, de forma independiente, porque, aunque hoy no se tenga en cuenta en el debate público, el volumen de personas mayores va a seguir creciendo, en número y en porcentaje.En los próximos 10 años, la generación del baby boom va a entrar en esa edad de jubilación y el porcentaje de población mayor va a ser enorme. Este es un fenómeno que se está dando en toda Europa y que próximamente empezará a ocurrir en América Latina, en Asia… Todo ello impondrá la idea de que las personas mayores son muy importantes.
Pero siempre será mejor abanderar ese cambio, estar al frente, organizarnos, y establecer estrategias, para que eso venga rodado y sea beneficioso. Antes que ese fenómeno nos atropelle y nos pille sin organizarnos, sin estrategias, sin saber qué hacer.Adicción en adultos mayores: un fenómeno poco estudiado
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