REDUCCIÓN DE DAÑOS
¿Qué son las salas de consumo supervisado (mal llamadas “narcosalas”)?
Todo lo que debes saber sobre estos espacios de consumo controlado
Aparece en este artículo
“Las salas de consumo supervisado son espacios donde las personas que utilizan sustancias pueden acceder para poder consumir de forma higiénica y segura. Se trata de una respuesta de reducción de daños que opera bajo la aceptación que las personas deciden consumir sustancias y tienen derecho a hacerlo bajo condiciones de seguridad en términos de salud, pero también de protección y privacidad”, explica al CIA de Adictalia la directora de reducción de daños del Grupo ABD, Ester Aranda.
La también miembro coordinador de la Red European Network Drug Consumption Rooms (ENDCR) se muestra crítica con la denominación mediática de estos lugares. “El término “narcosala” es una palabra acuñada inicialmente desde los medios de comunicación, que no solo otorga un significado despectivo hacia estos espacios, sino que confunde a la sociedad sobre el objetivo y funcionamiento de estos”, dice. “Desde mi punto de vista, deberíamos evitar utilizarlo, ya que promueve la mirada discriminatoria hacia las personas que los utilizan”, añade.
La supervisión del consumo suele tener una duración de unos 20 minutos, donde se incluye la preparación de la sustancia para ser utilizada y también la observación de posibles efectos adversos o inesperados, como, en un caso extremo, una sobredosis.
¿Cómo es una sala de consumo supervisada?
Cuando entras en una sala de consumo supervisada
– ¿Qué hace una persona cuando acude a una sala de consumo supervisado: qué se encuentra, cómo es el proceso…?
– Es muy importante tener en cuenta que las salas de consumo son una respuesta que se implementa en lugares donde se tiene constancia de la presencia de puntos de venta, y, en consecuencia, de personas usuarias de sustancias. Es decir, operan en lugares donde hay evidencia de su necesidad.
Una vez que la persona se ha provisto de la sustancia, decide acudir a la sala de consumo supervisado más cercana. La primera vez, el equipo profesional del espacio le realizará un breve cuestionario sobre datos básicos sociodemográficos y de salud. Esto permite anticipar posibles complicaciones de salud que puedan surgir durante o después del consumo que va a supervisar.
Cuando la persona accede al espacio de consumo, debe indicar qué sustancia va a consumir y otras sustancias o medicamentos que haya utilizado en las últimas 24 horas. Facilitada esta información, se le entrega a la persona el material higiénico necesario para administrarse la sustancia, y se la orienta al lavado previo de manos.
En España, las salas de consumo son gestionadas por organizaciones del tercer sector, que son quienes tienen la experiencia y vínculo con las personas usuarias, y cuentan con financiación pública.
En el caso de la vía inyectada, este material consiste en jeringuillas, agua estéril, una cazoleta donde realizar la disolución, una goma para la localización de vena y alcohol para la desinfección de la zona de punción. Si la persona va a utilizar la vía inhalada, se le ofrece una pipa estéril adaptada a la sustancia que consumirá.
La supervisión del consumo suele tener una duración de unos 20 minutos, donde se incluye la preparación de la sustancia para ser utilizada y también la observación de posibles efectos adversos o inesperados, como, en un caso extremo, una sobredosis. Si ocurre esta o cualquier complicación, el equipo interviene inmediatamente. Es habitual que las salas de consumo estén muy bien conectadas con el 112, con el Servicio de Emergencia y con el hospital de referencia.
Nunca ha fallecido una persona en una sala de consumo y esperemos que así continúe siendo.
Tipos, estructura y objetivosEspacios para evitar sobredosis y otros riesgos
– ¿Existen diferentes tipos de salas de consumo supervisadas?
– Hace ahora ya casi 40 años, en 1986, en Bern (Suiza), se implementó la primera sala de consumo del mundo. El principal objetivo era ofrecer a las personas que utilizaban la vía inyectada un espacio donde utilizar heroína sin riesgo a fallecer por sobredosis, así como acompañar a que estos consumos se realizasen bajo prácticas higiénicas y evitando el uso compartido de jeringuillas. Era un momento donde, tanto la mortalidad como la transmisión de enfermedades asociadas, presentaban una alta prevalencia. Entonces, bajo un enfoque de salud pública, las autoridades sanitarias apostaron por esta estrategia para reducir los fallecimientos y controlar la transmisión de VIH. Los buenos resultados obtenidos motivaron a que otros países, entre ellos España, que vivían situaciones similares, apostaran por ella como medida de salud pública.
– ¿Cómo se han adaptado las salas a las tendencias de consumo actuales?
– En la última década, el uso de la vía inyectada ha disminuido notablemente y ha aumentado el uso de la vía inhalada. Por este motivo, se han empezado también a habilitar salas de consumo supervisado específicas para esta vía de consumo. Ambas se diferencian principalmente en cuestiones de infraestructura. Las salas de consumo para la vía inhalada requieren una extracción y filtraje de los vapores que se desprenden durante el uso de sustancias. Más allá de este detalle, ambos tipos de sala de consumo responden a los mismos objetivos: salud, higiene, seguridad y protección.
Nunca ha fallecido una persona en una sala de consumo y esperemos que así continúe siendo.
– ¿Qué estructura tienen estos espacios?
– A nivel global, existen diferentes estructuras de salas de consumo. Algunos territorios apuestan por modelos medicalizados, donde el equipo profesional que acompaña principalmente es del ámbito de la salud (enfermería, medicina…). Estos espacios se caracterizan por un aspecto que puede recordar a los centros de salud primaria. Habitualmente en estos lugares el funcionamiento está muy estructurado y el espacio de consumo es individualizado, a pesar de que ocurra dentro de una sala donde coinciden diferentes personas consumiendo.
Existe otro modelo de sala de consumo de carácter más comunitario, donde el acompañamiento del consumo opera desde un enfoque mixto: están implicados en el espacio tanto el equipo profesional como las propias personas usuarias de sustancias. Estas salas promueven una trabajo entre iguales (pares) y pueden presentar mayor eficacia aspectos como la educación en salud. Además, suelen estructurarse de forma grupal, favoreciendo la socialización durante el consumo.
También existen salas de consumo diseñadas específicamente y donde solo pueden acceder mujeres o personas de género disidente. Estos espacios buscan reducir las posibles violencias machistas que reciben las mujeres que utilizan sustancias. Presentan muy buenos resultados en términos de captación, vinculación y adherencia con estos colectivos.

– ¿Cuál es el objetivo de estas salas: el control del consumo?
– El control del consumo no es un objetivo en sí. Los objetivos de la sala de consumo son:
- Prevenir sobredosis letales
- Reducir la transmisión de enfermedades infecciosas
- Promover prácticas de consumo seguras
- Facilitar el acceso a atención social y de salud
- Reducir el consumo en el espacio público
- Disminuir la criminalización y estigma sobre las personas usuarias
- Ofrecer una puerta de entrada al tratamiento…
Salas de consumo en España
– ¿Dónde hay salas de consumo supervisado en España?
– Disponen de salas de consumo Barcelona, Sant Adrià del Besós, Lleida, Bilbao y Madrid.
– ¿Son espacios que cuentan con el apoyo de la Administración Pública?
– En nuestro país, las salas de consumo son gestionadas por organizaciones del tercer sector, que son quienes tienen la experiencia y vínculo con las personas usuarias, y cuentan con financiación pública.
Las salas de consumo suelen trabajar de forma coordinada con las fuerzas de seguridad, situando el acompañamiento en salud en un lugar de máxima prioridad.
– ¿No sería mejor prevenir el consumo?
– La prevención del inicio de consumo es una prioridad que nunca debe dejar de hacerse, especialmente en grupos poblacionales jóvenes y en contextos de vulnerabilidad. No obstante, las salas de consumo son una respuesta para las personas que ya están consumiendo y que deciden cuidar su salud y su seguridad. Las salas de consumo son un entorno de vinculación muy potente con las personas usuarias y permiten acompañar el proceso terapéutico que cada persona decida realizar.
– ¿Son las salas de consumo supervisado un recurso eficaz para combatir la enfermedad de la adicción?
– Las salas de consumo, como otras estrategias de reducción de daños, pueden ser un elemento de captación y vinculación con las personas usuarias de sustancias. En ocasiones son la casilla de salida del proceso terapéutico: permite a la persona comprender la función del consumo en su vida y marcarse desde ahí sus propios objetivos.
– ¿Son espacios donde se permite la compra-venta de sustancias o la persona tiene que llevar lo que va a consumir?
– No. El tráfico de sustancias es una actividad ilegal que no está permitida en ningún lugar, tampoco dentro de una sala de consumo. La persona se provee de la sustancia en sus circuitos conocidos y acude a consumir.

La adicción se puede superar, con la ayuda adecuada.
– ¿Cómo trabajan para conseguir la confianza de los usuarios para que consuman allí y evitar situaciones como que la policía persiga la posesión de estupefacientes a la puerta de su recurso?
– Hace 20 años que España dispone de salas de consumo y la mayoría de grandes ciudades europeas disponen también de estos espacios. En la actualidad, las personas usuarias de sustancias conocen de antemano la existencia y funcionamiento, no consideran que sean espacios sobre los que poner en duda la confianza. Son lugares que consideran como seguros y muy necesarios.
Las salas de consumo suelen trabajar de forma coordinada con las fuerzas de seguridad, situando el acompañamiento en salud en un lugar de máxima prioridad.
Sustancias que se suelen consumirLas salas de consumo también significan para muchas personas el único recurso de vinculación con la red básica de atención. Eso las sitúa como lugar de referencia y confianza para acudir ante una urgencia.
Sustancias que se suelen consumir en estos espacios supervisados
– ¿Se facilita a la persona que acude a la sala que se pueda analizar la sustancia que consumen?
– Actualmente, Cataluña está desarrollando un programa piloto de servicio de análisis de sustancias dentro de las propias salas de consumo, el cual está reportando muy buenos resultados. Las personas usuarias reciben con muy buena satisfacción esta prestación, que, hasta ahora, se orientaba principalmente a personas que utilizan sustancias en entornos de ocio nocturno.
– ¿Existen restricciones a sustancias a consumir o la persona puede consumir lo que quiera?
– La prioridad es que la sustancia adquirida se utilice en condiciones de higiene. Las personas usuarias tienen mucho conocimiento adquirido informalmente sobre sustancias, saben qué efectos buscan y de qué formas alcanzarlos. Los equipos profesionales aportan educación en salud en relación con las interacciones y posibles efectos no deseados.
– ¿Qué tipo de sustancia se consume más en estos espacios?
– Depende del mercado de sustancias disponible en cada territorio. En España es habitual que se supervisen consumos de sustancias estimulantes, como la cocaína o la metanfetamina, y de sustancias depresoras como la heroína. Pero se utilizan también otras sustancias, como puede ser la ketamina.
Te puede interesar...
– ¿Cuáles son los requisitos de acceso a una sala de consumo?
– Ser mayor de edad, aceptar el consentimiento informado y realizar una breve entrevista de acogida sobre aspectos de salud.
– ¿Puede un menor acceder a estos espacios?
– No.
– En el caso de las salas de consumo supervisado que cuentan con psicólogos, ¿cómo trabajan estos profesionales con las personas adictas que acuden a estos espacios?
– Algunas salas de consumo están dotadas con la figura de psicología. Con el aumento del uso de estimulantes que se ha registrado en algunas salas de consumo, esta figura resulta esencial para el acompañamiento de las intoxicaciones que presentan sintomatología de extrema ansiedad, paranoia o episodio psicótico inducido.
Las salas de consumo también significan para muchas personas el único recurso de vinculación con la red básica de atención. Eso las sitúa como lugar de referencia y confianza para acudir ante una urgencia. En el caso de las mujeres o personas trans, estos dispositivos suelen ser los primeros en atenderlas en caso de haber sufrido alguna agresión. La figura de psicología en estos casos es esencial para ofrecer una atención y contención de calidad, que no re-victimice y que sitúe la función del consumo.

Sobredosis en salas de consumo supervisado
– En caso de sobredosis, ¿cómo actúan los profesionales que trabajan en estos espacios?
– La escasez de heroína de calidad que se registra actualmente en el mayor parte del mercado ilegal de España determina un escenario muy diferente al de hace 20 años. Las primeras salas de consumo supervisado atendían básicamente sobredosis de heroína e intoxicaciones de cocaína. En los últimos años, sin embargo, algunas salas de consumo han ampliado el espectro de sustancias: las intoxicaciones son mayores porque las personas no utilizan exclusivamente una sustancia, sino que es común que presenten patrones de policonsumo.
Ante una intoxicación o reacción adversa no esperada, actúa el equipo profesional: enfermería, auxiliares y si es necesario medicina. En caso de que el cuadro clínico que presente la persona requiera una atención de mayor intensidad, ésta es trasladada en ambulancia al hospital de referencia más cercano.
Otras intoxicaciones que no presentan riesgo orgánico, pero sí sufrimiento psíquico, son acompañadas por el equipo profesional de psicología del servicio. Si el malestar y la sintomatología no remiten, en ocasiones, puede ser necesario trasladar a la persona a un hospital.
La mayoría de las intoxicaciones se resuelven en la propia sala de consumo gracias a la experiencia y calidad multidisciplinar de los equipos que trabajan.
Las salas de consumo son en sí una estrategia de salud pública clave en contextos donde el uso de sustancias ya es una realidad y muchas veces se da en condiciones de extrema vulnerabilidad.
– ¿Existen datos que avalen que estos espacios reducen el porcentaje de sobredosis y desarrollo de enfermedades derivadas del consumo no controlado?
– Existe una extensa evidencia científica sobre la efectividad de las salas de consumo. Por ejemplo, un estudio publicado en The Lancet (Marshall et al., 2011) documentó una reducción del 35 % en la mortalidad por sobredosis en el área cercana a la sala de consumo de Vancouver tras su apertura. Se estimó que el servicio evitaba entre 1,9 y 11,7 muertes por año. Otro estudio posterior estimó que por cada 1.137 personas que usaban regularmente el servicio, se prevenía una muerte por sobredosis (Marshall et al., 2019).
En cuanto a la transmisión de enfermedades, una revisión sistemática publicada en American Journal of Preventive Medicine (Levengood et al., 2021) concluyó que las salas de consumo estaban asociadas con una reducción significativa en prácticas de riesgo. Por ejemplo: compartir jeringas, lo cual se traduce en menor riesgo de transmisión de VIH y hepatitis C. En ciudades como Sídney, se reportó que 70 % de los usuarios afirmaban haber cambiado comportamientos de riesgo tras acudir al servicio. Además, estudios europeos han mostrado que estos espacios contribuyen a una reducción de hasta un 50 % en el uso de drogas en la vía pública y a una disminución sustancial de los residuos de parafernalia abandonados.
EstigmaRomper el estigma sobre las salas de consumo
En España está el ejemplo de la sala de consumo controlado de Bilbao. Al principio, los vecinos protestaron por su apertura, pero cuando estuvo en riesgo de cierre, estos pidieron mantenerla abierta.
Hace 20 años que España dispone de salas de consumo y la mayoría de grandes ciudades europeas disponen también de estos espacios.
– ¿Cómo deberíamos comunicar a la sociedad los beneficios sociales, económicos o sanitarios de estos espacios?
– Las salas de consumo siguen siendo un tema controvertido política y socialmente. Creo que lo primero es reconocer que detrás del rechazo inicial comunitario suele haber miedo, desinformación o desconocimiento sobre qué son realmente estos espacios y qué función cumplen. Por eso, la comunicación tiene que ser clara, honesta y cercana, no solo con datos, sino también con experiencias. Hay que explicar que una sala de consumo no promueve el consumo, sino que salva vidas, reduce riesgos y mejora la convivencia en el entorno.
El caso de Bilbao es un muy buen ejemplo: cuando los vecinos vieron que el espacio no solo no generaba más conflicto, sino que contribuía a ordenar, cuidar y acompañar una realidad que ya estaba en el barrio, cambiaron de postura. Ahí es donde entra el valor de una comunicación comunitaria, que escuche, que dialogue y que visibilice que los beneficios no son solo en la salud individual, sino también sociales y económicos: menos presión para los servicios de urgencias, menos residuos en la vía pública, menos tensión vecinal.
Y también es importante humanizar: hablar de las personas, no de los consumos. Mostrar que quienes hacen uso de estos dispositivos son también vecinos y vecinas, personas con historias, con nombre propio, que merecen dignidad, cuidados y espacios seguros.
– ¿Cómo repercuten estos espacios en cuanto a salud pública?
– Las salas de consumo son en sí una estrategia de salud pública clave en contextos donde el uso de sustancias ya es una realidad y muchas veces se da en condiciones de extrema vulnerabilidad. Desde una perspectiva de reducción de daños, su objetivo no es solo evitar muertes por sobredosis o frenar la transmisión de enfermedades, sino también ofrecer un acceso real y digno a la salud para personas que muchas veces han sido expulsadas de otros dispositivos.
Las salas de consumo son espacios donde se rompe con la lógica del castigo y se construye confianza, lo que permite intervenir de manera mucho más efectiva. A nivel comunitario, su impacto también es evidente: menos residuos en la calle, menos consumo en espacios públicos, menos presión para urgencias. Pero lo más importante es que sitúan la vida en el centro. En lugar de invisibilizar o criminalizar a quienes consumen, les reconocen como sujetos de pleno derecho, y eso también es salud pública.
Si te gustó el artículo, ¡compártelo!
Aparece en este artículo

Equipo Adictalia
Artículos relacionados
Mantente actualizado sobre las novedades del sector. La salida es colectiva.
LA FINA LÍNEA QUE SEPARA LA CONDUCTA NATURAL DEL PROBLEMA REAL CÓMO LA COMPARACIÓN CONSTANTE ALIMENTA EL MALESTAR EMOCIONAL UNA GUÍA PARA LOS MOMENTOS INICIALES DE LA PAUTA MÉDICA COMPRENDE CÓMO ESTÁN HECHAS ESTAS PLATAFORMAS ENTIENDE LOS FACTORES QUE PREDISPONEN A UNOS CONSUMOS MÁS QUE A OTROS CÓMO IDENTIFICAR LOS PRIMEROS INDICIOS DE CAMBIO La compra compulsiva: ¿Cómo diferenciar entre un hábito y un comportamiento adictivo?
8 minutos
Comparación social compulsiva: cuando la ansiedad escapa hacia conductas adictivas
5 minutos
Prevención: 15 recomendaciones para evitar la dependencia a las benzodiacepinas desde el primer consumo
6 minutos
La ciencia detrás del scroll infinito: Dopamina, redes sociales, atención y adicción
7 minutos
¿Por qué una persona desarrolla adicción a ciertas sustancias y a otras no?
7 minutos
Conciencia de enfermedad de adicción en la familia: señales de que la adicción empieza a ser reconocida
6 minutos



